La rivalidad queda a un lado para que los Yanquis ayuden al coach de primera base Ron Johnson y familia
Joe McDonald.
ESPNBoston.com
Fort Myers, Fla. La añeja rivalidad entre los Medias Rojas de Boston y los Yanquis de Nueva York es una de las mejores de todos los deportes.
Siempre hay algo de que hablar cuando se enfrentan estos dos equipos, y siempre será así. Sobre el campo, han ocurrido batallas épicas, derrotas aplastantes, victorias gloriosas, colapsos históricos y peleas que han vaciado los dugouts.
Sin embargo fuera del campo, los jugadores y el personal de ambos clubes se respetan mutuamente. Creanlo o no, también hay mucho amor compartido entre los competidores.
Ese afecto se hizo evidente para el coach de primera base de los Medias Rojas y su familia el pasado septiembre.
Bridget, la hija de Johnson, perdió su pierna izquierda y casi la vida el 01 de agosto de 2010. En ese momento tenía 10 años. Bridget y su hermana mayor, Cheyanne, montaban sus caballos cerca de la granja de 15 acres de la familia en Morrison, Tenn., cuando Briget y su caballo, Rhonda, fueron embestidos por un automóvil.
Jonson estaba en Boston con los Medias Rojas e inmediatamente hizo los arreglos para ir a casa y encontrarse con su familia en el Vanderbilt Children's Hospital de Nashville. Durante los 34 días que pasó en el hospital, Bridget tuvo más de media docena de operaciones antes de regresar a casa el 04 de septiembre. Había perdido su pierna de la rodilla hacia abajo.
Johnson nunca se apartó del lado de su hija
Cuando la familia llegó a casa, había cartas, paquetes y regalos de todas partes. Mientras Johnson los revisaba, un paquete en particular llamó su atención.
“Durante ese tiempo todo era muy nublado”, dijo Johnson recientemente. “Llegamos a casa después que Bridget salió del hospital y llegó este paquete de los Yanquis. Yo me decía: ‘¿Qué carajo es esto?’”
Johnson abrió el paquete y vio que era del coach de bateo de los Yanquis Kevin Long.
Long y Johnson han sido amigos desde que “RJ” fuera el manager de Long en el Wichita AA (Reales de Kansas City) en 1995. Un temporada después, la carrera de Long había terminado y el empezó a dirigir con la ayuda de Johnson.
Ahora ambos son coaches en las Grandes Ligas y se mantienen en contacto.
Cuando los Yanquis recibieron a los Medias Rojas en Yankee Stadium en las semanas siguientes al accidente, Long se percató de que Johnson no estaba, entonces le preguntó al asistente de personal de los Medias Rojas Ron Leary que había pasado. Cuando Long supo lo que había ocurrido a Bridget, decidió ayudar.
Long llamó a una reunión con los Yanquis y explicó la situación. Los jugadores decidieron pasar el sombrero y recaudaron dinero para la familia Johnson.
“Busqué a los muchachos, tuvimos una reunión, hablamos de eso”, le dijo Long al periodista d los Yanquis Dan Barbarisi de The Wall Street Journal. “Los muchachos fueron muy solidarios y dieron el dinero que recogimos”.
Cuando Johnson abrió el paquete, había una carta de Long.
La nota decía: “Nunca olvidé lo que hiciste por mí. Se que estás pasando momentos difíciles, espero que esto ayude”. Los Yanquis Mariano Rivera, A.J Burnett y Jorge Posada, entre muchos otros, hicieron contribuciones.
Los jugadores de los Medias Rojas habían hecho lo mismo por Johnson, y se dice que el regalo de los Yanquis fue casi igual a la cantidad que los Medias Rojas recogieron.
“Fue increíble”, dijo Johnson. Se lo mostré a mi esposa Daphne y empezó a llorar”
Johnson llamó inmediatamente a Long para agradecerle por el generoso regalo. Durante su conversación telefónica, Long le dijo a Johnson que usara el dinero en lo que fuese necesario.
“El estaba muy agradecido y dijo que no tenía como retribuir lo suficiente”, dijo Long. “Somos grandes amigos. Desafortunadamente, no nos vemos tan a menudo como quisiéramos y tampoco lo hacen nuestras familias”.
Cuando los Yanquis reciban a los Medias Rojas este viernes en la noche en el Legends Field de Tampa, Johnson agradecerá a Long y a los jugadores de losYanquis en persona.
“Le dije a Theo (Epstein), “Cuando juguemos con los Yanquis y me veas agradeciéndole a ciertos tipos, no pienses que me vendí…”, dijo Johnson.
Mientras las organizaciones son rivales, lo que hicieron los Yanquis demuestra el elemento humano del juego.
“El apoyo que he tenido de la organización de los Medias Rojas es increíble
Existe la posibilidad de que Bridget Jonson lance la primera pelota el 08 de abril cuando los Medias Rojas reciban a los Yanquis en Fenway Park
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 8 de marzo de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
El inquilino del Salón de la Fama Duke Snider fallece a los 84 años.
AP.
Duke Snider, el center fielder del Salón de la Fama de los prósperos “Boys of Summer”, quién ayudó a los Dodgers a traer la esquiva y única corona de Serie Mundial a Brooklyn, falleció este domingo 27 de febrero de 2011.
Snider dejó de existir en el Valle Vista Convalescent Hospital en Escondido, Calif., dijo el Salón de la Fama y Museo Nacional de Béisbol, el cual anunció la muerte en representación de la familia. Snider había estado enfermo varios meses. Su familia dijo que falleció de causas naturales.
“The Duke of Flatbush” bateó para .295 con 407 jonrones de por vida, jugó en seis Series Mundiales y ganó dos títulos. Pero el ocho veces seleccionado al Juego de Estrellas fue definido por mucho más que sus estadísticas, el era, después de todo parte de idilio de amor entre la parroquia de Brooklyn y los vagabundos que vivían en las vecindades locales.
Ebbets Field estaba lleno de estrellas como Pee Wee Reese, Roy Campanella y Gil Hodges durante aquella temporada del campeonato de 1955. Aún así es el nombre de Snider el que es nombrado en la favorita de los estadios “Talkin baseball”.
“Willie, Mickey and the Duke”, dice la canción popular.
Snider usaba el número 4 en azul Dodger y a menudo era catalogado como el tercer mejor center fielder de Nueva York, detrás de Willie Mays de los Gigantes y Mickey Mantle de los Yanquis, durante lo que muchos aficionados consideraron la época dorada de la ciudad en el béisbol.
“Los periódicos comparaban a Willie, Mickey y a mí, ese era su asunto”, dijo Snider hace varios años. “Como equipo competíamos con los Gigantes y enfrentábamos a los Yanquis en la Serie Mundial. Teníamos una rivalidad entre equipos, eso era todo. Fue un honor ser comparado con ellos, ambos fueron grandes jugadores”.
Mantle murió en 1995 a los 63 años. Willie, ahora de 79 años, lanzó la primera bola antes de un juego de play off en el pasado otoño en San Francisco.
“Willie, Duke y Mickey fueron grandes jugadores en una ciudad, un pueblo”, dijo el antíguo compañero de equipo Don Zimmer, quién jugó con Snider durante 5 años. “Duke nunca recibió el crédito de ser el tipo de jardinero que Willie y Mickey fueron. Primero que todo jugaba en un estadio pequeño, Ebbets Field. Pero Duke fue un gran jardinero. Fue un gran pelotero”.
Snider bateó al menos 40 jonrones en 5 temporadas seguidas y encabezó la Liga Nacional en bases totales 3 veces. Nunca ganó un premio al Jugador más Valioso. Aunque un error de votación pudo haberle costado el premio en 1955. Perdió con Campanella por un estrecho margen, luego se supo que un votante dejo a Snider fuera de la votación, supuestamente por error.
Carl Erskine fue compañero de cuarto de Snider por 10 años y ambos compartían una casa en los entrenamientos primaverales en Vero Beach, Fla., con sus familias.
“Duke jugaba muy bien cuando yo lanzaba”, recuerda Erskine. “Hizo muchas grandes jugadas para mí en la Serie Mundial, parecía dar lo mejor cuando yo lanzaba”.
Snider bateó .309 con 42 jonrones y un tope en su carrera de 136 carreras empujadas en 1955. Ese octubre despachó 4 jonrones, empujó 7 carreras y bateó .320 mientras los Dodgers vencían a los Yanquis en una serie de 7 juegos.
Para un equipo que siempre decía “Esperemos hasta el próximo año” después de las derrotas ante los Yanquis en 1953, ’52, ’49, ’47 y ’41, ese próximo año era innegable. Una generación después, mucho después que todos habían envejecido, aquellos Dodgers fueron apreciados como los “Boys of Summer” en el libro de Roger Kahn.
El inquilino del Salón de la Fama Willie McCovey admiraba a Snider como uno de sus jugadores favoritos en su adolescencia. Ambos fueron compañeros de equipo brevemente cuando Snider firmó con los Gigantes de San Francisco en 1964, su última temporada.
“Es un tipo de Primera Clase, eso es todo”, dijo McCovey. “Un gran bateador de poder y center fielder”.
Orlando Cepeda, también un inquilino del Salón de la Fama de los Gigantes, dijo que Snider le dio una de las emociones más grandes cuando llegó a las Grandes Ligas en 1958.
“Cuando llegué a primera base en el juego inaugural, él me dijo, ‘Orlando, buena suerte, buena suerte’”, dijo Cepeda. “Era uno de mis ídolos. Casi me desmayo”.
Su nombre de pila es Edwin Donald Snider, se ganó el apodo cuando era muy joven. Al notar que su hijo regresaba a casa de un juego con un estilo de caminar elegante, su padre dijo, “Aquí viene el Duque”.
El apodo se quedó. Snider hizo lo propio, una vez que jugó su primer juego en las mayores en 1947, dos días después del histórico debut de Jackie Robinson.
Un bateador de poder resistente con un brazo respetable, buenos instintos en las bases y un estilo espléndido, Snider bateó el último jonrón en Ebbets Field en 1957.
El swing de Snider le daba a los Dodgers una presencia zurda en una alineación cargada de derechos. A menudo disparaba toletazos sobre la pequeña pared del jardín derecho del estadio de Brooklyn, para recompensar a una expectante multitud que se agolpaba en Bedford Avenue. “Viene a batear el Duque”, gritaban los aficionados de la tribuna central para que escucharan los que estaban en la calle.
Snider tenía un swing salvaje que fue controlado por Branch Rickey, quién lo hizo practicar parándose en el plato con un bate en su hombro reconociendo las bolas y los strikes sin hacer swing.
Snider siguió con los Dodgers cuando estos se mudaron a Los Angeles en 1958 y ganaron otro anillo de Serie Mundial el año siguiente. Sus cabellos se tornaron grises prematuramente, “The Silver Fox” regresó a Nueva York con los Mets en 1963 y terminó su carrera en 1964 con los Gigantes.
“No había alguien de más clase o llevadero que Duke Snidder”, dijo el Presidente del Salón de la Fama Jeff Idelson. “Sobre todo era uno de los favoritos de los aficionados por su estilo de juego, personalidad, accesibilidad, y su alegría por jugar pelota de goma con los muchachos en las calles de Brooklyn”.
Snider fue elegido al Salón de la Fama en 1980 en su undécima aparición. Narró los juegos de los Expos de Montreal por varias temporadas, jugó en esa ciudad como pelotero de ligas menores del sistema de granjas de los Dodgers. Después narró los juegos de los Dodgers.
“Una de las figuras simbólicas del béisbol, un jugador del Salón de la Fama, una persona del Salón de la Fama y un maravilloso narrador con grandes habilidades descriptivas, uno de los mejores contadores de anécdotas con quién haya trabajado”, dijo Dave Van Horne, el narrador de los Marlins y compañero de transmisión de Snider por 15 años con los Expos. “Fue un compañero maravilloso y me enseñó mucho del juego”.
El narrador del Salón de la Fama Marty Brennaman agregó: “Si lo conocías, nunca tendrías una idea de que desarrolló el tipo de carrera que él tuvo”.
En 1995, Snider se declaró culpable por cargos de impuestos federales y fue sentenciado a dos años de vigilancia y multado con 5000 dólares. Admitió no haber declarado más de 97000 dólares en efectivo por la firma de autógrafos, shows de barajitas y ventas de memorabilia.
Snider fue sentenciado en la Corte Federal de Brooklyn, a pocas millas de donde destacó como pelotero. El juez dijo que Snider había sido “públicamente humillado y desgraciado…aquí en Brooklyn, donde fuiste idolatrado por una generación…de la cual forme parte”.
Snider se disculpó. Dijo que empezó a hacer sesiones de autógrafos porque tenía pocos ahorros y había hecho varias decisiones erradas en los negocios. El juez dijo que Snider pagó casi 30000 dólares en impuestos y notó que tenía diabetes, hipertensión y otras enfermedades.
Un nativo de California, Snider se convirtió en parte del alma de Brooklyn durante sus días de jugador.
“Nací en Los Ángeles”, dijo una vez. “Para el béisbol, nací en Brooklyn. Vivimos en Brooklyn. Morimos con Brooklyn.”.
Sin embargo, el Duque tuvo algunas dificultades con los aficionados de Brooklyn.
Una vez a comienzos de los años 50, fue citado calificándolos como los peores del mundo. Fue al estadio después que la declaración fue publicada y fue recibido con un coro de abucheos. Pero tuvo una de sus mejores noches al campo, y silenció a los aficionados para su bien.
“Los aficionados eran algo serio”, dijo Snider. “Estaban muy cerca de ti. Tenías que conocerlos, a algunos de ellos por su nombre”.
Durante su carrera como jugador, Snider se hizo granjero de aguacates y vivió muchos años en Fallbrook, Calif.
Le sobrevive su esposa Beverly, con quién se casó en 1947.
Zimmer lamentó que se haya ido otro Dodger.
“Todos se están yendo. No quedan muchos”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Duke Snider, el center fielder del Salón de la Fama de los prósperos “Boys of Summer”, quién ayudó a los Dodgers a traer la esquiva y única corona de Serie Mundial a Brooklyn, falleció este domingo 27 de febrero de 2011.
Snider dejó de existir en el Valle Vista Convalescent Hospital en Escondido, Calif., dijo el Salón de la Fama y Museo Nacional de Béisbol, el cual anunció la muerte en representación de la familia. Snider había estado enfermo varios meses. Su familia dijo que falleció de causas naturales.
“The Duke of Flatbush” bateó para .295 con 407 jonrones de por vida, jugó en seis Series Mundiales y ganó dos títulos. Pero el ocho veces seleccionado al Juego de Estrellas fue definido por mucho más que sus estadísticas, el era, después de todo parte de idilio de amor entre la parroquia de Brooklyn y los vagabundos que vivían en las vecindades locales.
Ebbets Field estaba lleno de estrellas como Pee Wee Reese, Roy Campanella y Gil Hodges durante aquella temporada del campeonato de 1955. Aún así es el nombre de Snider el que es nombrado en la favorita de los estadios “Talkin baseball”.
“Willie, Mickey and the Duke”, dice la canción popular.
Snider usaba el número 4 en azul Dodger y a menudo era catalogado como el tercer mejor center fielder de Nueva York, detrás de Willie Mays de los Gigantes y Mickey Mantle de los Yanquis, durante lo que muchos aficionados consideraron la época dorada de la ciudad en el béisbol.
“Los periódicos comparaban a Willie, Mickey y a mí, ese era su asunto”, dijo Snider hace varios años. “Como equipo competíamos con los Gigantes y enfrentábamos a los Yanquis en la Serie Mundial. Teníamos una rivalidad entre equipos, eso era todo. Fue un honor ser comparado con ellos, ambos fueron grandes jugadores”.
Mantle murió en 1995 a los 63 años. Willie, ahora de 79 años, lanzó la primera bola antes de un juego de play off en el pasado otoño en San Francisco.
“Willie, Duke y Mickey fueron grandes jugadores en una ciudad, un pueblo”, dijo el antíguo compañero de equipo Don Zimmer, quién jugó con Snider durante 5 años. “Duke nunca recibió el crédito de ser el tipo de jardinero que Willie y Mickey fueron. Primero que todo jugaba en un estadio pequeño, Ebbets Field. Pero Duke fue un gran jardinero. Fue un gran pelotero”.
Snider bateó al menos 40 jonrones en 5 temporadas seguidas y encabezó la Liga Nacional en bases totales 3 veces. Nunca ganó un premio al Jugador más Valioso. Aunque un error de votación pudo haberle costado el premio en 1955. Perdió con Campanella por un estrecho margen, luego se supo que un votante dejo a Snider fuera de la votación, supuestamente por error.
Carl Erskine fue compañero de cuarto de Snider por 10 años y ambos compartían una casa en los entrenamientos primaverales en Vero Beach, Fla., con sus familias.
“Duke jugaba muy bien cuando yo lanzaba”, recuerda Erskine. “Hizo muchas grandes jugadas para mí en la Serie Mundial, parecía dar lo mejor cuando yo lanzaba”.
Snider bateó .309 con 42 jonrones y un tope en su carrera de 136 carreras empujadas en 1955. Ese octubre despachó 4 jonrones, empujó 7 carreras y bateó .320 mientras los Dodgers vencían a los Yanquis en una serie de 7 juegos.
Para un equipo que siempre decía “Esperemos hasta el próximo año” después de las derrotas ante los Yanquis en 1953, ’52, ’49, ’47 y ’41, ese próximo año era innegable. Una generación después, mucho después que todos habían envejecido, aquellos Dodgers fueron apreciados como los “Boys of Summer” en el libro de Roger Kahn.
El inquilino del Salón de la Fama Willie McCovey admiraba a Snider como uno de sus jugadores favoritos en su adolescencia. Ambos fueron compañeros de equipo brevemente cuando Snider firmó con los Gigantes de San Francisco en 1964, su última temporada.
“Es un tipo de Primera Clase, eso es todo”, dijo McCovey. “Un gran bateador de poder y center fielder”.
Orlando Cepeda, también un inquilino del Salón de la Fama de los Gigantes, dijo que Snider le dio una de las emociones más grandes cuando llegó a las Grandes Ligas en 1958.
“Cuando llegué a primera base en el juego inaugural, él me dijo, ‘Orlando, buena suerte, buena suerte’”, dijo Cepeda. “Era uno de mis ídolos. Casi me desmayo”.
Su nombre de pila es Edwin Donald Snider, se ganó el apodo cuando era muy joven. Al notar que su hijo regresaba a casa de un juego con un estilo de caminar elegante, su padre dijo, “Aquí viene el Duque”.
El apodo se quedó. Snider hizo lo propio, una vez que jugó su primer juego en las mayores en 1947, dos días después del histórico debut de Jackie Robinson.
Un bateador de poder resistente con un brazo respetable, buenos instintos en las bases y un estilo espléndido, Snider bateó el último jonrón en Ebbets Field en 1957.
El swing de Snider le daba a los Dodgers una presencia zurda en una alineación cargada de derechos. A menudo disparaba toletazos sobre la pequeña pared del jardín derecho del estadio de Brooklyn, para recompensar a una expectante multitud que se agolpaba en Bedford Avenue. “Viene a batear el Duque”, gritaban los aficionados de la tribuna central para que escucharan los que estaban en la calle.
Snider tenía un swing salvaje que fue controlado por Branch Rickey, quién lo hizo practicar parándose en el plato con un bate en su hombro reconociendo las bolas y los strikes sin hacer swing.
Snider siguió con los Dodgers cuando estos se mudaron a Los Angeles en 1958 y ganaron otro anillo de Serie Mundial el año siguiente. Sus cabellos se tornaron grises prematuramente, “The Silver Fox” regresó a Nueva York con los Mets en 1963 y terminó su carrera en 1964 con los Gigantes.
“No había alguien de más clase o llevadero que Duke Snidder”, dijo el Presidente del Salón de la Fama Jeff Idelson. “Sobre todo era uno de los favoritos de los aficionados por su estilo de juego, personalidad, accesibilidad, y su alegría por jugar pelota de goma con los muchachos en las calles de Brooklyn”.
Snider fue elegido al Salón de la Fama en 1980 en su undécima aparición. Narró los juegos de los Expos de Montreal por varias temporadas, jugó en esa ciudad como pelotero de ligas menores del sistema de granjas de los Dodgers. Después narró los juegos de los Dodgers.
“Una de las figuras simbólicas del béisbol, un jugador del Salón de la Fama, una persona del Salón de la Fama y un maravilloso narrador con grandes habilidades descriptivas, uno de los mejores contadores de anécdotas con quién haya trabajado”, dijo Dave Van Horne, el narrador de los Marlins y compañero de transmisión de Snider por 15 años con los Expos. “Fue un compañero maravilloso y me enseñó mucho del juego”.
El narrador del Salón de la Fama Marty Brennaman agregó: “Si lo conocías, nunca tendrías una idea de que desarrolló el tipo de carrera que él tuvo”.
En 1995, Snider se declaró culpable por cargos de impuestos federales y fue sentenciado a dos años de vigilancia y multado con 5000 dólares. Admitió no haber declarado más de 97000 dólares en efectivo por la firma de autógrafos, shows de barajitas y ventas de memorabilia.
Snider fue sentenciado en la Corte Federal de Brooklyn, a pocas millas de donde destacó como pelotero. El juez dijo que Snider había sido “públicamente humillado y desgraciado…aquí en Brooklyn, donde fuiste idolatrado por una generación…de la cual forme parte”.
Snider se disculpó. Dijo que empezó a hacer sesiones de autógrafos porque tenía pocos ahorros y había hecho varias decisiones erradas en los negocios. El juez dijo que Snider pagó casi 30000 dólares en impuestos y notó que tenía diabetes, hipertensión y otras enfermedades.
Un nativo de California, Snider se convirtió en parte del alma de Brooklyn durante sus días de jugador.
“Nací en Los Ángeles”, dijo una vez. “Para el béisbol, nací en Brooklyn. Vivimos en Brooklyn. Morimos con Brooklyn.”.
Sin embargo, el Duque tuvo algunas dificultades con los aficionados de Brooklyn.
Una vez a comienzos de los años 50, fue citado calificándolos como los peores del mundo. Fue al estadio después que la declaración fue publicada y fue recibido con un coro de abucheos. Pero tuvo una de sus mejores noches al campo, y silenció a los aficionados para su bien.
“Los aficionados eran algo serio”, dijo Snider. “Estaban muy cerca de ti. Tenías que conocerlos, a algunos de ellos por su nombre”.
Durante su carrera como jugador, Snider se hizo granjero de aguacates y vivió muchos años en Fallbrook, Calif.
Le sobrevive su esposa Beverly, con quién se casó en 1947.
Zimmer lamentó que se haya ido otro Dodger.
“Todos se están yendo. No quedan muchos”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
sábado, 26 de febrero de 2011
Cuando estaba “cargado y asegurado” nadie podía vencer a Paige.
El hombre que se dice lanzó 55 no-hitters fue elegido el mejor lanzador del béisbol negro.
Justice B. Hill. MLB.com 07-02-2011.
En la vecindad del Año del Pitcher y como un saludo al Mes de la Historia Negra, MLB.com le fórmulo la siguiente pregunta a un panel de 19 de las más respetadas autoridades en “béisbol negro”, un término que incluye el período anterior a que Rube Foster fundara las Ligas Negras en 1920: ¿Quienes fueron los 5 mejores pitchers negros antes de la integración de las Grandes Ligas? Basados en una compilación de sus clasificaciones, aquí está un perfil de Satchel Paige, la escogencia número 1 del panel:
La historia suena como el cuento más grande. Pero la mayoría de la gente que oye algo de Satchel Paige parece estirar la verdad hasta su punto de ruptura. Para la mayor parte de los registros, Paige a menudo lograba lo improbable.
De acuerdo a esta historia, Paige pitcheaba para los Monarcas de Kansas City. Ellos enfrentaban a los Grays de Homestead en la Serie Mundial de las Ligas Negras de 1942, y los Grays embasaron la carrera del empate con dos outs en el noveno inning.
Paige llamó a su compañero Buck O’Neil al montículo.
“¿Sabes lo que voy a hacer?. Le dijo Paige a O’Neil. “Voy a caminar a Howard Easterling. Voy a caminar a Buck Leonard; le voy a lanzar a Josh Gibson”.
Paige y Gibson, conocido como el “Babe Ruth negro” habían sido compañeros de equipo hacía unos años con los Crawfords de Pittsburgh, y habían hablado del momento especial cuando se enfrentaran. Ese momento había llegado.
“Vamos Satchel, lanza la pelota”, Gibson le gritó a Paige.
“Te voy a lanzar algunas rectas”. Dijo Paige.
Lanzó tres rectas, cada una más dura que la anterior y cada una en strike. Se acabó el juego.
Mientras bajaba del montículo, Paige se volvió hacia O’Neil, a quién él llamaba “Nancy”, y dijo, “Sabes una cosa Nancy, nadie batea la recta de Satchel Paige”.
Cierto o falso, la historia es un clásico de Paige. Pintoresco y simbólico, él fue la cara de las Ligas Negras. Su persona sobresalía sobre el béisbol negro.
“Tienes esa combinación de Muhammad Ali en Satchel Paige: “Voy a hacer lo que digo que voy a hacer”, dijo Larry Lester, un reportero y una de las autoridades más reconocidas en béisbol negro. “Eso te pone un poco a la vanguardia. Te da un toque de originalidad el que puedas hacer lo que alardeas”.
Quizás ningún hombre en la historia del béisbol alardeó más que Paige o tuvo su inclinación por el drama. Ninguno lanzó más episodios, tampoco. Por lo menos eso es lo que le dijo a la gente. “Mientras más lanzaba, mas fuerte se ponía mi brazo”, decía Paige.
¿Quién se lo podía rebatir?
En su carrera, Satchel dijo que lanzó en más de 2600 juegos, tiró 300 blanqueos y agenció 55 no-hitters. La mitología atada a Paige, un espigado lanzador con un brazo relajado, podría exagerar su total de victorias a un fuera de este mundo 2500.
Seguramente la carrera de Paige influyó para que fuera el mejor de todos los tiempos, esa es la razón de que esté en el tope de estas clasificaciones.
¿Cuan bueno fue realmente, dejando a un lado la mitología?
Su trabajo con los Monarcas, los Crawfords y media docena de otros equipos y su gira contra Grandes Ligas en los años ’30 y ’40 dejaron muchos indicadores de cuan grande fue Paige.
Aquellos que se le enfrentaron durante sus años dorados decían que su recta parecía un guisante y viajaba a más millas por hora que la de Bob Feller o Dizzy Dean; la curva de Paige era igual a la de cualquier otro, decían.
¿Y su control?
Piensa en Greg Maddux. Se decía que Paige podía pasar una recta por el ojo de una aguja.
O’Neil solía decir que si tenía que ganar un juego, el pitcher que escogería, desde los tiempos modernos a los pasados, sería Paige.
“Buck siempre dijo que cuando Satchel estaba cargado y asegurado, nadie lo podía tocar”, dijo Bob Kendrick, un amigo del finado O’Neil y antiguo director de mercadeo del Museo del Béisbol de las Ligas Negras en Kansas City, Mo. “Podías vencerlo cuando estaba descuidado, pero cuando estaba asegurado y cargado, olvídense”.
Los sentimientos de O’Neil fueron iguales a los de los fanáticos, periodistas e historiadores, hombres y mujeres que han seguido la carrera de Salón de la fama de Paige. Los sentimientos de O’Neil también reprodujeron aquellos de los peloteros que tuvieron que batear contra Paige.
En 2000, el museo fue anfitrión de un grupo de jugadores de las Ligas Negras. Kendrick les hizo una pregunta: ¿Cuál fue el punto culminante de sus carreras?
Casi todos dijeron que enfrentar a Paige.
“Hallé eso impresionante”, dijo Kendrick. “Para mí, eso habló muy alto sobre cuan grande fue Satchel Paige”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Justice B. Hill. MLB.com 07-02-2011.
En la vecindad del Año del Pitcher y como un saludo al Mes de la Historia Negra, MLB.com le fórmulo la siguiente pregunta a un panel de 19 de las más respetadas autoridades en “béisbol negro”, un término que incluye el período anterior a que Rube Foster fundara las Ligas Negras en 1920: ¿Quienes fueron los 5 mejores pitchers negros antes de la integración de las Grandes Ligas? Basados en una compilación de sus clasificaciones, aquí está un perfil de Satchel Paige, la escogencia número 1 del panel:
La historia suena como el cuento más grande. Pero la mayoría de la gente que oye algo de Satchel Paige parece estirar la verdad hasta su punto de ruptura. Para la mayor parte de los registros, Paige a menudo lograba lo improbable.
De acuerdo a esta historia, Paige pitcheaba para los Monarcas de Kansas City. Ellos enfrentaban a los Grays de Homestead en la Serie Mundial de las Ligas Negras de 1942, y los Grays embasaron la carrera del empate con dos outs en el noveno inning.
Paige llamó a su compañero Buck O’Neil al montículo.
“¿Sabes lo que voy a hacer?. Le dijo Paige a O’Neil. “Voy a caminar a Howard Easterling. Voy a caminar a Buck Leonard; le voy a lanzar a Josh Gibson”.
Paige y Gibson, conocido como el “Babe Ruth negro” habían sido compañeros de equipo hacía unos años con los Crawfords de Pittsburgh, y habían hablado del momento especial cuando se enfrentaran. Ese momento había llegado.
“Vamos Satchel, lanza la pelota”, Gibson le gritó a Paige.
“Te voy a lanzar algunas rectas”. Dijo Paige.
Lanzó tres rectas, cada una más dura que la anterior y cada una en strike. Se acabó el juego.
Mientras bajaba del montículo, Paige se volvió hacia O’Neil, a quién él llamaba “Nancy”, y dijo, “Sabes una cosa Nancy, nadie batea la recta de Satchel Paige”.
Cierto o falso, la historia es un clásico de Paige. Pintoresco y simbólico, él fue la cara de las Ligas Negras. Su persona sobresalía sobre el béisbol negro.
“Tienes esa combinación de Muhammad Ali en Satchel Paige: “Voy a hacer lo que digo que voy a hacer”, dijo Larry Lester, un reportero y una de las autoridades más reconocidas en béisbol negro. “Eso te pone un poco a la vanguardia. Te da un toque de originalidad el que puedas hacer lo que alardeas”.
Quizás ningún hombre en la historia del béisbol alardeó más que Paige o tuvo su inclinación por el drama. Ninguno lanzó más episodios, tampoco. Por lo menos eso es lo que le dijo a la gente. “Mientras más lanzaba, mas fuerte se ponía mi brazo”, decía Paige.
¿Quién se lo podía rebatir?
En su carrera, Satchel dijo que lanzó en más de 2600 juegos, tiró 300 blanqueos y agenció 55 no-hitters. La mitología atada a Paige, un espigado lanzador con un brazo relajado, podría exagerar su total de victorias a un fuera de este mundo 2500.
Seguramente la carrera de Paige influyó para que fuera el mejor de todos los tiempos, esa es la razón de que esté en el tope de estas clasificaciones.
¿Cuan bueno fue realmente, dejando a un lado la mitología?
Su trabajo con los Monarcas, los Crawfords y media docena de otros equipos y su gira contra Grandes Ligas en los años ’30 y ’40 dejaron muchos indicadores de cuan grande fue Paige.
Aquellos que se le enfrentaron durante sus años dorados decían que su recta parecía un guisante y viajaba a más millas por hora que la de Bob Feller o Dizzy Dean; la curva de Paige era igual a la de cualquier otro, decían.
¿Y su control?
Piensa en Greg Maddux. Se decía que Paige podía pasar una recta por el ojo de una aguja.
O’Neil solía decir que si tenía que ganar un juego, el pitcher que escogería, desde los tiempos modernos a los pasados, sería Paige.
“Buck siempre dijo que cuando Satchel estaba cargado y asegurado, nadie lo podía tocar”, dijo Bob Kendrick, un amigo del finado O’Neil y antiguo director de mercadeo del Museo del Béisbol de las Ligas Negras en Kansas City, Mo. “Podías vencerlo cuando estaba descuidado, pero cuando estaba asegurado y cargado, olvídense”.
Los sentimientos de O’Neil fueron iguales a los de los fanáticos, periodistas e historiadores, hombres y mujeres que han seguido la carrera de Salón de la fama de Paige. Los sentimientos de O’Neil también reprodujeron aquellos de los peloteros que tuvieron que batear contra Paige.
En 2000, el museo fue anfitrión de un grupo de jugadores de las Ligas Negras. Kendrick les hizo una pregunta: ¿Cuál fue el punto culminante de sus carreras?
Casi todos dijeron que enfrentar a Paige.
“Hallé eso impresionante”, dijo Kendrick. “Para mí, eso habló muy alto sobre cuan grande fue Satchel Paige”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Horton bendecido por las influencias de su vida.
El slugger de los Tigres de Detroit está agradecido con la gente que
lo ayudó a hacerse una leyenda.
Jason Beck. MLB.com
Detroit. Willie Horton tenía tanta fuerza física como cualquiera en el beisbol de su época, pero sin la ayuda de Junior Strong, ¿quién sabe cuanto tiempo le hubiera tomado llegar al béisbol organizado?
Horton tenía la fortaleza de carácter que heredó de sus padres, pero también aprendió con las leyendas de Detroit Ron Thompson y Damon Keith, como la convicción moral puede jugar en un campo de beisbol. Él tenía la clase de talento especial que muchos aficionados disfrutaban ir a ver en los entrenamientos primaverales, más sin Madeleine Brooks, podría nunca haberse sentido en Lakeland, Fla. cómo en su casa.
Esas son unas pocas de las muchas figuras en la vida de Horton que lo convirtieron en una leyenda, tanto en el terreno como en la ciudad que ama. Y ellos son unas de las pocas razones por las que Horton dice cada vez que tiene oportunidad que ha sido bendecido en su vida, y en su carrera como estrella de los Tigres.
“Me siento bendecido por estar alrededor de esas personas”, dijo Horton. “Cuando pienso como me desenvuelvo en la vida, sé que todos ellos tienen algo que ver”.
La vida de Horton ha sido reflejada en biografías, la más reciente es “The People’s Champion”. Horton creció amando el beisbol desde la niñez en Virginia, pero nunca jugó beisbol organizado hasta que realizó el largo camino desde su pueblo de Stonega hasta otro pueblo cercano llamado Appalachia para jugar en un terreno bien mantenido.
Allí fue que halló a Strong, quién dirigía uno de los equipos de Pequeñas Ligas del lugar.
El equipo adolecía de jugadores Afro-Americanos, pero debido al talento de Horton, estaba a punto de añadir uno. Aún a su joven edad, tenía siete u ocho años en ese momento, tenía grandes condiciones naturales.
“Fue el comienzo de Willie Horton”, dijo Horton. “Él (Strong) dijo que pensaba que iba a jugar en Grandes Ligas desde que me vio cuando tenía siete años”.
Los padres de Horton, sus hermanos y hermanas lo educaron para que viera más allá de la raza y el color, por eso lo que enfrentó no fue tan duro para él. Pero eventualmente se topó con el asunto de la integración poco después de mudarse a Detroit, unos años después comenzó a jugar con el equipo local.
Thompson se convirtió en un gran entrenador de futbol americano en la secundaria, pero en ese momento entrenaba un equipo de béisbol. Sentía que su equipo era bueno lo suficiente para competir en la liga local de la Federación de Béisbol. No sólo tenía a un gran bateador en Horton, también tenía a un futuro campeón de bateo de Grandes Ligas en Alex Johnson. Mientras su equipo estaba integrado, el resto de la liga estaba segregado. Si querían jugar en la liga, necesitaban dividirse y jugar en otros equipos.
“Recuerdo a Mr. Thompson asistiendo a reuniones en la Federación en aquel tiempo”, dijo Horton. “Nos dijo lo que estaba ocurriendo. Dijimos que no queríamos separarnos. Permanecimos juntos y jugamos softbol y beisbol recreacional ese verano”.
Un año después les permitieron jugar como equipo en la Federación. Fueron los primeros en ser un equipo integrado.
“Tal vez hubo algo bueno en eso”, dijo Horton, “porque aprendimos de la importancia de la amistad y de mantenernos juntos. Hemos sido bendecidos. Bromeábamos entre nosotros. No lo hicimos tan mal para ser muchachos de los barrios bajos. Estamos muy orgullosos de eso”.
Horton y Johnson llegaron a las Grandes Ligas. Otros jugadores de ese equipo encontraron el éxito fuera del terreno de juego. Pero han mantenido el contacto a través de los años, muchos de ellos han permanecido en Detroit.
“Nos tratábamos como miembros de una familia”, dijo Horton. “Algunos de ellos se hicieron doctores. Otros abogados. Muchos se hicieron profesores. Hemos sido afortunados, más de 50 años de amistad. Hasta el día de hoy, muchos de nosotros nos reunimos una vez al mes para desayunar o cenar”.
Thompson hizo una de las presentaciones más importantes de la carrera de Horton, al conectarlo con un abogado local llamado Damon Keith. Él estaba destinado a ser un ejemplo para los niños como un Afro-Americano exitoso, un modelo a seguir, eventualmente se convirtió en el guardián legal de Horton. Horton todavía crecía y vivía con su familia, sus padres y su hermana, pero llegó a pensar que Keith era parte de la familia.
Mientras Horton llegaba al estrellato del béisbol, Keith se convertía en juez federal y un mentor para muchos, tales como la antígua gobernadora de Michigan Jennifer Granholm.
“El juez Keith es como un padre para mí”, dijo Horton. “Mi papá y mi mamá me pusieron en sus manos cuando tenía 14 años. Él me dijo ‘Aquí está un hombre que te puede enseñar muchas cosas’. Él ha estado ahí para mí desde entonces, todavía lo llamo papá. El me rodeó de personas toda mi vida. A través del juez Keith, conocí algunas personas muy importantes en mi vida. Conocí algunos presidentes y artistas”.
A través de Keith, Horton también mantuvo una relación estrecha con la ciudad, durante y después de sus días como jugador. Su papel en tratar de disolver los disturbios de la ciudad en 1967 fue famoso. La influencia de Horton en las relaciones raciales trascendió la ciudad de Detroit.
Cuando Horton iba al entrenamiento primaveral, tenía que enfrentar las relaciones raciales, especialmente cuando se trataba de segregación en el alojamiento. Encontró una figura crucial en Brooks, quién ayudó a los jugadores Afro-Americanos a encontrar alojamiento con residentes locales.
“Fuimos muy afortunados de tener a la Madre Brooks y a la familia Hamilton para proveer un hogar en la ciudad para los jugadores negros”, dijo Horton. “Los llamé mis padres lejos del hogar, especialmente después que mis padres fueron asesinados en 1965. La Madre Brooks me involucró con los derechos civiles. “Me quedé varias noches en su casa. Ella me llevó a su casa. No entendía todo aquello en mi primera vez lejos del hogar. Estar alrededor de todo eso me ayudó a saber lo que tenía que hacer”.
La primera vez que Horton llegó a Lakeland, dijo que tenía que caminar cinco millas desde la estación de buses hasta el estadio, porque no podía montarse en un taxi. Años después, era una figura importante en la ciudad y sus relaciones. Todavía la considera su segundo hogar.
Horton ha estado viniendo a Lakeland alrededor de 50 años. Su influencia en la ciudad no ha sido olvidada. Fue homenajeado hace unos pocos años al identificar una calle con su nombre. El año pasado trajo de vuelta al campo de entrenamientos a Jake Wood, el primer pelotero Afro-Americano de los Tigres. Este año, será honrado con el honor de ser el anfitrión de muchos de sus amigos de aquel viejo club de la Federación.
Él puede pensar en muchas otras influencias, desde el narrador del Salón de la Fama Ernie Harwell hasta el entrenador de la secundaria Northwestern Sam Bishop. Estos fueron solo unos pocos.
“Todavía tenemos un largo camino a seguir”, dijo Horton, ahora un asistente especial del presidente del equipo Dave Dombrowski, “pero he visto ocurrir de todo en mi vida”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Si, es el mismo Willie Horton que en la temporada 1978-79 se encargó de los Navegantes del Amgallanes a mediados de temporada y los sacó del sótano con su estilo de juego heterodoxo que hacía arrancarse los acbellos a Carlitos Gonzalez al tocar la pelota con el cuarto bate y sacarse el mismo del juego en un turno decisivo para traer de emergentes a rafael Cariel o Alfredo Torres y estos respondían con el batazo de oro. El equipo fue Campeón de Venezuela y la Serie del Caribe. Hace tres o cuatro años vino con Mitchel Apge a las celbraciones de los 90 años del Magallanes y se sorprendió de las muestras de afecto de la afición a casi 30 años de su gesta al frente del buque magallanero.
lo ayudó a hacerse una leyenda.
Jason Beck. MLB.com
Detroit. Willie Horton tenía tanta fuerza física como cualquiera en el beisbol de su época, pero sin la ayuda de Junior Strong, ¿quién sabe cuanto tiempo le hubiera tomado llegar al béisbol organizado?
Horton tenía la fortaleza de carácter que heredó de sus padres, pero también aprendió con las leyendas de Detroit Ron Thompson y Damon Keith, como la convicción moral puede jugar en un campo de beisbol. Él tenía la clase de talento especial que muchos aficionados disfrutaban ir a ver en los entrenamientos primaverales, más sin Madeleine Brooks, podría nunca haberse sentido en Lakeland, Fla. cómo en su casa.
Esas son unas pocas de las muchas figuras en la vida de Horton que lo convirtieron en una leyenda, tanto en el terreno como en la ciudad que ama. Y ellos son unas de las pocas razones por las que Horton dice cada vez que tiene oportunidad que ha sido bendecido en su vida, y en su carrera como estrella de los Tigres.
“Me siento bendecido por estar alrededor de esas personas”, dijo Horton. “Cuando pienso como me desenvuelvo en la vida, sé que todos ellos tienen algo que ver”.
La vida de Horton ha sido reflejada en biografías, la más reciente es “The People’s Champion”. Horton creció amando el beisbol desde la niñez en Virginia, pero nunca jugó beisbol organizado hasta que realizó el largo camino desde su pueblo de Stonega hasta otro pueblo cercano llamado Appalachia para jugar en un terreno bien mantenido.
Allí fue que halló a Strong, quién dirigía uno de los equipos de Pequeñas Ligas del lugar.
El equipo adolecía de jugadores Afro-Americanos, pero debido al talento de Horton, estaba a punto de añadir uno. Aún a su joven edad, tenía siete u ocho años en ese momento, tenía grandes condiciones naturales.
“Fue el comienzo de Willie Horton”, dijo Horton. “Él (Strong) dijo que pensaba que iba a jugar en Grandes Ligas desde que me vio cuando tenía siete años”.
Los padres de Horton, sus hermanos y hermanas lo educaron para que viera más allá de la raza y el color, por eso lo que enfrentó no fue tan duro para él. Pero eventualmente se topó con el asunto de la integración poco después de mudarse a Detroit, unos años después comenzó a jugar con el equipo local.
Thompson se convirtió en un gran entrenador de futbol americano en la secundaria, pero en ese momento entrenaba un equipo de béisbol. Sentía que su equipo era bueno lo suficiente para competir en la liga local de la Federación de Béisbol. No sólo tenía a un gran bateador en Horton, también tenía a un futuro campeón de bateo de Grandes Ligas en Alex Johnson. Mientras su equipo estaba integrado, el resto de la liga estaba segregado. Si querían jugar en la liga, necesitaban dividirse y jugar en otros equipos.
“Recuerdo a Mr. Thompson asistiendo a reuniones en la Federación en aquel tiempo”, dijo Horton. “Nos dijo lo que estaba ocurriendo. Dijimos que no queríamos separarnos. Permanecimos juntos y jugamos softbol y beisbol recreacional ese verano”.
Un año después les permitieron jugar como equipo en la Federación. Fueron los primeros en ser un equipo integrado.
“Tal vez hubo algo bueno en eso”, dijo Horton, “porque aprendimos de la importancia de la amistad y de mantenernos juntos. Hemos sido bendecidos. Bromeábamos entre nosotros. No lo hicimos tan mal para ser muchachos de los barrios bajos. Estamos muy orgullosos de eso”.
Horton y Johnson llegaron a las Grandes Ligas. Otros jugadores de ese equipo encontraron el éxito fuera del terreno de juego. Pero han mantenido el contacto a través de los años, muchos de ellos han permanecido en Detroit.
“Nos tratábamos como miembros de una familia”, dijo Horton. “Algunos de ellos se hicieron doctores. Otros abogados. Muchos se hicieron profesores. Hemos sido afortunados, más de 50 años de amistad. Hasta el día de hoy, muchos de nosotros nos reunimos una vez al mes para desayunar o cenar”.
Thompson hizo una de las presentaciones más importantes de la carrera de Horton, al conectarlo con un abogado local llamado Damon Keith. Él estaba destinado a ser un ejemplo para los niños como un Afro-Americano exitoso, un modelo a seguir, eventualmente se convirtió en el guardián legal de Horton. Horton todavía crecía y vivía con su familia, sus padres y su hermana, pero llegó a pensar que Keith era parte de la familia.
Mientras Horton llegaba al estrellato del béisbol, Keith se convertía en juez federal y un mentor para muchos, tales como la antígua gobernadora de Michigan Jennifer Granholm.
“El juez Keith es como un padre para mí”, dijo Horton. “Mi papá y mi mamá me pusieron en sus manos cuando tenía 14 años. Él me dijo ‘Aquí está un hombre que te puede enseñar muchas cosas’. Él ha estado ahí para mí desde entonces, todavía lo llamo papá. El me rodeó de personas toda mi vida. A través del juez Keith, conocí algunas personas muy importantes en mi vida. Conocí algunos presidentes y artistas”.
A través de Keith, Horton también mantuvo una relación estrecha con la ciudad, durante y después de sus días como jugador. Su papel en tratar de disolver los disturbios de la ciudad en 1967 fue famoso. La influencia de Horton en las relaciones raciales trascendió la ciudad de Detroit.
Cuando Horton iba al entrenamiento primaveral, tenía que enfrentar las relaciones raciales, especialmente cuando se trataba de segregación en el alojamiento. Encontró una figura crucial en Brooks, quién ayudó a los jugadores Afro-Americanos a encontrar alojamiento con residentes locales.
“Fuimos muy afortunados de tener a la Madre Brooks y a la familia Hamilton para proveer un hogar en la ciudad para los jugadores negros”, dijo Horton. “Los llamé mis padres lejos del hogar, especialmente después que mis padres fueron asesinados en 1965. La Madre Brooks me involucró con los derechos civiles. “Me quedé varias noches en su casa. Ella me llevó a su casa. No entendía todo aquello en mi primera vez lejos del hogar. Estar alrededor de todo eso me ayudó a saber lo que tenía que hacer”.
La primera vez que Horton llegó a Lakeland, dijo que tenía que caminar cinco millas desde la estación de buses hasta el estadio, porque no podía montarse en un taxi. Años después, era una figura importante en la ciudad y sus relaciones. Todavía la considera su segundo hogar.
Horton ha estado viniendo a Lakeland alrededor de 50 años. Su influencia en la ciudad no ha sido olvidada. Fue homenajeado hace unos pocos años al identificar una calle con su nombre. El año pasado trajo de vuelta al campo de entrenamientos a Jake Wood, el primer pelotero Afro-Americano de los Tigres. Este año, será honrado con el honor de ser el anfitrión de muchos de sus amigos de aquel viejo club de la Federación.
Él puede pensar en muchas otras influencias, desde el narrador del Salón de la Fama Ernie Harwell hasta el entrenador de la secundaria Northwestern Sam Bishop. Estos fueron solo unos pocos.
“Todavía tenemos un largo camino a seguir”, dijo Horton, ahora un asistente especial del presidente del equipo Dave Dombrowski, “pero he visto ocurrir de todo en mi vida”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Si, es el mismo Willie Horton que en la temporada 1978-79 se encargó de los Navegantes del Amgallanes a mediados de temporada y los sacó del sótano con su estilo de juego heterodoxo que hacía arrancarse los acbellos a Carlitos Gonzalez al tocar la pelota con el cuarto bate y sacarse el mismo del juego en un turno decisivo para traer de emergentes a rafael Cariel o Alfredo Torres y estos respondían con el batazo de oro. El equipo fue Campeón de Venezuela y la Serie del Caribe. Hace tres o cuatro años vino con Mitchel Apge a las celbraciones de los 90 años del Magallanes y se sorprendió de las muestras de afecto de la afición a casi 30 años de su gesta al frente del buque magallanero.
jueves, 24 de febrero de 2011
Black fue un gigante dentro y fuera del campo.
Scott Merkin. MLB.com
Chicago.- Los logros deportivos de Joe Black deben ser considerados históricos si no exactamente vastos.
Black jugó un papel importante en el logro de dos campeonatos en las Ligas Negras como parte de los Baltimore Elite Giants. Se convirtió en el primer pitcher Afro-Americano en ganar un juego de Serie Mundial mientras lanzaba para los Dodgers de Brooklyn en 1952 y alcanzó el premio al Novato del Año de la Liga Nacional a la edad de 28 años con 15 victorias, 15 salvamentos y 2.15 de efectividad durante esa misma
temporada.
Pero si el impacto de Black fuera evaluado únicamente a través de la plétora de amigos que dejó luego de fallecer en 2002 por cáncer de próstata, o del padre que fue para sus hijos o las grandes cantidades de personas que ayudó, entonces el pitcher derecho debería ser considerado como candidato número uno al Salón de la Fama.
“El beisbol fue lo más pequeño de lo que hizo”, dijo el director de los Medias Blancas Jerry Reinsdorf de Black, quién fue su amigo íntimo por dos décadas. “Fue un gran, gran tipo. Tenía una gran filosofía de vida, donde sabía lo que era y lo que no era importante”.
“Siempre tenía a la mano un consejo práctico”, dijo Len Coleman, quién se hizo amigo de Black casi inmediatamente después de convertirse en el último presidente de la Liga Nacional en 1994. “Él disfrutaba con la gente”.
Mientras Coleman y Reinsdorf tienen suficientes historias relacionadas con Black para hacer un libro y luego una o dos ediciones adicionales, su aficionada más grande fue su hija Martha, quién ahora continúa su legado de beisbol como coordinadora de White Sox Experiences.
Si usted quiere pasear por el infield o cambiar las bases con los empleados de mantenimiento un determinado día en el U.S Cellular Field o tener una boda o una fiesta en el campo durante los días cuando no hay juegos, ese tipo de planificación será colocada en las manos capaces de Martha.
Ella creció con grandes personajes del béisbol como Peter O’Malley, Roy Campanella y Dusty Baker, por no mencionar a la leyenda del entretenimiento Bill Cosby, para ella, ellos eran sólo buenos amigos de la familia. Conocer celebridades ciertamente no define a un padre que fue devoto con su hija, y viceversa.
“Para mí, personalmente, yo quería que la gente supiera que los hombres negros son buenos padres y que había buenos padres en la comunidad Afro-Americana antes de (Presidente Barack) Obama y Cosby”, dijo Martha orgullosa de su papá. “Mi papá hizo de todo. Me peinaba…y era muy feliz asustando a mis pretendientes. Era mi padre, y mi mejor amigo”.
“La característica más grande de papá era ayudar a la gente. Trataba de motivar y ayudar a la gente. Pensaba que la educación era la cosa más importante en la vida además del aire y la respiración”.
Durante sus días en la universidad, Martha tenía un amigo que estudiaba en Morehouse College en Atlanta mientras ella lo hacía en Spelman College. Una confusión con un trabajo escrito causó que su amigo perdiera su ayuda financiera como estudiante de segundo año, Joe Black pagó ese período escolar. Eso demuestra cuan importante era la educación para Black.
Luego de retirarse del beisbol después de la temporada de 1957, Black, un egresado de Morgan State, regresó a su hogar en Nueva Jersey y se convirtió en profesor.
“Veamos los hechos: Cuando Joe llegó a las Mayores, era extraño”, dijo Coleman. “Joe se graduó en la universidad, y no habían muchos peloteros con grados universitarios”.
Se convirtió en el primer Afro-Americano vice-presidente de una corporación de transporte mientras trabajaba para Greyhound. Black también escribió una columna para la revista Ebony y hasta hizo una aparición como invitado en un episodio del Show de Cosby, interpretando a un jugador ficticio de la Ligas Negras.
En cuanto a sus contribuciones al béisbol, Black y Joe Garagiola fueron los artífices de la inserción del programa Baseball Asístanse Team, que ayuda a los jugadores retirados que necesiten ayuda financiera, psicológica o médica.. Black jugó un papel importante en conseguir que los jugadores de las Ligas Negras ganaran beneficios y seguro de salud como los ofrecidos por el Comisionado del béisbol de Grandes Ligas Fay Vincent y el Comisionado Allan H. “Bud” Selig. Su trabajo fue determinar quién había jugado en las Ligas Negras, cuando y con cual equipo.
“Sus registros eran algo cuestionables”, dijo Coleman. “Pero Joe conocía a cada uno de los peloteros”. Entonces estaba la larga lista de historias, los testimonios del impacto de Black sobre la gente que ayudaba. La lista incluía personas de todos los caminos de la vida y de todas partes del mundo. Por ejemplo, cuando Black jugó como parte de una gira beisbolera a través de Cuba, él conoció a Fidel Castro y los dos se mantuvieron en contacto a través de los años.
“Las cartas eran todas en español”, dijo Martha, agregó que el español de su padre era muy bueno. “Y el gobierno empezó a rastrear sus cartas. Mi papá dijo que Castro era bueno como pelotero”.
Castro tenía fama de ser un buen jugador de béisbol”, dijo Coleman. “Joe jugó baloncesto mano a mano con él, y me dijo que Castro era mucho mejor basketbolista que beisbolista”.
¿Que decir de la vez cuando Black aparentemente influyó en el resultado del séptimo juego de la Serie Mundial de 1997 entre los Marlins y los Indios? Bobby Bonilla había fallado en sus dos primeros turnos ante el abridor de Cleveland Jaret Wright, con rolling por segunda base en el segundo inning y ponchándose en el cuarto, lució muy mal ante los envíos en la esquina de adentro de Wright.
Bonilla estaba parado en círculo de prevenidos al bate antes de su turno del séptimo inning cuando Black lo llamó y le dio un consejo.
“Joe le dijo que se retrasara un paso en la caja de bateo”, explicó Coleman. “El pitcher no notará el cambio de posición y cuando te lance la bola adentro, podrás castigarla con la parte gruesa del bate. Bonilla dijo, ‘Voy a tratar de hacer eso Joe’
“Wright hace el lanzamiento adentro, y Bonilla deposita la pelota en los asientos del right field. Cuando Bonilla cruzó el plato, dirigió sus manos directo a Joe Black”.
Ese jonrón redujo la ventaja de 2-0 de Cleveland a la mitad. Florida empató el juego en el noveno y ganó el campeonato en en undécimo. De acuerdo al relato de Reinsdorf, Mickey Mantle había empleado la misma estrategia contra Black en el séptimo juego de la Serie Mundial de 1952 y produjo el mismo resultado de jonrón.
Reinsdorf invitó a Black para que charlara con los Medias Blancas en un entrenamiento primaveral, principalmente con los jugadores jóvenes, sobre las distracciones que enfrentarían fuera del campo. Sirviendo como embajador no oficial del juego, Joe recomendó a los peloteros para que tuviesen un plan de negocios en la vida.
“No había nada que Joe no hubiese visto antes”, dijo Reinsdorf.
“Mi papá no recomendaría donde invertir dinero”, dijo Martha. “Pero te decía que tenías que hacer algo, invertir en algun lugar”.
Black, quién fue amigo y compañero de cuarto de Jackie Robinson, mientras jugó con los Dodgers, tambien fue amigo íntimo de Jesse Owens, quién fue padrino de Martha. Un grupo que incluía a Coleman, Black, Frank Robinson, Lou Brock, umpire Paul Runge, Garagiola y Don Baylor fue llamado “the posse” (el equipo) cuando estaban juntos, dijo Coleman.
También había individuos que conocían a Black sin haber departido con él. De acuerdo a Coleman, cuando Black fue vice-presidente de Greyhound, recibió una llamada de un agente desde fuera del estado informándole que alguién estaba usando su nombre para indicar que é (Black)l le había dejado un boleto. Al no tener registro del boleto, Black habló con el hombre por teléfono y este se describió como un comediante en quiebra que necesitaba ayuda para montar su próximo acto. Joe autorizó el boleto, ese comediante era Sinbad.
Esta historia fue confirmada años después por Coleman cuando se sentó en el puesto de enfrente de Sinbad en un vuelo de medianoche regresando de Los Angeles y bromeó con el comediante que estaba ahí para cobrar el costo del boleto. Sinbad largó la carcajada e inmediatamente supo de su conexión con Black.
Un apodo de “Número 1” fue adosado a Black por Coleman, porque todo el mundo decía “Él fue mi “Número 1”.
“Físicamente, era un hombre grande”, dijo Coleman. “Caminaba suavemente y con sabiduría”.
“Te digo que cualquier persona que se ponía en contacto con Joe Black lo consideraba un amigo personal”, dijo Reinsdorf. “Él fue el último embajador de buena voluntad y nunca conoció a alguien que no quisiera ayudar”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Chicago.- Los logros deportivos de Joe Black deben ser considerados históricos si no exactamente vastos.
Black jugó un papel importante en el logro de dos campeonatos en las Ligas Negras como parte de los Baltimore Elite Giants. Se convirtió en el primer pitcher Afro-Americano en ganar un juego de Serie Mundial mientras lanzaba para los Dodgers de Brooklyn en 1952 y alcanzó el premio al Novato del Año de la Liga Nacional a la edad de 28 años con 15 victorias, 15 salvamentos y 2.15 de efectividad durante esa misma
temporada.
Pero si el impacto de Black fuera evaluado únicamente a través de la plétora de amigos que dejó luego de fallecer en 2002 por cáncer de próstata, o del padre que fue para sus hijos o las grandes cantidades de personas que ayudó, entonces el pitcher derecho debería ser considerado como candidato número uno al Salón de la Fama.
“El beisbol fue lo más pequeño de lo que hizo”, dijo el director de los Medias Blancas Jerry Reinsdorf de Black, quién fue su amigo íntimo por dos décadas. “Fue un gran, gran tipo. Tenía una gran filosofía de vida, donde sabía lo que era y lo que no era importante”.
“Siempre tenía a la mano un consejo práctico”, dijo Len Coleman, quién se hizo amigo de Black casi inmediatamente después de convertirse en el último presidente de la Liga Nacional en 1994. “Él disfrutaba con la gente”.
Mientras Coleman y Reinsdorf tienen suficientes historias relacionadas con Black para hacer un libro y luego una o dos ediciones adicionales, su aficionada más grande fue su hija Martha, quién ahora continúa su legado de beisbol como coordinadora de White Sox Experiences.
Si usted quiere pasear por el infield o cambiar las bases con los empleados de mantenimiento un determinado día en el U.S Cellular Field o tener una boda o una fiesta en el campo durante los días cuando no hay juegos, ese tipo de planificación será colocada en las manos capaces de Martha.
Ella creció con grandes personajes del béisbol como Peter O’Malley, Roy Campanella y Dusty Baker, por no mencionar a la leyenda del entretenimiento Bill Cosby, para ella, ellos eran sólo buenos amigos de la familia. Conocer celebridades ciertamente no define a un padre que fue devoto con su hija, y viceversa.
“Para mí, personalmente, yo quería que la gente supiera que los hombres negros son buenos padres y que había buenos padres en la comunidad Afro-Americana antes de (Presidente Barack) Obama y Cosby”, dijo Martha orgullosa de su papá. “Mi papá hizo de todo. Me peinaba…y era muy feliz asustando a mis pretendientes. Era mi padre, y mi mejor amigo”.
“La característica más grande de papá era ayudar a la gente. Trataba de motivar y ayudar a la gente. Pensaba que la educación era la cosa más importante en la vida además del aire y la respiración”.
Durante sus días en la universidad, Martha tenía un amigo que estudiaba en Morehouse College en Atlanta mientras ella lo hacía en Spelman College. Una confusión con un trabajo escrito causó que su amigo perdiera su ayuda financiera como estudiante de segundo año, Joe Black pagó ese período escolar. Eso demuestra cuan importante era la educación para Black.
Luego de retirarse del beisbol después de la temporada de 1957, Black, un egresado de Morgan State, regresó a su hogar en Nueva Jersey y se convirtió en profesor.
“Veamos los hechos: Cuando Joe llegó a las Mayores, era extraño”, dijo Coleman. “Joe se graduó en la universidad, y no habían muchos peloteros con grados universitarios”.
Se convirtió en el primer Afro-Americano vice-presidente de una corporación de transporte mientras trabajaba para Greyhound. Black también escribió una columna para la revista Ebony y hasta hizo una aparición como invitado en un episodio del Show de Cosby, interpretando a un jugador ficticio de la Ligas Negras.
En cuanto a sus contribuciones al béisbol, Black y Joe Garagiola fueron los artífices de la inserción del programa Baseball Asístanse Team, que ayuda a los jugadores retirados que necesiten ayuda financiera, psicológica o médica.. Black jugó un papel importante en conseguir que los jugadores de las Ligas Negras ganaran beneficios y seguro de salud como los ofrecidos por el Comisionado del béisbol de Grandes Ligas Fay Vincent y el Comisionado Allan H. “Bud” Selig. Su trabajo fue determinar quién había jugado en las Ligas Negras, cuando y con cual equipo.
“Sus registros eran algo cuestionables”, dijo Coleman. “Pero Joe conocía a cada uno de los peloteros”. Entonces estaba la larga lista de historias, los testimonios del impacto de Black sobre la gente que ayudaba. La lista incluía personas de todos los caminos de la vida y de todas partes del mundo. Por ejemplo, cuando Black jugó como parte de una gira beisbolera a través de Cuba, él conoció a Fidel Castro y los dos se mantuvieron en contacto a través de los años.
“Las cartas eran todas en español”, dijo Martha, agregó que el español de su padre era muy bueno. “Y el gobierno empezó a rastrear sus cartas. Mi papá dijo que Castro era bueno como pelotero”.
Castro tenía fama de ser un buen jugador de béisbol”, dijo Coleman. “Joe jugó baloncesto mano a mano con él, y me dijo que Castro era mucho mejor basketbolista que beisbolista”.
¿Que decir de la vez cuando Black aparentemente influyó en el resultado del séptimo juego de la Serie Mundial de 1997 entre los Marlins y los Indios? Bobby Bonilla había fallado en sus dos primeros turnos ante el abridor de Cleveland Jaret Wright, con rolling por segunda base en el segundo inning y ponchándose en el cuarto, lució muy mal ante los envíos en la esquina de adentro de Wright.
Bonilla estaba parado en círculo de prevenidos al bate antes de su turno del séptimo inning cuando Black lo llamó y le dio un consejo.
“Joe le dijo que se retrasara un paso en la caja de bateo”, explicó Coleman. “El pitcher no notará el cambio de posición y cuando te lance la bola adentro, podrás castigarla con la parte gruesa del bate. Bonilla dijo, ‘Voy a tratar de hacer eso Joe’
“Wright hace el lanzamiento adentro, y Bonilla deposita la pelota en los asientos del right field. Cuando Bonilla cruzó el plato, dirigió sus manos directo a Joe Black”.
Ese jonrón redujo la ventaja de 2-0 de Cleveland a la mitad. Florida empató el juego en el noveno y ganó el campeonato en en undécimo. De acuerdo al relato de Reinsdorf, Mickey Mantle había empleado la misma estrategia contra Black en el séptimo juego de la Serie Mundial de 1952 y produjo el mismo resultado de jonrón.
Reinsdorf invitó a Black para que charlara con los Medias Blancas en un entrenamiento primaveral, principalmente con los jugadores jóvenes, sobre las distracciones que enfrentarían fuera del campo. Sirviendo como embajador no oficial del juego, Joe recomendó a los peloteros para que tuviesen un plan de negocios en la vida.
“No había nada que Joe no hubiese visto antes”, dijo Reinsdorf.
“Mi papá no recomendaría donde invertir dinero”, dijo Martha. “Pero te decía que tenías que hacer algo, invertir en algun lugar”.
Black, quién fue amigo y compañero de cuarto de Jackie Robinson, mientras jugó con los Dodgers, tambien fue amigo íntimo de Jesse Owens, quién fue padrino de Martha. Un grupo que incluía a Coleman, Black, Frank Robinson, Lou Brock, umpire Paul Runge, Garagiola y Don Baylor fue llamado “the posse” (el equipo) cuando estaban juntos, dijo Coleman.
También había individuos que conocían a Black sin haber departido con él. De acuerdo a Coleman, cuando Black fue vice-presidente de Greyhound, recibió una llamada de un agente desde fuera del estado informándole que alguién estaba usando su nombre para indicar que é (Black)l le había dejado un boleto. Al no tener registro del boleto, Black habló con el hombre por teléfono y este se describió como un comediante en quiebra que necesitaba ayuda para montar su próximo acto. Joe autorizó el boleto, ese comediante era Sinbad.
Esta historia fue confirmada años después por Coleman cuando se sentó en el puesto de enfrente de Sinbad en un vuelo de medianoche regresando de Los Angeles y bromeó con el comediante que estaba ahí para cobrar el costo del boleto. Sinbad largó la carcajada e inmediatamente supo de su conexión con Black.
Un apodo de “Número 1” fue adosado a Black por Coleman, porque todo el mundo decía “Él fue mi “Número 1”.
“Físicamente, era un hombre grande”, dijo Coleman. “Caminaba suavemente y con sabiduría”.
“Te digo que cualquier persona que se ponía en contacto con Joe Black lo consideraba un amigo personal”, dijo Reinsdorf. “Él fue el último embajador de buena voluntad y nunca conoció a alguien que no quisiera ayudar”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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