miércoles, 16 de mayo de 2018

Bill Lee Recuerda a los Medias Rojas de Boston de 1975.

Herb Crehan. 23-05-2015 Cuarenta años despues el antíguo pitcher estrella Bill Lee, insiste en que los Medias Rojas de Boston debieron haber ganado la Serie Mundial de 1975 contra los Rojos de Cincinnati. “Fuimos mejor equipo que los Rojos, anotamos más carreras que ellos (30-29), y jugamos mejor que ellos”, dice Bill. “De hecho”, continúa él, “debimos haber ganado esa serie en seis juegos. ¿Puedes imaginarte la celebración si el jonrón de Fisk en el sexto juego hubiese sido para ganar la Serie Mundial?” Lee, quien fue inducido al Salón de la Fama de los Medias Rojas en 2008, agrega, “Ese equipo de los Medias Rojas de 1975 fue el mejor equipo en el que jugué. El equipo de 1975 tenía tanta profundidad que debimos haberlo ganado todo”, dijo Lee durante un entrevista en febrero desde su casa de invierno cerca de Fort Myers, Fla. Bill Lee ganó 17 juegos para los Medias Rojas de 1975, la tercera temporada seguida donde había alcanzado ese nivel. Y lanzó bien en el segundo y el séptimo juegos de la Serie Mundial, en ambos salió con los Medias Rojas ganando. Durante sus diez temporadas con el equipo, lanzó en más juegos (321) que cualquier otro zurdo de los Medias Rojas, y sus 94 triunfos en su carrera lo ubican tercero entre los zurdos. El Sueño de California. William Francis Lee III nació el 28 de diciembre de 1946, en Burbank, CA. Se graduó en Terra Linda High School, en Rafael, CA, donde jugó beisbol y baloncesto, en 1964. “Cuando yo era un bebé, me llenaban la cuna con piezas cuadradas y redondas. Yo botaba todas las cuadradas y me quedaba con las redondas”, dijo Lee. “Esa fue la primera señal de que mi vida giraría alrededor de un objeto redondo”. Lee dice que le debe su carrera como pitcher a su tía Annabel Lee, quien lanzara en la All-American Girls Professional Baseball League desde 1944 hasta 1950. “Ella era la única otra zurda en la familia así que aprendí a lanzar con ella. Me enseñó como lanzar mi gran curva y me enseñó como lanzar por encima del brazo”. “Yo lanzaba exactamente como ella. Hay un cierto código genético, eso es todo. Me enfoqué en ser beisbolista por ella. Y ella lanzaba más duro que yo cuando yo estaba en la secundaria”. Su próxima gran influencia fue el legendario entrenador de beisbol de USC, Lefty Dedeaux, quien entrenó a los Trojans por 45 temporadas. Lee, quien tuvo marca de 39-8 durante sus cuatro temporadas en USC, recuerda, “Jugar cuatro años para Lefty Dedeaux fue como tener cuatro años de experiencia en ligas menores”. Bill no fue seleccionado hasta la ronda 22 del draft amateur de 1968. “Quería jugar para los Dodgers. Ellos se habían mudado a Los Angeles cuando yo era un niño, y era un gran fanático. Pero Al Campanis (entonces el director de scouts) me dijo que yo nunca lanzaría en las grandes ligas. Estaba equivocado. Pienso que los scouts no hacen un buen trabajo para identificar a los peloteros de desarrollo lento”. Bill Lee fue seleccionado por los Medias Rojas de Boston en la vigésimo segunda ronda del draft de MLB en junio de 1968, detrás de otros 500 prospectos amateur. Un año después, luego de breves paradas en tres equipos de ligas menores de los Medias Rojas, estaba pitcheando en las grandes ligas con los Medias Rojas. Desde 1969 hasta 1972, Bill Lee pitcheó 125 juegos para los Medias Rojas, principalmente como relevista. Cuando le dieron la oportunidad de abrir juegos en 1973, tuvo marca de 17-11 con una impresionante efectividad de 2.75. Cuando continuó con otras 17 victorias en 1974, se convirtió en baluarte del cuerpo de lanzadores. De acuerdo a la leyenda, Bill Lee era llamado “Spaceman” debido a sus visiones no tradicionales del beisbol y la vida en general. “No es así”, dice Bill. “Había relevado a Luis Tiant en el primer inning de un juego en Baltimore contra los Orioles y lancé 8.1 innings en blanco. Eso fue justo después que el Apolo 15 había llegado a la luna, el 30 de julio de 1971, y los reporteros estaban amontonados mientras yo les daba mis puntos de vista sobre el programa espacial”, dice Bill. “John Kennedy (el utility del cuadro de los Medias Rojas) no podía llegar hasta su casillero en medio del tumulto, y dijo, ‘Parece que tenemos nuestro propio hombre del espacio (spaceman)’. Eso pegó”. La Inauguración de 1975. Cuando el entrenamiento primaveral terminó a principios de abril de 1975, los Medias Rojas eran considerados por consenso serios candidatos al tercer lugar de la división Este de la Liga Americana detrás de los Orioles y Yanquis. ¿Qué pensaba Bill Lee de las posibilidades de los Medias Rojas en la inminente temporada? “Todavía estaba molesto por la manera como había terminado la temporada de 1974”, dice él, refiriéndose al tercer lugar en el cual terminaron los Medias Rojas en 1974, luego de liderar con ventaja de siete juegos hacia finales de agosto. “Teníamos el talento para ganar en 1974, y todavía estaba disgustado de que no lo hubiésemos logrado”. ¿Y como se sentía Bill Lee personalmente respecto a la venidera temporada? “Me sentía de maravillas. Había logrado todo lo que quería en el entrenamiento primaveral. Mis callos aparecieron justo al inicio del calendario”, recuerda él, “y tuve muy buen control en los juegos de exhibición”. Los Medias Rojas y Bill Lee tuvieron un comienzo lento en abril. El equipo terminó el mes en último lugar con marca de 7-9 y Lee fue una decepción con marca de 1-3. Pero mayo fue una historia diferente. Los Medias Rojas tuvieron marca de 16-9 en mayo y subieron hasta el primer lugar, mientras Bill Lee tenía balance de 6-1. “Luego del lento comienzo, varios veteranos como Yaz, Luis, y yo dimos un paso adelante y mostramos algo de liderazgo”, dice Lee. “Despues de eso las cosas empezaron a cambiar”. El equipo continuó jugando bien en junio, donde el punto cumbre fue el juego de tres jonrones de Fred Lynn contra los Tigres de Detroit el 18 de junio. “Fred Lynn tuvo una buena temporada en 1975, como el mejor grande liga que haya visto”, dice Lee. “Nunca pareció un novato. Por supuesto, mucho de eso se debió a la influencia de Rod Dedeaux”, dice él, en referencia a los tres años de Lynn en USC. “Y los aficionados olvidan que la actuación de Jim Rice se equiparó a la de Fred hasta que se rompió la muñeca hacia finales de septiembre. Todos hablan del bateo de Lynn y Rice pero ambos jugaron una gran defensa. Las atrapadas de Lynn eran sobresalientes, pero recuerdo a Jim Rice saltar sobre la cerca en Minnesota para robarse un jonrón”. Liderando el pelotón. En el receso del Juego de Estrellas, los Medias Rojas tenían un aventaja de cuatro juegos en el este de la Liga Americana y Bill Lee había ganado diez juegos. ¿Qué le parecía la oportunidad de los Medias Rojas en ese momento? “Pensaba que ganaríamos el este”, dice él. “Ese equipo tenía mucha profundidad. Teníamos a Bernie Carbo, Rick Miller, y Juan Beníquez, tres tipos que podían haber sido regulares, en el banco. Y agregamos a Rogelio Moret a la rotación y él estuvo de maravilla”. Un día que resalta para Bill Lee es el de un doble juego contra los Yanquis en Nueva York el 27 de julio. “Lancé el primer juego y los blanqueé”, recuerda él. “Fred Lynn hizo una gran atrapada y ganamos 1-0. Luego Moret los blanqueó para ganar el segundo juego, los Yanquis despidieron a su manager”. “A veces me encuentro con aficionados quienes me dicen que les gustan los Yanquis. Les digo que a mi también. Los vencí 12 veces y disfruté cada juego ante ellos”, Bill ríe. El 24 de agosto, Bill Lee lanzó su décimo sexto juego completo de la temporada, al vencer a los Medias Blancas de Chicago 6-1, para mejorar su marca a 17-7. Entre el 1 de mayo y el 24 de agosto, tuvo marca de 16-4, con 13 juegos completos. Él está de acuerdo en que ese fue el mejor momento de su carrera en MLB. “Me funcionaban todos mis pitcheos y tenía un gran control. Con mi repertorio, tenía que colocar mis envíos a la perfección”, enfatiza él. “Mi recta solo llegaba hasta las 90 millas por hora, por lo que dependía del cambio de velocidad, mezclar los lanzamientos, y colocarlos en el lugar preciso”. Lee pitcheó un juego completo en una dura derrota 3-2 ante los Indios de Cleveland el 9 de septiembre, después de eso fue utilizado de manera esporádica. “Lo que ocurrió fue que los pitchers empezamos a tomar práctica de bateo en septiembre para estar listos para la Serie Mundial y tuve un sobre estiramiento en mi codo”. Los Medias Rojas aseguraron el este de la Liga Americana el 26 de septiembre, y barrieron a los favoritos Atléticos de Oakland en la serie de campeonato con gran pitcheo de Luis Tiant y Rick Wise, más el liderazgo del veterano Carl Yastrzemski. “No pitcheé”, dice Lee, “ellos no me necesitaron y el tiempo de reposo me ayudó”. Una Serie Mundial inolvidable. La Serie Mundial de 1975 entre los Medias Rojas de Boston y los Rojos de Cincinnati es considerada una de las grandes series de todos los tiempos, Bill Lee está de acuerdo. “Vi un documental que asemejaba la serie a una ópera italiana. Hubo de todo. Pero aún digo que debimos haberla ganado”. Despues que Luis Tiant silenció a los Rojos en un blanqueo 6-0 en el primer juego, Bill Lee subió al montículo de Fenway Park como abridor del segundo juego. “Los Rojos se reían en su dugout cuando vieron la lentitud de los envíos que hice en el calentamiento, pero cuando se dieron cuenta de que no podían batearlos, dejaron de reir”. Lee lanzó magistralmente por ocho innings, limitó a los Rojos a cuatro imparables y una sola carrera en el cuarto inning. Se preparaba para ir al montículo en el noveno inning con ventaja de 2-1, cuando los árbitros detuvieron el juego por lluvia. “Yo estaba lanzando muy bien y pienso que hubiera dominado el noveno sin el retraso por la lluvia”, declara Lee. “Cuando finalmente subí al montículo después de la suspensión, Johnny Bench despachó doblete a la banda contraria y vino a relevar Dick Drago para mantener la ventaja. Los Rojos anotaron dos carreras para ganara 3-2 y perdimos un juego que debimos haber ganado”. Los Medias Rojas regresaron a Boston perdiendo tres juegos a dos con Bill Lee programado para lanzar el sexto juego. Entonces llovió, y llovió mucho más. Despues de tres días de lluvias, el manager Darrell Johnson anunció que Luis Tiant abriría el sexto juego y Bill Lee lanzaría el séptimo si era necesario. “Yo estaba disgustado”, recuerda Bill. “Sabía que podía dominar a los Rojos en el sexto juego en Fenway. Pero lo más importante era que yo sabía que Luis necesitaba otro día de descanso”. Luis Tiant pitcheó valientemente en el sexto juego pero fue relevado en el octavo inning con los Medias Rojas abajo 6-3. Luego que Bernie Carbo despachara su dramático vuelacercas de tres carreras en ese octavo inning, Bill Lee se encaminó a la sala de masajes para prepararse para el séptimo juego. “Estaba recostado en la mesa de masajes cuando Fisk bateó su jonrón pero me dirigí muy rápido hacia el dugout”, sonríe él. Bill Lee blanqueó a los Rojos a través de cinco innings y llegó al sexto con ventaja de 3-0. Con corredor en primera y un out, Johnny Bench bateó un rodado perfecto para dobleplay hacia el campocorto Rick Burleson, pero el tiro del segunda base Denny Doyle aterrizó en el dugout de los Medias Rojas para dejar vivo el inning. Bill Lee le lanzó una curva al siguiente bateador y Tany Pérez la conectó hacia la oscuridad de la noche para sobrevolar la pared del jardín izquierdo. “Nunca debí hacer ese pitcheo”, reconoce Lee. “Todavía estaba lamentándome por el dobleplay que no se hizo”. Lee pitcheó hasta el séptimo inning, salió del juego con los Medias Rojas adelante 3-2. Pero los Rojos igualaron el juego en el séptimo, y un sencillo de Joe Morgan en la apertura del noveno inning le dio a los Rojos una victoria 4-3 y el campeonato mundial. “No ganar el séptimo juego y perder la Serie Mundial fue de lejos mi mayor disgusto en el beisbol”, dice Bill Lee. Los años finales. Pocas cosas le salieron bien a los Medias Rojas o a Bill Lee en 1976. Los campeones defensores de la Liga Americana nunca encontraron su mejor juego y terminaron en tercer lugar, catorce juegos y medio detrás de los Yanquis de Nueva York. El manager Darrell Johnson fue cesanteado después del receso del juego de estrellas, y el dueño por largo tiempo de los Medias Rojas, Tom Yawkey falleció el 9 de julio. Bill Lee se lesionó su hombro en una pelea con los Yanquis de Nueva York el 20 de mayo de ese año. La pelea se produjo luego de un choque en el plato cuando Carlton Fisk bloqueó exitosamente el plato contra el jardinero de los Yanquis, Lou Piniella. En el tumulto que siguió, Graig Nettles levantó en peso a Lee y lo lanzó al suelo. Bill terminó en el hospital con el hombro severamente lastimado. Bill Lee terminó la temporada con marca de 5-7, apareció solo en 24 juegos. La temporada de 1977 fue algo mejor para Bill. Mejoró a 9-5, pero solo lanzó 128 innings en 27 juegos. Los Medias Rojas y Bill Lee tuvieron una gran arrancada en 1978. Para mediados de junio los Medias Rojas le sacaban ventaja de doble dígito a los Yanquis que ocupaban el segundo lugar, y Lee mostraba marca de 7-3. Las cosas dieron un giro negativo el 16 de junio cuando Lee supo que su gran amigo Bernie Carbo había sido vendido a los Indios. “Estaba dando una clase de cocina en Faneuil Hall cuando supe que habían vendido a Bernie. Pense que era una decisión terrible. Me dirigí hacia el clubhouse de Fenway Park, vacié mi casillero, y anuncié mi retiro”. El retiro de Lee fue breve. Cuando el gerente general de los Medias Rojas le dijo que sería multado con 500 $ por faltar a un juego, Lee respondió, “Llévala a 1500. Me voy a tomar el fin de semana libre”. Lee tenía marca de 10-3 el 15 de Julio, pero el manager Don Zimmer había perdido la confianza en el zurdo, por lo cual fue utilizados en labores secundarias por el resto de la temporada. Bill Lee vio la descorazonadora derrota del playoff ante los Yanquis desde el bull pen de los Medias Rojas. El 7 de diciembre los Medias Rojas cambiaron a Bill Lee hacia los Expos de Montreal por el jugador del cuadro Stan Papi. Al preguntarle como se sintió cuando supo del cambio, Lee responde “Lloré como un bebé. Y luego dormí como un bebé. Lo que quiero decir es que dormía dos horas, me despertaba y lloraba, dormía dos horas más y me despertaba y lloraba más”. El cambio de escenario pareció favorecer a Lee en 1979. Ganó 16 juegos, y su efectividad de 3.04 clasificó como octava en la Liga Nacional. “Me gustó mucho Montreal y Canadá en general”, enfatiza Lee. “Y volví a batear. El bateador designado es una de las peores cosas que la haya ocurrido al beisbol. Tenemos una clase baja de atletas entre los pitchers de hoy, debido a que batear no importa”. Lee pasó las temporadas de 1980 y 1981 con los Expos, pero en 1982 su temporada llegó a un final prematuro. Luego que los Expos cesantearon al segunda base Rodney Scott, Bill protestó y el gerente general John McHale lo llamó para darle su libertad incondicional. “Le dije a McHale que los Expos nunca ganarían la Serie Mundial. Y el me dijo que no volvería a jugar en las grandes ligas”. Ambos acertaron. Bill Lee hoy. ¿Podría Bill Lee darle un par de innings a los Medias Rojas en la postemporada de 2016 si fuese necesario? “Caramba, podría pitchear mañana”, responde él. “Jugué el otro día y bateé tres imparables, empujé cuatro carreras, y lancé hasta el octavo inning”. Lee, quien cumplirá 70 años el próximo diciembre, agrega, “Lancé 347 innings el año pasado. Estoy en muy buena forma”. Para el momento de nuestra entrevista Bill había regresado de un viaje a Cuba donde dirigió a un equipo de jóvenes canadienses en un torneo. “La pasamos muy bien”, dice él. “Todos en Cuba aman el beisbol”. Bill Lee y su esposa Dianah viven la mayor parte del año en su hogar de Craftsbury VT, pero pasan el invierno en el area de Fort Myers. Bill tiene cuatro hijos mayores de matrimonios anteriores, Michael, Andrew, Kaitlan y Anna. Y es el orgulloso abuelo de cinco nietos y una nieta. ¿Tiene Bill Lee un mensaje para los aficionados de los Medias Rojas? “Dígales que mantengan la fe. Los Medias Rojas de 2016 van a pasar de peores a mejores a peores, a de peores a mejores. ¡Eso es una marca que sería difícil de romper!” dice enfáticamente. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

sábado, 10 de marzo de 2018

Norris (5-0) vs. Jefferson (1-1)

Dave Jordan. The HardBalll Times. 28 de febrero de 2018. “Mi meta en 1980 era ser el primer pìtcher negro en ganar 30 juegos”, me dijo un día la antigua estrella de los Atléticos de Oakland. “Y paga ganar 30 juegos, solo puedes perder dos cuando mucho, así que salía a ganar cada juego que lanzaba, sin dudarlo. Y me refería a ganarlo, no solo lanzar siete innings y dejar que alguien más se apuntara el salvado. Quería ganar lanzando nueve innings”. Norris, autor de Blackballed Twice, un cuento poético de su carrera como pelotero así como de sus memorias de los compañeros de equipo y managers de Oakland, surgió en la temporada de 1980 como uno de los pitchers principales del beisbol con su tórrido comienzo. “No sabía que iba a comenzar la temporada de esa manera, pero sabía que iba a tener un año mejor que 1979. Fui a jugar beisbol invernal en Venezuela. Pienso que tuve marca de 7-1. Recuperé mi recta y volví a lanzar el screwball. Ese era el lanzamiento con que sacaba los outs en la escuela secundaria. Cuando llegué por primera vez al beisbol Clase A en 1973, el instructor itinerante de pitcheo de la organización, Bill Posedel, quería ver mi repertorio. Buena recta, en el rango de las 90 millas y una curva inmensa que parecía salir desde atrás de la cabeza antes de planear sobre el plato. Entonces le mostré mi screwball. Cuando vio la acción de ese lanzamiento, Bill ladeó la cabeza y dijo, ‘Hijo, vas a lastimarte el brazo lanzando eso’, así que dejé de lanzarlo”. Desde el principio, Norris impresionó a casi todos en la organización, incluyendo, y quizás lo más importante, a sus compañeros de equipo que jugaban detrás de él. “Reggie Jackson se me acercó en el clubhouse el día de mi debut contra los Medias Blancas y me dijo, ‘Muchacho, si lanzas como lo hiciste en el entrenamiento primaveral, voy a batear un jonrón hoy’. Llegó el tercer inning y adivinen qué. ¡Bam! Directo al jardín central. No fue fácil. Juego diurno en Oakland, eso fue antes que construyeran Mount Davis arriba de los asientos del jardín central, todo estaba abierto y el viento soplaba hacia adentro. Fue una línea baja que empezó a subir. Tres carreras fu todo lo que necesité. Me convertí en trigésimo quinto pitcher novato en lanzar un blanqueo en su primer juego. Hombre, para mí, un muchacho de 20 años, el batazo de Reggie fue lo más grande desde el pan cortado en rodajas. Nunca había estado tan motivado por algo en un terreno de beisbol”. Despues del juego, Alvin Dark, el manager de los Atléticos apodó a Norris “Jeremías”, por el pasaje de la Biblia donde Dios le dice al profeta que mostrará “Cosas grandes y poderosas”. “El problema apareció cuando me lastimé el codo dos aperturas después”, explicó Norris. “Tuve dificultades las próximas cuatro temporadas al tratar de pitchear sin mi recta, así que mi carrera pendía de un hilo cuando empecé otra vez a lanzar el screwball en Venezuela. Eso fue lo que me salvó, el screwball”. Norris empezó su temporada de 1980 con cinco victorias seguidas, tres de ellas en juegos completes, una de las cuales fue por blanqueo, tenía una efectividad de 0.36 cuando los Atléticos de Oakland llegaron a Toronto para una serie de fin de semana a mediados de mayo. Su quito triunfo había llegado contra esos mismo Azulejos en el Coliseo, con marcador de 12-1. Norris esperaba un resultado similar cuando salió del clubhouse de los Atléticos para prepararse para su apertura ante Toronto. “Exhibition Stadium, el viejo estadio de los Azulejos antes de mudarse al domo, tenía un eco extraño en el bullpen. Realizabas tus envíos de calentamiento, y cuando la pelota impactaba la mascota del cátcher sonaba como si lanzaras a 300 millas por hora”. El abridor de los Azulejos esa noche, Jesse Jefferson, debe haber oído el mismo sonido. “Un joven bien parecido…En su debut de grandes ligas se presentó en Fenway Park y venció a los Medias Rojas 2-1, en 10 innings…listo para ganar en grande en las mayores…Nació el 3 de marzo de 1949 en Midlothian, Va…su papá jugó en equipos de beisbol de la vecindad…Pitcher derecho de envíos fuertes…listo para ganar en grande en las mayores…Recuerdos de Jim Palmer, con quien jugó sus primeros dos años…listo para ganar en grande en las mayores…” Zan Hollander, el afamado escritor de manuales de beisbol, escribió algo de Jesse Jefferson, desde su prometedor primer año con los líderes divisionales Orioles de Baltimore en 1973; hasta el cambio de mediados de la temporada de 1975 hacia los Medias Blancas de Chicago por el especialista defensivo de primera base, Tony Muser, allí fue un “abridor ocasional” para los patiblancos de 1976, hasta que fue seleccionado por los Azulejos de Toronto en el draft de expansión para su campaña inaugural en 1977; entonces vivió el dolor creciente del equipo a través de las temporadas, al experimentar marcas de ganados y perdidos tales como 9-17 en 1977, 7-16 en 1978 y una temporada de 1979 de 10 derrotas por solo dos victorias. Cuando se echa un vistazo a los números de Jefferson en Baseball-Reference.com y se revisa sus “colegas similares”, es comparado con peloteros como Pete Broberg; Pete Smith, Paul Wilson y su compañero de equipo en Toronto, Dave Lemanczyk, todos pitchers considerados fenómenos en su momento quienes solo a ratos demostraron todo lo que podían dar. Los Azulejos de 1980 era un equipo a punto de cambiar su piel de invitado de expansión. En la cuarta temporada de la franquicia, la marca del equipo a mediados de mayo andaba en 17-12. Peloteros como el pitcher Dave Stieb empezaron a surgir, junto al co-ganador del premio Novato del Año, Griffin, los jugadores del cuadro como Willie Upshaw y Dámaso García, un futuro todos estrellas en segunda base. El debut de grandes ligas del jardinero central ganador del guante de oro Lloyd Moseby estaba a menos de un mes de distancia. Para todos los involucrados, era muy claro que los peloteros circunstanciales de la expansión como Jefferson, Dave Lemanczyk y Bob Bailor verían disminuir su tiempo de juego ante la llegada de esos jóvenes. Jefferson empezó su noche ponchando a Rickey Henderson y luego a Dwayne Murphy con nueve pitcheos. Luego vino un sencillo de Mitchell Page y un elevado de Dave Revering para cerrar el inning. Norris salió del cierre del primer inning con un boleto y tres elevados. El segundo inning de Jefferson fue parecido al primero, un elevado y dos ponches, una de las víctimas fue Antonio Armas, el jardinero derecho de gran brazo quien más adelante esa temporada empezó su escalada para convertirse en un de los principales bateadores de poder de principios de la década de 1980. El segundo inning de Norris, fue igual que el primero: un boleto y tres outs. En el tercero, Jefferson permitió su primer imparable, un sencillo del campocorto Mario Guerrero, pero medio inning más tarde, Norris tuvo una experiencia similar, al recibir sencillo del jardinero central Rick Bossetti antes de sacar los tres outs. En el cuarto, Jefferson enfrentó la parte media de la alineación. Un boleto y tres outs fue el resultado. A su vez, Norris aplacó el corazón de la alineación con un roletazo débil a segunda base y dos ponches. Luego de cuatro innings en aquella noche de Toronto, Jefferson se enfrentaba a la emergente estrella de pitcheo de los Atléticos de Billy Martin y resistía, Cuando se es talentoso, algunas noches simplemente se tiene todo. Aun cuando tu oponente te supera por momentos, te mantienes arriba. En el quinto, el cátcher de Oakland, Jeff Newman descargó un doble por la banda contraria, hacia la derecha, y un rodado de Guerrero por primera base llevó a Newman hasta tercera base. Pero este era el Jesse Jefferson a quien el gerente general de los Medias Blancas, Roland Hemond, adquirió en 1975, el que los Azulejos draftearon en 1976, el Jesse Jefferson que todos soñaron. Un ponche a Rob Picciolo llevó a una confrontación de hombre en tercera con dos outs ante Henderson, un jugador de segundo año cuya vista en el plato era tan destacada como sus pies en las bases. Newman se aburrió con Henderson, quien bateó un elevado débil hacia la derecha para terminar el inning. Mientras tanto, Norris salía rápido de la parte baja de la alineación de Toronto, y el juego llegaba al sexto inning sin carreras. Norris piensa en las 12 carreras que sus compañeros anotaron contra los Azulejos la semana anterior, recuerda tratar de permanecer tan calmado como fuese posible en esas circunstancias. “Tienes que ir out por out, y no dejar que tus emociones te hagan malgastar pitcheos. Para lanzar juegos completos, hay que revisar la cantidad de pitcheos que se hacen ante cada bateador. Aprendí a disminuir mis pitcheos, y el screwball fue de mucha ayuda. Lo hacía parecer como una recta, pero la pelota termina rompiendo de otra forma y usualmente hace que el bateador conecte roletazos. Entonces los bateadores no quieren llegar a cuenta de dos strikes conmigo, no pueden batear ese envío, por eso le hacen swing a cualquier cosa al principio del conteo. Minimizar mi número de pitcheos era la clave para lanzar nueve innings. Obviamente, si haces 150 pitcheos, no tendrás nada en la bola para el noveno inning”. Jefferson caminó a Murphy, y Martin, viendo el panorama de cuadro normal que tenía al frente, ordenó a su tercer bate, Page, tocar la bola por tercera base. Murphy pasó a segunda, un out. El cuarto bate zurdo, Revering, trató de batear hacia la banda contraria pero solo consiguió un elevado débil a manos de Al Woods en la izquierda, no pudo llevar el corredor hasta tercera base. Había dos outs, pero Jefferson estaba lejos del final del inning. Un boleto a Wayne Gross puso corredores en primera y segunda con Armas al bate. Los grandes managers, y Martin con todos sus episodios de adicción y autoestima, fue uno de los grandes generales de campo de todos los tiempos, son capaces de reaccionar ante las circunstancias y ajustar su plan de juego. Con uno de los bates más temibles del equipo en el plato, Martin trató de distraer a Jefferson haciendo que los corredores tomaran bastante terreno en primera y segunda. Jefferson no era conocido por cuidar a los corredores, así que Oakland ejecutó el doble robo, Murphy llegó hasta tercera mientras Gross se apoderaba de la intermedia, la cuarta de cinco bases robadas que tendría en 1980. Ahora había corredores en segunda y tercera, dos outs, y Armas en el plato. Si el jardinero derecho de los Atléticos hubiese enfrentado al Jesse Jefferson del lapso 77-79 con los Azulejos, casi de seguro manda a volar una recta de 94 millas hacia los asientos encima del anuncio de Brewers de la pared del jardín izquierdo. En otra noche, un sencillo de dos carreras podría haber sido suficiente apoyo para que Norris diera fácil cuenta de los Azulejos en ruta a su segundo blanqueo de la temporada y su sexta victoria seguida. Pero esa noche, Armas no podía ver los envíos de Super Jesse Jefferson, ese con el cual los coaches de pitcheo habían soñado por más de una década, la esperanza del entrenador Clarence Washington de Carver High School, clase del ’68, el orgullo de Midlothian, Virginia, que nunca había visto a ninguno de sus hijos pitchear en un montículo de grandes ligas, el Jesse Jefferson para quien Zan Hollander predijo grandes cosas. El Jesse Jefferson que estaba listo para ganar en grande en las mayores. Ponche. Se terminó el inning. Excepto un doble de Woods al jardín derecho, Norris dominó fácilmente a los Azulejos en el cierre del sexto. El séptimo inning de los Atléticos transcurrió de manera similar: ponche, elevado, sencillo. Henderson trató de descifrar a Jefferson, el resultado fue una línea por la banda contraria atrapada por el jardinero derecho de los Azulejos, Barry Bonnell. Norris dominó la parte baja de la alineación en la parte baja del inning: elevado a Murphy en el centro, roletazo débil por primera base, ponche. Cero a cero en siete innings. No era que Jefferson nunca había tenido un juego como ese en su carrera. Su apertura de novato con los Orioles contra Carlton Fisk, Reggie Smith, Carl Yastrzemski y el resto de los Medias Rojas terminó en una victoria 2-1 en 10 innings. Pero habían pasado seis años desde esa actuación y casi dos temporadas desde su último blanqueo. Según Norris, a medida que el juego avanzó, todo favoreció a Jefferson. “No era tanto que su confianza creciera en cada inning, su pecho empezó a sobresalir más, y pienso que su curva le estaba rompiendo muy bien; estaba imbateable ese día. Se paraba más erguido en el montículo, y más adelante en el juego, al terminar el inning, miraba hacia mi en el dugout con una pequeña sonrisa”. Como en una película deportiva dirigida por Scorsese, casi se podía oir “Gimme Shelter” en la banda musical mientras Jefferson y Norris atravesaban los innings con facilidad. Recta: Elevado a la derecha. Recta cortada: Elevado a la izquierda. Recta cortada: Elevado a tercera base. El público ruge mientras los Azulejos regresan al dugout. Jesse Jefferson mira a Mike Norris de arriba abajo con una media sonrisa. Norris acepta el reto con sus ojos, y ladea la cabeza. Recta. Elevado a la derecha. Recta cortada: Roletazo caliente que el segunda base toma de cabeza para robar un imparable. Recta cortada: Elevado profundo atrapado por el jardinero central. Norris mira a Jefferson mientras camina con un apenas perceptible toque de su gorra. Entonces llega el noveno inning. La mitad del inning de trabajo de Jefferson fue suave. Ponche. Elevado. Elevado a primera. Se acabó el inning. … La mitad de Norris fue algo diferente. “Al Woods trabaja ahora conmigo aquí en Oakland en nuestra Urban Baseball Academy que patrocinan los Atléticos. Él estaba al rojo vivo a principios de ese año, bateaba por encima de .350, estaba intratable. Así que Al viene y batea una línea por el montículo que yo detengo con el pie estilo futbolista y la pelota queda a un metro frente a mí. La ataqué, la tomé y lo hice out por medio paso. Me sorprende que este sea uno de los momentos que más recuerdo de ese juego. Estaba desesperado por impedir que ese batazo pasara hasta los jardines. Hice todo lo que pude para evitar que Al bateara un imparable”. El estado mental de Norris lo sacó de concentración cuando le tocó enfrentar al próximo bateador. El sencillo de Roy Howell al jardín derecho puso la carrera ganadora en primera base. Entonces vino a batear John Mayberry. “Je, je, el gran John”, rió Norris, “Los aficionados no recuerdan lo intimidante que era Mayberry”. El primera base de los Azulejos, quién terminó su carrera con un OPS+ de 123, era un bateador selectivo. Para ser un corpulento bateador de poder, Mayberry nunca se ponchó más de 86 veces en una temporada, y negoció más de 100 boletos dos veces, para liderar la liga en ambas oportunidades. Los periodistas deportivos de ese momento, a menudo decían que Mayberry podía echarse el equipo al hombro cuando se enrachaba. Tuvo siete temporadas con más de veinte jonrones en la década de 1970 (principalmente como miembro de los Reales de Kansas City), y quedó segundo en la votación del jugador más valioso en 1975, mientras disfrutaba una temporada de 30 jonrones. Norris trataba de lanzar sus juegos enfocándose al máximo en el bateador y se tomó su tiempo en el montículo con Mayberry. Los peloteros no solían llevar un registro detallado de sus rivales, especialmente en la era pre-internet, pero la mayoría estaba consciente de la selectividad de Mayberry en el plato. Norris sabía que tendría que depender del pitcheo que sus coaches le habían advertido arruinaría su brazo, con la carrera del triunfo en primera, dos outs y el público de pie. “Billy hizo que Art Fowler nos enseñara a lanzar la bola de saliva seca, la cual tenía el mismo efecto que mi screwball, pero realmente en menor grado. La bola de saliva seca solo se hunde, el screwball cambia de velocidad y dirección. Parecía una recta, y entonces a tres cuartos de recorrido, se activa la rotación. Muchos bateadores me dijeron que parecía un pitcheo de Bugs Bunny (El Conejo de la Suerte) se detenía en un punto de la trayectoria, cambiaba de dirección y rompía fuera del alcance del bateador. Ellos ven una recta de dos costuras alejándose, y tratan de ajustarse, entonces empieza a hundirse. Así que ahora tienen las manos arriba, sin contrapeso, y todo lo que pueden hacer es cambiar el swing y batear roletazos. Puedo colocar mi pitcheo a la altura de la cintura, y ellos todavía batearán contra el piso. Eso fue lo que hice con Mayberry. Era todo lo que podía hacer”. Pero fue suficiente, ponché al bateador de poder que rara vez lo hacía, hice que la multitud se sentara. En 2018, Norris y Jefferson seguramente hubiesen salido del juego después del octavo inning, probablemente después del séptimo. En 1980, aquella noche, ambos fueron a extra-innings. En el décimo, Jefferson retiró con facilidad a Guerrero y Picciolo mediante elevado a primera y ponche, él décimo de Jefferson en el juego. Henderson le negoció boleto a Jefferson en su envío 135. Sospecho que Martin sabía del potencial de Henderson, pero en ese momento, Henderson solo había robado 13 bases en una temporada donde conseguiría 100. El manager de los Atléticos dejó batear a Murphy sin enviar a Henderson al robo. De todas formas, eso no importó: elevado de foul a primera base, fin del inning. Norris, llevó a la cansada defensiva de los Azulejos de regreso al campo rápidamente: roletazo, elevado, elevado. Rumbo al undécimo, 0-0. Super Jesse Jefferson dominó a los Atléticos: roletazo, elevado, elevado. En el cierre del undécimo, Norris caminó al bateador emergente Bob Bailor. El abridor de la alineación, Alfredo Griffin llevó a Bailor hasta segunda base mediante toque de sacrificio; Bossetti caminó. Woods la rodó hacia lo profundo detrás de segunda base, muy lejos para que Picciolo ejecutara el dobleplay, pero evitó la carrera y perder el juego, al menos por el momento, al retirar a Woods en primera. Corredores en segunda y tercera, dos outs. Howell entró a la caja de bateo. El tercera base de los Azulejos, quien le había conectado sencillo a Norris en el noveno, intentaba terminar el juego en el undécimo “Roy Howell me dio algunos buenos batazos esa noche”, recordó Norris. “Él y Al Woods me causaron problemas todo el juego. Algunos batazos pasaron, otros no”. Como en la escena final de “The Good, The Bad &The Ugly”, de Sergio Leone, hay tres hombres involucrados: Norris, Jefferson y ahora Howell. Norris, quien había pasado de 140 envíos; Howell, quién pensaba que tenía el número de Norris, y Jesse, quien puede haber estado en la acera favorecida de la batalla de beisbol más pura de los últimos 30 años. Norris estaba listo. Jefferson miraba desde el dugout. Howell esperaba. Viene el lanzamiento… ¡Sencillo a la derecha! ¡Bailor anota! ¡Ganan los Azulejos! … El 16 de mayo de 1980, Jefferson era el mejor pitcher del beisbol. Hasta la fecha, este enfrentamiento entre Norris vs Jefferson es el único desafío en la historia del beisbol donde dos pitchers abridores afroamericanos llegaron hasta el undécimo inning de un juego sin carreras. El sencillo ganador de Howell también acabó con la seguidilla de Norris, de 35 innings sin permitir carreras limpias. Inmediatamente después de la derrota, Norris empezó a entender completamente la dificultad de hacer realidad su sueño de 30 victorias en una temporada. Necesitaba drenar sus frustraciones. “Tuve un pequeño arranque temperamental despues del juego y destrocé el baño del clubhouse del visitador, los lavamanos, las duchas, las pocetas, je,je, especialmente las pocetas. Eso duró unos diez minutos, pero pareció una eternidad. Despues que salí del baño con un bate roto, todos me quedaron viendo como si me hubiese vuelto loco, excepto Billy Martin”. Por una coincidencia divertida ese día era el cumpleaños del manager de Oakland. Mientras Norris estaba muy molesto por fallar en darle a su estimado manager una victoria como regalo, Martin le dio varios presentes en forma de elogios a su caballo de batalla. “Nunca olvidaré eso”, dijo Norris, “Billy me miró, ladeó su cabeza y dijo ‘Michael Norris, ahora eres el as de mi rotación’. Billy odiaba perder, y al mostrarle que también yo odiaba mucho perder, me parece que eso demostró que tenía lo que hacía falta para ser el as de su rotación. Ese juego me cambió la vida”. Martin continuaría permitiéndole a Norris llegar lejos en los juegos el resto de ese año. “Lancé 14 innings ante Baltimore en junio”, rio Norris, “Un triunfo de 10 innings contra Milwaukee en julio, un cerrado duelo contra Darrell Jackson y los Mellizos en agosto, ´él era otro pitcher negro, y entonces me fajé por 11 innings contra los Rangers y mi excompañero de equipo Doc Medich. Fue una de las primeras veces que recuerdo que mostraron la velocidad de los lanzamientos en la pizarra. Vi que Doc marcaba 90 millas en la pistola de radar y yo llegaba hasta 88. Je, je, me sentía frustrado. Pero gané, y Billy siguió creyendo en mí. Me gustaba mucho jugar para ese hombre”. Norris terminó la temporada con marca de 22-9 y 23 juegos completos, segundo en la votación del premio Cy Young de la Liga Americana. Jesse Jefferson nunca más tendría una noche como esa, estuvo sin ganar para los Azulejos hasta finales de julio. Fue reclamado en waivers por los Piratas de Pittsburgh en septiembre de 1980, pasó las últimas tres temporadas de su carrera pitcheando en México. Jefferson falleció el 8 de septiembre de 2011, a la edad de 62 años. Está enterrado en el First Bapist Church Cemetery de Midlothian, Virginia. “Eso asusta”, dijo Norris, “Hemos perdido muchos amigos de la comunidad del beisbol antes de tiempo estos últimos años, inquilinos del Salón de la Fama y tipos que solo se tomaron un café. Pero les puedo decir…que Jesse fue un superestrella esa noche”. En 1990, Dave Stewart de los Atléticos de Oakland, sería el último pitcher, más allá de ser afroamericano, en lanzar un blanqueo de 11 innings, pero 10 años antes, 16138 aficionados en el Exhibition Stadium de Toronto presenciaron el duelo más grande efectuado entre pitchers abridores negros de la historia del beisbol. Referencias and Recursos • Zander Hollander, The Complete Handbook of Baseball, 1974 • Zander Hollander, The Complete Handbook of Baseball, 1976 • Zander Hollander, The Complete Handbook of Baseball, 1977 • Mike Norris, BlackballedTwice, 2017 • UPI/AP Combined, “Surgery For Young Oakland Pitcher,” April 30th, 1975 • Baseball-Reference Traductor: Alfonso L. Tusa C. Notas del traductor: Números de Jesse Jefferson con los Tigres de Aragua en las temporadas 1972-73 y 1976-77: 31 JL, 7 JC, 12 G, 14 P, 177 IP, 168 HP, 68 CL, 110 K, 83 BB, 3.46 EFEC. Números de Mike Norris con los Navegantes de Magallanes en la temporada 1978-79: 9 JL, 3 JC, 4 G, 2 P, 77.1 IL, 54 HP, 21 CL, 53 K, 31 BB, 2.44 EFECT. Números de Dwayne Murphy con los Tiburones de La Guaira 1976-77: 16 J, 55 VB, 12 CA, 18 H, 3 2H, 5 CE, 17 BB, 6 K, 1 BR, .327 PROM. Números de Dwayne Murphy con los Leones del Caracas 1979-80: 45 J, 137 VB, 27 CA, 45 H, 5 2h, 12 HR, 33 CE, 35 BB, 34 K, 11 BR, .328 PROM. Números de Mitchell Page con los Navegantes del Magallanes en las temporadas 1976-77, 1977-78, 1978-79: 135 J, 550 VB, 102 CA, 165 H, 33 2H, 9 3H, 24 HR, 118 CE, 71 BB, 105 K, 22 BR, .300 PROM. Números de Antonio Armas con los Atléticos de Oakland en 1980: 158 J, 628 VB, 87 CA, 175 H, 18 2H, 8 3H, 35 HR, 109 CE, 29 BB, 128 K, .279 PROM. Números de Rob Picciolo con los Tigres de Aragua en la temporada 1977-78: 7 J, 12 VB, 1 H, 2 CE, 1 K, .083 PROM. Números de Barry Bonnell con Cardenales de Lara en la temporada 1978-79: 35 J, 140 VB, 23 CA, 44 H, 7 2H, 4 3H, 4 HR, 22 CE, 11 BB, 14 K, 2 BR, .314 PROM. Números de Bob Bailor con los Navegantes del Magallanes en las temporadas 1973-74, 1974-75, 1975-76: 124 J, 523 VB, 85 CA, 152 H, 20 2H, 6 3H, 31 CE, 48 BB, 33 K, 12 BR, .291 PROM. Números de Dave Stewart con los Leones del Caracas en la temporada 1980-81: 10 JL, 1 JC, 3 G, 5 P, 58 IL, 61 HP, 32 CL, 37 K, 27 BB, 4.97 EFECT. Números de Dave Stewart con las Águilas del Zulia en la temporada 1981-82: 3 JL,2 JC, 1 G, 1 P, 24 IP, 12 HP, 6 CL, 10 K, 8 BB, 2.25 EFECT.

Magallanes y Zulia se intercambian a Tábata, Boscan y 2 peloteros más.

El Emergente. 01 de Marzo 2018. Las Águilas del Zulia y los Navegantes de Magallanes cerraron este martes un pacto que involucra a cuatro peloteros, mediante el cual los rapaces reciben al patrullero y ex grandeliga José Tábata y los turcos toman al pitcher y también ex bigleaguer Wilfredo Boscán, informaron fuentes con conocimiento de la negociación. El convenio es el tercero en el que participa la gerencia de la nave desde el final de la campaña 2017-2018, todos involucrando lanzadores de largo metraje para integrar la rotación de abridores del ratificado manager Omar Malavé. Otros dos jugadores estuvieron envueltos en el convenio. El campocorto y prospecto Humberto Arteaga va a los zulianos, en tanto que el joven monticulista Luis Carrasco va a los carabobeños. El periodista Efraín Zavarce reportó primero la noticia, que ratificaron integrantes de los equipos bajo condición de mantenerse en reserva. Ninguna de las divisas comunicó oficialmente el cambalache hasta una vez que transcurrió la mañana de este miércoles, cuando se hizo oficial. Tábata sale de la divisa en la que quería jugar y a la que pidió ser cambiado cuando pertenecía a los Navegantes del Magallanes. Aquello era una condición para volver a actuar en la LVBP, lo que finalmente hizo cuando su petición fue satisfecha y pasó a los bucaneros. Aquella solicitud del jardinero se debió a querer militar en el club cuya sede, Valencia, queda en la misma ciudad donde reside cuando se encuentra en Venezuela. Ignacio Serrano.

Yohán Pino se estrenó la camisa del Magallanes

El Emergente. 22 de febrero de 2018 A pesar de que está por viajar al extranjero, donde firmó contrato, y no hay acción en la LVBP, el lanzador Yohán Pino se puso la camiseta del Magallanes, su nuevo equipo en Venezuela, y participó en una sesión de fotos y preguntas con el departamento de prensa de los turcos. Pino estuvo de visita este miércoles en el estadio José Bernardo Pérez, subió al montículo al que trepó tantas veces con el uniforme de los Tigres y se prestó para varios retratos, al tiempo que manifestaba su sorpresa, y también satisfacción, por defender ahora a los Navegantes. “Estoy contento de estar aquí, es un equipo de mucha tradición”, le dijo el aragüeño al periodista Hugo Guerrero, del equipo de medios de la nave. “Me tomó un poco por sorpresa, pero así es este negocio; ahora me toca dar al ciento por ciento por Magallanes, para ganar el campeonato”. “Siempre los cambios son para mejor, pero me tomó por sorpresa”, reiteró. “Nunca pensé que los Tigres me llegarían a cambiar, pero estoy aquí ahora con Magallanes y espero jugar todas las temporadas posibles, unas cinco o seis, si me mantengo sano”. “Me llamaron antes y les dije que estaba de acuerdo”, continuó. “Me dijeron que quieren que sea abridor y estoy dispuesto a ayudar al equipo en cualquier rol. Trataré de luchar por ese puesto (de número uno en la rotación). Es un equipo con mucha tradición, la camiseta pesa. Magallanes está acostumbrado a ganar y eso quizás puede generar un poco más de presión. Pero espero tener buenos resultados”. Pino tenía invitación para probar nuevo equipo en México. En cambio, prefirió un pacto garantizado en Italia. “Esa liga ha crecido mucho, es muy competitiva”, sostuvo. “Así como he lanzado aquí, en Estados Unidos y en Corea, allá también daré el ciento por ciento. Este año quiero bajar la cantidad de innings y allá son menos juegos. Eso me permitirá recuperarme más rápido para estar aquí la temporada completa”. Ignacio Serrano.

Magallanes adquiere a Henderson Álvarez en pacto de 4 jugadores

El Emergente. 16 de febrero de 2018. Los Navegantes y los Tiburones cerraron este viernes un cambio que involucra a cuatro jugadores, mediante el cual pasa a la nave el grandeliga Henderson Álvarez, segundo pitcher abridor que adquieren los turcos en menos de una semana. El acuerdo es el primero del nuevo gerente general de los escualos, Luis Blasini, desde que asumió el cargo, iniciando también lo que muchos observadores esperan que sea una nueva faceta más agresiva de los salados en el mercado de la LVBP. Magallanes recibió también al infielder José Gómez, un campocorto que también defiende segunda y tercera, con muy buenos números en las Ligas Menores hasta ahora. La Guaira adquirió a dos hombres para su nómina: el inicialista Samir Duéñez, un prospecto muy bien cotizado en la organización de los Reales de Kansas City, por su proyección ofensiva, y el receptor Juan Apodaca. Duéñez le da a los litoralenses un madero que pueden usar también en los jardines, mientras que Apodaca los dota de un catcher de experiencia, que mucha falta les hizo en el torneo 2017-2018, en el que, por lesiones de Miguel González, debieron dar gran responsabilidad al novato Arvicent Pérez. Los filibusteros adquirieron días atrás al también iniciador Yohán Pino en un acuerdo de cinco peloteros con los Tigres de Aragua. Ignacio Serrano.