sábado, 18 de junio de 2011

El center fielder de los campeones de 1941

Héctor Benítez Redondo dejó de existir este viernes 17 de junio de 2011. Era uno de los sobrevivientes de aquel equipo que había hecho sonreir a toda Venezuela. Su elegancia con el guante, y su efectividad con el madero fueron los comentarios que más escuché o leí sobre quién conformaba junto a José Antonio Casanova (ss), Dalmiro Finol (2b) y Enrique Fonseca o Guillermo Vento la línea central de aquel equipo venezolano.
En una función del documental “Venezuela al bate” de Carlos Oteyza lo vi a la distancia de una larga fila de personas que esperaba por un autógrafo de quién fuera la génesis o inspiración de jardineros centrales como Victor Davalillo, Raul Pérez Tovar, Juan Francisco Monasterio, Endy Chávez o Franklin Gutiérrez. Traté de acercarme pero la muchedumbre era tal que debí conformarme con una visión panorámica de aquel ídolo que junto a sus compañeros inspiró aquel discurso de Andrés Eloy Blanco: “Pero la radio va anunciando los triunfos, nos dice que un grupo de los nuestros, y no de los que han vivido mejor, sino de los que tienen que correr más detrás de un pan que de una pelota, está imponiendo su músculo y su mente en un concurso con atletas internacionales. Y entonces el que ya va creyendo en la anemia como en un destino, cree en si mismo como en un camino”.
Una página refulgente del beisbol venezolano que siempre brillará en cada atrapada, en cada demostración de su brazo para enfriar corredores, en cada batazo, en su aporte para alcanzar aquel trofeo en La Habana que aun resuena en los pasillos deportivos de la venezolanidad para recordarnos que si nos lo proponemos podemos alcanzar grandes metas.
Descansa en paz Héctor Benítez Redondo, un jardinero central de gran calibre.

Alfonso L. Tusa C.

viernes, 17 de junio de 2011

Otro ángulo de Sparky Anderson.

Bob Hertzel. Baseball Prospectus.

Era uno de aquellos días frios de invierno de Ohio, el viento soplaba desde Cleveland, a través de Columbus y hacia Cincinnati, el recuerdo de la Serie Mundial perdida ante los Orioles de Baltimore por la flamante Gran Maquinaria Roja se desvanecía con el paso de los días. Era uno de aquellos días tranquilos en las oficinas del Cincinnati Enquirer, donde cada quién esperaba que 1970 diera paso a 1971.
El correo llegó al departamento en la mañana, pero los reporteros no empezaron a revisarlo hasta mediados de la tarde. Era la época del año cuando llegaban las tarjetas de Navidad, hablamos de los dias previos a las computadoras, las tarjetas estaban hechas de papel y eran firmadas a mano. Una que llegó aquella tarde nos llamó la atención, traía calidos saludos navideños de George Anderson.
¿George Anderson? ¿Quién carrizo es George Anderson? Pensamos todos. ¿Conoces a George Anderson? ¿No? Hablamos del tema por unos 30 minutos y no lo pudimos descifrar.
De pronto, alguien dijo: “Epa, ¿Cuál es el primer nombre de Sparky?” Allí se aclaró todo.
Sparky Anderson, el manager de los Rojos locales, el hombre que había ganado un banderín y 70 de sus primeros 100 juegos como manager de Grandes Ligas había enviado una tarjeta de Navidad, e hizo falta el concurso de los genios de la redacción deportiva, incluyendo al tipo que cubrió los 162 juegos de la temporada, toda la Serie de Campeonato de la Liga Nacional que fue una barrida ante los Piratas de Pittsburgh, y la Serie Mundial, para determinar que él había firmado la tarjeta con su nombre de pila.
Nadie más que su esposa lo llama George. Cuando estás en la intimidad lo último que quieres hacer es llamar “Sparky” a tu compañero de vida. Pero en el terreno de juego el solo podía ser Sparky.
Que magnifico hallazgo fue él para el gerente general Bob Howsam. Qué tal si él saludara con un encabezado que dijera “¿Sparky quién?” cuando llegara a la ciudad y que tal si hubiese desteñido su prematuro cabello gris porque en su tonalidad natural se parecía a Casey Stengel más que cualquier otro tipo de 36 años que se le asemejara.
Él fue la pieza perfecta para un equipo que estaba a punto de convertirse en uno de los más grandes del béisbol, un hombre que desarmaba a los medios con su propia versión del lenguaje inglés, uno que era parte Stengelista y el resto puro Sparky.
Por casi una década encontró la forma de mantener enfocado a un grupo de jugadores que eran tan buenos que ganar podría haberse convertido en algo fastidioso, de dirigir para permitir que Johnny Bench y Pete Rose y Joe Morgan y Tany Pérez coexistieran en el mismo clubhouse, siendo cada uno una superestrella, cada uno con un carrera del Salón de la Fama.
Él sabía como manejar al a veces temperamental David Concepción, dejaba que algunos de los personajes más difíciles del béisbol como Clay Carroll, Pedro Borbón, Bernie Carbo y Rawly Eastwick hicieran lo que querían mientras les exprimía lo que él quería que hicieran en el terreno sin que se dieran cuenta que los estaban exigiendo. Todo ese tiempo el fue sólo Sparky.
Su carrera como jugador activo dejó algo codiciado, ese algo sería un hit ocasional. Él era el peor jugador del peor equipo del béisbol, duró una sola temporada en las Grandes Ligas, jugó para Eddie Sawyer y los Filis de Filadelfia de 1959.
Disfrutaba al recordar la reunión con Sawyer antes de empezar los entrenamientos primaverales, reunió a su equipo alrededor de él en el centro del diamante y les dijo que eran el peor equipo del béisbol.
“Imagínate que el manager te diga que perteneces al peor equipo del béisbol y aún no has jugado ni un partido”, Anderson se maravillaba.
Cuando el año de Anderson en las Grandes Ligas finalizó, él había troquelado su nombre en los libros de records, para el momento poseía el promedio de bateo más bajo con .218 y había coleccionado la menor cantidad de imparables de cualquier jugador que hubiese jugado 150 o más juegos en una temporada. Esto fue un record hasta que Dal Maxvill, el short stop buen guante, bate nulo de los Cardenales de San Luis, tuvo una temporada peor para robar el trueno de Anderson. Pero a Sparky Anderson le gustaba decir que él había hecho algo que Maxvill nunca hizo.
“Le bateé un doble contra la pared a Sandy Koufax”, adoraba cantar Anderson.
Él no lo dijo, pero pudo haberlo dicho, usted puede comprobarlo. Yo lo hice, y comprobé que el 24 de agosto de 1959, Sparky Anderson le bateó un doble a Koufax en una derrota 8-2. De lo que Anderson evitaba hablar era que Koufax todavía no era el pitcher que dominaría el béisbol, aquel año tuvo marca de 8-6 con efectividad de 4.05. Por supuesto, considerando que Anderson nunca bateó otra pelota contra la pared ante ningún otro pitcher y terminó con un total de 12 extrabases, ninguno de ellos jonrón, fue un logro digno de Hércules alcanzado por un bateador liliputiense.
Tratar con Anderson como manager era una delicia. No era que cubrir a los Rojos fuese una nulidad en temas de que escribir, todo lo que había que hacer era caminar hacia él:”Epa, Spark, necesito una historia para un dia libre”, y el llenaba el salón con los cuentos de su única temporada en la Gran Carpa.
Como podía haber desperdicio al escribir de la “Dalton Gang” la cual tomó al joven novato a su cuidado…no era que eso fuese una gran cosa. La Dalton Gang de los Filis de 1959 obtuvo ese nombre porque funcionaba de noche y siempre se metía en problemas.
Los aficionados de hoy se han olvidado de Dick Farell, quién era el Turk, Jim Owens, conocido como el Bear (Oso), y Seth Morehead, quién fue reemplazado, luego que fuese cambiado el próximo año, por Jack Meyer, apodado el Bird (Pajaro) mucho antes de que alguién supiera de Mark Fidrych. Este era un grupo de grandes afectos, vida salvaje y mucha bebida, que usaba pantalones de béisbol.
Las historias de Anderson de cómo ellos rompieron todos los espejos una noche en un hotel de San Francisco eran interminables, y de cómo Farrell, quién se convertía en un espíritu cruel cada vez que perdía, rompió un espejo en un bar de Milwaukee, luego explicó: “Miré en el espejo, no me gustó lo que vi, por eso le di un puñetazo”.
Una noche, después que ellos golpearon al empleado de un bar, el gerente general John Quinn los multó por “estar no sobrios”, lo cual fue un maravillosos eufemismo.
Tan sorprendente como aún parece, Anderson dirigió a los Rojos hasta 1978 cuando cometió el pecado de terminar segundo, al ganar “sólo” 92 juegos. Descubrir que lo habían despedido fue una historia en si misma, yo había llamado a Anderson en aquella vacación para tratar un asunto totalmente distinto, hablé con él alrededor de 20 minutos.
Él nunca habló que se había reunido temprano aquel día en un hotel de Los Angeles con Dick Wagner, la mano derecha de Howsam, y lo habían despedido. Pero me dí cuenta de eso cuando hablaba del equipo, se mantuvo llamándolos “ellos”.
Al colgar el teléfono, les dije a los que estaban en la oficina, “No me van a creer esto, pero pienso que Sparky fue despedido”.
Resultó que él no estaba acabado como manager. Se unió a los medios y los fanáticos de los Tigres de Detroit por 17 años más, ganó 1331 juegos más para terminar una carrera de Salón de la Fama con 2194 victorias. Eso es una gran cantidad de juegos ganados, pero creanlo o no, el fue un ganador más grande como persona.

Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Hasta siempre “Carrao” Bracho.

Lo recuerdo con el uniforme anaranjado de las Águilas del Zulia en un juego dominical por la mañana. En esa época trabajaba como relevista y en esas labores consiguió su triunfo 109 que lo ubica como el pitcher con más victorias en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional.
Nunca supe el porque de su apodo. Imagino que hay alguna relación con el ave del mismo nombre, autóctona de los llanos, el porte y la elegancia del pitcher tal vez hicieron recordar estas características de los carraos.
José de la Trinidad Bracho nació en Maracaibo, Zulia, el 23 de julio de 1928, y falleció el 16 de junio de 2011 en su hogar de Maracaibo. El mal de Alzheimer lo afectó en la última etapa de su vida.
El Carrao tenía la sapiencia y la determinación para ser un gran pitcher y así lo demostró en la liga venezolana. Se ajustaba a las dificultades y tenía la capacidad para realizar lanzamientos desde diferentes ángulos del brazo. Su lanzamiento más emblemático era el tenedor que en aquella época muy pocos lo sabían lanzar y eso le daba un arma adicional para sacar de paso a los bateadores.
Su mejor temporada en la LVBP fue la de 1961-62. Entonces ganó 15 juegos y perdió 5. Permitió 130 hits en 160 innings. Ponchó 97 y concedió 44 boletos. Dejó una efectividad de 2.25 en 21 juegos. Esos 15 son la marca de más juegos ganados en una temporada para un lanzador en la liga venezolana. También en esa temporada implantó la marca de más juegos completos en la liga en una temporada (14).
Solo actuó en cuatro temporadas en el exterior. Su gran temor a los aviones le impidió muy probablemente jugar en la Gran Carpa. Su mejor campaña en las ligas menores sucedió en 1955 cuando jugó para el Havana Sugar Kings, filial de los Rojos de Cincinnati en la Internacional League AAA. Esa vez ganó 9 juegos y perdió 5. 21 juegos. 18 aperturas. 8 juegos completos. 2 blanqueos. 132 innings. 115 hits. 54 carreras. 48 limpias. 3.27 de efectividad. 8 jonrones. 41 boletos. 62 ponches. 6 golpeados. 1 balk. A la defensiva hizo 7 outs. 16 asistencias. 0 errores. 2 dobleplays.
En la LVBP jugó para Cervecería Caracas (de 1948 a 1952). Leones del Caracas (1952-53, 54-55, y desde 1955 hasta 1959). Pastora (53-54) Navegantes del Magallanes (54-55 y 64-65).Oriente (de 1959 a 1963). Orientales (1963-64). La Guaira (1964 a 1967). Lara (66-67 y 67-68), Zulia (1970 a 1973).
Fue campeón de la LVBP con Cervecería (48-49 y 51-52). Leones del Caracas (52-53, 56-57). Pastora (53-54). La Guaira (64-65 y 65-66).
En una ocasión lo fueron a entrevistar a su casa y mientras veían los albumes con los recortes de prensa, el periodista le preguntó: “¿Y usted no perdía?”. “Claro, pero esos recortes los tiene el otro pitcher”.
Aquella mañana dominical se adentraba en el mediodía cuando me fui al abasto “Barlovento” ubicado a una cuadra del estadio de Cumaná. Mientras el dependiente veía el juego, vino a relevar el Carrao. Pedí dos sobrecitos de barajitas. En el segundo salió la imagen de Jose de la Trinidad Bracho con su expresión adusta que transmitía placidez en la mirada. Salté con la barajita en la mano cuando el Carrao dominó con un rolling al cuadro al primer bateador que enfrentó. Descansa en paz José Carrao Bracho.

Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 15 de junio de 2011

Presencia de un torpedero

El joven campocorto jugaba un poco cargado hacia su izquierda, el roletazo salió incandescente con todas las características de un imparable. Los reflejos lanzaron el guante y toda la humanidad del muchacho hacia las profundidades del hueco, allá donde las telarañas se mezclan con la arena que limita con los primeros matices verdes de la grama. Los dos primeros pasos lo pusieron en paralelo con la esférica. Cuando el joven de profuso afro notó que la pelota amenazaba con peinar la grama se lanzó sobre el pecho y con el guante estirado por encima de la cabeza alcanzó la pelota en la malla. Mientras veía que el corredor se aproximaba a la primera base se incorporó y lanzó desde las rodillas. Su disparo impactó el mascotín del inicialista cuando el pie del corredor flotaba sobre la base. El narrador de la televisión describió la jugada como si transmitiera por radio. “¡Que bárbara jugada de David Concepción! Así se motiva a un equipo”. Se jugaba un partido de play off de la temporada 1971-72.
En 1970 apareció por primera vez en una serie de campeonato y una Serie Mundial con los Rojos de Cincinnati. Todas las intervenciones que hizo a la defensiva obligaron a Sparky Anderson a alternarlo con Woody Woodward en la posición. Que aún su bate debería adaptarse a las Grandes Ligas no fue obstáculo para que el manager lo tuviera presente cada vez que escribía la alineación. El gran alcance de Concepción tanto hacia el hueco como hacia la segunda base empezó a modificar las bases de la línea central de la Gran Maquinaria Roja. Su poderoso brazo le permitía llegar casi hasta la grama y desde allá manufacturar destellantes outs que levantaban de sus asientos al manager y a los aficionados. En 1972 Cincinnati regresó al Clásico de Octubre y también Concepción, esta vez alternado con Darrell Chaney en la paradas cortas y en la segunda base estaba Joe Morgan.
En una página de internet denominada Rankopedia, en la cual aparece una puntuación, aparentemente basada en votos de los miembros del sitio, el tandem de Concepción y Joe Morgan aparece como la combinación más efectiva de dobleplays solo segunda de Nellie Fox y Luis Aparicio 49.26 puntos por 54.17. Luego están Marty Marion y Red Schoendienst (36.25), Ozzie Smith y Tom Herr (34.58), Cal Ripken y Roberto Alomar (30.45).
A partir de 1973 empezó a mejorar su profundidad como pelotero a raiz de sus conversaciones con Tany Pérez su compañero de habitación en los Rojos de Cincinnati. Escuchar las sugerencias de Pérez le permitió a David asentarse como pelotero al evitar presionarse cuando se iba en blanco en uno o más juegos. Entendió que eso era parte del juego. Que siempre había un mañana y allí era donde había que trabajar para mejorar su actuación. Entonces llegaron los guantes de oro y los reconocimientos de los periodistas y de los peloteros establecidos. Cuando le consultaron a Pérez que significaba Concepción para la Gran Maquinaria Roja, respiró profundo: “La forma como nos ayudaba a cada uno, la forma como jugaba, con el bate y con el guante. Le llegaba a todos los batazos desde el hueco hasta detrás de segunda base; y corría muy bien. Vi muchos shortstops en mi carrera. David fue uno de los mejores. Está clasificado en el mismo nivel de los mejores. No se puede separar a David Concepción de Pete Rose, Johnny Bench, Tany Perez, Joe Morgan o George Foster. David significaba tanto como cualquiera de nosotros”.
La cima de su actuación llegó en 1975 y 1976 cuando formó parte de aquellos Rojos de Cincinnati ganadores de las Series Mundiales. En 1975 bateó para .274, 62 carreras anotadas, 49 empujadas, 139 hits, 33 bases robadas, .326 de porcentaje de embasado. A la defensiva hizo 238 outs, 445 asistencias, 102 dobleplays, .977 promedio defensivo. En 1976 bateó para .281, 74 carreras anotadas, 69 empujadas, 162 hits, 21 bases robadas, .335 porcentaje de embasado. A la defensiva: 304 outs (lider), 506 asistencias (lider), 93 dobleplays, .968 promedio defensivo.
En la Serie del Caribe de 1983 David Concepción reforzó a los Tiburones de La Guaira. Durante un juego ante República Dominicana batearon un roletazo invisible sobre la almohadilla de segunda. Pedro Guerrero corría en tercera y empezó a caminar hacia el plato. Concepción voló hasta el límite del abanico con la grama del jardín central y alcanzó la pelota con la punta del guante luego giró sobre su cuerpo y lanzó al plato. Guerrero intentó correr con todo pero la pelota lo esperaba incrustada en la mascota de Baudilio Díaz. El rostro de Guerrero mostraba unos ojos más grandes que los de un ladrón sorprendido con las joyas en la mano.

Alfonso L. Tusa C.

domingo, 12 de junio de 2011

Cuarteto de veintenas

La forma como los Orioles de Baltimore derrotaron a los Rojos de Cincinnati en la Serie Mundial de 1970 me hizo esperar día a día el inicio de la temporada de Grandes Ligas de 1971. Los oropéndolas de Earl Weaver era un equipo de gran defensa, pitcheo excepcional, además de una ofensiva respetable. En 1969 sólo los milagrosos Mets fueron capaces de arrebatarles el Clásico de Octubre. Para 1971 todo indicaba que los pajaritos sonrientes regresarían a la Serie Mundial. Por mi parte abrigaba muchas esperanzas de que Cincinnati pudiera desquitarse, quería ver a David Concepción consagrándose ante los Orioles. Sin embargo el único pitcher con marca positiva fue Don Gullett (16-12). Los Rojos terminaron cuartos en la División Oeste de la Liga Nacional, que fue comandada por los Gigantes de San Francisco. Steve Blass (15-8) y Dock Ellis (19-9) destacaban en el cuerpo de lanzadores de los Piratas de Pittsburgh. Pero los escopeteros de Baltimore lucían inmensos. Mike Cuellar, Dave McNally, Pat Dobson y Jim Palmer ganaban y ganaban y ganaban. Baltimore derrotó a los Atléticos de Oakland 3 juegos a 0 por el banderín de la Liga Americana. Los Piratas vencieron a los Gigantes de san Francisco 3 juegos por 1. Los Piratas tenían a Roberto Clemente, a Willie Stargell, a Richie Hebner, Al Oliver, Manuel Sanguillén y los pitchers habían tenido una buena temporada. Sin embargo estaba consciente que los Orioles con Brooks y Frank Robinson, Paul Blair, Mark Belanger, Elrod Hendricks y Andy Etchebarren, pero sobre todo aquel incandescente cuarteto de lanzadores de Cuellar, McNally, Dobson y Palmer, iba a vender muy cara su derrota en aquella Serie Mundial.
El 09 de junio de 1971 los Mellizos de Minnesota llegaron al Memorial Stadium para enfrentar a los Orioles y a Cuellar. Jim Kaat abrió por los Gemelos. En el segundo inning Frank Robinson se embasó por error del tercera base Harmon Killebrew. Merv Rettenmund lo llevó a segunda con toque de sacrificio al pitcher. Dave Johnson elevó al centro. Etchebarren remolcó a Robinson con doblete a la izquierda. Orioles 1 – Mellizos 0. En el cuarto inning Leo Cárdenas la sacó de cuadrangular . Orioles 1 - Mellizos 1. Cuellar retiró los últimos 10 bateadores del juego. En el cierre de la décima entrada, Don Buford sencilleó a la izquierda. Blair elevó a la derecha. Brooks Robinson elevó a la derecha. Frank Robinson trajo la carrera del triunfo con doble a la derecha. Kaat lanzó 9.2 innings. Enfrentó 40 bateadores. 11 imparables. 2 carreras, 1 limpia. 0 boletos. 6 ponches. Cuellar lanzó 10 innings. Enfrentó 36 bateadores. 4 hits. 1 carrera limpia. 4 boletos. 4 ponches. “Cuellar tenía un screwball que era un lanzamiento muy poco visto en Grandes Ligas por aquella época. Me sorprendía mucho la fuerza que Cuellar le imprimía a este envío. Era un potro loco. Así lo llamábamos. La gente olvida lo bueno que era Mike Cuellar”, dijo Jim Palmer en un entrevista reciente. En 1971 Cuellar dejó marca de 20 ganados y 9 perdidos. 3.08 de efectividad. 38 juegos como abridor. 21 juegos completos. 4 blanqueos. 292.11 innings. 250 hits. 111 carreras. 100 limpias. 30 jonrones. 78 boletos. 1 boleto intencional. 124 ponches. 1 golpeado. 0 balk. 3 wild pitches. 1166 bateadores enfrentados. 1.122 whip. 7.7 hits por cada 9 innings. 0.9 jonrones por cada 9 innings. 2.4 boletos por cada 9 innings. 3.8 ponches por cada 9 innings. 1.59 ponches por cada boleto. Cada vez que Cuellar lanzaba por los Orioles parecía que ya tenían medio juego ganado antes de empezar. Se le notaba una seguridad pasmosa en el montículo ante cualquier equipo.
Si el que estaba en el montículo era McNally entonces había que prepararse para ver un concierto de curvas y cambios. Al final del juego los Orioles siempre tenían más carreras que el contrario. Una vez que los Orioles ganaron la División Este de la Liga Americana y vencieron a los Atléticos de Oakland en la Serie de campeonato. El solo hecho de contar con aquel cuarteto de escopeteros me hacía pensar que volverían a ganar la Serie Mundial. El primer juego de aquella serie se jugó el 09 de octubre de 1971 en Memorial Stadium. Dave McNally versus Dock Ellis. En el segundo inning los Piratas marcaron 3 carreras, las tres inmerecidas por marfiladas de Belanger y Hendricks. En el cierre del inning Frank Robinson la sacó de jonrón para informar que Baltimore estaba vivo. En el cierre del tercero Belanger sencilleó al centro. McNally se ponchó. Buford sencilleó a la derecha. Rettenmund la sacó de jonrón. Orioles 4 Piratas 3. Mientras tanto McNally no permitió una carrera más y partir del tercer inning no recibió ningún imparable, entre ese inning y el noveno retiró 19 bateadores en fila, sólo un error de Belanger ante rodado de Sanguillén le impidió tener una seguidilla más larga. Buford jonroneó en el cierre del quinto para darle cifras definitivas al marcador. McNally lanzó 9 innings. 3 hits. 3 carreras. 0 limpias. 2 boletos. 9 ponches. 35 bateadores enfrentados. Ellis lanzó 2.1 innings. 4 hits. 4 carreras limpias. 1 boleto. 1 ponche. 2 jonrones. 12 bateadores enfrentados. Bob Moose lanzó 3.2 innings. 3 hits. 1 carrera limpia. 4 ponches. 1 jonrón. 14 bateadores enfrentados. Miller lanzó 2 innings. 3 hits. 0 carreras. 0 boletos. 1 ponche. 9 bateadores enfrentados. Jim Palmer describía a McNally como el silencioso del cuarteto. “Era un tipo tenaz y muy terco. Ganó 20 juegos 4 veces. Cuando yo estaba lesionado me sentaba en la tribuna a observarlo, aprendía mucho de pitcheo viéndolo lanzar”. La actuación de McNally en 1971: 21 victorias. 5 derrotas. 2.89 efectividad. 30 juegos. 30 aperturas. 11 juegos completos. 1 blanqueo. 224.1 innings. 188 hits. 75 carreras. 72 limpias. 24 jonrones. 58 boletos. 2 boletos intencionales. 91 ponches. 5 golpeados. 0 balk. 5 wild pitches. 899 bateadores enfrentados. 1.097 whip. 7.5 hits por cada 9 innings. 1 jonrón por cada 9 innings. 2.3 boletos por cada 9 innings. 3.7 ponches por cada 9 innings. 1.57 ponches por cada boleto. Earl Weaver dijo una vez de él. “Dave McNally era un competidor increíble. Trabajaba con audacia e inteligencia. Le gustaba prepararte con un cambio, burlarse de ti con esa tremenda curva y entonces te lanzaba la recta. Además era todo un caballero. Era el tipo de muchacho que hubieses querido que fuera tu hijo”.
El 27 de julio de 1971 los Atléticos de Oakland llegaron al Memorial Stadium para enfrentar a los Orioles. Jim Catfish Hunter abrió por Oakland y Pat Dobson por Baltimore. Sólo en el quinto inning Oakland pudo conseguir su primer imparable, sencillo de Dick Green al centro. Sólo en el segundo y el octavo innings Dobson tuvo dos corredores en circulación primero por error y boleto y luego por sencillo y boleto. Los Orioles marcaron su rayita en el quinto mediante boleto a Rettenmund, robo de segunda. Boleto a Dave Johnson y doble de Clay Dalrymple a la derecha. Dobson lanzó 9 innings. 4 hits. 0 carreras. 2 boletos. 13 ponches. 33 bateadores enfrentados. Hunter lanzó 7 innings. 4 hits. 1 carrera limpia. 8 boletos. 8 ponches. 33 bateadores enfrentados. Darold Knowles concedió 1 boleto. Rollie Fingers lanzó 1 inning. 0 hits. 0 carreras. 0 boletos. 0 ponches. 2 bateadores enfrentados. En 1971 Dobson dejó los siguientes registros: 20 ganados. 8 perdidos. 2.90 efectividad. 38 juegos. 37 aperturas. 18 juegos completos. 4 blanqueos. 1 salvado. 282.1 innings. 248 hits. 104 carreras. 91 limpias. 24 jonrones. 63 boletos. 2 boletos intencionales. 187 ponches. 2 golpeados. 0 balk. 6 wild pitches. 1134 bateadores enfrentados. 1.102 whip. 7.9 hits por cada 9 innings. 0.8 jonrones por cada 9 innings. 2 boletos por cada 9 innings. 6 ponches por cada 9 innings. 2.97 ponches por boleto. “Dobson era un espíritu libre capaz de cambiar velocidades como el mejor. Podía sacarte out de tres maneras diferentes. Era muy divertido”, dijo Jim Palmer.
El 04 de mayo de 1971 los Orioles recibieron en Memorial Stadium a los Angelinos de California. Jim Palmer abrió por los oropéndolas y Tom Murphy por los querubines. En el primer inning los Angelinos se fueron adelante 1-0 con cuadrangular solitario del inicialista Jim Spencer. Baltimore se fue arriba 3-1 en el cierre del cuarto tramo con sencillo de Don Buford, dobletes de Mark Belanger y Boog Powell y sencillo de Frank Robinson. En lo sucesivo Palmer dispersó 6 imparables, 4 boletos y un golpeado para mantener sin anotaciones a los Angelinos en el resto del partido. En el sexto los Orioles mezclaron un pelotazo a Brooks Robinson, boleto a Elrod Hendricks y sencillo impulsor de Palmer para darle a la pizarra cifras definitivas. Baltimore 4 – Angelinos 1. Palmer lanzó 9 innings. 1 carrera limpia. 7 hits. 4 boletos. 1 golpeado. 7 ponches. 39 bateadores enfrentados. Murphy lanzó 6 innings. 7 hits. 4 carreras limpias. 2 boletos. 1 ponche. 27 bateadores enfrentados. Mel Queen lanzó 2 innings. 2 hits. 0 carreras. 1 boleto. 1 ponche. 1 golpeado. 9 bateadores enfrentados. Las estadísticas de Palmer en 1971: 20 ganados. 9 perdidos. 2.68 efectividad. 37 juegos iniciados. 20 completos. 3 blanqueos. 282 innings. 231 hits. 94 carreras permitidas. 84 limpias. 19 jonrones. 106 boletos. 6 boletos intencionales. 184 ponches. 4 golpeados. 2 balks. 8 wild pitches. 1165 bateadores enfrentados. 1.195 whip. 7.4 hits por cada 9 innings. 0.6 jonrones por cada 9 innings. 3.4 boletos por cada 9 innings. 5.9 ponches por cada 9 innings. 1.74 ponches por boleto. “Jim Palmer es el pitcher situacional más grande que haya visto. Sólo permite que lo venzan con un hit y una carrera a la vez. La mayoría de los jonrones que acepta son solitarios porque sólo viene por el medio cuando las bases están vacías”. Ray Miller coach de pitcheo de los Orioles.
El único otro equipo en las historia de las Grandes Ligas en tener un cuarteto de ganadores de al menos 20 juegos en una temporada, fueron los Medias Blancas de Chicago en 1920: Red Faber ganó 23 juegos. Lefty Williams 22. Dickie Kerr y Eddie Cicotte 21 cada uno.
Al final Steve Blass terminó venciendo a los Orioles y a Mike Cuellar en el séptimo juego de la Serie Mundial. El juego terminó 2-1 y exigió que Blass lanzara un juego de 4 hits, 2 boletos y 5 ponches. Además de un jonrón de Roberto Clemente.

Alfonso L. Tusa C.