miércoles, 23 de febrero de 2011

Bumbry mantiene la conexión con Baltimore

Brittany Ghiroli. MLB.com

Pregúntele al antíguo jardinero de los Orioles de Baltimore Al Bumbry
que nombre un momento de su carrera de 13 años en Baltimore que
sobresalga sobre el resto y la respuesta le puede sorprender. No son sus logros individuales, que incluyen el título del novato del año en 1973, o una presencia en el Juego de Estrellas en 1980, o sus dos Series Mundiales con Baltimore en 1979 y 1983.
La memoria más hermosa que Bumbry guarda de los Orioles ocurrió fuera de un diamante de béisbol, tambien fuera de un estadio. El hecho ocurrió en las calles de una ciudad que apoyaba a su equipo, ganara o perdiera.
“Después que perdimos la Serie Mundial de 1979 ante los Piratas, la gente de Baltimore hizo un desfile para nosotros”, dijo Bumbry. “No podía creer la cantidad de personas que fue al disfile. Nos demostraron cuanto nos apreciaban, demostraron su amor y apoyo. Se hubiera pensado que ganamos la Serie Mundial”.
El gesto de los aficionados aún estremece la voz de Bumbry más de 30 años después mientras recuerda cuan hospitalario fue Baltimore con un joven beisbolista afroamericano a principios de los años ’70.
“Tuve una transición muy suave desde un punto de vista discriminatorio”, dijo Bumbry. “No siento que fui discriminado. La primera vez que llegué a las Grandes Ligas, mientras jugué con Baltimore todos aquellos años y en las relaciones que tuve con los aficionados, me sentí muy a gusto con eso”.
Nacido el 21 de abril de 1947 en Fredericksburg, Va, Bumbry creció en una época cuando los afroamericanos empezaban a integrarse al béisbol de Grandes Ligas. Jackie Robinson debutó con los Dodgers ese mismo año, y al ser febrero el mes de la Historia del Béisbol Negro, Bumbry se tomó un tiempo para reflexionar sobre lo que provocó la integración completa del beisbol.
“No pude visualizar las dificultades que Robinson tuvo, lo que tuvo que sufrir”, dijo Bumbry en referencia al abuso y el rechazo de los fanáticos y algunos peloteros que Robinson tuvo que soportar.
“Tuve la oportunidad de jugar y la aproveché. Cuando veo hacia atrás y pienso en eso, el tratamiento discriminatorio que recibió Robinson, sólo me imagino teniendo que sufrir lo que el vivió”.
“La presencia de Robinson hizo que el mundo del béisbol reconociera que los negros podían brillar en el juego de béisbol”.
Ese juego ha cerrado su círculo para Bumbry, cuyo hijo, Steven, fue seleccionado por los Orioles en la vuelta 12 del draft de 2009.
Al Bumbry, quién se retiró después de jugar la temporada de 1985 con los Padres de San Diego, espera que el paso de su familia por el béisbol profesional solo esté empezando. Steven Bumbry jugó la temporada pasada con el Delmarva clase A, bateó .263 con cuatro jonrones y 34 empujadas, y es parte de un sistema de Ligas menores de los Orioles que ha mejorado mucho en la selección de talento joven.
“Disfruto mucho verlo jugar”, dijo Bumbry, quién fue la undécima escogencia en 1968. “Hay ciertas cosas que sé que él necesita mejorar antes de llegar a las Grandes Ligas, pero lo más importante es que ahora tiene esa oportunidad”.
Es una oportunidad de la que Bumbry se aseguró que su hijo no la tomará superficialmente porque se debe al coraje y la fuerza de jugadores como Robinson.
“No estoy muy seguro de que hubiese hecho lo mismo que Robinson hizo”, dijo Bumbry. “Estoy muy agradecido de que fuera capaz de resistir y abrir el camino para todos los peloteros afroamericanos que hemos llegado a las Ligas Mayores”.
Bumbry jugó en Venezuela con los Tiburones de La Guaira en las temporadas 1973-74 y 1974-75. Es uno de cuatro peloteros que ha ganado títulos de bateo en la LVBP en temporadas seguidas junto a Clarence Gaston, Luis Sojo y Victor Davalillo. En aquella temporada 73-74 recuerdo mucho la narración de Musiú LaCavalerie cuando bateaban por sus predios o corría por las bases. “¡Apareció el negrito!”


Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Sandy Koufax está en la casa

Larry Stone. The Hot Stone. 20-02-2011.

Para los hombres (y mujeres) de cierta edad (que yo los defino como a
los que les toma algunos minutos enderezarse cuando se levantan de una
silla) y de una cierta geografía (haber crecido en el sur de
California) y una cierta época (la de haber sido aficionados en la
niñez de los Dodgers en los años ’60), Sandy Koufax todavía significa
algo. Por eso cuando esta mañana se empezó a correr la voz de que
Koufax estaba en el complejo de entrenamientos de los Mets, mi ídolo
de la niñez, como lo he confesado varias veces en este blog, agarré mi
cámara y corrí hacia el campo.
Allí estaba Sandy, sorprendentemente en forma a los 75 años,
recostado de un carrito de golf y hablando con el dueño de los Mets,
Fred Wilpon. Fueron compañeros de clase en el Brooklyn’s Lafayette
High School, donde de acuerdo a la leyenda, Wilpon era pitcher y
Koufax jugaba primera base. Mantienen la intimidad de su amistad,
motivo por el cual Koufax en años pasados se ha presentado en el
campamento de entrenamientos primaverales de los Mets, así como en el
de los Dodgers cuando estaba en Vero Beach, donde Koufax vivía. En una
breve entrevista con los reporteros, Koufax dijo que se sentía mal por
la situación de Wilpon en el asunto de Bernie Madoff.
Ahora que los Dodgers mudaron su complejo de entrenamientos a
Arizona, Port Saint Lucie es el escenario de béisbol primaveral para
Koufax. También tiene una larga relación con el manager nuevo de los
Mets, Terry Collins, quién solía trabajar en la organización de los
Dodgers.
Fue divertido observar el tropel de jóvenes jugadores de los Mets
acercarse a Koufax para estrechar su mano. Allí estaba Koufax hablando
con el pitcher derecho Blaine Boyer, quién tiene contrato de liga
menor. Luego, cuando Koufax se fue a otro campo, conversó con otro
lanzador de nombre Bobby Parnell y le dio una larga charla de pitcheo
mientras Parnell escuchaba muy atento. Koufax dijo después que el
zurdo Chris Capuano le había solicitado una asesoría de pitcheo.
Como escribí el año pasado, sí, tiendo a obsesionarme con Koufax,
discúlpenme. Koufax, en los últimos años, se ha hecho mucho más
accesible al ojo público. Mientras salía de un campo esta mañana para
dirigirse a otro, Koufax se detuvo para firmar autógrafos ante una
horda de aficionados frenéticos, muchos de los cuales habían traído
viejas fotografías de él. Bromeó y habló amigablemente con los
aficionados antes de continuar para lo cual se disculpó con aquellos a
los que no dio tiempo darles el autógrafo.
Han pasado 46 años desde que Koufax lanzó su último pitcheo con los
Dodgers a los 30 años, para retirarse luego de agenciar estos números:
27-9, 1.73 de efectividad, 317 ponches, una temporada de Cy Young,
porque no quería lidiar con las dolencias de la artritis. Pero no luce
como si hubiese aumentado un kilo. Como lo comentara un fablistán
cuando vio a Koufax hoy. “Es el principal candidato para el puesto de
quinto abridor en la rotación de los Mets”. Otro le comentó a Wilpon
que los periodistas estaban pensando preguntarle a Koufax si quería
jugar con ellos su partida diaria de baloncesto.
“Ustedes se van a lamentar de eso”, replicó Wilpon. “Él es muy competitivo”.
“Y también en mejor forma que cualquiera de nosotros”, apuntó otro reportero.
Si, admitiré que me sentí impresionado por su presencia. Es la única
persona en el medio deportivo que aún me provoca eso. Tuve suerte de
estar en el lugar adecuado en el momento preciso hoy.

Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 15 de febrero de 2011

Chuck Tanner: El manager que siempre veía oportunidades de ganar

Probablemente la madre de Tanner le habló de las hazañas de Honus Wagner, Bill Abstein, Fred Clarke, Vic Willis, Howie Camnitz, Lefty Leifield y todo el equipo de los Piratas de Pittsburgh que ganó la Serie Mundial de 1909, 4-3 ante los Tigres de Detroit. O compartió con Chuck el seguimiento de los Piratas que lucharon por el banderín de la Liga Nacional en 1938 y llegaron segundos a 2 juegos de los Cachorros de Chicago. Seguro pasaron momentos de silencio y tristeza consolándose porque los bucaneros se quedaron fuera de competencia. Ni que decir de que en 1960 a lo mejor su señora madre llamó a Chuck eufórica por el jonrón de Billy Mazeroski que le dio la Serie Mundial a los Piratas o que pudieron compartir la gesta de Danny Murtaugh, Roberto Clemente, Steve Blass, Manny Sanguillén, Richie Hebner, Al Oliver, Bob Moose, Dock Ellis y todo el equipo de Pittsburgh de 1971.
Toda esa pasión por el juego el pequeño Chuck la empezó a demostrar en cada encuentro en la calle o en el estadio. Cuando debutó en Grandes Ligas en County Stadium el 12 de abril de 1955 vino a batear de emergente en el octavo inning por el gran zurdo Warren Spahn y le bateó un jonrón a Gerry Staley para igualar el juego a 2 carreras. El batazo fue al primer lanzamiento que Tanner veía en las mayores. Los Bravos de Milwaukee derrotaron a Cincinnati 4-2.
La integridad y la pasión de Tanner afloraron en el recuerdo de Bob Sproule cuando relató su experiencia al llamar a Tanner para que hablara de béisbol en el Capítulo Pittsburgh de SABR. Chuck no sólo fue a la reunión sino que cuando Sproule le iba a decir que su hora de charla había concluído y podía dejarlo hasta ahí, él le respondió que terminaría cuando estuviera listo y no antes. Al día siguiente muy temprano Tanner llamó a Sproule para agradecerle por haberlo invitado a la reunión de SABR.
En dos ocasiones Tanner sustituyó a Hank Aaron en la alineación de los Bravos de Milwaukee. El 13 de mayo de 1956, (el primero de un doble juego en Cincinnati) y el 17 de junio de 1956 (el segundo de un doble juego en Brooklyn), en ambas ocasiones Tanner entró a jugar al campo en el cierre del sexto episodio y bateó en la parte alta del octavo. En Cincinnati jonroneó y en Brooklyn soltó doblete.
En 1970 Chuck Tanner recibió una propuesta para dirigir a los Medias Blancas de Chicago y aún cuando tuvo marca de 3-13 al final de esa temporada, Tanner sacó a los patiblancos del foso de la división Este de La Liga Americana para llevarlos al tercer lugar en 1971 y al segundo puesto en 1972 a 5 juegos y medio de los Atléticos de Oakland. Tanner convirtió a los patiblancos de un equipo basado en la defensiva y el pitcheo a otro que también aprovechaba la ofensiva de Dick Allen, Bill Melton y Carlos Mays y la velocidad de Pat Kelly. Allí fue donde junto a Johnny Sain le enseñó un cambio de velocidad a Rich Goose Gossage y a partir de entonces fue un mejor pitcher que en 1971 dejó marca de 18-2 y 1.83 de efectividad con el Appleton Clase A. El primer consejo que Gossage recibió de Tanner fue: “Hijo, si no eres capaz de hacer sentir incómodos a los bateadores mejor te buscas otro trabajo”. De allí fue convocado al equipo grande en los entrenamientos primaverales de 1972, asignado al bull pen. En un momento de los entrenamientos Tanner llamó a Gossage a su oficina y le dijo que lo iba a mandar a las menores. Gossage respondió que era el mejor pitcher que había en el campo. Tanner le pidió que se lo demostrara. En tres innings ponchó a cada bateador que se enfrentó, sólo hizo dos lanzamientos malos. Tanner también fue responsable por pasar al nudillista Wilbur Wood del bull pen a la rotación de abridores y le fue muy bien.
Después pasó a Oakland en 1976 y los llevó al segundo lugar (a 2 juegos y medio de los Reales de Kansas City) mediante un estilo de juego basado en la velocidad en las bases, impusieron una nueva marca para la Liga Americana con 341 robos.
En 1977 Tanner llega a los Piratas de Pittsburgh y los lleva al segundo lugar al igual que en 1978. En 1977 se llevó a Gossage y a Terry Forster a los Piratas. Gossage estuvo muy triste cuando al final de la campaña fue a retirar sus pertenencias del club house porque los Piratas no podían pagarle lo que valía. "Metí mis valijas en el carro y me senté a llorar. Me gustaba el lugar, me gustaba el equipo y jugar para Chuck. Cuando los Piratas desistieron de firmarme, Tanner me deseó lo mejor y dijo que hacia lo correcto".
En 1979 los Piratas galvanizaron una química que venían activando desde las dos campañas anteriores. En el clubhouse los ánimos se disparaban mediante los apodos de “Scrap Iron” (Phil Garner), Mad Dog (Bill Madlock), Pops (Willie Stargell), “Rubber Band Man” (Kent Tekulve), “Candy Man” (John Candelaria), “Crazy Horse” (Tim Foli), “Buck” (Grant Jackson). “Pops” implementó un sistema de premios mediante estrellas que entregaba a cada pelotero que hubiese hecho algo especial para ganar un juego. La gorra de Tekulve parecía una lluvia de meteoros de tantas estrellas que ganó. Ningún pitcher de ese equipo ganó 15 juegos. Ningún jugador de posición empujó 100 carreras, sin embargo Stargell compartió el premio al jugador mas valioso de la Liga Nacional con Keith Hernández.
“Por ejemplo Bill Robinson nuestro jardinero izquierdo, fue tan valioso como cualquiera de nuestros peloteros. Ed Ott y Garner tuvieron los mejores años de sus carreras”, dijo Tanner.
Otra marca de aquel equipo fueron los movimientos poco ortodoxos que Tanner hizo en varios juegos. En un juego ante los Filis, sacó como emergente al zurdo John Milner por Steve Nicosia frente al tambien zurdo Tug McGraw. “En las tribunas mi esposa era la primera que pensaba que estaba loco. Sin embargo cuando Milner bateó un jonrón con bases llenas, el público empezó a aplaudir la decisión. Le dije al masajista Tony Bartirome: ‘¿Que hubieran hecho si John no hubiese dado ese batazo?’. Me contesto: ‘Te hubieran colgado’”, recordó Tanner. Poco tiempo después Tanner dejó batear al zurdo Ott ante McGraw y nuevamente se produjo un jonrón con bases llenas para barrer un doble juego crucial en agosto ante los Filis.
La mañana del quinto juego de la Serie Mundial de 1979 sorprendió a Tanner con la muerte de su madre. Su padre lo llamó y le dijo: “Vas a quedarte a dirigir ese juego. Eso es lo que tu madre hubiera querido”. Tanner recordó que su madre le había prometido que estaría en las tribunas en cada juego de la Serie. “Recuerdo que Dave Parker era su jugador favorito, me dije : ‘Si estás ahí haz que Parker meta un batazo sobre el logo de los Cardenales de San Luis’. Parker procedió a despachar un doble impulsor en el séptimo inning justo sobre el emblema de los Cardenales pintado sobre la pared del outfield del Three Rivers Stadium. Tanner empezó a sentir que había una fuerza especial en el ambiente. “Se me erizaron todos los vellos cuando salió ese batazo”, confesó Tanner. Pittsburgh ganó el quinto juego 7-1 y viajaron a Baltimore con confianza.
Luego de derrotar a los Orioles 4-1 en el séptimo juego con jonrón de Stargell y relevo de Tekulve, el pitcher Jim Bibby se acercó a Tanner. “Los peloteros te dedicamos esta Serie Mundial, Chuck”.
También es casi seguro que luego de ver la película “The Winning Season”, Tanner recordara a su mamá a través de la barajita de Honus Wagner, como la recordó en el dugout antes del quinto juego de aquella Serie Mundial cuando les dijo a sus peloteros: “Mi madre era una gran aficionada de los Piratas. Seguro se fue allá arriba a buscar ayuda para nosotros”.

Alfonso L. Tusa C.

jueves, 10 de febrero de 2011

41 años de una hazaña

El templón de la mano me privó del oxígeno del final de aquel juego
decisivo de la Serie del Caribe. Por más que protesté mamá me llevó
hasta casa de su amiga Berenice. Había terminado la elección de la
reina del carnaval y querían compartir impresiones en un lugar más
tranquilo. El papelillo alfombraba los pasillos de la Plaza Montes y
en cada esquina se escuchaba la voz de Delio Amado León: “…y cuando
vamos para el cierre del undécimo inning Magallanes y Ponce siguen
igualados a 3 carreras…”
Aquella temporada 1969-70 quedaría grabada en mi recuerdo porque fue
la primera que seguí, además de todo lo que demostraron los Navegantes
del Magallanes sobre el terreno de juego. Su oportunidad de ganar el
campeonato fue comparada en marzo de aquel año con proyectos tan
complicados como la llegada del hombre a la luna y el logro de la
Serie Mundial para los Mets de Nueva York. El campeonato empezó y
Magallanes zarpó con muchos bríos de al menos disputar los juegos. A
principios de temporada Roberto Muñozfue dejado en libertad y Walter
Hriniak debió regresar a USA por bajo rendimiento. Dämaso Blanco
estuvo lesionado de una muñeca por un mes. Clarence Gaston debió
abandonar el equipo en diciembre por una lesión en la rodilla. Luego
se fueron los lanzadores Dick Baney y Danny Morris más llegaron Jay
Ritchie y Donald Eddy.
La noche cumanacoense se presentaba repleta por la alegría del
carnaval. En cada esquina emergían las “negritas”, los carros
paseaban con espontaneos disfrazados sobre los capós, los cohetes
estallaban. Y en el fondo seguía la narración del juego de pelota.
Ese Magallanes era un equipo que siempre tenía una respuesta a
cualquier eventualidad, si se cometía un error, el mismo que lo había
cometido o sus compañeros aparecían dos o tres episodios después con
un batazo importante para igualar la pizarra o ponerse adelante. Todos
se fajaban, todos joseaban, todos se daban la mano para levantarse y
al menos mostrar vergüenza deportiva.
La señora Berenice me preguntó porque estaba tan triste en una noche
como aquella. Cuando mamá le habló del juego de pelota, trajo uno de
aquellos radios.tocadiscos portátiles. Logré sintonizar la emisora
cuando Delio Amado decía: “…ahí viene el lanzamiento, Gustavo Gil
batea un roletazo por el medio del campo. La pelota pasa imparable,
Dámaso Blanco anota la carrera que le da a Venezuela su primera Serie
del Caribe. Es indescriptible lo que ocurre en el estadio
Universitario amigos, el público ha comenzado a cantar el himno
nacional…” En ese momento sonó una serie infinita de cohetes en el
cielo. Un carro se paró y el tipo que iba sobre el capó preguntó:
“¿Quepasó en el juego?” Cuando le dije que había ganado Magallanes, el
tipo empezó a saltar sobre el carro y el chofer empezó a sonar la
bocina, parecía la sirena que tantas veces ha animado al equipo en el
estadio, pero aquella sirena sonaba en todo el estadio y en toda
Cumanacoa.
En aquel juego Armando Ortiz (el mismo que le despachó cuadrangular a
Miguel Cuellar en el primer juego de aquella Serie del Caribe) cometió
una marfilada que permitió la segunda rayita borícua. En el octavo
episodio cuando Ponce ganaba 3-2, Ray Fosse soltó doblete y Ortiz lo
imitó con otro biangular para empatar el juego.
Mientras me confundía entre los abrazos de mamá y sus amigas junto a
las personas que se bajaban de los carros en medio de una lluvia de
papelillo, seguía viendo la gesta de aquel equipo, los batazos de Jim
Holt, la versatilidad de Hiraldo “Chico” Ruiz, el empeño de Dámaso
Blanco, el oportunismo de Gustavo Gil, el aporte de Cesar Tovar, la
solvencia de Gonzalo Marquez, la calidad de Don Eddy, la sabiduría de
Orlando Peña y la experiencia de Jay Ritchie quién además de ganar los
juegos que clasificaron al Magallanes a la semifinal, la final y el
que le dio el campeonato de Venezuela; en la serie del Caribe lanzó un
juego casi perfecto en el que solo permitió 1 hit para vencer a los
Tigres del Licey Que noche tan especial aquella del 10 de febrero de
1970.

Alfonso L. Tusa C.

El antíguo lanzador Woodie Fryman fallece a los 70 años.

Ewing, Ky. Woodie Fryman, quién lanzó 18 temporadas en Grandes Ligas e ingresó al Salón de la Fama de los Expos de Montreal en 1995, ha fallecido, tenía 70 años.

Fryman ganó 141 juegos entre 1966 y 1983 con los Expos, Piratas de Pittsburgh, Filis de Filadelfia, Tigres de Detroit, Rojos de Cincinnati y Cachorros de Chicago. Lanzó principalmente como relevista al final de su carrera, salvó 17 desafíos para Montreal en 1980.

Fryman lanzó cuatro juegos de un imparable, incluyendo uno casi perfecto el 01-07-1966 cuando era un novato en Pittsburgh. Permitió sencillo al primer bateador de los Mets de Nueva York (Ron Hunt), el corredor fue sorprendido en intento de robo y Fryman impidió que alguien más se le embasara. Pittsburgh ganó 12-0 en Shea Stadium.

En 1972, Fryman llegó a los Tigres en medio de la temporada y dejó marca de 10-3 con 2-06 de efectividad con ellos para ayudarlos a ganar el banderín de la división este de la Liga Americana.

El deceso de Fryman este viernes 04 de febreo de 2011 fue confirmado por Price Brothers Funeral Home en Kentucky.



Traducción: Alfonso L. Tusa C.