martes, 10 de mayo de 2011

Treinta segundos con Juan Marichal

Stuart Miller. 07-05-2011. NYT

En 1963, Juan Marichal comenzaba a fraguar su nombre en las Grandes Ligas, lanzó un juego sin hits ni carreras y estaba en camino de una temporada de 25 triunfos con los Gigantes de San Francisco. El 02 de julio, su rival por los Bravos de Milwaukee era Warren Spahn, con 42 años se acercaba al final de su carrera. Marichal y Spahn lanzaron cero tras cero hasta el inning 16, cuando Willie Mays jonroneó para que los Gigantes ganaran el encuentro. El juego es recreado en el libro “El juego más grande jamás pitcheado” (“The Greatest Game Ever Pitched”) de Jim Kaplan. Marichal de 73 años, es dueño de una granja en República Dominicana y todavía recuerda con lujo de detalles el juego.
Stuart Miller: ¿Te diste cuenta desde el principio que este juego podría ser especial?
Juan Marichal: Sí. Ambos equipos tenían buenos bateadores, pero el buen pitcheo domina el juego. Tenía gran comando en mis envíos ese día y mi control fue casi perfecto, si retiraba el inning vía 1-2-3, entonces Warren hacía lo mismo.
SM: En el noveno inning, Willie McCovey bateó una pelota que fue foul a último momento…
JM: Espera, estoy seguro de que esa pelota fue buena. El batazo fue muy alto y lejos, pero cuando salió del parque, estaba por dentro del poste. La pelota estuvo mucho tiempo en el aire y curveó hacia la derecha, el árbitro la perdió.
SM: ¿Pensaste en salir del juego?
JM: Me sentí fuerte en todo el juego. Después del noveno inning, Alvin Dark no me quería en el montículo. Tuve que rogarle que me dejara un poco más. Cada vez que iba a la banca después de un inning, el decía: “Esto es todo, se acabó”. Yo le decía, “por favor Alvin, déjame seguir”.Me sentía tan bien esa noche, y el clima era tan agradable. Los peloteros siempre se quejaban del clima en Candlestick Park. Te diré que oía a los bateadores quejarse todo el tiempo. Pero si los bateadores se quejan, eso debe ser bueno para los pitchers.
SM: ¿Podrías haber lanzado después del inning 16?
JM: Podía haber lanzado dos innings más, pero Alvin no lo iba a permitir. Cuando terminó la apertura del inning 16, esperé a Willie Mays, que venía corriendo desde el jardín central, en la línea de primera base. Le dije que Alvin quería sacarme, pero yo no estaba de acuerdo. El me dijo, “No te preocupes, voy a ganar el juego para ti ahora”. Cuando bateó el jonrón, yo era el hombre más feliz del mundo.
SM: Nunca ganaste una Serie Mundial. ¿Fue excitante para ti el campeonato de los Gigantes del año pasado?
JM: Asistí a los dos primeros juegos en San Francisco y a los últimos tres en Texas. Te diré la verdad: Me sentí como si fuera parte de ese equipo. Celebré esa victoria como si fuera miembro del equipo, todavía estoy emocionado. Nadie esperaba nada de ellos el año pasado, pero su pitcheo fue maravilloso. Madison Baumgarner tuvo mucha confianza, lanzó como un veterano en la serie.
SM: ¿De donde se origina tu famoso movimiento de la patada bien alta al lanzar?
JM: Cuando era niño, vi a un pitcher amateur en República Dominicana llamado Bombo Ramos, el lanzaba por el lado del brazo, y se convirtió en mi ídolo, por eso lanzaba de esa manera. Pero cuando jugaba béisbol clase A en 1959, mi manager Andy Gilbert me preguntó si quería lanzar por encima del brazo. La pregunta me sorprendió porque había aprendido a lanzar por el lado del brazo. Le pregunté cual sería el beneficio de lanzar así, el me dijo que sería más efectivo ante los bateadores zurdos. Me llevó al bullpen con un catcher y me dijo que practicara. La única forma como lo pude hacer fue con esa patada alta. Tenía el mismo control pero con un poco más de velocidad. Sé que a los coaches de pitcheo no les gusta esa mecánica. Alvin Dark quería cambiar mi estilo. Me dijeron que si subía tan alto el pie no podría ver el plato. Pero soy un pitcher de control ¿Cómo no iba a poder ver el plato?
SM: ¿Qué haces en la granja?
JM: Tengo 48 cabezas de ganado y muchos pollos. Viajo mucho, pero cuando estoy en República Dominicana, voy a la granja casi todas las tardes. Disfruto pasar el tiempo con los animales y hablando con mis trabajadores. Es muy relajante.


Traducción: Alfonso L. Tusa C.

domingo, 8 de mayo de 2011

Su Papá está orgullos de la conexión de Chipper Jones con Mickey Mantle.

Jones padre creció idolatrando al legendario toletero de los Yanquis.
Terence Moore. MLB.com

Probablemente habrá oido hablar de Larry Jones Jr., usted sabe, ese muchacho Chipper quién es un toletero de los Bravos de Atlanta. Sin embargo cuando se trata de una historia beisbolera ubicada entre lo impactante y lo fantástico, tenemos que comenzar con Larry Jones Sr.
En vez de Willie, Mickey y el Duque, esta es una historia de Larry Sr., Mickey y el Chipper.
Así que allí teníamos a Larry Jones Sr., sonriendo al otro lado del teléfono esta semana desde su finca en Middle of Nowhere, Texas__también conocido como Carrizo Springs__ estudiaba cada costura de una pelota autografiada. Fue firmada por las manos llenas de carne de parrilla de Mickey Mantle, la obsesión de Larry Sr. En su juventud.
“Mientras veo ahora la pelota, reconozco que Mickey fue una gran parte de mi vida”, dijo Larry Sr., quién nació en Baltimore, pero se crió en Florida, donde fue recogebates por un día durante los años ’50 en el complejo de entrenamientos primaverales de los Tigres de Detroit en Lakeland, Fla.
Los Tigres jugaban ante los Yanquis de Yogi Berra, Elston Howard, Whitey Ford… y Mantle.
Por pura casualidad ( y de eso hay mucho en esta historia), uno de los coaches de los Yanquis observó las tribunas antes del juego, enfocó a Larry Sr. de 9 o 10 años con los ojos abiertos de par en par y le preguntó si quería ser el recogebates.
Larry Sr. Se lanzó al campo de inmediato.
“Por supuesto que en aquellos días, todos ellos jugaban dos o tres innings, y entonces se sentaban en un rincón del dugout y fumaban cigarrillos, pero para mí fue una gran emoción”, dijo Larry Sr., riendo más antes de hacer una pausa. Entonces, con una voz dudosa, añadió: “Escuchar el nombre de Chipper mencionado junto al de Mickey Mantle está más allá de lo que yo hubiera esperado o pensado que le ocurriría a mi hijo”.
Hubo otra pausa, antes que Larry Sr. dijera, “Y el solo pensamiento de que Chipper haya logrado esa comparación, es una emoción ilimitada para mí. Me llena los ojos de lágrimas, para ser honesto con usted”.
Esta es una gran historia. En resumen: Luego que Chipper viviera en una casa donde Larry Sr. se la pasaba hablando de Mickey esto y Mickey lo otro, a cualquiera que lo escuchara, Chipper ahora se ubica junto a Mickey como uno de los tres bateadores ambidiestros más grandes de la historia del béisbol.
El otro es Eddie Murray, pero esta historia tiene más cosas buenas.
Mientras Mantle y Murray ya están en el Salón de la Fama, Chipper sólo espera retirarse para unírseles. Él ganó un premio al Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, alcanzó un título de bateo, es dueño de un anillo de Serie Mundial. Más impresionante es que ha superado los 400 jonrones de por vida con un promedio vitalicio sobre .300.
Mantle nunca hizo eso. Ni Murray. De hecho, Jones es el único bateador ambidiestro en la historia del béisbol que lo ha logrado.
La historia se pone mejor todavía.
El pequeño Larry Jr. solía jugar con una réplica del bate de Mickey Mantle en el escaparate de su padre, y el bate era casi del tamaño del niño.
Ahora Chipper pasó a El Mick por el segundo lugar detrás de Murray en la lista de los ambidiestros más empujadores de carreras de todos los tiempos. Me refiero a que hablamos de MICKEY MANTLE, como el único jugador (y esto incluye a Larry Jr.) cuya fotografía está colgada en la oficina de Larry Sr.
“Nunca hablamos de Mantle a menos que lo supere en algo”, dijo Chipper, sonriendo, en referencia a su padre. “Y 1510 (el total de carreras empujadas de Chipper que rompió su empate con Mantle) fue un gran número. Los otros números como 2500 hits (que Chipper alcanzó al comienzo de esta temporada), 400 jonrones (en realidad 439 hasta el jueves) están ahí.
“Pero ese 1510 es el importante”.
Después Larry Sr. Le envió un texto a Chipper. Chipper habló sacudiendo la cabeza. “Fue sorprendente, porque lo podía oir llorando mientras leía el texto. Podía verlo empapado en lágrimas. Mi mamá (Lynne) no dijo nada de su estado emocional, su texto decía, “Esto es insano”.
“Al leer lo que Papá había escrito, ‘Nunca pensé que diría esto’__ El Chip y el Mick en la misma oración’. Fue la primera vez que sentí algo parecido a la presencia del hogar. Porque mis padres fueron padres amorosos pero duros. Que ellos se sentaran y reconocieran un logro mío fue algo muy especial para mí”.
Fue tan especial como Mantle lo fue para Larry Sr., quien creció en Baltimore como el más extraño de los aficionados. Amaba a los Orioles, pero aupaba todo lo de Mickey. No había una sola estadística de Mantle que Larry Sr. no conociera, y no había una sola posibilidad de Mantle que Larry Sr. no considerara.
Hasta el día de hoy, Larry Sr. pensaba en la carrera de 18 años de Mantle que produjo 16 viajes al Juego de Estrellas, tres premios al Jugador Más Valioso de la Liga Americana, 12 apariciones en Series Mundiales para ayudar a los Yanquis a ganar 7 de ellas y 536 jonrones__y entonces suspiraba.
“La gente de la generación que juega en la actualidad no tiene idea de cuan buen jugador fue Mickey Mantle”, dijo Larry Sr. “Después que se enredó con aquel tubo del drenaje (para dañarse la rodilla en Yankee Stadium durante la Serie Mundial de 1951), nunca fue el mismo. Si la técnica quirúrgica para reparar ligamentos anteriores cruzados de la rodilla hubiera existido entonces, tal como existió para Chipper (quién juega este año a pesar de romperse el ligamento cruzado el año pasado), Mickey habría bateado 800 jonrones”.
En su lugar, Mantle tuvo que retirarse después de la temporada de 1968 como un eterno ícono para Larry Sr. Y muchos otros aficionados.
La accidentada vida de Mantle terminó a los 63 años en 1995. Larry Sr. vio por televisión como Roy Clark cantaba “Yesterday when I was young” (“Ayer, cuando era joven”) en el funeral de Mantle. Larry Sr. Dijo, “Lloré como un bebé”.
En 1992 Larry Sr. tuvo su momento de alegría ligado a Mantle. Le llegó a través de Chipper, cuya sonrisa brilla cada vez que recuerda como preparó el encuentro con Mantle por primera y única vez. El Mick estaba en un show de barajitas en el area de Atlanta. La noche anterior, Chipper se paró frente al espejo en casa para practicar su discurso.
“Fue como, ‘ ¿Cómo está Mr. Mantle?’ ‘Hola Mickey ¿Cómo te va?’. Pero cuando llegué ahí, casi me vomité encima”, dijo Chipper riendo. “Fue algo vergonzoso. Sabía que probablemente se iría de nuestro primer encuentro y diría ‘Este tipo es un tonto’”.
Sin embargo, Mantle compartió anécdotas y aconsejó a su nervioso visitante, y luego hizo algo más. Dejó de almorzar por un momento para darle a Chipper un souvenir para Larry Sr.
Era aquella pelota autografiada.
Sólo que Mickey no limpió toda la salsa de la parrilla de sus manos, y a Larry Sr. no le importó eso en lo más mínimo.

Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 6 de mayo de 2011

Algunos hechos atractivos para celebrar el cumpleaños de Willie Mays

Tom Verducci.SI.com

El “Say Hey Kid” cumple 80 años hoy. Willie Mays, cuya combinación de poder, velocidad y ebullición se convirtió en la versión beisbolera del jazz improvisado, nació un 06 de mayo de 1931 en Westfield, Alabama.
Mays ayudó a que se iniciara la era moderna, fue una estrella en el campo y en la oficina en ambas costas, se convirtió en el jugador completo más grande, ya fuese burbujeando bajó su gorra mientras corría, convirtiendo elevados de rutina en elegantes atrapadas de canasta o descargando uno de sus 660 jonrones con un swing de remolino violento, una ejecución impresionante aún cuando no golpeara la bola.
El “Say Hey Kid”, es riqueza beisbolera, una amada figura cuya trascendente carrera se hace más prominente con el tiempo. Su presencia, debido a como jugaba al béisbol, inspira tanto alegría como reverencia. Con esta imagen en la mente aquí les dejamos una lista de hechos atractivos para apreciar la grandeza de Mays:
1.- Mays jugó en 24 estadios. Pero hoy sólo se puede ver béisbol de Grandes Ligas en tres de ellos: Wrigley Field, Dodger Stadium y Fenway Park (Mays jugó allí en el Juego de Estrellas de 1961).
2.- Sólo 4 peloteros han bateado al menos 20 dobles, 20 triples, y 20 jonrones y se han estafado al menos 20 bases en una temporada. Mays (1957) fue el único en hacerlo en un lapso de 96 años, entre Frank Shulte (1911) y Curtis Granderson y Jimmy Rollins (2007).
3.- Mays jugó 22 temporadas y bateó 22 jonrones en extrainning, un record.
4.- Mays jugó centerfield en todos sus 2.753 juegos en los jardines menos 12. Sólo tres hombres se pueden equipara a Mays en haber iniciado tantas veces en el center field: Ken Henderson, Matty Alou y Bobby Bonds.
5.- Diez jugadores superaron a Mays en bases alcanzadas, pero sólo uno superó su porcentaje de 43.03 de carreras anotadas: Babe Ruth (43.07)
6.- Mays jugó short stop dos veces en Grandes Ligas, en ambas ocasiones se movió desde el center field, luego que su manager, Alvin Dark, trajera un bateador emergente por el short stop al final del partido. Mays no tuvo lances en cuatro innings.
7.- Mays bateó jonrones en todos los turnos de la alineación y en cada inning del 1 al 16, un record.
8.- Mays bateó su primer imparable en 1951 ante el inquilino del Salón de la Fama Warren Spahn, la primera de 253 veces que enfrentara a Spahn.
9.- Mays también bateó su último imparable ante otro inquilino del Salón de la Fama, Rollie Fingers, en el segundo juego de la Serie Mundial de 1973.

Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Un manager convierte el dolor en una lección

Tyler Kepner. NYT. 04-05-2011.

Wilmington. Del. El juego no es para todos. Podemos pensar que lo es, pero no. Muchos le tememos a la pelota. Nos enterramos en el plato, esquivamos un lanzamiento quebrado. Nos ponemos de lado ante un roletazo, la tensión nos invade ante un bote pronto. El juego nos acecha, se lo dejamos a personas sin miedo como Luis Salazar.
“Nunca le tuve miedo a la pelota”, dijo Salazar quién jugó 13 temporadas en Grandes Ligas, entre 1980 y 1992. “Pero recuerdo a mi hijo Carlos, cuando jugaba en las Pequeñas Ligas, tenía como 11 años, recibió un pelotazo en la mano y lo vi llorar. Salió del juego y al día siguiente volvió a jugar, y lo golpearon otra vez. Después de eso no jugó más. Le tenía miedo a la pelota”.
El costo de la pasión de Salazar, parte del riesgo asumido por todo el que usa un uniforme, es visible bajo los lentes Oakley que usa ahora. Salazar, 54, es el manager de los Hillcats de Lynchburg de categoría Clase A, el equipo afiliado de los Bravos de Atlanta en la Carolina League. Lanza la práctica de bateo, intercambia lanzamientos y batea roletazos a sus jugadores, los rituales del juego que lo dejaron sin ojo izquierdo.
Salazar usa los lentes para evitar los codos errantes en el dugout. En las noches sin brisa, como el martes en Frawley Stadium, usa un parche negro, en vez de un vendaje. “Como un pirata”, dijo.
El 09 de marzo, el último día antes que sus jugadores de ligas menores se reportaran al campo de entrenamientos en Lake Buenavista, Fla., Salazar estaba parado en el escalón más alto del dugout de los Bravos, cuando Brian McCann haló una linea de foul a 115 millas por hora. Salazar había estado mirando hacia segunda base, hablaba con Nate McLouth sobre una jugada que había ocurrido ahí. Vio una mancha de la pelota antes que se estrellara contra su ojo izquierdo.
Lo próximo que recuerda, dijo Salazar, es la luz incandescente de una sala de operaciones, y dolor en su antebrazo derecho, el cual se rompió al caer en el dugout. El impacto de la pelota rompió huesos en su cara, los médicos le dijeron a Graciela, su esposa, que su ojo izquierdo había sido cortado en dos. No lo podían salvar. Salazar tendrá una prótesis ocular el próximo mes.
“Cuando lo vimos, fue devastador”, dijo Graciela. “Fue muy doloroso para mi hijo y para mí, por su aspecto. Nunca pensé que estaba tan mal”.
Salazar, quién es venezolano, había sido coach o manager desde 1995, antes de tomar libre la temporada pasada. Envió su currículo a 5 equipos, los Bravos fueron los primeros en responder. Kurt Kemp, el director del sistema de granjas, dijo que estaba impresionado por la forma como Salazar sentía el juego. Treinta minutos después de su entrevista, lo llamó y le ofreció a Salazar el trabajo de Lynchburg.
Después del accidente, Kemp y otros ejecutivos de los Bravos volaron al hospital, temían lo peor. Mike Coolbaugh, un coach de primera base de la organización de los Rockies de Colorado, murió en 2007 cuando un linietazo lo golpeó en el cuello. Pero Salazar no tuvo daño cerebral.
Su primera preocupación, dijo, era que su carrera se había terminado. Salazar había sido coach en Grandes Ligas una vez, Milwaukee en 2002, pero no le gustó la experiencia, los peloteros solo estaban pendientes del dinero. Prefiere las ligas menores, donde puede impartir la estricta ética que lo ayudó a jugar 8 posiciones en las grandes ligas.
“Si alguien juega para Luis Salazar en las menores, estará muy agradecido”, dijo el manager de los Medias Blancas de Chicago Oswaldo Guillén, un antiguo compañero. “Le enseña a los peloteros como jugar al béisbol de la manera correcta”.
Los Bravos le aseguraron a Salazar que tenía garantizado su trabajo y que podía tomar todo el tiempo que necesitara. Después de la operación donde le removieron el ojo izquierdo el 16 de marzo, Salazar le entregó la programación de su regreso a Kemp y al gerente general Frank Wren, con la fecha de su reaparición apuntando al 15 de abril, el juego inaugural de los Hillcats en casa.
Salazar logró el objetivo., sorprendió a los Bravos por cuan rápido se adaptó a los cambios de percepción de la profundidad. La visión perfecta de su ojo derecho ayudó y también su actitud.
“Él siente un verdadero agradecimiento por lo que tiene ahora, porque sabe que pudo haber sido peor”, dijo Kemp. “Todavía tiene una vida. Va a ser capaz de abrazar a sus nietos algún día, y de entrenar peloteros. Él no se estanca en las derrotas, lo cual es un raro atributo”.
Salazar fue presentado de último en el juego inaugural de Lynchburg, hubo una ovación de pie. Él estrechó manos con los jugadores de ambos equipos desplegados en las líneas de primera y tercera bases. Graciela, quién ha estado casada con Luis por 33 años, dijo que ese momento significó más que su debut en Grandes Ligas en 1980.
Con los jugadores, dice el segunda base Phil Gosselin, Salazar enfatiza lo positivo con un estilo muy particular, impartir un mensaje simple: juega duro.
“Nunca lo he visto de mal humor”, dijo el coach de pitcheo de Lynchburg, Derek Botelho, quién jugó con Salazar en la liga invernal venezolana. “Hasta cuando sale a discutir con un árbitro, regresa y luego, dos pitcheos más tarde, se ríe de eso. Siempre está en buen estado mental”.
Aún así, el espectro de la lesión persiste. A veces, dice Botelho, se sorprende mirando a Salazar, para asegurarse de que esté protegido en caso de otro linietazo. Salazar todavía no ha coacheado en tercera base, como lo hacen a menudo los managers de ligas menores, el planea tratar de hacerlo esta temporada. Él se para en el escalón más alto del dugout algunas veces, pero sólo para enviar señas.
“Agradezco a Dios cada mañana que me despierto por mantenerme con vida y darme otra oportunidad de hacer lo que más me gusta, que es entrenar peloteros”, dijo Salazar.
Las muestras de afecto de la comunidad beisbolera lo hacen sentir humilde, ha dicho. Se sintió muy impresionando por un lote de cartas de un curso de inglés de octavo grado de Georgia. Ha aprendido de otros que han perdido un ojo, y se maravilló ante un adolescente que tenía el mismo tipo de prótesis que él usará.
Los Hillcats tambien están jugando bien. Tuvieron algunos tropiezos al comienzo con un manager interino, y después de perder buena parte del entrenamiento primaveral, Salazar necesitaba conocer las destrezas de cada pelotero. El lunes, recibió una llamada de felicitación de Kemp, le dijo que estaba muy impresionado con la mejoría del equipo.
El martes 03 de mayo, los Hillcats vencieron a los Blue Rocks para su novena victoria en 13 juegos. Sobre el campo, después de los apretones de manos, Salazar dijo que estaba agradecido de que los jugadores lo hubiesen escuchado cuando prometió que las cosas mejorarían. Juegan como una familia, dijo él, y le gusta su actitud.
“Cuando estás en el campo, no quieres que la pelota vaya hacia los otros peloteros”, dijo Salazar. “Quieres que la pelota vaya hacia ti”.

Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Los pitchers y el apoyo ofensivo

Hay muchas ocasiones en el béisbol cuando un pitcher lanza bien o muy bien y sin embargo la victoria va a parar a la trinchera de enfrente o a las manos de un relevista. Entonces algunos analistas del juego y hasta algunos lanzadores se quejan de que los bateadores no respaldaron al lanzador. Esa es una parte inevitable del juego, lo que no se quiere entender es que el otro equipo también tiene un pitcher y muy probablemente esté lanzando tan bien o mejor que su rival.
La mejor forma de protestar contra la falta de apoyo ofensivo es mantenerse dando lo mejor de sí desde el montículo, aún sin tener los mejores lanzamientos, y en los lugares donde permiten que la esencia del béisbol persista (como la Liga Nacional) el pitcher puede resolver con su propio bate el desenlace del encuentro. Quizás no sea muy común esta especie de lanzador pero si existen
Steve Carlton fue capaz de ganar 27 juegos para los Filis de Filadelfia en la temporada de 1972 cuando el equipo dejó marca de 59-97. Cuando su equipo marcó solo 2 carreras Carlton tuvo marca de 9-7. Cuando los Filis le dieron entre 3 y 5 carreras ganó 13 y perdió 3.
El 29 de abril de 2009 en Miller Park. Yovani Gallardo e Ian Snell llegaron al séptimo inning enfrascados en un juego sin carreras. Gallardo vino a batear en el cierre de ese episodio y se la sacó del parque a Snell. Los Cerveceros de Milwaukee vencieron a los Piratas de Pittsburgh 1-0. Gallardo solo permitió 2 imparables y sólo concedió un boleto en 8 episodios de labor. Carlos Villanueva se apuntó el salvado. Tyler Yates relevó a Snell en el octavo inning.
El 01 de mayo de 1959 en Comiskey Park los Medias Blancas de Chicago y los Medias Rojas de Boston llegaron 0-0 al cierre del octavo episodio. Tom Brewer versus Early Wynn. Brewer sólo había permitido 4 imparables. Como primer bateador del octavo Wynn la sacó de jonrón para que los patiblancos derrotaran 1-0 a los Medias Rojas. Ambos lanzadores trabajaron completo. Wynn sólo permitió un hit, concedió 7 boletos y ponchó 14. Brewer aceptó 5 hits, 1 boleto, 1 ponche.
El 16 de septiembre de 1971 Juan Pizarro por los Cachorros de Chicago y Tom Seaver por los Mets de Nueva York se enzarzaron en una batalla de ceros. A pesar de que en los 2 primeros innings la defensiva le cometió un par de errores Pizarro se concentró en lo que debía hacer y sacó los outs. En el octavo inning Pizarro se la sacó de cuadrangular a Seaver para decidir el juego. Chicago 1 Nueva York 0. Seaver: 9 innings, 7 hits, 1 carrera limpia, 2 boletos, 8 ponches, 34 bateadores.
Pizarro: 9 innings, 6 hits, 0 carreras, 2 boletos, 8 ponches, 36 bateadores.
Jim Bunning y Warren Spahn se fajaron en Shea Stadium el 05 de mayo de 1965. Del primero al quinto innings Bunning retiró 11 Mets en línea. Ambos escopeteros trabajaron los 9 innings, los dos permitieron 4 imparables. También ambos concedieron 1 boleto. Bunning recetó 5 ponches, Spahn 4. Bunning enfrentó 30 bateadores, Spahn 32. En la apertura del sexto episodio Bunning la sacó de cuadrangular para que Filadelfia ganara 1-0.
Quizás una de las jornadas más memorables del béisbol ocurrió el 02 de julio de 1933 en el Polo Grounds de Nueva York cuando los Cardenales de San Luis visitaron a los Gigantes locales. En el primer desafío Carl Hubbell se batió a sangre y fuego con Tex Carleton en un juego que llegó 0-0 al cierre del episodio 18. Jo Jo Moore anotó la carrera del triunfo esa entrada, empujado por sencillo de Hughie Critz. Hubbell enfrentó 59 bateadores, permitió 6 imparables, ponchó 12, sin conceder boletos en 18 innings. Carleton lanzó 16 innings, permitió 8 imparables, concedió 7 boletos, ponchó 7, ante 63 bateadores. Jesse Haines lanzó 2 innings, enfrentó 10 bateadores, permitió 2 imparables, 1 carrera limpia, 3 boletos, 1 ponche. Fue el pitcher perdedor.
En el segundo juego los Gigantes volvieron a vencer a los Cardenales 1-0. Roy Parmelee se impuso ante Dizzy Dean. Johnny Vergez la desapareció de jonrón en el cuarto inning. Parmelee enfrentó 30 bateadores en 9 innings, permitió 4 imparables, ponchó 13, sin conceder boletos. Dean lanzó 8 entradas, enfrentó 31 bateadores, permitió 5 imparables, 1 carrera limpia, concedió 2 boletos, ponchó 6.
Jerry Koosman y Bob Moose abrieron el primer juego de una doble tanda el 12 de septiembre de 1969 en Forbes Field. En el quinto inning Bobby Pfeil soltó imparable a la izquierda. Duffy Dyer despachó sencillo al centro. Pfeil siguió hasta tercera base y llegó quieto. Dyer llegó a segunda con el tiro a tercera. Koosman remolcó a Pfeil con imparable a la derecha. Esa carrera fue todo lo que necesitó Koosman y los milagrosos Mets para ganar 1-0. Koosman enfrentó 31 bateadores en 9 innings. Permitió 3 imparables. Concedió 3 boletos. Ponchó 4. Moose trabajó por 8 innings. Permitió 5 imparables. Aceptó 1 carrera limpia. Concedió 3 boletos. Ponchó 10. Enfrentó 32 bateadores. Chuck Hartenstein lanzó 1 inning. Enfrentó 4 bateadores. Permitió 1 imparable.
En el segundo juego Don Cardwell enfrentó a Dock Ellis. Después de 2 outs en el segundo inning, Bud Harrelson templó doblete a la izquierda. Cardwell lo trajo al plato con inatrapable al centro. El juego avanzó sobre el forcejeo de los lanzadores y llegó el out 27 con la pizarra 1-0. Los milagrosos Mets volvían a ganar. Cardwell lanzó 8 episodios. Enfrentó 27 bateadores. Permitió 4 imparables. Concedió 1 boleto. Ponchó 3. Tug McGraw se apuntó el salvado en trabajo de 1 inning. Enfrentó 4 bateadores. Permitió 1 imparable. Ponchó 1. Ellis lanzó 8 innings. Enfrentó 32 bateadores. Recibió 6 imparables. Concedió 3 boletos. Ponchó 11. Hartenstein enfrentó 3 bateadores en 1 inning de labor. Permitió 1 imparable.
Todos esos pitchers demostraron con su presencia, actitud y disposición a mantener el juego cerrado que efectivamente las victorias están bastante ligadas a su labor. Todo parte de la decisión que tome el pitcher para hacer un determinado lanzamiento, que luego dependa de otros peloteros es cierto, sólo que de acuerdo al tipo de lanzamiento los batazos serán más o menos contundentes y en consecuencia más o menos fáciles de manejar. Un dato muy importante de considerar en el trabajo de un pitcher se encuentra en los boletos concedidos, eso quizás explique porque los pitchers de antaño duraban tantos innings en el montículo, incluso hoy la clave de lanzadores como Roy Halladay, para ser uno de esos extraños especimenes que en la actualidad completa juegos, está en la economía de lanzamientos.

Alfonso L. Tusa C.