viernes, 8 de julio de 2016

Rico Brogna: Un tranquilo productor de carreras.

David Driver. Baseball Digest. Junio 1999. Con poca fanfarria, el primera base de los Filis empujó 104 carreras y bateó 20 jonrones en 1998. Richie Allen no lo hizo. Ni Deron Johnson, Pete Rose o John Kruk. Fue Von Hayes quién estuvo más cerca con 98 carreras empujadas en 1986. Desde Bill White hace más de tres décadas ningún inicialista de los Filis había coleccionado más de 100 carreras empujadas en una temporada. Esa racha terminó en 1998, cuando Rico Brogna en su segunda temporada con los Filis, sobrepasó esa marca por primera vez. White, antiguo presidente de la Liga Nacional, remolcó 103 carreras para los Filis en 1966. Brogna alcanzó ese nivel con estilo. Bateó dos jonrones ante los Mets de Nueva York el pasado 8 de septiembre para llegar a 101 carreras empujadas, lo cual representaba un tope en la carrera del residente de Connecticut de hablar pausado. Brogna, quien bateó .252 con 20 jonrones y 81 carreras empujadas en 1997, terminó la temporada de 1998 con promedio de .265, 20 jonrones y topes de carrera con 36 dobles y 104 carreras empujadas. “Mi enfoque principal al enfrentar la temporada pasada era mejorar el año anterior”, dijo Brogna, quien cumplió 29 años en abril. “Trato de no ponerme metas (con las estadísticas personales). Fui capaz de empujar más carreras el año pasado”. “He trabajado duro para tratar de ser mejor”, dijo Brogna poco despues de alcanzar la marca de las 100 carreras empujadas. “Nunca estuve pendiente de marcas. Solo quería mejorar. Lo mejor ocurre si tu equipo reconoce lo que haces”. Brogna es casi inexistente en la escena nacional, debido en parte a la presencia en la Liga Nacional de primeras bases como Mark McGwire, Jeff Bagwell, John Olerud y Mark Grace. “Hay muchos buenos primeras bases en la Liga Nacional. Puedes ir de uno en uno”, dijo Brogna. “Entiendo que todos quieran hablar de McGwire”. Así que es apenas fue un punto aislado el hecho de que Brogna haya alcanzado la marca de las 100 carreras empujadas la misma noche cuando McGwire bateó su jonrón 62 para rebasar la marca de una temporada impuesta por Roger Maris en 1961. Un video con el jonrón de McGwire que rompió la marca fue mostrado en la pantalla grande del Veteran’s Stadium de Filadelfia durante el séptimo inning del juego de los Filis con los Mets de esa noche. “En el terreno oíamos a los fanáticos enloquecer”, dijo Brogna cuyo equipo bateó siete jonrones esa noche. “Fue un momento escalofriante. Era una marca impresionante”. Brogna dijo que como primera base tiene la oportunidad de compartir con casi cada jugador de la liga, aunque breves, son encuentros cordiales. Así supo de primera mano de la generosidad de McGwire. El primera base de los Filis le pidió una pelota autografiada a McGwire antes de un juego en Filadelfia a comienzos de la temporada de 1998. Durante ese juego cuando ambos se encontraron en primera base, Brogna le agradeció al toletero de San Luis, quien agregó que estaría feliz de suministrarle más pelotas si las necesitaba. “Él las ofreció. No las pedí”, dijo Brogna. “Es uno de los tipos más agradables que he conocido”. Mientras Brogna está feliz de estar fuera de la luz pública nacional, dijo que los números ofensivos logrados por McGwire , Andrés Galarraga y Bagwell sirvieron como motivación para él después de la temporada de 1997. Desde que reconoció que necesitaba ser más productivo en una posición ofensiva clave, levantó pesas de cinco a seis días semanales en la Taft School de Connecticut, donde su padre, Joe, enseña mitología latina y griega. “Me hice más fuerte. Al saber que iba a jugar todos los días, quería estar fuerte al final de la temporada”, dijo Brogna. Brogna no es un extraño en la escuela de su padre. Fue entrenador de quarterbacks en Taft en 1994 y ha entrenado el equipo de baloncesto de primer año de Watertown High, su alma mater. Su familia se mudó a Watertown (población:5920) cuando el tenía siete años de edad. Nativo de Massachusetts, Brogna se ha convertido en hijo adoptivo. “El apoyo que he recibido de ese pueblo es tremendo”, dijo Brogna, un quarterback All American en la escuela secundaria quien fue reclutado por Clemson por su futbol americano. “Es un pueblo pequeño de Estados Unidos”. Y ahí fue donde, con trabajo duro, tomó forma su éxito en la temporada de 1998. Brogna dijo que casi desde el primer día del entrenamiento primaveral él toma práctica de bateo extra cada día con la antígua estrella de bateo Hal McRae, instructor de bateo de los Filis. “Quería asegurarme de que había mejorado mi balance de peso”, dijo él. “Conseguí un buen ajuste de peso en mi swing”. Esa técnica vital de transferir el peso desde la pierna trasera a la delantera fue reforzada por Bobby Valentine, quien fue manager de Brogna en las ligas menores con el Norfolk (Va.) AAA de la International League en 1994 y después con los Mets. Nueva York cambió a Brogna a los Filis el 27 de noviembre de 1996 por los pitchers Toby Borlan y Ricardo Jordan, y Brogna ha destacado en sus primeras dos temporadas con los Filis. Pero el sabe que otros lo han ayudado a alcanzar sus nuevos logros. Una vez que empezó la temporada de 1998, el cuarto bate Brogna estaba teniendo muchas oportunidades de empujar carreras porque el abridor de la alineación, Doug Glanville, tuvo la mejor temporada de su carrera. El segundo bate Greg Jefferies bateó bien antes de irse a los Angelinos en agosto y el tercer bate Scott Rolen alcanzó la marca de las 100 carreras empujadas la misma semana que Brogna. Brogna y Rolen fueron los primeros Filis en empujar 100 carreras en una temporada desde que Mike Schmidt y Juan Samuel lo hicieran en 1987. “No es posible sin los tipos que batean delante de ti. Scott convierte muchos sencillos en dobles. Cada vez que me doy cuenta, ellos están embasados”, dijo él. Brogna fue una escogencia de primera ronda de los Tigres de Detroit en el turno 26 del draft de 1988. Él avanzó en el sistema de ligas menores y debutó en Grandes Ligas con los Tigres en 1992. Fue un debut que abrió ojos. Detroit era entonces un equipo de veteranos y era dirigido por el futuro inquilino del Salón de la Fama, Sparky Anderson. Aunque el equipo terminó con marca de 75-87 (sexto en el este de la Liga Americana), el roster tenía veteranos tales como Alan Trammell, Lou Whitaker, Frank Tanana, Bill Gullickson, Rob Deer, Cecil Fielder, Dan Gladden y Gary Pettis. “Yo empecé el primer juego cuando me subieron (desde Toledo). Fue muy excitante”, dijo él. “Estoy agradecido de haber subido junto a un grupo de veteranos”. “Me enseñaron a ser respetuoso. El juego es definitivamente diferente hoy. Mantuve mis ojos abiertos”, dijo él. Brogna subió a las mayores en agosto de 1992 y bateó solo .192 en 26 turnos al bate. Bateó un doble en su primer turno de Grandes Ligas ante Dave Stieb el 8 de agosto. Fue enviado a Toledo pocas semanas después, pero no fue llamado de nuevo cuando el roster se expandió el 1 de septiembre. Todavía considera eso un gran disgusto. La próxima primavera, el 31 de marzo, fue cambiado por los Tigres a los Mets de Nueva York por Alan Zinter, un jugador de ligas menores. Brogna empezó esa temporada con el Norfolk Clase A, pero fue llamado por los Mets el 20 de junio, y después tuvo una seguidilla de 15 juegos bateando imparables. En 1995, pasó la temporada completa con los Mets y bateó el primer jonrón de Coors Field en Denver ante su coterráneo de Nueva Inglaterra Bill Swift y encabezó a los primeras bases en promedio defensivo (.998), con solo tres errores en 1208 lances. También bateó .289 con 22 jonrones y 76 carreras carreras empujadas. La próxima temporada, 1996, estaba bateando .255 con siete jonrones y 30 carreras empujadas, fue a la lista de incapacitados el 20 de junio con un ligamento torcido en su hombro derecho. Perdió el resto de la temporada. Brogna regresó más fuerte en 1997 y fue aun más impresionante en el ’98. El futuro de Brogna con los Filis depende del progreso que tenga Pat Burrell, el bateador de poder de 22 años quien fue la primera escogencia en el draft de junio del año pasado. Burrell es un primera base quien estaba viendo algun tiempo de juego en los jardines. Si no se puede adaptar a un guante de jardinero, los Filis lo pondrán en primera base, y moverán a Brogna a otra parte. “Sé que la organización está emocionada con el futuro de Pat”, dijo Brogna. “Pero eso es frustrante hasta cierto punto. Si Pat me pidiera que le enseñara a jugar primera base, definitivamente lo ayudaría. Es un bateador impresionante con mucho talento”. Mientras Burrell hace sus ajustes para convertirse en jugador clave de los Filis, Brogna sigue siendo productivo con poco reconocimiento. “Me siento bien haciendo el trabajo”, dijo Brogna quien solo hizo cinco errores en 1998. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Mark Funderburk, Fue Paciente- 1099

Domingo, 3 de noviembre de 2013. Mark Funderburk jugó tan lejos de las mayores como era posible en 1984, en Italia. Pero cada noche, le dijo a The Orlando Sentinel el agosto siguiente, él rezaba para regresar. Su carrera de Grandes Ligas en ese punto consistía en solo ocho juegos con los Mellizos de Minnesota a finales de la temporada de 1981. Pero el habló con el Sentinel en agosto de 1985, cuando parecía que su sueño de regresar podía convertirse en realidad. “Soy una persona muy religiosa, y mi fe en Dios me ayudó a aprender a ser paciente”, le dijo Funderburk a The Sentinel. “Eso me ha dado paz interior. Había momentos cuando pensaba en renunciar, pero entonces me decía, ‘El Señor me dio un talento, y voy a seguir tratando hasta que logre mi meta’. Pienso que esta vez tengo una buena oportunidad”. Y tuvo una buena oportunidad. En semanas, Funderburk estaba de vuelta en las mayores, de vuelta en Minnesota. Entonces, por un mes, Funderburk fue regular en Grandes Ligas. La carrera de Funderburk empezó en 1976, tomado por los Mellizos en la ronda 16 del draft, en Louisburg College de North Carolina. Con los Mellizos, Funderburk comenzó con el Elizabehton de la liga de novatos, para llegar al Wisconsin Rapids de Clase A fuerte en 1977. Pasó al Orlando AA en 1980, entonces aterrizó en el Toledo AAA en 1981. Fue en septiembre de 1981 cuando Funderburk hizo su primer viaje a las mayores. Participó en ocho juegos, consumió 15 turnos al bate. En total, consiguió tres imparables. Desde ahí, Funderburk regresó a las menores, en 1982 regresó a AA. Luego de jugar brevemente con el Omaha AAA de la organización de los Reales de Kansas City en 1983, terminó esa temporada en México y el año siguiente jugó en Italia. Despues de eso, Funderburk regresó a Orlando. Allí era donde vivía su familia política. Sus pensamientos eran que se había terminado su carrera de beisbolista, y se enfocaría en su otro amor, la carpintería, escribió The Sentinel. Por eso fue que pensó que el gerente general de Orlando, Bob Willis, lo había llamado en el receso de esa temporada. “Cuando yo jugué aquí, Willis sabía de mi hobby”, le dijo Funderburk a The Sentinel. “Pensé que me iba a pedir que le hiciera un trabajo de carpintería para él o para el clubhouse”. En vez de eso, Willis estaba tratando de armar un equipo. Quería que Funderburk regresara a jugar. De vuelta en las menores, Funderburk, bateó, y bateó bien. Al final del año, bateaba .283. Tambien había descargado 34 jonrones. Nunca había bateado tantos en una temporada. Bateó lo suficientemente bien para llamar la atención del nuevo manager de los Mellizos en Minnesota, Ray Miller, de acuerdo a The Associated Press. “Miré las estadísticas y pregunté quien era ese tipo”, le dijo Miller a AP. “Dije, bien, si él sigue bateando, le daremos un vistazo. Todos me dijeron que él era un bateador que le hacía swing a todo quien ya había estado aquí antes. Yo dije, ‘No debe estar haciéndole swing a todo ahora. No se está ponchando”. Miller habló con The AP después que Funderburk empujara tres carreras en un juego de finales de septiembre en Kansas City. En total, Funderburk empujó 13 carreras ese septiembre. También coleccionó 22 imparables, incluyendo sus únicos dos jonrones en Grandes Ligas Funderburk siguió jugando en las menores por dos temporadas más, pero nunca regresó a Minnesota. A partir de allí, Funderburk tuvo una breve carrera como coach de ligas menores, entre 1988 y 1992 fue coach de bateo de vuelta en Orlando para los Mellizos en AA, aunque nunca fue coach en Grandes Ligas. Su trabajo era tratar de hacer que los jóvenes prospectos de los Mellizos llegasen a las Grandes Ligas. “Nunca hubo dudas de que Ray podía batear. Un día su bateo lo podía llevar a las Grandes Ligas”, le dijo Funderburk a The Sentinel del joven bateador Ray Ortiz en 1992. “Pero las Grandes Ligas están llenas de bateadores dsignados…Ray tiene que mejorar su juego en los jardines si quiere legar allá y quedarse”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 5 de julio de 2016

Cardiopatías de Último Inning

Desde el 24 de junio de 2016 inscribi uno de mis textos en el Concurso Literario de Freeditorial, quien lo desee puede revisar el texto en esta dirección https://freeditorial.com/…/bo…/cardiopatias-de-ultimo-inning, Concurso Literario Freeditorial 2016.

lunes, 4 de julio de 2016

Retrospectiva: Bob Lennon despacha una marca de 64 jonrones.

Bill Traughber, historiador de beisbol de Nashville. Nashville Sounds. 19-07-2015. Esta entrevista entre el antiguo jardinero central de los Vols’ de Nashville Bob Lennon y Bill Traughber es de abril de 1999. Lennon falleció el 14 de junio de 2005, a la edad de 76 años en su hogar de Dix Hills, NY. Durante la temporada de 1954 de la Southern Asociation, los aficionados al beisbol de Nashville vieron a uno de sus jonroneros perseguir y romper la marca de una temporada. El jardinero dentral de los Vols’, Bob Lennon, bateó 40 de sus 64 jonrones en Sulphur Dell. Lennon, nativo de Brooklyn, firmó un contrato de liga menor con los Dodgers de Brooklyn en 1945 a la joven edad de 16 años. Luego de unos años en el sistema de ligas menores de los Dodgers, los Gigantes de Nueva York, el equipo matriz de los Vols de Nashville en ese momento, lo adquirió. En 1952, Lennon debutó con los Vols luego que el Minneapolis AAA lo enviara abajo a cambio de Dusty Rhodes. Una temporada completa en 1953 estableció a Lennon como el jardinero central regular. 23 de Agosto de 1954, esa fue la fecha cuando el nuevo Southern Slugger hizo su aparición en el libro de records. Lennon borró la marca anterior de 52 jonrones, la cual pertenecía a otro Vol, Charlie Workman, desde 1948. El pitcher de Arkansas Milt Jordan recibió el histórico quincuagésimo tercer estacazo en Travelers Field de Little Rock. Lennon también terminó como líder de la Southern Association en carreras empujadas (161), bases totales (444), imparables (210), carreras (139), mientras bateaba para .345. “Hugh Poland fue el manager y Larry Gilbert (antíguo manager de los Vols) era copropietario”, dijo Lennon desde su hogar de Dix Hills, NY. “Ellos me cambiaron el estilo de bateo al comienzo de la temporada y eso de verdad me ayudó ese año. Me hicieron agachar donde yo solía batear erguido y tenía dificultad para batear la recta alta”. “Al agacharme, la zona de strike bajó hasta donde yo podía batear mejor. Me hicieron practicar agachándome cerca de una semana y me dijeron que lo intentara en un juego. Lo hice y bateé un jonrón en el primer juego. Ahí empezó todo”. Sulphur Dell era publicitado como el estadio más viejo del beisbol organizado. Un promontorio en el jardín derecho conocido como el “basurero” retaba a los jardineros. Los bateadores sentían la tentación de apuntar hacia la pared del jardín derecho porque solo estaba a 262 pies del plato. “Si jugabas en el jardín derecho siempre decían que tenía que correr con zancadas largas y cortas”, dijo Lennon riendo. “Yo jugaba en el jardín central y a veces tenía que jugar entre el centro y la derecha para tratar de hacer las atrapadas. Sé que algunos tipos quienes jugaban en el jardín derecho se tropezaban con el promontorio cuando iban a hacer una jugada. Era un estadio divertido, con la pared alta y todo eso”. El jonrón más memorable de Lennon fue el número 53 para romper la marca. “Igualé la marca en Atlanta y todos tomaban fotografías cada vez que que yo hacía swing en el plato”, dijo Lennon. “Los fotógrafos estaban en el terreno. Rompí la marca en Little Rock, Arkansas al batear un jonrón ahí. Por supuesto, detuvieron el juego”. “Pat Mullin fue un pelotero de Grandes Ligas por muchos años con Detroit. Él vino, me estrechó la mano y me dijo que me había comportado muy bien al no alardear ni saltar. Hace años no se hacía mucho eso en comparación a como lo hacen hoy. Si te excedías en eso, el pitcher te tiraba al suelo”. Lennon terminó la temporada con 64 jonrones, lo cual siempre será una marca para la Southern Association. La Association desapareció después de la temporada de 1961. Los Vols no pasaron a los playoffs esa temporada (1954) y los Gigantes llamaron a Lennon a las mayores. No pudo conectar imparables en tres apariciones como emergente. Los Gigantes ganaron el banderín esa temporada y barrieron a los Indios de Cleveland en la Serie Mundial donde Lennon no fue legible para el roster de postemporada. “Fue una gran emoción estar en el equipo que ganó el banderín y la Serie Mundial”, dijo Lennon. “En 1956, estuve subiendo y bajando como un ascensor. Yo jugaba en el jardín derecho y Willie Mays jugaba. Wes Westrum, era el cátcher, Alvin Dark el campocorto. Fue una gran experiencia jugar con todos esos tipos incluyendo a Monte Irvin. Jugué con algunos que están en el Salón de la Fama, es agradable decir que jugué con ellos”. Lennon empezó la temporada de 1955 en la American Association AAA con el Minneapolis. Estaba liderando la liga con 19 jonrones luego de 45 juegos. Esto era en una liga, donde estaban Roger Maris y Rocky Colavito. Lennon terminó esa temporada con 31 jonrones, pero perdió seis semanas de la temporada debido a una lesión en el hombro. En los playoffs y la pequeña Serie Mundial él bateó 10 jonrones más. Luego Lennon fue cambiado a la organización de los Cachorros y eventualmente fue tomado en waivers por Detroit. “Cuando fui a Nueva York para jugar ante los Yanquis, me puse el uniforme y salí al terreno”, dijo Lennon. “Jim Bunning (inquilino del Salón de la Fama) estaba en el equipo entonces y se acercó para decirme, ‘Muchacho, estoy feliz de que estés en mi equipo’. Dijo eso porque el fue uno de los tipos a quien yo le bateaba bien en las menores. Debido a mi lesión en el brazo fui devuelto a los Cachorros”. Lennon jugó cuatro temporadas más en la organización de los Dodgers y terminó su carrera en 1961. Como ligaminorista Lennon bateó .281 en 1784 juegos, 1699 imparables, 1067 carreras empujadas y 278 jonrones. En las Grandes Ligas con los Gigantes de Nueva York (1954, 1956) y los Cachorros de Chicago (1957) Lennon tuvo 38 turnos oficiales al bate con promedio de .165 (75-13), cuatro carreras empujadas y un jonrón. Irónicamente su único jonrón en Grandes Ligas fue conectado en su natal Brooklyn. “Nací en Brooklyn”, dijo Lennon. “Mis hermanos y yo íbamos a ver a los Dodgers. Fantaseábamos sobre batear jonrones en Ebbets Field. Era escalofriante estar en un estadio de Grandes Ligas”. “Fuimos a jugar ante lols Dodgers y Bob Scheffing era el manager. Me puso a jugar en el jardín central esa noche. Sal Maglie lanzaba esa noche así que imaginé que me iba a molestar con sliders. El primer envío lo devolví por toda la raya del jardín derecho contra la pared, salió de foul por centímetros. Entonces el lanzamiento siguiente bateé un jonrón de tres carreras. Fue algo muy grande”. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del traductor: Números de Bob Lennon con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1954-55 de LVBP: 51 J, 188 VB, 31 CA, 51 H, 8 2H, 2 3H, 9 HR, 37 CI, 27 BB, 33 K, 5 BR, .271 AVG.

viernes, 1 de julio de 2016

Las destrezas de PlayStation de José Altuve, convierten al hombre más pequeño de MLB en una amenaza para el premio Jugador Más Valioso (MVP)

Jeff Passan. Yahoosports.com. 28-06-2016. Temprano esta temporada, cuando el enfrentamiento entre José Altuve y Jake Marisnik estaba en sus etapas nacientes, se produjo un combate de lucha entre los dos. Era algo tan desproporcionado que en un momento Altuve tuvo que recurrir a George Springer para que lo auxiliara contra Marisnik. Para este momento Altuve se las arreglaba solo, y Marisnik lo dominaba cuando tropezaron con una silla. El ruido alertó a A.J. Hinch, el manager de Altuve, Marisnik y el resto de los Astros de Houston, y cuando él asomó su cabeza para ver que causó la conmoción, señaló hacia un solo lado. “Jake”, dijo Hinch, “no lastimes a Altuve”. “Bien, ¿que tal si él me lastima a mi? dijo Marisnik. “Yo te puedo reemplazar”, dijo Hinch. “No puedo reemplazar a Altuve”. Sin discusión, Hinch estaba diciendo la verdad. Muy pocos peloteros en el beisbol pueden ser llamados irreemplazables, y el jugador de posición más pequeño que el juego ha visto en tres décadas resulta ser uno de ellos. Tres veces integrante del equipo de estrellas, dos veces líder de bases robadas y una vez campeón de bateo, este año Altuve ha ayudado a revivir a los Astros de su catástrofe de abril al tratar de agregar otro premio a su colección: jugador más valioso de la Liga Americana. Está bateando .38 para encabezar la liga, negociando boletos el doble de lo que consiguió la temporada pasada y alcanzando un porcentaje de slugging de .560, más de 100 puntos por encima de su tope previo. Solo otros cuatro peloteros además de Altuve tienen más boletos que ponches: David Ortiz, Anthony Rizzo, Bryce Harper y Ben Zobrist. Se puede decir esto de Altuve: Se mantiene en buena compañía. “A veces las personas dicen que eso parece fácil”, dijo Altuve. “Nunca es fácil. No importa que tan bien conectes la pelota, que tan a menudo hagas contacto con la pelota. No es fácil. Tienes que hacer todo lo que puedas para batear, para embasarte”. La evolución de Altuve desde la impericia hasta la maestría se aceleró en 2014 y galvanizó esta temporada. Altuve es un perseguidor de metas habitual. Quería firmar con un equipo. Los Astros le dieron 15000 $ a los 16 años en Venezuela. Quería llegar a las Grandes Ligas. Debutó a los 21 años. Quería ganar un título de bateo. Altuve bateó .341 en 2014. Quería ganar in título de bases robadas. Estafó 56 bases ese año. Quería llegar a la postemporada. Los Astros perdieron una disputada serie divisional la temporada pasada ante el eventual campeón Kansas City. Ahora quiere disciplina en el plato. “Él realmente no necesitaba eso”, dijo el gerente general de los Astros Jeff Luhnow, “porque puede batear como Vladimir Guerrero y hacer contacto con cualquier pelota en cualquier lugar. Una cosa que él ha notado este año es que aún si batea .250 con esos pitcheos malos mientras otros tipos batean .120, si él deja pasar esos envíos, el pitcher se ve obligado a venir por su zona feliz, y entonces él es un bateador de .450 en esa area. Luhnow no está exagerando. La zona nitro de Altuve está sobre la mitad y en la esquina interna del plato. Alta, media, baja, no importa. En esas seis zonas, Altuve batea .426 esta temporada y un slugging cercano a .800. “El muchacho juega PlayStation ahí”, dio Springer. “Nosotros sudamos la gota gorda ahí, y él juega PlayStation. Es impresionante. El tipo puede hacer lo que quiera. Dijimos anoche que él no solo es bueno bateando, sino que es bueno bateando donde los jugadores al campo no están. Él ha descifrado eso”. Batear donde los jugadores al campo no están, ¿es como colocar la pelota? “Si, 100 por ciento”, dijo Springer. “Él es así de bueno”. Altuve no presumiría de tener tal tipo de control con el madero. Mientras Hinch dijo “sus destrezas para hacer contacto bate-pelota no están por detrás de nadie”, la idea de que Altuve es algun tipo de mago con coordinación mano-ojo, fuerza en las muñecas y pura intuición es lo que tomaría hacer eso… bien, eso es como decir que alguien quién mide menos de 1.65 metros batea más jonrones por la banda contraria esta temporada que Harper, Rizzo, Mike Trout, Kris Bryant, Nolan Arenado, Robinson Canó y Yoenis Céspedes. Y ¿quién creería eso? “Hosey puede batear la pelota hacia donde quiera, y eso es impresionante”, dijo Springer. “No sé como. Si yo pudiera, lo intentaría. Él solo tiene ese gen para batear”. No solo la genetica ha propulsado a Altuve a la carrera por el premio al jugador más valioso junto a Trout, Josh Donaldson y Manny Machado. Él permanece en forma superlativa. Entiende que a los 26 años necesita tiempo para mantenerse y recuperarse, así que ya no toma sesiones de práctica de bateo de cien pitcheos para pulir algo tan elaborado como su swing. “Para mi, él es el pelotero más completo del juego en este momento”, dijo Luhnow. “No pienso que haya alguna deficiencia en su juego”. Nada, eso parece, puede parar a Altuve. Excepto un casco de bateo. Algo de contexto, para aquellos quienes no han visto el glorioso tropiezo: Altuve estaba teniendo una noche a lo Altuve contra Kansa City, sencillo, doble y jonrón, cuando metió una pelota entre el jardín izquierdo y el central. Altuve quería la escalera, y al considerar sus facultades, estaba corriendo a una velocidad por encima de la 21 millas por hora, probablemente lo iba a conseguir. De pronto su casco de bateo se desprendió, y se enredó entre sus tobillos, lo cual causó una reacción en cadena de fallas espaciales que terminó con el abdomen de Altuve impactando sobre la almohadilla de segunda base, rebotando en el suelo y dejando su dignidad en el mismo lugar que su potencial escalera. En la banca, Springer bromeaba, penalidad para Altuve por punzarlo la noche anterior cuando no pudo conectar un envío en conteo de 3-0. Otros en el dugout también se burlaron. Altuve desplegó una sonrisa de chivo. “Disfruto mucho que los muchachos se rían de mi”, dijo él, y aunque pueda parecer como algo que una estrella diría de manera reflexiva, con Altuve es muy cierto. El día final de la estadía en Kansas City, él llegó para un juego vespertino siempre animado, se detuvo frente a su casillero, listo para ponerse sus ropas de trabajo. Esperándolo en su casillero estaba un presente que parecía sospechoso como un par de sandalias de baño cubiertas con vendajes y apretadas con cinta adhesiva. Altuve sabía que adentro había una sorpresa, una nube de polvo blanco. Se volteó y miró a Marisnick, quien jugaba cartas con sus compañeros de equipo. “Yo no fui”, dijo Marisnik, y Altuve volteó de nuevo hacia el casillero, dudoso, con ideas de revancha fluyendo en su mente. Por el momento, eso tendría que esperar. Tenía un juego donde participar, algunos imparables que batear, un triunfo que llevara a casa. Otra meta en una lista que se hace más corta mientras el hombre más pequeño del juego mejora y mejora. Traducción: Alfonso L. Tusa C.