Los sucesos del 09 de marzo de 2011 en el primer inning de un juego entre los Bravos de Atlanta y los Cardenales de San Luis, hicieron que mi memoria tratara de nivelar el momento difícil de conocer que Luis Salazar había recibido un pelotazo descomunal en la cara, cuando un batazo de Brian McCann se estrelló entre su nariz y su ojo izquierdo mientras veía el juego parado desde el dugout.
A comienzos de la década de los ochenta escuché una canción publicitaria: “¡Ahí viene La Guaira! ¡Por Radio Rumbos! El Musiú le dice ‘¡Lo mejor del mundo!’…” Eran los tiempos de aquella insurgente guerrilla de Argenis Salazar, Gustavo Polidor, Oswaldo Guillén, Alfredo Pedrique, Raul Pérez Tovar, Norman Carrasco, Café Martínez, Luis Salazar era una especie de decano del grupo.
Salazar tenía (y tiene) planeado dirigir al equipo Lynchburg de la Carolina League A. Este miércoles 23 de marzo se presentó al campo de entrenamientos de los Bravos luego de dos semanas en el hospital donde los médicos le comunicaron que había perdido el ojo. “Soy muy afortunado de estar vivo. Dios me dio una segunda oportunidad en esta vida. Y la aprovecharé”.
La música pegajosa seguía rebotando en la tribuna central del estadio Universitario. “…está Polidor, Carrasco también. Alfredo Pedrique y Oswaldo Guillén…”
Una de las primeras anécdotas que escuché de Luis Salazar estaba relacionada a la vez que lo dejaron libre en su primera incursión al béisbol organizado de Estados Unidos. Regresó a Venezuela y Pedro Padrón Panza le consiguió trabajo en una panadería hasta que empezara la temporada venezolana en octubre. Salazar trabajó como un bárbaro en la panadería. Cuando llegó octubre fue el primero que llegó a los entrenamientos. Se convirtió en inamovible de la alineación litoralense y regresó al norte para escalar posiciones hasta llegar a Grandes Ligas.
McCann visitó a Salazar varias veces después del accidente.
“Brian McCann es un muchacho muy sensitivo, estaba muy preocupado por mi salud”, dijo Salazar. “Hablamos casi tres horas. Le dije que lo que me ocurrió le puede ocurrir a cualquiera. Le dije que siguiera adelante y olvidara el incidente”.
“…con Pérez Tovar y Café Martínez….Ahí viene La Guaira….por Radio Rumbos…”. Más adelante Salazar tuvo una lesión muy grave en una rodilla. Cuando todos pensaban que hasta allí llegaba la carrera de Salazar como pelotero, se ha mandado un programa de rehabilitación con una voluntad espartana que dejó a todo el mundo frío para regresar a las Grandes Ligas al tope de sus facultades.
Salazar, quién jugó 13 años en Grandes Ligas, está en su primer año con la organización de los Bravos. Fue invitado a presentarse temprano para familiarizarse con como los Bravos manejan su campamento de Grandes Ligas y estaba a ayudando en los juegos de exhibición.
Siempre recuerdo a Salazar como un bateador de bolas malas. Las iba a buscar arriba o abajo y descargaba unos batazos entre dos que igual dejaban contra la pared al contrario. Y si le lanzaban en la zona de strike castigaba con más furia al lanzador.
“Agradezco a todos los que rezaron por mí”, dijo Salazar. “Mucha gente se preocupó por mí. Los buenos amigos aparecen en los tiempos difíciles. Eso fue lo que pasó conmigo”.
“…el gran Luis Salazar, y Argenis también…el Musiú le dice: Lo mejor del mundo…”
McCann está impresionado por la actitud de Salazar: “Es una persona excepcional”, dijo McCann. “Considera el haber perdido su ojo, como algo positivo respecto a lo que pudo haber pasado. Está vivo. Eso es lo más importante”.
Alfonso L. Tusa C.
sábado, 26 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
Un viejo beisbolista y su alma nueva.
Steve Henson. 20-03-2011
Fue un simple acto. David Newhan mantuvo abierta la puerta de un restaurante para una persona en una silla de ruedas. Y estaba muy emocionado. La gratitud se extendió largo muy largo hasta resolver y resolver en círculo hasta llegar otra vez a la gratitud, entonces lo único que quería era encontrar el estadio más cercano, batear una recta y correr las bases.
Mientras la silla de ruedas pasaba, Newhan agradeció a Dios en silencio por su suerte milagrosa. Un accidente de surf en la costa del sur de California en septiembre de 2009 quebró la segunda vértebra de su cuello, al estilo de una horca judicial, pero la médula espinal de Newhan tenía de alguna manera un repuesto. Él caminó a casa ignorante de la gravedad de la lesión, con la tabla bajo su brazo, tranquilamente le pidió a su esposa que lo llevara al hospital.
Dieciocho meses más tarde, Newhan reconoce en otras situaciones lo que fácilmente le pudo ocurrir a él. La divina providencia lo salvó de una parálisis o la muerte, cree él, y no se tomará ningún día a la ligera. Puede abrazar a su esposa y dos hijos, caminar por la playa, y (¿por qué no hacerlo mientras pueda?), jugar béisbol con un equipo de Grandes Ligas.
Newhan tiene 37 años. Ha pasado partes de ocho temporadas en Grandes Ligas en cinco equipos diferentes. Es versátil, se faja, es un tipo que según los coaches se desempeña en el juego de la manera apropiada. Sin embargo pasó la temporada de 2009 en Triple A y la de 2010 rehabilitándose de la lesión del cuello. Hacer la transición a una carrera como coach o hacia la cabina de transmisión parecía lo prudente. O lo más simple.
Para cualquiera, no para Newhan.
Obtuvo el visto bueno de su médico para jugar, contactó a los Padres de San Diego, los convenció de que hablaba en serio sobre su regreso, y se dirigió al entrenamiento primaveral. Ha pasado la mayor parte del tiempo en un campamento de ligas menores, sacándose el óxido, pero ha jugado en un juego de Grandes Ligas, y tomó dos turnos memorables al bate.
Después de algunas bromas sanas del manager de los Padres, Bud Black (“¿Qué pasa contigo David? ¿Estás aquí para jugar o para ser coach?”), Newhan se paró en la caja de bateo por primera vez y de nuevo expresó su gratitud. El actor Christopher Reeve sufrió la misma lesión al caer de un caballo en 1995 y quedó cuadrapléjico. Muchos otros han muerto instantáneamente. Y aquí estaba él con un bate en sus manos, tomando un sorbo de aire cálido de Arizona, una voz gritaba en la tribuna detrás de él “Cerveza fría”. Newhan se salió de la caja de bateo, descansó un instante, tomo otra respiración profunda y se llamó a regresar al presente. Se paró con su estilo de zurdo y al primer buen pitcheo que vio metió una línea imparable al jardín derecho.
Corrió a primera base.
“Sólo el estar en el campo fue maravilloso”, dijo Newhan. “Cuando veo a alguien en una silla de ruedas pienso en la suerte que he tenido de tener una recuperación completa. ¿Cuanto no hubiera querido esa persona haber sido bendecida lo suficiente para tener todo su cuerpo activo?”
Su segunda vez al bate, dirigió un pitcheo al hueco entre el jardín izquierdo y el central pero el left fielder le llegó a la pelota. No importa. Newhan ha llevado la euforia de esos dos turnos al bate con él a través de las exigencias de los ejercicios diarios. Su meta es hacer el equipo Triple A de los Padres, pulir su juego y estar disponible para el equipo grande cuando la temporada avance.
Newhan es principalmente un jardinero, pero también jugó bastante segunda base y algo de tercera y primera. Con toda la alegría del mundo jugará en cualquier lado ahora. Su recuperación del accidente es completa, y llegar a las Grandes Ligas de nuevo le daría un buen cierre a su carrera.
“Veamos a donde llega”, dice Black. “Nunca puedes dejar afuera a David. Lo ha demostrado antes”.
Black no necesariamente se refería a Newhan tumbado en el fondo del oceano ahogándose de agua y terror. Pero podría haberlo hecho. Porque ningún obstáculo que Newhan enfrente en el béisbol se acercará a aquel momento.
Ël salió para perseguir algunas olas rezagadas aquella tarde, a dos cuadras de su casa en Oceanside, Calif. Newhan creció en el sur de California y fue a la universidad en Pepperdine, Malibu, surfear era una de sus pasiones como el béisbol. No era novato. “No fue que me cansé”, dijo Newhan. “Hice una mala decisión al saltar de mi tabla. Estaba lo suficientemente lejos de la playa, no pensé que la profundidad era poca. Pensé que flotaría en la superficie del agua”.
En vez de eso su cabeza se estrelló con violencia contra un banco de arena. Quedó completamente adormecido, apenas consciente del agua salada fluyendo por sus fosas nasales.
“Sentía un aguijón en todo el cuerpo”, dijo Newhan. “Trataba de moverme cuando sabía que no podía. Estaba flotando. Pensé: ‘Si puedo sacar la cabeza del agua, trataré de pedir auxilio’”
Su próximo pensamiento fue una oración: “Jesús déjame mover”. Sus brazos y piernas respondieron, agarró su tabla y deslizó su barriga sobre ella. Lentamente se dirigió a la playa, caminó a casa lentamente y llamó a su esposa, Karen, quién visitaba a sus padres a 10 millas de distancia.
“Necesito que me hagan una placa de Rayos X”, le dijo a ella. “Me pasó algo, algo anda mal. Mi cuello está trabado”.
La sala de emergencias del hospital estaba llena y Newhan debió esperar varias horas antes de recibir atención médica, inocente de que si las astillas de las vértebras se movían aunque fuera un milímetro, podría haber muerto. Finalmente llegó su turno, los examenes revelaron una triple fractura en espiral. El médico tragó saliva, la enfermera la llamó “el quiebre del ahorcado”, a Newhan le colocaron un collarín.
Usó un collarín que se ajustaba a su cabeza, por dos meses, luego uso otro más pequeño por otro mes. Dormía boca arriba. No podía levantar nada más pesado que 5 kilos. Solo podia hacer caminatas de 45 minutos en la mañana y al atardecer con Karen. Algunas veces llevaban consigo a su hijo, Nico, y su hija, Gianna, quienes ahora tienen seis y tres años de edad.
“Karen ha sido increíblemente fuerte”, dice Newhan. “Que ella me haya apoyado para que trate de volver al béisbol, es algo para lo cual no tengo palabras que expresen mi agradecimiento”.
La recuperación se agilizó cuando él comenzó un régimen de terapia física alternativa llamada el método Egoscue con los entrenadores Jordan Feramisco y Liba Placek. En los meses siguientes, Newhan construyó una jaula de bateo en el campo de entrenamiento de Sorrento Valley, Calif., y empezó a dar lecciones de bateo a los jóvenes además de tomar swings él. El gusanillo del béisbol lo había picado de nuevo.
Le hizo saber a los equipos de Grandes Ligas que estaba de vuelta el verano pasado pero ninguno se interesó. Siguió entrenando, hace unos pocos meses le hizo una llamada a su viejo amigo Jason McLeod, el asistente del gerente general de los Padres de San Diego. “Todo lo que quiero es una oportunidad”, le dijo Newhan. Nadie espera que Newhan recupere el tope de las condiciones de cuando bateó .311 con los Orioles de Baltimore en 2004, pero que pueda contribuir desde el rol de utility podría ser suficiente.
Y si esto no funciona, Newhan no se desilusionará. Ha jugado para nueve organizaciones en 14 temporadas profesionales. Ha sido bajado de categoría. Ha sido despedido. Ha pasado muchas cosas. Y como todo el mundo lo sabe ahora, él es muy difícil de dejar afuera.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Fue un simple acto. David Newhan mantuvo abierta la puerta de un restaurante para una persona en una silla de ruedas. Y estaba muy emocionado. La gratitud se extendió largo muy largo hasta resolver y resolver en círculo hasta llegar otra vez a la gratitud, entonces lo único que quería era encontrar el estadio más cercano, batear una recta y correr las bases.
Mientras la silla de ruedas pasaba, Newhan agradeció a Dios en silencio por su suerte milagrosa. Un accidente de surf en la costa del sur de California en septiembre de 2009 quebró la segunda vértebra de su cuello, al estilo de una horca judicial, pero la médula espinal de Newhan tenía de alguna manera un repuesto. Él caminó a casa ignorante de la gravedad de la lesión, con la tabla bajo su brazo, tranquilamente le pidió a su esposa que lo llevara al hospital.
Dieciocho meses más tarde, Newhan reconoce en otras situaciones lo que fácilmente le pudo ocurrir a él. La divina providencia lo salvó de una parálisis o la muerte, cree él, y no se tomará ningún día a la ligera. Puede abrazar a su esposa y dos hijos, caminar por la playa, y (¿por qué no hacerlo mientras pueda?), jugar béisbol con un equipo de Grandes Ligas.
Newhan tiene 37 años. Ha pasado partes de ocho temporadas en Grandes Ligas en cinco equipos diferentes. Es versátil, se faja, es un tipo que según los coaches se desempeña en el juego de la manera apropiada. Sin embargo pasó la temporada de 2009 en Triple A y la de 2010 rehabilitándose de la lesión del cuello. Hacer la transición a una carrera como coach o hacia la cabina de transmisión parecía lo prudente. O lo más simple.
Para cualquiera, no para Newhan.
Obtuvo el visto bueno de su médico para jugar, contactó a los Padres de San Diego, los convenció de que hablaba en serio sobre su regreso, y se dirigió al entrenamiento primaveral. Ha pasado la mayor parte del tiempo en un campamento de ligas menores, sacándose el óxido, pero ha jugado en un juego de Grandes Ligas, y tomó dos turnos memorables al bate.
Después de algunas bromas sanas del manager de los Padres, Bud Black (“¿Qué pasa contigo David? ¿Estás aquí para jugar o para ser coach?”), Newhan se paró en la caja de bateo por primera vez y de nuevo expresó su gratitud. El actor Christopher Reeve sufrió la misma lesión al caer de un caballo en 1995 y quedó cuadrapléjico. Muchos otros han muerto instantáneamente. Y aquí estaba él con un bate en sus manos, tomando un sorbo de aire cálido de Arizona, una voz gritaba en la tribuna detrás de él “Cerveza fría”. Newhan se salió de la caja de bateo, descansó un instante, tomo otra respiración profunda y se llamó a regresar al presente. Se paró con su estilo de zurdo y al primer buen pitcheo que vio metió una línea imparable al jardín derecho.
Corrió a primera base.
“Sólo el estar en el campo fue maravilloso”, dijo Newhan. “Cuando veo a alguien en una silla de ruedas pienso en la suerte que he tenido de tener una recuperación completa. ¿Cuanto no hubiera querido esa persona haber sido bendecida lo suficiente para tener todo su cuerpo activo?”
Su segunda vez al bate, dirigió un pitcheo al hueco entre el jardín izquierdo y el central pero el left fielder le llegó a la pelota. No importa. Newhan ha llevado la euforia de esos dos turnos al bate con él a través de las exigencias de los ejercicios diarios. Su meta es hacer el equipo Triple A de los Padres, pulir su juego y estar disponible para el equipo grande cuando la temporada avance.
Newhan es principalmente un jardinero, pero también jugó bastante segunda base y algo de tercera y primera. Con toda la alegría del mundo jugará en cualquier lado ahora. Su recuperación del accidente es completa, y llegar a las Grandes Ligas de nuevo le daría un buen cierre a su carrera.
“Veamos a donde llega”, dice Black. “Nunca puedes dejar afuera a David. Lo ha demostrado antes”.
Black no necesariamente se refería a Newhan tumbado en el fondo del oceano ahogándose de agua y terror. Pero podría haberlo hecho. Porque ningún obstáculo que Newhan enfrente en el béisbol se acercará a aquel momento.
Ël salió para perseguir algunas olas rezagadas aquella tarde, a dos cuadras de su casa en Oceanside, Calif. Newhan creció en el sur de California y fue a la universidad en Pepperdine, Malibu, surfear era una de sus pasiones como el béisbol. No era novato. “No fue que me cansé”, dijo Newhan. “Hice una mala decisión al saltar de mi tabla. Estaba lo suficientemente lejos de la playa, no pensé que la profundidad era poca. Pensé que flotaría en la superficie del agua”.
En vez de eso su cabeza se estrelló con violencia contra un banco de arena. Quedó completamente adormecido, apenas consciente del agua salada fluyendo por sus fosas nasales.
“Sentía un aguijón en todo el cuerpo”, dijo Newhan. “Trataba de moverme cuando sabía que no podía. Estaba flotando. Pensé: ‘Si puedo sacar la cabeza del agua, trataré de pedir auxilio’”
Su próximo pensamiento fue una oración: “Jesús déjame mover”. Sus brazos y piernas respondieron, agarró su tabla y deslizó su barriga sobre ella. Lentamente se dirigió a la playa, caminó a casa lentamente y llamó a su esposa, Karen, quién visitaba a sus padres a 10 millas de distancia.
“Necesito que me hagan una placa de Rayos X”, le dijo a ella. “Me pasó algo, algo anda mal. Mi cuello está trabado”.
La sala de emergencias del hospital estaba llena y Newhan debió esperar varias horas antes de recibir atención médica, inocente de que si las astillas de las vértebras se movían aunque fuera un milímetro, podría haber muerto. Finalmente llegó su turno, los examenes revelaron una triple fractura en espiral. El médico tragó saliva, la enfermera la llamó “el quiebre del ahorcado”, a Newhan le colocaron un collarín.
Usó un collarín que se ajustaba a su cabeza, por dos meses, luego uso otro más pequeño por otro mes. Dormía boca arriba. No podía levantar nada más pesado que 5 kilos. Solo podia hacer caminatas de 45 minutos en la mañana y al atardecer con Karen. Algunas veces llevaban consigo a su hijo, Nico, y su hija, Gianna, quienes ahora tienen seis y tres años de edad.
“Karen ha sido increíblemente fuerte”, dice Newhan. “Que ella me haya apoyado para que trate de volver al béisbol, es algo para lo cual no tengo palabras que expresen mi agradecimiento”.
La recuperación se agilizó cuando él comenzó un régimen de terapia física alternativa llamada el método Egoscue con los entrenadores Jordan Feramisco y Liba Placek. En los meses siguientes, Newhan construyó una jaula de bateo en el campo de entrenamiento de Sorrento Valley, Calif., y empezó a dar lecciones de bateo a los jóvenes además de tomar swings él. El gusanillo del béisbol lo había picado de nuevo.
Le hizo saber a los equipos de Grandes Ligas que estaba de vuelta el verano pasado pero ninguno se interesó. Siguió entrenando, hace unos pocos meses le hizo una llamada a su viejo amigo Jason McLeod, el asistente del gerente general de los Padres de San Diego. “Todo lo que quiero es una oportunidad”, le dijo Newhan. Nadie espera que Newhan recupere el tope de las condiciones de cuando bateó .311 con los Orioles de Baltimore en 2004, pero que pueda contribuir desde el rol de utility podría ser suficiente.
Y si esto no funciona, Newhan no se desilusionará. Ha jugado para nueve organizaciones en 14 temporadas profesionales. Ha sido bajado de categoría. Ha sido despedido. Ha pasado muchas cosas. Y como todo el mundo lo sabe ahora, él es muy difícil de dejar afuera.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Los Bravos de Atlanta retirarán el número 6 de Bobby Cox el 12 de agosto.
Atlanta (AP). Los Bravos de Atlanta anunciaron este martes 22 de marzo de 2011 sus planes para retirar el número del antíguo manager Bobby Cox.
Los Bravos rendirán honores al número 6 de Cox el 12 de agosto antes de un juego en casa ante los Cachorros de Chicago.
Cox es el primero en tener su número retirado por los Bravos sólo por sus logros como manager.
Cox se retiró al finalizar la temporada pasada. Es cuarto en victorias de todos los tiempos con 2504, incluyendo 2149 victorias en 25 años con los Bravos.
Los Bravos ganaron 14 titulos divisionales seguidos y la Serie Mundial de 1995 bajo la éjida de Cox. “Bobby Cox ejemplifica a la organización de los Bravos”, dijo el presidente del equipo John Schuerholz. “Inducirlo a nuestro Salón de la Fama y retirar su legendario número 6 es darle un justo reconocimiento a un hombre que ha hecho mucho por nuestra organización, nuestro gran juego y la ciudad de Atlanta”.
El número de Cox es el tercero que el equipo ha retirado en tres años, luego de Tom Glavine (47) el año pasado y Greg Maddux (31) en 2009.
Los únicos otros jugadores de los Bravos que tienen sus números retirados son Hank Aaron (44), Eddie Matthews (41), Dale Murphy (3), Phil Niekro (35) y Warren Spahn (21).
Matthews, el tercera base que bateó 512 jonrones, tuvo marca de 149-161 como manager de los Bravos entre 1972 y 1974.
.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Los Bravos rendirán honores al número 6 de Cox el 12 de agosto antes de un juego en casa ante los Cachorros de Chicago.
Cox es el primero en tener su número retirado por los Bravos sólo por sus logros como manager.
Cox se retiró al finalizar la temporada pasada. Es cuarto en victorias de todos los tiempos con 2504, incluyendo 2149 victorias en 25 años con los Bravos.
Los Bravos ganaron 14 titulos divisionales seguidos y la Serie Mundial de 1995 bajo la éjida de Cox. “Bobby Cox ejemplifica a la organización de los Bravos”, dijo el presidente del equipo John Schuerholz. “Inducirlo a nuestro Salón de la Fama y retirar su legendario número 6 es darle un justo reconocimiento a un hombre que ha hecho mucho por nuestra organización, nuestro gran juego y la ciudad de Atlanta”.
El número de Cox es el tercero que el equipo ha retirado en tres años, luego de Tom Glavine (47) el año pasado y Greg Maddux (31) en 2009.
Los únicos otros jugadores de los Bravos que tienen sus números retirados son Hank Aaron (44), Eddie Matthews (41), Dale Murphy (3), Phil Niekro (35) y Warren Spahn (21).
Matthews, el tercera base que bateó 512 jonrones, tuvo marca de 149-161 como manager de los Bravos entre 1972 y 1974.
.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
El mentor sabía que los Medias Rojas habían conseguido un as.
Scott Lauber. 20-03-2011
Desde los quince años hasta hace poco tiempo, Jon Lester el pitcher zurdo de los Medias Rojas de Boston, practicaba cada invierno con Mark Potoshnik. Y cuando recibió el visto bueno para que reanudara su carrera como lanzador luego de recibir tratamiento contra el cáncer en 2006, Lester llamó a Potoshnik para lanzar pelotas.
Pero Potoshnik nunca necesitó examinar a fondo a Lester para saber que alcanzaría niveles tan altos. “Primero, especialmente en el béisbol profesional, se necesita tener
las herramientas, y su caja de herramientas estaba llena”, dijo recientemente en una entrevista telefónica el entrenador de Lester en la Northwest Baseball Academy de Lynnwood, Wash. Era un zurdo grande y atlético que podía lanzar a 90 millas. Esos no crecen en los árboles”.
“Combina eso con una muy particular ética de trabajo y el deseo de mejorar, y saber que para enfrentar el mundo tendría que hacer buenas decisiones, donde muchos jóvenes se han equivocado, siempre supe que mientras se mantuviera sano lo iba a lograr. Nunca dudé de él por un segundo”.
A través de los años, comenzando con cuando Lester lanzaba en Bellarmine Prep cerca de Tacoma, Wash., Potoshnik lo ayudó a mejorar su ahora impecable mecánica de pitcheo y a desarrollar un pitcheo quebrado efectivo. Tambien trabajaron en la recta cortada que se ha convertrido en el arma más grande de Lester.
Lester, ahora de 27 años, fue seleccionado por los Medias Rojas y acordó firmar por un bono de 1 millón de dólares en 2002. Desde que él y su esposa Farrah, se mudaron a Georgia hace unos pocos años, regresa a casa en Tacoma cada vacación y hace el recorrido de una hora por lo menos dos veces a la semana para trabajar con Potoshnik.
Había momentos cuando Lester no dominaba. En sus primeras 47 apariciones en las menores, tuvo marca de 13-16 con 3.95 de efctividad. Pero Potoshnik recuerda que su actitud ante cada nuevo reto, incluyendo reponerse del linfoma de células grandes anaplástico, siempre permaneció igual.
“Jon siempre ha sido muy enfocado, y siempre ha tenido la habilidad para decir, ‘Ok, esto es lo que necesito para mejorar’”, dijo Potoshnik, quién también asesoró al relevista de los Medias Rojas Bobby Jenks en sus años de secundaria. “Con su rehabilitación y terapia para el cáncer, era el mismo estado mental. Era, ‘Ok, esto es lo que tengo que hacer para mejorar, y lo voy a hacer’”.
Hay que contar a Potoshnik entre aquellos que pensaron que Lester ganaría el juego de asegurar la Serie Mundial de 2007, lanzaría un juego sin hits ni carreras (19 de mayo de 2008 ante los Reales de Kansas City), lograría una temporada de 19 victorias y su primera aparición en el juego de estrellas el año pasado, y emergería como un legítimo as y un perenne contendor por el premio Cy Young de la Liga Americana.
La noticia de la semana pasada que anunciaba a Lester como el abridor del juego inaugural de los Medias Rojas el 1º de abril en Texas, no fue nada que Potoshnick no pensara que su antíguo protegido lograría algún día.
“Sólo con jugar a hacer lanzamientos largos cuando el tenía 15 años, podías verlo”, dijo Potoshnik. “Zurdo, atlético, y podía lanzar. Eso siempre es una buena combinación. Aún a los 15 años, parecía que podía hacer cualquier cosa que le pidieras”.
Los Medias Rojas lo han comprobado, algunas cosas no cambian.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Desde los quince años hasta hace poco tiempo, Jon Lester el pitcher zurdo de los Medias Rojas de Boston, practicaba cada invierno con Mark Potoshnik. Y cuando recibió el visto bueno para que reanudara su carrera como lanzador luego de recibir tratamiento contra el cáncer en 2006, Lester llamó a Potoshnik para lanzar pelotas.
Pero Potoshnik nunca necesitó examinar a fondo a Lester para saber que alcanzaría niveles tan altos. “Primero, especialmente en el béisbol profesional, se necesita tener
las herramientas, y su caja de herramientas estaba llena”, dijo recientemente en una entrevista telefónica el entrenador de Lester en la Northwest Baseball Academy de Lynnwood, Wash. Era un zurdo grande y atlético que podía lanzar a 90 millas. Esos no crecen en los árboles”.
“Combina eso con una muy particular ética de trabajo y el deseo de mejorar, y saber que para enfrentar el mundo tendría que hacer buenas decisiones, donde muchos jóvenes se han equivocado, siempre supe que mientras se mantuviera sano lo iba a lograr. Nunca dudé de él por un segundo”.
A través de los años, comenzando con cuando Lester lanzaba en Bellarmine Prep cerca de Tacoma, Wash., Potoshnik lo ayudó a mejorar su ahora impecable mecánica de pitcheo y a desarrollar un pitcheo quebrado efectivo. Tambien trabajaron en la recta cortada que se ha convertrido en el arma más grande de Lester.
Lester, ahora de 27 años, fue seleccionado por los Medias Rojas y acordó firmar por un bono de 1 millón de dólares en 2002. Desde que él y su esposa Farrah, se mudaron a Georgia hace unos pocos años, regresa a casa en Tacoma cada vacación y hace el recorrido de una hora por lo menos dos veces a la semana para trabajar con Potoshnik.
Había momentos cuando Lester no dominaba. En sus primeras 47 apariciones en las menores, tuvo marca de 13-16 con 3.95 de efctividad. Pero Potoshnik recuerda que su actitud ante cada nuevo reto, incluyendo reponerse del linfoma de células grandes anaplástico, siempre permaneció igual.
“Jon siempre ha sido muy enfocado, y siempre ha tenido la habilidad para decir, ‘Ok, esto es lo que necesito para mejorar’”, dijo Potoshnik, quién también asesoró al relevista de los Medias Rojas Bobby Jenks en sus años de secundaria. “Con su rehabilitación y terapia para el cáncer, era el mismo estado mental. Era, ‘Ok, esto es lo que tengo que hacer para mejorar, y lo voy a hacer’”.
Hay que contar a Potoshnik entre aquellos que pensaron que Lester ganaría el juego de asegurar la Serie Mundial de 2007, lanzaría un juego sin hits ni carreras (19 de mayo de 2008 ante los Reales de Kansas City), lograría una temporada de 19 victorias y su primera aparición en el juego de estrellas el año pasado, y emergería como un legítimo as y un perenne contendor por el premio Cy Young de la Liga Americana.
La noticia de la semana pasada que anunciaba a Lester como el abridor del juego inaugural de los Medias Rojas el 1º de abril en Texas, no fue nada que Potoshnick no pensara que su antíguo protegido lograría algún día.
“Sólo con jugar a hacer lanzamientos largos cuando el tenía 15 años, podías verlo”, dijo Potoshnik. “Zurdo, atlético, y podía lanzar. Eso siempre es una buena combinación. Aún a los 15 años, parecía que podía hacer cualquier cosa que le pidieras”.
Los Medias Rojas lo han comprobado, algunas cosas no cambian.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 22 de marzo de 2011
El voluntarioso Marco Scutaro
Nick Cafardo. 20-03-2011
Bradenton, Fla. Nos gustan los peloteros que frotan tierra en sus manos, escupen en sus heridas y juegan con dolor.
Nos gustan los peloteros con dinamismo y personalidad, aquellos que aprecian todos los días el usar un uniforme de Grandes Ligas.
Marco Scutaro es uno de esos tipos.
Cualquiera que hubiese sentido tanto dolor como el que sintió Scutaro en su hombro y cuello la temporada pasada, no tenía motivo para jugar el shortstop de los Medias Rojas de Boston. Pero Scutaro lo hizo. ¿Saben por qué lo hizo? Porque no quería abandonar aquello por lo que trabajó tan duro: una oportunidad de ser regular en Grandes Ligas.
“Pasé tanto tiempo en el banco que siempre quiero jugar”, dijo Scutaro. “Esa es una de las razones por las cuales al final de la temporada el año pasado, cuando supe que no podía lanzar desde el shortstop, con Pedroia lesionado, les pregunté si podía jugar segunda base”.
Jed Lowrie llama la atención con su potencial ofensivo, y José Iglesias por su centelleante defensiva. Iglesias pareciera que será el shortstop regular de Boston en 2012 y quizás por muchos años, pero hay aprecio y respeto por Scutaro entre los coaches de los Medias Rojas y el manager Terry Francona.
“Es un buen pelotero”, dijo el antíguo gerente general de los Azulejos J.P. Ricciardi, ahora asistente especial de los Mets. “Te da todo lo que tiene y puede ser un pelotero muy efectivo con el madero, con poder ocasional. Es muy sólido al campo”.
“ Realmente es un tipo grandioso para cualquier equipo. Fue un utility la mayor parte de su carrera, pero ha sido capaz de ajustarse a ser regular y jugar duro todos los días”.
Algunos utilitys tienen alcance limitado, pero en los últimos dos años, Scutaro echó por tierra la sospecha de que se agotaría al jugar todos los días o que no sería tan efectivo si jugara una sola posición.
El año pasado, terminó participando en 150 juegos.
Él tuvo un nervio presionado en su cuello y luego su hombro se descontroló. Se atrofió, a menudo él le mostraba a los reporteros la diferencia en tamaño entre sus bíceps. Fue asombroso como lo manejó, pero batalló ante eso.
Scutaro recibía una inyección ocasional de cortisona y estaba “bien por un par de días, pero entonces me sentía terrible por los próximos 10”.
Pero con todas las lesiones de los regulares, Pedroia, Kevin Youkilis, Victor Martinez, Jacoby Ellsbury, Scutaro se mantuvo en juego. Terminó siendo el abridor de la alineación una buena parte de la temporada, aun cuando no tiene mucho de abridor. También terminó siendo el jugador del cuadro que el equipo necesitaba para salir a hacer el trabajo razonablemente bien de acuerdo a las circunstancias. Si usted se pregunta porque los Medias Rojas le dieron un contrato de 2 años por 12.5 millones de dólares a Scutaro, pronto reformulará la pregunta, porque ese contrato bien vale la pena.
“Cuando se es un tipo pequeño como yo, tienes que ser duro”, dijo Scutaro. “No tienes otra opción”.
Aún con las lesions, Scutaro alcanzó números cercanos a los que logró en Toronto el año anterior. Bateó .282 con 12 jonrones y 60 carreras empujadas para los Azulejos en 2009, luego .275 con 11 jonrones y 56 empujadas con los Medias Rojas en 2010.
Al campo, se siente como la noche y el día para Scutaro. La última temporada, sintió que nunca podría volver a lanzar una pelota. Era como si un cuchillo le atravesara el hombro, por lo que recortó el movimiento para lanzar. Ahora ha regresado a su movimiento natural, pero limitando el número de roletazos que toma en el infield. Tuvo tratamiento en el hombro, en el programa de lanzamiento del equipo, en vez de operarse.
“Todo ha salido bien”, dijo Scutaro. “Es cuestión de levantarse y sentirse bien y en forma para competir. Fue duro hacer un montón de trabajo extra el año pasado, hasta en la jaula de bateo. Tuve que hacer muchas cosas, paños calientes, anti-inflamatorios, hielo y calor, con tal de jugar. Algunas veces era muy frustrante. Pasé por muchos altibajos. En la primera mitad, lidié con el nervio, cuando recuperé la fuerza, empezó el dolor en el hombro. Fue una cosa detrás de la otra. Nunca me sentí bien”.
Para el futuro, Scutaro de 35 años, estará entrando a esa edad donde los equipos no lo apreciarán como regular. Por lo menos no en la posición de campocorto.
“Siento que aún puedo jugar”, dijo Scutaro. “El año pasado fue muy duro para mí. Nunca he estado en la lista de incapacitados. Me enorgullezco de jugar en cualquier partido que necesite jugar”.
“Sé que me estoy poniendo un poco viejo, pero todavía estoy en buena forma”.
“Miren a Omar Vizquel, tiene 43 o 44 años y pareciera que tiene 25. Mientras te mantengas sano, puedes salir al campo y competir con cualquiera”.
“No puedo manejar otro año como el anterior. Eso fue muy duro. Pero aprendes mucho de ti y de tu cuerpo”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Bradenton, Fla. Nos gustan los peloteros que frotan tierra en sus manos, escupen en sus heridas y juegan con dolor.
Nos gustan los peloteros con dinamismo y personalidad, aquellos que aprecian todos los días el usar un uniforme de Grandes Ligas.
Marco Scutaro es uno de esos tipos.
Cualquiera que hubiese sentido tanto dolor como el que sintió Scutaro en su hombro y cuello la temporada pasada, no tenía motivo para jugar el shortstop de los Medias Rojas de Boston. Pero Scutaro lo hizo. ¿Saben por qué lo hizo? Porque no quería abandonar aquello por lo que trabajó tan duro: una oportunidad de ser regular en Grandes Ligas.
“Pasé tanto tiempo en el banco que siempre quiero jugar”, dijo Scutaro. “Esa es una de las razones por las cuales al final de la temporada el año pasado, cuando supe que no podía lanzar desde el shortstop, con Pedroia lesionado, les pregunté si podía jugar segunda base”.
Jed Lowrie llama la atención con su potencial ofensivo, y José Iglesias por su centelleante defensiva. Iglesias pareciera que será el shortstop regular de Boston en 2012 y quizás por muchos años, pero hay aprecio y respeto por Scutaro entre los coaches de los Medias Rojas y el manager Terry Francona.
“Es un buen pelotero”, dijo el antíguo gerente general de los Azulejos J.P. Ricciardi, ahora asistente especial de los Mets. “Te da todo lo que tiene y puede ser un pelotero muy efectivo con el madero, con poder ocasional. Es muy sólido al campo”.
“ Realmente es un tipo grandioso para cualquier equipo. Fue un utility la mayor parte de su carrera, pero ha sido capaz de ajustarse a ser regular y jugar duro todos los días”.
Algunos utilitys tienen alcance limitado, pero en los últimos dos años, Scutaro echó por tierra la sospecha de que se agotaría al jugar todos los días o que no sería tan efectivo si jugara una sola posición.
El año pasado, terminó participando en 150 juegos.
Él tuvo un nervio presionado en su cuello y luego su hombro se descontroló. Se atrofió, a menudo él le mostraba a los reporteros la diferencia en tamaño entre sus bíceps. Fue asombroso como lo manejó, pero batalló ante eso.
Scutaro recibía una inyección ocasional de cortisona y estaba “bien por un par de días, pero entonces me sentía terrible por los próximos 10”.
Pero con todas las lesiones de los regulares, Pedroia, Kevin Youkilis, Victor Martinez, Jacoby Ellsbury, Scutaro se mantuvo en juego. Terminó siendo el abridor de la alineación una buena parte de la temporada, aun cuando no tiene mucho de abridor. También terminó siendo el jugador del cuadro que el equipo necesitaba para salir a hacer el trabajo razonablemente bien de acuerdo a las circunstancias. Si usted se pregunta porque los Medias Rojas le dieron un contrato de 2 años por 12.5 millones de dólares a Scutaro, pronto reformulará la pregunta, porque ese contrato bien vale la pena.
“Cuando se es un tipo pequeño como yo, tienes que ser duro”, dijo Scutaro. “No tienes otra opción”.
Aún con las lesions, Scutaro alcanzó números cercanos a los que logró en Toronto el año anterior. Bateó .282 con 12 jonrones y 60 carreras empujadas para los Azulejos en 2009, luego .275 con 11 jonrones y 56 empujadas con los Medias Rojas en 2010.
Al campo, se siente como la noche y el día para Scutaro. La última temporada, sintió que nunca podría volver a lanzar una pelota. Era como si un cuchillo le atravesara el hombro, por lo que recortó el movimiento para lanzar. Ahora ha regresado a su movimiento natural, pero limitando el número de roletazos que toma en el infield. Tuvo tratamiento en el hombro, en el programa de lanzamiento del equipo, en vez de operarse.
“Todo ha salido bien”, dijo Scutaro. “Es cuestión de levantarse y sentirse bien y en forma para competir. Fue duro hacer un montón de trabajo extra el año pasado, hasta en la jaula de bateo. Tuve que hacer muchas cosas, paños calientes, anti-inflamatorios, hielo y calor, con tal de jugar. Algunas veces era muy frustrante. Pasé por muchos altibajos. En la primera mitad, lidié con el nervio, cuando recuperé la fuerza, empezó el dolor en el hombro. Fue una cosa detrás de la otra. Nunca me sentí bien”.
Para el futuro, Scutaro de 35 años, estará entrando a esa edad donde los equipos no lo apreciarán como regular. Por lo menos no en la posición de campocorto.
“Siento que aún puedo jugar”, dijo Scutaro. “El año pasado fue muy duro para mí. Nunca he estado en la lista de incapacitados. Me enorgullezco de jugar en cualquier partido que necesite jugar”.
“Sé que me estoy poniendo un poco viejo, pero todavía estoy en buena forma”.
“Miren a Omar Vizquel, tiene 43 o 44 años y pareciera que tiene 25. Mientras te mantengas sano, puedes salir al campo y competir con cualquiera”.
“No puedo manejar otro año como el anterior. Eso fue muy duro. Pero aprendes mucho de ti y de tu cuerpo”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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