sábado, 17 de diciembre de 2016

El silencioso Larry Herndon hace ruido con su bate.

Dan Holmes. Detroitathletic.com. 18-10-2011. Larry Herndon fue un miembro clave de los Tigres de Detroit campeones de la Serie Mundial de 1984. Durante sus siete temporadas con los Tigres, Larry Herndon hablaba muy poco. Era famoso por ser silencioso, raramente daba entrevistas. Pero su bate hacía más que hablar por él, él bateó varios imparables importantes, incluyendo uno de los jonrones más importantes en la historia de los Tigres. Originalmente drafteado por los Cardenales de San Luis, Herndon era alto, de piernas largas y zancada larga. Tenía un bate rápido y era conocido como un talentoso cazador de elevados en los jardines durante sus días en la Liga Nacional, con los Cardenales y los Gigantes de San Francisco. El gerente general Jim Campbell lo ubicó en el receso de 1981, en un intento por llevarlo a unos jardines que tenían al patrullero central Chet Lemon y el guardabosques derecho Kirk Gibson. Se esperaba que Herndon aportara rango defensivo y algo de velocidad en el plato. Terminó siendo el mejor bateador del equipo en la próximas dos temporadas. En su primera temporada con los Tigres, Herndon llamó la atención de inmediato, al batear .350 en mayo. Ese mes bateó jonrones en cuatro apariciones al plato seguidas, empatando una marca de Grandes Ligas. En la temporada el bateador derecho conectó para .292 mientras liderab al equipo en carreras, imparables, triples y carreras impulsadas. También robó 12 bases y se estabilizó como tercer bateador de Sparky delante de Lance Parrish. El año siguiente él mejoró casi todos sus números, al batear .302 con 20 jonrones, 182 imparables y 92 carreras impulsadas. En 1984, el nativo de Memphis quien creció en Mississippi, compartió el tiempo en el jardín izquierdo con Ruppert Jones y otros. Mientras los Tigres rugieron desde el principio para tomar la delantera en la carrera por el este de la Liga Americana, Herndon tenía dificultades. Pero en los últimos dos meses de la temporada bateó sobre .350, preparándose para algunos dramas en la postemporada. . En el primer juego de los playoffs contra los Reales de Kansas City, Herndon descargó un jonrón solitario en el cuarto inning para darle a los Tigres una ventaja 3-0- Su víctima fue Buddy Black, un zurdo. Herndon era especialmente efectivo contra zurdos. Entonces, en el primer juego de la Serie Mundial en San Diego contra los Padres, Herndon bateó un jonrón a las profundidades del jardín derecho ante el zurdo Mark Thurmond que empujó dos acrreras y le dio a los Tigres una ventaja 3-2 que jack Morris nunca perdió. Fue Herndon quien atrapó el out final de la serie en el jardín izquierdo en el quinto juego, mientras los Tigres ganaban su primer título en 16 años. Pero Herndon estaba lejos de haber terminado de ser héroe para los Tigres. Aunque su tiempo de juego disminuyó después de 1984, el todavía fue efectivo, sobre todo contra los zurdos. En 1987, con los Tigres repotenciados y en camino al mejor registro del beisbol, Herndon bateó .324 con nueve jonrones y 47 carreras empujadas jugando a medio tiempo. El día final de la temporada, con los Tigres manteniendo un juego d ventaja sobre los Azulejos de Toronto, a quienes enfrentaban en Tiger Stadium, Herndon despachó el batazo más importante de su carrera. Al obtener esa conexión ante el as zurdo de Toronto Jimmy Key, Herndon bateó un jonrón de línea hacia las gradas del jardín izquierdo en el segundo inning para darle a los Tigres ventaja de 1-0. Ese fue uno de solo tres imparables ante Key ese día, pero fue suficiente- El abridor de los Tigres, Frank Tanana lanzó un blanqueo y los Tigres ganaron la división el día final de la temporada. Como lo había hecho en 1984, Herndon actuó bien en la postemporada de 1987, al batear .333 con dos carreras empujadas contra los Mellizos de Minnesota. Fue su aparición final en postemporada. 1988 resultó ser su temporada final, al fallar a la ofensiva. El 16 de septiembre bateó su jonrón en grandes ligas, ante un zurdo, Jeff Ballard de Baltimore. Se retiró con promedio vitalicio de .274, 107 jonrones, y más de 1300 imparables. Pero aunque fue un pelotero popular en Detroit y fue decisivo en muchos momentos importantes de la historia de la franquicia, Herndon tuvo bajo perfil como pelotero. “Hondo solo venía al parque y jugaba”, recuerda el compañero de equipo Rod Allen. A pesar de su naturaleza tranquila entre las rayas de cal, Herndon tenía una aceptación excelente con sus compañeros y la organización. En 1992 se convirtió en coach con Sparky, un cargo que mantuvo con el equipo de Grandes Ligas por siete años. Despues fue coach en ligas menores, para el equipo, se había convertido en un Tigre de por vida. Es un invitado frecuente en el campamento de fantasía de los Tigres, y uno de los más populares entre los aficionados. Aunque no se oye mucho de Herndon, su lugar en la historia de los Tigres está asegurado. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Eddie "Buddy" Solomon

Nacimiento: 09 de febrero de 1951. Perry. Houston County. Georgia. USA. Fallecimiento: 12 de enero de 1986. Macon. Bibb County. Georgia. USA. Pelotero de Grandes Ligas. Por diez temporadas fue pitcher con los Dodgers de Los Angeles, Cachorros de Chicago, Cardenales de San Luis, Bravos de Atlanta, Piratas de Pittsburgh y Medias Blancas de Chicago. Fue firmado como agente libre amateur por los Dodgers en 1969 y debutó en Grandes Ligas con Los Angeles el 2 de septiembre de 1974, apareció en 4 juegos con el equipo de los Dodgers que terminó ganando el banderín de la Liga Nacional. Aseguró un puesto en la rotación de los Bravos en 1977 y vio aumentar sus juegos y episodios lanzados. Sin embargo sería con los Piratas que experimentaría su mayor éxito. En 1980 alcanzó una impresionante efectividad de 2.69 en 26 juegos, mientras compartís su tiempo entre la rotación de abridores de los Piratas y el bullpen. En 1981 logró un tope personal de ocho victorias. Fue adquirido por los Medias Blancas a mediados de la temporada de 1982 y apareció en solo 6 juegos ese año con Chicago. En 191 juegos de temporada regular, compiló un registro de 36 triunfos, 42 derrotas y una efectividad de 4.00 en 718 innings lanzados. Despues de retirarse del beisbol, trabajó como vendedor de automóviles en su nativo Georgia. Irónicamente, su muerte fue el resultado de un accidente automovilístico. Padres: Eddie Solomon (1915-1991) Willie Belle Durham Solomon (1918-1997) Hermanos: Hazel Solomon Collins (1938-2007) Albert Solomon (1939-2015) Billy Solomon (1945-2007) Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Preguntas y respuestas con el antíguo grandeliga Pat Ahearne.

Una entrevista con Ryan Rowland-Smith acerca de Felix Hernandez

Collin Ferguson. Emeralcityswagger.com. Entrevisté al antíguo pitcher de los Marineros Ryan Rowland-Smith acerca de los muchos ajustes que Felix Hernández ha tenido que hacer a través de su carrera y lo que lo hace uno de los mejores del beisbol. Como seguidores de los Marineros, hemos sido bendecidos en ver a dos de los pitchers más grandes de la historia de las Grandes Ligas subir al montículo cada quinto día: Randy Johnson y ahora Felix Hernández. Nacido en Venezuela, Felix podía lanzar la pelota a 90 mph cuando tenía 14 años de edad. “El Rey” o “El Rey Félix” fueron apodos que le dieron años antes que hubiese lanzado un juego en las Grandes Ligas. Estos hechos ilustran la cantidad de talento innegable y potencial que tenía a los 18 años de edad en el sistema de granjas de los Marineros. Por eso ha tenido una enorme presión para actuar, y unas expectativas casi imposibles de vivir con ellas. A menudo esas expectativas son altas, pero rara vez las vemos manifestarse de inmediato. Casi siempre toma más tiempo que el esperado, y a veces nunca. A menudo, justo cuando se empieza a verlas aparecer, Tommy John o una de sus inesperadas cirugías aparece y se las lleva. Sin embargo, ese no es el caso de Felix Hernández. Sin desgaste de movimientos, él define una forma perfecta con sus envíos. Eso se acopla con su fuerte contextura que lo ha mantenido sano acasi a través de toda su carrera. Esposo y padre de dos hijos, Felix Hernandez ahora es parte de nuestra comunidad local, al vivir en Clyde Hill en Washington. Allí, él es un ciudadano modelo, su nombre nunca se ha mencionado en las noticias por alguna sospecha o situación controversial. El 20 de julio, Félix Hernández regresará después de su segundo viaje a la lista de incapacitados en su carrera. En su duodécima temporada, Hernández ha estado lidiando con la que sorprendentemente ha sido la lesión más seria de su carrera, un tirón muscular en la pantorrilla que lo ha mantenido fuera por el último mes y medio. Impresionante como puede ser, el Rey Felix acopla su increíble estabilidad y longevidad con unos logros aun más impresionantes, incluyendo: El primer juego perfecto de los Marineros y un “inning inmaculado” (al ponchar a los tres bateadores con nueve pitcheos), ganador del premio Cy Young en 2010, y el primer pitcher de la Liga Americana en batear en jonrón de bases llenas, y fue ante otro ganador del premio Cy Young, Johan Santana. Félix Hernández también es el primer pelotero en tener una promoción de estadio dedicada especialmente a él, “The King’s Court”. Lidera a los Marineros en triunfos vitalicios (147) y ponches (2195). Yo podría escribir por siempre acerca de la gran carrera de Hernández en Seattle, pero ¿Por qué no oir más acerca de Hernández y de pitcheo de parte de alguien quien conoce a Felix y también ha sido pitcher? Tuve el placer de entrevistar al antiguo pitcher de los Marineros, el olímpico australiano, e incidentalemnte el primer pelotero de MLB en aparecer con un guión en su apellido, Ryan Rowland.Smith. Ahora es comentarista para Root Sports NW, y cofundador de una iniciativa para enseñarle beisbol a niños pequeños llamada “Next generation Baseball”, o Nxtgen Baseball. Un hombre caritativo, Ryan habló orgullosamente acerca de su único camino a las grandes ligas, y cándidamente de su carrera. Finalmente, me contó acerca de su compañero de equipo y amigo, Félix Hernández.
CPF: Primero que todo, muchas gracias por corresponder a través de las redes sociales y por aceptar esta entrevista. De acuerdo a mis registros, fuiste la primera persona de Newcastle, South Wales en lanzar en MLB, y pitcheaste por Australia en los Juegos Olímpicos de 2004. ¿Qué tal es crecer allí y pitchear en los Juegos? RRS: Jugar en los Olímpicos era una gran meta para mi desde niño mucho antes de conocer el beisbol. En Australia los Juegos Olímpicos es todo. ¡Pasar dos semanas en los Olímpicos parece ser más reconocido que 10 años en las Grandes Ligas!!! Jugar para tu país, especialmente Australia, es una sensación sorprendente; y el momento de ganar la medalla de plata fue especial para mi. ¡Tan es así, que tengo tatuados los anillos olímpicos en mi hombro y no soy un tipo de tatuajes! Vienes de una familia deportiva ¿no? Vengo de una familia atlética. Mi hermana fue una surfista sorprendente. Mi otra hermana fue una gran atleta, y ambas fueron mucho más académicas que yo. Mi mamá fue una buena atleta y nadadora a nivel nacional, y mi papá fue una gran influencia en la industria del acondicionamiento físico, y fue entrenador físico de surfistas profesionales y jugadores de rugby de la liga. Has jugado en los Olímpicos, en las Grandes Ligas, y en el Clásico Mundial de Beisbol, ¿en que momento de tu carrera sentiste que “lo habías logrado”? El momento cuando sentí que lo había logrado…Debuté y estaba flotando en la nubes después de ese momento, pero para mi, quería sentirme como ‘un grandeliga’ y un juego no iba a cumplir eso. Pienso que formar parte del roster del día inaugural en 2008, y ganarme el puesto en ese bullpen, llegar a Safeco Field y ser parte de ese roster construido para ganar, ese fue el momento cuando sentí que lo había logrado, y era un jugador de ligas mayores. Ahora eres comentarista a medio tiempo para Root Sports NW, ¿Cómo te ha ido, y que más haces en la actualidad? Quiero destacar en las transmisiones, me gusta eso. Me gusta la comunidad que rodea a los Marineros y los fanáticos. Es un ambiente tan positivo, lleno de personas sorprendentes, y es tiempo de que los marineros ganen porque ¡Seattle es una ciudad que se desataría en los playoffs!! Además del anuncio, de que el colega grandeliga australiano, Trent Oeltjen y yo hemos empezado NxtGen Baseball, una iniciativa para entrenar, educar e inspirar la próxima generación, principalmente aportando exposición y oportunidades para los muchachos australianos, pero también para muchachos de Estados Unidos. Es una sensación sorprendente, inspirar a un muchacho de 13 años de edad para que de lo mejor que pueda, sin importar donde vive o de donde viene. Firmaste con los Marineros en 2000, y jugaste con los Marineros desde 2007 hasta 2010, ¿Cuándo tuviste oportunidad de conocer a Felix Hernandez, y hubo algo acerca de él que te llamó la atención? Conocía Felix Hernandez en 2004, jugamos pelota Clase A juntos. Entonces, sabías de seguro 100 % que el muchacho era especial, y eso es increíblemente raro. Ves muchachos todo el tiempo llenos de talento bruto, pero cuando estás en el ‘campo 8’ en primavera, no puedes predecir con certeza el futuro de un muchacho. Ese no fue el caso de Felix. Sabías que iba a ser grande. Tenía todo incluyendo: Control, Presencia, y Repertorio. Felix Hernandez ha mostrado una habilidad única para seguir siendo un pitcher dominante, a pesar de tener una disminución en la velocidad de su recta. (Cuando llegó a la liga lanzaba 96-97 mph y lagunas veces llegaba a las 99 con su recta de cuatro costuras. Ahora rara vez lanza la recta de 4 costuras, y lanza alrededor e las 90 mph con una sinker como su envío principal) ¿Puedes hablar del tipo de logro que es este y cuan difícil es hacer eso, sin mencionar que lo hace al nivel perenne de premio Cy Young que tiene Félix Hernández tiene? Primero que todo, Felix sería dominante con 85 mph. Hay mucho más en el pitcheo que 5 millas de velocidad adicional. Y más que todo, Felix ha vivido de su cambio, con una velocidad de 85 mph y ese giro apagado…finalmente la gravedad actúa. Felix tiene una habilidad única para leer a los bateadores en un turno al bate, y puede voltear todo cuando se mete en problemas. La consistencia más grande de Felix sin embargo, es su actitud. “El Rey” es tan efectivo debido a que es el ‘alpha’ frente a 45000 aficionados. Nadie ve a otro lado, y todos desde el bateador en la caja, hasta un niño pequeño sentado tan lejos como en la sección de las narices sangrientas, todos saben exactamente quien está a cargo. Felix muestra mucha confianza y aun cuando se mete en problemas, se tiene la sensación de que el bateador debe tener algo de suerte. Es similar a Lebron cuando hace su acto del polvo a la multitud antes del juego, tiene ese lenguaje corporal directo que dice, “Estoy a cargo, y este es mi edificio”. Felix tiene eso y es una herramienta sorprendente. ¿Hubo un ajuste que tuviste que hacer durante tu carrera para competir a nivel de ligas mayores? El ajuste que un tipo como yo tuvo que hacer fue la confianza de pitchear para contacto. Siempre fui una sorpresa. Siempre me dijeron que no tenía el material para pitchear. Era tan competitivo que trataba cada turno al bate como una pelea a puños con el bateador. Una vez que tuve ese enfoque, tuve éxito como abridor. Cuando aprendí a hundir mi curva en strike y tuve confianza para lanzar adentro, eso hizo una gran diferencia. El minuto cuando empecé a escuchar lo que era mejor para mi de tres coaches diferentes, me alcanzó el lado mental y nunca me recuperé. Mirando hacia atrás, deseo haber tenido esa pelea a puños, mentalidad e hombre de las cavernas más adelante en mi tiempo con los Marineros, en vez de tratar de reinventar la rueda. ¿Deberíamos estar preocupados por la pérdida de velocidad de Felix Hernandez a través de los años? No estoy preocupado por la velocidad de Felix para nada. A menos que empiece a tratar de alterar su mecánica y eso le cause una lesión, Felix tiene muchas armas más allá de su pitcheo y 100 maneras de hacerte out. No estoy preocupado por su velocidad. Todo por lo que estoy preocupado es por su cuerpo de trabajo, y estoy de verdad feliz con lo que él hace cada cinco días. No perdiste tanta velocidad durante tu carrera ¿lo hiciste? Mi velocidad subía y bajaba. Yo estaba lanzando tan bajo como 86-87 en un momento, porque estaba tratando de pitchear a través de una lesión, y no quería hablar de eso. Cuando yo estaba batallando con la mecánica, y tratando de seguir a mi coach de pitcheo en 2010, tuve un bajón en velocidad debido a que el cuerpo naturalmente recae debido a la inconsistencia en la sincronización. He pasado los últimos cinco años estudiando biomecánica, y no puedo esperar para compartir mi conocimiento en las transmisiones de los Marineros cuando se el momento adecuado. Todas las cosas que deseo haber conocido cuando tenía 26 años de edad. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Melvin Mora batea hacia los lugares precisos

Jack Curry. The New York Times. 19-06-2003. Una vez al día, Melvin Mora de permite disfrutar lo que ha logrado con los Orioles de Baltimore en una temporada que se ha desarrollado maravillosa e inesperadamente para él. Una vez al día, Mora revisa los líderes en promedio de bateo de la Liga Americana y ve su nombre, el nombre de un voluntarioso pero nunca sobresaliente pelotero, colocado por encima de los demás. Mora sonrió mientras mencionaba varios peloteros que estaban detrás de él en promedio de bateo, seleccionándolos al azar a la mayoría de ellos más por sus reputaciones que por sus promedios de ese momento: Alex Rodriguez, Jason Giambi, Derek Jeter, Nomar Garciaparra y Garret Anderson. Mora dijo sus nombres lentamente, ignorando el hecho de que solo Garciaparra estaba entre los 10 primeros en bateo. Mora habló de esos cinco todos estrellas con la reverencia que un actor desconocido podría mostrar después que su actuación había sido evaluada lo suficiente para clasificarlo, por lo menos temporalmente, por delante de Denzel Washington, Robert DeNiro, Harrison Ford, Sean Connery y Gene Hackman. Mora, quien tiene 31 años, tiene un papel protagónico estos días como jugador utility quien se convirtió en utility regular letal con un reluciente promedio de .358. “Es algo que me hace especial”, dijo Mora. “En este momento estoy en el tope. Tengo que disfrutar eso. Conozco a esos tipos, tal vez más temprano que tarde, ellos me alcanzarán. Lo único que puedo hacer es disfrutar esto día a día”. ¿Cómo ocurrió eso? ¿Cómo está Mora, un afable antiguo Met quien empezó esta temporada con un promedio vitalicio de .249, bateando 109 puntos por encima? Él no llegó a las Grandes Ligas hasta los 27 años de edad y nunca había bateado por encima de .291. Mora también lidera la liga con -463 de porcentaje de embasado, tiene .578 de promedio de slugging y ha largado 10 jonrones y empujado 31 carreras. Para Mora, explicar su ascenso sorpresivo es fácil. Ha sido más paciente en el plato, lo cual le ha permitido hacerle swing a mejores pitcheos y ha disminuido levemente sus ponches. Mora, quien batea a la derecha, también esta bateando la pelota en todas direcciones al dirigir la pelota hacia donde es lanzada, en vez de tratar de halar muchos pitcheos hacia la izquierda. Los Orioles estaban molestos con Mora la temporada pasada por caer en un swing largo y tratar de batear muchos jonrones. El manager Mike Hargrove le ha dado crédito a Mora por no “exagerar el swing como lo hizo en el pasado”. Mora, quien bateó 19 jonrones en 2002, estuvo a la defensiva en este tópico e insistió que su swing robusto no ha cambiado. Aún así, se supone que los peloteros utility sean bateadores de contacto, no toleteros productivos. ¿Si? Y tampoco se supone que lideren la liga en bateo. “No creo en la buena suerte”, dijo Mora. “No creo en la superstición. No creo en magia. Creo que cuando trabajas duro verás los resultados. Si no trabajas duro, no serás capaz de hacer tu trabajo”. Mora hace tantos trabajos como cualquiera en el beisbol; ha empezado juegos en cinco posiciones, campocorto, segunda base y los tres jardines. Ha empezado en el jardín izquierdo con más frecuencia pero considera el central como su mejor posición. Hargrove considera a Mora una tremenda herramienta debido a su versatilidad en el campo y la flexibilidad que aporta en la alineación. Jim Beattie, el vicepresidente de operaciones de beisbol de los Orioles, dijo que las sólidas destrezas defensivas de Mora le permitieron a Hargrove colocarlo en diferentes posiciones sin preocuparse de ninguna desilusión mientras descansaba a otros peloteros. “No sé si Melvin es un bateador de .360”, dijo Beattie. “Él fue un valioso utility antes de esto. No pienso que cualquiera pueda decir que él no es un pelotero regular, porque lo está haciendo”. Mientras Mora hace sus numerosos trabajos, transmite confianza. Cuando le preguntaron si estaba sorprendido por actuar al nivel de una élite, sonrió y dijo: “Estaba sorprendido de estar en el banco. Eso me sorprendió”. Mora empezó 6 de los primeros 16 juegos de los Orioles esta temporada y estaba bateando .136. Una vez que empezó a jugar regularmente, sus números mejoraron. Ha sido imposible para Hargrove no mantenerlo en la alineación. Mora tuvo una seguidilla de 23 juegos bateando imparables que terminó el pasado viernes. Pero aunque Beattie llamó a Mora un pelotero regular, Mora tiene una dosis de incertidumbre porque Hargrove no ha reconocido directamente su estatus mejorado. “Nunca me dice nada”, dijo Mora de Hargrove. “El año pasado me dijo que jugaría una vez a la semana y jugué todos los días. Este año me dice que voy a jugar una o dos veces a la semana. Le dije que estaba bien. ¿Qué puedo esperar de él? Tengo que esperar”. Aun cuando Mora se pregunta por su tiempo de juego y si su versatilidad es una desventaja, ha mantenido una disposición entusiasta. Preguntó porque un reportero tenía a viajar desde Nueva York para entrevistarlo. Él explicó como sus quíntuples de 23 meses de edad hacen tanto ruido al dormir que a veces tiene que despertarlos para jugar. Admitió que su hija de 6 años de edad sigue siendo seguidora de los Mets. Mora fue un héroe de culto de los Mets, un poco conocido catalizador quien había jugado profesionalmente en Taiwan antes de evolucionar como favorito de los fanáticos en su temporada de novato en 1999 con su enfoque fajador y su juego erizante. Fue cambiado a los Orioles en julio de 2000 por el campocorto Mike Bordick, entonces el vio a los Mets avanzar hasta la Serie Mundial. El éxito personal que Mora tuvo con los Mets y el éxito colectivo que extrañó después de ser cambiado puede explicar porque él estaba contento por sus antíguos compañeros. “Deseo que un día, todos estemos juntos otra vez para que podamos darle a los fanáticos los años sorprendentes que tuvimos en 1999 y 2000”, dijo él. “Ese es un grupo que nunca podré olvidar”. Mora discutió abiertamente la perspectiva de jugar en otro equipo, debido a que podría ocurrir. Los Orioles, un equipo en reconstrucción, están a ocho juegos y medio de los punteros Yanquis después de perder ante los Azulejos de Toronto 6-2, esta noche, pero es irreal pensar que llegaran a la postemporada. El juego de Mora ha sido una sorpresa increíble, su rendimiento nunca ha sido más alto y su un equipo contendor lo adquiere, sería como que agregara dos peloteros, porque su versatilidad puede permitir que un equipo tenga un pitcher adicional en su roster. Beattie dice que los equipos han llamado para preguntar por Mora en el receso entre temporadas, pero no recientemente. Beattie dijo que piensa que los equipos saben que Mora es ahora “probablemente un pelotero muy valioso para nosotros”, y habló de Mora como parte del futuro de los Orioles. “Ciertamente hablamos acerca de peloteros, pero no buscamos cambiar a Melvin”, dijo Beattie. Mora dijo que le gustaría quedarse en Baltimore, pero segundos después también parecía abierto a otras posibilidades. “Si ellos quieren cambiarme para Nueva York, yo regresaría a casa, o iría a otro lugar”, dijo él. “Lo que decidan hacer es bueno para mi”. Cuando Mora habló de regresar a Nueva York, obviamente se refería a Flushing. Casualmente mencionó que Jim Duquette, el gerente general interino de los Mets, fue determinante para firmarlo en 1998. Mora habló de su afecto por Nueva York y de las raíces de su esposa en la ciudad. “Adoro Nueva York”, dijo él. “Pero a veces tienes que pensar como un profesional. Soy un Oriol de Baltimore y adoro Baltimore”. Esta temporada Mora adora todo lo relacionado con el beisbol en Baltimore. Principalmente porque él adora jugar todos los días y también porque está destacando todos los días. Liderar la liga en bateo es un dulce avance para alguien quien se ha convertido en mucho más que un jugador utility. “Es una temporada larga, un largo camino por recorrer”, dijo Mora. “Espero que mis números todavía sean buenos en septiembre también. O en octubre, en los playoffs. Nunca se sabe”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Jared Mortensen toma un camino turbulento hacia los Biscuits.

Stacy Long. 20-05-2014 Los últimos 12 meses han sido un paseo turbulento para Jared Mortensen, que lo llevó desde el dugout de la escuela secundaria en Louisiana hasta la pelota independiente en Texas y hasta los Biscuits de Montgomery. Mortensen, hoy en la rotación de abridores de los Biscuits y un esperanzado jugador de ligas menores de los Rays de Tampa Bay, casi había renunciado a su carrera como pelotero hace un año. Pero su estadía como coach de pitcheo en una escuela secundaria de Shreveport, La., lo llevó a jugar beisbol independiente, lo cual ocasionó una llamada telefónica el pasado agosto de los Rays ofreciéndole un contrato. “Les dije, ‘Desafortunadamente tengo que pitchear esta noche’”, dijo Mortensen. “Estábamos de gira y en la carrera por el playoff. Dije, ‘Tengo que pitchear. No puedo dejar el equipo ahora’”. Sus compañeros de los AirHogs de Grand Prairie intercedieron, y lo animaron para que firmara y no se preocupara por ellos. “Terminé pitcheando de todas formas”, dijo Mortensen. “El día siguientes, yo estaba en un avión de vuelta a Dallas para recoger todas mis pertenencias. El día siguiente, yo estaba en un avión para ir a Florida. Fue un giro muy rápido”. Mortensen, 25, ha tenido ese tipo de viaje a través de su carrera. Fue jardinero cuando jugaba en su nativa Canadá, antes que sus entrenadores le dijeran que su mejor oportunidad de jugar estaba en el montículo. Pasó un año en la universidad en Carolina del Norte, pero no era feliz allí. Algo de beisbol de regreso a casa y las conexiones de su entrenador de primer año en la universidad lo ayudaron a llegar al LSU-Shreveport, donde jugó dos temporadas. “Yo estaba buscando un lugar para jugar y él sugirió que fuera a probar”, dijo Mortensen. “El primer año fui poco a poco. El segundo año, me dieron la responsabilidad completa”. Mortensen terminó en LSU-Shreveport en 2012 y jugó más pelota de verano. No supo de equipos profesionales. “Despues de eso, me dije voy a ser entrenador”, dijo él. “Esto se acabó”. Mortensen era el coach de pitcheo de C.E. Byrd High en Shreveport, un trabajo que le permitía ejercitarse cuando quisiera y le “pagaban lo suficiente para pagar las cuentas y continuar estudiando”. También había sido coach en algunos entrenamientos de prueba, lo cual lo llevó a Grand Prairie. El papá de un pelotero que él conocía bien era un coach de Grand Prairie y, después que terminó la temporada de Byrd en 2013, Mortensen estaba jugando otra vez. Y todavía lo hace. “Recibió una oportunidad y la aprovechó”, dijo el manager de los Biscuits Brady Williams, quien observó a Mortensen lanzar 17.1 innings para el Charlotte A el año pasado. Mortensen permitió solo ocho imparables con cinco boletos y 18 ponches. “Despues de su primer juego, yo dije. ‘¿Quién es este muchacho?’” dijo Williams. “Se puede ver el enfoque dentro de él”. Williams comparó a Mortensen con Jeremy Lin, cuyo éxito en la NBA en 2012 inspiró la película “Linsanity”. Williams recientemente vio la película en NetFlix. “Ha sido más de lo que pensé”, dijo Mortensen, quien está programado para abrir esta noche cuando los Biscuits empiezan una serie en casa ante Huntsville. “Especialmente el primer mes que hemos estado aquí”, dijo él. “Ha sido muy divertido”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Quien es Randy Niemann?

Marc Normandin, 21 de agosto de 2012. Con Bob McClure relevado de sus deberes como coach de pitcheo de los Medias Rojas este lunes libre, es Randy Niemann quien asume el cargo en su lugar. Niemann ha estado con los patirrojos toda la temporada, pero como asistente, coach de pitcheo secundario. Uno quien no podía estar en el dugout los últimos meses debido a restricciones sobre el número de coaches que un equipo puede tener allí a la vez, la idea de un asistente del coach de pitcheo está ganando aceptación, pero las reglas todavía no lo permiten. Con McClure fuera, sin embargo, su asiento en la banca está libre, lo cual le da a Bobby Valentine el coach de pitcheo elegido a mano que nunca tuvo. Niemann fue drafteado por los Yanquis en 1975, una selección de segunda ronda en la porción secundaria del draft (Entonces el draft era en enero, la porción secundaria ocurría en junio). Fue cambiado a los a los Astros en 1977, y debutó en Grandes Ligas con Houston dos años después. Niemann lanzaría por ocho años, en cinco equipos, y en ambas ligas, seis temporadas en la Nacional y dos en la Americana. Él no fue un pitcher notable, la mayoría de los coaches de pitcheo no lo fueron, pero su carrera como coach fue mejor. Niemann empezó a trabajar como instructor de ligas menores en 1989 con los Mets, y sirvió en esa capacidad hasta 1996. También fue coach de bullpen de los Mets desde 1997 hasta 1999, y entonces osciló entre los dos trabajos (así como en otros, tales como coordinador de rehabilitación de pitcheo) hasta que finalmente salió de la organización de los Mets después de la temporada de 2011. Niemann fue coach en cada nivel de las menores para los Mets durante su estadía allí, lo cual le dio experiencia para trabajar con prospectos y veteranos, y ya esta familiarizado con el cuerpo técnico de los Medias Rojas dado que ha estado con el equipo desde enero. Es difícil saber como lo hará como coach de pitcheo, pero la oficina principal creyó que era tiempo para un cambio, debido a la actuación irregular de muchos de los mejores pitchers del equipo. Niemann recibe una oportunidad para mostrar que Boston ha tomado la decisión correcta al darle su primer responsabilidad como coach de pitcheo después de casi un cuarto de siglo como coach. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Acercándose a Kent Tekulve.

Larry Shenk. MLB.com. 10-08-2006 Filadelfia.- Él sabía que tan pronto como la puerta del bullpen visitador se abriera en Veterans Stadium los fanáticos de Filadelfia lo abuchearían. Era principalmente un caso de abuchear el uniforme y no a la persona. La persona era Kent Tekulve. El uniforme era el de los Piratas de Pittsburgh. Los Filis y los Bucaneros fueron acérrimos rivales durante el lapso 1976-84. Ambos equipos dominaron la Liga Nacional durante ese período. Entonces, ocurrió lo inesperado. Tekulve fue cambiado a los Filis al principio de la temporada de 1985. Un enemigo estaba ahora en el bullpen del jardín derecho. “Yo sabía que sería aceptado por los jugadoes de los Filis pero estaba más preocupado por los fanáticos”, dijo Tekulve de 59 años de edad, recientemente mientras escauteaba a los Filis en Citizens Bank Park. El antíguo as relevista está en su primer año como scout de avanzada con los Piratas. “Fui cambiado el sábado y el domingo fue mi primer juego con los Filis. Recuerdo cuando entré al juego ese día, me dieron una pequeña ovación de pie lo cual acabó con mis preocupaciones. Me demostraron que me respetaban”. Tekulve se hizo una figura popular en esta ciudad como jugador y luegoen la cabina de TV por siete años. Fue un pintoresco analista para los Filis primero en SportsChannel y luego en PRISM. Cuando Richie Ashburn falleció en 1997, Tekulve escogió regresar a su hogar en Pittsburgh para pasar más tiempo con su familia en vez de continuar su carrera como comentarista. Un pitcher delgado, Tekulve lanzaba por el lado del brazo y fue duradero. Tres veces en su carrera apareció en 90 o más juegos, tope para un pitcher de la Liga Nacional. En su carrera de 16 años, “Teke” apareció en 1050 juegos, todos en relevo. Cuando se retiró, era él número uno en esa categoría. Desde su retiro durante la temporada de 1989, ha sido alcanzado por Dan Plesac y pasado por Mike Stanton y Jesse Orosco. Plesac y Orosco tuvieron más años de servicio y Stanton todavía está activo. “El pitcheo de relevo ha cambiado”, dijo Tekulve. “Los pitchers están lanzando más a menudo pero menos innings. Solíamos tener cinco hombres en el bullpen. Hoy, muchos equipos tienen siete. Hay más especialistas y pitchers situacionales que en mis tiempos. Pitcheé muchas veces con el equipo abajo por dos o tres carreras. Con los paleadores que teníamos en Pittsburgh, un déficit de dos o tres carreras no era nada. No muchos relevistas trabajan hoy más de un inning”. Luego de renunciar al uniforme y despues al micrófono, Tekulve hizo apariciones de relaciones públicas para los Piratas por un par de años y luego estuvo fuera del beisbol hasta 2002, cuando se hizo director de operaciones de beisbol de los Wild Things de Washington (PA) en la Frontier League. Se fue en 2004 por razones personales y se “retiró” de nuevo. Esta temporada, los Piratas decidieron enviar de viaje a un scout de avanzada para el manager nuevo Jim Tracy. Tekulve trata de estar adelantado cinco días respecto a los Piratas para ver a los pitchers que estarán enfrentando. Él archiva reportes computarizados en una laptop. “Soy un mecanógrafo de dos dedos”, dijo él con su sonrisa contagiosa. Ser scout de avanzada significa viajar mucho. Dos días en Filadelfia, fueron seguidos por un vuelo a San Diego para tres juegos, un día libre para viajar a Denver y entonces Nueva York. Eso consumió ocho días. “Mi esposa adora eso”, rió él. “¡Ella cobra el cheque, el seguro está cubierto, no tiene que cocinar ni lavar!” El archivo de Kent Tekulve Nació el 5 de marzo de 1947 en Cincinnati, OH… Graduado en educación de Marietta (OH) College… Casado con Linda Taylor; cuatro hijos: Chris, 28, Jon, 27, Beth, 24 y Brian, 21; dos nietos. Carrera: Firmado por los Piratas en un campamento de pruebas en 1969. No llegó a las mayores hasta que tuvo 27 años de edad… Lanzó para los Piratas (1974-1985), Filis (1985-88) y Rojos de Cincinnati (1989)… Adquirido por los Filis desde los Piratas, el 20 de abril de 1985, por los lanzadores zurdos Al Holland y Frankie Griffin. Números: Record vitalicio de 94-90 con 184 salvados y 2.85 de efectividad…1050 jugos, todos en relevo…Tiene el record de la Liga Nacional para más innings lanzados en su carrera para un relevista, 1436.2…Tuvo una seguidilla de 291 juegos sin cometer error que terminó en 1986, quedó a siete juegos de la entonces marca de la Liga Nacional… Fijó una marca para los Filis con 90 apariciones en 1987, el pitcher más viejo en la historia de las Grandes Ligas en esa categoría. Larry Shenk es vicepresidente de relaciones públicas de los Filis Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Edgardo Alfonzo el Anónimo.

Jack Curry. The New York Times. 27-08-1999. Edgardo Alfonzo puede caminar por una tienda, jugar con sus dos hijos o almorzar con su esposa cerca de su hogar en Whitestone, Queens, y pasar desapercibido. Además de los vecinos quienes saben que él juega segunda base para los Mets, Alfonzo dijo que nadie se le ha acercado esta temporada. Ni una persona. Es sorprendente pensar que un pelotero tan valioso como Alfonzo quien vive a dos millas de Shea Stadium pueda existir en tal anonimato. Alfonzo insistió en que no le importa su bajo perfil, aún así sonó aludido cuando le preguntamos si recibe atención fuera del estadio. “Bien, aún no”, dijo Alfonzo. “Eso es bueno porque puedo salir. Puedo salir con mi esposa sin preocuparme. Pero alguna vez va a ocurrir y, espero que sea pronto”. Debió haber ocurrido ayer. Alfonzo es un jugador versátil cuya combinación de robusto promedio de bateo, sólido poder y defensa impecable pudiera convertirlo en el mejor segunda base de las grandes ligas. Roberto Alomar es más fluido, Craig Biggio es más fajador. Jeff Kent posee más poder y Jay Bell tiene una temporada especial. Sin embargo, Alfonzo podría ser el pelotero más completo de su posición este año. Él ha hecho la transición sin tropiezos desde tercera base a segunda y ya ha excedido sus topes vitalicios en jonrones (20) y carreras empujadas (87) mientras batea .311. Esos son números de poder significativo para un segunda base, especialmente porque Alfonzo no es un maniquí a la defensiva. Ha hecho solo 4 errores en 123 juegos y podría ganar un premio guante de oro, un honor que no ha logrado y que motiva al reservado Alfonzo. Pero no espere que Alfonzo se coloque entre los otros segundas base. “No pienso en eso”, dijo él. “En lo que pienso es en tener una buena temporada y mejorar mis números. Si hago eso, las personas notaran lo que hago. Pueden sacar sus conclusiones después de eso”. Él no parece muy afectado por la falta de atención, lo cual se extiende a su apellido al ser deletreado Alfonso en el cronograma de la práctica de bateo del clubhouse de los Mets. Él tiene una personalidad reservada y no llama la atención, y los Mets admiten que a veces rehuye las entrevistas. Por otro lado, a pesar de su inglés impecable, los reporteros estadounidenses no se acercan a Alfonzo con frecuencia, un venezolano, con tanta prestancia como a un pelotero cuyo primer lenguaje es el inglés. Alfonzo dijo que su hermano mayor, Edgar, quien es coach del equipo Clase A de los Mets en Port St. Lucie, Fla., se ha quejado con él acerca de que el equipo no le da la suficiente publicidad. Alfonzo no estuvo entre los ocho peloteros de la portada de la guía de medios de los Mets de este año. Bobby Bonilla, quien rápidamente recuperó su estatus como paria, fue uno de los ocho escogidos. ¿Piensa Alfonzo que es promocionado lo suficiente por el equipo? “Probablemente no”, dijo él. “No me preocupo por eso. Se supone que ellos deben saber, lo que tienen que hacer. Tengo suficientes problemas sin pensar en las promociones. Si ellos quieren hacer una promoción para mi, está bien. Si no, está bien, también”. Los Mets dijeron que Alfonzo solía ser dubitativo al tomar parte en las promociones televisivas del equipo, pero ha ganado más confianza desde que firmó un contrato de cuatro años por 18.5 millones de dólares el pasado febrero. Aún así, Alfonzo no ha asistido a las caravanas invernales del equipo, eventos publicitarios realizados cada enero, debido a que él juego pelota invernal en Venezuela. Alfonzo es paciente acerca de conseguir su reconocimiento. Mike Piazza llamó a Alfonzo “una de las anclas de nuestro equipo”, pero agregó que el segunda base no es volátil como el campocorto Rey Ordóñez. El cátcher también dijo que Alfonzo es el complemento perfecto de Ordóñez, a menudo lo previene de ser volátil hasta el punto de perjudicarse. Aún así, Piazza, quien es notado desde el momento cuando sale de su apartamento en Manhattan, fue notificado de que Alfonzo pasa desapercibido en su vecindad de Queens. “Tal vez él necesita contratar una firma de relaciones públicas y colocar algunos anuncios de prensa”, dijo Piazza. “Pienso que eso se debe a que su personalidad es muy bajo perfil y el no es extrovertido. Definitivamente no es aburrido, pero es tranquilo”. La habilidad de Alfonzo para hacer la transición desde tercera base, donde Robin Ventura está teniendo una tremenda temporada, hacia segunda base, ha hecho a los Mets un equipo mucho más formidable. Aunque han sido valiosos por igual, resulta interesante que sea Ventura, el Met de primer año, y no Alfonzo quien ha oído cánticos de “M-V-P, M-V-P” en Shea. Alfonzo ha estado con el equipo por cinco temporadas y terminó décimotercero en la carrera por el jugador más valioso de la Liga Nacional en 1997. “Él ha sido nuestro pelotero de todos los días”, dijo el manager Bobby Valentine de Alfonzo. “Ha sido nuestro pelotero más consistente”. Una de las razones por las que Alfonzo luce tan cómodo en segunda base es que ha compartido con Ordóñez durante los ejercicios de fildeo antes del juego por los últimos cuatro años. Los dos peloteros manejan roletazos por alrededor de 30 minutos y se pasan la pelota desde posiciones fuera de balance, desde la espalda y entre sus piernas. Aunque pudiera parecer como si estuvieran payaseando, es un trabajo serio. Ellos quieren acostumbrarse a las jugadas más trucadas que a menudo se convierten en eventos resaltantes. “De vez en cuando ocurren esas cosas”, dijo Alfonzo. “Entonces es cuando tienes que estar listo”. Piazza dijo: “No pensé que la mudanza hacia segunda base sería muy difícil para él, pero lo ha hecho parecer extremadamente fácil. No pienso que puedas decirlo todo acerca de él. Te quedas escaso de adjetivos para describirlo”. Pero Alfonzo no usará adjetivos consigo. Curiosamente tiene un muñeco de bart6 Simpson y una bombita roja de Navidad colgando en su casillero, pero esas no son pistas para descifrar su personalidad; el dijo que el propósito de eso es “hacer lucir el casillero más agradable”. Alfonzo ha escrito los nombres de sus dos hijos, Eduardo de 2 años de edad y Daniel de 2 meses de edad, debajo de la visera de su gorra. Cuando le preguntaron si los escribió ahí para inspirarse, sonrió y dijo, “Si”, antes de agregar. “Y eso le deja saber a los muchachos del clubhouse de quien es esa gorra”. Si fuera por Alfonzo, el se quedaría con los Mets por el “resto de mi vida”, jugando una segunda base impecable y consiguiendo imparables importantes para un equipo ganador en Flushing mientras vive en una tranquila vecindad de Whitestone. Aunque recibe poca atención en una ciudad enloquecida por los medios como Nueva York, Alfonzo no deja que eso lo afecte. “Pienso que es bueno cuando nadie te nota”, dijo Alfonzo. “Entonces, cuando todo termina, ellos te mirarán, verán los números y dirán, ‘No sabía que el podía hacer eso. Ni siquiera había visto a este tipo’”. Traducción: Alfonzo L. Tusa C.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

John Hudek, Meta excedida. 771

The Greatest 21 days. Miércoles, 9 de noviembre de 2011. Definitivamente eso no era lo que John Hudek había planeado, le dijo a The Beaver County Times. Pero ahí estaba él en Pittsburgh, como integrante del equipo de estrellas de la Liga Nacional en 1994, luego de haber debutado en las mayores el 23 de abril de ese año. “Todavía estoy en las nebulosas”, le dijo Hudek a The Times. “Mi meta este año era simplemente llegar a las Grandes Ligas”. Hudek llegó a las mayores y logró más. Se convirtió en el cerrador de los Astros al registrar 15 salvados antes del corte del juego de estrellas, con efectividad por debajo de 2. También terminó, en el año recortado por la huelga, segundo en la votación por el novato del año de la Liga Nacional. Aunque Hudek jugó cinco temporadas más en las mayores, perdió tiempo en su segundo y tercer año debido a las lesiones. Tampoco fue de nuevo al juego de estrellas. La carrera profesional de Hudek empezó en 1988, tomado por los Medias Blancas en la décima ronda del draft, en el Florida Southern College. Jugó ese primer año con el South Bend A, tuvo marca de 7-2 y efectividad de 1.98 en 26 apariciones como relevo. Hudek se movió al Sarasota A y al Birminham AA en 1989, logro 26 salvados entre ellos. Aunque permaneció en Birmingham, hasta 1992. En 1992, Hudek hizo su primera aparición en AAA, en Vancouver. Tuvo 3.19 de efectividad en 39 salidas ahí. Hudek lo hizo lo suficientemente bien ese año para llamar la atención de los Tigres, quienes lo seleccionaron en el draft de ligas menores. No llegó a Detroit. Entonces en julio, el equipo que lo llevaría a las mayores, los Astros, lo tomó de waivers. Hudek jugó el resto de 1993 con el Tucson AAA, luego empezó 1994 allí. Luego llegó a Houston. Y estuvo en el equipo de estrellas. Fue el manager de la Liga Nacional, Jim Fregosi, quien seleccionó a Hudek. “Él probablemente lanza tan duro como cualquier cerrador de la liga”, le dijo Fregosi a The Toledo Blade antes del juego. “Ha hecho un gran trabajo con Houston”. Hudek terminó el año recortado con 16 salvados, 2.97 de efectividad y un distante segundo lugar en la votación del novato del año. Hudek regresó a los Astros en 1995, pero solo participó en 19 juegos antes de que un problema de circulación en su brazo de lanzar lo llevara al quirófano para remover una costilla. Eso también ocasionó que no jugara más el resto del año. La remoción de la costilla ocasionó que Hudek usara un collarín hasta el entrenamiento primaveral de 1996. Sin embargo, Hudek se dislocó un músculo del cuello, y estuvo fuera otra vez hasta julio. Terminó actuando en 15 juegos, Hudek regresó a tiempo completo en 1997, participó en 40 juegos con los Astros, obtuvo cuatro salvados. Su efectividad, sin embargo, se infló hasta 3.98. Para 1998, Hudek fue cambiado a los Mets, a mediados de año se mudó a los Rojos, tuvo 58 salidas y su efectividad fue 3.09. Jugó una temporada más, 20 juegos entre los Rojos, Bravos y Azulejos, para terminar su carrera. Luego de firmar con los Mets en la primavera de 1998, Hudek le dijo a The New York Times que se había recuperado por completo de sus lesiones de 1995 y 1996. The New York Times también le preguntó por lo que pensaba de su éxito inicial y el desvío de su carrera por las lesiones. “No estoy seguro de donde estaría si no me hubiese lesionado”, le dijo Hudek a The New York Times. “¿Sería aún un cerrador élite con los Astros? En mi mente, pienso que si. Pero el juego puede terminar en cualquier momento, eso fue lo que me ocurrió. Eso me hizo apreciar mucho más el juego. La manera como lo veo es que si no hubiera tenido dos años inactivo, mi carrera iba a ser mucho más larga”. Desde entonces Hudek ha regresado a su nativo Texas, y continuado en el juego. Hudek sirve como coach de pitcheo de la selecta asociación juvenil Fort Bend Texans. Hudek le dijo a The Galveston Daily News que la organización trabaja para mejorar las destrezas de los jóvenes peloteros. “La retroalimentación que obtenemos de los entrenadores de la escuela secundaria es que los muchachos no conocen los fundamentos del juego”, le dijo Hudek a The Galveston Daily News. “No tienen tiempo de enseñarlos. Así que si el muchacho no los conoce, eso lo afectará a la larga. Estamos aquí para desarrollar a esos muchachos. Nos concentramos en el desarrollo.” Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del traductor: Actuación de John Hudek con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1993-94 (También actuó con Magallanes en la temporada 1990-91, Caribes de Oriente 1991-92 y Leones del Caracas 1996-97): 28 J, 28 JR, 1 G, 1 P, 19 S, 30.2 IL, 18 HP, 4 CL, 42 K, 9 BB, 1.17 EFE.

Chris Sale acerca de su llegada a los Medias Rojas de Boston: ‘No se puede pedir más’.

Evan Drellich. The Boston Herald. Clubhouse Insider. Miércoles, 07 de diciembre de 2016. Oxon Hill, Md. – Chris Sale finalmente tiene alguna certeza después del cambio del martes que lo envió desde los Medias Blancas a los Medias Rojas. Unirse a una super rotación con David Price y Rick Porcello lo hace todo mejor. “Eso es una especie de guinda sobre la torta”, dijo Sale este miércoles por la mañana en una conferencia telefónica. “Cuando miras el talento de este equipo…como un todo, tienes tipos jóvenes, tienes un líder veterano y uno de los mejores del juego en Dustin Pedroia, no puedes pedir más”. A pesar de que se especuló mucho alrededor de la posibilidad de un cambio por Sale, el dijo que no fue hasta las últimas dos emanas que él creyó que era una posibilidad real. “Nunca estuve muy preocupado”, dijo Sale. Ahora que ocurrió, es un alivio. “Es como ser el mono del medio, estás feliz cuando por fin recibes la llamada”, dijo Sale. “Hay mucha especulación, hay historia tras historia”. El presidente de operaciones de beisbol de los Medias Rojas, Dave Dombrowski, y el manager, John Farrell, llamaron al nuevo as de los Medias Rojas, y el primero que le dio la bienvenida a Sale a la organización fue en realidad un pitcher dese ya identificado como su contraparte: Price. “Estoy tan emocionado como cualquiera, honestamente”, dijo Sale. “No sé como podría no estarlo. Si vas a pertenecer a un contendor perenne en la pelea por los playoffs y a tener una oportunidad real de ganar la Serie Mundial. Pienso en este grupo de peloteros…Siempre he oído grandes cosas”. Profesional y personalmente, notó Sale, el cambio es bueno. Él vive en el area de Fort Myers, Fla., y con su segundo hijo en camino, él y su esposa tendrán más tiempo en casa cerca de la facilidad de entrenamientos primaverales de los Medias Rojas. Sale dijo que espera que haya competición en el cuerpo de lanzadores de los Medias Rojas, pero dijo que el título de “as” no es lo que le importa, sino la meta colectiva de ganar. “Jugamos por un trofeo, no por una etiqueta”, dijo Sale. “Puedo ver la competencia entre todos nosotros. No solo tres, sino todos, Drew Pomeranz, Eduardo Rodríguez. Eso libera las tensiones de todos”. La estadía de Sale con los Medias Blancas fue por momentos controversial, con un incidente notable en la temporada de 2016 en el cual Sale tijereteó uniformes antíguos de los Medias Blancas porque según él eran incómodos para ponérselos y se quejó de que los Medias Blancas estaban dándole prioridad a la venta de uniformes sobre ganar juegos. Pero este miércoles habló positivamente de una organización de la cual dijo a mediados de temporada que no quería abandonar. “Ayer tuve una conversación muy buena con el gerente general de los Medias Blancas, Rick Hahn”, dijo Sale. “Ellos me seleccionaron en la primera ronda cuando muchos tenían dudas. Me subieron a las Grandes Ligas muy rápido cuando muchos tenían dudas. Me incluyeron en la rotación, cuando, claramente, muchos tenían dudas”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Donde están ahora. Buddy Bradford.

Cinco amigos del vecindario Pacoima firmaron contratos, y dos de ellos llegaron a las Grandes Ligas. Fernando Domínguez. Los Angeles Times. 02 de julio de 1994. En las salas de apuestas, las posibilidades de cinco amigos de la niñez de la misma cuadra de la vecindad de firmar contratos para jugar beisbol profesional probablemente serían menores que las de Elvis para salir de gira. Pero Charles (Buddy) Bradford y algunos de sus viejos amigos de Pacoima saben que algunas veces lo que parece muy dificil desafía a todo razonamiento. Ellos lo saben porque hace muchos años, cuando el Valle tenía amplios espacios abiertos interrumpidos aquí y allá por árboles frutales y pequeñas comunidades, eso le ocurrió a ellos. Fue sorprendente entonces y aun es increíble hoy, más de tres décadas después. “Cinco de nosotros de esa pequeña area saltamos al profesional”, dijo Bradford, un jardinero grandeliga por 11 temporadas antes de retirarse en 1977, luego de jugar una temporada en Japón. “Crecimos básicamente en Judd Street, entre Bradley Avenue y Pala Avenue.” Esa cuadra, justo al norte de Van Nuys Boulevard y al este de San Fernando Road, era el hogar y campo de juegos de Bradford, los hermanos Curtis y Claude Fontenot, Bobby Mitchell y Gary Matthews. Todos se convirtieron en jugadores sobresalientes de beisbol en San Fernando High y luego en peloteros de ligas menores, aunque solo Bradford, quien surgió con los Medias Blancas en 1966, y Matthews, quien empezó con los Gigantes de San Francisco en 1972, llegaron a las Grandes Ligas. Y tan poco común como sería por lo general encontrar tanto talento en un lugar, Bradford no estuvo sorprendido cuando los scouts profesionales inundaron la vecindad, con bolígrafos y contratos en mano. “Teníamos buenos atletas aquí”, dijo Bradford. Que Bradford, quien cumplirá 50 años el 25 de julio, supo que hacer con el dinero que le pagaron por jugar beisbol queda claro al mirar alrededor. Ahora dueño de C&P Investments, una compañía que adquiere edificios de apartamentos, Bradford vive con su esposa Patricia, y su hija de 16 años de edad, Tambry, en una elegante casa de la sección Ladera Heights en Los Angeles. La casa, la cual Bradford y su esposa compraron en 1974, tres años después de haberse casado, incluye una sala de juegos sobre el garaje con una mesa de billar y recuerdos de su carrera en las mayores. La amplia sala también le sirve de oficina. Hay un piano grande cerca de la chimenea del comedor donde Tambry, una estudiante de año final en una escuela secundaria exclusiva para muchachas en Westwood, afina sus destrezas musicales. En el recibo, con puertas corredizas que dan hacia la piscina del patio, álbumes de fotos muestran escenas familiares de vacaciones en Hawaii y cruceros por el Caribe. “Cuando llegué a los Medias Blancas, algunos de los peloteros siempre hablaban acerca del mercado de propiedades e inversiones”, dijo Bradford. “Tipos como Ken Berry y Wilbur Wood y Bob Locker estaban en la sala de masajes todos los días hablando de eso, y así fue como me interesé en eso”. Pero, por su propia cuenta, quizás un poco por ser bueno al campo. Despues de firmar con los Medias Blancas el día después de graduarse en la escuela secundaria en 1962, Bradford se unió al equipo brevemente en 1966 y ’67 antes de establecerse en 1968. Sin embargo, tuvo una temporada de novato de disgusto, al batear solo .217 en 103 juegos. Vivió una arrancada muy buena en 1969, liderando ambas ligas en bateo durante el primer mes de la temporada con .420 de promedio, antes de desinflarse y terminar con .256. Y aunque era un tipo pequeño, Bradford bateó un jonrón sobre el techo del viejo Comiskey Park el 25 de abril de 1969, para convertirse en solo el cuarto pelotero de los Medias Blancas que alcanzaba ese logro. Aquellos intereses externos, sin embargo, ya estaban afectando a Bradford, quien para entonces era dueño de un hogar de reposo en Arleta, y era copropietario junto al compañero de equipo Tommy McCraw, un servicio de constestadora telefónica en Culver City. Él tenía más los ojos en los negocios que en las rectas que le lanzaban los pitchers rivales. “Fui atrapado por las inversiones y como tratar de sobrevivir fuera del beisbol, dijo Bradford. “Me distraje como pelotero. No estaba enfocado en el juego y pienso que eso me afectó”. Lo hizo, al, punto donde los Medias Blancas lo enviaron al purgatorio del beisbol, Cleveland, en junio de 1970. Supo del cambio después de terminar un entrenamiento con la guardia nacional en Twentynine Palms. “Yo estaba en un pelotón conformado por puros atletas. Rudy May, Clarence Williams, Tom Egan, Clyde Wright, estaban ahí”, dijo Bradford. “Tenía que ir y entrenarme en medio de la temporada, pero pensaba que era un buen descanso”. “Aprendí a apreciar lo que tenía como pelotero al hacer eso. Como pelotero, te haces tan pretencioso y ostentoso porque piensas que el mundo va a estar a tu servicio todo el tiempo. Eso me dio balance y perspectiva”. Sin embargo, eso no hizo nada por su bateo. Cuando la temporada de 1971 tenía un mes, Bradford estaba bateando .158 para los Indios cuando el equipo determinó que el pertenecía a otro lugar de Ohio, así que lo enviaron a Cincinnati. Ese movimiento duró hasta el final de la temporada y Bradford estaba de vuelta en Chicago el año siguiente. Como lo había hecho cinco años antes, Bradford empezó muy bien en 1974 pero se estrelló contra una cerca persiguiendo un elevado y se rompió la clavícula. Fue una lesión que lo saco de acción por varias semanas. Regresó pero tuvo una torcedura de tobillo que lo sacó de acción otra vez y terminó con promedio de .333 en 39 juegos. Las lesiones llegaron cuando Bradford pensaba que las cosas finalmente mejoraban. “Estaba de vuelta esa temporada”, dijo Bradford. “Era un poco más viejo y más enfocado. Si no me hubiera lesionado, pienso que hubiera sido el comienzo de una sólida carrera”. Eso se convirtió en el principio del fin. Bradford compartió el tiempo entre los Medias Blancas y San Luis en 1975, regresó a Chicago el año siguiente y jugó con los Buffaloes de Kintetsu en Japón en 1977 hasta que trató de robar una base y se torció el mismo tobillo que se lesionó años antes. Bradford regresó a Los Angeles, presintiendo que sus días de jugador activo habían terminado. Una vez de vuelta, y con una hija recién nacida en la casa, Bradford decidió buscar trabajo más cerca de casa. Su esposa, una reportera de la corte suprema, sugirió que é se hiciera marshal de Estados Unidos y Bradford estuvo de acuerdo, y trabajó por un año como oficial en una corte del oeste de Los Angeles. Abandonó ese trabajo por razones personales, se hizo instructor itinerario de ligas menores en bateo, corrido y jardineros con los Cachorros de Chicago, y entonces se desempeñó en otros trabajos, principalmente en al industria de la seguridad, antes de empezar su compañía de inversiones en bienes raíces. El éxito modesto que encontró en el beisbol traducido luego en una vida confortable, proviene de su humilde niñez. Nacido en Mobile, Ala., Bradford se mudó con su familia a Pacoima después que su padre falleció. Bradford tenía unos cuatro años de edad. Un hermano mayor se había establecido en el area después de la universidad y persuadió a su madre para que tomara a Buddy y sus tres hermanas y se fueran al oeste. Bradford dijo que la familia amaba el valle. “Fue agradable ser niño allí”, dijo él. “Podías dormir en tu propio jardín cuando no hacía calor y nadie te molestaba”. La cuadra estaba llena de niños quienes pasaban su tiempo libre jugando pelota en la calle o en terrenos baldíos, iban al cine o nadaban en el parque. A través de esos años, Bradford desarrolló un nexo con los muchachos quienes soñaban con hacerse peloteros profesionales y luego notaba su ambición, algunos con más presencia que otros. Mitchell recuerda su amistad con Bradford. “Fuimos inseparables por mucho tiempo”, recordó Bobby Mitchell, quien llegó hasta AAA con los Angelinos. “Solíamos salir con la novias, nos ejercitábamos juntos. A veces, nos sentábamos en un carro por horas y hablábamos de la vida. Siempre fue un tipo muy enfocado”. Y un atleta excelente. En San Fernando High, Bradford fue regular del equipo de beisbol dos temporadas, estuvo en el equipo titular de atletismo por dos temporadas y jugó en el equipo titular de futbol americano en su año final. Para él, esos fueron años memorables. “San Fernando High para ese momento era una gran escuela”, dijo Bradford. “Esos fueron algunos de los mejores años de mi vida. Inolvidables. Estoy feliz de haberlos vivido”. Bradford, quien prefirió el futbol americano sobre el beisbol, dice que no tuvo una temporada final impresionante y estuvo un poco sorprendido de que los Medias Blancas, Dodgers y Mellizos de Minnesota lo persiguieran activamente. “Mi temporada final solo bateé .333, pero podía lanzar bien y podía correr muy bien, me parece que ellos pensaron que yo tenía mucho talento bruto”, dijo él. Lo cual para los scouts de entonces eran señales suficientemente buenas. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del Traductor:Números de Charles Bradford con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1966-67: 30 J, 117 VB, 20 CA, 27 H, 2 2H, 4 HR, 7 CE, 8 BR, .231 AVG.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Un encuentro invernal llevó a Shane Reynolds hacia una carrera en Grandes Ligas. Paul Letlow

Cuando Shane Reynolds viajó a Venezuela en 1991, estaba determinado a avanzar en su carrera beisbolera. Entonces el nativo de Bastrop era un jugador de ligas menores en el sistema de granjas de los Astros de Houston. Su manager de AA, Rick Sweet iba a Venezuela para la pelota invernal y la organización invitó a Reynolds para que jugara allá. “Yo había tenido una buena segunda parte en la temporada AA”, dijo Reynolds. “Usualmente solo envían tipos con experiencia de AAA o de menos de un año en Grandes Ligas a las ligas invernales. Pero ellos querían que yo jugara y fui”. La buena fortuna ajuntó a Reynolds con Brent Strom, un gurú de pitcheo quien tenía el don de ayudar a los lanzadores a alcanzar su potencial. El entonces coach del Tucson AAA, no forzaba a los pitchers con conceptos enredados, sino que se enfocaba en identificar y afilar sus fortalezas. Así que después de observar a Reynolds lanzar unos juegos, Strom le preguntó un día, “ ¿Quieres lanzar 10 años en las menores, o un año en las Grandes Ligas?” Reynolds no tuvo que pensar mucho la respuesta. “Le dije, ‘Un año en las Grandes Ligas’”. Eso fue todo, dijo Reynolds. “Él me cambió por completo. Mi mecánica era la de un pitcher de poder, pero solo lanzaba a 90 millas. No eres realmente un pitcher de poder si lanzas 90 millas por hora. Tenía una curva más o menos y un cambio no muy bueno”. En los lejanos montículos de Venezuela, Reynolds siguió a un mentor hacia su destino. Strom ayudó a Reynolds a desarrollar un estilo de lanzar más vertical y le enseñó como agregar movimiento a su recta. Reynolds mejoró el control en su curva y agregó una recta de dos separados a su arsenal. El aprender su arte, junto con jugar ante grandes multitudes en Venezuela resulto ser un punto de inflexión para Reynolds. “Pienso que eso fue esencial en mi carrera y me ayudó a llegar a las Grandes Ligas y establecerme”, dijo Reynolds. “Brent Strom, si, le debo mucho a él”. Reynolds se convirtió en uno de los pitchers estelares de los Astros en la Liga Nacional. Fue abridor del juego inaugural de Houston por cinco temporadas seguidas, ayudó al equipo a ganar cuatro títulos divisionales
y fue parte del equipo de estrellas de la Liga Nacional en 2000. Reynolds ganó 103 juegos para los Astros en 11 temporadas, incluyendo 20 juegos completos y siete blanqueos. Houston lo indujo en su Astros Walk of Fame en 2012. “Él fue el pitcher con el cual trabajé mejor”, dijo Strom, quien también cuenta al ganador del Cy Young de 1988, Orel Hershiser, entre sus pupilos. “Nunca tuve un pitcher quien aprovechara la información que yo daba, y sin conocerlo bien entonces como ahora, nunca tuve un pitcher que aprovechara la información y trabajara tan duro”. En reconocimiento a sus logros en el beisbol, Reynolds entra al Louisiana Sports Hall of Fame como parte de la clase de 2014. Será ingresado el sábado 21 de junio por la noche para completar la celebración de inducción del 21 Louisiana Sports Hall of Fame. “Eso es muy especial, especialmente en tu estado natal”, dijo Reynolds. “Siempre he dicho, ‘Hey, soy de Monroe y Bastrop, Louisiana’. Pasé la mayor parte de mi vida adulta casado en Texas, pero cuando me llamaron para lo del Salón de la fama de Louisiana, guao, eso fue un honor muy, muy especial”. Al crecer en Bastrop y luego practicar deportes en la Ouachita Christian School de Monroe, Reynolds era un buen atleta en general. Pero reflexionando sobre aquellos días, Reynolds se considera un surgimiento de última hora quien se mantuvo entrenando duro. “Mis padres, especialmente mi papá, me inculcó la ética de trabajo”, dijo Reynolds. “Él se desempeñaba duro en su trabajo todo el día. Fue mi entrenador de pequeñas ligas desde los ocho años de edad hasta los18. Fue muy determinante en mi preparación, en como yo trabajaba”. No fue hasta el año final de Reynolds en secundaria que las personas fuera de su círculo empezaron a prestarle atención. Era el as del cuerpo de pitcheo de Micah Harper y estableció el record de una temporada de OCS para ese momento con 11 jonrones en un calendario de 22 juegos. “No pensé de verdad en jugar beisbol universitario hasta mi año final en la secundaria”, dijo Reynolds, quien estaba interesado originalmente en ir a Arkansas. Aún así, había dudosos. Harper dijo que Arkansas envió un scout para que lo viera lanzar pero los Razorbacks eligieron dejarlo pasar. “Lo que ellos no entendían de Shane que yo experimenté es, que él tenía una presencia, una determinación y una madurez que no se ve en un muchacho de secundaria”, dijo Harper. “Nada lo molestaba y nada lo afectaba. El éxito no se le iba a la cabeza y cuando las cosas no salían bien, eso no lo derrumbaba”. Reynolds se ganó la oportunidad de jugar beisbol universitario en Faulkner University en Montgomery, Ala., y pasó dos años ahí antes de pasar a la University of Texas. A continuación de un primer año tormentoso donde él chocó con el entrenador principal Cliff Gustafson y fue dejado fuera del roster para la Serie Mundial universitaria, Reynolds fue tomado por Houston en la tercera ronda del draft de 1989. “No nos llevábamos muy bien, pero me vieron y me firmaron”, dijo Reynolds. Strom cree que el disgusto de Reynolds en Texas ayudó a motivarlo en el beisbol profesional. “Pienso que hay algo de historia acerca de él siendo descartado por UT”, dijo Strom. “El hecho de que era un gran joven y trabajador, me impresionó. Una vez que le mostré algunas enseñanzas y trabajamos un poco en eso, no tuve que esforzarme mucho con este muchacho. Él las tomó y las aprovechó”. Despues de las promociones de 1992 y 1993 que lo vieron pitchear en 13 juegos, Reynolds llegó con éxito a 1994. Se unió a una organización en reconstrucción pero fue capaz de crecer en un gran clubhouse de Houston liderado por Craig Biggio y Jeff Bagwell, entre otros. “Estar ahí con Craig Biggio, Jeff Bagwell, Ken Caminiti, Luis Gonzalez, ellos jugaban el juego de la manera correcta”, dijo Reynolds. “Las buenas personas y ellos enseñan a los jóvenes como actuar”. Reynolds tenía un don para encontrar y escuchar a las personas quienes podían ayudarlo a mejorar. Era inseparable del coach de esfuerzo y acondicionamiento de los Astros, Gene Coleman y se hizo fanático de sus ejercitaciones. “Ha habido muy pocas personas quienes trabajan como Shane, solo un puñado”, dijo Coleman. “Estan Nolan Ryan, Roger Clemens y Shane entre los que trabajaron así de duro”. Reynolds tenía un lema que lo mantenía mejorando, mientras más duro trabajas, tienes más suerte. En una ocasión su régimen entre aperturas incluía carreras de distancia, mil sentadillas diarias, carreras cortas, pesas y lanzamientos. “Yo era muy perfeccionista cuando hacia eso cada día y tenía que llegar lo más lejos que pudiera en la carrera de distancia, las sentadillas, la preparación y los lanzamientos para estar 100 por ciento preparado para ese día”, dijo él. “Yo no era un lanzallamas, así que tenía que trabajar las esquinas. Tenía que mantener la sinker perfecta en ese lugar. Mantenerme adelante en la cuenta. Ser capaz de lanzar mis envíos lentos en strike al estar detrás en la cuenta. Los compañeros como Biggio apreciaban los esfuerzos de Reynolds. “Él definitivamente pone mucho de su parte y eso ayuda lo que hace”, dijo Biggio una vez. “No tienes que preguntar nada acerca de si el tipo está poniendo de su parte en tiempo y esfuerzo. Es un tipo por quien no tienes que preocuparte desde ese punto de vista”. Coleman sonrió cuando le pidieron ejemplos de la fascinación de Reynolds por estar en forma. “Era casi obsesivo y compulsivo acerca de ejercitarse”, dijo Coleman. “Si hacíamos 10 rotaciones con una pelota medicinal a la derecha y solo nueve a la izquierda, me lo hacía saber. Teníamos que hacerlo de nuevo”. Durante su primer receso entre temporadas en Houston, Reynolds rentó un lugar a cinco millas del Astrodomo. “Por lo que Shane iba en bicicleta al Astrodomo”, dijo Coleman. “Y mientras él esperaba en el clubhouse a que viniera el encargado a abrirle la puerta, manejaba alrededor del lugar, lo cual era alrededor de dos millas. Seguía manejando y manejando y entonces se iba a ejercitarse. Después de eso, se iba de vuelta en su bicicleta a casa para otras cinco millas. En el entrenamiento primaveral, Coleman dijo que su pupilo llegaba al parque horas antes que empezaran las actividades del equipo. “Si teníamos ejercitación a las diez en punto, Shane llegaba alrededor de las 7”, dijo Coleman. “Salíamos y corríamos juntos y entonces el venía y hacia pesas. Había trabajado más que cualquiera antes que empezara la práctica”. Al querer mejorar su dieta y conseguir suficiente descanso, Reynolds le prometió a Coleman que estaría en la cama para medianoche durante la temporada, a excepción de los extrainnings. También iba a comer acompañado por Coleman para comer de manera correcta. “Él dijo, ‘Si vas a desayunar y almorzar conmigo y me ayudas a elegir que comer, te pagaré todo’”, dijo Coleman. “No era solo que quería mejorar, sino que quería saber que hacer, por qué y cuando hacerlo”. Reynolds notó que era fácil concentrarse en su carrera porque su esposa Pam lo apoyaba. Novios de escuela secundaria, estuvieron juntos en los años universitarios, cinco temporadas de ligas menores y las mayores. “Mi esposa es un individuo fuerte”, dijo él. “Honestamente pienso que yo no estaría donde estoy ahora, sin ella. Es difícil el paso por las menores y cuando llegas a las mayores. Mucho de eso es mental. Ella me respaldó todo el tiempo. Ella fue una influencia positive y cuando yo tenís días malos, ella decía ‘recuerda lo que tratas de hacer aquí’”. Reynolds disfrutó de un sólido reporte de todos sus managers pero tuvo sus mejores temporadas luego de los consejos de Larry Dierker. “Dierker me dijo, ‘No estés mirando por encima del hombro en el quinto inning para ver quien está calentando en un juego cerrado. Tienes que estar ahí en cualquier situación y tienes que aprender a salir de los problemas por ti mismo”, dijo Reynolds. “Él dijo, ‘Si te saco cada vez en el quinto o el sexto inning, ¿Cómo vas a aprender?” Reynolds disfrutó de muchos momentos grandes en el montículo, incluyendo un duelo de pitcheo en Wrigley Field contra Kerry Wood y los Cachorros que produjo 30 ponches (20 de Wood y 10 de Reynolds). Una memoria más personal proviene de 1994, cuando Reynolds no era abridor regular. Al salir a lanzar por un lesionado Pete Harnisch contra los Dodgers de Los Angeles, Reynolds lanzó siete innings sólidos. “Permití dos imparables y una carrera y cargué con la derrota”, dijo él. “Pero fue ese tipo de juego que se queda en la mente porque yo era muy joven y lo hice bien. Pienso que eso me ayudó y entonces los Astros se dieron cuenta, ‘este tipo puede ser abridor’”. Con los números ofensivos creciendo en los años ’90, Reynolds fue afortunado de lanzar ocho temporadas en el Astrodomo. “El Astrodomo era probablemente el mejor lugar para pitchear”, dijo él. “La pelota no corría y era espaciosos. Eso ayudaba a que un pitcher joven ganara confianza. Si cometes un error, consigues un elevado largo en vez de un jonrón”. Mientras Reynolds recuerda tenerle el número tomado al pelotero complementario Bip Roberts, él dijo que también se lo tenía tomado a un insurgente toletero de la Liga Nacional. “No creo haberle permitido un jonrón a Barry Bonds”, dijo Reynolds. “Él conseguía sus imparables, pero también fue mi primer out en las grandes ligas. Parece que yo era capaz de hacer pitcheos donde él conseguía sus imparables, pero ninguno grande”. Oponentes familiares como Chipper Jones y Greg Maddux aprendieron a respetar al derecho Reynolds. “Él tiene buen repertorio”, dijo Jones en una entrevista de 1996. “Tiene números modestos porque ha jugado hasta ahora para un equipo de .500. Pero es uno de los pitchers más temidos de esta liga”. Frente al clubhouse del Astrodomo ese mismo día de 1996, el fututo inquilino del Salón de la Fama, Greg Maddux, dijo: “Cuando su control es bueno, no se puede lanzar mejor. Tienes que tener dos cosas para pitchear. Tienes que localizar tu recta y cambiar velocidades. Él tiene una recta muy buena y es grande cambiando velocidades. Cuando puede localizar su recta, es casi imbateable”. Reynolds cerró su carrera pitcheando para los Bravos en 2003 y los Cascabeles de Arizona en 2004 antes de retirarse con marca de 114-96. Al final, las lesiones pasaron factura. “Pude haber recortado mi carrera debido a que me ejercitaba muy duro, pero no me lamenté por eso”, dijo él. “Al trabajar tan duro, mis días como pitcher fueron los más fáciles”. “Pero el desgaste”, dijo él. “Cinco cirugías de rodilla, una cirugía de hombro, una cirugía de espalda. Si, todo eso te quita mucho tiempo de juego”. Strom dijo: “Pienso que muchos de sus problemas en las rodillas pueden venir de todas esas carreras en las escaleras del Astrodomo y en el piso de concreto. Él casi se ejercitaba a muerte. Nunca podrá ser acusado de no trabajar lo suficientemente fuerte”. Reynolds se mudó recientemente desde el area de Houston hacia Monroe para que su hijo Ryan pudiera asistir a Ouachita Christian. Reynolds sirve como asistente voluntario con el equipo de beisbol de OCS, donde su hijo es un destacado jugador de segundo año. “Realmente he disfrutado entrenando con él”, dijo Harper. “Ha venido a nuestro programa de escuela secundaria y ha sido entrenador asistente. Palea, ordena, corta la grama, sirve. Sabe lo que cuesta motivar a estos muchachos”. En un año cargado de reconocimientos para el ex grandeliga, esta primavera la OCS retiró su camiseta número 37. “Realmente es un honor”, dijo Reynolds de su reconocimiento reciente. “Faulkner University fue la primera en retirar mi número. Poder regresar casa, donde fuiste a la escuela secundaria y que ellos te rindan honores de esa manera, es maravilloso. Tener tu número retirado en el campo donde jugaste es muy especial. Atesoraré eso por siempre”. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del traductor: Estadísticas de Shane Reynolds con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1991-92: 12 J, 12 I, 1 C, 3 G, 4 P, 75 IP, 78 HP, 17 CL, 38 K, 20 BB, 2.04.

El arduo camino de Omar Malavé

Robert McLeod. The Globe and Mail. Viernes, 23 de abril de 2010. El largo amorío de Omar Malavé con el beisbol y los Azulejos de Toronto viene desde cuando él era adolescente y pobre en la ciudad de Cumaná, Venezuela, y Epy Guerrero fue de visita. Como la mayoría de las relaciones, esta tuvo un inicio tormentoso; el famoso scout dominicano casi ocasiona una pelea entre hermanos en la morada de los Malavé. Todo valió la pena, dijo Malavé, quien alcanzó un sueño de toda la vida cuando finalmente debutó en las ligas mayores, como coach de primera base de los Azulejos luego de 29 años viajando en autobuses como jugador y técnico en la organización. “Nunca dejé de creer que algún día tal vez Toronto me daría la oportunidad de estar ahí”, dijo malavé, 47, en una entrevista reciente. “Mientras tengas puesto un uniforme, pienso, que siempre tendrás la oportunidad de llegar a las grandes ligas”. “Pero desde ese día que recibí el llamado del manager Cito Gaston, todo ha sido como un sueño y no puedo esperar a que llegue el día inaugural en Texas”. El viaje de Malavé hasta las mayores empezó en agosto de 1980, cuando Guerrero, quien trabajaba como scout de los Azulejos, llegó a Cumaná. Guerrero había ido para ver a Benito, el hermano de Malavé, quien era dos años mayor. El beisbol era visto como una salvación por muchos jóvenes de la ciudad, una manera de salir de la pobreza, y Omar no era la excepción. Él tenía 17 años y tenía dificultades para existir, era uno de 10 hijos (cinco varones y cinco hembras) creciendo en alrededores humildes. Su padre era obrero, y el año anterior, Malavé había abandonado la escuela para ayudar a mantener a la familia. Su primer trabajo fue en una fábrica ensamblando camas por uno 50 céntimos la hora. “Pasé muchos momentos dificiles mientras crecía”, dijo él. “No teníamos mucho. Hubo muchas veces cuando solo teníamos una comida diaria. A menudo lo que comíamos era un pedazo de pan con mantequilla en la noche”. Así que cuando Guerrero llegó, el hombre que propulsó las carreras de Tony Fernández y Carlos Delgado, fue una gran noticia. Guerrero observó al hermano mayor de Malavé, le gustó lo que vio y lo firmó con un contrato de 5.000 $. A Guerrero le sugirieron que mirara también a Omar, quien era considerado un pelotero decente. Lo hizo y regresó impresionado. “Él quería firmarme también, pero le dijo a mi padre que los 5.000 $ que había gastado en mi hermano era todo el dinero que tenía”, dijo Malavé. “Hablaron de eso por un rato y al final llegaron a un acuerdo que mi hermano y yo compartiríamos el dinero”. “Benito estaba muy molesto por eso. Pensé que me iba a matar”. El año siguiente, con 18 años e incapaz de decir una palabra en inglés, Omar Malavé se encontró en Florida jugando pelota de novatos en la Gulf Coast League con los Azulejos. Fue el comienzo de una larga sociedad, incluyendo nueve temporadas como jugador en el sistema de ligas menores de Toronto, donde el nivel más alto al cual jugó fueron ocho juegos con el Syracuse AAA en 1989. Al final de esa temporada, los Azulejos le propusieron ser coach en Medicine Hat, el antiguo equipo de categoría de novatos afiliado en la Pioneer League. Malavé solo tenía 26 años de edad y estaba inseguro de si estaba listo para dejar de jugar. “Dios mío, todavía estaba joven”, dijo él. “No fue una decisión fácil”. Pero la tomó, y en los próximos 20 años él recorrió la organización de los Azulejos como manager en lugares tan distantes como Hagerstown, Md., Knoxville, Tenn., Syracuse, N.Y., y Dunedin, Fla., dirigiendo en más de 2000 juegos antes de finalmente ganarse sus galones de grandes ligas en Toronto. “Valió la pena esperar”, dijo Malavé. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Entrevista con el coach de pitcheo del Springfield AA, Jason Simontacchi.

Derek Shore. TCN’s Springfield. 07/06/2015 En su tercera temporada en el desarrollo de peloteros de los Cardenales de San Luis, Jason Simontacchi fue nombrado coach de pitcheo de los Cardinals de Springfield en 2015, para continuar su ascenso en el esquema organizacional. Sus primeros dos años, estuvo al frente de los pitchers de los Chiefs de Peoria Clase A, donde contribuyó en el desarrollo de los prospectos de pitcheo que se mencionan abajo y de muchos otros. Simontacchi también fue coach en la Arizona Fall League de 2014. El antiguo lanzador de San Luis (2002-04) esta de vuelta en el corazón del país de los Cardenales, y está guiando a su joven e inexperto cuerpo de lanzadores en AA, pero que mejora de manera consistente. Los números de la temporada no reflejan completamente la mejoría mostrada por un grupo que terminó empatado en el sexto puesta de efectividad y quinto en WHIP en la Texas League que tiene ocho equipos. El equipo tuvo su mejor desempeño de la temporada en el mes de junio, al dejar marca de 16-10, el cuerpo de lanzadores jugó papel importante al dominar las ofensivas contrarias con efectividad de 2.05. En la siguiente entrevista exclusiva, Simontacchi habla de su crecimiento como coach con tres temporadas en los libros, la transición hacia AA desde la perspectiva del coach, como se ha comportado su cuerpo de lanzadores hasta la mitad de la temporada, junto con impresiones individuales de sus abridores y relevistas. Derek Shore: En tu tercera temporada como coach de la organización de los Cardenales, ¿Cómo te sientes con tu crecimiento? Jason Simontacchi: “Diría que he aprendido a ser mucho más paciente, a tratar con muchas más actitudes, pero no las malas. Pienso que he estado bien, siempre se puede mejorar, pero lo más importante es tener más paciencia, y aportar todo lo que la carrera del pelotero pedirá”. DS: La mayoría de los peloteros pasa por un período de ajuste en AA. ¿Cómo es esa transición desde la perspectiva del coach? JS: “No voy a decir que es más fácil, lo que es diferente es que no hay que hablar mucho de la mecánica. Se trata más de hablar del aspecto mental del juego, el pitcheo a pitcheo, la preparación, la ejercitación entre juegos, estar preparado para el juego y tener un plan. Se habla mucho menos (versus su trabajo previo en el Peoria Clase A) de la mecánica del lanzador en el windup o algo por el estilo” DS: ¿Cómo caracterizarías la actuación de tu cuerpo de lanzadores hasta este momento? JS: “Estamos mejorando. No empezamos muy bien, pero pienso que nuestros pitchers se han establecido en lo que son. Definitivamente están mejorando, y dándose cuenta quienes son como pitchers. Pienso que es asunto de afinar algunas cosas y brillar”. DS: ¿Podrías darme tu impresión de algunos de tus abridores: Nick Petree (ya no está con el equipo, fue bajado al Palm Beach de Clase A avanzada recientemente), Thomas Lee, Andrew Morales, Arturo Reyes, y Jimmy Reed (promovido al Memphis AAA)? JS: “Con Nick, el necesitaba controlar mejor su recta. Parecía como si el (Petree) estaba dejando de lanzarla. Los dos últimos años, el probablemente lanzó la recta 70 por ciento del tiempo. Este año, pienso que está al 46 por ciento, necesitaba ir allá abajo (Palm Beach) para afinar algunas cosas. No era que el potencial no estuviera ahí, era solo el hecho de que se estaba quedando atrás en la cuenta y estaba siendo muy cuidadoso, por lo que tenía que venir por el medio del plato. Lo estaban bateando y las pelotas salían elevadas. Necesita mejorar el control de la zona de strike”. Sobre Lee: “De nuevo hay un tipo quien tiene facilidad para lanzar, como lo muestra el hecho de que lanza todos sus envíos en strike. Lee puede expandirla, lanza adentro, tiene una buena actitud, y siente el juego. Tiene una velocidad de 87-88 mph, así que no impresionará con sus envíos, pero si con su control, confunde a los bateadores con sus envíos”. Sobre Morales: “Lo miramos, él es una escogencia de segunda ronda, desde la universidad, tuvo alrededor de cinco o seis innings como profesional el año pasado. Lo pitchers de su edad en este momento no estarían a este nivel, pero sentimos que él puede lanzar y competir aquí, no hay duda de eso, pienso que los Cardenales están de acuerdo con eso, pero no hablo por ellos”. “Los puntos duros, hay algunos dolores crecientes, es lo que le ocurre a los pitchers quienes tienen mucho éxito y de pronto decaen un poco, y ellos no saben que hacer o como hacerlo. Tal vez, se empieza con cosas que ocurren entre los oídos, y se trata de cambiar las cosas en el montículo. Le hemos dado algo de tiempo libre para que reordene sus pensamientos, y lo próximo que hizo fue lanzar bien las últimas dos veces”. Sobre Reyes: “Como escogencia de la ronda 40, me parece que se diría que fue subestimado. Cuando se mira su material, él no es un tipo alto. No vas a mirar hacia el montículo y decir, “¡Guao!” Pero de pronto, él lanza 94 millas y te despierta de inmediato. Tiene una slider decente, sin duda, su repertorio funciona. Está aprendiendo el sentir del juego, del verdadero pitcheo, su confianza se muestra en sus estadísticas, y al llegar al juego de estrellas. Reyes tiene algún repertorio de calidad, es cuestión de que él gane innings y experiencia”. Sobre Reed: “Jimmy Reed es un zurdo de recursos con muy buen repertorio. Es otro tipo como Thomas Lee, él solo lanza, es muy bueno con su control de la zona de strike, la expande, cambia velocidades, sube cuando lo necesita. Tambien se estabiliza alrededor de las 89 mph, son tipos (Reed y Lee) quienes tienen mucha facilidad para pitchear. Si las cosas salen bien, quien sabe a donde llegaran”. DS: ¿Me darías un paseíto por tu bullpen, Jordan Swagerty, Kyle Barraclough, Joey Donofrio (Todos Estrellas de la Texas League, con el uniforme del equipo, pero no participó debido a su promoción al Memphis AAA), Kurt Heyer, Corey Baker, y Chris Thomas? JS: Sobre Swagerty: “Jordan definitivamente ha estado trabajando en su tiempo. Ha tenido muchos puntos de tiempo, regresa por primera vez en tres años, y ha tenido muchas partes movibles y trata de regresar a la normalidad. Swagerty la tuvo dura para avanzar. La gran cosa de esto es la parte mental de su enfoque. Él entiende lo que ocurre, no se presiona, va paso a paso, poco a poco, y encontrándose de nuevo”. Sobre Barraclough; Simo estuvo de acuerdo conmigo acerca de la habilidad de Barraclough para evitar los bates. Él acredita el éxito del derecho en AA a “la efectiva salvajada, de 98 mph que va hacia ti evitando los bates. Él también tiene una slider muy buena. Es algo en lo que ha estado trabajando, y afinando esas mecánicas, así puede hacerse consistente y repetir”. Sobre Donofrio: “Él tuvo un año excepcional aquí el año pasado. Es duro repetir lo que hizo, eso es lo que es. Él es otro pitcher quien lanza strikes, tiene una slider que por alguna razón parece invisible. Los bateadores no la ven, no reconocen el efecto. Donofrio te da innings, puede venir y evitar los bates también”. Sobre Heyer: “Kurt Heyer, un tipo energético, también tiene algo en la bola, llega a las 94 mph. Su cambio fue bueno. Estamos tratando de que lo lance más, al estar en los lugares que toca en el bullpen. Es su tercer mejor pitcheo. Irá primero con su recta y slider. La slider a veces es muy Buena, pero necesita ser más consistente con su recta/slider”. Sobre Baker: “Pienso que a cualquier manager le gustaría tener un pitcher versátil, que pueda lanzar como cerrador, como relevo intermedio, y como abridor. Baker lanza strikes. Sus estadísticas no lo muestran, pero él pasó por un lapso donde pensaba que tenía que ser perfecto. Quería probablemente presionar para que lo subieran o por cualquier razón. Tiene una super sinker, cuando está bien, es muy buena, y pienso que ese pitcheo podría funcionar a nivel de grandes ligas. Su cambio es un pitcheo escurridizo, puede lanzarlo en cualquier conteo, y lo mezcla con la slider ante los derechos. Baker tiene los pitcheos y también la disposición de afinarlos”. Sobre Nazario: Él notó que Nazario había sido especialmente difícil para los zurdos en Springfield. Así que le pregunté si él podía pitchearle a los derechos en la categoría superior. “Absolutamente, sin duda que puede”, replicó Simontacchi. “El muchacho lanza strikes, él tiene ese envío resbaloso, y tiene un cambio muy bueno que pocas personas mencionan. También tiene una slider, una pequeña curva, a la cual le puede cambiar los ángulos con su brazo. Ahí de nuevo no te decepcionará. Su control necesita estar ahí. Esto es lo que un pitcher puede hacer para afinar sus pitcheos o buscar otro trabajo”. Sobre Thomas: “Chris Thomas tiene una recta invisible, la lanza como a 91-92 mph, pero la forma como los bateadores reaccionan ante ella, parece como su fuera de 95-96 mph. No sé lo que es, él ha tenido alguna decepción en su mecánica y acción del brazo. Tiene un curva muy buena, también un cambio, pero en el mundo en que está, principalmente va con los dos envíos principales. He tenido a Chris por dos años, y hay algo acerca de su recta que está bajo el radar, ellos no puedan batearla. Con la mayoría de los bateadores quienes viven en la zona de strike que el frecuenta, él parece encontrar huecos en sus bates”. DS: “¡Jason, gracias por tu tiempo!” JS: Por nada. Para concluir, me gustaría agradecer a Jim Connell del Springfield News Leader por ayudarme a contactar a Simontacchi. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Esquina de las Barajitas: 1978 Al Oliver.

Bruce Markusen Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown. Supongo que es posible que Al Oliver, usando aquellos uniformes distintivos de los Piratas de Pittsburgh de finales de los años ’90, está ensayando una pose para esta barajita Topps. El fotógrafo de Topps puede haberle pedido que mostrara una expresión seria en su rostro, como si estuviera contemplando algo muy importante. Pero no pienso que Oliver está actuando aquí. Me parece que todo es muy genuino. Con su codo presionado contra su casco y su mano izquierda tocando un costado de su boca, Oliver parece estar sumergido en sus pensamientos. No estoy seguro de lo que Oliver está pensando en su barajita Topps de 1978. Conociendo lo serio que es él acerca del arte de batear, puedo imaginar a Oliver sentándose en el dugout después del turno fallido y pensar, “Bien, ¿qué necesito hacer para batearle un imparable a este tipo?” Después de todo, Oliver era un maestro del bateo. Iba al plato con una idea de los que quería hacer, y como tenía que combatir lo que el pitcher le estaba lanzando. Si, Oliver tenía grandes destrezas naturales, y si, era un bateador agresivo (como todos aquellos Piratas de finales de los años ’70), pero también era un bateador reflexivo. No se compila un promedio de bateo vitalicio de .303 sin tener un plan en el plato. Tener el esquema mental apropiado era parte de lo que hacía grande a Al Oliver. El nombre de Oliver también dispara algo en mi esquema mental. Como niño de los años ’70 vienen ciertas asociaciones a mi mente cuando oigo el nombre. Pienso en el personaje extraño de el programa Brady Bunch, “Cousin Oliver”, quien apareció abruptamente durante la temporada final de esa comedia de situaciones inocentes en 1974. Pienso en el antíguo pelotero de grandes ligas, Bob Oliver. Pero primero que todo pienso en Al Oliver, quien fuera parte integral de tantos buenos equipos de los Piratas durante los años ’70, incluyendo al equipo ganador de la Serie Mundial de 1971. Para 1978, Al “Scoop” Oliver era uno de los bateadores más respetados del juego. Su carrera de grandeliga empezó una década antes, cuando saboreó la proverbial taza de café con los Piratas por primera vez. En 1969, Oliver llegó a la alineación de los Piratas, a pesar del talento que la organización tenía en primera base y los jardines. En primera base, Oliver tuvo que competir con el toletero Bob Robertson, quien era considerado como el “próximo Ralph Kiner” por algunos evaluadores de talento. En los jardines, los Piratas ya tenían a Willie Stargell en el izquierdo, Roberto Clemente en el derecho, y Matty Alou en el centro. Eso es dos futuros inquilinos del Salón de la Fama y un campeón de bateo. Resultó que Robertson aún estaba a un año de refinar su swing. Tuvo dificultades en su actuación, eso abrió las puertas para que Oliver jugara primera base. Oliver también tuvo 21 apariciones en los jardines, al ser llamado por el manager Larry Shepard como sustituto ocasional de Stargell y Clemente. Oliver bateó para un sólido .285 y despachó 17 jonrones, números que le permitieron terminar segundo en la votación del novato del año de la Liga Nacional. En su segunda temporada complete, Oliver jugó aún más regularmente como primera base y jardinero, pero su promedio de bateo y números de poder disminuyeron, algo común entre los peloteros que acusan las dificultades del segundo año. Entonces resurgió en 1971, un año que también lo vio aprender una nueva posición. Al enviar a Alou a los Cardenales de San Luis, los Piratas necesitaban un nuevo jardinero central. Le entregaron esa responsabilidad a Oliver, quien la asumió admirablemente, a pesar de su carencia de velocidad y fortaleza en el brazo. Al compartir la posición con Gene Clines, Oliver ayudó a formar una alternancia productiva en el jardín central, solidificando una de las pocas posiciones dudosas de lo que sería un equipo campeón. Cuando los Piratas sorprendieron a los Orioles de Baltimore en la Serie Mundial, Oliver ganó su primer y único anillo de Serie Mundial. La temporada de 1971 también trajo una plataforma para alguna historia cultural. El 1 de septiembre, los Piratas realizaron un juego ante los Filis de Filadelfia que bajo otra circunstancia hubiese sido fácilmente olvidado. En ese momento el juego recibió poca atención, pero se hizo notable por la identidad de los nueve Piratas que iniciaron el juego. Todos ellos eran negros (afroamericanos o latinos), fue la primera vez en la historia de las grandes ligas que un equipo empezaba un juego con una alineación de puros negros. Algunos peloteros, como Oliver, no se dieron cuenta que los Piratas estaban usando una alineación de puros negros hasta la mitad del juego. “No me había dado cuenta”, me dijo Oliver una vez, “Porque siempre teníamos por lo menos cinco o seis (peloteros negros y latinos) en el campo. Así que , dos o tres más no era gran cosa. No me di cuenta hasta el tercer o cuarto inning. Dave Cash (quien jugó tercera base ese día) me dijo, ‘Hey, Scoop, estamos jugando puros hermanos’. Pensé en eso y le dije, ‘¡Seguro que si!’” Mientras muchos de los Piratas reaccionaron con humor, la composición de su alineación reflejaba los esfuerzos pioneros de integración, sin parangón en ambas ligas. En 1972, Oliver ofreció su primera señal de estrellato personal. Al continuar jugando en el jardín central, subió su promedio de bateo a .312, se embasó 35 por ciento del tiempo y calificó para su primer juego de estrellas. Al final de la temporada, los periodistas deportivos reconocieron a Oliver ubicándolo de séptimo en la votación por el jugador más valioso. Oliver siguió siendo estelar con los Piratas por las próximas cinco temporadas. Bateó 20 jonrones en 1973, bateó tres veces sobre .300, participó dos veces en el juego de estrellas, y recibió votos para el jugador más valioso cuatro veces. Un consumado bateador zurdo, Oliver tenía el tipo de swing de líneas que se convirtió en modelo para otros bateadores. Usaba todo el terreno, desperdigando linietazos desde un extremo al otro. En su año final con los Piratas, también hizo una leve transición al jardín izquierdo, una posición para la cual estaba mucho mejor capacitado que para el jardín central. Ahora de 30 años de edad, Oliver parecía establecido en Pittsburgh. Los Piratas de 1977 ganaron 96 juegos, pero ese total solo fue bueno para llegar segundos en el este de la Liga Nacional. Algunos en la organización creían que los Piratas necesitaban más pitcheo para desbancar a Filadelfia de la primera posición. Con una abundancia de buenos bateadores, algunos sentían que los Piratas podían sacrificar bateo por pitcheo. Oliver, quién podía ser extrovertido y crítico de la gerencia, se convirtió en el cordero de sacrificio. El gerente general de los Piratas, Harding “Pete” Peterson negoció un complicado cambio de cuatro equipos con los Bravos de Atlanta, Mets de Nueva York, y Rangers de Texas. Principalmente, el trato permitió a los Piratas adquirir al derecho curvero inquilino del Salón de la Fama, Bert Byleven desde Texas. El principal costo fue Oliver, quien se unió a los Rangers como su tercer bateador. Así que para el momento cuando la barajita Topps 1978 de Oliver salió, mostrándolo con la gorra y los colores de los Piratas, ya estaba desfasada en el tiempo. Mientras los Rangers habían tenido dificultades desde su relocalización desde Washington en 1972, fueron un equipo en progreso que había ganado 94 juegos en 1977. Seguro, los veranos de Texas eran brutalmente calientes, pero los Rangers ofrecían el beneficio del Arlington Stadium, un estadio excelente para los bateadores y un lugar donde los elevados viajaban bien durante los juegos nocturnos. Al unirse a los Rangers, Oliver elevó el nivel de su juego. Un pelotero muy bueno en Pittsburgh, se convirtió en una estrella consumada en Texas. En las próximas cuatro temporadas, no bateó por debajo de .309, agenció números de OPS en el rango de .800, y participó en tres juegos de estrellas. Oliver alcanzó su pico con los Rangers en 1980. Aunque tenía 33 años de edad y parecía en una edad cuando la mayoría de los peloteros declina, Oliver bateó .319, largó 19 jonrones, y alcanzó su tope vitalicio de 119 carreras empujadas. También mostró una increíble durabilidad, al liderar la liga con 163 encuentros jugados ese verano. Entonces vino la temporada recortada por la huelga en 1981. Oliver perdió su swing de poder ese verano, su total de jonrones cayó a cuatro. Mientras tanto, su agente, Michael Mandel, trató de negociar la extensión del contrato con los Rangers, Mandel y la oficina principal de los Rangers pronto tuvieron diferencias, y Oliver se encontró saliendo de la ciudad. Los Rangers trataron de negociar a Oliver agresivamente en la primavera de 1982. En un momento, llegaron a un acuerdo que habría enviado a Oliver a los Yanquis de Nueva York por un paquete de Oscar Gamble, Mike Morgan y Bob Watson. Pero Gamble invocó su veto de no cambio, invalidando la negociación y dejando a Oliver en Texas, por lo menos temporalmente. Más adelante esa primavera, justo antes del dia inaugural, los Rangers enviaron a Oliver a los Expos de Montreal por un paquete encabezado por el toletero tercera base Larry Parrish. Los Expos habían tratado de adquirir a Oliver desde 1977, como parte de un esfuerzo por balancear su alineación cargada de derechos. Ahora al cambiar a primera base, Oliver encontró a Montreal de su agrado. Triunfante en su regreso a la Liga Nacional, Oliver ganó el título de bateo con marca de .331, también lideró la liga en imparables, bases totales, y dobles. Como bono, descargó 22 jonrones, estableciendo un tope en su carrera. Oliver nunca alcanzaría esos números otra vez, pero siguió siendo un bateador sobresaliente en 1983, al batear para .300, calificar para otro juego de estrellas, y obtener algunos votos en la carrera por el jugador más valioso. En 1984, los Expos decidieron moverse en la dirección de la juventud. Esa primavera, enviaron a Oliver a los Gigantes de San Francisco por un paquete del jardinero Max Venable y el pitcher derecho Fred Breining. El cambio disparó la fase complementaria de la carrear de Oliver. Rebotó desde San Francisco hasta Filadelfia, hasta Los Angeles, hasta Toronto en los próximas dos temporadas, estableciéndose en el papel de pelotero alterno y bateador emergente. A diferencia de muchas estrellas desgastadas, Oliver salió del juego con una última nota alta. Despues de ayudar a los Azulejos a asegurar el este de la Liga Americana, bateó .375 con tres careras empujadas contra los Reales de Kansas City en la serie de campeonato. Oliver pareció tener algo más que ofrecer, pero ningún otro equipo mostró interés en él para 1986, en una época cuando los dueños de grandes ligas se aliaron contra los agentes libres. Hasta el día de hoy, Oliver cree que esa alianza acabó con la oportunidad de terminar su carrera con 3.000 imparables. En lugar de eso, el fino bateador terminó con 2.743 imparables y un promedio vitalicio de bateo de .303. Despues de sus días de jugador activo, Oliver regresó a su nativa Portsmouth, Ohio, donde ahora sirve como embajador de la ciudad. Se unió al escritorio de una organización llamada “Suicide is Not Painless”, con la esperanza de hacer algo tangible para atenuar la marea del suicidio adolescente. Pocos años después de llegar al equipo de trabajo del Salón de la Fama, tuve el honor de compartir con Al y su antíguo manager Chuck Tanner, en un panel acerca de peloteros afroamericanos. Fue la primera vez que compartí con Oliver, quien me impresionó con su reflexividad y su actitud profesional e inspirativa. Entendí perfectamente como este hombre se había convertido en diacono y orador motivacional, un hombre quien predicaba a los niños sobre la importancia de evitar las drogas y otras tentaciones. En 2004, el Salón de la Fama invitó a Oliver y otro antiguo Pirata, Jim “Mudcat” Grant, para participar en la celebración del Black History Month. Los dos antiguos compañeros de equipo hablaron en el Bullpen Theater, y entretuvieron a los visitantes y miembros del equipo de trabajo con su humor, su naturaleza hogareña, y sus pensamientos sobre el estado de las relaciones raciales en el beisbol. Durante la charla, Oliver expresó su esperanza de que Major League Baseball pondría más énfasis en involucrar antiguos peloteros como él y Grant en sus esfuerzos por acercarse a la comunidad afroamericana. “De verdad creo que necesitan traer más jugadores quienes hayan estado allí, peloteros quienes hayan sido exitosos”, le dijo Oliver a la multitud en Cooperstown. “De verdad creo que mientras más exitoso hayas sido, más tienes que ofrecer. Mientras más hayas viajado, como Mudcat. Mudcat ha visto de todo. ¡Creo que no hay nada en este mundo que ‘Mudcat ‘ Grant no haya visto! ¡Las personas con quienes ha estado en contacto, las cosas que conoce!” Oliver también estuvo de acuerdo con Grant acerca de la importancia del beisbol para conectarse con el interior de la ciudad, pero no solo con atletas jóvenes negros. “Mudcat solo tocó un punto clave cuando dijo interior de la ciudad, pero hablemos de los blancos. En la sociedad de hoy, en el interior de la ciudad, también se ven blancos. Y que mejor manera para aprender los unos de los otros. Ahí es donde necesitamos estar en 2004. Esto no es 1804. Deberíamos ser así ahora. Que mejor manera de acercar a las personas para aprender unos de otros, y encontrar que, hey, estamos juntos en esto”. Para el final desea sesión de una hora en el Bullpen Theater, un reflexivo y bien hablado Al Oliver había convencido a todos de que él conocía más de derechos civiles y relaciones raciales que del arte de batear. Algunas veces nuestras barajitas de beisbol cobran vida de una manera indescifrable. Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.