lunes, 27 de julio de 2015

Él era ‘El Natural’ de Natick, ahora está en su Salón de la Fama

Lenny Megliola. Boston Globe. 02-05-2010. ¿Un Natural? Olvídelo. Walt Hriniak rechaza la noción de que cualquier deporte que haya jugado, que eran casi todos cuando crecía en Natick en los años ’50 y principios de los ’60, se le haya dado fácil. Ni siquiera jugar “paredita” con las barajitas de beisbol en la acera. “Muchas personas dicen que fui un gran atleta, pero no pienso que fui un natural”, dijo Hriniak. “Tenía algún talento que Dios me dio, pero todo se daba por mi pasión por los deportes. Y el trabajo duro”. Pero eso no es convincente para los tipos quienes vieron a Hriniak desarrollarse a nivel escolar en beisbol, futbol americano, y hockey en Natick High. Un titular de un periódico de Boston luego de una victoria del equipo de hockey de Natick resumía su talento: Hriniak 6, Dedham 3. Cualquiera que viese a Hriniak lanzar pelotas al aro con los jugadores regulares de Natick las mañanas dominicales en Coolidge Field sabía que él también podía haber jugado con el equipo de baloncesto. Él se convirtió en un buen golfista. Se podía parar frente a una mesa de pool y empezar a meter las pelotas con una gran coordinación mano-ojo. Parecía hacerlo todo, naturalmente. “Crecer en Natick en esa época fue fenomenal”, dijo Hriniak, quien cumple 67 años este mes. “Jugaba algo así como 350 dias al año. Fue la mejor época de mi vida”. Natick tiene una profunda, rica herencia deportiva, y cuando se decidió que la escuela secundaria necesita un salón de la fama deportivo, el nombre de Hriniak fue uno de los primeros en ser nominado. Él estará en la primera clase de inducidos el jueves en la noche, en el hotel Crowne Plaza de la Route 9 en Natick. Entrenador de inquilinos del Salón de la Fama Con los scouts de beisbol empezando a seguirlo durante su segundo año, Hriniak dejó de lado la universidad luego de graduarse en Natick High en 1961, en su lugar firmó con los Bravos de Milwaukee como agente libre amateur (en ese momento no había draft de MLB). Él tenía un gran brazo, y lo mostró en el campocorto. Y cuando el legendario entrenador de Natick John Carroll necesitaba un lanzallamas para cerrar un juego, Hriniak subía al montículo. Su carrera fue muy corta, solo 25 imparables durante paradas en los Bravos y los Padres de San Diego en 1968 y 1969. Por eso tal vez hay algo de ironía que en sus discursos del Salón de la Fama, Carl Yastrzemski, Wade Boggs, y Carlton Fisk notaron el papel que Hriniak había jugado, desde su posición como coach de bateo de los Medias Rojas de Boston, para ayudarlos a llegar a Cooperstown. Nadie trabajaba más duro. Él empezó como coach de bullpen de los Medias Rojas, y lanzaba práctica de bateo hasta que el brazo le dolía (él necesitaría cirugía en consecuencia). Una vez cuando la lluvia canceló un juego entre los Medias Rojas y los Cerveceros en el County Stadium de Milwaukee, Yastrzemski quería batear. Le preguntó a Hriniak si podía lanzarle algo de práctica de bateo. “Él dijo ‘No te preocupes, saldré al campo’. Y lo hizo”, recordó Hriniak. Y así mojado por la lluvia, en un estadio vacío, él le lanzó al gran Yaz. “Él amaba batear”, dijo Hriniak de Yaz, pero también era “una cantidad de trabajo, porque él siempre estaba ajustando su forma de pararse en el plato”. Y él no era el único. “Fisk era un tipo de gran mantenimiento. Gran tiempo. Había muchas discusiones. Pero él estaba ahí, ahí con Yaz en ética de trabajo”. Con Dwight Evans era diferente. “De todos los peloteros con quienes trabajé”, dijo Hriniak, “él es probablemente el tipo por el que hice más. Él hizo unos tremendos cambios cuando tenía 26,27 años de edad. Cambió drásticamente. Él tenía dificultades. Trataba de halar todas las pelotas. Evans perdió su trabajo como jardinero derecho regular de Boston en 1980, dijo Hriniak. “Entonces vino a hablar conmigo”. Evans se dispuso a tener sus mejores temporadas. En los años ’80, lideró la Liga Americana en jonrones y extrabases. “Si no hubiera sido por Walter, yo no habría jugado 20 años”, dijo Evans. “Él es el mejor entrenador que haya visto. Su trabajo duro influía en todos. Él lanzaba por horas, cada día. Hicimos eso por 10, 12 años”. Hriniak permitía a los bateadores hallar su propio estilo. Pero si tenían dificultades, él estaba ahí para ellos. “Una vez que ellos me buscaban, hacía todo lo posible por ver si podía ayudar”, dijo él. Hriniak adoptó la controversial filosofía de bateo desarrollada por Charley Lau, quién esencialmente le pedía a los peloteros que soltaran la mano de arriba luego de hacer contacto con el bate. “Walter no quería que halaras la pelota de buenas a primeras”, dijo Evans. “Es fácil meterse en problemas de esa manera. Te puedes concentrar en batear la pelota por el medio”. Se podría haber puesto unas cintas de acordonamiento, como las que usan los bomberos para aislar un lugar, detrás de Hriniak durante la práctica de bateo y él ni lo habría notado. Se doblaba hasta casi agacharse a un lado de la caja de bateo, estaba enfocado en cada detalle se los movimientos de los bateadores en el plato. Él podía haber colocado un anuncio de “No molestar”. “Esa era mi manera de hacer las cosas”, dijo él. “Me metía en problemas con muchos periodistas. Les decía, ‘No puedo hablar con usted ahora’”. Hriniak salió de los Medias Rojas en 1988, y regresó como coach de bateo con los Medias Blancas. Frank Thomas se convirtió en su discípulo. Aún en el receso entre temporadas, Thomas le pagaba los pasajes aéreos a Hriniak para que trabajara con él. “Lo más grande que un coach de bateo te puede enseñar es que no lo necesitas más”, dijo Evans. “Él quería enseñarte a sobrevivir por tu cuenta”. Una carrera incompleta como jugador activo. Hriniak estaba en el carril rápido para llegar a las Grandes Ligas a finales de los ’60, bateó sobre .300 en sus dos primeras temporadas en las menores, pero sufrió un retraso cuando se vio involucrado en un accidente automovilístico mientras jugaba en la Texas League. Un compañero falleció. Hriniak estuvo incapacitado por varios meses. “Nunca pensé que el accidente me iba a privar de llegar a las Grandes Ligas”, dijo él. “Eso ocurrió, y tenía que superarlo”. Despues que firmó con los Bravos, y antes que los enviaran a Aberdeen para empezar su carrera profesional, lo llevaron a Milwaukee para que trabajara con el equipo grande liga. Fue impresionante. “Eddie Matthews y Hank Aaron estaban ahí. Yo coleccionaba sus barajitas de beisbol. Ahora yo estaba en el mismo terreno con ellos. Aaron fue muy bueno conmigo. En el entrenamiento primaveral del año siguiente, él me recordó”. Los Bravos lo convirtieron en cátcher, y Hriniak fue subido en septiembre de 1968. En un juego, se fue de 3-0 contra los Gigantes. El día siguiente, 15 minutos antes del inicio del juego, el cátcher de los Bravos, Joe Torre fue sacado de la alineación debido a molestias en la espalda. Hriniak lo reemplazó. Cuando Willie Mays vino a batear, su swing entre pitcheos tocó a Hriniak. Mays le dio al novato una mirada fría y silenciosa. “Yo dije ‘Disculpe Mr. Mays, retrocederé un poco’”, recordó él. Hriniak estuvo bien ese día ante el gran pitcher de los Gigantes, Juan Marichal. “Le conecté sencillos en mis dos primeros turnos”, dijo él. “Ambos imparables cayeron delante de Mays”. El bateador zurdo también descargó imparables contra Bob Gibson y Tom Seaver en una carrera donde bateó de 99-25. Él vive ahora en North Andover con su esposa Karen. Es un abuelo, y visita Natick a menudo. La mayor parte del tiempo está fuera del beisbol, pero si se lo pidieran, prestaría apoyo a algún equipo de escuela secundaria o a un pelotero joven. Él está en rehabilitación luego de una cirugía de hombro. Hriniak dijo que está conmovido por ser inducido al Salón de la Fama deportivo de la escuela secundaria junto a su difunto entrenador, John Carroll. “Él hizo muchas cosas por la gente de Natick, por los mayores, y ayudó a los muchachos a conseguir entrevistas universitarias”, dijo él. El nombre Hriniak aún evoca cierta admiración en Natick, donde a los 8 años él ya era una estrella de las Pequeñas Ligas, jugaba contra niños de 11 y 12 años de edad (“Jugar con niños mayores era la única manera de mejorar”, dice él), y su precocidad era reconocida en todo el estado. Los muchachos deseaban poder jugar al menos un deporte tan bien como el rubio Hriniak, quién tenía cierto parecido con Mickey Mantle. Pero también hay lamentos. “Las cosas no funcionaron para mí como profesional”, dijo él. “Deseaba haber podido ser el próximo Mickey Mantle”. Él lo fue en Natick, en una época dorada. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 14 de julio de 2015

Cuarenta y cinco años después, aún se habla de aquella jugada en el plato.

The Associated Press. 11 de julio de 2015. Oakland, Calif. A Ray Fosse todavía le duele el cuerpo, 45 años después. Nunca se recuperó físicamente por completo de una de las jugadas clásicas del Juego de Estrellas, cuando Pete Rose se lo llevó por delante en 1970 para anotar la carrera ganadora en el duodécimo inning en Riverfront Stadium. Con el juego de vuelta a Cincinnati este martes, a Fosse le recuerdan de nuevo ese momento. Una y otra vez. “Como si hubiese ocurrido ayer”, dijo Fosse, un catcher de los Indios de Cleveland para ese momento y ahora narrador de los Atléticos de Oakland. “Por más que la muestren, no tengo que verla en televisión para saber lo que ocurrió. Está fresco”. Esa noche cambió su carrera. “Parece ser una jugada que a la gente le gusta relatar, que pudiera servir como inicio de una conversación o para romper el hielo”, dijo él. “Es como, ‘Oh, tú eres el tipo’”. Hasta este día, el se presenta ante los peloteros de los Atléticos como “solo Ray Fosse, uno de los narradores”. Después ellos averiguan quién es él. Fosse tiene dolor y artritis, ha pasado por cinco operaciones de rodilla y tiene dos hombros dislocados que nunca ha reparado y rigidez en el cuello. En verdad, él sabe que mucho de eso es el resultado de los rigores de ser un cátcher. “Me duele el cuerpo”, dijo él. “Mi hombro aún me molesta. No hubo nadie en aquel momento quién dijera, ‘No juegues’. Yo seguí jugando. Eso es algo que llevo con mucho orgullo”. Fosse recuerda que la temperatura estaba muy alta en la grama artificial aquella noche en Ohio, cuando la Liga Americana desperdició una ventaja de 4-1 en el noveno inning y perdió 5-4, con la carrera que Rose anotó. Rose ha dicho que Fosse no le dejó espacio para deslizarse en el plato. “Él es el que está bloqueando el plato sin tener la pelota”, dijo Rose este jueves. “Yo fui quien perdió tres juegos con una lesión en la rodilla. Él jugó nueve años más después de eso”. Dos días después del Juego de Estrellas, Fosse recibió un juego de nueve innings en una victoria en Kansas City. No podía levantar el brazo por encima de su cabeza. “Ellos no tenían la tecnología; no ví nada de eso, además de los rayos-X, no había resonancia magnética, nada de eso”. Dijo Fosse. “Como mi salario estaba alrededor de 12000 $, nadie me iba a decir que no podía jugar. Aunque estaba adolorido y probablemente no debía haber jugado, la lesión no se podía ver. Era interna”. “Resultó ser, que había fractura, hombre separado”. Fosse “nunca tuvo la pelota, nunca tocó la pelota” cuando Rose lo atropelló en el plato. Fosse ofreció su apoyo al cátcher de los Gigantes Buster Posey después que este fuese atropellado por Scott Cousins de los Marlins en mayo de 2011, lo cual en parte llevó a MLB a redactar una regla la temporada para sancionar tales encontronazos en el plato. Fosse pasó partes de 12 temporadas en las mayores. Estuvo de nuevo en el Juego de Estrellas en 1971, el mejor año de su carrera ya había ocurrido. Rose ha dicho que él y Fosse salieron hasta las 4 a.m. la noche anterior al juego. Fosse insiste en que él y su esposa por tres meses, Carol, estaban de vuelta en la habitación de su hotel a la 1 a.m. después de cenar con Rose, su esposa Carol, y el compañero de Fosse en Cleveland Sam McDowell y su esposa, también Carol. “Ha habido muchas cosas que se han dicho a lo largo de los años que nunca ocurrieron en verdad”, dijo Fosse. “Lo que realmente me molesta, y que ha llegado a oídos de mis niños, nuestros niños, es que Pete siempre dijo, ‘Ray y yo salimos hasta las 4 en punto de la mañana’. Es como si él hubiese olvidado la situación real, que habíamos seis allí, incluyendo a nuestras esposas”. “ Cenamos y él dijo, ‘De todo lo que quiero hablar es de Johnny Bench’, lo cual obviamente hicimos porque él era mi contemporáneo en la Liga Nacional”. Durante una conferencia de prensa este jueves para discutir la cobertura de Fox Sports del Juego de Estrellas, Rose centelleó ante una sugerencia de que la jugada había arruinado la carrera de Fosse. “Número 1, yo no rompí ninguna regla”, dijo Rose. “Dos, no traté de lastimarlo a propósito. Tres, no arruiné su carrera. Cuatro, lo llevé a cenar la noche previa al juego”. Fosse tuvo una seguidilla de 23 juegos bateando imparables en la primera mitad de la temporada, a los 23 años. Bateó 16 jonrones antes de la pausa y solo dos después. ¿Se ha preguntado él como habría sido su carrera si Rose hubiese tomado un camino diferente? “Probablemente no estaríamos hablando ahora”, dijo Fosse, sonriendo. “Desde un punto de vista completamente beisbolero, nunca he pensado mucho en eso. Todo lo que sé es que habiendo bateado 16 jonrones hasta la pausa del Juego de Estrellas, ¿pude haber bateado 30? Pude haber bateado 30 anualmente?” El roster de aquel Juego de Estrellas esta marcado en su computadora. “No cambiaría nada”, dijo Fosse. “Mucho después que me haya ido, estoy seguro que seguirán mostrando la jugada. Es parte del gran juego y nunca diré que hay alguna animosidad o malos sentimientos por nada, por jugar un juego que amé y aún amo”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 13 de julio de 2015

Hablando de beisbol con Steve Braun

15-07-2011. Bruce Markusen Algunas veces los aficionados cometen el error de creer que él es el padre de Ryan Braun, pero Steve Braun no tiene relación con el jardinero izquierdo del Todos Estrellas de los Cerveceros. Tampoco está relacionado con el Steve Braun a quien los Cerveceros firmaron como agente libre amateur en 2008. Este Steve Braun se labró su propio nombre al compilar un porcentaje de embasado de .371 en una carrera de 15 años en las Grandes Ligas. En 1975, bateó su tope en promedio de bateo, .302 con los Mellizos, su organización original. Pero él odiaba la mezquindad del dueño Calvin Griffith, y eventualmente pidió ser dejado disponible para el draft de expansión. Braun jugó con los Marineros originales en 1977, y luego los Reales y los Azulejos, antes de encontrar una segunda vida como jugador de medio tiempo y emergente con los campeones mundiales Cardenales. Un jugador completamente versátil, Braun empezó su carrera como segunda base, pero se encontró bloqueado en las ciudades gemelas por un tipo llamado Rod Carew. Los Mellizos lo movieron a tercera base, donde su falta de poder se hizo evidente. De ahí, se movió a los jardines. Para el final de su carrera, el comodín de todos los cambios había jugado seis posiciones, incluyendo primera base y campocorto. Despues de sus días de jugador activo, Braun se hizo coach de bateo con los Cardenales antes de ganarse una reputación como instructor de bateo altamente respetado en las ligas menores, primero con los Medias Rojas y luego con los rivales Yanquis. Mientras trabajaba en el circuito de ligas menores, Braun tutoreó a varios futuros jugadores destacados, incluyendo a un todos estrellas de la Liga Americana. Hablé con Braun largo rato durante su reciente visita a Coopperstown para participar en el Hall of Fame Classic. Bien hablado y gentil, Braun de 63 años, habló de jugar con leyendas, entrenar futuras estrellas, su amor por el yoga, y su conexión actual con el juego. Markusen: Steve, tuviste el privilegio de jugar con dos hombres quienes han estado en las noticias por muy diferentes razones este año, Harmon Killebrew y Bert Blyleven. Hablemos primero de Harmon. ¿Qué tipo de compañero era él, cuando él estaba en sus años finales y tú empezabas en 1971? ¿Cómo era la relación? Braun: Harmon era un tremendo individuo. Siento mucho saber que haya fallecido tan temprano. Tuva la oportunidad de ver a Harmon en el entrenamiento primaveral el año pasado. Normalmente no voy al entrenamiento primaveral, pero lo hice ese año, y tuve la oportunidad de visitarlo por un momento. No sabía cuan enfermo estaba. La primera vez que compartí con Harmon fue en el entrenamiento primaveral de 1971, yo tenía 23 años y venía de jugar pelota Clase A. Y recuerdo que vino hacia mi cuando me vio y se presentó. Él dijo: “Soy Harmon Killebrew y tu Steve Braun”. Él sabía un poco sobre donde yo había jugado el año anterior, me dio la bienvenida al equipo, me hizo sentir a gusto”. Él dijo, “Disfruta mientras estés aquí y deja que salgan tus talentos”. Dijo, “Relájate y disfruta”. Cuando el me dijo esas palabras, me relajé lo suficiente y tuve un gran entrenamiento primaveral e hice el equipo. Es muy importante cuando un tipo como Harmon, un superestrella, viene hacia ti y se presenta. Tus talentos pueden emerger Markusen: ¿Te habló mucho de bateo? Braun: No, el era un bateador muy diferente a mí; él era un bateador de poder y yo era un tipo que bateaba para embasarse. Por eso no hablamos mucho de bateo. Markusen: ¿Qué hay de Bert Blyleven? ¿Tuvo la mejor curva que hayas visto? Braun: Sin duda. Indudablemente la mejor curva que haya visto. Tuva la oportunidad de jugar tambien con Bert en las ligas menores. Lo que recuerdo de Bert es esto: A los 19 años de edad, estaña en la International League, la liga de otoño, y tuvo marca de 9-1. Nadie lo podía tocar con esa curva. Por supuesto, llegó a las Grandes Ligas el año siguiente y tuvo una larga carrera. Estoy feliz de ver a Bert recibir el reconocimiento que merece. Pasó mucho tiempo para eso. Y también tenemos, desafortunadamente, algunos tipos como Tony Oliva, quien jugaba para nosotros en el medio oeste, y no recibe el reconocimiento de algunos peloteros del este. Es grandioso ver a Bert recibir el reconocimiento. La curva que tenía era increíble. Markusen: ¿Cuando jugabas con él tenías el presentimiento de que él iría al Salón de la Fama? Braun: Sin duda. Sin duda. Él también tenía una Buena recta. Tenía una recta de 90 millas, pero la curva era su carta de presentación. Recuerdo que en los entrenamientos primaverales, nadie quería batear ante él en la práctica de bateo. Sabíamos que iba a lanzar la curva, solía decirnos que la iba a lanzar, aún así era imbateable. Markusen: ¿Era él un gran bromista, según tengo entendido? (Blyleven solía usar una franela que decía, “I love to Fart”, “Me encanta tirar peos”). Braun: Si, tenía un gran sentido del humor. Él hacía muchas bromas, se sentaba en las tortas de cumpleaños, cosas como esa. Era un gran bromista que te mantenía relajado. Y también tuvo aquel equipo olímpico de Holanda que dirigió muy bien. Me gustó mucho verlo hacer un gran trabajo. Bert es un gran tipo. Markusen: Steve, te estaba buscando más temprano y pensé que estarías usando la camiseta de los Mellizos, pero tienes los colores de los Cardenales, y debe ser debido a la Serie Mundial de 1982. ¿Fue ese el punto cumbre de tu carrera? Braun: Si, ese fue. La Serie Mundial, indudablemente. Eso es lo que cada pelotero quiere, jugar en la Serie Mundial y conseguir un anillo. Conseguí uno luego de 15 años. Estoy feliz de haber tenido la oportunidad de jugar en San Luis. Whitey Herzog fue un gran manager para quien jugué en Kansas City y San Luis. Él me trajo a los Cardenales donde armó un gran equipo. Y fui capaz de ganar el anillo de Serie Mundial. ¡Pero el uniforme de los Mellizos, desearía haber tenido uno! Yo tenía un uniforme de los Mellizos, pero sin mi nombre en la espalda. Sin número, sin nombre. Por eso decidí tomar la ruta de los Cardenales. Markusen: Fuiste un emergente excelente, ese fue uno de tus papeles con los Cardenales. Salir de emergente parece ser una arte perdido. Los tipos no tienen mucho éxito como emergente ahora. Tú lo tuviste, ¿Por qué? Braun: Pienso que la razón principal sobre batear de emergente es esta: Se tiene que aceptar la tarea como parte del equipo. Porque no se va a jugar mucho. Pienso que muchos jugadores más experimentados son emergentes exitosos porque aceptan su tarea. Están hacia el final de sus carreras, luego de jugar a diario en sus carreras, y aceptan la tarea que les da el manager. Y no se excusan si fallan. Se sabe que no se va a jugar mucho, el manager sabe eso, y él no esperará mucho, no se tienen muchas expectativas contigo, cuando eres emergente. Yo trabajé duro. Otra razón por la que lo hice bien, me preparaba bien. De verdad trabajaba y estaba listo. Con quien fuese que me iba a enfrentar esa noche, sabía lo que ellos lanzaban y como iban a tratar de trabajarme. Me preparaba muy bien. Esa es la razón más importante. Markusen: ¿Pensabas en los relevistas antes del juego porque sabías que probablemente los enfrentarías como emergente al final del mismo? Braun: Por supuesto. Siempre me tocaba batear contra su relevista más difícil. Esa era una de las cosas divertidas de batear como emergente, ser capaz de mostrar tus destrezas ante los mejores relevistas del juego. Había que enfrentar a los Gossage, y los Reardon y los Garber, y todos los grandes relevistas de mi época. Enfrentar a esos pitchers, en la parte decisiva del juego, era algo para lo que vivía, especialmente al jugar en San Luis por cinco años. Markusen: Steve, debo decirte que luces muy bien. Parece que no hubieses subido ni un cuarto de kilo desde que dejaste de jugar en los años ’80. ¿Cómo te mantienes en tan buena forma? Braun: trabajo en eso. Camino el campo de golf durante el verano, y entreno con pesas un poco, hago yoga, y me mantengo muy activo. Es algo natural en mí. Me siento muy bien. Físicamente he tenido algunos problemas en la espalda, hacer yoga me ha ayudado mucho, a mantener mi espalda y mi alma fuertes de manera contínua. Todos hemos pasado por golpes y heridas durante nuestras carreras, no solo en beisbol, también jugué baloncesto y futbol americano, por eso me gané mi cuota de magulladuras. Hay que tratar de mantener la salud. Markusen: También has sido coach de bateo. Trabajaste en la organización de los Yanquis, trabajaste en la organización de los Medias Rojas. ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente de tres tipos con los que trabajaste en las ligas menores: Nomar Garcíaparra, Mo Vaughn, y más recientemente, Robinson Canó? Braun: Con Garcíaparra trabajé un poco en AA. Yo era instructor itinerante de bateo, no era su verdadero coach de bateo a tiempo completo durante el año. Pero iba al estadio de su equipo y lo veía.. Nunca pensé que alcanzaría lo que hizo. Yo sabía que él sería un gran bateador, pero el poder, el poder hacia la banda contraria, de veras me sorprendió. Ha tenido una gran carrera, es una lástima que sus problemas de salud hayan recortado su carrera. Es agradable ver a Canó hacerlo bien. Solo lo tuve por poco tiempo en Trenton. Traté de hacerlo batear con algo más de poder. Esos pitcheos bajos, el mata los pitcheos bajos, y necesita aguantar la tentación ante los pitcheos altos, pequeñas cosas como esas. Pero no se pierde mucho el tiempo con tipos que tienen un swing natural como el que él tenía. Tenía una gran coordinación vista-muñecas y ritmo en su swing. El otro tipo que mencionaste…Mo Vaughn, yo no trabajé mucho con Mo. Fue el trabajo de Carl Yastrzemski, él es el bateador de poder. No trabajé con Mo tanto como con los otros dos. Markusen: Con Canó ¿Tuviste el presentimiento de que él sería así de bueno? Braun: Si. Yo había vaticinado que Canó batearía 30 jonrones, remolcaría 100 carreras y batearía en el rango de promedio .310 -. 320. Lo seguí muy bien. Por eso predije que lo haría, y se ha acercado mucho a eso. Lo único que traté de recalcarle, él es un gran bateador de pelotas bajas, fue que en vez de batear esas pelotas entre primera y segunda para conseguir un sencillo, le dije que levantara la pelota para aprovechar lo corto de las gradas por esa banda en Yankee Stadium. Obviamente, él ha tomado en cuenta eso. Pienso que él ha conseguido un poco más de disciplina en el plato de la que tenía en las ligas menores. Ha madurado como bateador y es muy bueno verlo tener éxito. Es un gran tipo, divertido, bueno para compartir, Markusen: Una pregunta final para Steve Braun. ¿Que haces por estos días? Braun: Bien, tengo mi propia escuela de bateo en el area de Trenton, N.J. Trabajo con niños en el invierno, y con los bateadores y pitchers hago campamentos en el verano. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 3 de julio de 2015

Entrevista…con Walt Williams.

Por Mark Liptak. Él no era muy alto. Sin embargo su corazón era tan grande como el de un hombre de mayor estatura. Ese corazón y su actitud de siempre entregar lo mejor de sí fueron las razones por las que Walt Williams fue capaz de labrarse una sólida carrera de diez años en las Grandes Ligas, seis de las cuales vistió el uniforme de los Medias Blancas de Chicago. Él fue parte de dos de los equipos más conocidos en la historia de la franquicia, los Medias Blancas de 1967 que estuvieron muy cerca del banderín y los Medias Blancas de “fuera de la casa hasta la azotea” de 1972. (Nota del autor: El segundo equipo fue llamado así por el jardinero de los Medias Blancas Rick Reichardt quién preguntó si iban a estar ‘fuera de la casa o en la azotea’ en una entrevista. Él también fue uno de los mejores peloteros de aquellos equipos que tuvieron unos de los peores años de la historia de la franquicia durante el período desde 1968 hasta 1970. Williams era muy querido por los aficionados de los Medias Blancas que se identificaban con sus ganas de fajarse y su empeño en ser grande. Su estilo no era un acto; él era la versión de Pete Rose de la Liga Americana. Williams corría hacia primera base cuando recibía un boleto, corría hacía su posición en los jardines, corría desde su posición de vuelta al dugout, corría cuando bateaba el más inofensivo roletazo, con cada elevadito. Jugaba cada juego como si fuese el último y lo hacía con tal dedicación que eso impresionaba a los aficionados de los Medias Blancas que a menudo tenían que trabajar muy duro para vivir. Ellos se identificaban con Williams y su lucha por llegar a las Grandes Ligas, ni hablar de mantenerse allí. Tuve la oportunidad de conversar de beisbol con Walt en febrero…la época del año cuando los peloteros, managers y coaches se preparan para dirigirse al entrenamiento primaveral y los aficionados empiezan a contar los días hasta la inauguración. Walt vive en Texas y ha estado ocupado; es un golfista empedernido, juga prácticamente cada mañana antes de ir a trabajar en las tardes como gerente del centro de recreación de Brownwood, Texas. La vida es buena para el hombre a quién el narrador de los Medias Blancas inquilino del Salón de la Fama, Bob Elson, solía llamar con respeto “pequeño Walter…” ML: Walt jugaste algunos juegos con Houston, fuiste cambiado a los Cardenales y nunca jugaste un juego en Grandes Ligas con ellos. Entonces fuiste cambiado a los Medias Blancas antes de la temporada de 1967. Cuéntame de tu reacción a ese cambio. (Nota del autor: Williams y el pitcher Don Dennis llegaron a los Medias Blancas por el cátcher Johnny Romano y el pelotero de ligas menores Lee White). WW: “Recuerdo vagamente oir acerca del cambio cuando estaba en mi apartamento. No me importaba a donde me iban a enviar, porque los Cardenales tenían tipos como Lou Brock y Curt Flood en los jardines y yo no tenía ninguna oportunidad ahí. Estaba buscando una oportunidad como la de los Medias Blancas. Sabía que ellos necesitaban algunos jardineros y sentía que la manera como yo jugaba podría darme la oportunidad de hacer el equipo. ML: Obviamente hiciste algo bien en ese entrenamiento primaveral porque el manager Eddie Stanky te tenía en la nómina del día inaugural a pesar del hecho de que tenías muy poca experiencia en Grandes Ligas. ¿Qué hiciste para impresionarlo? WW: “Estar alrededor de Eddie fue como una bendición para mí. Pienso que lo que ocurrió fue que el jugó el juego como yo lo hacía. Él fue un pelotero fajador, un tipo que hacía todod lo que podía para ganar un juego y pienso que vio las mismas cosas en mí. Me gustaba hablar con él sobre el juego; el me enseñó sobre el beisbol…el fue la primera persona que se tomó el tiempo para hacer eso. Me colocó en el lugar adecuado y me permitió sacar lo mejor de mis habilidades”. “Cuando yo crecía en San Francisco nunca pensé que tendría la oportunidad de establecerme en el juego, el beisbol no era mi deporte favorito cuando era niño. Lo jugaba porque era lo que había que hacer en ese momento. Crecí pobre, era el más pequeño de nueve hermanos, no tuve un padre mientras crecía y tenía que competir por todo lo que conseguía. Era igual cuando jugaba. Para quien fuese que trabajara yo le iba a dar el 100 % de mi mejor esfuerzo…asi es como era cuando yo jugaba y todavía soy así”. ML: He oído muchas cosas acerca de Eddie. Ed Herrmann me dijo que el pensaba que Eddie le costó el banderín a los Medias Blancas en 1967, Gary Peters dijo que nunca había tenido problemas con él y le gustaba jugar para él. Parecía ser un tipo complejo…¿Cómo era jugar para él? WW: “Puedo entender a lo que se refería Ed con su comentario. Los Medias Blancas hicieron cambios para traer tipos como Rocky Colavito, Jim King y Kenny Boyer y cuando eso ocurrió, tipos como Ed Stroud y yo fuimos enviados a la banca. Los Medias Blancas quería más poder pero los tipos que sentaron, Stroud y yo estábamos bateando muy bien. Éramos la ignición de la ofensiva, nos quitaron el bate de las manos y pareció que no jugamos tan bien después. (Nota del autor: Stroud bateaba .296 a medio tiempo cuando fue cambiado en junio por King)”. Luego de decir eso, sin embargo, Stanky era un genio en conseguir sacar lo mejor de sus jugadores y siempre estaba un paso o dos, o un inning o dos, por delante de los otros managers. Él me enseñó el juego como ningún manager lo hizo”. ML: Esa temporada fue muy surrealista para los aficionados de los Medias Blancas. A pesar de no tener mucha ofensiva el equipo estuvo ahí hasta la semana final cuando todo se vino abajo en Kansas City y después cuando recibieron a los Senadores. Haber perdido ese doble juego ante los Atléticos pareció desinflar el equipo. ¿Recuerdas aquella noche y lo que ocurrió? (Nota del autor: Los Medias Blancas sufrieron un desastroso doble revés con marcadores 5-2 y 4-0. En ambos juegos los Medias Blancas cometieron tres errores y solo consiguieron un total de siete imparables. Gary Peters salió derrotado en el primer juego a pesar de ponchar diez en 5.2 episodios. Solo permitió una carrera limpia. Joe Horlen permitió tres carreras en seis innings de trabajo en el segundo juego. También salió derrotado). WW: No soy un tipo a quién le guste dar excusas y no debería decir esto pero es una entrevista, así que lo haré. Recuerdo la práctica de bateo de esa noche en Kansas City, los muchachos me parecían confiados en exceso. Hacían swing y corrían a primera base con el bate en la mano…cosas como esa. No teníamos hambre. Tienes que tener ese deseo de ganar cada juego, no lo teníamos y ellos nos embistieron. ML: Walt ¿qué tan difícil es jugar bajo ese tipo de presión? Había mucho en juego esa semana final, ¿Cómo mantuviste tu normalidad? WW: “Gary Peters me ayudó a mantener la normalidad durante ese período. Recuerdo un juego contra Detroit, ganábamos por una carrera y ellos tenían dos corredores en base con dos outs. Alguien bateó un elevado hacia mí y se me cayó la pelota, anotaron dos carreras y se fueron adelante. Estoy sentado en el dugout con la cabeza en las manos cuando Peters me da una palmada en la espalda y me dice que no me preocupe por eso. Él dijo, y siempre le estaré agradecido por eso, que sabía que yo era el tipo de pelotero que siempre daba el 100%, y que si él iba a perder el juego, era porque así son las cosas. Para hacer la historia corta, yo bateé un jonrón para ganar el juego. Todavía recuerdo a Gary venir hacia mí, era un buen compañero y un gran, gran pitcher”. ML: ¿Todavía piensas en lo cerca que estuviste de una Serie Mundial? ¿Te molesta eso? WW: “De verdad, no. No pienso mucho en eso. Siempre pensé que desde que me movieron a la banca cuando trajeron esos otros tipos, no había nada que pudiera hacer. Cuando jugaba, yo daba todo lo que podía pero no jugué en todo ese tiempo, ¿qué podía hacer? (Nota del autor: En ese doble juego perdido ante los Atléticos, Williams solo tomo un turno al bate como emergente. En los tres juegos de la serie ante Washington solo bateó dos veces en un juego)”. ML: Luego de esa temporada de 1967 los Medias Blancas pasaron por los peores tres años en la historia de la franquicia. Perdieron 295 juegos en ese período, había rumores de mudanza a Milwaukee, y los aficionados no aparecían o les importaba. Fueron momentos caóticos, pero no para ti, parecía que estabas evolucionando como pelotero. Bateaste .304 en 1969 por ejemplo y te estableciste como un grandeliga “legítimo”. WW: “Nunca entendí los detalles del juego, solo jugaba. Mientras crecía, siempre pensaba que era tan buen pelotero como cualquier otro y cuando alguien decía ‘él es muy pequeño’ o ‘él no puede batear’, lo tomaba como un reto. Siempre sentí que podía batear, tenía uno de los bates más rápidos y le puedes preguntar a los pitchers derechos más difíciles que enfrenté, como Nolan Ryan y él te dirá la misma cosa. Cuando yo bateaba para .300, honestamente me decía, ‘Debería estar bateando .400”. ML: Me parece que era justo que después que batearas .300 tuvieras una disputa contractual con el entonces gerente general de los Medias Blancas Ed Short. Cuéntame acerca de eso. WW: “Yo era el tipo de pelotero que cuando el equipo me enviaba un contrato lo firmaba de inmediato. Nunca quería tener problemas. Luego que bateé .300 hablé con Jertome Holtzman del SunTimes y me preguntó cuanto estaba ganando. Cuando, le dije, no lo creyó; pensó que estaba bromeando. Cuando se dio cuenta que no estaba bromeando me dijo que yo debía estar ganando lo que otros tipos que bateaban .300 ganaban y hablamos de lo que yo debía hacer cuando los Medias Blancas me enviaran mi contrato”. “Yo ganaba 12 mil y los Medias Blancas me ofrecían 14 mil. No firmé el contrato. Todos los demás firmaron y ahora en los periódicos tipos como Holtzman y Dave Nightingale escribían, ‘¿Por qué los Medias Blancas no pueden firmar a su único bateador de .300?’ “Ed Short me llamó a su oficina y me maldijo. Me dijo cosas que no se pueden decir hoy y para ser honesto, cuando salí de esa reunión estaba llorando pero le dije que quería el 100% de aumento sobre lo que ganaba. Finalmente Short dijo que yo tenía una alternativa. Podía tomar la oferta de los Medias Blancas de 14 mil o podía tener mi aumento del 100% pero me prometió que yo no jugaría mucho, tal vez una vez a la semana contra un pitcher derecho difícil y que la próxima temporada me recortaría la máxima cantidad, la cual para la época era 20%”. “Le dije que quería 100% de aumento. Él dijo bien, firmé el contrato y no jugué mucho, no estuve en la alineación mucho y fue un año desagradable”. (Nota del autor: En 1970 Walt bateó .251 en 315 turnos al bate. En 1969 bateó .304 en 471 turnos al bate. Short nunca tuvo la oportunidad de rebajar el salario de Williams en 1971 porque él junto a la mayoróa del personal de la oficina principal fue despedido en septiembre de 1970. En 1971 Walt bateó .294 jugando para el manager Chuck Tanner). ML: Chuck Tanner y Roland Hemond se hicieron cargo de la fortuna del equipo desde 1971 y hubo un cambio dramático. Los Medias Blancas tuvieron uno de los giros más grandes de la historia del beisbol al pasar de 56 victorias a 79. Cuéntame de Chuck y Roland y lo que ellos significaron para el equipo. WW: “Esos eran dos tipos quienes tenían la misma idea de cómo se debe manejar un equipo de beisbol. Te agradaban desde la calle, justo desde el comienzo. Eran caballeros, te trataban como a un hombre, te guardaban respeto y hablaban contigo no ante ti. Nunca sentí cuando hablaba con ellos que era una situación de un jefe hablando a un trabajador. Chuck era un real motivador”. ML: Entonces en 1972 en las reunions de invierno, Roland Hemond adquirió a Dick Allen. Luego él y Chuck dirían que Dick salvó la franquicia. Cuentame de Dick como jugador y como compañero. WW: “Dick y yo pasamos mucho tiempo juntos. Pienso que le gustaba el hecho de que yo siempre jugaba duro y siempre trataba de tener una sonrisa en mi cara. Él fue un gran jugador, tenía mucho talento y lo admiraba. Él podía ser algo temperamental a veces y sé que él no le gustaba a algunos tipos, pero él sabía de beisbol”. “Dick me tomó bajo su protección y hablábamos mucho de beisbol. Tenía una voz baja y cuando te decía algo era breve y conciso. Cuando él hablaba había que escucharlo. (Nota del autor: Seguramente habrán visto estos números antes de reconocer la temporada de Dick, pero vale la pena repetirlos. Allen terminaría la temporada casi ganando la Triple Corona. Lideró la liga con 37 jonrones, 113 carreras empujadas, .603 de porcentaje de slugging y 99 boletos. Lideró a los Medias Blancas con .308 de promedio al bate, empujó 19 carreras ganadoras de juegos, robó 19 bases, anotó 90 carreras y estuvo a solo .0005 puntos de liderar a todos los primeras base de la Liga Americana en fildeo. Él fue el líder en votos recibidos para el Juego de las Estrellas y fue reconocido con el premio al jugador más valioso de la liga. Chuck Tanner dijo que la temporada de Allen era el año individual más grande que hubiese visto en todos sus años en las Grandes Ligas). ML: ¿Algunas anécdotas acerca de Dick? WW: “(risas). Una que recuerdo involucra a Milt Wilcox. Él lanzaba contra nosotros y le lanzó una alta y pegada a Dick y lo golpeó. Dick tomó la pelota y simuló caminar hacia Milt mientras avanzaba por la línea de primera base, le dijo con tranquilidad, “Yo sé que tienes que lanzar adentro pero más te vale no golpearme de nuevo”. ML: 1972 fue un año maravilloso para los aficionados de los Medias Blancas, ustedes se fajaron con los Atléticos con dientes y uñas y si Bill Melton no se lesiona quizás la dinastía de los Atléticos nunca hubiese ocurrido- WW: “En esa temporada parecía que cada quién apoyaba a cada cual cuando era necesario. Nos queríamos todos en ese equipo…no había disputas en el terreno entre nosotros que pueda recordar. Una brecha allá o acá y tal vez hubiésemos llegado a los playoffs, fue una temporada excitante”. ML: ¿Te dolió cuando fuiste cambiado? (Nota del autor; Williams fue negociado a Cleveland por el campocorto Eddie León el 19 de octubre de 1972). WW: “En realidad no. Entendí que era parte del negocio y que la razón por la que me cambiaban los Medias Blancas era porque necesitaban algo”. ML: Tu único momento significativo con Cleveland que involucró a los Medias Blancas ocurrió en el noveno inning de un juego en Cleveland el… WW: “¡Sé a donde quieres llegar con esto!” ML: “21 de agosto de 1973. Stan Bahnsen llegó lanzando un juego sin hits ni carreras al cierre del noveno inning y con dos outs bateaste un sencillo rastrero para romperlo. Recreame ese turno al bate”. WW: “Hasta el día de hoy nunca entendí porque los Medias Blancas jugaban cuadro adentro. Jugué con Stan, él era un antiguo compañero. ¡Yo no iba a tocar la pelota para romper un no-hitter! Yo no tenía la intención de tocar en una situación como esa y yo era un gran tocador de pelota. Podía tocar sin deslizar mis manos a lo largo del bate. Supongo que los Medias Blancas se remitieron al reporte de los scouts antes del juego pero a mí me enseñaron temprano en mi carrera que no se hace algo como eso en esas circunstancias. (Nota del autor: Williams despachó un rodado imparable a la izquierda de Bill Melton, quién no pudo reaccionar ante la pelota porque estaba muy adelantado. Bahnsen retiró al próximo bateador para completar el juego de un hit, victoria 4-0) Cuando me embasé estaba molesto conmigo porque le había bateado bien a Bahnsen en los dos turnos anteriores y no conseguí nada. De acuerdo a mis pensamientos debí haber bateado de 4-4 y Stan no debió haber llegado nunca a esa situación”. ML: Entiendo por lo que Stan dijo en su entrevista para White Sox Interactive que los aficionados de Cleveland no estaban muy contentos contigo por haber roto la posibilidad de que ese juego fuese histórico. WW:”No estaban contentos. Cuando fui a mi carro después del juego ellos lo habían cubierto de papeles…me dejaron notas diciéndome nombres, diciendo los nombres de mi familia. Todavía tengo las notas. Las guardo en mi closet y las veo ocasionalmente. ML: Siempre has tenido esa actitud de dar lo mejor de ti a lo largo de tu vida hasta después del beisbol…en tu trabajo y en tus hobbies. WW: “La he tenido. Siempre he dicho que no cuesta nada dar el 100%. Soy el director de centro de recreación aquí en Brownswood y básicamente puedo enseñar a los niños como jugar cualquier cosa. Aquí usualmente es baloncesto pero tengo algunos jugadores de beisbol con los que también trabajo. Los tutoreo en el juego. Y adoro el golf. Desafié mi edad hace unas semanas y gané un torneo cuando hice siete birdies seguidos. Puedes hacer cualquier cosa si das lo mejor de ti.” ML: Walt terminaste tu carrera con los Yanquis en 1975, fueron diez temporadas en las Grandes Ligas, nada malo para un tipo etiquetado como “muy pequeño”. ¿Puedes resumir tu época con los Medias Blancas para mí? WW: “Chicago siempre ha sido mi amor, mi corazón. Todavía tengo amigos que conocí cuando jugaba ahí. Algunos de mis aficionados se han mantenido en contacto a través de los años desde Chicago. Siempre ha sido mi ciudad favorita. La gente siempre fue buena conmigo. Estaba viviendo en una tierra de fantasía, jugando un juego por dinero en una ciudad agradable para personas como Eddie Stanky y Chuck Tanner. Fue de verdad una bendición”. Walt Williams White Sox Statistics: Year G AB R H 2B 3B HR BB RBI SB AVG. 1967 104 275 35 66 16 3 3 17 15 3 .240 1968 63 133 6 32 6 0 1 4 8 0 .241 1969 135 471 59 143 22 1 3 26 32 6 .304 1970 110 315 43 79 18 1 3 19 15 3 .251 1971 114 361 43 106 17 3 8 24 35 5 .294 1972 77 221 22 55 7 1 2 13 11 6 .249 Nota del editor: Mark Liptak es un experimentado periodista deportivo, ha ganado varios premios por su trabajo electrónico e impreso. Ha ocupado numerosas posiciones relacionadas con los deportes para varías estaciones televisivas y periódicos, incluyendo director de deportes para KNOE.TV (Monroe, Louisiana) y KPVI-TV (Pocatello, Idaho) y periodista deportivo el Idaho Falls Press. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 25 de junio de 2015

Esquina de las barajitas : 1974 Topps: Manny Sanguillén y Roberto Clemente.

09-04-2014. Bruce Markusen. Por buena parte de la primavera de 1974, esta fue la barajita que traté de conseguir desesperadamente. No sé por qué esta barajita Topps de Manny Sanguillén resultó ser tan difícil de conseguir. La publicación de la colección de 1974 marcó la primera vez en la historia de Topps que la compañía imprimió todas sus barajitas de una vez, en vez de series sucesivas. Por lo que en teoría, debería haber tantas barajitas de Sanguillén flotando por ahí, como cualquier otra durante la primavera de 1974. Aún así, no pude conseguir esa barajita hasta mediados de ese verano, final mente la obtuve como parte de un paquete grande que compré en la papelería de Pickwick. Quizás la dificultad de conseguir la barajita me hizo apreciarla más. Había otros factores que me hicieron querer mucho esta barajita. Ahora que Roberto Clemente se había ido, Manny Sanguillén se había convertido en mi Pirata favorito. Sin barajitas de Clemente a la disposición por primera vez en años, era natural que yo me desplazara hacia Sanguillén. Para el momento, yo sabía poco de la relación entre Sanguillén y Clemente. También me gusta el formato panorámico de la barajita. Tomada desde un ángulo bajo, a nivel del terreno, el fotógrafo de Topps muestra a Sanguillén en medio de una sesión de calentamiento del brazo antes del juego. Al disparar el obturardor en ese preciso instante, el fotógrafo captura a Sanguillén con la boca abierta, quizás una señal del gran esfuerzo que está a punto de hacer con el lanzamiento. El fotógrafo nos da un ángulo en el cual el brazo derecho de Sanguillén está bloqueado para nuestra visual, escondido detrás del pecho y el torso. Este ángulo inusual nos permite imaginar que Sanguillén ha estirado su brazo derecho hacia atrás tanto como fuese posible, listo para lanzar con toda su fuerza hacia su compañero invisible. Aunque la fotografía fue tomada obviamente antes del juego. Sanguillén está mostrando el tipo de energía que se despliega en el juego que hace de esta una legítima fotografía de acción. Es la rara toma de acción capturada en una escena sin acción. Por todas estas razones, de todas las barajitas de la colección de 1974, esta es incuestionablemente mi favorita. Diez años antes de que saliera esta barajita, Sanguillén firmó con los Piratas como agente libre amateur en Panamá. Por recomendación del scout Herb Raybourne, quién sentía que Sanguillén tenía una estructura ideal para cátcher, los Piratas cambiaron al una vez boxeador amateur a su nueva posición detrás del plato. Los Piratas lo asignaron al Batavia en la NY-Penn League, donde solo bateó para .235 de promedio. También tuvo dificultades para adaptarse a la vida del norte del estado de Nueva York, donde pocas personas hablaban español. Incapaz de comunicarse bien en inglés, Sangy encontraba difícil ordenar una comida en un restaurante. Fue asignado al Raleigh de la Carolina League el siguiente verano, Sanguillén hizo los ajustes apropiados. Bateó .328 con ocho jonrones, jugó tan bien que los Piratas lo premiaron con una promoción al Columbus AAA al final de la temporada. En una estadía de nueve juegos, Sanguillén bateó .213 en la International League. Al permanecer con Columbus la temporada siguiente, Sanguillén exhibió varias fallas. Bateó para un mediocre .258 con solo 8 boletos. Esos difícilmente eran los números de un prospecto casi hecho realidad, pero los Piratas decidieron llamarlo en julio. En una prueba de 30 juegos, bateó para un respetable .271, pero sin poder (cero jonrones y solo cuatro dobles). Claramente, Sanguillén necesitaba más tiempo para desarrollarse. En 1968 los Piratas enviaron a Sanguillén de vuelta a Columbus en lo que resultó el mejor movimiento posible. Al mostrar una actitud renovada, Sangy bateó .316, se embasó 34 % del tiempo y tuvo un prometedor promedio de slugging de .448. A los 24 años de edad, Sanguillén estaba listo. Impresionados con las mejoras de su bateo, su prometedor poder y su atleticismo detrás del plato, los Piratas promovieron a Sanguillén en 1969 y lo hicieron su cátcher regular. Aunque solo negoció 12 boletos y bateó apenas cinco jonrones, su promedio de .303, su velocidad, y su habilidad defensiva lo convirtieron en factor positivo para los Piratas. También disfrutó un logro inesperado, recibió el juego sin hits ni carreras de Bob Moose el 20 de septiembre ante los Mets. Esos logros, aunque eran importantes, no lo influenciaron tanto como su relación con uno de sus compañeros. Sanguillén se hizo amigo rápidamente de Roberto Clemente, un puertorriqueño. Esta amistad sorprendió a algunos, debido a los contrastes en sus personalidades externas. Sanguillén siempre mostraba una sonrisa, le gustaba hacer chistes y reir. Clemente era reservado y apartado. Algunos iban más allá y lo llamaban malhumorado. Aunque los dos hombres venían de diferentes países, compartían el vínculo de hablar español. Ambos entendían las dificultades que implicaba ser un pelotero latinoamericano en una ciudad estadounidense. Sanguillén estaba al lado de Clemente cuando los periodistas acusaban a este de ser hipocondríaco. Sangy entendía que ellos ridiculizaban el acento de Roberto y sus limitaciones con el idioma inglés. Similarmente, Clemente preparó a Sanguillén para la posibilidad de que él enfrentara problemas parecidos con los periodistas estadounidenses. Ayudado por su relación con Clemente, Sanguillén mostró mejoras en el campo en 1970. Al despachar líneas en todas direcciones, bateó para .325 y dejó promedio de slugging de .444. Surgió como el segundo mejor cátcher ofensivo de la Liga Nacional detrás de Johnny Bench, terminó undécimo en la votación del jugador más valioso de la liga. En 1971 agenció números casi idénticos, bateó para .319 y empujó un tope personal de carreras con 81. También destacó a la defensiva, sacando al 50 % de los robadores de base. Con los Piratas ganando la división este en ruta a un campeonato mundial, Sanguillén subió al octavo lugar en la votación del jugador más valioso. Sanguillén jugó papel fundamental en la Serie Mundial, particularmente en el séptimo juego, cuando ayudó a guiar a Steve Blass durante varios momentos difíciles al inicio del juego. “Él puede notar mis debilidades antes que yo lo pueda hacer”, le dijo Blass a Sports Illustrated la siguiente temporada. “Yo lanzo a tres cuartos de brazo. Si caigo por debajo de eso estoy en problemas. Manny se da cuenta de cualquier cambio por pequeño que sea. En el séptimo juego de la Serie Mundial mi slider no estaba funcionando al principio. Pero Manny no se rindió. No se puede hacer eso con un tipo de lanzamiento. La slider empezó a funcionar alrededor del cuarto inning y el la pidió 80 % del tiempo el resto del juego. Los Orioles habían visto lo deficiente que fue al principio y estaban sorprendidos”. Con Sanguillén y Blass compenetrados ante los Orioles, los Piratas ganaron el séptimo juego, 2-1. Los Piratas regresaron virtualmente con el mismo equipo en 1972, había optimismo sobre que podían repetir. Pero la temporada terminó de manera dolorosa, cuando un lanzamiento de Bob Moose rebotó fuera del alcance de Sanguillén, un claro lanzamiento descontrolado, lo que completó un regreso de dos carreras en el cierre del noveno inning del quinto juego de los playoffs. Esa derrota palideció en comparación con los sucesos de la víspera de año nuevo. Allí fue cuando Clemente y otros cuatro hombres abordaron un pequeño DC-7 como parte de una misión de ayuda para las víctimas del terremoto de Nicaragua. Poco después del despegue, el avión explotó y se estrelló en el océano Atlántico, justo en la costa de San Juan. Sin advertencia, Clemente se había ido a los 38 años. La tragedia casi se llevó a dos peloteros de los Piratas. Si todo hubiese ocurrido de acuerdo a lo planificado, Sanguillén también hubiese estado dentro de ese avión. Clemente le había solicitado a Sanguillén, su mejor amigo en los Piratas, hacer el viaje con él a Managua el 30 de diciembre. Aunque no muy entusiasmado debido al tamaño pequeño del avión, Sanguillén estuvo de acuerdo en hacer el viaje. Luego de efectuar un juego en la liga invernal esa tarde, él salió para el Aeropuerto Internacional de San Juan. Pero su carro se accidentó en la vía. La dificultad con su carro resultó irrelevante debido a que el vuelo de Clemente fue retrasado un día completo, del 30 para el 31. Una vez más Sanguillén se preparó para hacer su recorrido hacia el aeropuerto. Esta vez, Manny no pudo encontrar las llaves del carro en su apartamento. Él y su esposa buscaron en todas partes, hasta en la pañalera de su hijo Manny Jr. Finalmente a las siete en punto esa noche, Sanguillén encontró las llaves, en el tope de un estante en el apartamento. No recordaba haberlas puesto ahí. Pero para ese momento, era muy tarde para manejar al aeropuerto y abordar el avión con Clemente. Notando que iba a perder el vuelo, Sanguillén se quedó en el apartamento. Hasta este día, Sanguillén no tiene idea de cómo las llaves terminaron sobre el estante. No recuerda haberlas puesto ahí, ni su esposa. Un hombre religioso, Sanguillén se preguntó si alguna otra fuerza le había dificultado encontrar las llaves, para prevenirlo de hacer aquel viaje esa noche. El alivio de Sanguillén por haber perdido el vuelo fue alterado por la tragedia que se había llevado a su amigo. Cargado de dolor, Sanguillén no se podía tranquilizar ni velar a Clemente de manera normal. Le molestaba que los rescatistas no habían sido capaces de encontrar el cuerpo de Clemente. Determinado a encontrar a su amigo, Sanguillén se llegó hasta la costa puertorriqueña cercana a donde había caído el avión. Se subió a un bote pequeño y se internó en el mar, por los próximos tres días hizo profundas inmersiones en las aguas oscuras plagadas de tiburones. El gerente general de los Piratas trató de convencer a Sanguillén para que desistiera de ese esfuerzo. “Joe Brown trató de disuadirlo de buscar el cuerpo por su cuenta”, dijo el as relevista Dave Giusti a United Press International. “Pero él no se iba a dejar convencer de no hacer nada”. Agotado por el esfuerzo de rescate, Sanguillén perdió el funeral. Luego de tres días seguidos de estar estacionado en aquel bote solitario, Sanguillén finalmente dejó de sumergirse. La pérdida de Clemente no solo devastó a Sanguillén, sino a toda la organización de los Piratas. Cuando los Piratas se reportaron al entrenamiento primaveral en Bradenton, decidieron darle a Sanguillén el viejo casillero de Clemente. Eso hizo la situación más difícil. Mientras los Piratas lo hicieron con la mejor intención, eso representó una manera más en la cual Sanguillén tenía que hacer lo imposible para calzar los zapatos de su heroíco amigo. Los Piratas necesitaban seguir adelante. ¿Cómo podrían reemplazar a Clemente en el jardín derecho? Al manager Bill Virdon se le ocurrió una solución creativa. Consciente de que la velocidad y el atleticismo de Sanguillén lo hacían un cátcher inusual, Virdon pensó en moverlo a la posición de Clemente. Para reemplazar a Sanguillén, Virdon podía llamar a uno de los principales prospectos de cátcher del beisbol, el bateador zurdo Milt May. En el papel, los cambios permitían a los Piratas reemplazar a Clemente con el talentoso Sanguillén mientras le abrían espacio a May detrás del plato. Aunque los movimientos tenían sentido en teoría, ellos no tomaron en cuenta el estado mental de Sanguillén. En realidad, Sanguillén no quería jugar en el jardín derecho. Como siempre fue un jugador de equipo, hacía lo que le decían, pero contra sus deseos. Se sentía culpable al tratar de suceder a su mejor amigo en los Piratas. “Me sentía mal”, le dijo Sanguillén a Sports Illustrated, “porque lo extrañábamos mucho. No me gusta hablar mucho de él. Se me llena la mente con recuerdos de él”. Al jugar regularmente en el jardín derecho, Sanguillén cometió seis errores en los primeros 34 juegos del equipo. Su bateo también disminuyó. Para entonces, Virdon había visto suficiente y sabiamente regresó a Sanguillén a su posición regular detrás del plato. Al hacer la transición en reversa, Sanguillén se reaclimató rápidamente a su posición favorita. Aunque su promedio de bateo final cayó a .282, mostró un nivel de poder nunca antes visto. Bateó 12 jonrones y coleccionó 26 dobles. Todo no estaba perdido en una temporada difícil. Los números de poder de Sanguillén regresaron a niveles más normales en 1974, bateó siete jonrones. Pero su promedio al bate fue .287 y se mantuvo como un gran mascoteador y su brazo siguió haciendo outs. También siguió siendo un pelotero divertido. Siempre armado con una sonrisa, Sanguillén le daba un nivel inusual de alegría al juego. Muy expresivo detrás del plato, llegó a desarrollar un fuerte vínculo con sus pitchers, quienes apreciaban como Sanguillén se colocaba tan bajo en un esfuerzo por crear la diana idea. Sanguillén también corría bien, no solo como cátcher, sino como jugador de cualquier posición, lo cual lo convertía en una amenaza en las bases. Como bateador, Sanguillén se paraba en el plato con un estilo que abarcaba mucho espacio y usaba un bate grande, un modelo de 40 onzas que parecía más apropiado para un bateador de poder. Nunca he visto a un bateador intentar ante tantos lanzamientos fuera de la zona de strike como Sanguillén. Con una zona de strike que abarcaba ambas cajas de bateo, Sanguillén le hacía swing a todo. Podía conectar lanzamientos contra el piso, o por encima de su cabeza. Esa tendencia no le ganaría amigos entre los sabermétricos, quienes valoran una actitud más paciente en el plato, pero hay algo satisfactorio en mirar a un bateador conectar un pitcheo que rebota en el suelo y lo convierte en doble. Sanguillén cumpliría 31 años en la primavera de 1975, nadie se habría sorprendido si su juego empezaba a declinar. Quizás como una manera de combatir el envejecimiento, Sanguillén decidió cambiar su apariencia en 1975. Se afeitó la cabeza completamente y se dejó crecer el bigote. Más significativo que su cambio de apariencia, Sanguillén adoptó una nueva filosofía en el plato. Mostró una paciencia irreconocible para negociar su tope personal de 48 boletos, bateó para .328 y se embasó 39 % del tiempo. A la defensiva mostró alguna desmejora al retirar solo el 26 % de los robadores de base, pero eso no le importaba mucho a los aficionados o los medios. Sangy fue al Juego de Estrellas y ocupó el lugar 16 en la votación del jugador más valioso. La actuación de Sanguillén en 1975 representó el pico ofensivo de su carrera. Como era de esperar, sus números bajaron en 1976, pero su OPS de .716 todavía era respetable para un cátcher. Al mantener sus habilidades con el madero, Sanguillén llamó la atención de otros equipos. Un equipo en particular solicitaría a Sanguillén en una propuesta de cambio muy inusual. Luego de la temporada de 1976, Charley Finley, dueño de los Atléticos se contrarió cuando el presidente de la Liga Americana, Joe Cronin determinó que él debía cancelar el contrato de larga duración que el manager Chuck Tanner había firmado originalmente con los Medias Blancas. A Finley no le agradaba para nada tener que pagarle a Tanner dos años del contrato. (A Finley no le gustaba la idea de pagarle mucho dinero a sus peloteros, menos a sus managers). Por lo que Finley puso a Tanner en el mercado de cambios. Los Piratas mostraron interés. Al necesitar un cátcher, Finley solicitó compensación con peloteros, específicamente Sanguillén. Los Piratas enviaron a Sangy y 100.000 dólares a Oakland por Tanner, para completar la transacción del manager por el jugador. Finley había esperado que Sanguillén se convirtiera en su cátcher regular, pero su pesada carga de trabajo había empezado a mostrar consecuencias. Sanguillén recibió solo 77 juegos para los Atléticos, mientras pasaba algún tiempo como bateador designado, jardinero derecho y primera base. Su promedio de bateo bajó a .275, el punto más bajo desde su temporada de novato. Claramente, ya no era el cátcher élite que había sido en Pittsburgh. Aunque Sanguillén era de los pocos peloteros que disfrutaban una buena relación con el a menudo difícil Finley, la amistad no garantizó una larga estadía en Oakland. Como Finley buscaba reconstruir con juventud en 1978, Sanguillén era canjeable. Esa primavera, Finley lo envió de vuelta a los Piratas por tres peloteros: el jugador del cuadro Mike Edwards, el jardinero Miguel Diloné y el pitcher relevista Elías Sosa. Ahora Steve Nicosia y Ed Ott compartían para los Piratas las labores detrás del plato, Sanguillén se convirtió en tercer cátcher y bateador emergente. Permaneció en ese papel por tres años, destacó por sus sutiles contribuciones a los Piratas campeones mundiales de 1979. En el segundo juego de la Serie Mundial, despachó un sencillo remolcador para ganar el juego con dos outs en el noveno inning. Luego de la temporada de 1980, los Piratas incluyeron a Sanguillén en el cambio de Bert Blyleven, enviaron al par a los Indios por cuatro jugadores jóvenes. Pero Sanguillén no tenía interés en terminar su carrera con los Indios, por lo que optó por retirarse. Ha habido dificultades desde entonces. Él ha pasado por carencias financieras, incluyendo un enfrentamiento con la bancarrota cuando su tienda de artículos deportivos fracasó. Pero parece haber encontrado la estabilidad financiera con un negocio distinto, “Manny’s Bar-B-Q”, el cual ocupa un lugar en las afueras del PNC Park de los Piratas. Sanguillén vende sus famosas costillas asadas mientras cuenta historias a sus clientes y firma autógrafos a los aficionados que los solicitan. Él disfruta hablando de sus días con los Piratas, aunque el tema de la muerte de Clemente sigue siendo un tema difícil. Todos estos años después, Sanguillén aún mantiene una fuerte conexión con Clemente. A menudo puede ser visto usando camisas estampadas con la imagen o el nombre de Clemente. Adicionalmente, él ha comercializado una salsa para parrillada llamada “Sanguillén Sauce” y contribuye con el 10 % de las ventas para la Fundación Roberto Clemente. Sanguillén todavía disfruta hablando de Clemente estos días, recuerda las gratas memorias de sus días juntos con los Piratas y en el beisbol invernal. Él ríe acerca de las formas como el solía para bromear con Clemente, mientras enfatiza el cariño y respeto que sigue teniendo por “El Grande”. Cuando alguien ha arriesgado su vida al sumergirse en aguas plagadas de tiburones, no deber ser una sorpresa que la amistad, aún 40 años después del hecho, aún persevera. Sources: The Sporting News, Sports Illustrated, Manny Sanguillen’s player file at the Baseball Hall of Fame Traducción: Alfonso L. Tusa C.