viernes, 5 de agosto de 2016

Andrés Reiner, uno de los grandes artífices del redimensionamiento del beisbol venezolano.

La noche de este jueves 4 de agosto, Pedro Ricardo Maio y Pascual Artiles, moderadores de un programa radial de Grandes Ligas, me sorprendieron con una noticia triste. El hombre de beisbol, el scout de tantos hallazgos importantes, el forjador de peloteros como Bob Abreu, Johan Santana, Melvin Mora, Richard Hidalgo, Raul Chavez, Alejandro Freire y tantos otros, había dejado de existir. De inmediato vinieron a mi memoria pedazos de la columna Extrainning de Rodolfo Mauriello o fragmentos de comentarios de John Carrillo en el circuito radial de los Navegantes del Magallanes o en transmisiones de Grandes Ligas, relacionados con el trabajo incansable, religioso casi indetenible durante los 365 dias del año de un señor llamado Andrés Reiner, quién desde su labores de asesor del Magallanes pasó a trabajar en el sistema de ligas menores de los Astros de Houston y tuvo mucho que ver con el resurgimiento de la organización y con la firma de muchos prospectos venezolanos de una era que el propio Carrillo llamó la época dorada del beisbol venezolano. Más adelante en el tiempo Reiner trabajaría con los Rays de Tampa Bay. Maio refería como durante la tarde habían entrevistado a Bob Abreu y también habían leído o escuchado una entrevista de Melvin Mora. Ambos con voz entrecortada recordaban su relación deportiva y personal con Reiner. Particularmente recuerdo un artículo de Baseball Digest acerca de Johan Santana, luego que este ganara su primer premio Cy Young, donde se hablaba del viaje de varias horas por tierra que hizo Reiner desde Valencia hasta Mérida para ir a ver a un muchacho de 16 años, un pitcher zurdo. Varias personas le dijeron que era un riesgo, una inversión de tiempo, la molestia del viaje en bus, que probablemente todo ese esfuerzo terminaría en el cesto de la basura; además tenía que recordar que no solo debía convencer al muchacho, sino a sus padres. Reiner, imbuido de esa dosis de obstinación y optimismo que tienen las personas que alcanzan grandes metas, se subió al autobús, y aunque pasó momento difíciles tratando de convencer a los padres de Santana, terminó logrando la firma. Todos los peloteros coincidieron en que Reiner, más allá del buscador de talento que les planteó la posibilidad de firmar con una organización de beisbol profesional, fue un padre para ellos, una figura muy familiar que les aportó lo que ni sus propios padres podían darle. Siempre estaba ahí las 24 horas del día para darles consejos, observaciones, correcciones. Quizás la reflexión que más me impresionó fue la que hizo Melvin Mora, al plantear que los equipos Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes deberían considerar realizar un tributo póstumo a Reiner, antes de uno de sus juegos de la temporada 2016-17, con la presencia de todos los peloteros preparados por Reiner para que firmaran al profesional que puedan asistir. Sería una ocasión inolvidable, uno de esos actos profundos que hacen del beisbol ese momento especial que complementa la vida de muchos. Alfonso L. Tusa C. 05-08-2016. ©

El bateo de Mike Hampton recuerda a una generación pasada de lanzadores.

Bob Herzog. Newsday. Baseball Digest. Noviembre 2001. Mientras Joe Torre miraba a sus pitchers tomar unos swings tentativos y defectuosos en la jaula de bateo a comienzos de este verano, el manager de los Yanquis solo pudo agitar la cabeza y murmurar: “Muchos pitchers de hoy le tienen miedo a la pelota”. Torre recordó una época cuando ese no era el caso. “Warren Spahn bateó de emergente por mi cuando yo era un novato”, Torre, un bateador vitalicio de .297 con 252 jonrones, dijo de su temporada de 1960 junto al inquilino del Salón de la Fama de los Bravos de Milwaukee, ganador de 300 juegos. “Él bateó un elevado de sacrificio. No pude reclamar. Yo tenía 20 años de edad y estaba feliz de estar en las Grandes Ligas. Y Spahnnie era un buen bateador”. Momentos después, Torre oyó un crujido resonante seguido de una pelota estrellándose en el segundo piso. “Ese no es Pettitte”, bromeó Torre, cuya vista de la jaula desde el dugout era interferida por una nube de reporteros. Pero Torre conoce a sus peloteros. Andy Pettitte, un jugador de la Liga Americana quien raramente batea debido a la regla del bateador designado implementada en 1973, nunca ha bateado un imparable en Grandes Ligas, El toletero del momento era Mike Stanton, un competente bateador quien tiene de 14-7 en su carrera de grandeliga, la cual naturalmente empezó en la Liga Nacional. “Stanton puede batear”, declaró Torre. Esa es una frase rara vez emitida acerca de un pitcher en la actualidad. Con la excepción de Mike Hampton de Colorado, quien estaba amenazando la marca de jonrones en una temporada para un pitcher, el segundo siglo de beisbol comienza con el término “pitcher bateador” lo cual es principalmente un oximoron. “Hampton obviamente es un tipo quien hace contacto y es un atleta”, dijo Stanton del pitcher zurdo de los Rockies quién tenía siete jonrones, 13 carreras empujadas, 20 anotadas, y un promedio de bateo de .290 (20 imparables en 69 turnos al bate) hasta el 26 de agosto de 2001. “Está lanzando hasta tarde en el juego y consigue tres o cuatro turnos al bate por juego. Eso ayuda”. Pero Hampton es un regreso al pasado. Aún en la Liga Nacional hay pocos pitchers que destacan con el bate. La razón es simple: Batear para los pitchers ha pasado a un plano secundario debido a la regla del bateador designado, en todos los niveles, y la mayoría de los pitchers no lo practican como lo hacían en el beisbol previo a 1973. Con tantos pitchers cambiando de liga en la era de la libre agencia y la expansión, es fácil olvidar los bates al empacar y mudarse. Cualesquiera hayan sido las destrezas de bateo que esos peloteros nómadas hayan tenido, ahora están atrofiadas por el desuso. “Bateé 15 jonrones en mis primeras nueve temporadas en la Liga Nacional”, dijo el coach de pitcheo de los Ducks de Long Island, Rick Wise, un veterano que jugó 18 años en las Grandes Ligas (1964, 1966-1982). Entonces pasé seis años en la Liga Americana sin tocar un bate. Regresé al final de mi carrera para un par de temporadas en la Liga Nacional y a duras penas podía batear. Mi coordinación mano-ojo era inexistente”. El comentarista Tim McCarver, quien jugó con y contra algunos de los mejores pitchers bateadores de la historia durante su carrera de 21 años en las Grandes Ligas (1959-1980), notó en los pitchers de hoy, “Batear ya no es más una destreza que deban demostrar”. Pero comenzando con Babe Ruth en 1915, los anales del beisbol están rociados con cuentos de pitchers que podían batear. “Los pitchers quieren ser bateadores y los bateadores quieren ser pitchers”, dijo Stanton. Ruth, por supuesto, hizo ambas cosas. Así como lo hizo, por breve tiempo, el inquilino del Salón de la Fama, Bob Lemon. Pero el antiguo Indio y una vez manager de los Yanquis no pudo batear lo suficientemente bien como tercera base/jardinero y casi fue despedido por Cleveland en 1946. Lo que lo salvó fue su experiencia como pitcher mientras servía en la segunda guerra mundial, cuando enfrentó a numerosos contemporáneos de las Grandes Ligas. Pitchers más bateadores de jonrones en una temporada: Wes Ferrell (Indios de Cleveland) 9 en 1931. Wes Ferrell (Medias Rojas de Boston) 7 en 1935. Bob Lemon (Indios de Cleveland) 7 en 1949. Don Newcombe (Dodgers de Brooklyn) 7 en 1955. Don Drysdale (Dodgers de Los Angeles) 7 en 1958. Don Drysdale (Dodgers de Los Angeles) 7 en 1965. Earl Wilson (Medias Rojas/Tigres) 7 en 1966. Earl Wilson (Tigres de Detroit) 7 en 1968. Mike Hampton (Rockies de Colorado) 7 en 2001 (hasta el 26 de agosto). “Se puede pensar que él es un tercera base, pero yo sé que es un pitcher”, le dijo el catcher Birdie Tebbetts a la gerencia de los Indios. “Bateé contra él durante la guerra en el Pacífico, y si nunca tengo que batear contra el otra vez, me sentiría afortunado”. Lemon ganó 207 juegos a pesar de comenzar a jugar tarde y el servicio militar. También bateó para un respetable .232 y 32 jonrones en su carrera, segundo de todos los tiempos tras Wes Ferrell, quien largó 38 cuadrangulares y bateó .280. Ferrell bateó nueve en una temporada para Cleveland en 1931, la marca que Hampton está persiguiendo. “Pero él está bateando la mayoría de sus jonrones en Coors Field, ¿no?”, soltó el coach de los Yanquis Don Zimmer. Uno de los primeros grandes pitchers bateadores sin el nombre de Babe fue Red Ruffing. El inquilino del Salón de la Fama ganó 273 juegos en el lapso 1924-1947. Al ser cambiado desde los Medias Rojas a los Yanquis en 1930, la carrera de Ruffing despegó. Ganó 20 juegos cuatro veces y fue uno de un pequeño grupo de pitchers en batear .300 y ganar 20 juegos en la misma temporada, otra marca que Hampton podría alcanzar en años futuros. En 1939, Ruffing tuvo marca de 21-7 para los campeones mundiales Yanquis y bateó .307 con 20 carreras empujadas en 114 turnos al bate. Bateó 36 jonrones vitalicios, tercero de todos los tiempos, y es el líder de todos los tiempos entre los pitchers en dobles (97) y carreras empujadas (273), Sorprendentemente, Ruffing bateó como emergente 228 veces en su carrera, logró 58 imparables, para un promedio de .254 que Rey Ordóñez estaría orgulloso de alcanzar. Pitchers ganadores de 20 juegos quienes batearon .300. 1922-Joe Bush (Yanquis): 26-7, 95 Vb, 31 H, .326. 1911- Jack Coombs (A’s): 28-12, 141 Vb, 45 H, .319 1924- Wilbur Cooper (Piratas): 20-14, 104 Vb, 36 H, .346 1939- Curt Davis (Cardenales): 22-16, 105 Vb, 40 H, .381 1926- Pete Donohue (Rojos): 20-14, 106 Vb, 33 H, .311 1965- Don Drysdale (Dodgers): 23-12, 130 Vb, 39 H, .300 1931- Wes Ferrell (Indios): 22-12, 116 Vb, 37 H, .319 1935- Wes Ferrell (Medias Rojas): 25-14, 150 Vb, 52 H, .347 1951- Ned Garver (Carmelitas): 20-12, 95 Vb, 29 H, .305 1970- Bob Gibson (Cardenales): 23-7, 109 Vb, 33 H, .303 1901- Clark Griffith (Medias Blancas): 24-7, 89 Vb, 27 H, .303 1920- Burleigh Grimes (Dodgers): 23-11, 111 Vb, 34 H, .306 1928- Burleigh Grimes (Piratas): 25-14, 131 Vb, 42 H, .321 1912- Claude Hendrix (Piratas): 24-9, 121 Vb, 39 H, .322 1971- Catfish Hunter (A’s): 21-11, 103 Vb, 36 H, .350 1925. Walter Johnson (Senadores): 20-7, 97 Vb, 42 H, .433 1900- Brickyard Kennedy (Dodgers): 20-13, 123 Vb, 37 H, .301 1907- Ed Killian (Tigres): 25-13, 122 Vb, 39 H, .320 1930- Ted Lyons (Medias Blancas): 22-15, 122 Vb, 38 H, .311 1921- Carl Mays (Yanquis): 27-9, 143 Vb, 49 H, .343 1955- Don Newconbe (Dodgers): 20-5, 117 Vb, 42 H, .359 1934- Schoolboy Rowe (Tigres): 24-8, 109 Vb, 33 H, .303 1939- Red Ruffing (Yanquis): 21-7, 114 Vb, 35 H, .307 1917- Babe Ruth (Medias Rojas): 24-13, 123 Vb, 40 H, .325 1947- Johnny Sain (Bravos): 21-12, 107 Vb, 37 H, .346 1924- Joe Shaute (Indios): 20-17, 107 Vb, 34 H, .318 1958- Warren Spahn (Bravos): 22-11, 108 Vb, 36 H, .333 1900- Jesse Tannehill (Piratas): 20-6, 110 Vb, 37 H, .336 1923- George Uhle (Indios): 26-16, 144 Vb, 52 H, .361 1939- Bucky Walters (Rojos): 27-11, 120 Vb, 39 H, .325 1903- Cy Young (Medias Rojas): 28-9, 137 Vb, 44 H, .321 Batear como emergente aún no es un punto a destacar en la carrera de Hampton, pero eso no era poco común en los mejores pitchers bateadores hasta los años ’60. Zimmer recordó ser sustituido varias veces para que el as de pitcheo de Brooklyn, Don Newcombe (quien algunas veces bateaba de octavo y a menudo aparecía entre los bateadores de los Dodgers en los promedios diarios de los periódicos) bateara de emergente por él. Newk lanzaba a la derecha pero bateaba a la zurda. “Él era un gran bateador de pelotas bajas”, recordó Zimmer. “Si era una recta baja a los zapatos, él la mataba”. En 1955, Newcombe tuvo quizás la mejor temporada ofensiva para un pitcher, bateó .359 en 117 turnos, con nueve dobles, siete jonrones y 23 carreras empujadas. Como bateador emergente esa temporada Newcombe se fue de 21-8. “Él bateaba como emergente por mi y el infielder Billy Cox. ¿Qué podíamos decir? ¡Él bateaba .360!” rió Zimmer, quien bateó .239 esa temporada. Cox bateó .211. Don Drysdale era otro pitcher de los Dodgers de esa época (1956-1969) quien tenía poder, bateó dos veces siete jonrones en una temporada y largó dos cuadrangulares como emergente en 1965, un año en el cual bateó .300, el promedio más alto de todo el equipo, entre todos los peloteros de los Dodgers. Otro pitcher contemporáneo citado como bateador excepcional era Bob Gibson de los Cardenales (1959-1975), quien bateó cinco jonrones en una temporada dos veces, robó 13 bases en su carrera, ganó nueve guantes de oro y fue, de acuerdo a McCarver, “El atleta consumado en ambas facetas de la pelota”. Aunque Hampton no es tan rápido como Gibson, es una amenaza triple de la actualidad. Él le mostró a los aficionados de Nueva Yok su nivel de pitcheo, defensiva y bateo en 2000 con los Mets y lo confirmó con los Rockies este año. Pero aunque Hampton bateó dos jonrones y fue el pitcher ganador del 5 de junio ante los Astros en Coors Field, ha habido mejores actuaciones en ambos frentes. Wise bateó un par de jonrones de dos carreras y lanzó un juego sin hits ni carreras en la victoria 4-0 de los Filis sobre los Rojos el 23 de junio de 1971. Tony Cloninger el coach de bullpen actual de los Yanquis bateó dos jonrones con las bases llenas y empujó nueve carreras al liderar a los Bravos sobre los Gigantes en Candlestick Park, el 3 de julio de 1966. Ambos pitchers recordaron en detalle sus días mágicos. “El primer jonrón lo bateé ante una slider alta de Ross Grimsley”, dijo Wise. “El segundo fue con un pitcheo en cuenta de 2-0. Miré hacia el coach de tercera base en busca de una seña, pero él se volteó. Fue un lanzamiento defectuoso de Clay Carroll, una recta por el medio”. Esos dos jonrones más el hecho de que Wise había liderado a los pitchers de la Liga Nacional con un promedio de .270 en 1969, le dio un status de exaltado con el manager Frank Lucchesi. “El juego siguiente al sin hits ni carreras, yo estaba perdiendo ante los Mets 3-1 en el noveno inning”, dijo Wise. “Teníamos un corredor en base con un out, y me dejaron batear. Bateé un largo elevado que atraparon en la zona de seguridad y perdimos el juego”. Cloninger dijo que ni siquiera vio su primer jonrón de bases llenas contra San Francisco hace 35 años. “Bateé duro por todo el jardín central, pero agaché la cabeza y corrí fuerte”, dijo Cloninger, quien bateó cinco jonrones esa temporada. “Willie Mays (el inquilino del Salón de la Fama de los Gigantes) había saltado sobre la cerca para robarme un jonrón en mi primer turno al bate en las mayores. Así que no podía andar con tonterías”. “En el segundo, me fui hacia la otra banda y mandé la pelota sobre la barda del jardín derecho. Bateé un sencillo para empujar otra carrera. Entonces en el noveno, bateé la pelota fuerte hacia el jardín izquierdo con dos hombres en base, pero me atraparon el batazo. ¡Hubieran sido 11 carreras empujadas!”. Cloninger dijo que no era un buen bateador al principio de su carrera, pero mejoró, “cuando tenía mi casillero entre (los toleteros del Salón de la fama) Hank Aaron y Eddie Matthews. Ellos siempre hablaban de la ubicación de los pitcheos y buscaban un pitcheos. Yo tomé algo de eso”. Stanton cree, que todos los pitchers de ligas mayores de la actualidad deberían buscar mejorar su bateo. “Con todo el tiempo que tienen los peloteros, no hay excusa para que los pitchers no sean capaces de superarse con el bate”, dijo el lanzador zurdo. Él le da crédito a su progreso, usado poco porque es relevista y ha estado en la Liga Americana desde 1995, a su compromiso por batear con la organización de los Bravos de Altlanta. “Subí con ellos a finales de los años ’80 y ellos hacían énfasis en eso”, dijo Stanton. “Ellos querían que fuésemos capaces de tocar la pelota, batear y correr. Cualquier cosa para ayudar a ganar a tu equipo”. Stanton considera al zurdo de Atlanta, Tom Glavine, uno de los mejores pitchers bateadores del momento: “Número 1 el hace que los toques vayan por el suelo. Número 2, hace contacto. Pone la pelota en juego y presiona la defensa. Consigue quedarse hasta los innings finales de los juegos porque puede ayudar al equipo con su bate”. Esa también era la filosofía de Wise, “Siempre sentí que mi bateo me daba una ventaja”, dijo el hombre de 55 años de edad. “El otro pitcher tenía que enfrentar nueve bateadores. Yo sólo tenía que enfrentar ocho”. Con pocas excepciones, ese todavía es el caso de la Liga Nacional. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del traductor: Números de Mike Hampton al final de la temporada de 2001: Como pitcher: 14-13, 5.41 efect., 203 IP Como bateador: 7 HR, 16 CI, 20 CA, 79 Vb, 23 H, .291 AVG Números de Mike Hampton con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1994-95: 8 J, 4 G, 2 P, 45.1 IP, 34 HP, 9 CL, 47 K, 11 BB, 1.79 EFEC.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Dean Hartgraves sella la barrida de Ashville con un juego sin hits ni carreras.

Mike Gore. Corresponsal deportivo del Asheville Citizen-Times ©. 12-08-1988. El pitcher del Ashville Dean Hartgraves celebró su cumpleaños 22 con estilo la noche de este viernes en McCormick Field. Hartgraves, lanzó un juego sin hits ni carreras y ponchó 11 en el segundo juego de una doble cartelera en la Sally League, contra Myrtle Beach para darle a los Tourists un triunfo 3-0 y barrer a los Blue Jays. Un sencillo de Eddie Rentería con dos outs en el séptimo inning del primer juego llevó a los Tourists a una victoria 6-5 en el primer juego. Hartgraves (4-8) estuvo por la goma desde el comienzo al ponchar los primeros siete bateadores y retirar los primeros once que enfrentó antes de caminar a Rolando Pino (3b) en el cuarto inning. “Yo nunca había lanzado un juego sin hits ni carreras en mi vida. Ni en las pequeñas ligas, Babe Ruth o en la secundaria”, dijo Hartgraves. “Esto es un sentimiento increíble. Yo tenía comando en mis pitcheos y mi receptor (Joe Ortiz) llamó un gran juego y lo hizo fácil para mi. También tuve un gran respaldo detrás de mi”. Hartgraves tuvo sobresaltos en el sexto y el séptimo episodios, pero grandes jugadas del segunda base Rentería en el sexto y el jardinero central Dan Nyssen en el séptimo salvaron el sin hits ni carreras. En el sexto, Pino bateó un roletazo lento con dos outs, hacia segunda base, pero Rentería tomó la pelota e hizo out a Pino por un paso. En el séptimo, Nyssen hizo una atrapada lanzándose de cabeza para decapitar una línea floja de Luis Sojo (ss) abriendo el inning. Entonces Jeff Hearron (bd) conectó un roletazo al tercera base Luis González, cuyo tiro alto sacó al primera base, Carlos Henry de la base para un error. Luego Bernie Núñez (rf) se ponchó antes que Todd Provence (1b) roleteara hacia González, quién lanzó a segunda para forzar al corredor emergente Mark Young con el out final. El sin hits ni carreras fue el primero de un Tourist desde que Rich Strasser y Arbrey Lucas registraron joyas de nueve innings en 1983. Ambas en la carretera, la de Lucas contra Columbia (un triunfo 1-0) y la de Strasser ante Anderson (3-0), González descargó su primer jonrón de la temporada en el primer episodio ante el abridor Nate Cromwell (8-5) para darle a Ashville (29-25) ventaja de 1-0- Rentería anotó por wild pitch en el segundo inning y un senillo impulsor de Dan Lewis (1b) en el sexto completó la anotación. En 7 innings, Hatgraves recetó 11 ponches y concedió 2 boletos. Su marca quedó en 4-8. La barrida colocó a los Tourists (segundo lugar) a tres juegos del líder de la división norte, Greensboro, el cual venció a Savannah 3-1. *** Luego de graduarse en la escuela secundaria de Oregon, Dean Hartgraves asistió al junior college en el pueblo del norte de California, Weed, en el College of the Siskiyous. Jugó beisbol en ambos años mientras destacaba académicamente. Los Mets de Nueva York lo seleccionaron en la ronda 12 del draft de enero de 1986, pero él no quiso firmar. Para 1987, se mudo a la Fresno State University, donde también jugó beisbol. El 2 de junio del ’87, los Astros convirtieron al lanzador zurdo en su escogencia de la ronda 20, y dos semanas después, él firmó. Los Astros lo asignaron al Auburn, donde agenció buenos números en ponches, terminó segundo de Todd McClure entre aquellos que lanzaron más de 3 juegos con el equipo, en ponches por cada nueve innings. Aunque su barajita Star de 1990 con Columbus diría más adelante que Hartgraves tenía buen control, en el ’87, terminaría igualado en el octavo lugar de 11 pitchers quienes lanzaron en más de tres juegos para Auburn ese año, en boletos por cada nueve innings. Para 1988, Hartgraves conseguiría la promoción al Ashville, y estaba en medio de lo que podría se considerado un año bueno, cuando lanzó la gema descrita en esta página. Hartgraves ganaría otro juego y perdería otro luego de su sin hist ni carreras para terminar el año con 5-9, y efectividad de 4.49. Y aunque ponchó 11 de los 24 hombres que enfrentó durante el nohitter, su tasa de ponches durante el año se redujo casi a la mitad de lo que había logrado en el ’87 con el equipo de temporada corta. Sin embargo, mejoró ligeramente su tasa de boletos respecto al año anterior. Pasó la mayor parte de 1989 repitiendo en Ashville, fue promocionado al Osceola de Clase A Avanzada a finales de ese año, y fue allí donde Hartgraves lanzó una segunda gema, el lunes 21 de agosto, en un juego en casa recortado a seis innings versus los Red Sox de Winter Haven. Entonces Hartgraves se convirtió en solo el tercer pitcher de la historia de los Astros, en lanzar dos no-hitters para la organización. El venezolano Juan Quintana lanzó dos para el Durham, uno en 1965 y otro en 1966, mientras que Don Wilson lanzó un par con el equipo de Grandes Ligas, uno en 1967 y el otro en 1969. Hartgraves es el único de los tres en lanzar uno con equipos diferentes, y también el único en lanzar sus dos sin hits ni carreras en menos de nueve innings. Tener dos juegos sin hits ni carreras en tu curriculum es agradable, eso definitivamente hace que te noten en una página web como esta, pero eso no ayudó a Hartgraves a conseguir un trabajo en las Grandes Ligas. Él siguió lanzando en el sistema de los Astros, fue promovido a AA en 1990 y a AAA en 1991. Finalmente en 1995, Hartgraves empezó la temporada como cerrador en el Tucson AAA, su contrato fue comprado por los Astros el 24 de abril. Debutó en Grandes Ligas ante los Cachorros de Chicago el 3 de mayo, permitió una carrera en un inning. Hizo 10 apariciones más, y tuvo efectividad de 3.43 antes de ser opcionado de regreso a Tucson cuando Mike Hampton volvió de la lista de incapacitados el 12 de junio. Hartgraves regresó a los Astros el 4 de julio y alcanzó su primera victoria en Grandes Ligas el 16 de agosto en Filadelfia, a solo seis días de su cumpleaños 30. La barajita Donruss ’96 de Hartgraves, refiere que Hartgraves no permitió jonrón alguno hasta el 27 de septiembre, y de hecho, su efectividad en el Astródomo en 1995 fue 0.45. Hartgraves fue invitado al entrenamiento primaveral en 1996, pero fue opcionado a Tucson en el penúltimo corte del 30 de marzo, luego de tener marca de 0-1 con 13.00 de efectividad en seis juegos de la liga de la toronja. Hartgraves lanzó bien en Tucson, y fue llamado de nuevo el 22 de mayo. Siguió lanzando bien en casa, y agenció efectividad de 0.69 en diez juegos allí. Pero la efectividad en la carretera fue 15.00, y fue enviado de vuelta a Tucson el 14 de julio. Fue llamado de vuelta el 19, pero cinco días después fue colocado en waivers de manera irrevocable. El día siguiente fue reclamado por los Bravos de Atlanta y enviado al Richmond AAA. Los Bravos lo llamaron y él debutó con Atlanta el 7 de agosto, y lanzó en 20 juegos para los Bravos. Pasó todo 1997 en Richmond, y fue dejado en libertad por los Bravos el 15 de octubre de ese año. Fue capaz de regresar con la organización de los Gigantes para 1998, y luego de abrir el año con el Fresno AAA, participó en 5 juegos con San Francisco, uno de los cuales fue contra Houston, en el cual permitió 3 carreras en un inning y un tercio. Otra aparición de tres carreras seis días después ante los Cardenales se convirtió en su despedida; los Gigantes lo devolvieron a Fresno, y a finales de septiembre, Hartgraves hizo su postrera aparición profesional en la misma ciudad donde lanzó en el beisbol universitario doce años antes. Los Gigantes lo despidieron, y se cerró el libro de la carrera del zurdo, el 15 de octubre de 1998. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 1 de agosto de 2016

Edgar Ramos deja sin hits ni carreras a los Captains de Shreveport

© The Jackson Clarion-Ledger. Shreveport.- Edgar Ramos se convirtió en el primer pitcher de los Generals de Jackson en lanzar un no-hit no run la noche de este martes 6 de agosto de 1996, al dominar a los Captains de Shreveport 3-0 en el primero de una serie de cinco juegos en la Texas League AA. Ramos, un derecho venezolano de 21 años de edad, caminó a cuatro y golpeó a dos bateadores al convertirse en el primer pitcher de Jackson en alcanzar un no-hitter individual desde Juan Rodriguez de los Mets de Jackson en 1982. Fue segundo no-hitter de la historia de los Generals. Kevin Gallagher y Jaime Daspit se combinaron en un juego acortado por la lluvia, un trabajo de siete innings contra Tulsa en 1994. El no-hitter de Rodríguez también fue de siete innings. El último no-hitter de nueve innings de un pitcher de Jackson fue de Rick Anderson de los Mets en 1979. Ramos, quién ponchó siete, tuvo su momento más difícil en el séptimo episodio cuando luego de un out, una línea de Gary Phillips (3b) amenazaba con caer imparable cuando Donovan Mitchell se lanzó sobre la grama del jardín derecho para atrapar la pelota Ramos 4-3, extendió su racha de innings seguidos sin permitir carreras hasta 17. En una actuación de 8 episodios el jueves pasado, él dejó sin anotaciones a Tulsa, en una victoria 1-0, y permitió solo dos imparables. Él retiró los primeros ocho bateadores de Shreveport antes de golpear al pitcher Keith Foulke y bolear al siguiente bateador. Él caminó a otro y golpeó a otro en el cuarto episodio y caminó a dos seguidos con ocho lanzamientos en el sexto. En el octavo el abridor de la alineación Dante Powell se embasó por error del campocorto Russ Johnson. A partir de ahí, Ramos retiró los últimos seis bateadores en fila, cerró el juego con un elevado de Jon Sbrocco (2b) al jardinero izquierdo Buck McNabb. Fue el primer sin hits ni carreras de la Texas League desde 1994. Ramos hizo 119 lanzamientos en la obra maestre de 2 horas y media. “Él no tuvo sus mejores lanzamientos”, dijo el manager de los Generals, Dave Engle. “Tuvo una mejor curva en su última apertura”. Los Generals tomaron la delantera en el primer episodio con jonrón de dos carreras de Richard Hidalgo (cf) trajo al plato a Melvin Mora (2b) delante de él, fue su décimo tercer cuadrangular de la temporada y primero desde el 29 de junio. En el sexto capítulo, Hidalgo anotó mediante elevado de sacrificio del cátcher Mitch Meluskey. Ramos fue promovido a los Generals en Junio desde Kissimmee desde la Florida State League. Perdió sus primeras dos decisiones, al compilar una efectividad de 13.50 en tres aperturas. Entonces perdió tres semanas con una lesión en la espalda. Su regreso lo ha visto permitir solo seis carreras limpias en 35 episodios. Reseña del Astroland.org. Aunque los Captains de Shreveport no eran un equipo afiliado de los Medias Rojas de Boston, quizás el punto más notable acerca del no-hitter del Sr. Ramos fue que estuvieron involucrados dos peloteros quienes jugarían papel importante en el año de campeonato de los Medias Rojas en 2004. El pitcher abridor de los Captains de ese día (Foulke) lanzaría el último envío de la Serie Mundial de 2004, mientras su primera base regular y cuarto bate, Paul Mirabelli, podría haber sido el catcher de reserva más famoso en la historia de los Medias Rojas. El artículo del Clarion Ledger menciona la promoción de Ramos desde el Kissimmee alrededor de un mes antes en 1996, pero no explica la razón de eso, la cual fue la marca de 9-0 de Ramos, y su efectividad d 1.51. Aunque terminó el año con Jackson, Ramos terminó siendo el segundo pitcher más ganador de Kissimmee en 1996, y contribuyó a la efectividad que le dio el liderato de la liga al equipo ese año en ese renglón. Jackson ganó el campeonato de la Texas League en 1996, aunque Ramos no contribuiría con otro triunfo en la temporada regular después de su no-hitter. Terminó con marca de 4-5 y efectividad de 4.88. Fue seleccionado por los Filis desde los Astros en el draft de regla 5 de diciembre de 1996, pero fue devuelto a los Astros luego de pitchear un par de juegos para el equipo afiliado Filis de Clearwater y cuatro más con Filadelfia en Grandes Ligas. Devuelto al Jackson AA, Ramos nunca ganó un juego en 1997, ni con los Filis ni con los Astros. En 1998, Ramos dividió el año entre Jackson y el New Orleans AAA, ganó dos juegos en cada lugar, antes de terminar su carrera en el beisbol organizado de Estados Unidos. Por todo tuvo marca de 28-26 en el sistema de los Astros, con efectividad de 3.80. Como la fórmula Game Score de Bill James no deduce nada por hits conectados, Ramos puede ser acreditado con un Game Score de 90 por su no-hitter, muy respetable, tal vez un poco exagerado para un juego en el cual el equipo sin imparables dejó más corredores en base que el ganador. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

¿El próximo Ty Cobb? Para José Altuve, el hipérbole, como los límites, si acaso existen.

Tyler Kepner. The New York Times. 27 de Julio de 2016. Houston.- De todas sus maravillosas estadísticas de esta temporada, José Altuve está más pendiente de los juegos donde ha participado. Altuve, el segunda base de los Astros de Houston, ha jugado todos los 101 juegos de esta temporada, parte de una seguidilla activa que lidera las mayores. Me siento orgulloso de jugar cada día”, dijo Altuve. “Eso es lo que de verdad me hace feliz. Los números pueden cambiar. Puedes estar aquí, luego mañana puedes estar allá. Pero pienso que el valor de un pelotero que sale y juega todos los días es grande”. Cuando ese pelotero es Altuve, el valor no puede ser más alto. A dos mese de terminar la temporada, él parece ser el líder en la carrera por el premio al jugador más valioso de la Liga Americana. Solo un Astro ha sido jugador más valioso de su liga, Jeff Bagwell en 1994. Bagwell está en la cúspide de la elección al Salón de la Fama. Altuve, 26, tiene un largo camino por recorrer, pero su trayectoria es esperanzadora. Antes de irse en blanco este martes 26 de julio en la derrota 6-3 ante los Yanquis, él estaba liderando las mayores en promedio de bateo, porcentaje de embasado y bases totales. El año pasado, ganó un guante de oro como segunda base. “Él ganó el título de bateo hace dos años, y regresó aún más hambriento el año siguiente”, dijo el infielder de los Astros Marwin González, quien ha conocido a Altuve desde que eran adolescentes en Venezuela. “Eso es lo que las personas no saben de él. Cualquiera sea la forma como termine esta temporada, él va a querer más el año que viene y trabajará más duro. Nunca es suficiente para él”. Pocos peloteros han empacado sus números de la forma como lo está haciendo Altuve ahora. El último pelotero que terminó la temporada como líder de la Liga Americana en promedio al bate, imparables, porcentaje de embasado, bases robadas y bases totales fue Ty Cobb en 1917. Cobb también lideró en porcentaje de slugging, sus seis jonrones clasificaron cuartos en la liga, y la marca de Altuve de .566 para este miércoles 27 de julio lo ubicaba tercero en la Liga Americana. Sus 17 jonrones son un tope en su carrera y un resultado directo, creen los Astros, de ser más selectivo. Cada temporada, dijo el manager A.J. Hinch, Altuve se fija una meta nueva. Hace dos años, antes que llegara Hinch, Altuve quería liderar la liga en imparables. LA temporada pasada, quería ganar su primer guante de oro. Esta temporada, quería mejorar su criterio de la zona de strike. Eso parece elemental, pero Altuve no necesita hacerle swing a pelotas en la zona de strike para conseguir imparables. Similar a Yogi Berra (quien tenía una estatura parecida a la de Altuve, apenas una pulgada más alto), Altuve es un clásico bateador de pelotas malas. “Él no tenía mucho inventivo como otros bateadores para cambiar su enfoque”, dijo el gerente general Jeff Luhnow, “porque le podía hacer swing a una pelota bien afuera de la zona, una pelota a la cual diríamos que nunca se le debe hacer swing, y la podía conectar de sencillo, doble y ocasionalmente jonrón. Así que el mecanismo de retroalimentación no decía, ‘No hagas eso’. Básicamente tiene un gran control con el bate que le permite salir adelante en esa circunstancia”. Esencialmente, Altuve decidió que ser capaz de batear pelotas malas no lo iba a privar de buscar envíos buenos. Luego de cinco temporadas de Grandes Ligas, el dijo que podía utilizar un plan de juego más sofisticado para hacer que los pitchers respetaran su disciplina. “Año tras año, aprendes un poco cada día”, dijo Altuve. “A veces vas al plato y tienes una idea, una idea clara de loa que te van a lanzar. Pienso que eso es todo: buscar mejores pitcheos para batear, darte cuenta cuando conectas mejor la pelota, que envío bateas, si estás siguiendo mucho la pelota. Si descifras eso, puedes mejorar un poco como pelotero”. Esta temporada Altuve ha visto más pitcheos por aparición al plato que nunca (un promedio de 3.57 hasta este lunes 25 de julio), y ha alcanzado un porcentaje más alto de conteos 2-0, 3-0 y 3-1 que nunca antes. Todavía puede conectar casi cualquier pitcheo, pero ahora tiene más oportunidades de dirigir la pelota. “Tuve una conversación con él al comienzo de la temporada, acerca de algunos de los tipos que él observa”, dijo Hinch. “Le gusta Miguel Cabrera, le gusta Victor Martínez, le gusta Ian Kinsler. Jugamos ante los Tigres temprano, y cuando hablas de esos bateadores, piensas en peligro”. “Esos peloteros combinan los boletos con el poder”, dijo Hinch y agregó, “No pienso que José estaba en esa categoría hasta esta temporada, cuando fortaleció su criterio de la zona de strike y empezó a producir a gran altura”. Los Astros, quienes tienen la mejor marca del beisbol desde el 1 de mayo hasta este lunes 25 de julio, han sido reconocidos largamente por su compromiso organizacional con el análisis. Altuve fie firmado originalmente por la gerencia previa, pero frimó una extensión bajo Luhnow en 2013 que lo liga a los Astros hasta 2019. El máximo valor de la negociación, si el equipo ejerce las dos opciones, es de seis años y 25 millones de dólares. Altuve todavía puede ser agente libre a los 29 años, pero la negociación es una ganga para los Astros, quienes no sabían que él evolucionaría de esta manera. Los modelos estadísticos no consideran que un pelotero que ha sido tan bueno pueda mejorar tanto. “No pensaba que eso era posible después del año pasado, pero él se las arregló para hacerlo”, dijo Luhnow del crecimiento contínuo de Altuve. “Ha tenido un juego más completo este año. Está teníendo un impacto aún más grande en este equipo. Es la razón de que tengamos el éxito que hemos tenido”. Este martes los Astros y Altuve perdieron, el promedio del segunda base bajó a .355 y su promedio de embasado a .422. Pero el miércoles estaba de vuelta como siempre lo hace, para seguir aumentando su seguidilla de juegos jugados, la cual llega a 192. Eso está a unas 15 temporadas completas de la marca de Cal Ripken de 2632. Altuve idolatraba a otro campocorto de la Liga Americana en los años ’90, Omar Vizquel, pero sabía que Ripken tiene la marca. No sabía el número. “Dos mil, hombre, eso es mucho”, dijo Altuve. “Es casi imposible”. Casi pero no completamente. Altuve no tiene límites. Traducción: Alfonso L. Tusa C.