lunes, 16 de mayo de 2016

William Magallanes, desde la lesión.

Jueves, 30 de mayo de 2013. El Daytona Beach Clase A no jugaba bien al principio de 1987 y el dueño de Daytona, Blake Cullen esperaba el regreso del prospecto William Magallanes para propulsar la ofensiva, de acuerdo al The Orlando Sentinel. “Hemos perdido 26 juegos por una carrera”, le dijo Cullen a The Sentinel ese julio luego que Magallanes tuvo un comienzo caliente. “Sabes que un pelotero como ese pudo haber volteado varios de esos juegos”. Magallanes estaba en su tercera temporada profesional ese año con los Medias Blancas, venía de una lesión en su tobillo que había sufrido esa primavera. Magallanes jugaría en seis temporadas en la organización de los Medias Blancas, sin ver Chicago. Su estadía con el equipo también terminaría en un feo incidente donde Magallanes causó intencionalmente una lesión a un compañero de equipo, con un bate. La carrera de Magallanes empezó en 1985, firmado por los Medias Blancas como agente libre en su nativa Venezuela. Magallanes también ha sido llamado Willie Magallanes y el más formal William Magallanes. Con los Medias Blancas, Magallanes empezó en la Gulf Coast League de novatos, bateó .208 en 30 juegos. Entonces jugó 1986 entre el Appleton A y el Peninsula A, bateó .242 entre ellos. De regreso a 1987, Magallanes jugó la temporada en Daytona, participó en 69 juegos, bateó 11 jonrones. Nueve de esos jonrones ocurrieron a principios de agosto. Para 1988, Magallanes subió al Birminham AA, jugó todo el año allí. Solo bateó .193, con nueve jonrones. Empujó la carrera ganadora en un juego de mayo con un sencillo en el noveno inning. Entonces bateó uno de sus jonrones en un juego de julio ante Charlotte. En 1989, Magallanes dio un paso atrás, al Sarasota A. Su promedio al bate subió a .295. Entonces regresó a Birmingham para 1990, bateó un sólido .292 esa temporada. Pero ese fue su año final con los Medias Blancas, el incidente del bate al final del año terminó teniendo que ver con eso. Fue en el bus de Birmingham donde Magallanes tuvo una pelea con su compañero de equipo Todd Trafton, de acuerdo a The Associated Press. Una vez que bajó del bus, Magallanes terminó la pelea al tomar un bate y golpear a Trafton en la parte posterior de su cabeza, lo que ameritó 12 puntos de sutura para Trafton. “El doctor me dijo que una pulgada más arriba o abajo y pude haber quedado parapléjico”, le dijo Trafton a The AP después. “Estoy bien, pero tengo un dolor de cabeza terrible”. Magallanes aparentemente nunca fue acusado. Pero su carrera en la organización de los Medias Blancas se acabó. Firmó con los Cardenales para 1991, apareció en 41 juegos con el Louisville AAA. En 1992, jugó en México, entonces en 1993 estuvo siete juegos con el Orlando AA. Su última temporada registrada fue en 1995, con el Tabasco de la liga mexicana. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 2 de mayo de 2016

Esquina de las barajitas: Un Gigante gentil.

Los trabajadores del Salón de la Fama también son fanáticos del beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un fanático desde Cooperstown. Bruce Markusen El juego de barajitas Topps de 1968 nunca ha recibido una evaluación completa. Desde la primera vez que vi estas barajitas he apreciado los bordes de lunares, los cuales las hacen muy diferentes de todos los otros juegos que Topps ha producido. Los bordes negroa de 1971, los bordes multicolores de 1975…tienden a ser recordados con satisfacción, pero el marco de lunares le da a las barajitas una cualidad tridimensional. Además la fotografía del juego de 1968 es sólida, el cartón es grueso. Y hasta los reversos de las barajitas son atractivos, con una combinación de blanco y amarillo que hace destacar las estadísticas y las biografías en términos de estética y legibilidad. En el juego de barajitas de 1968, la tarjeta de Bob Veale es una de mis favoritas. Ambientada contra el escenario de un estadio de entrenamientos primaverales, la barajita ofrece un buen aspecto de aquellos uniformes clásicos sin mangas usados por los Piratas de esa época. La combinación de negro y dorado, acoplada con el aspecto antíguo, hacia que los Piratas lucieran como peloteros serios. Me gustaban esos uniformes. Topps aun no había incluido tomas de acción en su presentación de los peloteros, pero la barajita de Veale por lo menos da la ilusión de una acción. Si, él solo está haciendo el amago del movimiento de lanzar, pero al menos lo hace con todo su empeño, con un gesto de esfuerzo en su rostro, su brazo levantado, y con el bono agregado de un agarre de pitcheo. Con sus dedos índice y medio presionados juntos y totalmente extendidos, ellos están prácticamente en la cara del fotógrafo, Veale nos da un primer plano de su agarre para lanzar la curva. La curva no era el mejor envío de Veale, pero se convirtió en un arma clave en el progreso de su carrera, una parte importante de su repertorio de cinco pitcheos. Cuando los integrantes de los medios le preguntan a los grandes bateadores de los años ’60 por los pitchers zurdos que más temían enfrentar, el nombre de Veale usualmente aparece en la conversación. ¿Qué tan intimidante era Veale? Aquí está una forma de verlo. En sus primeros años, la recta de Veale era comparada con las de Sandy Koufax y Sam McDowell, quienes generalmente eran reconocidos como los pitchers quienes lanzaban más duro a mediados de los años ’60. Koufax es inquilino del Salón de la Fama; Sudden Sam, como era conocido Sam McDowell, pudo haber sido, si no hubiese sido por los problemas con el alcohol y el persistente dolor en la espalda y el cuello. Cuando los periodistas deportivos, sin mencionar a los bateadores rivales, ponen a otro pitcher en la misma clase de Koufax, por alguna razón, eso es una indicación de algo memorable. Adicionalmente, Veale era un espécimen físico de proporciones enormes. Su gran estatura y peso, le hacían lucir más como si fuese un jugador de futbol americano con los Steelers de Pttsburgh que un pitcher de los años ’60. No solo era más espigado que la mayoría de los pitchers de su época, también era más grande que la mayoría de los bateadores. Dado su gran tamaño, si a un bateador no le gustaba que Veale le lanzara una recta a dentro, ni se lo ocurría dirigirse al montículo a hacer una reclamación verbal al imponente zurdo. Veale tenía algo de Ryne Duren. Como el relevista derecho de brazo poderoso que una vez brillara con los Yanquis de Nueva York, Veale usaba anteojos. A veces Veale entrecerraba los ojos, y le daba motivo de preocupación al bateador sobre si Veal podía verlo en realidad. Algunos grandes bateadores como Lou Brock y Willie McCovey, han recordado que Veale se quitaba los anteojos durante algunas de sus aperturas, para acentuar la idea de que no sabía exactamente donde iba la pelota. En realidad, la habilidad de Veale para intimidar fue solapada por su descontrol. Despues de todo, él lideró la Liga Nacional en boletos en cuatro ocasiones. En tres de ellas, superó los 100 boletos. Otras estadísticas apoyan la imagen de Veale como un tipo de monstruo en el montículo. En 1964, él ponchó 250 bateadores, para aventajar a todos en la Liga Nacional, incluso el gran Koufax. El año siguiente, Veale incrementó su total a 276. Aunque las lecturas de la pistola de radar casi no se usaban en los años ’60, es justo apostar que Veale, en su apogeo, lanzó su recta en el rango de 96 a 100 millas por hora. Se debe tener en cuenta que esto ocurrió durante la época de la pelota muerta de los años ’60, cuando los montículos se levantaban 15 pulgadas sobre el resto del terreno de juego. Para 1968, el año de esta barajita Topps, la reputación de Veale había alcanzado toda su fuerza. En el Año del Pitcher, él tuvo una efectividad de 2.05, la más baja de cualquiera de sus temporadas completas como abridor. Completó 245 innings, un número importante dado que lanzó con dolor en el codo casi toda la temporada, permitió 187 imparables, completó 113 juegos, y logró cuatro blanqueos. Solo la falta de apoyo ofensivo le impidió tener una marca ganadora. Con los Piratas teniendo dificultades para anotar en una temporada de sequía de carreras, Veale tuvo marca de 13-14. En 1969, Veale conseguiría otra temporada de 200 ponches, la vez final que alcanzaría esa marca. Ese fue su último vestigio de dominio. En 1970, su total de ponches cayó por debajo de 180, mientras su efectividad casi llegó a 4.00. Ahora con 33 años de edad, Veale estaba mostrando las señales inevitables de la decadencia. Para 1971, la factura de la edad y el desarrollo de problemas en la espalda se llevaron una porción significativa de la recta de Veale y forzaron a los Piratas a convertirlo de abridor a relevista. Algunos observadores del equipo se preguntaban si Veale, con sus rachas de descontrol, podría adaptarse a trabajar como relevista. Otros tenían dudas de cómo respondería su brazo al lanzar de tres a cuatro veces a la semana. Y entonces se presentó el asunto del acondicionamiento físico. Veale cometió el error de reportarse al campo de entrenamientos primaverales con poco más de 120 kilo, el peso más elevado de su carrera. En un tiempo cuando los periódicos carecían del concepto “políticamente correcto”, el Pittsburgh Press publicó el siguiente titular: “Un Pirata gordo pelea con el peso”. Veale aplacó los insultos, junto a los rumores de cambio que lo ubicaban en los Tigres de Detroit (por el veterano campocorto Eddie Brinkman). Trabajó diligentemente esa primavera para eliminar el exceso de peso, bajo a 115 kilos, y se ganó un puesto en el roster de los Piratas para el dia inaugural. La temporada de 1971 le dio a Veale la oportunidad de tomar parte en un episodio inusual de la historia del beisbol. El 1 de septiembre, los Piratas se convirtieron en el primer equipo de Grandes Ligas en jugar con una alineación de puros negros. Esa alineación que incluía estrellas como Roberto Clemente, Willie Stargell y Al Oliver, llevo a los Piratas a una victoria sobre los Filis de Filadelfia. Veale lanzó como relevista ese día, uno de tres apagafuegos que utilizaron los Piratas para auxiliar a Dock Ellis. Veale permaneció en Pittsburgh toda la temporada, lanzando principalmente como relevo largo y de contención. Ese otoño, el tuvo su primera y única visita a la postemporada. Luego de ganar el este de la Liga Nacional, los Piratas de Veale enfrentaron a los Gigantes de San Francisco en la serie de campeonato de la Liga Nacional y a los Orioles de Baltimore en la Serie Mundial. Veale solo hizo una aparición inefectiva en la postemporada, pero eso no importó, porque él y los Piratas ganaron los anillos de la Serie Mundial al vencer a un equipo de los Orioles repleto de talento del Salón de la Fama. Para la temporada de 1971, Veale agenció una efectividad de 6.69, la peor de su carrera. Algunas salidas malas inflaron ese número, pero era obvio que los mejores días de Veale habían pasado. Despues de la temporada varios periodistas especularon que Veale podría pedir su libertad incondicional. Eso no ocurrió. Los Piratas retuvieron a Veale, esperando que le fuese mejor luego de una temporada de ajuste en el bullpen. Con su puesto asegurado, Topps imprimió una barajita de 1972 para Veale. El alto número de la barajita, 729 para ser exactos, no salió hasta más adelante en la temporada. Para el momento que la barajita llegó a las papelerías, la carrera de Veale con los Piratas había terminado. En sus primeras cinco salidas de la nueva temporada, él había concedido siete boletos y 10 imparables en nueve innings. Los Piratas colocaron a Veale, quien era popular en el clubhouse de Pittsburgh, en la lista de disponibles. Cuando ningún otro equipo de Grandes Ligas lo reclamó, Veale aceptó una asignación al equipo afiliado de los bucaneros en ligas menores, los Charlies de Charleston. Veale permaneció en las ligas menores hasta el 2 de septiembre. Los Piratas en vez de subir a Veale para la recta final mientras peleaban por el título divisional, lo vendieron a los Medias Rojas de Boston, quienes eran contendores por el título del este de la Liga Americana. Al llegar a una liga donde los bateadores lo conocían poco, Veale lanzó extremadamente bien en seis juegos para los Medias Rojas, lanzó ocho innings en blanco como relevista, mientras conseguía dos victorias y dos salvados. Desafortunadamente, el pitcheo de Veale no fue suficiente para ayudar a los Medias Rojas a alcanzar a los Tigres de Detroit en la carrera por el banderín, pero su impresionante demostración convenció a la oficina principal de traerlo de vuelta. Veale lanzó bien otra vez en 1973, pero una repentina caída en 1974, ocasionada en parte por una serie de lesiones, lo llevaron al retiro. Veale estaba acabado como pitcher, pero no con el beisbol. Quería ser coach, aunque muy pocos negros tenían cargos de coach para la época. Frank Robinson acababa de ser nombrado manager de los Indios de Cleveland, pero eso no significaba que otros equipos estuvieran abiertos a la idea de un manager afroamericano, o hasta de un coach negro. Luego de estar fuera del beisbol la temporada de 1975, Veale encontró trabajo con los Bravos de Atlanta, quienes lo hicieron uno de sus instructores de pitcheo de ligas menores. Luego llegó a los Yanquis, donde tuvo un cargo similar por varias temporadas. En 1983, Veale, de 49 años de edad aterrizó en Utica, N.Y., el pueblo natal de su antiguo compañero en los Piratas, Dave Cash. Los Blue Sox de Utica, un equipo independiente de ligas menores propiedad del periodista deportivo Roger Kahn, contrató a Veale como su coach de pitcheo. Cargado de veteranos de ligas menores y renegados de cierta edad quienes eran buenos jugadores de ligas menores pero eran considerados no prospectos, los Blue Sox impactaron al mundo de las ligas menores al ganar el campeonato de la New York-Penn League ese verano. Yo empecé a trabajar en Utica en 1987, estuve a cuatro años de encontrarme con Veale. Aunque se retiró hace algun tiempo de las labores de coach, los seguidores del beisbol en Utica aun lo recuerdan por ser citable y llevadero. Recordado por tener el sentido del humor de un comediante y el conocimiento de un sabio del beisbol, era bien querido por todos en la organización de los Blue Sox. En un equipo donde la oficina principal y el cuerpo técnico parecían estar enfrentados, Veale permanecía por encima de eso, calmado y hasta relajado. Ahora retirado y viviendo en Alabama, Veale nunca fue el “monstruo” que su tamaño y recta le hicieron ser. Como el antíguo jardinero de los Piratas Gene Clines, quien jugó con Veale desde 1970 hasta 1972, le dijo una vez al autor Donald Hall, “Bob puede lanzar la pelota a través de una pared de ladrillos, pero todos sabían que era un gigante gentíl”. “Si Veale, te golpeaba, tenía que ser un error. Él no quería lastimar a nadie”. Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Bob Bailor, el Regreso a las Mayores.

The Best 21 Days. Martes, 13 de marzo de 2012. El veterano de ligas mayores Ozzie Virgil trató de regresar a las mayores y su manager en el Syracuse AAA, Bob Bailor trató de ayudarlo a llegar ahí. Virgil había jugado por última vez en las mayores el año anterior, al aparecer en más de 100 juegos para los Bravos. Había firmado con los Azulejos para tratar de continuar su carrera. “El sabe que esta es una oportunidad para regresar a las Grandes Ligas”, le dijo Bailor al The Newport News Daily Press en julio de 1989. “Ha estado trabajando duro”. Virgil, entonces un veterano de ocho temporadas, regresó a las mayores dos veces. Los regresos, sin embargo fueron breves, ambos de 12 juegos. Bailor, un veterano de 11 temporadas de Grandes Ligas como pelotero activo, también regresaría a las mayores, al ser nombrado coach de primera base del equipo grande en Toronto. Bailor también llegó a las mayores justo a tiempo para el primero de él y el equipo de dos viajes a la Serie Mundial. La carrera de Bailor como entrenador empezó en 1987, al servir como manager del Dunedin A. Su larga carrera como pelotero terminó en 1985 con los Dodgers, Bailor también había jugado para los Orioles, Azulejos y Mets. Para 1988, Bailor había saltado hasta el Syracuse AAA, para servir las primeras cuatro temporadas en el seno del principal equipo del sistema de granjas de los Azulejos. En 1990, Bailor también dirigió a la Liga Americana en el Juego de Estrellas de AAA. Uno de los jugadores que Bailor tuvo en sus dos equipos finales de Syracuse fue Derek Bell, un jugador quien estaba al inicio de su carrera de una década en las mayores. Para los Chiefs de Bailor en 1991, Bell bateó .346. También recibió su primer llamado a las mayores. “Él es como un cervatillo en los bosques”, le dijo Bailor a The South Florida Sun-Sentinel en la primavera de 1992. “Le gusta correr, saltar y divertirse. Un niño sin preocupaciones”. En la primavera de 1992, Bailor empezaba su nuevo trabajo, como coach de primera base de los Azulejos en Toronto, un trabajo que mantuvo por cuatro temporadas. La última temporada de Bailor con los Azulejos fue en 1995. Después de eso no volvió a ser coach en otra parte. Ese primer octubre, Bailor y los Azulejos fueron los campeones el beisbol. Al hablar con The Baltimore Sun, Bailor recordó sus días como pelotero. Él fue un Azulejo original en 1977. “Es un sentimiento maravilloso, porque es una gran ciudad y una gran organización”, le dijo Bailor a The Sun. “Me hubiera gustado pasar toda mi carrera con ese equipo. Pero una de las cosas que hace a esta organización tan exitosa que la oficina principal no deja que los peloteros se queden todo su tiempo. Es duro, pero eso es parte del beisbol”. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del Traductor; Actuación de Bob Bailor con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1973-74 de LVBP: 58 J, 242 VB, 45 CA, 77 H, 10 2B, 2 3B, 17 CI, 29 BB, 14 K, 7 BR, .318 AVE. Bailor regresó con los Navegantes en las temporadas 1974-75 y 1975-76.

viernes, 29 de abril de 2016

Humberto Beto Perdomo: Ecos de una voz magnética

Estruendos de un vozarrón punzaron el ambiente de la tribuna central, los Navegantes del Magallanes habían reaccionado en el cierre del noveno inning, y en medio de la euforia del momento, todos voltearon hacia el palco de la prensa del estadio José Bernardo Pérez, el hombre de chaqueta marrón y rostro enrojecido, había salido de la caseta de transmisión y el público coreaba una de sus frases más celebradas. Cuando leí la noticia en Meridiano temprano en la mañana, empecé a escuchar el murmullo de muchas narraciones, de muchas ocurrencias. Asimilar que Beto Perdomo se había marchado de este mundo, implica reconocer que a veces hay personas quienes, sin conocerlas, podemos considerarlas muy cercanas a ser nuestros amigos, y regresar hasta alguna noche de mediados de 1979, cuando en medio de un juego de Grandes Ligas entre los Yanquis de Thurman Munson, Reggie Jackson y Ron Guidry versus los Medias Rojas de Carlton Fisk, Jim Rice y Dwight Evans; Juan Vené anunciaba la nueva adquisición de su circuito de transmisión, Humberto Beto Perdomo, como el Novato del Año. Desde entonces me impresionó su conocimiento del juego y una incipiente capacidad para crear figuras atractivas con su manejo del lenguaje. La próxima vez que escuché a Beto, trabajaba en el circuito radial de los Leones del Caracas, narraba los tres primeros innings, luego venían los consagrados Carlos Tovar Bracho y Delio Amado León. De seguro allí pulió más sus cualidades ante el micrófono. El día inaugural de la temporada de Grandes Ligas de 1984, Beto narraba junto a Tovar Bracho y John Carrillo a través del canal 8 de televisión. A partir del sexto inning, Beto empezó a insuflarle una atmósfera emotiva al juego: “Llamen a sus amigos, que Jack El Gato Morris está lanzando sin hits ni carreras”. El siguiente eco que escuché esta mañana cuando leí la noticia viene desde finales de los años ’80; Beto trabajaba en el circuito del Magallanes. Una mañana dominical le tocó narrar el juego del novato Ramón García, designado por el manager Felipe Rojas Alou, ante un lanzador de las Águilas del Zulia llamado Greg Maddux. El triunfo de Garcia se convirtió en uno de los recuerdos más atesorados de Beto varios años después cuando Maddux se estableció como uno de los mejores pitchers de las Grandes Ligas. En esa época, Magallanes todavía era un equipo en reconstrucción y muchas veces lo escuchamos exclamar al final de los juegos: “¡Cooomo se suuuufre perdieeeendo!” Me parece que sus próximas paradas fueron en los circuitos del Caracas y las Águilas del Zulia. Lo que si recuerdo muy bien es que para la temporada 1993-94, Beto regresó al circuito del Magallanes para trabajar junto a Tovar Bracho, Dámaso Blanco y John Carrillo. Entonces si repitió muchas veces “¡Coooomo se goooooza gaaaaanandoooo!”. Allí estuvo hasta la temporada 1996-97. A partir de ese momento pasó al circuito de los Tiburones de La Guaira. En medio de aquel ambiente de manicomio en el palco de la prensa, Beto parecía Plácido Domingo en un ejercicio de capacidad pulmonar “Y cooooomoooo se gooooooozaaa gaaaaaaaaaaanando!” Ignoro si aquel fue un acto espontaneo o programado. El reguero de electricidad y adrenalina ilustraba la personalidad de Beto. Gracias por todos los gratos momentos. ¡Vaya con Dios Beto! Alfonso L. Tusa C.

martes, 26 de abril de 2016

El venezolano Juan Quintana lanza sin hits ni carreras ante los Grays de Peninsula

Hampton, Va. AP. Juan Quintana del Durham, un derecho venezolano de 20 años se convirtió en el primer pitcher en la historia de la Carolina League (A) en lanzar dos no-hitters cuando blanqueó a los Grays de Peninsula 8-0 aquí este martes (19-04-1966) por la noche. El pasado 17 de julio Quintana pitcheó un juego sin hits ni carreras de 7 innings al blanquear al Raleigh en Raleigh. Irónicamente fue uno de los dos juegos que ganó para los Bulls durante la temporada. Cargó con tres derrotas. Al ponchar nueve, conceder tres boletos y golpear un bateador Quintana hizo el truco otra vez el martes, dos días antes que el único otro hombre en registrar un no-hitter durante la temporada de 1965 en la Carolina League. Bill Henry de Greensboro dejó sin hits ni carreras al Wilson en una victoria 3-0 de siete innings el pasado 21 de abril. Solo dos intentos de los Grays estuvieron cerca de ser imparables. Uno fue un estacazo al pie de la pared del jardín izquierdo bateado por el zurdo Link Curtis en el primer inning. El otro fue un elevado a la derecha conectado por Dick Yencha. El jardinero derecho de los Bulls, Ivan Murrell, se cayó, luego se lanzó de cabeza sobre la pelota para atraparla. Durham anotó en el primero con un boleto y un doble de Joe Christian, el primero de cinco dobles de los visitantes. Durham aumentó la ventaja a 2-0 en el cuarto mediante error y doble de Bob Frati y a 3-0 en el séptimo con infield hit de Frati que rebotó del hombro del tercera base, hubo fielder’s choice y error. Los Bulls hicieron dos más en el octavo y tres en el noveno. Sus últimas seis carreras fueron ante John Keller quien relevó al perdedor Charlie Adkins en la apertura del séptimo. Quintana se defendió principalmente con su curva y slider. Usó la recta para sacar a los bateadores de balance. Por los Grays, Johnny Bench fue el receptor y bateó de 3-0. Bernie Carbo fue el tercera base y también se fue de 3-0. Traducción: Alfonso L. Tusa C.