viernes, 7 de febrero de 2020

La Serie del Caribe que siempre recordaré.

Aquella noche elegían la reina del carnaval de Cumanacoa en la plaza Montes. Fui a regañadientes obligado por mamá a presenciar las festividades carnavalescas. El juego de ese 10 de febrero de 1970 podía representar el título del torneo caribeño para los Navegantes del Magallanes en representación de Venezuela, un galardón que había resultado esquivo a los equipos venezolanos en la primera etapa de esa competencia. En medio de mi tristeza por no quedarme en casa a escuchar el juego con mis hermanos en el radio de bulbos incandescentes del comedor, logré escabullirme hasta el escaparate y tomé el radiecito de Felipe de su compartimiento, lo metí hasta el fondo del bolsillo izquierdo de mi pantalón y lo disimulé prácticamente soldando mi mano izquierda en ese lugar. Había escuchado todos los juegos, parcialmente, pero los había escuchado. En el primero me quedé dormido, la mañana siguiente Jesús Mario me contó que Armando Ortíz le había bateado un jonrón al mismísimo Miguel Cuellar, si el flamante ganador del Cy Young de la Liga Americana junto a Denny McLain y los Navegantes habían terminado venciendo a los Leones de Ponce 3-1 ____________________________________________ Cada vez que mamá se descuidaba, yo sacaba el radiecito, cuando anunciaban a la primera aspirante a reina, el juego estaba empatado 1-1 en el cierre del tercer episodio. A lo largo del torneo, nunca tuve la oportunidad de escuchar un juego completo, o era tarde en la noche, o tenía que estudiar porque si no tenía prohibido escuchar los juegos, o si era fin de semana, tenía que ponerme el disfraz de mexicano para salir en la comparsa que habían conformado en el vecindario. __________________________________________________ Debido a que solo participaban tres equipos, la serie fue diseñada a cuatro rondas, cada equipo efectuaría ocho juegos, por eso no los recuerdo todos. Si me quedó grabada la derrota ante los Tigres de Licey, porque fue un juego muy cerrado, si la memoria no me falla llegó empatado al noveno inning o fue a extrainning y el momento decisivo fue una apretada jugada en el plato donde participó el pitcher Don Eddy, los dominicanos ganaron 5-4 ese tercer juego de la divisa magallanera. La competencia fue muy disputada, cuatro de las victorias magallaneras ocurrieron por diferencia de una carrera. No era para menos, en el equipo borícua había luminarias como Tany Perez, Miguel Cuellar y Bernie Carbo, la representación quisqueyana contaba entre otros con Ricardo Carty, Manuel Mota y Cesar Cedeño. _____________________________________________________________ Hacia más allá de la mitad del juego cada vez me iba hacia un grupo de hombres que escuchaban el juego en el escalón del busto de Domingo Montes. La última vez que mamá me fue a buscar, me resistí un momento hasta que terminó el inning, en ese cierre del octavo Magallanes había empatado la pizarra 3-3 con dobletes de Ray Fosse y Armando Ortíz. Cuando más emocionante estaba el juego, terminó la elección de la reina de carnaval y mamá decidió acompañar a unas amigas hasta la casa de la maestra Berenice en la calle Las Flores. Yo tenía una mezcla de tristeza y disgusto, quería convertirme en invisible y quedarme escuchando el juego en la plaza. Como persistiera en mi tristeza, la maestra Berenice preguntó que me ocurría, cuando mamá le habló de mi afición por el béisbol, ella fue un momento al interior de la casa y trajo uno de aquellos radio-tocadiscos portátiles y me dijo que ahí podía escuchar el juego. En medio de mi emoción se me olvidó darle las gracias y mamá de inmediato me lanzó aquella mirada intensa por lo cual levanté la voz para agradecer aunque sin apartarme del radio-tocadiscos. _____________________________________________________ En el cierre del noveno subí el volumen del radio porque la conversación de mamá y sus amigas era muy efusiva. Los Leones de Ponce tenían corredores en tercera y primera con un out, entonces Delio Amado León fue subiendo el tono de su voz hasta alcanzar niveles de tenor: “Santos Alomar intenta el squeeze play suicida pero Dámaso Blanco intuye la jugada y viene corriendo como en una carrera de cien metros planos, junto al corredor Jorge Roque, toma la pelota a mano limpia y se la pasa al receptor Ray Fosse…out en la goma…amigos, que jugada de feria ha ejecutado Dámaso Blanco, que manera de bloquear el plato de Fosse…escuchen al público…el estadio Universitario es un manicomio…” Yo quería saltar y gritar, pero la impresión de la jugada, lo cerca que estuvo el equipo puertorriqueño de irse adelante, me hipnotizó. ___________________________________________________________ Para el cierre del undécimo inning el carnaval seguía incrementando el humor y la inventiva de los espontáneos que ideaban cualquier tipo de disfraz y salían a desfilar en los capós de los carros. Pero la intensidad del juego llegó a su clímax cuando Dámaso Blanco abrió la entrada con sencillo a la izquierda que flumbeó el jardinero Jorge Roque para que Blanco anclara en la intermedia, de seguidas Aurelio Monteagudo se sacrificó para llevar a Dámaso a la antesala. En ese momento la adrenalina hervía en el estadio y en todos los rincones donde había un radio, estaba muy cerca el ansiado título de una Serie del Caribe para un equipo venezolano. El manager Jim Fregosi ordenó boletos intencionales para Cesar Tovar y Chico Ruiz. Entonces le tocó el turno a Gustavo Gil y despachó un roletazo imparable por el medio del campo que trajo el mensaje que desató la alegría desbordada por todo el país. _____________________________________________ Alfonso L. Tusa C. 07 de febrero de 2020.

sábado, 1 de febrero de 2020

Ecos cincuentenarios de aquel carnaval magallanero.

Aquel domingo primero de febrero de 1970 lo único que me apartaba por instantes de la transmisión del juego de beisbol, eran las incidencias del carnaval con agua desatado en la calle Ayacucho, desde la librería San Pablo hasta La Copita. Papá detuvo el Plymouth Century negro frente a la casa de mis abuelos en Cumaná. Tomé el radio transistor de algunos veinte centímetros de largo, embutido en una carcasa de cuero con sus respectivos orificios por donde emergían la antena, y los controles de volumen y sintonizador, además de un círculo de agujeros por donde salía el sonido de la corneta. Lo metí por debajo de la franela para evitar que alguna bombita de agua lo mojara. No quería perderme ni un detalle de aquel juego que Magallanes ganaba 2-1 en el cierre del séptimo inning. Si ganaban serían campeones. Era como una especie de repetición de lo que había ocurrido en la Serie Mundial entre los Milagrosos Mets de Nueva York y los archifavoritos Orioles de Baltimore. En el primer juego de esa final Orlando Peña maniató a la ofensiva de los Tiburones de La Guaira, mientras Gregory Sims, Jim Holt y Gonzalo Marquez castigaban al estelar Mike Hedlund (líder en efectividad de LVBP esa temporada con 0.75 si mal no recuerdo). En el segundo Don Eddy también blanqueo a La Guaira para vencer 1-0 al también estelar Larry Jaster, amparado en sencillo remolcador de Hiraldo Chico Ruiz para traer la anotación de Dámaso Blanco en el cierre del tercer episodio. _______________________________________________________________ Protesté porque cuando precisamente empezaba el cierre del noveno inning, mamá me pidió que fuese a comprar dos papeletas de pimienta en la bodega de María Castillo. Desde la entrada de la casa se escuchaban los gritos de los jugadores de carnaval. Sabía a lo que me enfrentaba, no podía dar ningún rodeo porque el carnaval con agua estaba prendido igual en todas las calles. Traté de correr lo más fuerte que pude pero igual Pedro Augusto y Ramoncito me sostuvieron en la esquina del callejón La Paz y me sumergieron con todo y radio en un tambor de agua. No me molestaba que me hubieran mojado, lo que me hizo mirarlos con fuego en los ojos fue que dejaron mudo al radio. Igual corrí con todo lo que daban mis piernas, María Castillo pasó como dos minutos preguntándome que quería, mi voz no se escuchaba, tuve que señalar las papeletas de pimienta. Entonces me aventuré a regresar por la calle Boyacá, y aprovechando que en ese momento estaban cargando los envases de agua, corrí como si me persiguieran los toros más furiosos de San Fermín. “¡Muchacho, te mandé fue a la bodega, no a darte un baño en la playa!” Mamá quiso llevarme a secar en el baño, pero yo corrí hacia la sala y encendí el radio de tubos incandescentes de mi abuela, la voz de Delio Amado León retumbaba en la corneta: “…cierre del noveno…dos outs…Magallanes tiene montada la olla para el sancocho de Tiburones,,,ahí viene el lanzamiento de Jay Ritchie y es strike cantado, los Navegantes del Magallanes son los campeones de la temporada 1969-70, luego de una larga espera de quince años.” ___________________________________________________________________ Alfonso L. Tusa C. 01 de febrero de 2020.©

lunes, 23 de diciembre de 2019

Luis Peñalver: El Pitcher de las Ocasiones Trascendentales.

Entrar a la pagina web de la Liga Venezolana de Beisbol este sábado, 21 de diciembre de 2019, activó un mecanismo de máquina cronológica y de pronto escuchaba una voz entre ronca y entusiasta en cada una de las tres ocasiones que hablé con él vía telefónica. Luis Peñalver, el lanzador de tantas oportunidades satisfactorias con los Leones del Caracas, el pitcher ganador del juego decisivo de los Juegos Panamericanos de Chicago en 1959, el cumanés que no perdió una pizca de su gentilicio a pesar de emigrar hacia Caracas cuando tenía 7 años de edad, había fallecido presumiblemente este 20 de diciembre. Revisé mi cuenta Twitter y confirmé la noticia en las publicaciones del historiador Javier González, el narrador deportivo Alfonso Saer y los comunicadores sociales Humberto Acosta y Carlos Abreu. Hacía poco estuve buscando su número telefónico para refrescar algunas de las anécdotas que me había referido en cada una de aquellas llamadas telefónicas. _____________________________________________________ “Me fui de Cumaná con mi mamá, cuando tenía 7 años de edad. Salimos en un barco desde Puerto Sucre y cuando íbamos frente a Cabo Codera se desató una tempestad bravísima que nos hizo temer que nos habíamos perdido. Mi mamá me tomó la mano y me dijo que no le bajara la mirada nunca al monstruo…que cuando más difícil era la situación, había que apretar la mirada y salir adelante. Entonces, en medio de aquella niebla, me escurrí hasta la sala de mandos y escuché al capitán decir que ‘no se ve nada…no sé si estamos frente a la costa venezolana o en pleno mar Caribe afuera…’. Cuando regresé con mi mamá, me abrazó muy fuerte y preguntó donde me había metido. Le dije que le estaba mirando el rostro al monstruo y aunque era muy feo, no le bajé la mirada. Me dijo ‘tú si tienes vainas Luisito, me diste un buen susto…menos más que la Virgen del valle me escuchó’, la voz de Luis Peñalver sonaba profunda aquella mañana de septiembre de 2009 cuando lo llamé para hablar de los Juegos Panamericanos de 1959, cuando fue integrante del equipo de beisbol venezolano que ganó la medalla de oro contra todos los pronósticos. ______________________________________________ Para el juego por la medalla aurea de aquellos Panamericanos de 1959, el manager José Antonio Casanova estuvo reflexionando, discutiendo y ponderando sus opciones junto a cuerpo técnico y luego de más de tres cuartos de hora de escuchar y analizar planteamientos, llamó a Luis Peñalver y le dijo “prepárese porque usted será el pitcher abridor mañana ante los puertorriqueños”. Luego de un momento de silencio, se escuchó un suspiro, luego un carraspeo, finalmente Peñalver esbozó una sonrisa y levantó los brazos como si fuese a iniciar el wind up de levantar el pie izquierdo al más genuino estilo de Juan Marichal, “No se arrepentirá de haberme dado la pelota para abrir este juego. Voy a dar lo mejor de mí”. Ese domingo 6 de septiembre de 1959, Peñalver asumió el reto en Wrigley Field y cumplió lo que había prometido a Casanova, espació media docena de imparables boricuas y lanzó completo, mientras sus compañeros lo respaldaron desde el primer episodio mediante triple de William Troconis y sencillo de Eduardo Amaya. En el cuarto inning Francisco “La Manca” López descargó cuadrangular para llevar la ventaja a 2-0. Marcaron otra rayita en el quinto mediante dobletes de Domingo Martín Fumero y del propio Peñalver. Troquelaron dos carreras más en el octavo. Peñalver, quien llegó a retirar hasta nueve puertorriqueños en fila, mantuvo inmaculado el plato hasta el cierre del octavo cuando concedió un boleto y permitió doblete a Carlos Nazario. En la apertura del noveno los venezolanos lograron otra anotación para darle algo más de respiro a Peñalver. En el cierre de ese inning Reinaldo Vásquez despachó jonrón, pero Peñalver completó su labor y Venezuela alcanzó la medalla de oro, la única presea de ese metal que ganó la delegación criolla en esos Panamericanos, ante el júbilo de los peloteros y los atletas venezolanos que presenciaban el juego en las tribunas. __________________________________________________ Uno de los relatos donde más comprobé la efusividad cumanesa de Peñalver, fue cuando habló de su salto al beisbol profesional, “firmé con los Indios de Oriente antes de la temporada de 1960-61. Ellos me dieron un bono por una cantidad de dinero del cual me pagaron la mitad al momento de la firma, entonces al final del documento escribí Luis, de inmediato me preguntaron cuanto iba a escribir mi apellido y les contesté ‘cuando ustedes me entreguen la otra parte del bono’. Esa primera temporada participó en 16 juegos, de los cuales completó 3 y relevó en otros 9. Tuvo marca de 2 y 3 en 61 innings lanzados. Permitió 64 imparables, ponchó 42 bateadores, concedió 28 boletos y su efectividad fue de 3.98, nada mal para un novato. _______________________________________________________ “Compartimos entrenamientos en nuestro primer año en el beisbol organizado (1961) con el equipo Sun Kings de El Paso en la Liga Sophomore Clase D, filial de los Gigantes de San Francisco. Cuando terminamos los entrenamientos primaverales viajamos desde Casa Grande hasta El Paso. El autobús se detuvo frente al hotel, cuando me iba a bajar el manager George Genovese me dijo ‘No Dámaso, aquí solo se quedan los peloteros blancos. Pero no te preocupes esto debes tomarlo como algo que fortalecerá tu carácter’. Luis Peñalver que pudo quedarse en el hotel prefirió quedarse conmigo y los otros peloteros negros y latinos como José Cardenal, James Perkins, Bob Chance, Jerry Pedroso. Ese gesto nunca lo olvidaré”, Dámaso Blanco rememora uno de los rasgos de la personalidad de Peñalver. Cuando le referí el episodio, Luis respondió: “Fui compañero de Dámaso en el Intendencia Naval, fuimos juntos a clases de inglés animados por el dueño de ese equipo. Después compartimos en los Panamericanos de Chicago en 1959, ¿Cómo lo iba a abandonar en un momento tan duro? Después en esa temporada alquilamos un carro que echaba humo por todos lados y los policías nos paraban en todas las esquinas”. ____________________________________________________ Cuando falleció Sparky Anderson lo llamé para preguntarle que recordaba de su manager en los Navegantes del Magallanes en la temporada 1964-65. “Sparky era un manager muy sensible. Siempre estaba pendiente del último de los peloteros. Él mismo fongueaba en la práctica de infield. Cuando me lesioné el codo, él salió al montículo, le dije que no podía lanzar más. Me dio dos palmadas en el hombro y me dijo: ‘Dont’t worry boy. You’re gonna recover from this’. No pudo ganar con Magallanes, pero los peloteros lo respetaban mucho porque él los tomaba en cuenta. Era un gran tipo”. _______________________________________________ En la temporada de 1968 mientras lanzaba para el Dallas-Fort Worth de la Liga de Texas AA, Luis Peñalver abrió el primer juego de una doble tanda efectuada el 26 de mayo ante el Memphis. Solo permitió dos corredores a lo largo del juego. En ambas ocasiones fue el jardinero Ray Foster. Primero por error, luego por boleto. Ganó 3-0 en 7 innings. Concedió un boleto y ponchó 3. Con el madero remolcó una carrera. Había lanzado sin hits ni carreras con lo cual se estableció un record para la Liga de Texas con dos juegos consecutivos para lanzadores de un mismo equipo por cuanto Bob Watkins había lanzado otro no-hitter el 24 de mayo cuando los Spurs de Dallas-Fort Worth venciera 2-0 a los Blues de Memphis. El 25 de mayo el también venezolano Pablo Torrealba lanzó otro no-hitter de 7 innings para vencer al Salisbury 6-0 mientras lanzaba para los Braves de Greenwood en la West Carolinas League, Clase A. Peñalver se había operado del brazo de lanzar en 1966 por lo cual no lanzó ese año. El manager Hub Kittle dijo que un ajuste en la forma de lanzar la forkball ayudó a que Peñalver lanzara el sin hits ni carreras. “Le dije que lanzara más suave el forkball para que tuviese más control en el pitcheo. Cuando él puede controlar ese envío, con el tipo de wind up que tiene, es muy difícil batearle”. ______________________________________________ Peñalver fue un lanzador muy controlado, lo cual le permitía economizar lanzamientos, aunque ese tipo de lanzadores corre el riesgo de recibir cierta cantidad de jonrones, no todo el mundo le bateaba cuadrangulares porque el acordaba un intrincado plan de lanzamientos que desconcertaba a los toleteros, había que ser un buen bateador para sacarle la pelota del parque. A través de su trayectoria en LVBP (1516.1 innings) ponchó 748 bateadores y solo concedió 337 boletos, lo cual arroja un radio de ponches/boletos de 2,21. En su paso por las ligas menores del beisbol organizado estadounidense (1105 innings lanzados) recetó 797 ponches y apenas concedió 260 boletos (3,07 radio K/BB), solo le batearon 81 jonrones. ___________________________________________ Sus mejores actuaciones en LVBP ocurrieron en las temporadas 1969-70 y 1976-77 cuando obtuvo idéntica marca de 9 ganados y 3 derrotas. En la primera oportunidad lanzó en 135.1 innings, con 60 ponches y 13 boletos, más efectividad de 1.40. En la segunda ocasión trabajó en 121.2 innings, con 60 ponches y 22 boletos, la efectividad fue de 2.81. _______________________________________ Respecto a las ligas menores, Peñalver logró su mejor temporada en 1973 mientras lanzaba para los Brewers de San Antonio en la Texas League AA, entonces tuvo marca de 9-5, con 1.78 de efectividad en 76 innings de labor. ____________________________________________ Ingresó al Salón de la Fama del beisbol venezolano en 2008 junto a Héctor Benítez Redondo, jardinero central del equipo venezolano ganador del campeonato mundial de beisbol en La Habana, Cuba, en 1941, Gualberto Acosta, Gustavo Gil, Gonzalo Márquez, Luis Leal y Oscar Prieto Ortíz. ___________________________________________ Durante 23 temporadas en LVBP, Peñalver jugó 3 temporadas con Oriente (1960/1963), 1 con Orientales (1963-64), 2 con Magallanes (1964/1966), 15 con Caracas (1966/1975 y 1976/1982), Zulia (1975-1976) y Aragua (1982-1983). Participó en 384 juegos (segundo en LVBP hasta 2006), logró 45 juegos completos (quinto en LVBP), 84 victorias (tercero en LVBP hasta 2006) , 70 derrotas (tercero en LVBP hasta 2006), 24 juegos salvados, 1516.1 innings lanzados (segundo en LVBP hasta 2006), 1615 imparables permitidos, 748 ponches (cuarto en LVBP hasta 2006), 337 boletos (décimo en LVBP hasta 2006) y 3.13 de efectividad. _________________________________________ En 11 temporadas en ligas menores dejó marca de 74-58, con efectividad de 3.39 en 1105 innings lanzados, lanzó 31 juegos completos, 7 blanqueos, se acreditó 33 juegos salvados, 1139 imparables permitidos, 260 boletos, 797 ponches. ______________________________________ Luis Antonio Peñalver nació en Cumaná. Sucre. Venezuela, el 20 de noviembre de 1941. Falleció en Caracas, el 20 de diciembre de 2019. De acuerdo a información publicada en el blog El Emergente del periodista Ignacio Serrano, la causa del deceso fue cáncer de páncreas. ________________________________________________________ Alfonso L. Tusa C. 23 de diciembre de 2019 ©. __________________________________________________ Referencias __Daniel Gutiérrez, Efraim Álvarez, Daniel Gutierrez (h). La Enciclopedia del Beisbol en Venezuela. Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Caracas 2006. __baseball-reference.com __Alfonso Tusa. Pensando en Ti Venezuela. Una Biografía de Dámaso Blanco. Caracas. 2011. Pp 64. __Lloyd Johnson & Miles Wolff. The Enciclopedy of Minor League Baseball. Second Edition. Baseball America Inc. Durham, North Carolina. 1997. Pp. 503.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Johan Santana, ecos del Salón de los Inmortales magallaneros (2019). Aquel juego de un solo imparable.

Siempre he rememorado un atardecer de finales de la década de 1990 ¿ya era 2000? Habíamos acordado asistir al estadio Universitario con José Luis Rodríguez, no el cantante, ni el jinete, hablo de mi compañero de trabajo en aquel INTEVEP de tantos logros y satisfacciones. Todavía a las seis de la tarde estábamos en los laboratorios, llegamos a pensar que tendríamos que conformarnos con escuchar el juego por radio. Sin embargo, la expectativa, la curiosidad, el suspenso por comprobar en vivo lo que habíamos escuchado del nuevo novato maravilla del Magallanes, nos hizo aventurarnos a bajar a Caracas cuando ya eran las seis y cincuenta de la tarde, además habíamos comprado las entradas por internet. Pepe disecó todas las curvas de la carretera Panamericana con más pericia que Ayrton Sena, en el IVIC los neumáticos chirriaron sobre el pavimento, en el IUT la fuerza centrífuga hizo que el carro oscilara hasta casi rozar la isla, mientras la velocidad se incrementaba. Apenas entramos a la tribuna central cuando el árbitro empuñaba la mano derecha luego del ceremonioso Play Ball, casi me tropecé mientras subía los escalones, trataba de mirar hacia el dugout de tercera base. En los primeros innings los Tiburones de La Guaira marcaron una anotación y a partir de ese momento se estableció un duelo de pitcheo de manos estrujadas y gritos ahogados, Pepe bromeaba con una hermosa aficionada guairista, “celebra todo lo que quieras, a ese novato no le anotan una carrera más”. Ciertamente, el imberbe Johan Santana manejaba con tal propiedad la recta y sorprendía con una magia inesperada el cambio de velocidad, que no le anotaron más carreras en el resto del juego, no recuerdo si terminó el juego, lo más probable es que no, pero al menos lanzó hasta el octavo episodio. Aún así al terminar la apertura del noveno episodio todas las casillas tenían ceros en la línea del Magallanes, la samba retumbaba y mirábamos intermitentemente las caderas cimbreantes de la aficionada guairista y hacia el dugout, desde el ángulo incómodo que tenía a pesar de moverme muchos metros en ambas direcciones, logré ver a Santana sentado en el banco con las manos y el rostro sobre las rodillas. Dentro del sinsabor y el malestar de la derrota, me dije que “ese novato le va a dar grandes satisfacciones al Magallanes y a todo el beisbol venezolano”, aunque preferí no comentarlo con nadie. __________________________________________________________________________ Poco tiempo pasó para empezar a comprobar aquel pronóstico personal. En la temporada 2000-2001 agenció efectividad de 1.99, aunque no reunió los innings para ingresar al cuadro formal de líderes de la competencia. Como abridor aceptó solo 4 carreras en 29.2 innings, con efectividad de 1.21 con marca de 2-1. Como relevista le marcaron 5 carreras en 11 innings para efectividad de 4.09. En el round robin de esa temporada fue líder en efectividad con 1.19. Venció al Pastora 8-6 el 7 de enero de 2001 y luego 2-1 el 22 de enero, en ambas ocasiones con juego salvado para Oscar Henriquez. Apenas permitió 2 carreras en 13 innings, 1 limpia. La segunda victoria significó el pase del Magallanes a la serie final. En la temporada 2001-2002 siguió tomando desquite de los Tiburones de La Guaira al reducirlos a cuatro imparables en 7 episodios, mientras ponchaba a 9, en el desafío efectuado el 5 de diciembre de 2001, luego el 22 de diciembre volvió a derrotar a los escualos al permitirles solo una carrera y cuatro imparables en seis entradas, aunque concediese seis boletos. Esa temporada lideró al Magallanes en efectividad con 1.76. Y en la serie final ante Tigres de Aragua consiguió el segundo triunfo de los Navegantes, 6-1, en trabajo de 7 innings donde permitió una carrera, cinco imparables y ponchó 7. ______________________________________________________________ Luego vinieron los 2 premios Cy Young como mejor pitcher de la Liga Americana, mientras lanzaba para los Mellizos de Minnesota (2004 y 2006), los 20 triunfos en la temporada de 2004, el juego sin hits ni carreras ante los Cardenales de San Luis (01 de junio de 2012) , mientras lanzaba para los Mets de Nueva York, para convertirse en el primer pitcher de los metropolitanos que conseguía esa hazaña, algo que ni el propio Tom Seaver había podido lograr, aquella victoria 1-0 ante Freddy García (23 de agosto 2005 y los futuros campeones Medias Blancas de Chicago en agosto de 2005), Santana lanzó 8 innings en los que permitió solo 3 imparables, concedió 1 boleto y ponchó 7, Joe Nathan se apuntó el salvado. ___________________________________________________________________________________ Cuando los Mellizos obtuvieron a Johan Santana en cambio con los Marlins de Florida luego que estos lo habían reclamado en la regla V para diciembre de 1999, recordamos con Pepe aquel juego que bajamos a ver sobre la hora, sí, el que se perdió 1-0, pero Santana demostró de qué estaba hecho, ¿que se podía esperar de él?, hasta donde podía llegar. Sin importar el resultado, había valido la pena ir a ver ese juego, como valió la pena que Andrés Reimer tomara el riesgo de insistir ante Bob Watson, el gerente general de los Astros, quien ante la negativa de sus superiores terminó suministrándole 400 $ a Reimer para que viajara a Mérida, a fin de observar a aquel mozalbete. Los Astros habían visto jugar a Santana en 1994, en un torneo nacional junior, entonces se desempeñaba como primera base y jardinero. ________________________________________________________________________ En medio del desarrollo de las pruebas de laboratorio siempre discutíamos con Pepe acerca de la mejor actuación de Santana con los Navegantes del Magallanes, aunque siempre salía a relucir aquel juego ante La Guaira, afortunadamente hubo uno mejor, el del 23 de diciembre de 2000, cuando maniató a los Cardenales de Lara, solo les permitió un imparable (de Miguel Cairo en el primer inning) en 8 innings, mientras ponchaba 6, en ruta a una victoria 1-0, que salvó Rubén Quevedo. ____________________________________________________ Alfonso L. Tusa C. 13 de diciembre de 2019.©

jueves, 12 de diciembre de 2019

Reportes desde el Salón de la Inmortalidad de los Navegantes del Magallanes, (diciembre de 2019): El Juego de Willie Horton que siempre recordaré.

No se trata de ninguna de sus gestas de la temporada de grandes ligas de 1968, cuando los Tigres de Detroit ganaron el banderín de la Liga Americana y luego la Serie Mundial ante el implacable Bob Gibson, tampoco de la justa de 1972 cuando los Tigres conquistaron la división este del joven circuito. Me refiero a la temporada de 1978-79, cuando ante mi incredulidad tuve que aceptar que Horton había venido a reforzar a los Navegantes del Magallanes, me parecía una broma adelantada de los Santos Inocentes, pocas veces un pelotero consagrado y establecido en las mayores accedía ir a jugar al Caribe. Eso fue lo primero que recordé cuando leí que Willie Horton había sido exaltado al Salón de la Fama magallanero. ______________________________________________________________________ Horton había debutado con los Navegantes el 12 de noviembre de 1978, cuando el equipo pasaba momentos difíciles que terminaron con la salida del manager Octavio Cookie Rojas. En medio de una reunión de la gerencia con los peloteros, Horton se ofreció para dirigir el equipo y los directivos aceptaron probarlo. A medida que el equipo empezó a recomponerse y ganar juegos seguidos, el período de prueba se convirtió en estadía y Horton empezó a desplegar la magia que maravillaba a muchos y a veces escandalizaba al comentarista Carlitos González por la heterodoxia ante el famoso librito del beisbol. _______________________________________________________________________ Se recuerda mucho el juego del 8 de febrero de 1979, el penúltimo de la Serie del Caribe, cuando Horton trajo a Rafael Cariel de bateador emergente en el cierre del décimo inning ante el relevista grande liga de los Cerveceros de Milwaukee, William Castro. Si, el mismo donde el jardinero derecho Oswaldo Olivares realizó dos doble matanzas con disparos para hacer out en el plato primero a Omar Moreno o Miguel Diloné en el tercer inning y luego a Nelson Norman en el décimo, ambos outs con intervenciones magníficas del catcher Baudilio Díaz. El mismo donde Pablo Torrealba y Mike Norris se enzarzaron en tremendo duelo de lanzadores ante Nino Espinosa y Al Holland para llevar el juego igualado 1-1 hasta el décimo episodio. Cariel respondió con metrallazo al jardín derecho para dejar sobre el terreno a las Águilas Cibaeñas. ______________________________________________________________________ O el del 19 de enero de 1979, en el tercer desafío de la serie semifinal ante Cardenales de Lara, cuando con el juego igualado 5-5 en la apertura del noveno inning, Horton se sacó desde el propio quinto turno de la alineación y trajo de emergente a Cariel quien descargó imparable al centro ante Greg Minton para remolcar la carrera que ponía al frente a su equipo en el triunfo 7-5 que dejaba al Magallanes adelante en la serie 2-1. _________________________________________________________________________ Otro encuentro muy evocado de Horton es el segundo de la serie final ante las Águilas del Zulia, escenificado en el José Bernardo Pérez de Valencia el 27 de enero de 1979. El juego llegó igualado 1-1 al cierre del noveno inning. Luego del primer out, Alexis Ramírez se embasó por infield hit y Rodney Scott despachó doble que dejó hombres en segunda y tercera, lo cual forzó al manager Tony Taylor relevar a Tom Brennan con el zurdo Chuck Kniffin para enfrentar a Oswaldo Olivares, a lo cual Horton respondió enviando de bateador emergente a Rafael Cariel, quien fue boleado intencionalmente. Luego Mitchell Page entregó el segundo out. Steve Ratzer relevó a Kniffin para enfrentar a Horton y ante el primer lanzamiento el manager-jugador tronó linietazo al jardín izquierdo para dejar en el terreno a los aguiluchos en las zancadas de Alexis Ramírez. _____________________________________________________________________________ Sin embargo el juego que más centellea en mi recuerdo cuando se habla de la estadía de Willie Horton en el barco magallanero, ocurrió el 29 de diciembre de 1978 ante los Tigres de Aragua. Mike Norris lanzó completo un juego de 2 carreras limpias, 6 imparables, 8 ponches y 2 boletos. Aún así Magallanes llegó perdiendo 2-1 al cierre del noveno inning. Por los Tigres abrió Steve Luebber, George Capuzzello lo relevaría en el séptimo tramo. Los bengalíes marcaron sus anotaciones en el tercer y cuarto inning. Los Navegantes descontaron con doble impulsor de Jerry White en el sexto episodio. En aquel cierre del noveno Horton trajo de emergente al joven Alfredo Torres, en sustitución de Alexis Ramírez para enfrentar a Dave Campbell, y Torres respondió con imparable para igualar el marcador. De seguidas no le tembló el pulso para reemplazar al propio Oswaldo Olivares con Rafael Cariel y este le sonó imparable a Mark Daly para remolcar la carrera que dejaba sobre el terreno a los Tigres. Esa temporada salía una versión vespertina del diario Meridiano que se llamaba “Meridiano en la tardecita” o algo por el estilo. El día posterior a ese juego, en la portada había una fotografía de Cariel y en la contraportada una de Torres. ____________________________________________________ Alfonso L. Tusa C. 09 de diciembre de 2019 ©.