martes, 20 de junio de 2017

Zurdo y marginado

Alan Schwarz. The New York Times. 15 de agosto de 2009. Las cartas siguen llegando. Cada pocas semanas, Benny Distefano abrirá su correo y encontrará una carta de un jugador de pequeñas ligas, o del padre de uno, pidiendo consejo. Es la única persona que conocen quien entiende. Hace veinte años este martes, Distefano, entonces pelotero de grandes ligas, participó como catcher zurdo en un juego de las mayores. Nadie lo ha repetido desde entonces. Como las noches cuando las damas entraban gratis al estadio y los pitchers llamados Wilbur, los catchers zurdos están extintos, por razones en las cuales hay pequeño consenso. “No tengo idea”, dijo Joe Mauer, catcher del todos estrellas de los Mellizos de Minnesota (derecho, naturalmente). “¿Es porque hay más bateadores derechos? dijo el catcher de los Bravos de Atlanta, Brian McCann. “¿No ha habido ninguno en el juego por 20 años? ¿De verdad?” dijo Joe Torre, un catcher del todos estrellas a través de la década de 1960. “Bien, primero que todo, los pitchers zurdos no lanzan la pelota derecho”. Los equipos de grandes ligas han estado clamando por más catchers desde hace algún tiempo, han rogado por que las madres le permitan a sus hijos jugar allí, y aún así dejan de lado un flujo de talento que lanza con la mano izquierda. En los últimos 100 años, Dale Long recibió dos innings para los Cachorros de Chicago en 1958 y Mike Squires la misma cantidad para los Medias Blancas en 1980. Y desde el 18 de agosto de 1989, cuando Distefano fue catcher por última vez, el beisbol ha permitido los uniformes antiguos y hasta las ganancias compartidas, pero no los gustos de Distefano. Las ligas menores no tienen un solo catcher zurdo en este momento. “Este es un juego de cambios lentos”, dijo Distefano, el actual coach de bateo de los Whitecaps de West Michigan, un equipo Clase A de los Tigres de Detroit. “Hace falta un manager creativo dispuesto a realizar algo que podría estar un poco fuera de orden”. Distefano tuvo eso a finales de 1988, cuando le preguntó a su manager en los Piratas de Pittsburgh, Jim Leyland, si podía convertirse en el catcher de emergencia del equipo. Distefano había adorado ser catcher desde muchacho en los campos beisboleros de Brooklyn pero fue movido a los jardines. Leyland recordó como el mundo no giró sobre su eje cuando su antiguo jefe, Tony LaRussa usó a Squires de esa manera, así que le permitió a Distefano ir a la liga Instruccional ese otoño para reaprender la posición. La próxima primavera, cuando el experimento de las nóminas de 24 peloteros le costó flexibilidad a los equipos, Distefano se mantuvo como jardinero de reserva, primera base y, si catcher. Lo trajeron en tres juegos para agacharse detrás del plato por seis innings. El único corredor que intentó robarle una base fue Oddibe McDowell el 18 de agosto. “Curva contra el suelo”, dijo Distefano. “Estuve muy cerca. Tuve una buena oportunidad de hacerlo out y a cualquier otro”. Desde entonces no ha habido ningún otro catcher zurdo. Pocas personas saben el porqué. Las ligas juveniles tienen catchers zurdos de vez en cuando, hay mascotas disponibles para ellos en las tiendas deportivas locales, pero las ligas profesionales nunca. Distefano entiende mejor que cualquiera cual teoría tiene sentido y cual no Ninguna es más específica que la conjetura del bateador derecho, la cual indica que en los intentos de robo, los zurdos tienen que lanzar con el obstáculo del bateador derecho, el cual es más numeroso que el bateador del otro lado del plato. Pero los catchers derechos no parecen tener dificultades para lanzar cuando el bateador es zurdo; además, mientras los bateadores derechos representaban el 62 por ciento de las apariciones al plato hace 50 años, ahora solo representan el 56 por ciento por 44 de los zurdos. La Wayward Southpaw Thesis de Torre fue descartada inmediatamente por el colega catcher convertido en manager Dan Wakamatsu, de los Marineros de Seattle. “Hay muchos pitchers zurdos quienes no llegaron a las grandes ligas debido a que sus lanzamientos eran muy planos”, dijo Wakamatsu. Respecto al punto de que el lanzamiento de un zurdo hacia segunda base generalmente se aleja del corredor, Distefano observó, “Eso se puede mejorar con la experiencia”. Los tiros sorpresivos hacia primera base son menos importantes que los lanzamientos hacia tercera base, como dijo Torre, “Los corredores solo van en una dirección”, los bateadores derechos obstaculizan al catcher zurdo. Pero Distefano también refutó eso. “Cuando tenía que lanzar a tercera, tenía un truco, me agachaba un poco más atrás y con el pie izquierdo algo abierto”, dijo él. “No tenía que acomodar mis pies porque tenía buen brazo. Y cuando hay intento de robo de tercera, 9 de cada 10 veces es porque le toman el tiempo al pitcher”. Distefano ofreció dos explicaciones. Los toques hacia tercera base, dijo él, causan problemas a los catchers zurdos. Al atacar la pelota y tomarla, para pasarla a su mano izquierda y lanzar hacia primera o segunda base, sus cuerpos se enredan y entorpecen. Para los derechos esos lanzamientos son mucho más fáciles y naturales. Pero el mayor problema que Distefano encontró fue con las jugadas en el plato. Debido a que tenía la mascota en su mano derecha, cada tiro preciso hacia el lado del corredor tenía que ser atrapado de revés, lo cual impedía tocar rápido al corredor. Y con los tiros del jardinero sobre la línea de primera base, atrapar la pelota con la mano derecha deja el hombro de lanzar abierto al corredor. “Si hay una jugada que implica un encontronazo, el catcher zurdo saldrá lastimado”, dijo él. Distefano se las arregló para explotar su nueva versatilidad para conseguir un trabajo mejor remunerado en Japón en 1990. Asistió al campamento primaveral de los Astros de Houston en 1992, con los pitchers y catchers, e hizo el equipo, en parte porque podía servir como catcher de emergencia. Nunca participó en un juego detrás del plato, pero ellos necesitaban una posibilidad adicional porque Craig Biggio iba a jugar en segunda base. Hablando de la segunda base, también es pertinente pensar ¿Por qué tampoco hay segundas bases zurdos? ¿Ni campos cortos, ni terceras bases? “Me parece que todos los zurdos terminan siendo pitchers”, dijo el campocorto de los Astros, Miguel Tejada. Aparentemente era así. Hacía unos 15 años, un adolescente zurdo del equipo Lumps Gas Station en la liga de verano de Clifton, Tex., actuó en el campocorto en un juego, recordó él, “Dijeron que no se suponía que los zurdos jugaran esa posición”, y ya no jugó más allí. Ese adolescente era Zach Duke, ahora pitcher zurdo que ha jugado en el juego de estrellas, de los Piratas de Pittsburgh. Ningun zurdo ha jugado un inning en el campocorto en las mayores en 100 años. En cuanto a la segunda base, solo ha habido tres desde la segunda guerra mundial: George Crowe con los Cachorros en 1958 (por dos tercios de inning), Sam McDowell con los Indios de Cleveland en 1970 (por dos bateadores derechos, antes de regresar al montículo) y Don Mattingly (debido a la indignación de Billy Martin en el último out del infame juego del alquitrán de pino en 1983). Los segundas bases no pueden ser zurdos, no se puede hacer el dobleplay con esa mano, porque recibirías la pelota y tendrías que voltearte para lanzar”, dijo el tercera base de los Rangers, Michael Young, quien antes de esta temporada jugaba exclusivamente en el medio del infield. “Los campocortos zurdos, también tienen problemas para lanzar la pelota en un dobleplay. Nunca lo he visto. Y tampoco espero hacerlo”. Lo cual nos lleva a la tercera base y al versátil Squires, quien fue uno de los antes mencionados cátchers zurdos. Pocos zurdos han jugado brevemente en tercera (incluyendo a Mattingly en 1986), pero Squires jugó allí en 13 juegos para los Medias Blancas de 1984. Los terceras bases zurdos tienen que hacer de revés todas las jugadas hacia el hueco del campocorto, a su izquierda, lo cual restringe su alcance, a menos que su coordinación sea tan espectacular como si estuvieran jugando campocorto. Squires, ahora scout de los Rojos, dijo que los terceras bases zurdos no pueden con los toques, porque pasar rápidamente la pelota hacia su mano izquierda mientras se adelanta es virtualmente imposible. Pero y ¿los catchers zurdos? Squires no entiende por qué no. “Se habla de veteranos quienes no quieren cambiar”, dijo él. “Siempre quise ser catcher cuando era joven. Pero no me lo permitieron”. Distefano se convirtió en catcher únicamente para prolongar su carrera. En lugar de eso, alargó su legado, no solo entre los adictos a la trivia beisbolera, sino en la comunidad de los catchers zurdos, para quienes sigue siendo un héroe. “No sabía que se acercaba el vigésimo aniversario de mi última vez como catcher”, dijo Distefano. “Definitivamente celebraré. Es agradable. Es una recompensa ser recordado de manera positiva”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Reflexiones en la Bodega del Buque (V): Jardineros centrales.y derechos.

En la configuración de una escuadra beisbolera, en primera instancia, a modo muy general, pareciera que los jardines son posiciones que cualquiera puede cubrir sin mayores consecuencias. Nada más errado, irreflexivo y superficial. Si bien es cierto que los jardineros son los peloteros más distantes del beisbol, cualquier juego se puede decidir con un batazo hacia su territorio. El jardinero central es fundamental en la mayoría de las jugadas donde la pelota es bateada hacia los espacios más distantes del diamante, apoya a sus compañeros jardineros de las esquinas, le hace observaciones sobre su ubicación, está alerta para asistirlos en los batazos más difíciles y para buscar la pelota en caso de que se les escape, y hasta puede hacer asistencias en jugadas de corre y corre o de alguna pelota extraviada en el cuadro interior. El jardinero derecho, a diferencia de lo que lo que se decía en las caimaneras de la infancia, es una de las posiciones más clave del juego. El pelotero de esa posición debe tener el brazo más potente y preciso del equipo, eso le permitirá mantener a raya a los corredores que intenten llegar hasta tercera base o el plato desde primera base. Además el rightfielder debe estar alerta con cualquier elevadito detrás de primera base, o de estar presto para hacer la asistencia al primera base cuando haya corredor en la inicial y el pitcher pueda volar la pelota tratando de sorprenderlo, o si hay un intento de toque que haga bajar al primera base. Dependiendo de si Endy Chavez se reporta temprano al equipo, el cuerpo técnico magallanero pudiera optar por continuar dándole oportunidades al novato Miguel Aparicio en el jardín central para aprovechar sus virtudes defensivas, su velocidad en las bases, además de las correcciones que haya hecho en las ligas menores para mejorar su bateo. Alberth Martinez pudiera ser otra alternativa para cubrir el jardín central, aunque en estos tres primeros meses de temporada haya jugado más en el bosque izquierdo de los Missions de San Antonio en la Texas League AA. En cuanto al jardín derecho el manager Omar Malavé tiene las opciones de Frank Díaz, aunque este año ha sido principalmente bateador designado en la liga mexicana con los Piratas de Campeche, siempre ha mostrado disposición y solvencia con el guante en los jardines, ni hablar de sus habilidades con el madero. Las otras opciones pudieran ser Mario Lisson, quien ha visto acción en esa posición esta temporada con los Senators de Harrisburgh en la Eastern League AA. El propio Martínez o la posibilidad de que traigan un importado para esa esquina. Alfonso L. Tusa C.

lunes, 19 de junio de 2017

Una Historia Compartida de Cáncer, Amor por el Beisbol y un Juego Cachorros-Mets.

James Wagner. The New York Times. 16 de junio de 2017. Esta es una historia acerca del cáncer, y el beisbol, y como ellos se interceptan durante una semana de actividades de los Mets. Hace dos semanas, Sandy Alderson estaba sentado en la sala de espera en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York. Alderson, el gerente general de los Mets ha permanecido libre de cáncer desde mayo de 2016, pero tiene que ir a revisarse cada cuatro meses. Mientras espera, Alderson toma el ejemplar de primavera de la revista del hospital. La historia de entrada, escrita en primera persona, trata de una ferviente seguidora de los Cachorros de Chicago llamada Abby Wood, y como su equipo favorito y su gorra sortaria de los Cachorros la ayudaron a través de su batalla con el linfoma. Y eso que ocurrió cuando el equipo ganó la Serie Mundial la temporada pasada, luego de una épica espera de 108 años, fue muy especial para ella porque dos de los peloteros más prominentes de los Cachorros, Anthony Rizzo y Jon Lester, también son sobrevivientes del cáncer. Alderson sabía que los Cachorros estarían pronto en Nueva York para jugar ante los Mets, así que decidió invitar a Wood a uno de los juegos. Mientras se preparaba para hacer eso, Alderson también se alistaba para reunirse con un gran contingente de peloteros antiguos y actuales de los Mets y empleados en Little Ferry, N.J., en una ceremonia en la cual se dedicaba un campo de softbol restaurado en honor de Shannon Forde. Una querida ejecutiva de relaciones públicas, Forde, luego de una pequeña batalla, falleció de cáncer de mama a los 44 años de edad en marzo de 2016. Así que en el curso de una semana, en el hospital, en el teléfono, en un sitio recreativo, el cáncer se convirtió en telón de fondo para Alderson con implicaciones de tristeza y optimismo. Debido a que el cáncer es una constante en casi cada ruta de la vida, nada de esto, al final, fue una sorpresa para Alderson. “Eso está a nuestro alrededor”, dijo Alderson de la enfermedad. Pero el beisbol es una constante también, notó Alderson, que se juega día a día, mes a mes”. “El beisbol influencia a las personas cada día”, dijo él. “Tiene la habilidad de distraer nuestra atención desde una enfermedad. Es una manera de inspirar a las personas en un momento cuando pueden necesitarla. Ese tipo de cotidianidad del juego produce esa clase de alivio”. Como seguramente lo hizo por Wood. Una nativa de Chicago y seguidora de los Cachorros de toda la vida, debido a su padre y a su abuelo; a ella le informaron que tenía linfoma de Hodgkin etapa IV en marzo de 2008, cuando tenía 21 años de edad y empezaba a estudiar en Princeton University. Ella había ignorado el dolor de su cadera izquierda por algún tiempo, hasta que un día no pudo levantarse de la cama. Finalmente le comentó eso a su hermana gemela, Daisy, quien alertó a sus padres. “Pensé que era invencible, como cualquier joven universitario”, dijo ella. Un examen de resonancia magnética encontró el tumor. Los padres de Wood volaron desde Chicago y la llevaron a Sloan Kettering. Ella se retiró de la universidad, y junto a sus padres se alojaron temporalmente en Manhattan para empezar un régimen de quimioterapia intensiva por los próximos cinco meses. Y para ese régimen, ella aplicó su propio ajuste. “Odiaba usar mi peluca”, dijo Wood, quien ahora tiene 31 años de edad. “Así que para mi familia y amigos fue todo un acontecimiento que yo usara mi gorra de los Cachorros a todas partes donde iba”. En las pocas ocasiones que ella tenía permitido salir, su padre, Arthur, le conseguía boletos para juegos de los Yanquis o Mets. “No solo para cuando ellos jugaban ante los Cachorros, sino para ir al estadio”, dijo ella. Debido a que el sistema inmunitario de Wood estaba muy débil por la quimioterapia, ella recibió inyecciones para fortalecerlo. El efecto colateral fue una intensa incomodidad osea. Los reportes noticiosos de ESPN de los juegos de los Cachorros o de los juegos en general la ayudaron a superar ese momento. “Pasé desde solo ser una seguidora de los Cachorros a tener un lugar especial en mi corazón para ellos”, dijo ella. “Ellos estuvieron conmigo a través de toda la batalla”. Así como su gorra sortaria de los Cachorros, la cual también la acompañó a su cirugía de cadera en 2013 y a una operación de reemplazo de su cadera izquierda en 2014, ambas necesarias debido a los efectos de su tratamiento para el cáncer. La gorra también estará con ella cuando su cadera derecha sea reemplazada en el futuro. La gorra está desteñida, ya no muestra el azul brillante de los Cachorros. El borde está desgastado. Esta deteriorada, pero representa todo para Wood. Ella la usa en viajes aereos de trabajo. La usó cuando su madre, Peggy, tuvo una cirugía mayor. Una vez la olvidó en un restaurant y corrió de vuelta a buscarla. “Solo fue una gorra para mí hasta que me ocurrió todo esto”, dijo Wood. “Si hay una posesión que necesite conmigo por el resto de mi vida, es esta gorra”. La historia de Wood tocó las fibras de Alderson, quien lidió con un diagnóstico de cáncer mientras los Mets barrían a los Cachorros en la serie de campeonato de la Liga Nacional de 2015 y luego perdieron la Serie Mundial ante los Reales de Kansas City. Alderson, 69, es un antiguo oficial de la marina, abogado y ejecutivo de beisbol por mucho tiempo. Ha dudado sobre hablar a menudo de su cáncer debido a que no quiere que eso lo defina. Mientras él lidiaba con su diagnóstico, observaba a Forde resistir graciosa y corajudamente con el de ella. Forde pasó más de dos décadas con los Mets. Madre de dos hijos, se las arregló para permanecer en su trabajo mientras los Mets terminaban un largo período de temporadas perdedoras y casi ganaron un campeonato. Jay Horwitz, el vice presidente de relaciones con los medios de los Mets, era amigo íntimo de Forde y dijo que no pudo persuadirla para que no fuera a Kansas City en la Serie Mundial de 2015. “Ella estaba muy débil para hacer el viaje, pero dijo, ‘He esperado mucho por esto’”, dijo Howitz. “Eso le dio esperanza, debido a que quería ir al entrenamiento primaveral de 2016, y nunca declinó esa esperanza”. Él dijo que no había duda en su mente de que el beisbol la había ayudado a mantenerse viva. La dedicación de la ceremonia para Forde, pronunciada por Horwitz, ocurrió este viernes. Alderson estaba ahí y habló con los reporteros acerca de cómo “cada quien se faja física y espiritualmente con la enfermedad”, pero no todos ganan la batalla física. Omar Minaya, el gerente general a quien Alderson sustituyó, estaba ahí. También Jim Duquette, quien estuvo en el cargo antes de Minaya. Dos managers antíguos de los Mets, Bobby Valentine y Willie Randolph, estaban presentes, junto al capitán de los Mets, David Wright, y peloteros antíguos como Ron Darling, John Franco y Al Leiter. Y entonces un día después de rendirle honores a Forde, Alderson se puso en contacto con Wood. Las personas del Sloan Kettering le habían dicho que un paciente de cáncer que trabajaba en beisbol quería hablar con ella. “No me di cuenta de que era el gerente general de los Mets”, dijo Wood. “Pensé que solo era un tipo que trabajaba para los Mets”. En lugar de eso, era Alderson, y la invitó junto a su familia a cualquier juego Cachorros-Mets que ella quisiera. Así que la noche del pasado lunes, Wood, con su amigo, su hermana gemela, su esposo y padres, quienes viajaron desde Chicago, se sentaron detrás del plato. Los Mets ganaron 6-1, ¿y que? Wood, con la gorra sortaria de los Cachorros en su cabeza, conoció a Lester y Rizzo. Le dijo a Rizzo que en agosto llegara a su noveno aniversario de estar libre de cáncer. “También cumpliré nueve años libre de cáncer, en noviembre”, dijo Rizzo. “Empecé a llora dos veces, tal vez tres veces”, dijo Wood. “Nunca pensé que esto ocurriría. Este es el mejor día de toda mi vida”. “Esto es todo lo que ella quiso por años”, dijo su madre. “Esto es muy agradable”, añadió el padre de Wood. Wood regresó a Chicago, para trabajar con una compañía de tecnología médica. Ella sigue impresionada por el hecho de que un sobreviviente de cáncer, Alderson, se haya acercado a ella de la manera como lo hizo. Y Alderson, ante el reto diario de tratar de enderezar a un equipo de los Mets de 2017 plagado de lesiones y derrotas, sabe que una semana de junio sobresaldrá un poco cuando termine la temporada. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 15 de junio de 2017

El cambio de José Peraza por Gabriel García y Amalio Díaz.

Teóricamente cuando se hace una transacción en el beisbol, el objetivo primordial reside en mejorar la estructura del equipo, hacerlo más competitivo, o acelerar las etapas culminantes de un proceso de reconstrucción. Sin embargo a veces ese propósito pareciera diluirse en la particularidad de una liga como la venezolana donde hasta muchos novatos tienen restricciones para jugar. Entonces interviene un nuevo elemento en la planificación de las transacciones, la disponibilidad del pelotero para jugar en LVBP, ¿es realmente factible? ¿en cuantos juegos participaría el pelotero adquirido? ¿en cuantas temporadas? Algunas gerencias deportivas, parecieran olvidar profundizar esas interrogantes y sus consecuencias. Ese pareciera ser el caso de los Navegantes del Magallanes quienes ya la temporada pasada ejecutaron un cambio de características similares cuando enviaron a Cardenales de Lara a los lanzadores David Martínez y Jesus Sánchez por el refulgente as de los Marineros de Seattle, Felix Hernández. Hasta el más desinformado aficionado sabía que el cambio tuvo su origen en el capricho del serpentinero de ligas mayores por enfundarse en la camiseta magallanera. En la superficie, el cambio pareciera un tiro al piso a favor de la causa náutica, pero al empezar a profundizar en la realidad de la rutina anual de Hernández en grandes ligas, se concluye que será extremadamente difícil que él vuelva a subir al montículo para defender a los Navegantes por lo menos hasta que haya transcurrido el resto de sus mejores años en la gran carpa. Entonces se entiende a la perfección el punto de la gerencia de Cardenales al decir que recibieron dos pitchers que estarán disponibles casi toda la temporada, por nada, porque Hernández apenas si jugó con ellos, hace mucho tiempo. Quizás Peraza no muestre el mismo status que Hernández, al menos por el momento, pero si es considerado una de las grandes promesas para apuntalar desde ya a un equipo de Cincinnati que aspira competir por trascender a la postemporada. Ese elemento debió ser analizado minuciosamente por la oficina magallanera ¿En cuantos juegos podría participar Peraza con Magallanes? ¿Estaría disponible para la postemporada venezolana? ¿Encaja dentro de la química del equipo? ¿Cuál es la posición de la gerencia de Cincinnati? Se puede entender que era el momento de negociar a García y Díaz, pero si se entrega a dos peloteros quienes actuarán en más de la mitad de la temporada, se debe aspirar a recibir peloteros quienes jueguen en una proporción similar, de otra manera estaríamos en presencia de otro cambio platónico, caprichoso, absurdo. Esperemos a septiembre, octubre, noviembre, diciembre. Primero a ver que ocurre con los Rojos de Cincinnati. Luego a ver que tan dispuesto se muestra Peraza a jugar en LVBP después de la temporada de MLB. También que piensa y sugiere la gerencia de Cincinnati para ese momento. Como está la situación país. Sin tener una bola de cristal, se puede visualizar el intrincado laberinto a recorrer para que Peraza juegue al menos en un momento de la temporada cuando Magallanes de verdad lo necesite. Por lo cual habría que llegar a la triste conclusión de que una vez más se entregó peloteros de todos los días en LVBP por peloteros de gran talento que difícilmente jugarán aquí. Alfonso L. Tusa C.

martes, 13 de junio de 2017

Esquina de las Barajitas: Jim Roland 1972.

CARDDDDDDTOPPS JICM ROLAND Bruce Markusen Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown. Esta barajita será para siempre conocida como la “Badger Camp Card”. Esa denominación podría parecer un poco incoherente, así que tratemos de explicarla. En el verano de 1972, hace 45 años, asistí por primera vez a Badger Camp. Localizado en el condado de Westchester del estado de Nueva York, Badger Camp es un campamento deportivo que ofrece un poco de cada cosa: Natación, trampolín, baloncesto, tiro con rifle, arquería, tennis y softbol. El campamento todavía funciona a todo dar por estos días, lo cual es más que notable debido a nuestra siempre cambiante cultura y la tendencia de los jóvenes a usar computadoras y otras formas de tecnología antes que salir a la intemperie. Pasé una buena parte de la década de 1970 en Badger Camp. Cada verano yo intentaba evitar ir a ese lugar, le decía a mis padres que prefería quedarme en casa y “jugar en el vecindario”, aún si eso significaba ver juegos repetidos de beisbol por televisión la mayoría de las tardes. De acuerdo a su mejor juicio, mis padres insistían en que yo tenía que ir a Badger Camp, debido a que allí tendría la oportunidad de participar en una variedad de deportes mientras hacia nuevas amistades en el proceso. Y a mediados de cada verano, me daba cuenta de que ellos tenían razón. La mejor parte de Badger Camp era su falta de oficialidad respecto al tema del beisbol. Nos daban asignaciones por grupos o equipos, cada uno moderado por varios consultores y cada uno tenía el nombre de un equipo de grandes ligas, como los Bravos, o los Yanquis o los Dodgers. Y como el campamento coincidía con la temporada regular de beisbol, pasábamos mucho tiempo hablando de las luchas por el banderín, de los peloteros que merecían estar en el equipo de estrellas, y de las historias de los titulares diarios. A través de los años en Camp Badger, debatimos y disecamos algunos de los progresos más importantes del juego, incluyendo la persecución exitosa de Hank Aaron de la marca de jonrones de Babe Ruth y la contratación de Frank Robinson como el primer manager afroamericano del juego. También hablamos de las muertes de peloteros activos, especialmente la de Roberto Clemente en aquel accidente de aviación de víspera de año nuevo y la de Danny Frisella en un accidente de buggy en 1976. Esas muertes nos afectaron mucho. En Badger Camp, el beisbol era el rey. Tenías que ser capaz de hablar de beisbol, el estado del juego en la década de 1970 y su historia, o estabas en problemas. Si no podías hablar de beisbol, no podías permanecer ahí. ¿Qué tiene que ver todo esto con un pitcher llamado Jim Roland? 1972 no solo representó mi primer año en Badger Camp, sino que también marcó el inicio de mis días como coleccionista. Ese año me convertí en un apasionado coleccionista de barajitas, particularmente cuando salió la primera serie de barajitas en la primavera. Pero más adelante en el verano, dejé de comprar tantas barajitas, porque me había quedado sin dinero. Un día, uno de los muchachos de nuestro grupo trajo sus barajitas más nuevas, incluyendo la de Jim Roland, la cual formaba parte de la última serie de Topps. Le pedí que me dejara ver la barajita más de cerca. Me gustó la fotografía de esa barajita, junto con la pose inusual que Roland tenía allí. Esa era una barajita que quería tener. Le ofrecí a mi compañero de campamento un cambio de barajitas, varias de las mías, por la de Roland. Él rechazó la oferta, y todas las ofertas posteriores que le hice. A pesar de mis mejores esfuerzos, la barajita de Roland me eludió, al menos en 1972. Muchos años después, la barajita de Roland aun destaca. Roland está sonriendo ampliamente, casí a carcajadas, como si estuviese haciendo una pose especial para el fotógrafo de Topps. La forma como él está inclinado, con sus brazos extendidos hacia adelante, lo hace lucir como si estuviera gritando: “¡Batea la pelota hacia mí!” O tal vez está tratando de darle un susto repentino al fotógrafo. Lo que sea que esté haciendo, Roland parece vivir un gran momento. Y ¿no es así como todos deberían lucir en su barajita de beisbol? Para hacer las cosas más divertidas, Roland nos da una imagen de las preferencias de vestimenta de los peloteros a principios de la década de 1970. Nótese como él lleva puesto una sudadera sintética debajo de su uniforme de los Atléticos de Oakland. Esto es algo que los peloteros ya no hacen, pero era una tendencia común entre ellos para esa época. Los grandes ligas pensaban que un sudadera debajo de la camiseta del uniforme les hacía lucir muy bien, un sentimiento con el cual estoy de acuerdo por completo. Si no hubiera sido por esta barajita, yo nunca habría profundizado acerca de Roland. Después de todo, él era un pitcher poco conocido de la década de 1960 y comienzos de la de 1970. Pero su historia es interesante, una que vale la pena indagar. Luego de su graduación en la escuela secundaria en Raleigh, N.C., los Mellizos de Minnesota lo firmaron y le dieron un bono de 45.000$, principalmente porque el delgado zurdo podía lanzar la pelota alrededor de las 95 millas por hora. Después de menos de dos temporadas de ligas menores de aprendizaje, Roland se ganó la promoción a Minnesota. El 20 de septiembre de 1962, debutó, una exitosa aparición de dos innings en blanco, en relevo de Jim Kaat. Mientras mostraba pocas señales de nerviosismo, Roland permitió un imparable, y ninguna carrera en dos innings. Esa resultaría ser su única aparición con los Mellizos en 1962, pero dejó una impresión favorable. En 1963, Roland emergió como la sensación del campamento primaveral de los Mellizos. No solo pitcheó bien, sino que hizo muchos amigos con su gran personalidad. Constantemente sonriendo y siempre dispuesto a conversar, Roland se hizo popular con sus compañeros de equipo y los medios. Gracias a esa actitud y a su pitcheo, el joven de 20 años estaba en el roster de Minnesota para el día inaugural, proyectado como quinto abridor ocasional y relevista largo. Por momentos, Roland pitcheaba brillantemente. Lanzó un blanqueo de tres imparables un día y un juego completo de cinco incogibles otro día. Entonces llegó el juego del 5 de junio, cuando Roland mantuvo a los Atléticos de Kansas City en dos imparables por siete innings. Aunque pitcheó bien, sintió que algo le molestaba en el codo. “Un nervió tronó en mi codo”, recordó Roland para el Sporting News muchos años después. “Recuerdo cuando me levanté la mañana siguiente. Tenía un saco marrón y no podía pasar el brazo a la altura del codo porque lo tenía muy inflamado”. El médico del equipo diagnosticó a Roland con cicatrices de tejidos que estaban afectando el músculo del codo. A excepción de una breve aparición como relevista, no pitcheó más con los Mellizos esa temporada. Roland se sintió mejor del brazo en 1964, pero también aumento 15 kilos de peso. Él era quizás muy delgado antes, pero ahora se había ido al otro extremo de la escala. “Roland tiene como 5 kilos de sobrepeso”, le dijo el manager de los Mellizos, Sam Mele, al periodista que cubría al equipo, Max Nichols. “Principalmente alrededor de su estómago. Estamos detrás de él para que se deshaga de ese exceso de peso”. Sin ser más el tipo delgado, Roland se ganó un puesto en la rotación y agregó un slider a su repertorio, pero luego de un buen comienzo, empezó a tener dificultades. Eso provocó que lo enviaran al bullpen para trabajar como relevista largo. Su principal problema seguía siendo el control, concedía un promedio de seis boletos por cada nueve innings. La primavera de 1965 trajo poca comodidad para Roland. Mientras muchos de los pitchers de los Mellizos se adaptaron al nuevo coach de pitcheo Johnny Sain, Roland no. También tuvo un tirón muscular en la cadera y fue enviado a AAA. Roland pasaría toda la temporada en las ligas menores, una gran desilusión para un pitcher quien había hecho 41 apariciones en su carrera de grandes ligas. También se perdió el primer viaje de los Mellizos a la Serie Mundial. Roland esperaba regresar en 1966. Usó anteojos por primera vez, indicó que la pobre profundidad perceptiva había afectado su pitcheo en el pasado reciente. Roland no lanzó mal en el entrenamiento primaveral, pero la profundidad del cuerpo de lanzadores de los Mellizos creó un ambiente desfavorable para el lanzador zurdo. Sin espacio en la nómina, Roland regresó a AAA, donde pasó la mayor parte de la temporada antes de un breve llamado en septiembre. Aún en las menores, Roland tuvo dificultades, al perder 19 juegos con efectividad de 4.80. Para 1967, Roland se había quedado sin opciones en las ligas menores, así que los Mellizos tuvieron que mantenerlo en su roster. Lanzó esporádicamente las próximas dos temporadas, perdió el ritmo de su mecánica debido a la baja frecuencia de su uso. Roland tuvo entrenamiento extensivo con el coach de pitcheo Early Wynn, quien sentía que el pitcher zurdo tenía el mal hábito de doblar la muñeca durante sus envíos. Pero las sesiones con Wynn no produjeron resultados tangibles. Así que los Mellizos dejaron a Roland disponible para el draft de expansión, pero ninguno de los dos equipos nuevos de la Liga Americana se interesó por el veterano pitcher zurdo. Roland regresó a los Mellizos en la primavera de 1969, pero no seguiría con ellos por mucho tiempo. A fines de febrero, los Mellizos finalmente consiguieron alguien interesado en Roland. Vendieron su contrato a los Atléticos de Oakland. La transacción casi pasó por debajo de la mesa, pero Roland tendría buenas actuaciones con los Atléticos en 1969 y 1970. Lanzando casi exclusivamente como relevista, Roland logró efectividades de 2.19 y 2.70 respectivamente. Aunque no tenía la recta poderosa de su juventud, su habilidad para mezclar el cambio, la curva y la slider lo hizo efectivo. La efectividad de Roland se desvaneció levemente en 1971, quizás debido a los problemas con su rodilla derecha, la cual se había lesionado en un choque en el plato en agosto de 1970. Regresó con los Atléticos para la inauguración de la temporada de 1972, pero para el momento cuando su barajita llegó a los estantes de las farmacias y puestos de revistas, ya no estaba en Oakland. Luego de solo dos apariciones al inicio de la temporada, los Atléticos lo vendieron a los Yanquis de Nueva York. El movimiento no solo impidió que Roland ganara un anillo de Serie Mundial con los Atléticos (quienes lo ganaron todo en 1972), sino que tuvo una estadía desastrosa en Nueva York. En 16 juegos, la efectividad de Roland subió hasta 5.04. Para finales de agosto, los Yanquis habían visto suficiente. Lo cambiaron a los Rangers de Texas por el relevista Casey Cox. Roland lanzó aun peor con los Rangers que con los Yanquis. Al final de la temporada, con una efectividad por encima de 8.00, Roland solicitó su despido. A la edad de 29 años, la carrera de Roland había terminado. Aunque su efectividad vitalicia fue un respetable 3.22, Roland se había quedado corto ante las expectativas que los Mellizos una vez tuvieron en los envíos rápidos del pitcher zurdo. Roland regresó a su nativa Carolina del Norte, donde ingresó al negocio de los implementos deportivos como consultor de ventas. Lo hizo bien en ese cargo y continuó trabajando con implementos deportivos hasta enero de 2010, cuando fue diagnosticado con cáncer. Menos de tres meses después, Roland falleció a la edad de 67 años. Aunque Roland había salido de la luz pública desde sus días de pelotero activo, su barajita me ha dado periódicamente razones para detenerme y considerar su importancia. Cuando veo esa barajita, pienso en Badger Camp, y los buenos tiempos que tuvimos hablando de beisbol y cambiando barajitas durante aquellos veranos de la década de 1970. También pienso en la pose de Roland en la barajita. Basado en todo lo que he leído acerca de él, el Roland de la vida normal era como el de la barajita, lleno de ridiculez, alegría e inocencia infantil. Más allá de eso, sus amigos lo elogiaban por su naturaleza generosa y su voluntad para ayudar a otros. Para aquellos quienes dicen que Roland era solo un zurdo común, están equivocados. Jim Roland fue mucho más que eso. ________________________________________ Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del traductor: Actuación de Jim Roland con los Tigres de Aragua en la temporada 1967-68: 9 J, 3 completos, 2 relevos, 5 G, 3 P, 58.0 IL, 51 HP, 17 CL, 33 K, 19 BB, 2.64 Efect. Roland regresó con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1971-72: 4 J, 1 G, 3 P, 19.2 IL, 22 HP, 4 CL, 10 K, 4 BB, 1.86 Efect.