lunes, 18 de septiembre de 2017

Un centenar de anécdotas,...(II)

11.-“¡…yyy la bola…se lleeevó la cerca...!”; A principios de la temporada 1971-72 hubo un Caracas-Magallanes que parecía dominar los Leones. El narrador Felo Ramírez elogiaba los méritos caraquistas que ganaban 3-2 hasta que en el séptimo inning los Navegantes plenaron las bases y fue a batear Iván Murrell, un jardinero atlético quien había jugado con Cardenales de Lara en la temporada 1969-70. Felo describió una conexión hacia la izquierda donde el jardinero Joe Lis intentó tomarla de aire “…es un batazo alto…largo…la bola da de aire contra la cerca…ahí vienen embalados hacia la goma Gregorio Machado, Rigoberto Mendoza y Jim Holt…pero quien más corre es Murrell amigos…dobla por tercera y se barre quieto en la goma…¡qué bárbaro señores…Murrell ha concretado un jonrón dentro del parque con la pelota en manos del leftfielder y ahora está ganando el Magallanes 6-3…ahora puedo entender porqué este señor practicó futbol y boxeo en su adolescencia!” 12.- Bob Gibson y Patrice Lumumba: La promesa de pitcheo de los Cardenales de San Luis reforzó a los Indios de Oriente en la temporada 1960-61. En medio de una campaña donde dejó balance de 7-10 y 2.54 de efectividad, Gibson lanzaba una joya de pitcheo ante los Leones del Caracas. Desde el dugout empezaron a gritarle “Lumumba” como lo apodaban en secreto en toda la liga por su gran parecido con el político africano Patrice Lumumba. La cuarta o quinta ocasión cuando lo llamaron “Lumumba”, Gibson efectuó el wind up y lanzó un meteoro que se incrustó en el dugout caraquista, la pelota repiqueteó varias veces entre las paredes y el techo y el dugout quedó desierto. 13.- Tres momentos grandes de Armando Ortíz. El tema del mejor juego de Ortíz siempre aparece en las discusiones más apasionadas de los magallaneros. Para mí, la mejor actuación de jardinero anzoatiguense ocurrió el 31 de diciembre de 1967, durante un juego diurno dominical en el estadio de la UCV, cuando realizó 3 asistencias en el plato (Segundo inning: Ortiz captura elevado de Cesar Tovar al jardín central y enfría a Paul Schaal en la mascota de Ed Herrmann. Quinto inning: Teodoro Obregón intentó anotar mediante imparable de Musulungo Herrera al centro y Ortíz lo hizo out en el plato con certero disparo. Sexto inning: Elevado de Obregón al jardín central, Ortiz atrapó la pelota y dobló a Nelson Castellanos en el plato con potente disparo) y le bateó triple y jonrón a Diego Seguí para terminar un invicto de 8 triunfos. Magallanes 2 – Caracas 1. Por Magallanes abrió y ganó Tom Fisher. Otros dicen que más mérito tiene el cuadrangular que le bateó Ortíz a Mike Cuellar (05-02-1970), flamante ganador de premio Cy Young de la Liga Americana (1969) en el segundo juego de la Serie del Caribe de 1970. Magallanes 3 - Ponce 1. Otros hablan del triple en el décimotercer inning a lo profundo del jardín derecho en el sexto juego (03-02-1971) de la serie final de la temporada 1970-71, ante Orlando Peña para remolcar a Richard Chiles quien corría en primera con dos outs. El manager Carlos Pascual trajo de bateador emergente a Ortíz por Nelson Cañas en conteo de 0 bolas y un strike. Magallanes 6 - La Guaira 5. 14.-La pasión de Lázaro Salazar. Una de las historias más recurrentes de mis hermanos cuando Magallanes llegaba ganando a los innings finales y los relevistas no podían mantener la ventaja, tenía que ver con un manager de la década de 1950, llamado Lázaro Salazar. Cuando él traía a dos o tres relevistas y no hacían el trabajo, se iba a calentar al bullpen y se metía a relevar y terminaba dominando a los rivales. 15, Puros reflejos y un guante excepcional. Hacia mediados de la década de 1980 hubo un tercera base quien siempre es recordado en las discusiones del mejor antesalista defensivo en la historia magallanera. Algunos lo ponen al mismo nivel de Dámaso Blanco, por los reflejos superlativos que mostraba Dimas Gutiérrez ante roletazos y linietazos candentes bateados hacia la raya de tercera base, que impresionaban hasta al propio Bill Madlock en los entrenamientos primaverales de los Piratas de Pittsburgh. A veces saltaba hacia la zona posterior a la almohadilla y desde el suelo pintaba un strike en el mascotín del primera base. Otros decían que Gutiérrez también podía batear, de hecho, tiene dos juegos de cinco imparables con el Magallanes. 16.- Rocky Colavito y su brazalete: La temporada 1955-56 fue gris en muchos aspectos, uno de ellos fue que el jardinero Rocky Colavito nunca pudo batear como venía de hacerlo con los Indians de Indianapolis de la American Association League (AAA) donde conectó 30 jonrones, impulsó 104 carreras y bateó para .268 en 150 juegos. El consuelo de la afición magallanera fue los lanzamientos que Colavito hacía desde las profundidades del jardín derecho, la pelota tronaba en la mascota del receptor y el corredor quedaba paralizado. 17.- El pitcher dominguero: En la temporada 1982-83, luego de tres años seguidos en el sótano, los Navegantes del Magallanes lograron que los Dodgers de Los Angeles les permitieran traer sus prospectos de pitcheo, Brian Holton y Orel Hershiser, Tambien trajeron a Ted Power (Rojos de Cincinnati) y Randy Niemann (Piratas de Pittsburgh). Hershiser casi siempre era programado para lanzar los domingos, esos días los Navegantes eran difíciles de vencer. Esa temporada Hershiser dejó marca de 6-5 y 3.54 de efectividad. 18.- Oswaldo Blanco por Roberto Muñoz: Durante la temporada 1968-69, Oswaldo Blanco jugaba la primera base del Magallanes cuando se lesionó. El manager Napoleón Reyes, lo sustituyó con Joe Rudi. Cuando Blanco se recuperó de la lesión, empezó a reclamar tiempo de juego. Como el manager seguía alineando a Rudi, Blanco tuvo una airada discusión con el gerente deportivo Rodolfo Mauriello. Al día siguiente, fue cambiado a los Llaneros de Acarigua por el as de pitcheo Roberto Muñoz. 19.-Méritos de Ramón Monzant: Mis hermanos siempre me contaban que Magallanes tuvo un pitcher muy bueno llamado Ramón Monzant. Una vez recibió un jonrón de Willie Mays en una Serie del Caribe (1955) y unos cuantos magallaneros pretendieron crucificarlo. Hubo muchas discusiones donde salieron a relucir todos los juegos cruciales que Monzant había ganado para Magallanes, los críticos tuvieron que disminuir las quejas, porque entre otras cosas ¿a quien no le bateaba un jonrón Willie Mays? 20.- No hay cerveza: A mediados de la década de 1980, cerca de la desembocadura del río Manzanares de Cumaná, había un bar donde se reunían los aficionados para escuchar los juegos Caracas-Magallanes. Cuando los Navegantes estaban perdiendo por amplio margen, el dueño del bar cerraba el negocio y no le vendía cerveza ni siquiera a los magallaneros. Alfonso L. Tusa C.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Un centenar de anécdotas, leyendas, memorias, juegos, curiosidades a través del centésimo aniversario de los Navegantes del Magallanes.

1.- Octubre de 1968 y un agónico jonrón de Clarence Gaston. Cada noche a las 8, religiosamente Felipe encendía el radio transistor y se escuchaba la marcha deportiva de Radio Rumbos. Jesús Mario reclamaba más volumen y la voz del narrador plenaba la habitación de bolas, strikes, squeezeplays, jonrones, dobleplays, toda una jerga, todo un universo de reglas desconocidas para mí. A los siete años de edad estaba más pendiente de los aviones de papel, los trompos, las metras y los gurrufíos, sin embargo me llamaba mucho la atención eso que mis hermanos escuchaban en el radio. La afición de ellos no terminaba en escuchar los juegos, durante el día compraban barajitas de beisbol, compraban la revista Sport Gráfico, devoraban las páginas deportivas de El Nacional y El Universal. Me miraban con ojos punzantes cada vez que les preguntaba por algun pelotero o jugada relacionada con los Leones del Caracas. Se quedaban silenciosos y decían que ese era el equipo rival, el que tantos malos ratos le hacía pasar a su idolatrado Magallanes. Por algunas semanas escuchaba los juegos y trataba de conocer el juego, Felipe decía que era muy fastidioso seguir a un equipo como el Caracas que ganaba todos los días y también ganaba muchos campeonatos. Jesus Mario añadía que era mucho más emocionante seguir el beisbol desde la incertidumbre y la sorpresa del Magallanes. Todo eso lo empecé a comprender mejor la noche del sábado 8 de diciembre de 1968, cuando los Navegantes del Magallanes vencieron a los Leones del Caracas, después que estos empataron el juego en las entradas finales, entonces conocí otro término de la jerga: extra inning. Cuando mis hermanos se lamentaban y daban por perdido el juego, la voz del narrador inundó el comedor a través de las cornetas del radio: “…la bola se va…se va…se va…joooonrooooooon de Clarence Gaston…Magallanes deja en el terreno al Caracas” Yo no sabía que era eso de “dejar en el terreno”, ni mucho menos que era un jonrón, pero a partir de ese momento supe que el equipo de mis simpatías era los Navegantes del Magallanes. 2.-Un tal Camaleón. Hacia finales de 1968 estuve con mis hermanos en el estadio municipal de Cumaná. Me quedé abismado de cómo Felipe permanecía petrificado mirando el terreno de juego. Se puso muy contento cuando notó que se podía bajar al terreno y casi corrió hacia la zona de la tercera base. Caminaba como un astronauta en su primera excursión lunar, revisaba cada pedazo de arcilla colorada, cada palmo de grama, cada milímetro de raya de cal. Cuando le pregunté porqué hacía eso, me quedó mirando cual monstruo fantasmal. “Aquí jugó Camaleón García, el mejor tercera base de Magallanes y de toda la liga venezolana, yo lo vine a ver con mi tío una noche hace dos o tres años, Magallanes vino a jugar versus Cardenales de Lara y Camaleón me sorprendió con su agilidad para tomar toques de bola casi en frente del plato, lo que luego lanzaba hacia primera base eran riflazos. También se lanzó de cabeza dos veces hacia la raya. Y largó dos batazos que casi salen del estadio, uno agrietó la pared del jardín izquierdo, el otro lo capturó el jardinero central pegado a la cerca”. Había dicho todas esas palabras sin respirar y para nada se veía asfixiado. 3.-Los dos juegos sin hits ni carreras de Vidal López. Uno de los tragos más amargos que veía pasar a Felipe ocurría cuando los caraquistas le restregaban los juegos sin hits ni carreras de LennyYochim (8 de diciembre de 1955) y Howie Reed (24 de octubre de 1968) precisamente ante el Magallanes. Se quedaba mudo por unos instantes y recurría a las dos joyas de pitcheo de Vidal López, el 7 de julio de 1941 ante el Santa Marta y el estelar pitcher boricua Tite Figueroa (2-0), y el 10 de agosto de 1941 versus el Vargas de Luis Aparicio Ortega, Antonio Briñez, Balbino Inojosa y Daniel Canónico (4-0). De inmediato los caraquistas alegaban que eso había ocurrido antes de la liga profesional. Entonces Felipe recurría al juego sin hits ni carrera de Mel Nelson (18 diciembre 1963) y los caraquistas replicaban que el equipo de Nelson se llamaba Orientales. Pasó mucho tiempo para que los Navegantes del Magallanes vieran a un pitcher lanzar sin hits ni carreras, el 10 de enero de 1996, Donnie Wall, Oscar Henriquez y Dave Evans dominaron a Cardenales de Lara para vencerlos (4-0), Chris Roberts lanzó el segundo no-hitter ante La Guaira el 3 de noviembre de 1996 y finalmente Anthony Lerew dejó sin imparables ni anotaciones a los Leones del Caracas el 21 de noviembre de 2010. 4.-La llegada a Valencia. No recuerdo haber visto más desconcertados a mis hermanos que en aquellos meses de inicios de 1969. Empezaron los rumores de la venta del Magallanes y cuando se concretó la transacción a un grupo de Valencia, Felipe temía que le iban a cambiar el nombre al equipo, también que ya no iba a poder ir a ver algun juego cuando fuese a Caracas con papá, tenía que ser muy sortario para que esos días el Magallanes jugara ante el Caracas o La Guaira en la capital. Recuerdo que una de las críticas más grandes que hicieron mis hermanos a los nuevos dueños fue que le pusieran al equipo: Magallanes de Carabobo. “Ese equipo va más allá de un simple estado. Ese equipo tiene seguidores en todo el país”. 5.-La barriada y el equipo. Uno de los cuentos más descabellados que le escuché a mis hermanos hacia finales de la década de 1960 fue que el barrio Los Magallanes de Catia en Caracas había recibido ese nombre debido a que el equipo de beisbol Magallanes se había fundado allí a comienzos de siglo. En eso momento ni se me ocurría preguntarles si estaban seguros de esa historia, me parecía una muestra más del desbordado fanatismo que mostraban en determinados momentos por el equipo. Viéndolo a la distancia, recuerdo que les tenía mucho miedo a mis hermanos cuando su intensidad por el equipo llegaba a esos niveles. Luego, cuando muchos años después, tuve oportunidad de escuchar y leer por varias fuentes que efectivamente el barrio había recibido el nombre en homenaje al equipo, reconocí en mi interior que mis hermanos estaban en lo cierto, aún les debo una disculpa por eso. 6.-Carnaval e inmersión en un tambor de agua. El 01 de febrero de 1970 llegamos a Cumaná a eso de las once y media de la mañana. La Guaira ganaba 1-0 en el segundo inning. Magallanes dominaba la final 2 juegos por 0. En la esquina había un templete con música a todo volumen y cada cierto tiempo sintonizaban el juego de beisbol. Justo en el momento cuando llegamos una muchacha convirtió sus pasos en zancadas y aún así, los manganzones de la esquina descargaron un balde de agua en su espalda. Cuando Magallanes pasó a ganar 2-1 en el quinto inning, los tipos de la esquina llenaron la calle con el juego de pelota. Al verlos tan pendientes del juego, en el cierre del noveno, me llegué hasta la esquina y en menos de dos minutos me levantaron en vilo y me sumergieron con todo y radio en el tambor de agua. Salí pataleando de allí, el radio había dejado de funcionar y ya había dos outs. Corrí desesperado hacia casa de mis abuelos y encendí el radio de tubos de la sala. La voz de Delio Amado León retumbaba en las paredes, “Magallanes tiene montado el sancocho de tiburón…estraiiic el tercero…los Navegantes ganan su primer campeonato en 15 años”. 7.-Historia fragmentaria. Desde 1917, cuando se realizó la famosa reunión en el bar “Back Stop” me ha resultado difícil conectar aquel equipo amateur, improvisado, que solo se mantuvo hasta 1918, con los Navegantes del Magallanes que ingresaron a la Liga Venezolana de Beisbol profesional en 1946. Principalmente porque entre 1918 y 1927 transcurrió mucho tiempo y aunque esa vez el equipo vivió por seis años, en 1933 volvió a desaparecer hasta 1940. Fueron 16 años de ausencia en el beisbol de primera categoría y primera división de aquella época que hacen muy intrincada la ruta para enhebrar la historia magallanera. Además, luego de la temporada 1955-56, por dificultades económicas y familiares de Don Carlos Lavaud, el nombre Navegantes del Magallanes desapareció de LVBP. Empezaron los años de Oriente y Orientales, hasta que la insistencia y empeño del Catire Istúriz logró convencer a Lavaud para que le permitiera utilizar el nombre y los Navegantes del Magallanes reanudaron su historia en la temporada 1964-65. En total fueron 24 años de ausencia que tuvo el Magallanes en el beisbol venezolano, quizás mdemasiados para muchos de sus seguidores. 8.-Maratón de infarto. Entré al estadio José Bernardo Pérez por los lados de tercera base. Aun cuando hubo un duelo de pitcheo en los primeros siete innings. Quizás Ben Callahan fue quien estuvo más cerca de que le anotaran en el séptimo episodio, solo una jugada fantasmal de Joe Orsulak ante batazo contra la cerca de Clint Hurdle mantuvo el marcador en blanco. En la apertura del noveno inning estuve a punto de abandonar el estadio cuando Juan Francisco Monasterio despachó imparable ante Jeff Zaske para remolcar a Oswaldo Guillén. Esa carrera parecía un muro infranqueable ante el dominio del relevista Jeff Dedmon quien había venido a relevar a Marty Decker. Entonces Orsulak soltó imparable al centro y luego de un passedball de Antonio Córdova, Benny Distefano despachó trueno a la derecha para igualar las acciones. Zaske y Nelson Torres debieron sortear situaciones de hombres en circulación donde La Guaira parecía despegarse. En el duodécimo inning los escualos volvieron a tomar ventaja cuando Guillén trajo al plato a Gustavo Polidor. En el cierre de ese inning Ernesto Gómez sencilleó a la izquierda y Wolfgang Ramos emergió por Carlos Porte. El linietazo que despachó Ramos por toda la línea de cal del jardín derecho me provocó una taquicardia que no se detuvo hasta que Gómez pisó el plato con el empate. El sufrimiento continuó porque Ramos se quedó varado en tercera. En el cierre del décimo cuarto inning Gómez volvió a batear imparable a la izquierda y Alfredo Pedrique lo llevó a la intermedia con toque. Cuando recordaba como Ramos se había quedado esperando remolque, Stan Cliburn soltó imparable al centro que me hizo experimentar la fantasía de disfrutar una victoria esquiva y muy sufrida, aun no lo creía cuando vi a Gómez pisar el plato aquella noche del 9 de noviembre de 1983. 9. Antaños del Stadium.Hacia finales de la década de 1960, cada sábado cuando llegábamos a casa de mis abuelos en la calle “Ayacucho” de Cumaná, el vecino de enfrente siempre tenía música a todo volumen y uno de los discos que más repetía era el de los Antaños del Stadium. Cada vez que sonaba una canción que después me enteré se llama “San José”, sonaba el chasquido de la aguja y después sonaba “Cocoíta”. Varios años después encontré en una tienda de discos el famoso LP de los Antaños del Stadium con el estadio San Agustín en la portada, y al revisar las canciones en el reverso me di cuenta que entre “San José” y “Cocoita” había una canción llamada “Magallanes”. Le pedí el favor al encargado de la tienda que sonara ese surco y escuché el famoso pasodoble. Esa misma tarde le pregunté a abuelo cual era el equipo predilecto del vecino del frente y me dijo con los ojos desorbitados “¡Muchacho, ese es más caraquista que el tipo de la corneta!” 10.- La abnegación de un manager. En la temporada 1987-88, Rodolfo J. Mauriello como gerente deportivo de los Navegantes del Magallanes contrata a Felipe Rojas Alou como manager. Luego de uno de los primeros juegos de la temporada, Mauriello en sus funciones como periodista fue al dugout magallanero luego de un juego. Estuvo esperando por Alou por espacio de hora y media, como el manager no aparecía y ya casi todo el equipo estaba de vuelta en el bus, Mauriello se aventuró en el clubhouse. A unos cinco metros de distancia observó como Felipe Alou hacía gestos con los brazos, se inclinaba un poco hacia adelante, se agachaba y hacia otras observaciones al jardinero John Fishel quien estaba sumido en una larga sequía ofensiva. “Vamos John, yo sé que tu puedes batear en esta liga. Yo sé que eres un gran bateador. Sé que en el próximo juego vas a dar al menos dos imparables y una va a estrellarse contra la cerca”. Alfonso L. Tusa C.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Esquina de la barajitas: Cara de niño Rawly Eastwick.

Bruce Markusen. Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown. De todas las barajitas que Topps produjo de Rawly Eastwick, ninguna captura mejor su cara de niño que la de 1978. A excepción del as de relevo de los Piratas de Pittsburgh Kent Tekulve, no puedo recordar alguien quien pareciera menos que un pelotero, que Eastwick, con su contextura demasiado flaca, Eastwick solo superaba a Tekulve por escasos kilogramos, pero aún así parecía un firifirito. Su rostro tampoco le aportaba ninguna fiereza adicional. Y para aquellos a quienes les gusta la hstoria de Hollywood, Eastwick tenía ese tipo de cara de niño que pondría celosa a Barbara Stanwyck. Luego está el nombre. Rawly Eastwick, abreviatura de Rawlins Jackson Eastwick III, le hace a uno pensar en la realeza inglesa, o podría traer memorias de aquella película de 1987, Las Brujas de Eastwick, protagonizada por Jack Nicholson en un papel demoníaco. De seguro no suena como el tipo de nombre que deberíamos ver en el frente de una barajita de beisbol Topps. El rostro y el nombre no encajaban con el beisbol, pero el brazo derecho de Eastwick si. En su apogeo, podía lanzar al nivel de los mejores relevistas. Y fuera del terreno, tenía talentos que igualaban sus destrezas de pitcheo. Inteligente y bien hablado, Eastwick vive ahora en Boston, donde gerencia una serie de edificios de oficinas. Su nombre regresó a la conciencia pública en 2013, cuando planeaba presenciar la maratón de Boston. Quería estar en la meta, para saludar a algunas de las muchachas quienes corrían en apoyo a la caridad del jugador de la NFL Tedy Bruschi, conocidas como el “Tedy’s Team”. Una de las corredoras competía en tributo a Haylee Eastwick, la hija de Rawly, quien había sufrido un ataque cardíaco hacía cinco años. Eastwick tuvo que cancelar el saludo cuando supo del ataque terrorista en la meta de la maratón. Hace mucho tiempo, Eastwick tenía muchos menos asuntos serios en su mente. Para el momento cuando esta barajita Topps fue publicada, a principios de la primavera de 1978, Eastwick se había convertido en un hombre rico. Había firmado un generoso contrato como agente libre con los Yanquis de Nueva York. Pero la barajita Topps no refleja la firma de Eastwick. En lugar de eso, esta lo muestra luciendo los colores pintados de los Cardenales de San Luis, con quienes había terminado la temporada de 1977 luego de un cambio de mitad de año desde los Rojos de Cincinnati. (Los Rojos, al haber perdido las esperanzas de firmar a Eastwick como agente libre, lo cambiaron a San Luis por el pitcher zurdo Doug Capilla. El cambio no recibió mucha publicidad porque ocurrió la misma noche cuando los Rojos adquirieron al futuro inquilino del Salón de la Fama, Tom Seaver desde los Mets de Nueva York). Eastwick terminó la temporada de 1977 en San Luis antes de engrosar su capital mediante la libre agencia. Los Yanquis lo firmaron durante el invierno, aunque ya tenían a otros dos destacados relevistas en Sparky Lyle y el recién firmado futuro inquilino del Salón de la Fama, Goose Gossage. En una época, Eastwick había sido el as relevista de los Rojos. Fue drafteado en 1969 por Cincinnati, Eastwick debutó en grandes ligas cinco años después. Al aparecer en ocho juegos al final de la temporada, mostró el tipo de brazo derecho que sería crucial para los Rojos durante su dinastía de mediados de la década de 1970. En 17 innings, ponchó 14 bateadores y su efectividad fue de 2.04. Con envíos a tres cuartos de brazo, una recta sobresaliente y una gran slider, Eastwick emergió como relevista dominante de los innings finales en 1975 y ’76. Lideró la liga en salvados en 1975 y terminó tercero en la votación del premio Novato del Año de la Liga Nacional, pero tuvo alguna dificultad en la Serie Mundial de ese año. En el icónico sexto juego en Fenway Park, Eastwick recibió un jonrón de tres carreras al bateador emergente Bernie Carbo para permitir que los Medias Rojas de Boston igualaran el juego en camino al jonrón decisivo de Carlton Fisk. Ese momento desafortunado no impidió que los Rojos ganaran la Serie Mundial. El siguiente verano, Eastwick se reivindicó con creces al empatar el liderato de juegos salvados de la liga, ganar 11 juegos, y disminuir su efectividad hasta 2.09. Mientras el bateo de poder de los Rojos se llevaba los titulares, Eastwick jugaba un silencioso pero clave papel en el segundo campeonato seguido de los Rojos. En 1977, Eastwick perdió algo de fuerza en su recta. En la fecha límite para realizar cambios del 15 de junio, los Rojos lo enviaron a San Luis, donde tuvo dificultades el resto de la temporada. Los Cardenales no lo firmaron, y eso le permitió probar el mercado de la libre agencia. Así fue como aterrizó en Nueva York. Eastwick no fue un miembro clave de los Yanquis campeones mundiales de 1978, solo hizo un puñado de relevos. Sin embargo, la primera temporada de Eastwick con el uniforme a rayas, ocasionó una de las primeras controversias de ese verano. Con Eastwick, Gossage y Lyle en la nómina del inicio de la temporada, el manager Billy Martin tenía exceso de ases relevistas. Martín se inclinaba por Gossage para cerrar la mayor parte del tiempo (se mantuvo con él a pesar de no empezar bien la temporada), empleaba a Lyle en el papel de preparador (set-up), Eastwick tenía pocas oportunidades. No es que Eastwick lanzara mal en sus ocho apariciones con los Yanquis. Se convirtió en el ornamento del plan de trabajo de Martin, donde los abridores duraban muchos innings y solo los mejores relevistas de Martin recibían oportunidades en situaciones significativas. Si Eastwick hubiese lanzado en el beisbol actual, habría sido el hombre ideal del séptimo inning, preparando el camino para que Lyle lanzara el octavo y Gossage el noveno. El llevadero Eastwick hizo un número de amigos entre sus compañeros de los Yanquis, pero Martin nunca pareció tenerle confianza para ponerlo a lanzar. En un bullpen de los Yanquis tan recargado, Eastwick se hizo negociable. Los Yanquis lo enviaron a los Filis de Filadelfia por el jardinero Jay “Moon Man” Johnstone y el jardinero de ligas menores Bobby Brown. De alguna manera, el cambio hizo realidad un sueño, Eastwick alguna vez había soñado con jugar para los Filis. Al crecer en Haddonfield, N.J., Eastwick había asistido a varios juegos con su padre en el Connie Mack Stadium. Los Filis nunca fueron a ver ni se acercaron a Eastwick cuando pitcheaba en el amateur. Desafortunadamente para Eastwick, el bullpen de los Filis de 1978 estaba casi tan sobrecargado como el de Nueva York. Con Gene Garber, Tug McGraw, y Ron Reed disponibles para encargarse de los innings finales, las oportunidades de Eastwick siguieron de capa caída, igual que su recta. Quizás afectado por los 204 innings que acumuló en 1976 y 1977, Eastwick nunca recuperó su dominio con los Filis, los Reales de Kansas City, o los Cachorros de Chicago y se encontró fuera del beisbol para 1981. Más allá de su meteórico éxito con la “Gran Maquinaria Roja” y su breve estadía con los Yanquis, el derecho tan delgado como un lápiz llamaba la a tención por sus hábitos exóticos. Eastwick practicaba meditación trascendental, algo que había hecho desde la infancia en un esfuerzo para controlar la ansiedad. También, durante su primera primavera con los Yanquis, Eastwick hablaba de una nueva dieta que había empezado. Era un régimen que prescindía de las carnes rojas y las comidas que contenían preservativos o colorantes, lo cual relativamente era una dieta radical para la época. Durante los inviernos, Eastwick pasaba buena parte del tiempo coleccionando antigüedades, las cuales incluían un anillo centenario y monedas persas. Quizás, más notablemente, Eastwick mostraba aptitudes para hacer arte. Le gustaba hacer esculturas. También pintaba sobre lienzos. Se le daba muy bien la pintura con pincel, Eastwick dijo que su mejor pintura fue un fresco que le obsequió al inquilino del Salón de la Fama, Johnny Bench y su esposa como regalo de bodas. Era otro aspecto de la vida de Eastwick que lo convertía en alguien más que un pelotero estereotipo. ________________________________________ Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Fragmentos de 1967. El debut de Isaías “Lätigo” Chávez en grandes ligas.

El 4 de septiembre de 1967 los Gigantes de San Francisco llamaron a Isaías Chavez al equipo grande con la expansión del roster hasta 40 jugadores. El Látigo venía de una destacada temporada con el Waterbury en la Eastern League AA (12-5, 7 blanqueos, 1.77 de efectividad). El 9 de septiembre en juego diurno, efectuado en Candlestick Park, el manager Herman Frank trajo a relevar a Isaías en el séptimo inning, en sustitución de Bobby Etheridge quien bateó por el pitcher Lindy McDaniel en el sexto. Los Gigantes perdían 6-0 ante los cachorros de Chicago. Dominó a Billy Williams con roletazo al campocorto Hal Lanier quien completó el out en el mascotin de Jack Hiatt en la inicial. Luego concedió boleto a Ron Santo. Retiró a Ernie Banks con elevado al guante de Willie Mays en el jardín central. Concedió otro boleto a Randy Hundley. Bob Raudman se embasó por error de Lanier y Santo anotó en la jugada. Adolfo Phillips despachó imparable a la izquierda para remolcar a Hundley. Finalmente ponchó al pitcher Rich Nye. En el octavo inning fue relevado por Bobby Bolin. Alfonso L. Tusa C. 07-09-2017.

jueves, 24 de agosto de 2017

El torrente de voz inolvidable de Felo Ramírez.

Alguien me dijo una vez que había visto a Felo Ramirez en su rutina de narrar un partido, parecía un monje rezando en una esquina de la cabina de transmisión, “el tipo toma el micrófono entre las manos y pareciera murmurar”. Yo me dije para mis adentros, “pero lo que yo escucho en la radio es un trueno emocional que estremece la imaginación y remueve las fibras más profundas del beisbol cada vez que llega el noveno inning y Felo exclama: ‘…¡llegamos al noveno inning…y está ganando el Magallanes!’ Esa y muchas otras imágenes y sonidos me vinieron a la memoria cuando este martes 22 de agosto de 2017 leí en un correo electrónico del departamento de prensa de los Navegantes del Magallanes que el excelso narrador deportivo Rafael “Felo” Ramírez había fallecido el lunes 21 de agosto en Miami, Florida. Tengo grabada la narración del último out de la serie final de la temporada 1976-77, “…es un elevado en foul hacia la malla…allá va Steve Nicosia…se mete debajo de la bola y el Magallanes es el campeón de Venezuela…ha vencido en buena lid a los Tiburones de La Guaira…es un momento indescriptible amigos el publico está en el terreno celebrando con sus peloteros…” Lo que siempre admiré de Felo fue su impresionante capacidad para mezclar en paralelo la pasión por el Magallanes con la gallardía de reconocer sobre la marcha los méritos del rival cuando el equipo perdía, era el primero en elogiar la legitimidad de la victoria ajena En el segundo juego de la serie semifinal ante las Águilas del Zulia, Magallanes llegó perdiendo 1-0 ante Gilberto Marcano quien se había mandado tremendo duelo de pitcheo ante Chris Batton aquel 17 de enero de 1977. En la apertura del noveno inning, luego del primer out de Jimmy Sexton, Dave Parker negoció boleto y cuando Mitchell Page descargó un toletazo bestial hacia el jardín izquierdo, Felo hizo tronar la corneta del radio transistor “…Parker va a tener que regresar a tercera base, la pelota se fue de un bote a la tribuna…pero esto no se acaba amigos…Magallanes tiene el empate en tercera y la de irse arriba en segunda…” Entonces vino a batear Steve Nicosia y mientras bajábamos el volumen del televisor, Felo traía la electricidad del estadio a la casa, “…Marcano trata de sorprender a Parker y mete la bola en el jardín izquierdo, Page también entra en carrera…Parker el predestinado del Magallanes…¡Qué bárbaro…sacó de concentración a Marcano y lo hizo lanzar pésimo a tercera…!” En aquel dramático quinto juego de la Serie del Caribe de 1979 en Puerto Rico ante las Águilas Cibaeñas, Felo retrató los dos tirazos de Oswaldo Olivares para enfriar en la mascota de Baudilio Díaz a los veloces Omar Moreno y Nelson Norman en el tercer y décimo innings respectivamente. Luego en el cierre del undécimo inning el manager Johnny Lippon trajo a relevar al grandesligas William Castro y Dave Coleman inició la entrada embasándose por error del campocorto Norman. Luego del out de Willie Horton, Jerry White descargó doblete al centro que puso a Coleman en tercera y obligó a Lippon a bolear intencionalmente a Baudilio Díaz. Horton trajo de emergente a Rafael Cariel por Alfredo Torres y está fue la acuarela de Felo: “…ahí va una línea por encima de segunda…Magallanes deja en el campo a los dominicanos…¡qué temporada la de Cariel…Willie Horton lo hizo otra vez… no le tembló el pulso para traer a Cariel en el momento cumbre del juego y otra vez respondió con el madero…!” Quizás la imagen más nítida e indeleble de la elocuencia y la intensidad con las cuales Felo nos mantenía adheridos al radio desde el primero hasta el noveno episodio, la tengo de un juego de un temporada gris del Magallanes, en la 1977-78, vino un relevista llamado Norman Angelini y en medio de un octavo inning Felo reclamó: “…esté pitcher está al reverendo globo…hasta yo me puedo parar en el plato con un periódico doblado y pegarle la pelota de la cerca…” Alfonso L. Tusa C. 22-08-2017.