lunes, 5 de enero de 2015

La actitud del pitcher

Luego de aquel séptimo episodio traumático del primer juego, me pareció bastante difícil que los Navegantes del Magallanes pudieran enderezar el rumbo en medio de una senda espinosa que se extendió por toda la temporada regular 2014-15. Aun cuando el equipo logró sobrevivir a los descalabros de esa instancia, observar que de alguna manera reaparecían en el primer juego del todos contra todos, hacía presumir momentos muy duros debido a que esta fase equivale a solo una cuarta parte de la anterior. El primer indicio de luces encendidas en el barco ocurrió en el cierre del segundo inning. Balbino Fuenmayor se embasó por error del antesalista Jonathan Herrera, Felix Pérez despachó imparable al jardín central. Cuando parecía que el error haría mella en el ánimo del pitcher Chris Leroux, éste se fajó con Oscar Salazar y lo obligó a roletear por las paradas cortas, dobleplay de Ronny Cedeño a Henry Rodríguez a Ramón Hernández. Con Fuenmayor en tercera, Leroux siguió su discurso de positivismo y dominó a José Gil con otro rodado a las paradas cortas. Observando la manera como José Álvarez hacía estragos en la alineación magallanera, visualicé un duelo de lanzadores, donde temía por como el desempeño de la defensiva y el bull pen podría afectar el trabajo de Leroux. Los pitchers pueden o no resistir a carecer de algún lanzamiento esencial o de alguna jugada de rutina, depende de la profundidad mental, de la disposición a salir delante de incendios que chamuscan los zapatos. Esa actitud la volvió a mostrar Leroux en el tercer inning. William Astudillo se poncha, más por wild pitch llega a la inicial. A continuación Gorkys Hernández suena imparable a la izquierda. Otra vez hombres en primera y segunda sin outs. Otra vez las fauces de la hecatombe en el ambiente. Niuman Romero toca la pelota y avanza a los corredores a tercera y segunda base. Leroux consigue que Ehire Adrianza la ruede por primera donde Ramón Hernández jugando adelantado toma la esférica y realiza el segundo out. En un turno muy disputado Alexi Amarista negocia boleto. Con las bases llenas, Leroux sigue empeñado en buscar la ruta victoriosa y Fuenmayor la rueda por tercera para salir de aquella turbulencia. En el quinto episodio, cuando Álvarez lucía más dominante, Juan Apodaca, un pelotero firmado a principios de temporada debido a la urgencia por la repentina carencia de receptores experimentados en la nómina navegante, fruto de la pupila y la dedicación investigadora del gerente Luis Blasini, siguió hasta el último milímetro una sinker y la devolvió esta vez sí, a las gradas de la derecha (en el inning anterior Jonathan Herrera había largado un batazo también hacia la banda derecha pero la pelota solo rebasó la pared sin tocar la franja amarilla que determina los cuadrangulares). La emoción contenida se reflejaba en cada paso del máscara mientras recorría las almohadilla, nadie mejor que el receptor para pulsar la intensidad de un juego y la tensión de sus lanzadores. La parte de abajo del quinto inning sirvió para ilustrar en detalle la presencia de Apodaca y el compromiso de Leroux. Luego de un out, Niuman Romero destapa doble a la izquierda, Adrianza recibe pasaje gratis. Cuando el transcurso del juego podía indicar el cansancio del lanzador, Leroux metió el brazo para dominar a Amarista con roletazo al short con el cual no se pudo hacer el out en segunda pero si el de primera. En medio de aquel nuevo vaporón, Leroux reiteró la responsabilidad que tiene un pitcher abridor en el logro de una victoria y quemó el madero de Fuenmayor en elevado al centro. Hacia el tercio final del partido, el manager Carlos García manejó a sus lanzadores como muy pocas veces lo ha hecho esta temporada y tuvo el tino de traer a Amalio Díaz en el séptimo episodio, luego de la gran disertación de Leroux. Díaz respondió al llevarse la entrada a paso de conga. Para el octavo El Almirante trajo al zurdo Junior Noboa para retirar a Amarista con elevado al centro. Luego vino Máximo Nelson para ponchar a Fuenmayor y a Pérez. Para el noveno llegó el cerrador Hassan Pena y aunque William Astudillo despachó imparable al centro, Pena dominó a Hernández con rodado por segunda base. Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Año viejo

Si es un día cualquiera ¿Por qué el ajetreo? ¿Por qué la ansiedad? ¿Por qué la sensación de nostalgia? ¿Por qué el desespero por buscar un lugar apartado donde purgar lágrimas y reflexionar balances? Desde siempre experimenté una efervescencia estomacal cuando escuchaba lñas primeras palabras de mamá al amanecer el 31 decembrino.- Había que viajar a Cumaná a mediodía. Apúrate que cuando tu papá salga de la oficina nos vamos. Podía sentir las garras de un monstruo al acecho y apenas escapa soltando la vista hacia el fondo del solar de asfalto, escenario de infinitos juegos de pelota. El 31 siempre fue laborable, lo cual aumentaba el encanto y la esperanza de muchas personas de poder resolver algún asunto relacionado a la celebración de la noche vieja antes del mediodía, de salir a la calle y sentir que siempre había una bodega o tienda abierta donde solventar aquella necesidad de última hora. Momentos antes de que papá saliera de la oficina, mis hermanos hablaban de un juego, si, un juego que comenzaría a las once de la mañana del 31 de diciembre de 1967. Papá apuró el paso hacia el Plymouth negro, aplastó el cigarrillo en el cenicero y giró la llave, un estruendo de carburador oxidado estremeció la calle. En el radio sonaba un himno muy familiar a mis hermanos: “En los deportes Radio Rumbos presente está…” Una sarta de trompetas acompañaba la voz del locutor comercial. Hoy les llevaremos el encuentro entre Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes. Diego Seguí invicto en ocho salidas, enfrentará a Bill Fisher quién iniciara la campaña con los Tiburones de La Guaira. Papá presionó una de las teclas del radio y el juego desapareció entre las notas de “Por eso y muchas cosas… más…ven a mi casa esta Navidad…” Intenté articular algún reclamo para que volviera a sintonizar el juego, mis hermanos me persuadieron con la mirada. Cuando el Plymouth avanzaba raudo en las curvas de Tataracual un silbido estridente antecedió al desnivel del neumático izquierdo trasero. Papá sacó un triángulo rojo me indicó que lo colocara a unos veinte metros de distancia, luego se inclinó en el baúl y sacó el neumático de repuesto. Bajo la sombra de los jabillos perforada de aguijones solares, mis hermanos se fajaron con las tuercas, mientras yo rodaba el neumático pinchado hacia el baúl. Al regresar a la carretera había interferencias radioeléctricas y al tocar una tecla en medio de su atención al control del carro, papá sintonizó “…y es out en la goma amigos. Armando Ortíz ha lanzado perfecto a la mascota de Ed Herrmann para completar el dobleplay. Ortíz también es responsable de la carrera que mantiene el juego 1-1 al remolcar a Oswaldo Blanco con un triple. Al estacionar el Plymouth en la calle Ayacucho cumanesa, corrí en medio de la música a todo volumen de la casa de enfrente, hacia el pasillo de matas de cambur. Abuelo revisaba el grado de fermentación de los ponsigué en medio de una montaña de azúcar fundida al sol. ¡Qué va, esto no va a servir para esta noche! Me llamó mientras sacaba dos botellas de ron blanco del seibó de la sala. Sacó tres reales del bolsillo estrujado del pantalón de caqui. Anda a ver si consigues dos potes de leche condensada. Si no se pudo con el ron de ponsigué, por lo menos vamos a tener leche de burra. Con los tres reales apretados en la mano me dispuse a tomar camino de la copita, pensaba dobla en el callejón La Paz para registrar las bodegas de la calle Sucre hasta llegar al abasto Barlovento. Con los ojos cerrados tuve que emprender camino hacia la plaza Andrés Eloy Blanco, ese remanso de penumbras donde retumba el torio y el cobalto de su poesía. En la esquina de María Gómez, Pedro Augusto y Cuchillo de Mesa terminaban de llenar un tambor para jugar carnaval. Pedro subió el volumen de su radio portátil: “…Armando Ortíz sigue en una jornada de ensueño, acaba de sacar otro out en la goma, el solo es la razón de que Seguí no esté ganando este juego…” Ni loco me voy por ahí. Casi salí corriendo antes de que me vieran. Desde la esquina de la librería San Pablo oía una euforia desbordada sin que mis ojos percibiesen algo que la ilustrara. Un ulular lejano me hacía estirar el cuello hacia la esquina de la arepera “19 de abril”. “…jooooooooooonrooooooooooooon de Armando Ortíz, señores…él solo se ha echado al Magallanes al hombro con el guante y el madero para vencer a ese portento de pitcher que es Seguí. Magallanes 2…Caracas 1….” La ebullición de ese momento, las arepas en el aire, triquitraquis y silbadores entre la caña brava de las paredes rotas, el tropel de los carros que paraban a preguntar si había arepa de morcilla con chicharrón. Todo un ambiente festivo que atravesé por la urgencia, la efervescencia de conseguir la leche condensada para abuelo. Detrás de la catedral me vendieron los dos potes. Corrí por toda la calle Ayacucho y entré al pasillo justo cuando abuelo mezclaba las yemas de huevo con el ron blanco ¿En qué calle se habrá quedado jugando ese muchacho del carrizo? Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ovación de primer triunfo.

La neblina bajaba en copos añiles sobre el valle de Cumanacoa. Ferdinando bajó un poco la voz cuando notó que Alfredo se acercaba, el roce de las patas de la silla sobre las baldosas de la cocina, indicaba que había terminado el desayuno o lo había interrumpido. No sé Justo, el Látigo Chávez ha hecho buenos relevos, ante los propios Leones del Caracas, tiró un juego completo ante los Tiburones de La Guaira; pero ¿ganarle al Caracas como abridor? ¿a ese equipo que tiene a César Tovar, Víctor Davalillo, Pete Rose y José Tartabull? Tú como que crees que hoy es el Día de los Inocentes. Apenas estamos a 27 de diciembre de 1964, mi hermano. Justo dio media vuelta, torció los ojos igualito que cuando Alfredo lo regañaba. Pasó el resto del día buscando algo en el escaparate, con tal fruición que parecía lo iba a desarmar tabla por tabla. Luego de responder varias veces al llamado de Alfredo, hubo de salir del escaparate cuando había visualizado el borde azul de lo que parecía una barajita apretujada entre la madera del fondo y el primer tramo del compartimiento donde guardaba su ropa. Alfredo abrió la puerta del cuarto. Tienes hasta hoy en la tarde para escribir tu carta a los Reyes Magos. Justo pasó todo el mediodía contemplando la barajita, la metía y la sacaba del bolsillo del pantalón de caqui. Reviró los ojos cuando Ferdinando lo sorprendió hablando solo y largó una carcajada que lo hizo agarrar la barajita, el lápiz y el papel emborronado. Sólo cuando Alfredo lo buscó en el jardín, Justo dejó de afincar el grafito sobre el papel. La cena semejaba una carrera de galgos desesperados. Ferdinando completó el bocado final y corrió hacia el radio del comedor, restos de papas fritas ilustraban la comisura de sus labios. Justo giró el sintonizador luego que Ferdinando subiera el interruptor en el cartón piedra que resguardaba los tubos del radio en la parte trasera. “…y el primer inning termina con 0 anotaciones para el Caracas. El público de la derecha canta ‘Isaías. Los Celis’. El Látigo de regreso al dugout se toca la visera y baja las escaleras. Este Caracas-Magallanes tiene un ambiente muy especial…” Justo terminó de garabatear la línea final en su papel emborronado y aprovechó el entreinning para ir a la oficina. Tropezó con la máquina de escribir y entregó el papel a Alfredo. ¿Qué es esto? La carta de los reyes. Pero estás retrasado, te dije que debían entregarla en la tarde. No importa, los reyes saben porque me tardé, ellos entienden. Las luces intermitentes del arbolito pintaban de verde y rojo la madera que envolvía las cornetas y los tubos del radio, un olor de hallacas recién hervidas llegaba de la cocina. Ferdinando subió el volumen. “El prometedor novato Isaías Chávez vence a los todopoderosos Leones del Caracas 5-1, apenas pudieron salvar la honra en el noveno episodio. La tribuna derecha canta ‘Isaías. Los Celis. Isaías. Los Celis. Ahí sale Isaías con su camiseta número cuatro de sus tiempos con Los Celis. El público está en el terreno. Su recta pasaba como un tren por el plato y su curva mareó hasta al propio Davalillo. Isaías va en hombros, esta vez el torero cortó rabo y melena”. Al día siguiente, Alfredo se sentó en la cama de Justo, pasó como cinco minutos tratando de despertarlo. Papá, déjame dormir. Los Reyes Magos me dijeron anoche que te habían enviado tu regalo anticipado, más fue el susto que me llevé, llegaron a eso de la medianoche con unos sonidos sospechosos. Hablaron con mucha intensidad, explicaron que nunca habían recibido una solicitud de ese tipo y tuvieron que aprenderse las reglas del béisbol una por una. Alfonso L. Tusa C.

martes, 25 de noviembre de 2014

Mitchell Page en el Olimpo magallanero

Este sábado 22 de noviembre de 2014 fueron exaltados el lanzador Manuel Sarmiento, el jardinero Mitchell Page y el directivo Oswaldo Degwitz.Page fue ese tipo de jugador que se echaba al hombro al equipo aún cuando en el mismo hubiera superestrellas de la talla de Dave Parker. A continuación traigo la nota que escribí con motivo de su deaparición. La noticia me puso en las manos el Meridiano de comienzos de octubre de 1976. En un juego de preparación un jugador importado llamadoMitchell Page había largado un estacazo que sobrevoló la cerca del estadio “Rafael Kinsler” de Cagua. La pelota cayó bien lejos del estadio. Aquella temporada tuve la oportunidad de comprobar la clase de bateador que era Page. Él y Dave Parker conformaron un one-two de terror que llevó a los Navegantes del Magallanes al campeonato de la temporada 1976-77. Esa temporada actuó en 63 juegos, 245 turnos al bate, 48 carreras anotadas, 76 hits, 14 dobles, 4 triples, 14 jonrones, 57 empujadas, 36 boletos, 39 ponches, 9 bases robadas, .310 promedio ofensivo. Volvió en las campañas 77-78 y 78-79 cuando acompañó al Magallanes hasta el título de la Serie del Caribe con aquel vuelacercas decisivo ante México. Page tuvo una temporada de novato fantástica con los Atléticos de Oakland en 1977. Entonces participó en 145 encuentros, 85 anotadas, 75 empujadas, 21 jonrones, 42 bases robadas .307 de promedio al bate, terminó segundo de Eddie Murray en la votación del Novato del Año. Jugó 7 temporadas con Oakland y la última con Pittsburgh en 1984. Luego se convirtió en instructor de bateo de los Cardenales de San Luis. Aquella combinación con Parker hacía del Magallanes un equipo temible, porque lo que se le pasaba al primero el segundo no lo perdonaba. Aquella dupla era conocida como la “Doble P”. El 17 de enero de 1976 Magallanes llegó perdiendo 1-0 ante Gilberto Marcano y las Águilas del Zulia en el segundo juego de una semifinal a 7 juegos. Marcano dominó a Jimmy Sexton con rolling a sus manos. Parker negoció boleto. A continuación Page descargó una línea estridente hacia el left field que en principio hizo anotar a Parker el empate, luego fue regresado a tercera porque el batazo de Page fue considerado doble por reglas. Cuando bateaba Steve Nicosia, Marcano intentó sorprender a Parker y voló la pelota permitiendo que entraran las dos anotaciones y Magallanes ganó 2-1. El 21 de enero de 1976, en el quinto juego de la semifinal, Zulia llegó ganando 2-0 al octavo inning. Oswaldo Olivares emergió por Alexis Ramírez y se apuntó infield-hit. Gary Woods siguió con imparable al centro que hizo parpadear a Leonel Carrión y Olivares se metió hasta la antesala. Bateando Remigio Hermoso, Roy Lee Jackson incurrió en wild pitch y los spikes de Olivares pusieron el marcador 2-1. Hermoso salió con rolling al pitcher y el manager Luis Aparicio trajo a Jesús Reyes Barrios para que ponchara a Parker con una curvita que lo desesperaba. Entonces llegó Mitchell Page al cajón de bateo, cuando Reyes Barrios intentó pasarle una recta, descargó un estacazo de triple a las profundidades del jardín derecho para traer la igualada en los zapatos de Woods. Tom Hausman relevó y Ken Macha lo recibió con doblete que puso el juego 3-2. Zulia empató en la parte alta del noveno inning. En el cierre del noveno Sexton inició con sencillo a la izquierda. Nelson Paiva se sacrificó. Woods recibió boleto intencional. Hermoso recibió un boleto del cual Hausman lanzó 3 bolas y Manny Seoane la cuarta. Parker se ponchó para el segundo out. Page se puso en dos strikes sin bolas. El próximo envío golpeó uno de sus spikes y así remolcó la carrera que dejaba en el terreno al Zulia y le daba el pase al Magallanes a la serie final de la temporada 76-77. Los Cardenales dicen que Page falleció el sábado 12 de marzo de 2011. El vocero del equipo Brian Bartow dijo este domingo que el equipo fue informado del deceso por el agente de Page. La causa de la muerte se desconoce. Page se retiró con promedio ofensivo de .266, 72 jonrones y 259 empujadas. Fue el instructor de bateo de los Cardenales de San Luis entre 2001 y 2004. Albert Pujols estuvo entre sus discípulos. Recientemente Page sirvió como instructor de bateo de un equipo de ligas menores de los Cardenales en los entrenamientos primaverales del año pasado. Pero este año no tenía trabajo con el equipo, dijo Bartow. Hace alrededor de 3 años estuvo en Valencia junto a Willie Horton durante la celebración de los 90 años del Magallanes y más allá del homenaje que le rindió el equipo Page recibió muchas muestras de aprecio en cada lugar de la ciudad que visitó. Alfonso L. Tusa C.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Manuel Sarmiento exaltado al Salón de la Fama de los Navegantes del Magallane

Este sábado 22 de noviembre de 2014 fueron exaltados el lanzador Manuel Sarmiento, el jardinero Mitchell Page y el directivo Oswaldo Degwitz. Cada vez que llegaba el séptimo, octavo o noveno inning y anunciaban que Sarmiento calentaba en el bull pen, se guardaban muchas esperanzas de que Magallanes pudiera ganar el juego, aunque enfrente estuviera el equipo más temible. Muchos recuerdan de Sarmiento el último juego ante México en la Serie del Caribe de 1979. Par mí son inolvidables dos episodios que plasmé en mi libro inédito "Un Barco en Santa Inés". A continuación los transcribo. Mira lo que encontré Campito. Te acuerdas de aquellos dobles juegos donde el primero era de puros criollos. “Un juvenil guillotinó a 14 y Magallanes venció a Caracas 3 a 1”. Manuel Sarmiento lanzó completo ¿Saben quienes estaban en la alineación de los Leones? Antonio Armas, Baudilio Díaz y Wilibaldo Quintana”. Campito trató de alisar las rugosidades y las manchas de sudor salpicado de ponsigué esparcidas en el dril y que blanco de su camisa. Quiso dejar la botella con los ponsigués arrugados sobre la acera. Mario le reclamó su responsabilidad con el aseo y la seguridad de la ciudad. Caramba Mario, disfrutaba mucho esos juegos. Era la única forma de ver jugar a peloteros como Sarmiento, Baudilio, Armas o Félix Rodríguez en esos tiempos. En el primer inning le llenaron las bases a Sarmiento, pero luego se recuperó y dominó Edgar Urbina con globo a tercera y ponchó a Virgilio Velásquez. En la apertura del quinto episodio Caracas se fue adelante con vuelacercas de Wilibaldo Quintana. Magallanes empató el sexto con boleto a Victor Colina y sencillos de Rafael Cariel y Nelson Castellanos. En el inning siguiente Magallanes le puso cifras definitivas al encuentro con jonrón de Orlando Reyes, sencillo de Colina y triple de Edito Arteaga. Sarmiento se mantuvo en la lomita hasta el noveno episodio con un dominio y una presencia tal que parecía a Bob Gibson en 1968. Un silbido insistente ligaba el tubo de donde colgaba un anuncio de brillantina Glostora en el local de lo que había sido una barbería. Mario levantó la mirada varias veces. Le pareció que el silbido se parecía por momento al zumbido de muchas avispas. La reseña de otro de juego de Sarmiento en la liga venezolana lo hizo olvidar el sonido del tubo metálico. Aquellas líneas lo llevaron a la calle Ayacucho. Esa noche jugaban Caracas y Magallanes y en la otra esquina de la cuadra se había reunido un grupo de caraquistas que vociferaba que en lo que ganara su equipo los magallaneros iban a “tener que correr muy duro”. En el cierre del noveno inning el Caracas puso tres corredores en base sin outs. Mario estuvo a punto de despedirse de sus amigos magallaneros, se disponía a dar la vuelta a la manzana para evitar las bromas caraquistas. Los magallaneros le dijeron que se esperara. “Viene a relevar Sarmiento. Él es quién nos puede sacar de esto”. Campito llegó a medio centímetro de estremecer los hombros de Mario, dos mandolinas, un cuatro y dos flautas lo paralizaron a través de la muchedumbre, del guayacán y los primeros metros del callejón El Alacrán. El ritmo de “Tuerca y tornillo” lo hizo silbar y hasta restregar la punta de los zapatos sobre el cemento del pavimento y de las aceras. Parecía un pájaro carpintero con cada puntapié incrustado en las altas aceras. Mario lo vio de reojo más la llegada de Sarmiento al montículo lo acorraló en la pantalla de la máquina. Un rectazo invisible en cuenta de tres y dos lo hizo ver a sus amigos mientras los caraquistas seguían gritando en la otra esquina “Todo el que se va a morir se tira un peo”. El próximo bateador levantó un bombito a la primera base. Entonces Mario se sentó junto a sus amigos y lo único que se escuchaba en la calle era la transmisión radial. Campito se quedó mirando la pantalla de la máquina. Tocó varias veces las teclas al ritmo de “Tuerca y tornillo”. Mario seguía impasible cual si escuchara una sinfonía de Mozart en el teatro de mejor acústica. El próximo bateador se enfrascó en un duelo de fouls con Sarmiento. Los caraquistas gritaban “acaba de dejarlos en el terreno”. El radio por momentos perdía la señal y pocos segundos después “…cualquier película de Alfred Hitchcock se queda corta ante esta agonía. Ahí está Manuel Sarmiento con toda la sangre fría sobre el montículo. Mario se levantaba y se paraba. Sus amigos llegaron a agarrarlo para que se mantuviera en la acera. La mirada regresaba cada pocos segundos a la otra esquina. Sólo de imaginar la mamadera de gallo que le harían los caraquistas si llegaban a ganar lo hacían pensar por donde tendría que meterse, de cuantas cuadras sería el rodeo para evitarlos. Guardaba una esperanza que había crecido con los dos outs que había logrado Sarmiento. Las hojas del guayacán agitaban un carnaval de papelillo ante la intensidad de una brisa que llegaba desde el otro lado del castillo. Campito se estrujaba los ojos, la mirada se le iba hasta la subida del cementerio. Todo estaba lleno de gente, todos que rían llegar frente a Santa Inés. Campito volvió a impactar las teclas. Mario avanzó tres pasos y dio dos manotazos hacia atrás. “…ahí viene el lanzamiento…strike tirándole, tremendo cero le ha colgado Manuel Sarmiento al Caracas, cuando parecía que todo estaba consumado, viene el relevista de nervios de acero y saca al Magallanes de una borrasca que amenazaba con destrozar al barco”. Los magallaneros empezaron a vociferar. “¿Qué pasó? ¿Por qué se van? ¿No que todo el que se va a morir se tira un peo?”. Mario pasó por la esquina de los caraquistas. Todo lo que quedaba era el reflejo de la carrera que pegaron al terminar el juego.