miércoles, 20 de mayo de 2015
Un equipo sorprendente
Hasta aquella temporada de 1975, tenía hasta cuatro equipos favoritos en las Grandes Ligas, los Expos de Montreal, por un pitcher llamado Carl Morton que había sido novato del año de la Liga Nacional cuando ganó 18 juegos para un equipo sotanero y lanzó hasta cuatro blanqueos; y porque Remigio Hermoso había debutado con ellos en Grandes Ligas. Los Astros de Houston porque Nellie Fox había terminado su carrera con ellos y había sido mentor de otro gran camarero como Joe Morgan, por un escopetero de nombre Don Wilson quien había ejecutado dos juegos sin hits ni carreras hacia finales de los años ’60 y porque jugaban en el Astrodomo. Los Royals de Kansas City porque tenían un campocorto microscópico en Fred Patek, porque Lou Piniella había sido novato del año con ellos en 1969, por Jim Rooker y por Mike Hedlund. Y los Medias Rojas de Boston por los muchachos cardíacos y el sueño imposible de 1967.
Al empezar la temporada me llamó mucho la atención que Jim Rice, Dwight Evans y Rick Burleson fuesen regulares en la alineación de Darrell Johnson. Rice había jugado con Magallanes en la temporada 1973-74. Boston lo dejó venir porque el manager era Jim Frey. Evans (1972-73) y Burleson (1973-74) vinieron con Lara, asignados al manager Luis Aparicio. También me maravillaba el hecho de que Luis Tiant, el mismo de tantos juegos épicos en la liga venezolana de beisbol con los Leones del Caracas y después con los Tiburones de La Guaira (al punto de tomar venganza con un sin hits ni carreras en noviembre de 1971 ante el Caracas) era el pitcher principal de la rotación de abridores luego de agenciar marca de 22-13, 7 blanqueos y 2.92 de efectividad en la temporada de 1974.
Me pareció que de nuevo flotaba la magia de 1967 en los juegos de los Medias Rojas. Los Orioles de Baltimore partían como favoritos y los patirrojos acaso si podrían batallar por los puestos secundarios. Pronto el equipo empezó a mostrar rasgos de competitividad en la consistencia ofensiva y defensiva de Lynn, en el poder imparable de Rice, quien comenzó la temporada como bateador designado ante la presencia de la leyenda viviente de Carl Yastrzemski, y terminó apoderándose del jardín izquierdo a partir de un juego donde Johnson decidió descansar a Yaz en primera base, Rice capturó todo lo que batearon por el left field esa noche, y además jugó a la perfección con los rebotes del monstruo verde.
La temporada avanzaba y aunque los Medias Rojas no tomaban el primer lugar de manera definitiva, se mantenían en la cercanía de los primeros lugares, ganando y perdiendo juegos, teniendo jornadas maravillosas y descorazonadoras como aquel bolazo de Nolan Ryan en la cabeza de Doug Griffin, eso le quitó la titularidad en la segunda base y trajo al equipo a quien sería su camarero regular hasta octubre.
Por otro lado el cuerpo de lanzadores mostraba cada vez una fortaleza quizás nunca vista desde 1967. Rick Wise daba muestras que su recuperación de la intervención quirúrgica que había vivido eran un hecho que se consumaba con cada salida que hacía al montículo. Lanzaba blanqueos a un ritmo similar al de sus mejore años con Filadelfia y San Luis. Bill Spaceman Lee se convirtió en una garantía de mantener al equipo en el juego tanto o más que el propio Tiant, cuando subía al morrito. Luis Tiant ganó quizás el juego más determinante, el que de verdad me hizo pensar junto a todos los poco expertos y más conocedores de juego que esos Medias Rojas iban tan en serio como los del Sueño Imposible; el derecho cubano se fajó en un duelo de pitcheo contra los Orioles de Baltimore y el mismísimo Jim Palmer. Hacía rato había empezado la recta final de septiembre y Tiant apretó el brazo hasta que Rico Petrocelli y Carlton Fisk jonronearon para darle una victoria 2-0 a los patirrojos. Si, ocurrió lo que ahora es casi una pieza de museo, Tiant y Palmer lanzaron completo, nueve episodios.
También recuerdo mucho un juego donde el jardinero de reserva Rick Miller negoció tres bases por bolas y anotó dos carreras de un juego que terminó por diferencia de un par de anotaciones. Y a Bernie Carbo largando jonrones determinantes mucho antes de octubre, hubo un juego en mayo donde bateó dos jonrones y empujó todas las carreras para que los Medias Rojas vencieran a Kansas City 4-2.
Había juegos que se ganaban por jugadas fantasmales de Lynn en el centerfield o un disparo preciso de Evans al guante de Petrocelli, el equipo seguía en los primeros lugares, el calendario avanzaba y cada vez seguía más a los Medias Rojas. Carl Morton ya no ganaba tantos, ya ni siquiera jugaba con los Expos. Joe Morgan ahora jugaba con Cincinnati y Don Wilson había fallecido en un sospechoso accidente en el garaje de su casa. Hedlund se había retirado en 1972, Rooker jugaba para los Piratas y Piniella había sido enviado a los Yanquis, el único sobreviviente era Patek.
Entonces aquella gran temporada de Lynn y Rice, quienes como novatos empujaron cada uno más de 100 carreras y batearon más de 20 jonrones, terminó de redondear mi creciente seguimiento de los Medias Rojas, aun cuando al final de la temporada Rice se lesionara y no pudo jugar en la postemporada, el equipo seguía mostrando la magia de cada día un héroe distinto e inesperado, como las apariciones de Rogelio Moret ante los Yanquis, las intervenciones de Tim Blackwell y Tim McCarver cuando Carlton Fisk pasó tres meses lesionado al inicio de la campaña, los relevos de Jim Willoughby y las victorias inesperadas de Reggie Cleveland. Y cuando hacían falta relevos largos, llegaban Diego Seguí y Dick Pole.
Alfonso L. Tusa C.
lunes, 18 de mayo de 2015
Mike Norris y el invierno de la moral
05-03-2015. Owen Watson. The Hardball Times.
El primer inning siempre fue el más difícil. Este fue particularmente descontrolado, con el bateador abridor Willie Randolph agachándose ante una recta alta antes que Ken Griffey huyera de una pelota lanzada a sus pies. Lo único que le importaba al tipo del montículo, era que Randolph había terminado ponchándose parado y Griffey había elevado al jardín derecho. Cuando Dave Winfield entró a la caja de bateo por los Yanquis en aquel día gélido de finales de mayo de 1983, los Atléticos de Oakland ya ganaban 2-0 y le habían hecho dos outs a los bombarderos.
Decir que el primer lanzamiento a Winfield fue descontrolado sería eufemístico; más justo es decir que fue uno de esos lanzamientos que parece tener una intención impresa. En este caso, el delgado derecho del montículo parecía haber apuntado a la cabeza de Winfield con un pequeño cañón que lanzaba proyectiles con el peso de una manzana. Afortunadamente para Winfield, él vio el lanzamiento a tiempo. Debido a que reaccionó tarde, la pelota solo estuvo a muy poco de darle de lleno en la cara, y él colapsó en la tierra de la caja de bateo.
No estuvo allí por mucho tiempo.
Luego de ponerse de pies, tiró su bate al aire, y se abalanzó hacia el montículo con los ojos a punto de estallar.
“¡Hijo de…, te voy a patear el c…!, le gritó mientras el cátcher de los Atléticos, Mike Heath, lo aguantaba por detrás. Winfield se volteó.
“Pero voy a empezar primero contigo”.
Winfield agarró al cátcher por el cuello con su mano izquierda y lo levantó del suelo, los pies de este se movían sobre la grama artificial. El pitcher de 90 kg desde el montículo, solo podía imaginar su pequeño cuello en la misma situación. Mientras Winfield lanzaba al cátcher a la grama del infield, las bancas se vaciaron y se enfrentaron. Cuando el polvo se asentó, solo Winfield fue expulsado, y los Yanquis ganaron 4-2 amparados en un jonrón de tres carreras de Graig Nettles en el séptimo inning ante el delgado derecho que había golpeado a Winfield.
Mike Norris, de extraordinaria screwball, fue ese pìtcher flaco en el montículo de Yankee Stadium hace tres décadas. Él lanzó partes de 10 temporadas con los Atléticos de Oakland desde 1975 hasta 1990. En 1980, él debió haber ganado claramente el premio Cy Young de la Liga Americana. No lo hizo y esta es la razón principal por la que estamos aquí, discutiendo de un hombre quién debió ser bien conocido en los círculos del beisbol, y probablemente fuera de ellos.
Su carrera fue una serie de intersecciones circunstanciales. No sólo tuvo una temporada que cualquier pitcher actual o antíguo de Grandes Ligas soñaría tener, sino que se cruzó con incontables luminarias, pitcheó en una época cuando el uso recreacional de las drogas y los deportes profesionales estaban chocando, y experimentó de primera mano a un país y un juego inseguros de cómo manejar la injustica socia y racial. Su cuento podría catalogarse como uno para tomar precauciones, pero esa es una etiqueta muy simple para colocarla a una historia que destaca muchos de los problemas que aún afectan al beisbol y atribulan a este país. Sus historias hablan por sí solas, yo las presento como me las contaron.
El joven de 19 años del area de la bahía miraba por la ventana del taxi las filas de los maizales de las afueras de Burlington, Iowa, en 1973. Unos meses antes, había sido drafteado por los Atléticos de Oakland en la escogencia final de la primera ronda del draft amateur de enero en el City College de San Francisco. Ahora, en un estadio a 150 milas de Des Moines, estaba listo para reportarse a su primera asignación en el beisbol profesional. Reflexionó acerca del camino que lo había llevado hasta ese momento: el destartalado campo donde jugaba de niño en el Fillmore District, los chicos rudos que jugaban en las Pequeñas Ligas y los equipos de la secundaria (incluyendo un cátcher que siguió jugando después que se rompiera un alambre de sus máscara de receptor y le abriera un hueco en la mejilla), y finalmente, el pináculo, un bono por firmar de 25000$ cancelado por Charlie Finley.
Mientras el taxi se estacionaba fuera del estadio, el joven notó que un niño esperaba fuera de las puertas. El niño, asumió él, de seguro oyó que vendría un nuevo pelotero a jugar para las Abejas A, y estaría ansioso por conocer al derecho que había mostrado una gran velocidad y un cambio afilado en ruta a conseguir una marca de 7-0 en su último año en secundaria.
Cuando el pitcher salió del carro, el niño lo siguió hasta el maletero del taxi donde estaba el equipaje, miraba extrañamente a la parte trasera de los pantalones del joven. Sin importar cuantas veces el joven trató de enfrentar al niño, este inevitablemente trataba de ponerse detrás de aquel. Finalmente, confundido, el pelotero le preguntó al taxista, “¿Qué le pasa a este chico?”
El taxista ladeó la cabeza y dijo: “Él quiere comprobar si tienes cola”.
Esa fue la primera experiencia que Norris tuvo en las ligas menores, esto sería hablar de sus pocos años viajando por el medio oeste y el sur profundo en Clase A y AA como jugador de beisbol profesional de color a comienzos de los años 1970.
“Cuando firmé ese contrato”, me diría Norris en un concurrido café de Oakland 40 años después de su primer día con el Burlington Clase A, “Me dijeron que debía ser el doble de bueno que cualquiera de esos tipos blancos, o no iba a lograr nada. Digerí eso, pero no lo mantuve en mi mente, eso no era una buena motivación”.
Durante ese año en Burlington, él consiguió actuaciones de pitcheo increíbles cada quinto día, dejó una efectividad de 2.21 y un WHIP de 1.10 en 110 innings. Él también destacó con el bate a ritmo de .452 con gente en base en 45 turnos. Sin embargo, a pesar de su estelar desempeño en el campo, la confluencia del racismo, pago miserable, y estar lejos del hogar dificultó su estadía en la Midwest League.
“Si no hubiese sido por mis compañeros de cuarto Claudell Washington y Dereck Bryant, no sé si hubiera sobrevivido”, me dijo Norris.
Fue en la Southern League, luego de ser promovido al Birmingham AA, que Norris tuvo una experiencia muy familiar para muchos en el sur profundo. Buscando un lugar donde comer entró a un restaurant al cruzar la calle desde el hotel donde se alojaba el equipo en Savannah, al entrar nunca recibió una palabra del mesero. Al tratar de llamar la atención del mesero para ordenar una comida, fue ignorado reiteradamente. Finalmente, él empezó a señalarle al mesero que había estado esperando por mucho más tiempo que las personas quienes se habían sentado después de él, a lo cual el mesero contestó:
“Negro, me has estado molestando desde que entraste”.
A Norris nunca lo habían llamado así en su cara antes de llegar a Birmingham. “Fue como un puñal en el pecho”, dijo él al recordar.
Norris se paró de su asiento en el restaurant y empezó a discutir con el mesero, se molestó mucho. A medida que la discusión subía de tono, el mesero fue detrás del mostrador y presionó un botón. Algo le decía a Norris que saliera del restaurant, pero se sentía agraviado. Se quedó para discutir su caso.
En dos minutos, llegó una patrulla de la policía estadal, con las sirenas sonando.
“¡Ese es el negro!¿Ese es el negro!”, gritó el mesero, señalando a Norris.
Uno de los policías se le acercó.
“¿Cuál es tu nombre muchacho?” Preguntó el policía. “¿Eres uno de estos peloteros de aquí, muchacho?”
“Mike Norris. Si, señor”.
“¿Estás alojado en ese hotel del frente, muchacho?”
“Si, señor”.
“Quiero que vengas conmigo, muchacho”.
Luego de salir del restaurant, el policía agarró violentamente a Norris por el brazo y lo miró a los ojos.
“Ahora me vas a escuchar, muchacho. Quiero que muevas tu negro trasero de vuelta al frente de la calle, y no regreses más a este restaurant mientras estés aquí”.
“Si, señor”.
Norris cruzó la calle y regresó al hotel del equipo.
Luego de la serie de Savannah, el bus del equipo se dirigió a Jacksonville y Orlando. Los Suns y los Mellizos eran afiliados de Kansas City y Minnesota respectivamente, y los viajes en bus desde Birmingham eran muy calurosos y asfixiantes debido a la falta de aire acondicionado en el bus y a lo tortuoso de las carreteras. De vuelta a Birmingham luego del viaje a Georgia y Florida, los jugadores decidieron algo: querían un día libre. Norris pensaba en el panorama de una noche lejos del fanático que se sentaba en las gradas del jardín derecho con un gato negro y una patilla, gritando epítetos raciales a los peloteros de color.
Los A’s de Birmingham de verdad necesitaban un juego suspendido por lluvia.
Desafortunadamente los cielos estaban despejados, así que se inspiraron en un evento de 1970 de la liga de Texas AA, cuando los Spurs de Dallas Fort Worth inundaron intencionalmente el campo de sus oponentes, los Gigantes de Amarillo, para tratar de forzar un diferimiento del juego.
Afortunadamente para Norris y los A’s de Birmingham, su dueño no tenía un helicóptero para secar el campo, como fue el caso en Amarillo, y consiguieron su día libre. (Ron Shelton, quién jugaba segunda base para los Spurs de Dallas Fort Worth en 1970, luego escribiría y dirigiría Bull Durham, película en la cual aparecen detalles de la icónica escena de la inundación).
“El agua llegaba a la altura de los tobillos cuando llegamos al estadio el día siguiente”, dijo Norris, recordando como ellos casi irrevocablemente dañaron el campo.
En el curso de los pasados cuatro meses, Norris me ha contado las historias de su vida en el beisbol profesional. Antes de nuestra primera reunión, no sabía que esperar, quizás sería un hombre privado, no interesado en revivir las memorias dolorosas de una carrera de altibajos. A mitad de aquella primera reunión de tres horas, después de probar que mis temores iniciales por su silencio potencial eran infundados, todo se aclaró ante mí: sus historias no eran solo sobre su carrera, o solo sobre beisbol. La suya es una perspectiva histórica del invierno moral del beisbol en todos sus niveles.
Con Norris, tenemos una mirada a la frontera de lo que era el juego y lo que es, su belleza, su diversión, y si, sus cicatrices y heridas vendadas que permanecen frescas y abiertas. Él nos lleva a hacer la pregunta: ¿Es el juego, en un nivel social, mejor de lo que era hace 40 años? Como antíguo líder del programa Reviving Baseball in Inner Cities (RBI) en el area de la bahía, como jugador que vio tres décadas de beisbol profesional, Norris ha experimentado la evolución del juego a todos los niveles.
Durante nuestra reunión más reciente, le pregunté que pensaba de algunos de los asuntos actuales que el juego enfrenta: el decreciente número de peloteros afroamericanos en las mayores, los costos prohibitivos de practicar el juego para niños de comunidades deprimidas, y la falta de sindicato para los peloteros de ligas menores.
Él miró hacia abajo por un momento, ladeó la cabeza, y dijo:
“Jackie Robinson se está revolcando en su tumba”.
References & Resources
• Owen Watson, The Hardball Times, “The Cy Young That Never Was”
• Mark Goodman, Family Weekly, “Pitcher Mike Norris: Ace of the A’s.” Sept. 25, 1981: p. 19-21.
• The Milwaukee Sentinel, “Winfield ejected, but Yanks win.” May 28, 1983: p. 2, pt. 2
• Mike Norris’ Baseball-Reference page
• Mike Norris’ YouTube page
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 4 de mayo de 2015
Eduardo Rodríguez, de los Medias Rojas de Boston nunca renunció al beisbol gracias a su mamá y ahora es prospecto de Grandes Ligas.
Christopher Smith. Masslive.com. 24-04-2015.
Pawtucket, R.I. – El gran prospecto de los Medias Rojas, Eduardo Rodríguez consideró dejar el beisbol cuando era adolescente.
A los 14 años de edad, su manager en Venezuela le dijo que tenía el talento suficiente para firmar con una organización de Grandes Ligas si seguía trabajando duro.
El zurdo Rodríguez eventualmente fue ubicado por los Tigres de Detroit quienes lo citaron para una prueba.
“Los Tigres me invitaron a una prueba allá en Venezuela y solo lancé como 83, 85 millas”, dijo él. “No quisieron firmarme. Me fui a casa y dije, ‘No quiero jugar más beisbol’. Después mi mamá me dijo, ‘¡Anda a practicar!’”
Él siguió su consejo. Decidió continuar jugando beisbol y entrenando en una de las academias de beisbol en Venezuela.
“Practiqué allí y subí a 88 hasta algunas veces 90,91 millas”, dijo él. “Firmé y me dijeron que trabajara duro, muy duro y ahora lanzo la pelota con fuerza”.
A los 17 años de edad, Rodríguez firmó un contrato de agente libre internacional con los Orioles de Baltimore, el 22 de enero de 2010.
El resto es historia.
Ahora él tiene 22 años y una estatura imponente. Y su velocidad continúa subiendo. Durante su debut en AAA el año pasado, una apertura con los Medias Rojas de Pawtucket en los playoffs, él estaba lanzando entre 92-95 mph, dijo un compañero.
Él es uno de los cinco principales prospectos de la organización de los Medias Rojas y algunos piensan que tiene el tipo de recta que podría convertirlo en el as de una rotación de Grandes Ligas. Boston lo adquirió desde Baltimore el año pasado en la fecha límite para cambios sin waiver, por el relevista Andrew Miller.
Después del cambio, Rodríguez tuvo marca de 3-1 con efectividad de 0.96 en seis aperturas de temporada regular con el Portland AA. Hizo su debut con los PawSox el 12 de septiembre y permitió solo dos carreras en 7.0 innings.
“Enfrentemos los hechos: Su mejor arma es su recta y así debe ser”, dijo el coach de pitcheo de Pawtucket, Bob Kipper. “Eso determinará su éxito”.
Baseball America lo clasificó como el prospecto 59 al comienzo de esta temporada.
Y por supuesto todo empezó cuando su madre le dijo que siguiera practicando.
Él dijo de sus padres: “Ellos siempre llaman y me dicen, ‘Vamos, tú puede ahcerlo. Solo tienes que trabajar duro. Te amamos. Sigue trabajando’”.
Sus padres aún están por verlo lanzar en Estados Unidos.
“Ellos tienen que conseguir una visa de turista para venir aquí”, dijo Rodríguez. “Estoy tratando de hacer eso para la próxima temporada, para que pueden venir a verme”.
Crecer en Venezuela
Rodíguez guarda los recuerdos más agradables de crecer en Venezuela y eso incluye su comida favorita, las arepas.
Él creció con tres hermanos. Tiene dos hermanos, Jesús de 33 años, y Luis de 19, y una hermana, Abilis, de 29. Sus hermanos juegan softbol.
Siempre jugaba con ellos cuando era pequeño”, dijo Rodríguez. “Me gusta practicar todos los deportes”.
Rodríguez creció jugando tres deportes: beisbol, futbol y baloncesto.
“Me gusta mucho el futbol también”, dijo, agregó que jugaba todas las posiciones. “Me gusta ver los juegos. Me gusta ver como juegan. Cuando estoy de receso entre temporadas, juego algunas veces.
Se define como un buen lanzador en baloncesto.
“Me gustan mucho las cestas triples”
Un apasionado fanático deportivo
Todavía es un gran seguidor del futbol. Es aficionado del Barcelona FC y sus dos futbolistas favoritos son Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.
Él veía varios juegos de Grandes Ligas por televisión mientras crecía y asistía a los juegos de beisbol invernal en Venezuela.
Su pitcher favorito era Johan Santana, un zurdo venezolano.
Santana ganó el Cy Young de la Liga Americana en 2004 y 2006 con los Mellizos de Minnesota.
Las lesiones afectaron la carrera de Santana luego de la temporada de 2010.
Santana firmó un contrato de un año con los Orioles de Baltimore en Marzo de 2014, pero no lanzó con ellos en la temporada regular.
Para ese momento, Rodríguez todavía estaba con Baltimore y conoció a Santana.
“Él siempre fue mi favorito”, dijo Rodríguez. “El año pasado, en Baltimore (en el campo de entrenamientos primaverales) él estaba ahí y me dijo como lanzar mi cambio. Me ayudó mucho”.
Y ¿adivinen quien es su basketbolista favorito?
Cuando le preguntamos, respondió, “Ustedes saben quién …”
Si, es el rey, Lebron James, el hombre quien tiene abajo a los celtics de Boston 3-0 en la primera ronda de playoffs de la NBA.
“Me gusta cuando hace las clavadas”, dijo Rodríguez. “Algunas veces, cuando tengo oportunidad, veo la NBA”.
Y por cierto le gusta que lo llamen Eddie.
¿ Zurdo natural? ¡No!
Él dijo que tenía 7 u 8 años de edad cuando su vida cambió para siempre.
Era un día lluvioso y estaba jugando con sus hermanos. Trató de subir a un camión y se resbaló, se fracturó el codo derecho.
Con el brazo derecho enyesado, él empezó a lanzar con su brazo izquierdo.
“Empecé a lanzar la pelota con el hombro izquierdo y aún sigo haciéndolo”, dijo él. “El doctor vino y dijo, ‘No lances con el brazo derecho porque se podría romper otra vez. Así que empecé a jugar con el izquierdo”.
Rodríguez también batea a la zurda.
Desarrollando un tercer lanzamiento.
Rodríguez tiene marca de 1-0 con 2.31 de efectividad en dos aperturas (tres carreras limpias en 11.2 innings). Ha permitido un solo boleto comparado con nueve ponches.
“Trabajo un poco más en lanzar mi slider porque ellos quieren que la lance más”, dijo él. “Porque lanzo muchas rectas y cambios”.
Desarrollar y sentirse cómodo con un tercer lanzamiento es crucial para cualquier lanzador joven antes de llegar a las Grandes Ligas y tener éxito allí.
Kipper fue el coach de pitcheo del Portland AA el año pasado cuando Rodríguez lanzó para los Sea Dogs.
“Vi un cambio de velocidad que mostraba una promesa legítima”, dijo Kipper, reflexionando sobre el año pasado. “Él llego al punto en que desarrolló una gran confianza en el lanzamiento y este se convirtió en una arma válida para él. Y logró no solo una ubicación física para lanzar muy bien este pitcheo alternado con su recta, sino que logro ubicarse mentalmente para lanzarlo en distintos conteos”.
“Para mí su cambio se ha desarrollado como un arma muy confiable y efectiva”, agregó Kipper. “El único lanzamiento que está un poco rezagado al presente es su slider, Él tiene una tendencia, y no es sólo él, mucho tipos caen en esa trampa, ellos tratan de ayudar a que el lanzamiento rompa. Como resultado mecánico, ellos empiezan a trabajar alrededor del pitcheo. Y no crean la inclinación o profundidad del pitcheo que verdaderamente lo hace efectivo. Entonces se hace plano. Se desplaza en un plano monótono y se hace más bateable. Pero ese es un trabajo en progreso. Pienso que él está empezando a identificar como debe colocar los dedos en la pelota para que su slider tenga la inclinación necesaria”.
“Él tiene 22 años de edad, y hay mucho que apreciar en este hombre. Algo de lo que estoy impresionado es su presencia y compostura y su habilidad para competir en los momentos retadores del juego”.
Tal vez lo veamos en las mayores más temprano que tarde si esa slider sigue evolucionando.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 30 de abril de 2015
El antíguo relevista Kent Tekulve recuerda su carrera de Grande Liga
Joe O’Loughlin. Baseball Digest. Agosto 2009.
El lanzador estilo submarino salvo 31 juegos para los Piratas durante la temporada de campeonato del equipo en 1979 y se convirtió en el segundo pitcher en trabajar en 1000 juegos.
“Los Piratas siempre han estado adelantados a las tendencias cuando se trata de innovación en el beisbol”, dijo Kent Tekulve, antíguo as del bull pen de Pittsburgh en los ’70. “Ellos tenían a ElRoy face como cerrador en los ’50 cuando nadie tenía un cerrador”, enfatizó el hombre que orgullosamente tomó el testigo de ese legado con éxito y distinción.
Kenton Charles Tekulve llegó a las Grandes Ligas el 20 de mayo de 1974. Por los próximos 16 años Tek desarrolló una carrera sobresaliente durante lo que muchos llamarían la era dorada del beisbol. “Había tantos equipos buenos e intensas rivalidades, como la de los Filis y los Piratas”, señaló Tekulve.
“El famoso “Hombre banda de goma” (“Rubber Band Man”), quien consiguió el out final que le dio el título de Serie Mundial a los Piratas, estuvo justo en el medio de muchos choque clásicos de los ’70.
“Cuando llegué por primera vez, Dave Giusti era el cerrador de Pittsburgh y Ramón Hernández el preparador. Mi trabajo era de relevista intermedio. El manager Danny Murtaugh había desarrollado un puente muy efectivo para conectar a los pitchers abridores con el cerrador”, dijo Tekulve. El relevista delgado como un riel de ferrocarril tuvo una breve pasantía con los Bucaneros en 1974. Sin embargo, luego que Tekulve fuese llamado desde las menores en 1975, se estableció en las Grandes Ligas. “Fui muy afortunado de jugar para Danny porque si lanzabas bien te mantenía lanzando. Él no se preocupaba por mi físico, nunca pensó que iba a matar a un tipo tan flaco por sobreutilizarlo”.
“Danny siguió contando conmigo”, dijo Tekulve. En 1976 y 1977 el delgado derecho apareció en 64 y 72 juegos respectivamente. “Pitchear tanto me ayudó mucho porque yo necesitaba lanzar bastante para mantenerme efectivo”, dijo él.
Durante esas dos temporadas, el submarinista de anteojos sirvió como preparador de dos de los cerradores estelares del beisbol, Giusti y Goose Gossage. “Dave estaba cerrando su carrera en 1976. Cuando se lesionó hacia el final de la temporada, tomé el papel de relevista por defecto”, explicó Tekulve.
Durante el receso entre temporadas los acontecimientos dieron un giro dramático. Murtaugh se retiró y luego pasó a mejor vida. Pittsburgh trajo a Chuck Tanner como su sucesor. El antíguo manager de Chicago decidió adquirir un par de Medias Blancas importantes, Goose Gossage y Terry Forster en un cambio que envió al toletero Richie Zisk a la ciudad de los vientos. “Goose (11 victorias, 26 salvados, 1.62 efectividad) tuvo la temporada más dominante de un relevista que hubiese visto. Yo tuve marca de 10-1 y todavía no puedo entender como perdí un juego”, dijo Tekulve en su usual estilo autocrítico.
“Mi trabajo era venir cuando el equipo estaba perdiendo, mantener a raya a los rivales hasta que pasáramos adelante, entonces llamaban a Goose”, explicó él. La famosa “Compañía maderera” de los Piratas podía anotar carreras a granel con los batazos de larga distancia de Willie Stargell, Dave Parker y Manny Sanguillén.
A pesar de tener un gran bull pen y una ofensiva de alto octanaje, Pittsburgh no podía vencer a los Filis.
“Nuestro problema era que siempre empezábamos muy lento. Caíamos a doce juegos o algo así de Filadelfia, luego rematábamos fuerte en agosto y septiembre y nos quedábamos cortos”, dijo Tekulve.
“Teníamos muchas personas grandes en nuestro equipo como Willie y Dave. Los atletas grandes no funcionan bien en clima frío. Pero una vez que empiezan a calentarse hay que tener cuidado”, dijo él.
En el receso de 1977, Gossage se fue de Pittsburgh por el dinero grande de la agencia libre ofrecido por los Yanquis. Los Piratas adquirieron a Jim Bibby de Cleveland para cubrir la vacante de Gossage. “La mentalidad era que un cerrador era un tipo quién ponchaba a muchos bateadores al final del juego”, dijo Tekulve.
Sin embargo, en el primer mes de temporada Bibby mostró que no estaba hecho para ese trabajo. En mayo, Tanner abandonó el experimento y Tekulve fue designado cerrador. En los próximos cinco meses, Tek no solo salvó 31 juegos sino que se ganó su propia canción. “Vince Lombardi, el organista de Three Rivers’ Stadium quién falleciera recientemente, había interpretado originalmente Rubber Band Man para Bruce Kison. Pero la canción no se ajustaba a él, a mi me sentaba perfectamente”, dijo Tekulve.
El delgado lanzador era como una banda de goma, podía ser estirado hasta el límite para ayudar la causa de los Piratas. El estilo submarino de Tekulve de lanzar la pelota al plato con su cuerpo todo brazos y piernas desplegados hacía de él un retrato de elasticidad.
Verdaderamente Tek era el Hombre Banda de Goma en todo el sentido de la frase. “Para decirles cuan perfecta era la canción para mí, esta duraba desde el momento cuando abría la puerta del bull pen, caminaba hacia el montículo y hacia mis lanzamientos de calentamiento. Cuando terminaba el octavo y final envío, en ese preciso momento la canción terminaba. Se sabe que los Spinners no podían haber sabido cuanto tiempo debía durar la canción”, dijo Tekulve con una sonrisa.
Los Bucaneros remataron vigorosamente en pos del título de la división Este de la Liga Nacional para intentar alcanzar a los Filis que llevaban la delantera, pero de nuevo se quedaron cortos. “Pero el fuerte remate de 1978 dejó todo listo para 1979. Nuestro parecer era que si podíamos mantenernos cerca de Filadelfia, podríamos vencerlos al final”, dijo Tekulve.
El año siguiente los Piratas entonaban una melodía diferente como su tema musical. “We are family”. Tekulve recuerda con nitidez los momentos clave de aquella temporada mágica. “Cuando adquirimos a Bill Madlock de los Gigantes, eso fue muy importante por muchas razones. “Mad Dog” corría muy bien. Cuando él estaba embasado, Ed Ott y Steve Nicosia, quienes compartían la receptolría y el séptimo turno de la alineación, y Phil Garner quién bateaba octavo, se convertían en mejores bateadores. Con Madlock en base los pitchers debían lanzar más rectas y esos tipos eran grandes bateadores de rectas”, señaló Tekulve. “Esa alineación era tan buena, que Madlock, quien había ganado títulos de bateo, era sexto en el orden”.
La adición de Madlock también pagó dividendos de otras formas. “Cuando él se encargó de la tercera base, Garner se movió a segunda y Rennie Stennett pasó a la banca, lo cual nos fortaleció”, indicó Tekulve.
Los Filis todavía estaban merodeando, muy cerca de los talones de los Piratas. Sin embargo, Pittsburgh pronto detendría eso durante una semana crucial de agosto.
El primer juego se desarrolló el 5 de agosto en Three Rivers Stadium. Filis y Piratas llegaron empatados a 8 carreras al cierre del noveno inning. Con dos outs y las bases llenas Danny Ozark trajo a Tug Mcgraw para enfrentar a Nicosia. “Lo más increíble fue que Tanner trajo un emergente por Nicosia quién había bateado de 4-4. Envío a batear al zurdo John Milner y este se la desapareció a Tugger para dejarlos en el terreno”, relató él.
La próxima semana, los dos enconados rivales chocaron otra vez en el Veteran’s Stadium. Esta vez los Piratas perdían 8-0. Sorprendentemente el equipo se resistía a doblegarse y empezaron a remontar has poner el marcador 8-5. Entonces Tanner decidió traer de emergente a Ed Ott, otro bateador zurdo, para enfrentar a McGraw. “¿Creerían que Ed descargó un jonrón con bases llenas ante Tugger y terminamos ganando el juego 14-11?”, dijo Tekulve.
Los Piratas alargaron esa inspiración hasta un dramático final y se adueñaron del título del Este de la Liga Nacional ante el empuje de los peligrosos Expos de Montreal. Tekulve fue un factor integral en el éxito del equipo. Tuvo, sin discusión, su mejor temporada, 10 victorias, 31 salvados, y una efectividad de 2.75 en 94 apariciones (una marca que lideró la Liga Nacional).
Él también fue importante de otra parte clave en la historia beisbolera de Pittsburgh. “Willie, Dave (Parker) y yo estábamos sentados en el dugout durante un juego detenido por la lluvia. “We are family” sonaba en el sistema de parlantes interno. “Pops” llama a Joe Safety (director de relaciones públicas de los Piratas) al palco de prensa y medio en broma le dice, “Anuncia que esa canción es la canción oficial del clubhouse de los Piratas”.
“Lo divertido es que Safety va y lo hace”, dijo Tekulve. En una ironía de ironías, esa canción interpretada por Sister Sledge, un trío de hermanas, que de todos los lugares posibles procedía de Filadelfia, se convirtió en el himno de los Piratas.
Pittsburgh venció a los Rojos de Cincinnati en tres juegos para apoderarse del banderín de la Liga Nacional. Sin embargo la barrida no refleja lo disputada que fue esta serie de playoff donde los primeros dos juegos se decidieron en extrainnings. Entonces vino la Serie Mundial ante los Orioles de Baltimore.
“Íbamos perdiendo tres juegos a uno y Willie nos dice, ‘Podemos terminar perdiendo, pero no hemos jugado beisbol Bucco (Bucanero). Mostrémosle al mundo como se juega eso’”, comentó Tekulve.
La mañana dominical antes del quinto juego, el equipo de Pittsburgh fue estremecido por la noticia de la muerte de la madre de Chuck Tanner. “Era una situación difícil. Los muchachos no sabían que decir. Pero Chuck viene y dice, ‘Muchachos, mi mamá sabía que estábamos en aprietos, así que fue a buscarnos algo de ayuda’”. Eso nos relajó por completo”, dijo Tekulve.
Aquel equipo cargado de emociones apaleó a los Orioles 7-1 en un delirante y repleto Three Rivers Stadium. Luego el equipo se apuntó una victoria 4-0 en el sexto juego, Tekulve vino a relevar en el séptimo y se apuntó el salvado con tres innings de magnífico relevo. “Ahora la energía positiva estaba de nuestro lado. La presión se precipitaba sobre los Orioles, quienes habían dejado escapar una ventaja de 3-1”, dijo Tekulve.
En el juego decisivo, Tekulve jugó un papel crucial. “Entré con una ventaja de 2-1 en el octavo inning, las bases llenas y obligué a Eddie Murray a elevar la pelota. Agregamos dos carreras para asegurar”, recordó él. Entonces Tek ponchó los dos primeros bateadores de los Orioles en el noveno.
“Usualmente, luego de un ponche se correr la pelota alrededor del infield, Madlock es el último quien la recibe y me la lanza. Por alguna razón, no sé porqué, no lo planeé ni mucho menos. Caminé medio camino hacia tercera base y me encuentro con Bill. Le digo ‘Dog, 28 equipos fueron al entrenamiento primaveral para conseguir este out y nosotros lo haremos’” Con el próximo lanzamiento Tekulve indujo a Pat Kelly a batear un elevado hacia Omar Moreno y la familia de los Piratas estaba en el tope del mundo beisbolero.
“Te das cuenta que te has dado íntegro por los otros 24 muchachos del clubhouse y ellos han hecho lo mismo por ti. Lo que es mejor, entregaste todo de ti de una manera que funcionó a la perfección. Es un sentimiento gratificante”, dijo Tekulve.
La carrera de Tekulve duró una década más luego de aquel glorioso momento de octubre. Él tendría muchos más logros interesantes como ser el primer pitcher de 40 años en lanzar en 90 juegos (1987). Sin embargo aquella fría noche de octubre en Baltimore fue una ocasión que todavía calienta el corazón y el alma de este relevista banda de goma quién ayudó a sus queridos Bucaneros durante su momento más crucial.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 21 de abril de 2015
La antígua estrella de la tercera base, Ryan Zimmerman reconoce a Pablo Sandoval
Brian MacPherson. 14-04-2015.
Boston—Antes de que una lesión en el hombro complicara su futuro, Ryan Zimmerman de Washington, había pasado casi una década como uno de los mejores tercera base defensivos. Él ganó un guante de oro en 2009, y mediciones estadísticas avanzadas lo clasificaban consistentemente cerca del tope de los terceras base de la Liga Nacional durante el apogeo de su carrera. Baseball America hasta realizó comparaciones de él con Brooks Robinson cuando él fue la cuarta escogencia el el draft general, el cumplido más grande para un jugador de la esquina caliente.
Zimmerman entiende la defensa de la tercera base como cualquier jugador, y ha visto lo suficiente de Pablo Sandoval para saber mirar más allá de las engañosas apariencias.
“No hay mucho que él no haga bien allí”, dijo Zimmerman. “Es obviamente un tercera base defensivo por encima del promedio. Hacer lucir fáciles muchas jugadas. Desafortunadamente es foco de malos comentarios debido a sus proporciones físicas, pero se mueve muy bien en la antesala”.
Antes que Sandoval saliera desde San Francisco hacia Boston, Zimmerman había jugado contra él en la Liga Nacional dado que este había llegado a las Grandes Ligas en 2008. Sus Nacionales enfrentaron a los Gigantes de Sandoval en la serie divisional de la Liga Nacional el pasado octubre, Sandoval solo bateó .211 en esa serie pero luego bateó sobre .400 en cada una de las dos siguientes series de play off, incluyendo la Serie Mundial contra Kansas City.
“Como jugador de cualquier situación, él hace las jugadas y batea cuando es más importante, y siempre hay algo que decir de tipos como este”.
Cuando los Medias Rojas firmaron a Sandoval, no lo hicieron solo por su bate ambidextro. Los terceras base de Boston han sido clasificados cerca de los últimos lugares entre los equipos de Grandes Ligas en varias categorías de mediciones estadísticas avanzadas en las últimas dos temporadas, incluyendo una marca de menos 18 en Defensive Runs Saved (Carreras salvadas por la defensiva) la última temporada.
Sandoval fue cargado con un error el lunes (13 de abril) luego que un tiro suyo fuese a dar al dugout de los Medias Rojas, pero él ha demostrado sus cualidades.
La estructura corporal de Sandoval le confiere una agilidad que le permite moverse como un atleta más delgado, especialmente con los toques y los roletazos lentos que van en su dirección.
“Las personas siempre miran su complexión y asumen que él no va a tener la movilidad o disponer del alcance que posee”, dijo Zimmerman. “El hace un trabajo muy bueno con sus pies”.
No se pensaría que el discutido físico de Sandoval le permitiría tener unos pies privilegiados, pero queda claro para Zimmerman que “Kung Fu Panda” tiene condiciones atléticas naturales.
“Solo tienes que mirarlo en detalle”, dijo Zimmerman. “Mucho tiene que ver con su habilidad natural. Él tiene grandes instintos. Conoce el juego muy bien. Eso solo se logra practicando mucho”.
Combina eso con unas manos que le permiten hacer atrapadas suaves ante botes inesperados que todos los terceras base tienen que manejar, y Sandoval pudiera ser el mejor tercera base defensivo de Boston desde los grandes días de Mike Lowell hace más de media década.
“La tercera base es una posición donde hay que tener buenas manos”, dijo Zimmerman. “Muchas veces en el short o la segunda base, se puede buscar el bote más apropiado o acercarse a la pelota usando mucho los pies. En tercera, algunas veces la pelota es bateada con tanta fuerza que no se tiene oportunidad de hacer nada con los pies. Si no se tienen buenas manos, es un lugar muy duro para jugar”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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