viernes, 21 de junio de 2019

La Carrera que Hundió a Pittsburgh

Sid Bream. Beisbolista retirado. The Players’ Tribune. 16 de octubre de 2017 Puede que haya corrido ignorando una señal de parada. Honestamente no lo sé. No podria asegurarlo. Las personas se me han acercado a través de los años y me han dicho que nuestro coach de tercera base, Jimy Williams, levantó sus brazos y me estaba diciendo que me detuviese mientras la pelota llegaba a las manos de Barry Bonds esa noche de miércoles en Atlanta hace 25 años. Pero si lo hizo, nunca recibí el mensaje. Nunca mire a Jimy mientras me acercaba a tercera base. En verdad, ni siquiera pensé en mirarlo. Estaba solo… …moviéndome tan rápido como me lo permitieran mis piernas. Todo lo que pensaba era hacer todo lo que estuviese a mi alcance para anotar la carrera del triunfo en el séptimo juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional y conseguir la victoria ante los Piratas de Pittsburgh que nos enviara a la Serie Mundial. Eso se puede ver en mi rostro…lo mucho que quería eso. Lo extraño es, que si se va y se mira el video de esa jugada, no se ve a Jimy en la toma. Las cámaras de televisión nunca lo enfocaron. Así que no tengo idea. Y, epa, eso me recuerda, antes detenerme aquí y detallar lo que ocurrió en aquel séptimo juego, que tal vez ustedes me puedan hacer un favor. Si están leyendo esto, y por alguna razón tienen una grabación con una toma más amplia de ese juego, por favor…envíenmela. Me gustaría saber si me ordenaron que me detuviera o no, si todo lo que ocurrió después de ese momento fue en parte porque no escuché a mi coach de tercera base. Eso haría esta historia aun más loca. Pero créanme, ya es muy loca. ________________________________________ Es imposible para mí pintarles una fotografía completa de cómo ocurrieron las cosas al final de ese juego, y lo que eso significó para mí, sin primero hacer un poco de retrospectiva. Dos años antes de ese juego de serie de campeonato, yo era el primera base regular de los Piratas de Pittsburgh. Y treinta años antes…nací en Carlisle, Pennsylvania. Soy un muchacho de Pennsylvania. Sin duda. Así, que cuando los Dodgers me cambiaron a los Piratas en el ’85, eso fue como un sueño hecho realidad. Al principio hubo algunos años duros, pero nuestro equipo empezó a cambiar bajo los auspicios de Jimmy Leyland y Syd Thrift, y eventualmente nos convertimos en ganadores de la división. Entones yo estaba jugando buen beisbol, pero también hice muchos buenos amigos para toda la vida, tipos como Jeff King y Gary Redus y Doug Drabek. Doug y su esposa, Kristy, se hicieron muy buenos amigos míos. Nuestros hijos tenían casi las mismas edades, así que nuestras familias compartían mucho. Éramos como padrinos para sus hijos. Por lo tanto, cuando firmé como agente libre con los Bravos luego de la temporada de 1990, después de haber pasado más de cinco años en Pittsburgh, eso fue un movimiento difícil. Los ejecutivos de los Piratas habían declarado en la prensa de Pittsburgh que yo era su primera prioridad de firma para la temporada del ’91. El problema fue que en las negociaciones, nunca llegaron cerca de estipular un precio para un contrato. Entonces Atlante me hizo una oferta y no la pude rechazar, pero la noche cuando acordé verbalmente esa negociación, literalmente toda esa noche, mi esposa y yo nos sentamos a llorar en la cama ante la idea de irnos de Pittsburgh. Así que tratamos de quedarnos en Pittsburgh y de aceptar el contrato que ofrecían los Piratas, pero yo quería una clausula que vetaba cualquier tipo de cambio en esa negociación. Los dueños de los Piratas dijeron que no, y dije que si yo era su primera prioridad, odiaría ver cual era su última. Nos gustaba mucho el area y las personas, y…todo. Cuando tuve que decírselo al manager, todo se complicó aun más. Recuerdo haber llorado en el hombro de Jim al reconocer que lo iba a dejar, y creo que él también se sintió triste por el hecho de mi partida. Fue un momento duro debido a todos los amigos que dejábamos. Entonces vino la serie de campeonato de la Liga Nacional de 1991. Después que vencimos a los Piratas para pasar a la Serie Mundial de ese año, yo estaba muy triste pensando que mis amigos de Pittsburgh tal vez nunca tendrían la oportunidad de ir a una Serie Mundial. Estaba feliz por mis compañeros de los Bravos, pero también adolorido por mis otros hermanos. Entonces empezó otra temporada, y al final de esta Bravos y Piratas disputaban otra vez la oportunidad de ir a la Serie Mundial en el ’92. Los sucesos de la serie de campeonato de la Liga Nacional determinaron que tuvimos que jugar un séptimo juego en Atlanta para decidir quien avanzaría. Y en el séptimo juego, Doug Drabek lanzó toda una joya por ocho innings. Cinco imparables, un boleto, cero carreras. Nos silenció por completo. Estaba bordando sus envíos. Dominio total. Caminábamos de vuelta al dugout ladeando la cabeza, uno tras otro. Despues de ocho innings, estábamos abajo 2-0. Entonces llegó el noveno inning. ________________________________________ Cuando Terry Pendleton empezó el inning con un doble por la línea del jardín derecho, pareció que algo había cambiado. Aunque Doug nos hacía parecer tontos, todavía creíamos en el fondo de nuestros corazones que podíamos regresar y ganar el juego, y el batazo de Terry le dio vida a esa creencia. De pronto, cuando él golpeó esa pelota, todo pareció posible para nosotros. Pocos momentos después ocurrió esto: Ahora, para aquellos de ustedes que pudieran ser un poco jóvenes, o quienes lo desconozcan, el segunda base era Chico Lind. Bien, José Lind. Pero todos lo llamaban “Chico”. Era una de los mejores camareros defensivos con los que jugué. ¡Era muy bueno! Durante ese año, 1992, ganó el guante de oro. Chico hizo 745 lances defensivos esa temporada, y cometió un total de seis errores. Seis. Hacía esa jugada 999 veces de cada 1000. Así que no esperaba lo que vi durante el noveno inning del séptimo juego en Atlanta. Fue toda una sorpresa para mí. Más que todo, eso enardeció extremadamente a nuestra fanaticada mientras me aproximaba al plato con corredores en primera y tercera sin outs. Le había conectado un doble a Doug temprano en el juego, así que estaba relajado. Siempre que había mucho ruido en un juego, yo era capaz de concentrarme y bloquear todo lo que ocurría alrededor. Se que mi estómago estaba agitado y me decía, ¡No seas idiota…haz lo que tienes que hacer! Fui capaz de mantenerme enfocado en lo que necesitaba hacer. No me dejé impresionar por el momento, o en pensar en sacar la pelota del parque en ese turno…pero si lo hacía, eso habría significado el juego de pelota. Buscaba un imparable. Contacto sólido. Hacer mi trabajo. Cuando Doug soltó el primer envío, una pelota quebrada, la vi rebotar frente al plato. No estuvo cerca. Bola 1. Estaba adelante en la cuenta. Ocupaba el asiento del conductor, Bola 2. Bola 3. Para ese momento, la multitud había enloquecido. Coreaban: “¡Sid! ¡Sid! ¡Sid! ¡Sid!” Ahora, no puedo decir con seguridad si Doug sentía la presión, pero puedo decir que lo próximo que ocurrió no era algo que él hacía regularmente. Honestamente eso me sorprendió. Bola 4 … alta y afuera. Me concedió el boleto con cuatro lanzamientos. Doug Drabek, un tipo conocido por su gran control, me caminó con cuatro envíos para llenar las bases. Despues que Leyland sacó a Doug y trajo al cerrador de los Piratas, Stan Belinda, Ronnie Gant bateó un elevado de sacrificio para poner el juego 2-1, con un out. Entonces Belinda boleó a Damon Berryhill para llenar las bases otra vez y moverme hasta segunda base. David Justice estaba en tercera base con la carrera del empate. Y yo en segunda como potencial carrera de ganar el juego. Ahora, en este punto necesito tomar un momento para hacer una pequeña nota al margen. Para que se entienda completamente la situación y como estaban las cosas, necesito decir que… Para ese momento yo era un corredor muy, muy lento. De hecho, seré el primero en decirle a cualquiera que pregunte que era probablemente la peor persona a tener en base en una situación donde se necesitaba desesperadamente anotar una carrera desde segunda. Al principio de mi carrera, yo tenía lo que algunas personas les gustaba llamar “velocidad sneaky”. Pero para este momento, era un tipo de 32 años de edad con seis operaciones de rodilla y una gran rodillera en mi pierna. Nadie me iba a confundir con un velocista. Ni a mi, ni a los peloteros de los Piratas, ni mucho menos a mi manager, Bobby Cox. Así que, naturalmente, me imaginaba que me iban a sacar por un corredor emergente después que llegué a segunda base. Lo que ocurría era que teníamos muy pocas opciones en la banca. Bobby me había dicho muchas veces a través de los años que no podía hacer ese tipo de cambio porque no tenía a nadie más quien pudiese jugar primera base si me sacaba. Pero…no sé. Brian Hunter estaba disponible para jugar primera base después de batear como emergente en el noveno inning, lo mismo que Francisco Cabrera. El problema que yo veía para Bobby Cox, era quien iba a jugar segunda base. Había sacado a Mark Lemke por un bateador emergente, no teníamos a nadie quien jugara segunda. En mi opinión, no para criticar a Bobby, porque fue un gran manager, teníamos muchos pitchers en el bull pen que eran más rápidos que yo. Cualquiera de ellos hubiese funcionado como corredor en ese momento. Pero Bobby no hizo el movimiento, y hasta este día sigo hablando de eso. Creo saber porque, y es que Dios había servido la escena para mí. Me mantuvo allí. Pero cualquiera haya sido la razón, Bobby me dejó. No sé. Tal vez tuvo una corazonada. ________________________________________ Francisco Cabrera era el último jugador de posición que quedaba en nuestra banca. Si no iba a ser él quien viniese a batear de emergente con dos outs por Jeff Reardon con las bases llenas, tendría que ser un pitcher. Tom Glavine, o alguien por el estilo. Se sabe que Tom podía batear muy bien, pero Cabrera era el más indicado. Ese tipo, para ser honestos, probablemente tenía más poder que cualquier del equipo en ese año. Tuvo alguna dificultad para establecerse en una posición en el terreno, así que solo tuvo un puñado de turnos al bate esa temporada, pero él podía conectar la pelota muy bien. Parado en segunda base, sabía que él iba a batear ese imparable. Pero también sabía que cuando lo hiciera, yo iba a necesitar cualquier pequeña ventaja que pudiese tomar para anotar la carrera ganadora. Así que decidí trabajar en eso. Mi separación de la base, si se regresa a ese momento, fue gigantesca. Fue una separación ridícula. Absurda. Si los Piratas hubieran lanzado la pelota hacia segunda base en ese momento, habría sido aniquilado. Quemado. Se acabó el juego. Hubiera sido el chivo expiatorio de todos los chivos de los playoffs a quienes han sorprendido en las bases…pero eso no ocurrió. En el último lanzamiento del juego, mi pie derecho estaba tocando tierra justo cuando el bate de Frankie conectó la pelota. Como había dos outs no tenía que preocuparme hacia donde había sido bateada la pelota.. Solo arranqué. En ese momento, no pensaba en los brazaletes de los jardineros o que tan cerca estábamos de ganar el juego o que pudiera ocurrir después. “No estaba pensando en nada…solo movía mi cuerpo tan rápido como podía mientras la pelota sobraba a Jay Bell en el campocorto y se dirigía hacia Bonds en el jardín izquierdo. Años después, oi al jardinero central de los Piratas, Andy Van Slyke contar la historia de cómo, antes del último pitcheo, se había acercado a Barry y le dijo que jugara más adelante. Bonds, de acuerdo a Andy, solo le hizo la señal de la paz y se quedó donde estaba. No puedo decir si eso ocurrió o no, pero lo que diré es que si Barry se hubiese adelantado, puede haber estado en peor posición para hacer el tiro al plato. Si se observa el video, él tuvo que correr varios pasos a su izquierda para tomar la pelota. Si se hubiera adelantado antes del lanzamiento, su ángulo para atacar la pelota pudo haber dificultado su movilidad para hacer un tiro fuerte al plato. Y aquí esta lo otro. No se equivoquen; Barry hizo un tiro fuerte al plato. Fue un buen lanzamiento de un bote. Solo un poco desviado hacia primera base. Para mi fortuna. ________________________________________ Mis rodillas crujían cuando doblé por tercera base rumbo al plato. Eso es seguro. Por entonces, cada vez que tenía que correr duro, me dolían. Pero seguí embalado ¿saben a que me refiero? Tenía la misión de anotar esa carrera. Y cuando llegó el momento de deslizarme, las cosas se pusieron…interesantes. En los 25 años que han transcurrido desde esa noche, centenares de personas se me han acercado, miles tal vez, y me han dicho que maravilloso fue ese deslizamiento. Primero que todo, siempre me aseguro de agradecerles por eso. Pero en cada oportunidad, lo próximo que digo es… “¿A cual deslizamiento estabas mirando?” No hubo nada especial con el deslizamiento. Solo doblé mi rodilla y me deslicé hacia el plato. Fue un deslizamiento de pierna doblada que apenas cumplió el cometido. Así que no me gusta tomar algún crédito cuando la gente me dice que el deslizamiento fue grandioso. No estoy tan seguro de que ellos tienen razón acerca de eso. De lo que si estoy seguro, es de que mi pie tocó el plato justo antes que Mike LaValliere tomara el disparo de Barry y se volteara para tocarme. Si se ve la cinta con detenimiento, se verá que mi talón izquierdo llegó y tocó la esquina frontal del plato antes que Spanky (todos los llaman Mike, “Spanky”) me tocara con la mascota. Seguro que admito que la jugada luce dudosa…porque mi talón apenas hizo contacto, e inmediatamente salió del plato cuando Spanky me tocaba. Pero toqué el plato ahí. Créanme. Estoy 100% seguro de eso. Una vez que lo hice, empezó la celebración. NOTAS AL MARGEN Me estoy poniendo un poco viejo por estos días, y 25 años es un largo período para recordar, así que no recuerdo muchos detalles en términos de lo que ocurrió después. Sé que David Justice fue el primero que saltó sobre mí, y después vino una oleada de personas. Todos se apilaron encima., y cuando me levanté abracé a cada persona que vi. Pero más allá de eso, todo es algo confuso en ese punto. Las dos cosas en que probablemente pienso más de ese juego son, primero: Francisco Cabrera no recibió suficiente crédito. Hizo lo más difícil. Bateó el imparable…en una de las situaciones de más presión que se pueda imaginar. Todo lo que hice fue correr hacia el plato sin asentar los pies y hacer un feo deslizamiento que de alguna manera fue lo suficientemente bueno. La otra cosa en que pienso mucho, es como siendo yo la potencial carrera de la victoria, el hecho de que fuese yo específicamente, y no otro pelotero, resultara que esa juga haya sido tan emocionante como fue. Si el corredor hubiese sido algo más rápido que yo, la jugada no hubiera sido tan cerrada. Hubiese anotado la carrera ganadora sin problemas. Si el corredor hubiera sido más lento, Spanky lo hubiese puesto out y el juego continúa, porque se hubiera empatado y Bobby habría tenido que decidir quien iba a jugar segunda base. Pero como fui yo, esa jugada fue tan cerrada como pudo ser. Totalmente un bang-bang. Y por eso todavía las personas la recuerdan. Me parece que algunas cosas están destinadas a ocurrir. Hay que reconocer esto: Nunca más se tendrá una jugada con esa emoción otra vez, debido a la revisión de las repeticiones en el beisbol. Si eso hubiera ocurrido hoy, Jim Leyland habría pedido revisar la jugada, y toda la emoción se habría retardado mientras se esperaba el veredicto. ________________________________________ Después que terminó la celebración en Atlanta, y fuimos a jugar la Serie Mundial ante los Azulejos, recibí una amenaza de muerte de un enojado fanático de los Piratas. Todavía tenía una casa en Western Pennsylvania en ese momento, y cuando mi esposa y yo regresamos allí, un individuo enfermo llamó a nuestro teléfono y me dijo que me iba a matar y a toda mi familia. Llamamos a la policía, pero no ocurrió nada. Eso nos afectó por cierto tiempo. Ese incidente, más la desilusión de perder la Serie Mundial en seis juegos ante los Azulejos, significó que la alegría que experimenté aquella noche de miércoles en Atlanta no durara tanto como me hubiese gustado. Señores, esto es solo un juego. Nadie necesita ser así de malvado. Como se ha oído siempre: “¡Vive tu vida!” Si estás tan trastornado que tu respuesta a la derrota de tu equipo es hacer algo malvado, entonces estás enfermo. (Siento pena por el caballero de Chicago que se estiró para atrapar un elevado de foul en Wrigley Field durante la serie de campeonato de la Liga Nacional de 2003. Hizo lo que hace el 99% de los aficionados al beisbol en ese estadio habría hecho esa noche, pero él era el que estaba en esa silla. Su vida cambió para siempre debido a los malvados). Las cosas tienen que cambiar. El beisbol es solo un juego que tenemos que amar, y deberíamos animar a nuestros peloteros. Personalmente, estoy verdaderamente agradecido por la oportunidad de haber hecho algo que amaba hacer. ¡El beisbol es un gran juego! Y aquel juego de 1992, específicamente los últimos 15 segundos de él, me ha provisto de 25 años de experiencias maravillosas. Gracias a esa última jugada, y a ese tonto deslizamiento, y todo lo que ocurrió, he conocido muchas personas agradables y reflexivas que comparten sus memorias de aquel momento conmigo. Las personas todavía vienen hacia mi casi todos los días y quieren hablar de eso. Hablan de eso de manera diferente dependiendo de si estoy de vuelta en Pennsylvania, o en el sur visitando Atlanta…pero, no importa, ellos quieren hablar de eso. No importa si es en el aeropuerto, o en un restaurant, o si estoy parado en una luz roja, siempre hablan de la carrera ganadora que anoté. Me cuentan de cómo saltaron en la sala y tocaron el techo con los puños, o de cómo hubo algunas apuestas locas de salir a caminar desnudos en la calle del frente si yo anotaba. Lo he oído todo hasta este punto. ¿Y saben que? El tema nunca se agota. Nunca me canso de oir esas historias, o de revivir la jugada final con amigos que quieren compartir memorias de ese momento. Como lo veo, muchos tipos se retiran del juego, en un par de años, y pasan a la oscuridad. La gente los olvida. Y eso es todo. Pero la gente me recuerda, debido a “El Deslizamiento”. Y aunque solo se trate de una jugada en el curso de 12 años de carrera, aun siento que eso es muy agradable. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 20-06-2019. Nota del Traductor: Actuación de Sid Bream con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1982-83: 34 JJ, 15 CA, 15 CI, 33 H, 6 2H, 2 3H, 3 HR, .287 AVG.

viernes, 14 de junio de 2019

Desde Tovar Bracho hasta Tovar Ostos.

La noticia me paralizó la mirada y me dejó inmóvil frente al monitor por algunos treinta segundos. Un tuit de Carlos Feo informaba el fallecimiento de Carlos Tovar Ostos. De inmediato estaba en el lobby del Meliá Caracas, esa mañana realizarían la rueda de prensa para presentar el campeonato de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Había conseguido el número de teléfono de Tovar Ostos y se entusiasmó tanto con mi proyecto de libro “Aquellas Voces Deportivas” que acordamos una entrevista antes del acto de la liga de beisbol. A eso de las diez empezamos a conversar. Me agradeció por haber considerado a Carlos Tovar Bracho entre aquellos seis narradores del libro (Buck Canel, Pancho Pepe Croquer, Marco Antonio Musiú Lacavalerie, Felo Ramírez, Carlos Tovar Bracho y Delio Amado León). En mi opinión nada había que agradecer, Tovar Bracho está en el Olimpo de los mejores narradores deportivos venezolanos. La primera referencia que tengo de Tovar Ostos es un programa dominical hacia el final de la tarde por Radio Rumbos, allí compartía micrófonos con Hector Cordido, Alvis Cedeño y Carlos Tovar Bracho. El tono sereno y los conocimientos profusos lo acercaban a Tovar Bracho al igual que una impecable dicción y conocimiento del lenguaje. Se trataba de un programa de variedades deportivas con los últimos sucesos del fin de semana. A veces me confundía y no podía diferenciar quién hablaba de los resultados de los juegos de grandes ligas, si Tovar Bracho o Tovar Ostos. Cada quién intervenía con la misma pasión, conocimiento o profundidad referencial. La única manera cuando podía medio identificar quien hablaba era durante las intervenciones de Cordido o Cedeño, se dirigían a padre e hijo como Bracho y Ostos. El programa empezaba como a las cinco de la tarde y me parecía que el tiempo me había jugado una mala pasada cuando escuchaba la música que indicaba el final del espacio, miraba el reloj casi con ganas de estrujarlo. Sin embargo los datos de actualidad, las referencias históricas, la pronunciación de las palabras resonaban en mis parietales toda la semana. “Mi papá empezó a trabajar como locutor en una emisora de Valencia llamada La Radiotel. Siempre le gustó el beisbol desde sus días de jugador de primera base en el barrio Los Colorados. Era una pasión muy sustentada en el control y la disciplina, creo que por eso perduró en él toda la vida. Cuando se sentaba a escribir en su estudio, había que tocar la puerta cinco y hasta siete veces, entonces decía ‘adelante’ y se le notaba entre emocionado y relajado. A veces llegué a sorprenderlo practicando algunas modulaciones. Escuchaba el eco de la narración desde el patio y me escondía detrás de la puerta: ‘…es increíble amigos…Aparicio ha llegado hasta la grama del jardín central corto y ha lanzado desde allá para retirar para retirar en el salto a Victor Davalillo. El sonido de la pelota contra el mascotín de Mike Epstein resonó en toda la tribuna de la derecha…y allí está Pepe El Gritón animando a los parciales de La Guaira, ese tipo debe practicar natación o atletismo, no sé que suena más duro entre su voz y el sonido interno del estadio…’ Aunque sus relatos boxísticos tenían mucho picante ‘…Alfredo Marcano ataca con el gancho de derecha, esquiva los impactos del japonés, lo lleva hasta las cuerdas y conecta tres jabs seguidos al rostro y Kenji Iwata se estremece, ¡que tremenda demostración esta ofreciendo el orgullo del sector Puerto España de Cumaná!’” “Siempre me dijo que era esencial para un narrador deportivo transmitir pasión, emoción, pero sin olvidar el conocimiento, la perspectiva y sobre todo la objetividad, que aunque todos sabes es inalcanzable hay que tratar de acercarse al máximo a ella, como se busca estar cerca de la mujer que más te gusta. No sé como lo hacía, pero en lo más encendido de sus narraciones, cuando parecía identificado totalmente con un equipo o pugilista, de pronto, de la nada, se prodigaba en reconocimientos hacia los méritos del rival. Era toda una cátedra de sobriedad y equilibrio verlo compartir aquellas transmisiones de los juegos de pelota en el circuito de los Leones del Caracas con Delio Amado León. Siempre resaltaban los atributos de los peloteros del equipo de la casa, pero llegado el momento no les temblaba el pulso para reconocer los méritos del rival y prodigar los comentarios y adjetivos más respetuosos. Lo hacían con naturalidad, generosos, intensos, con tanta pasión como si hablaran de su equipo”. Fuimos de los últimos en pasar al salón donde iba a empezar la rueda de prensa. Le comenté a Tovar Ostos que en una ocasión ví a Carlos Tovar Bracho transmitir un juego de beisbol en los Juegos Nacionales Deportivos de 1975 desde las gradas del estadio municipal de Cumaná. Tovar Ostos sonrió y se ajustó los anteojos en el tabique nasal. “Mi papá siempre me dijo que debía estar preparado para hacer el trabajo en las condiciones más desventajosas. ‘Hay que cumplir los compromisos de la mejor forma’. Recuerdo que cuando transmitió los playoffs y la Serie Mundial de 1969 por RCTV, la primera vez que se transmitió ese evento en vivo en Venezuela, él siempre salía de la casa como a las diez de la mañana, mi mamá le hacía el desayuno y el almuerzo de una vez. Los fines de semana me llevaba al canal. Una vez que empezaba el juego, a eso de la una de la tarde, no había quien lo sacara del juego. A veces salían temas colaterales al juego y los peloteros y él siempre era el primero en retomar la secuencia del juego. Cuando le preguntaba porque siempre decía “juego legal” en el quinto inning, me dijo que si a partir de ese momento ocurría algún imprevisto y el juego era suspendido, el equipo que estuviese adelante en la pizarra se adjudicaba la victoria”. Se notaba un aire de nostalgia disimulada en los gestos de Tovar Ostos, un rictus de melancolía. Aunque la rueda de prensa estaba comenzando, seguimos hablando varios minutos más. “De aquellos playoffs y Serie Mundial de 1969, recuerdo mucho como comparaban pelotero a pelotero a los Mets con los Bravos primero, y después con los súper favoritos Orioles de Baltimore. Mi padre participaba en la discusión de todas las posiciones pero cuando llegaron al jardín central, yo notaba esa especie de sobresalto emocional que le veía en la casa cuando mi mamá le preparaba su comida favorita. Los otros comentaristas decían que Paul Blair aventajaba por mucho a Tommie Agee por su agilidad, por su elegancia y por ese instinto especial para jugar casi detrás de segunda base y regresar a tomar batazos en la zona de seguridad. Carlos Tovar Bracho reconocía la calidad de Blair, pero decía que Agee también era un gran jardinero central, que no se equivocaran con él. Yo sabía que él había traído a Agee como refuerzo del Magallanes a mediados de la década de 1960, pero nunca mencionó en esas transmisiones de RCTV que había contratado a Agee. Solo se remitía a destacar sus grandes cualidades defensivas y con el madero, como cuando hizo aquellas dos grandes atrapadas ante batazos de… y despachó un jonrón clave en el tercer juego de la Serie Mundial “ Seguimos hablando en voz baja mientras se hacían los últimos arreglos logísticos para arrancar el evento o cada vez que había alguna pausa en la rueda de prensa. “Carlos Tovar Bracho siempre me dijo que sus años como gerente deportivo de Orientales y Magallanes le había enseñado esa otra faceta del beisbol que pocos conocen, el trato diario con los peloteros, sus lesiones, sus problemas familiares, sus dificultades emocionales. La perspectiva de los directivos, sus caprichos, sus visiones, sus urgencias, sus arrancadas temperamentales. Todo eso le creo un bagaje, una bitácora, un faro que le mostraba las mejores alternativas para describir las incidencias de un juego, explicar las particularidades de un momento cumbre del desafío, matizar las penumbras de cualquier disputa de algún pelotero o el manager con los árbitros. Cuando lo observaba narrar un juego, me parecía que conociese de toda la vida a los peloteros de ambos equipos, que se supiera de memoria todas las reglas del beisbol. Siempre le preguntaba como hacía para saber todo eso, el solo sonreía y respondía casi silente: ‘Práctica, mucha práctica y muchísimo amor por el juego’…” Si su elocuencia y capacidad para saber encauzar la emotividad en los momentos determinantes de un juego de beisbol eran excepcionales, la efusividad de Carlos Tovar Bracho para delinear con maestría los detalles de una pelea de boxeo resultaba magistral, sin pausa, sin aliento, dibujaba y remarcaba cada detalle de la esgrima, de los impactos de los pasos comedidos del árbitro. Todavía tengo grabada en la memoria una pelea entre un panameño llamado Héctor Carrasquilla y un coreano del cual no recuerdo el nombre. La intensidad y alternabilidad de los púgiles en el comando de la pelea provocaron una de las andanadas descriptivas más profundas y épicas que haya escuchado a un locutor deportivo, la voz de Tovar Bracho era una especie de paredón emocional que me aislaba del entorno de la calle, dibujaba con los trazos más alargados y elocuentes de van Gohg o Modigliani cada esguince, cada ataque, cada pómulo inflamado, cada desplante del árbitro para evitar que alguno de los golpes impactara en su humanidad. Aquel narrador parecía no tener tregua con la respiración, la voz se extendía por los tres minutos del asalto, hasta que sonaba el inoportuno campanazo. Entonces entendía porque él y Nestor López recorrían el mundo para transmitir desde los lugares más remotos. Tovar Ostos siguió hablando en cada pausa de la rueda de prensa, apretaba las manos dentro de los bolsillos de su guayabera mangalarga, azul grisáceo. “Siempre recuerdo una columna que tenía mi papá en el diario Meridiano. Se llamaba algo así como “Hoy amanecí pensando en…” Era una visión desde el lado humano de los deportistas. Escribía del deporte en general, aunque siempre regresaba al beisbol, eso le había quedado de un programa de variedades deportivas que tenía en RCTV. Esa columna salía, si mal no recuerdo los martes. Era todo un espectáculo ver a mi papá ver llegar de un juego de pelota o una pelea de boxeo y sentarse a escribir en su estudio, sin siquiera pasara saludar a mi mamá, luego se disculpaba con ella “Disculpa amor, pero tenía que escribir primero porque después se me va la inspiración y no me puedo dar el lujo de perder la originalidad, el gancho, el atractivo de las historias que se me ocurren”. Hace unas dos o tres temporadas, Tovar Ostos formó parte del equipo radiofónico de los Navegantes el Magallanes, me contentó mucho escuchar los juegos desde su estilo solemne y energético que hacia apreciar mejor los trazos de sus imágenes, el contraste jugaba a su favor, se podía apreciar a plenitud cada una de las aristas del juego, cada detalle parecía una pirámide egipcia, cada observación declaración de principios. Esa temporada, muchos juegos efectuados en Maracaibo, Puerto La Cruz, Porlamar y Barquisimeto, fueron transmitidos desde los estudios de Radio Caracas Radio. Fue como volver a conversar con Tovar Ostos. “Mi padre transmitió muchos juegos de LVBP desde las oficina de la emisora radial hacia mediados de la década de 1960. Él y Delio Amado León se turnaban con el reporte impreso del teletipo y un disco que simulaba el ruido del público. Nosotros al menos tenemos la transmisión televisiva para describir las jugadas al instante. Ellos tenían que ingeniárselas para imaginar que había ocurrido el en terreno de juego, como eran los movimientos de los lanzadores, cual era la tensión emocional que se vivía. Siempre que terminaba de imaginar uno de aquellos juegos, le preguntaba como hacía para decir tantas cosas si no veía nada. El me quedaba viendo y sonreía, como la vez que me contó que había llamado aquel one-two del Magallanes de Clarence Gaston y Pat Kelly la versión en blanco y negro de “Batman y Robin”. Alfonso L. Tusa C. 12 de junio de 2019 ©. _ Referencias y fuentes. - Baseball-reference.com - Diario El Nacional. - Revista Sport Gráfico. - Diario Meridiano.

martes, 7 de mayo de 2019

Los Pilotos de Seattle: Un equipo cargado de personajes enigmáticos.

A mediados de la temporada de 1968, cuando los Pilotos todavía eran un proyecto de equipo de beisbol, los directivos ofrecieron a Joe Schultz el cargo de manager del conjunto, el sueño de dirigir un equipo de grandes ligas por fin estaba a su alcance, luego de ejercer varias temporadas como coach de tercera base de los Cardenales de San Luis. Al terminar la temporada los Pilotos contrataron a Schultz como su manager pero no podían anunciar la firma debido a que este aun era coach de los cardenales, quienes estaban encaminados a conquistar el banderín de la Liga Nacional y por tanto asistir a la Serie Mundial. Los rumores empezaron a proliferar hasta que convirtieron la contratación en el secreto peor guardado del beisbol. Por eso, Schultz se convirtió en tema de conversación de los comentaristas televisivos de la NBC durante los juegos de la Serie Mundial. Los narradores Curt Gowdy y Harry Caray lo señalaban reiteradamente como “el primer manager en la historia de los Pilotos de Seattle”. Hablaron tan detalladamente de la contratación de Schultz que eso se convirtió en una de las subtramas de la Serie Mundial de 1968 entre los Cardenales y los Tigres de Detroit. Hasta que en el noveno inning del séptimo juego, el gerente general de los Pilotos, Marvin Milkes, anunció oficialmente que Schultz sería el manager de los Pilotos. El hasta entonces coach de tercera base de los Cardenales, hasta ese momento había sido un personaje más bien desconocido, anónimo, misterioso cuyos logros en el beisbol permanecían escondidos dentro de las interioridades de un equipo de beisbol. Además Schultz era ajeno a Seattle por lo cual podría no ser la mejor escogencia para dirigir a los Pilotos. Sin embargo, tanto él como la gerencia del equipo esperaban salir adelante con resultados sorprendentes. Entre enero y febrero Schultz se convirtió en gran promotor de las expectativas de los Pilotos. Desarrolló un programa de banquetes y discursos y se presentó escuelas primarias, liceos, almuerzos, clubes sociales, organizaciones de fraternidad, cenas formales y casi cualquier tipo de evento público celebrado en el gran noroeste. Cautivó a las audiencias con su sentido del humor, ocurrencias y entusiasmo por el juego. Repetía a diario que los Pilotos eran capaces de jugar beisbol para ganar y que terminarían terceros en la división oeste de la Liga Americana. Su vehemencia y aparente sinceridad eran tales que la gente de Seattle empezó a creer en él. Desde el primer dia de los entrenamientos primaverales Schultz impresionó a sus peloteros mediante muchos elementos de la vieja escuela de los managers de la década de 1960. Le gustaba reiterar ciertas frases que dibujaban algo de la sabiduría sencilla adquirida en cuarenta años de experiencia en el beisbol. Una se refería a una observación básica de bateo: “Bien muchachos, se trata de una pelota redonda y un bate redondo y hay que batearla de plano”. Tenía el tipo de vocabulario propio de los managers de antaño. En un capítulo del libro Ball Four de Jim Bouton, este recrea la visión interna de las pintorescas palabras del manager. Despues que los Pilotos vencieran a los Tigres campeones mundiales, Schultz dio a sus peloteros un discurso de victoria. Esto es lo que Bouton escribió: “Joe dio su discurso habitual en el clubhouse: ‘Atáquenlos todo el tiempo. Acribíllenlos. Sean implacables…Saboreen esa Budweiser y vuelvan a vencerlos mañana’”. Una de las charlas más recordadas de Schultz ocurrió cuando salió hacia el montículo para conferenciar con el lanzador John Gelnar. Bouton retrató la escena en Ball Four: Gelnar nos contó de la gran conversación que tuvo con Joe en el montículo. Había dos tipos más ahí y Tom Matchik (de los Tigres) iba a batear. “¡Quieres que le lance de alguna manera en particular, Joe?” preguntó Gelnar. “No, domínalo”, dijo Joe Schultz. “Lánzale duro abajo y después nos vamos a saborear algo de Budweiser”. “Saborear algo de Budweiser”, esa frase se convertiría en sinónimo de Schultz. Siempre les rogaba a sus Pilotos que ganaran el juego para irse a saborear algo de Budweiser. Tristemente los Pilotos tuvieron pocas oportunidades de saborear Budweiser. Aunque arrancaron muy bien y se mantuvieron terceros hasta inicios de julio, luego apareció una caída prolongada hacia el sótano el resto de la temporada. Al terminar la temporada la gerencia de los Pilotos despidió a Schultz y varios peloteros sintieron que la decisión era injusta, el manager había hecho demasiado con lo poco que tenía. Don Mincher era uno de los más afectados por el hecho. Dijo que Schultz había sido un factor positivo en el dugout de los Pilotos. “Nos mantuvo batallando”, le dijo Mincher a The Sporting News, “nos animó a través de la peor racha de derrotas”. Hasta los peloteros que no lo veían como manager, reconocían que Schultz era entretenido y mantenía el clubhouse animado y relajado. Los Pilotos comenzaron la temporada con una victoria 4-3 sobre los Angelinos de California el 8 de abril de 1969 en Anaheim. Marty Pattin se apuntó la victoria en trabajos de 5 episodios, permitió 8 imparables, 2 carreras limpias, 3 boletos y recetó 4 ponches. Diego Seguí relevó durante 3 episodios donde permitió 1 carrera limpia, 2 imparables, 2 boletos y 4 ponches. Aker se apuntó el salvado. Por los Angelinos perdió Lynn McGlothin quien permitió las 4 anotaciones de los Pilotos. Hegan y Jerry McNertney remolcaron par de carreras cada uno para comandar la ofensiva de los Pilotos. Luego de perder el siguiente juego, fueron a Seattle para la inauguración en casa el 11 de abril, los obreros aun trabajaban colocando asientos en las gradas del Sicks Stadium un estadio de ligas menores habilitado como sede temporal. El 21 de junio de 1969, en el Sick’s Stadium, los Pilotos enfrentaron a los Reales de Kansas City. Gene Brabender y Nelson se enfrascaron en un carbonizante duelo de lanzadores, cuya única anotación se produjo en el cierre del primer inning, Tommy Harper sencilleó al jardín central, fue sorprendido en la inicial pero quedó a salvo por error de Nelson y avanzó hasta la intermedia, luego pasaría hasta tercera base por passed ball del cátcher Eliseo Rodríguez. Mike Hegan entregó el primer out con línea corta al jardín izquierdo. Davis salió de tercera a primera. Don Mincher negoció boleto. Gustavo Gil, descargó sencillo impulsor al jardín central. Brabender retiró los primeros 20 bateadores en línea, hasta que Pat Kelly le conectó imparable en el séptimo inning, pero fue retirado en segunda base del cátcher Jerry McNertney al campocorto Kennedy Luego en el octavo, Brabender ponchó a Joe Foy. Kirkpatrick largó imparable hacia la derecha y fue retirado de McNertney al segunda base Donaldson. Lou Piniella negoció boleto. Harrison fue dominado con rodado a la inicial. En el noveno Rodríguez elevó hacia la derecha. Taylor emergió por Nelson y bateó imparable por el campocorto, luego pasó a segunda base por error de Kennedy. O’Riley corrió por Taylor. Brabender cerró el juego al ponchar a Hernández y dominar a Ríos con rodado por el montículo. Analizar a los Pilotos, más que reconocer un puñado de peloteros promedio, en el punto medio de sus carreras, reclutados principalmente en el draft de expansión, resulta un interesante ejercicio para estudiar la influencia que han tenido sobre la formación de muchos peloteros, su participación en las ligas invernales del Caribe, particularmente en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Gene Brabender jugó con los Tiburones de La Guaira en la temporada 1966-67, fue líder de la liga venezolana en victorias (13), juegos completos (11) y ponches (147), tuvo efectividad de 2.47 y solo concedió 53 boletos en 160 innings de labor. El 22 de enero de 1967 le ganó 2 juegos a los Leones del Caracas, es uno de tres pitchers que han conseguido ese logro en la liga. Los otros son: Ken Rowe (24-01-1965) y Huck Flenner (28-12-1995). El 13 de junio de 1969, los Pilotos vencieron 2-1 a los Yanquis en Yankee Stadium. Brabender lanzó completo, solo permitió 4 imparables, 4 boletos y recetó 4 ponches. La carrera se la hicieron en el segundo inning cuando le llenaron las bases sin outs y su rival Mel Stottlemyre bateó para dobleplay. Los pilotos igualaron en el séptimo inning mediante sencillo impulsor de Comer y se fueron adelante en el octavo con imparable remolcador de Tommy Harper. Stottlemyre cargó con la derrota. El martes 26 de agosto de 1969, en Memorial Stadium, Brabender lanzó completo y venció 2-1 a los Orioles de Baltimore que ese año ganaron el banderín de la Liga Americana y disputaron la Serie Mundial ante los Mets de Nueva York. Solo le conectaron 4 imparables y le anotaron una carrera en el cierre del séptimo episodio mediante imparable de Mark Belanger a la derecha, Lee May emergió por el relevista Marcelino López (quien había relevado a Tom Phoebus en la apertura del sexto inning), y la rodó por la inicial para arrimar a Belanger hasta la intermedia en jugada de selección, Don Buford salió del inicialista Don Mincher a Brabender. Paul Blair soltó imparable impulsor a la derecha. Frank Robinson fue dominado con roletazo al campocorto para forzar en segunda a Blair. Concedió 2 boletos y repartió 4 ponches. Phoebus cargó con la derrota, con relevos de López y Eddie Watt a partir del octavo inning. Davis comando la ofensiva de los Pilotos mediante cuadrangular solitario en el segundo episodio y sencillo al jardín central remolcador de Tommy Harper quien corría en tercera base. Luego ocurrió tal vez una de las victorias más emocionantes de los Pilotos. El 26 de junio de 1969 llegaron perdiendo 2-1 al cierre del noveno inning en el Sick’s Stadium ante los Medias Blancas de Chicago. Entonces los patiblancos reformularon su defensa: Ángel Bravo pasó del jardín central al derecho. McCraw pasó del jardín derecho hacia la primera base. Ken Berry, quien había corrido por Ward en la apertura de ese inning se quedó jugando en el jardín central. Luis Aparicio, quien había corrido por Pavletich en el mismo inning, se quedó jugando en el campocorto. Ed Herrmann reemplazó a Hopkins en la receptoría. Steve Hovley entregó el primer out de pitcher a primera base. Comer sencilleó al centro. Gustavo Gil forzó a Comer de segunda a campocorto. McNertney despachó doblete remolcador para igualar la pizarra. Kennedy corrió por McNertney. Donaldson fue caminado intencionalmente. Don Mincher emergió por Oyler. Wood relevó a Joel Horlen en el montículo. Davis sustituyó a Mincher y bateó imparable a la izquierda para impulsar a Kennedy con la carrera de dejar sobre el terreno a los Medias Blancas. Gustavo Gil jugó en LVBP con los Industriales del Valencia desde la temporada 1959-60 hasta la 1967-68. Fue campeón con ellos en las campañas 1960-61, 1962-63. Entre sus actuaciones más resaltantes con los Pericos destacan el primer juego de una doble tanda el 24 de enero de 1961 ante Leones del Caracas. Gil despachó doble ante Emilio Cueche y anotó la única carrera del desafío ampara do en imparable de Bubba Morton. Bob Miller se apuntó el triunfo en trabajo completo de 7 entradas. El 19 de enero de 1963 ante los propios Leones del Caracas, los Leones le marcaron una rayita a Dan Neville en el primer inning mediante dobles de Cesar Tovar y Don Pavletich. Valencia igualó en el cuarto con vuelacercas de Deron Johnson ante Manuel González. En el décimotercer inning Luis Rodríguez soltó imparable, Daniel Morejón se sacrificó y Gil disparó metrallazo a la derecha para dejar en el campo al Caracas. También jugó con los Navegantes del Magallanes desde la justa 1968-69 hasta la 1976-77. Allí fue campeón en la 1969-70 y seguidamente en la Serie del Caribe del ’70. Además de su imparable para impulsar a Damaso Blanco para ganarle 4-3 a los Leones de Ponce el 10 de febrero de 1970 y con ello asegurar el primer campeonato de Serie del Caribe para Venezuela; también se recuerda mucho un triple que Gil conectó ante Roberto Muñoz el 23 de enero de 1970. Era el tercer juego de la serie semifinal Magallanes-Tigres. La pizarra estaba 3-3. Gregorio Machado, quien lanzó un relevo de 10 innings, logró embasarse y entonces Gil despachó el triple que le dio ventaja a su equipo para ganar 4-3. Hubo un juego en Tiger Stadium donde los Pilotos enfrentaron a los Tigres de Detroit el 9 de junio de 1969. Los de Seattle picaron adelante mediante jonrón de Simpson el primer bateador del juego ante Mickey Lolich quien luego ponchó a Gus Gil, Davis y Comer en sucesión. Los Tigres igualaron en el cierre del quinto inning mediante sencillo de Lolich hacia el centro para remolcar a Tom Matchick desde la intermedia. Entonces Lolich y Marty Pattin se enzarzaron en vibrante duelo hasta que en la apertura del décimo Pat Dobson entró a relevar a G. Brown. Jerry Mcnertney negoció boleto. Tommy Harper salió a correr por McNertney. Oyler se sacrifició de pitcher a segunda base. Harper avanzó hasta la intermedia. Merrit Ranew emergió por Pattin y fue boleado intencionalmente. Gosger salió a correr por Ranew. Don Mincher emergió por Simpson y sencilleó hacia la derecha para remolcar a Harper. Whitaket salió a correr por Mincher. Gil bateó elevado de sacrificio hacia el jardín central para impulsar a Gosger. Davis entregó el último out de pitcher a primera. En el cierre de ese inning, Whitaker se quedó jugando en el jardín izquierdo. Diego Seguí entró a relevar a Pattin en el lugar de Davis. Larry Haney entró a cubrir la receptoría en lugar de Harper. Gosger se quedó jugando en el jardín central. Fred Stanley disparó imparable a la izquierda. Dick McAuliffe negoció boleto. Stanley pasó a segunda. Al Kaline despachó sencillo remolcador al centro. McAuliffe pasó hasta tercera. Woods entró a correr por Kaline. O’Donoghue sustituyó a Seguí en la lomita. Norman Cash se ponchó. Jim Northrup negoció boleto. Gelnar relevó a O’Donoghue. Willie Horton se ponchó. Matchick entregó el último out con roletazo por segunda base. El 28 de septiembre de 1969, Dick Baney y los Pilotos recibieron a Miller y los Mellizos de Minnesota en Sick’s Stadium. Los Mellizos picaron adelante mediante vuelacercas de Rod Carew en el primer inning. Los Pilotos respondieron en el cierre del tercero con doble de Comer y jonrón de Don Mincher. En el octavo Comer sencilleó a la derecha. Mincher impulsó a Comer con doble a la izquierda. Hegan corrió por Mincher. Steve Hovley despachó doble impulsor a la izquierda. En el noveno inning Baney empezó boleando a Nash y fue sustituido por Diego Seguí, quien dominó a Manuel con rodado al montículo y obligó a Leo Cárdenas a batear línea a primera buena para dobleplay de primera a campocorto. Dick Baney reforzó a los Navegantes del Magallanes en la temporada 1969-70, tuvo marca de 8-6, 20 juegos, 6 juegos completos 3 juegos salvados, 102.1 innings lanzados, 46 ponches, 38 boletos y 2.73 de efectividad. El 15 de noviembre de 1969 Magallanes venía de una seguidilla de siete derrotas, entonces le tocó enfrentarse a sus eternos rivales Leones del Caracas en el estadio Universitario. El incómodo Howie Reed lanzaba las serpentinas por los felinos y Baney por los Navegantes. En el sexto episodio, luego de dos outs, Chico Ruiz se embaso mediante sencillo de piernas por las paradas cortas. Jim Holt, en perfecta ejecución de bateo y corrido envió a Ruiz hasta la antesala mediante imparable al centro. Clarence Gaston remolcó a Ruiz con sencillo por el campocorto. Los Leones igualaron en el cierre de esa entrada, luego de sacar los dos primeros outs para llevar a nueve el número de bateadores retirados en fila, Baney recibió imparable de César Tovar a la izquierda y Victor Davalillo soltó un linietazo tremendo hacia las profundidades del jardín central para impulsar a Tovar a pesar de que Gaston metió todo el brazo en su lanzamiento hacia el plato. En la apertura del noveno inning Armando Ortiz remolcó a Walter Hriniak mediante imparable a la izquierda. Dick Baney completó el juego al sortear algunas dificultades en el cierre del noveno. La tarde del 21 de diciembre de 1969, en medio del forcejeo por la clasificación Dick Baney se enzarzó en otro duelo de lanzadores ante John Purdin y los Tigres de Aragua. Magallanes se fue adelante en el segundo inning mediante dobletes de Ray Fosse y Armando Ortíz. Luego anotaron otra rayita en el cuarto episodio, Gustavo Gil y Jim Holt despacharon imparables, Fosse la rodó por el campocorto para forzar a Holt en la intermedia. Con corredores en los ángulos, Ortíz bateó elevado de sacrificio al bosque izquierdo para remolcar a Gil con la anotación que daría cifras definitivas a la pizarra. Baney lanzó completo y solo le conectaron el primer imparable en el sexto inning un sencillo de Virgilio Mata, apenas otros 3 imparables salieron de los bates aragüenos sus autores fueron Charles Day, John Bateman y David Concepción. Baney concedió 4 boletos y recetyó 1 ponche. Todo eso aderezado por el siempre meritorio hecho de ganarle al contrario en su guarida. Diego Seguí participó en 15 temporadas de la LVBP con Industriales del Valencia, Leones del Caracas, Tibuleones de Portuguesa y Tigres de Aragua entre 1962 y 1983, dejó números totales de 95 victorias, 58 derrotas, 68 juegos completos, 1249.2 innings lanzados, 941 ponches y 2.76 de efectividad. En todas esas categorías estuvo o continúa entre los 10 mejores de la liga. Su temporada más recordada fue la primera, 1962-63 con el Valencia. Entonces dejó marca de 14-4, 12 juegos completos, 126 innings lanzados, 106 imparables permitidos, 75 ponches, 28 boletos y 2.64 de efectividad. En la serie semifinal ganó dos juegos completos con solo un día de descanso en los cuales solo permitió una carrera a los Leones del Caracas para llevar al Valencia a la serie final que luego también ganarían. Steve Hovley jugó con las Águilas del Zulia en la temporada 1970-71, un jardinero de buena defensiva y gran bateador de línea con mucha velocidad. Estuvo entre los diez mejores bateadores de la liga por varias semanas. Aquel viernes 12 de septiembre los Angelinos de Califgornia visitaron a los Pilotos en Sick’s Stadium. George Brunet abrió por Seattle y May por los Angelinos. Los Pilotos salieron adelante con imparable de Tommy Harper a la izquierda, luego robo segunda y anotó mediante error de Jim Spencer ante rodado de Steve Hovley por primera base. En el segundo Brunet descargó cuadrangular ante May. Comer jonroneó en el sexto para aumentar la ventaja a 3-0. Los Angelinos descontaron en el séptimo con jonrón de Rodriguez. Los Pilotos dieron cifras definitivas al encuentro en el octavo mediante doble de Goossen a la derecha, Kennedy corrió por él, Pagliaroni bateó sencillo remolcador a la derecha. Brunet se apuntó la victoria en trabajo completo, 5 imparables, 1 carrera limpia, 3 boletos, 5 ponches. Brunet participó en dos temporadas de LVBP con Tiburones de La Guaira: 1962-63. 22 JL. 10 JC. 9 G. 8 P. 132.2 IL. 138 HP. 89 K. 43 BB. 3.06 Efect, En la serie semifinal reforzó al Valencia y tuvo marca de 2-0, con 21 ponches, 5 boletos, en 18 innings, tuvo efectividad de 3.00. En la serie final También tuvo marca de 2-0, 21 ponches, 5 boletos en 19 innings, efectividad de 0.95. En la 1963-64, dejó marca de 3-5 con 4.66 de efectividad. Alfonso L. Tusa C. © 19-03-2019. Fuentes - Markusen, Bruce. Card Corner: 1969 Topps. Joe Schultz. - Daniel Gutierrez, Efraim Álvarez, Daniel Gutierrez (h). La Enciclopedia del Beisbol en Venezuela. Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Caracas 2006. -baseball-reference.com -retrosheet.org

Jim Holt, imágenes de 1969, episodios de una temporada mágica

Este lunes 1 de abril de 2019, me enteré a través de las redes sociales, que otro de los integrantes de esa familia invisible, fraguada en las aficiones juveniles por el beisbol, había fallecido. Se había ido de este mundo otro de los peloteros de aquellos Navegantes del Magallanes de la temporada 1969-70. Los primeros recuerdos que guardo de Jim Holt se remontan hacia mediado de 1969, cuando la flamante directiva del equipo magallanero recién adquirido por un grupo de empresarios de Valencia anunció que no contarían con los servicios del formidable jardinero Pat Kelly. En su lugar vendría Jim Holt, quien venía de jugar con los Tigres de Aragua en la temporada anterior. Lamenté mucho la ausencia de Kelly, le dije a mis hermanos que me temía que Holt no alcanzaría el rendimiento de Kelly. Estaba tan molesto, que ni siquiera aquella canción de Stevie Wonder “Yesterme, yesteryou, yesterday” logró animarme. No me convencía siquiera la buena actuación de Holt en las ligas menores. A medida que transcurría la temporada hube de empezar a tragarme mis palabras. Holt participaba de alguna manera en cada una de las victorias magallaneras ya fuera desde su posición en la alineación protegiendo a Clarence Gaston para que viera mejores envíos, repartiendo estacazos hacia todos los confines del terreno o atrapando batazos peligrosos y luego ejecutando lanzamientos certeros hacia las almohadillas o el plato. Aún así continuaba extrañando el juego de Pat Kelly y seguía preguntándome porque Magallanes no lo había repetido si había tenido una excelente actuación la temporada pasada. Los narradores y comentaristas radiofónicos hablaban cada vez con más elogio y reconocimiento sobre él, decían que Jim Holt había resultado la principal razón para que Gaston volviese a tener otra temporada extraordinaria con el madero “no solo es capaz de ganar un juego en el campo, su presencia en el dugout es relevante, hasta los peloteros que no hablan inglés entiendes sus gestos y actitudes”. En la temporada 1968-69, Carlos Tovar Bracho había comentado que “Gaston y Kelly eran la versión en blanco y negro de Batman y Robin”, la temporada siguiente muchos decían que Gaston seguía bateando a diestra y siniestra con Holt bateando delante o detrás de él, como en el cierre del cuarto inning de un juego efectuado el 28 de noviembre de 1969 en el estadio José Bernardo Pérez de Valencia. Las Águilas del Zulia ganaban 1-0 y lanzaba Paul Edmonson. Luego de dos outs, Gaston se embasó por error de Luis Aparicio, allí apareció Holt para despachar un batazo de tres bases contra la pared del jardín derecho que produjo el empate en los spikes de Gaston. Luego Holt anotaría la ventaja mediante imparable de piernas de Ray Fosse. Las Águilas igualaron el marcador en el octavo inning mediante imparables de Oswaldo Blanco, Bill Melton y Aparicio. Entonces Gaston desaparece la pelota entre el jardín izquierdo y el central para dejar sobre el terreno a los zulianos. El 20 de diciembre de 1969 Magallanes enfrentaba al Caracas en pleno forcejeo por la clasificación. Orlando Peña versus Luis Peñalver. En el segundo inning, Gaston se embasa mediante imparable a la izquierda, avanza a la intermedia mediante robo y desde allí anota con un trepidante estacazo de Holt hacia las profundidades del jardín derecho. En el cierre de la tercera entrada Caracas pasa adelante mediante sencillo impulsor de Victor Davalillo y triple barrebases de Richie Scheimblum. Al iniciar el noveno inning, luego del out de Gustavo Gil, Gaston suena petardo a la derecha. Holt truena doblete al jardín derecho bueno para impulsar a Gaston y servir la escena de la remontada. Fosse soltó una bala fría al jardín central para dejar corredores en las esquinas. Diego Seguí relevó a Peñalver. Entonces Dámaso Blanco conecto imparable remolcador de Holt para acercar más la pizarra. Armando Ortiz entregó el segundo out de pitcher a primera base. Pompeyo Davalillo ordenó el boleto intencional para Orlando Reyes y Patato Pascual trajo a Hector Martínez de emergente por Gregorio Machado, quien había entrado a relevar en el inning anterior. Martínez respondió con imparable remolcador del empate y Dámaso se vino al plato para anotar la diferencia al caérsele la pelota al receptor Roberto Musulungo Herrera. En el tercer juego de la serie semifinal ante los Tigres de Aragua, los Navegantes del Magallanes visitaron el estadio José Perez Colmenares de Maracay, el 23 de enero de 1970. Danny Morris subió al montículo por Magallanes, mientras que el refuerzo Luis Peñalver hacia lo propio por los Tigres. Los felinos marcaron una rayita en el cierre del segundo inning mediante sencillo de Elio Chacón para remolcar a John Bateman quien había bateado doblete al jardín izquierdo. En la conclusión del cuarto tramo, Bateman despachó vuelacercas a las profundidades del jardín central y Jim Williams remolcó a Dennis Paepke desde la inicial mediante imparable y error del jardinero central Cesar Tovar. En la apertura del quinto inning, Magallanes descontó. Gregory Sims bateó doblete. Fosse falló con elevado a la inicial. Jesus Aristimuño descargó sencillo al centro para dejar corredores en los ángulos. Dámaso Blanco entregó el segundo out pero Aristimuño avanzó hasta segunda. Gonzalo Marquez emergió por Morris y conectó sencillo remolcador de dos carreras. Jim Holt niveló la pizarra con jonrón en el sexto inning. El juego se fue a extrainning y en el capitulo décimo cuarto Gustavo Gil remolcó a Gregorio Machado desde primera base con soberbio triple. Luego de la emoción de los dos primeros triunfos ante los Tiburones de La Guaira en la serie final, el tercer desafío, escenificado el primero de febrero de 1970 a partir de las once de la mañana en el estadio de la UCV, empezó con algo de viento en contra porque los escualos rompieron la seguidilla de dieciocho ceros obsequiada por Orlando Peña y Don Eddy. En el primer inning, Remigio Hermoso se embaso mediante imparable de piernas, estafó la intermedia y llegó a tercera base por wild pitch de Jay Ritchie. Luego anotaría con sencillo de piernas de Graig Nettles por segunda base. Magallanes igualó en la apertura del tercero, luego de dos outs, Jim Holt despachó imparable a la izquierda. Marcelino López caminó a Ray Fosse y Armando Ortiz impulsó a Holt con sencillo. En el quinto episodio Holt descargó metrallazo a la derecha. Fosse bateó un rodado al campocorto a la medida para el dobleplay, pero Enzo Hernandez cometió error y quedaron corredores en primera y segunda. Ortiz despachó otra línea sólida hacia el jardín izquierdo y Holt anotó la carrera que significó el campeonato para los Navegantes puesto que Ritchie dominó a la alineación escuala a lo largo del juego. Jim Holt fue quien recomendó a la directiva magallanera que trajera aquel veloz jardinero llamado Herman Hill para la temporada 1970-71. Y acertó en su observación, Hill resultó toda una sensación en la liga, principalmente por su rapidez en las almohadillas y cubriendo los jardines. Entonces llegó aquel 14 de diciembre de 1970. Hill se fue a disfrutar el lunes libre a la playa de Guaicamacuto, con sus compañeros John Morris, Dale Speiers y Ray Fosse. Luego de almorzar se lanzó a nadar y al parecer sufrió una embolia. Morris cuenta muy triste, que lo tuvo agarrado de las manos pero las corrientes marinas se lo arrebataron. Los peloteros no jugaron hasta que apareció el cuerpo. Jim Holt fue quien cumplió con la dolorosa tarea de informar a los padres de Hill sobre el deceso de su hijo y también fue el encargado de trasladar el cuerpo hasta los Estados Unidos para entregarlo a sus familiares. El 19 de diciembre de 1971, los Navegantes del Magallanes enfrentaban a las Águilas del Zulia en el estadio Luis Aparicio El Grande de Maracaibo. Los rapaces habían ganado 1-0 el dia anterior. En esta ocasión Steve Luebber por los Navegantes y Mickey Scott por los zulianos se trenzaron en un duelo más calcinante que el sol meridiano marabino. Luebber salió del juego en el inning 11 sin permitir anotaciones, su relevo Alan Closter también mantuvo inmaculado el plato. En la apertura del décimo tercer episodio, Scott se mantenía lanzando en blanco desde el montículo zuliano. Gustavo Gil abrió el inning con imparable de piernas al cuadro interior. Jim Holt despachó petardo para llevar a Gil hasta la antesala. Entonces vino a relevar Bill Kirkpatrick e Ivan Murrell lo recibió con imparable sobre la almohadilla de segunda para remolcar a Gil con la rayita que decidiría el juego. Holt tuvo una actuación decisiva en el juego realizado el 28 de noviembre de 1974 en el estadio José Bernardo Pérez de Valencia. La Guaira salió adelante en el propio primer episodio amparado en doblete remolcador de Ángel Bravo. Magallanes replicó de inmediato en le cierre de ese inning con doble y sencillo remolcadores de Dave Parker y Holt respectivamente. En el segundo episodio, los Navegantes pasaron adelante con sencillo de Bob Bailor y triple de Parker. En el tercero, luego que Gilberto Marcano pusiera el inning en dos outs, Leroy Stanton se embasó por error de Jesús Aristimuño. Robert Marcano conectó imparable y Al Bumbry largó una línea que se internó en las profundidades del jardín derecho para convertirse en jonrón dentro del parque. La Guaira 5, Magallanes 3. En el cierre de ese inning los Navegantes igualaron mediante cuadrangular de Holt más doblete de Rick Stelmaszek seguido de errores sucesivos de Robert Marcano y Oswaldo Blanco. En el cierre del cuarto Magallanes pasó adelante al aprovechar el descontrol de Hector Brito que había relevado al abridor Roric Harrison en el inning anterior, Jesus Aristimuño despachó sencillo impulsor de dos anotaciones. La Guaira volvió a empatar en la apertura del quinto, Oscar Zamora quien había relevado a Brito, se embasó por error, Bumbry lo remolcó mediante triple. Entonces vino a relevar Manuel Sarmiento y Paul Casanova conectó elevado de sacrificio que trajo la carrera de Bumbry. Entonces dominaron los pitchers por 8 innings, en el cierre del décimo tercero, Rob Andrews llegó a primera por infieldhit, dos errores de Remigio Hermoso ante rodado de Parker dejaron corredores en segunda y tercera, Don Baylor recibió boleto intencional y Holt dejó en el terreno a La Guaira con línea trepidante que se estrelló contra la pared del jardín derecho. Holt jugó en las ligas mayores con los Mellizos de Minnesota (1968-1974) y los Atléticos de Oakland (1974-1976). En 707 juegos bateó para .265. Despachó 428 imparables en 1616 turnos al bate. 19 jonrones. 177 carreras empujadas. 174 anotadas. Su mejor temporada fue la de 1973, cuando bateó para .297 en 132 juegos. 11 jonrones. 58 remolcadas y 54 anotadas. Jugó en la serie de campeonato de la Liga Americana ante los Orioles de Baltimore en 1970 y se fue de 5-0. En 1974 llegó hasta la Serie Mundial con los Atléticos, quienes dominaban a los Dodgers de Los Angeles 2 juegos a uno, y estaban igualados 2-2 en el sexto inning del cuarto juego. El manager Alvin Dark sacó de emergente a Holt, quien ya había bateado un imparable como emergente en la serie, por el catcher Ray Fosse con las bases llenas y un out. Dark debió sonreir cuando Holt disparó imparable hacia la derecha, impulsor de dos carreras. Oakland ganó el juego 5-2 y se tituló campeón de la Serie Mundial por tercer año seguido, el día siguiente. En la LVBP, Holt bateó para .312 en seis temporadas (1968-1973, 1974-75). 1161 VB. 166 CA. 362 HC. 71 2B. 14 3B. 15 HR. 156 CI. Jim Holt en efecto fue un pelotero que todo equipo ganador necesitaba, uno que sabía como ejecutar el juego y estaba listo cada vez que lo llamaban. Resultó tan bueno como Pat Kelly para los Navegantes del Magallanes. Alfonso L. Tusa C. 9 de abril de 2019. ©

miércoles, 20 de marzo de 2019

Johnny Hetki: Aquellos Juegos Maratónicos.

Hace unos días vi una película donde hay una confrontación entre dos profesores universitarios. De pronto me pareció que la frase “Una imagen dice más que mil palabras” que esgrimió la profesora de pintura no tenía tanta fuerza ante la tesis del profesor de literatura, que decía más o menos: “Las palabras son elementos evolutivos de las imágenes que originaron la comunicación gráfica, por tanto transmiten detalles imperceptibles para las imágenes”. La diatriba alcanza a los estudiantes y se establece una especie de debate que conforma el argumento de la película. Eso de alguna manera encajó en mi mente cuando al revisar la necrología beisbolera de enero de 2019 hallé que el diez de ese mes falleció Johnny Hetki, lanzador derecho de beisbol, en Parma, Ohio, USA. Por un momento pestañeé, cerré los ojos y vi la cara de mi hermano mayor mientras atesoraba un recorte de periódico amarillento con la reseña y el box score de un juego de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Se trataba de un juego entre Cervecería Caracas y Navegantes del Magallanes, 14 de febrero de 1952, último juego entre esos equipos, fin de la época del estadio Cerveza Caracas de San Agustín. Por mucho tiempo intenté leer ese recorte de periódico, solo que Felipe era muy celoso con sus barajitas, revistas, pelotas y cualquier cosa que tuviera que ver con beisbol. Por más que registraba el cuarto cuando él no estaba, nunca hallaba sus atesorados objetos. Entonces una noche antes de dormir le hice tantas preguntas del recorte de periódico amarillento que terminó contándome, él ni siquiera había nacido, el recorte se lo había regalado el señor de la casa de al lado cuando lo veía sufrir con aquel Magallanes de mediados de los ’60. Aquel era un juego de trámite, Cervecería había asegurado el campeonato con una ventaja de más de diez juegos. Aún así la gran rivalidad y el sentido de responsabilidad con el público hizo que los equipos salieran al campo con sus mejores peloteros, por los Navegantes abrió Johnny Hetki, quien tenía balance de 12-6 y buscaba igualar la marca de la liga. Por Cervecería subió al montículo José Carrao Bracho con registro de 7-4. Siempre había escuchado a Felipe recurrir a este juego para contrarrestar a sus amigos caraquistas, luego lo usaba más seguido cuando el juego empezó a cambiar gradualmente, el bateador designado, el uso de relevistas con cierta regularidad, la disminución del número de envíos permitidos por apertura, la especialización de los relevistas. Uno de los argumentos de quienes justifican este tipo de modificaciones en la “evolución” del juego reside en que el acto de lanzar una pelota de beisbol es una acción antinatural y tiende a lesionar el brazo de los pitchers. Mi hermano decía que las lesiones ocurrían principalmente porque los pitchers abusaban al intentar lanzar la recta con demasiada velocidad, o al tratar de lanzar curvas con mucho efecto. Antes no se lesionaban tanto los pitchers porque se dedicaban más a la ubicación de los envíos guardando unos patrones razonables de velocidad y efecto, eso les permitía más control, lo cual se traducía en menos lanzamientos por juego. Eso de alguna manera lo comprobaron en los últimos años Greg Maddux y Roy Halladay, quizás los últimos representantes de los pitchers con más de diez juegos completos por temporada. Hetki nació el 12 de mayo de 1922, en Leavenworth, Kansas. Debutó en las ligas menores con marca de 16-10 para los Cardinals de Albuquerque de la Arizona-Texas League en 1941, fue escogido como pitcher del equipo de estrellas de la liga. Luego fue firmado por la organización de los Rojos de Cincinnati, antes de la temporada de 1942, entonces tuvo marca de 4-1 y 2.16 de efectividad con los Barons de Birmingham antes de unirse a los Reds de Ogden, donde tuvo marca de 13-8 y lideró la Pioneer League con 2.24 de efectividad (líder). Entonces vino un receso de dos años por su participación en la segunda guerra mundial. Al regresar al beisbol a principios de 1945, Hetki debutó en las grandes ligas con los Rojos en septiembre de ese año. Tuvo marca de 1-2 y 3.58 de efectividad en dos aperturas y tres relevos. Su temporada más productiva fue la de 1946, cuando terminó con 6-6 y 2.99 de efectividad en 32 juegos, 11 aperturas y cuatro juegos completos. Estuvo con los Rojos hasta 1950. Antes había pasado por los Chiefs de Syracuse de la International League donde tuvo marca de 16-14, terminó quinto en victorias y segundo en innings lanzados (250). Entonces fue cambiado a los Carmelitas de San Luis en octubre de 1950. La voz de Felipe resonaba en la oscuridad aunque susurraba, parecía estar leyendo de memoria la reseña del periódico amarillento. Ese pitcher Hetki, que había contratado Don Carlos Lavaud en su afán de conseguir el tercer campeonato seguido para el Magallanes, se fajaba como los buenos, todos los lanzamientos bordaban la zona de strike, no vendía una sola pelota. Por algo había ganado 12 juegos, sin embargo, parecía que había reservado su mejor actuación para esta oportunidad. Dominaba con seguridad pasmosa a una alineación plagada de estrellas como: Clarence Hicks, Dalmiro Finol, Morris Mozzali, Wilmer Fields, Ferrell Anderson, Albino Bobb y Miguel Sanabria entre otros. Desde la trinchera contraria Carrao Bracho hacía lo propio con Ed Knoblauch, Dave Hoskins, Luis Camaleón García, Jim Pendleton, Quincey Trouppe, Chucho Ramos, Adolfredo González y Vidal López por nombrar algunos. Entonces en la apertura del séptimo episodio Fields despachó doblete, Finol lo llevó a la antesala mediante rodado al cuadro y Anderson lo remolcó con sencillo. Magallanes respondió en el cierre de esa entrada, Trouppe conectó imparable, Chucho Ramos lo imitó y luego del out de González, López trajo el empate con otro sencillo. Hetki vistió la camiseta de los Maple Leafs de Toronto de la International League en 1951. Allí fue líder en victorias con 19 y en innings lanzados con 256. Fue subido a los Carmelitas en 1952 y en apenas tres apariciones tuvo marca de 0-1. Luego fue tomado por los Piratas de Pittsburgh en la aplicación de la regla V de 1952. Con los Piratas actuó principalmente como relevista. Tuvo balance de 3-6 en 1953 y 4-4 en 1954 cuando lideró la Liga Nacional en juegos terminados (46). En su carrera tuvo marca de 18-26, 4.39 de efectividad y 13 juegos salvados. Efectuó 23 aperturas en 214 juegos. 175 ponches, 185 boletos, 525 innings lanzados. Por otro lado en las menores tuvo balance de 101-71, 3.27 de efectividad entre 1941 y 1956. Felipe reconocía que Hetki apenas había sido un pitcher secundario en grandes ligas, aunque siempre sacaba a relucir un juego del 27 de abril de 1947 en Crosley Field. Cincinnati ante los Piratas. Hetki versus Oestermuller. Mi hermano no aceptaba la explicación de que un juego lo puede ganar cualquiera. De inmediato recurría a los lideratos de juegos completos (11), victorias (12) y efectividad (2.72), alcanzados con el Magallanes en la temporada 1951-52; a las 13 victorias y el liderato de efectividad con el Ogden de la Pioneer League en 1941, las 16 victorias con los Chiefs de Syracuse de la International League en 1949, los lideratos en victorias (19) e innings lanzados (250) con los Maple Leafs de Toronto de la International League en 1951. Eso no podía ser tomado como algo circunstancial, el talento, el valor, la gallardía de Hetki estaban ahí, eso no lo podía negar nadie. Tampoco podrían decirle que eso ocurrió en otras ligas porque en las grandes ligas también dio muestras de su valía. El juego de Crosley Field es muestra de eso, la temporada de 1954 es muestra de eso. Pocas veces veía a Felipe perder la compostura hasta empuñar las manos y colorear del rojo más intenso sus facciones. ¿Cómo era posible que apreciara tanto a un pelotero que nunca vio, ni siquiera escuchó un juego donde el participara? Durante los nueve innings transcurridos entre el séptimo y el décimo séptimo, mi hermano se refirió a todas las veces que había hablado de ese juego con el señor quien le había regalado el recorte de periódico. Cada vez el hombre parecía tener nuevas historias de lo que escuchó del narrador radiofónico. Pancho Pepe Croquer se sorprendía por los cambios de actitud de Hetki de acuerdo a las circunstancias. Si estaba dominando, lanzaba sin descanso, los bateadores no tenían oportunidad de salirse de la caja de bateo. Si tenía corredores en base, se tomaba ciertas pausas entre lanzamientos que a veces generaban la reclamación del árbitro. Muchos años después, cuando nunca imaginé que Felipe recordara aquel pitcher de los juegos maratónicos, el sonido del celular me despertó una noche a eso de las 11. La voz emocionada sonó idéntica a la de aquella noche de niñez y adolescencia. “¡Sabes que encontré una pagina de beisbol en internet, se llama retrosheet y tiene todos los juegos y peloteros de grandes ligas! ¿A que no sabes cual juego encontré? Si ese mismo, el del 27 de abril de 1947. Jugada a jugada. Yo sabía que Hetki había ganado 2-1 en 12 innings. Pero ahora pude conocer en detalle la magnitud de su trabajo. En el propio primer inning se le embasaron tres corredores después de un out y tuvo la fortaleza para retirar a Gustine con elevado en foul al receptor y a Westlake con elevado al jardín central. En el tercero, cuando le marcaron la única carrera, ponchó a Hank Greenberg luego de sencillo de Ralph Kiner y boleto a Russell, entonces Gustine despachó sencillo impulsor, pero fue out en segunda de jardinero derecho, a campocorto a segunda base, enseguida Hetki ponchó a Westlake para cerrar el episodio. En el cuarto luego de retirar a Klutz y Basinski, recibió imparables de Oestermuller y Cox, pero se recompuso para ponchar a Kiner. En el séptimo Cincinnati empató mediante dobles de Haas y Lamanno. En el décimosegundo inning, Hetki dominó a Kiner con elevado a la izquierda, Russell la rodó por el campocorto, y Greenberg también elevó a la izquierda. Cincinnati ganó al marcar una rayita en el cierre de esa entrada. Imprimí las páginas de ese juego, a lo mejor no son tan valiosas para mí como el periódico amarillento, pero también valen mucho para mí, son una prueba del gran pitcher que fue Hetki”. Cuando apagué el teléfono me vino a la mente por momentos la fotografía del recorte de periódico pero no podía detallarla. Aunque recordaba perfectamente la emoción de Felipe mientras recitaba el paso con que Hetki retiraba inning tras inning en el estadio de San Agustin, no me venía a la mente la imagen de la fotografía. La elocuencia era tal que parecía que hubiese estado presente en el estadio o hubiera escuchado el juego la noche del 14 de febrero de 1952. Conocía cada out, cada incidente de los árbitros, cada imparable, cada error. Lo que no aparecía en la reseña del periódico, el vecino se lo había contado de lo que había escuchado por radio. Felipe aminoró un poco el volumen y la intensidad de su voz cuando se refirió al décimoseptimo inning del Cervecería Caracas. Los lupulosos habían tomado la delantera mediante sencillo de Mozzalli y cuadrangular de Fields. Cuando la voz parecía apagarse Felipe brincó en la cama y subió la voz. Me asusté y me metí debajo de la almohada. Entonces casi ahogado, atragantado refirió que en el cierre de ese inning, Dave Hoskins soltó imparable y Camaleón García largó vuelacercas para igualar el marcador y darle sentido a la titánica demostración que Johnny Hetki había ejecutado desde el montículo. Al escuchar la gesta de Hetki al resistir por 18 innings ante el campeón de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, con gallardía, coraje y entereza hasta que el juego fue suspendido por límite de tiempo con el marcador igualado a tres carreras, fue inevitable recordar el origen de la carrera olímpica denominada maratón. Herodoto nos dice que el rey Dario de Persia desembarco una tropa de 20.000 hombres cerca de Maraton con el fin de conquistar a los griegos y castigarlos por haber ayudado a los jónicos quienes se habían rebelado contra la ley. De acuerdo al historiador romano Cornelius Nepo en el siglo I antes de Cristo, los griegos pidieron ayuda a los espartanos. Para ello utilizaron los servicios del corredor de distancias largas (hemeródromo) Filípides, quie se desplazó desde Maratón hasta Atenas para comunicar que por órdenes del general Milciades se debía solicitar ayuda a los espartanos. Herodoto no es claro acerca de si el hemeródromo que corrió desde Maratón hacia Atenas era el mismo que fue desde Atenas hasta Esparta y regresó hasta Atenas para seguir hacia Maratón o si lo relevaron. La legendaria carrera de Maratón hacia Atenas pudo haber tomado una de dos rutas, la opción más larga es del alrededor de 40 kilómetros (25 millas), mientras que la más corta es de unos 34 kilómetros (21 millas). La distancia entre Atenas y Esparta ronda los 245 kilómetros. En la película “Imágenes y Palabras”, la pugna entre los profesores se hace cada vez más punzante e interesante, cargada de argumentos muy válidos de ambos lados que tiene un punto cumbre cuando un estudiante debe escribir un ensayo acerca de la pintura realizada por otro. En cuanto a la “evolución” del beisbol Felipe siempre dijo que para él, el verdadero juego era el de las jugadas pequeñas, el squeeze play, bateo y corrido, la bicicleta, el pitcher haciendo la asistencia detrás de tercera o del plato con lanzamientos desde los jardines, nunca lanzar en la zona de strike en cuenta de 0 y 2, nunca intentar ponchar todo el tiempo, si el pitcher tiene una buena economía de lanzamientos debe permitírsele llegar lejos en el juego. Esas son las palabras del juego, los elementos que comunican la esencia del beisbol si se suprimen, el juego cada vez parecerá más desnaturalizado, carente de sustancia, reseco de emociones. “Es desesperante ver como un manager puede traer hasta tres y cuatro relevistas en un mismo inning, eso rompe la concentración de los peloteros y la confianza de los pitchers”, fue una de las últimas reclamaciones que le escuché a Felipe mientras discutía con un partidario del nuevo beisbol. En la temporada 1951-52, Johnny Hetki dejó marca de 12-6 en 25 juegos, 11 juegos completos, 165. 1 innings lanzados, 159 hits permitidos, 59, ponches, 37 boletos, 2.72 de efectividad. En la 1952-53 sus números fueron: 6-6 en 27 juegos, 5 juegos completos, 124.1 innings lanzados, 132 hits permitidos, 57 ponches, 51 boletos, 3.98 de efectividad. Los 18 innings que lanzó en aquel juego del 14 de febrero de 1952 siguen siendo la marca de LVBP. A Johnny Hetki le sobreviven sus hijos: Betty Wheaton (David), James E. (Nancy). Nietos: Andrew Young, Jillian and Stephanie Hetki, Michael y Matthew Wheaton y Michele O' Malley. Hermanos: Helen Lorig, Anthony Hetkey. Una de estas noches mientras recordaba como Felipe había accedido finalmente a mostrarme una vez más el recorte de periódico amarillento luego de contarme la historia del juego maratónico, forcé la memoria hasta que pude afinar el enfoque de la fotografía. Estaba Hetki cargado a hombros por los aficionados magallaneros a mitad de camino entre el montículo y el dugout. La expresión de los aficionados era tan jubilosa como si hubiesen ganado el campeonato. Hetki aparece entre sorprendido y emocionado. En su rostro hay algo de los gestos de Emil Zatopek, Abebe Bikila, Frank Shorter o Lasse Viren al cruzar la meta. Alfonso L. Tusa C. 27 de febrero de 2019.© Sources and Resources Daniel Gutierrez, Efraim Álvarez, Daniel Gutierrez (h). La Enciclopedia del Beisbol en Venezuela. Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Caracas 2006. 418 pp. Daniel Gutiérrez, Javier González. Records Liga Venezolana de Beisbol Profesional 1946-2006. Caracas 2006. p 156. Lloyd Johnson & Miles Wolff. The Encyclopedia of Minor League Baseball. Baseball America, Inc. Durham, North Carolina. 1997. p 324, 334, 400. Giner García, Emil Bracho, Luis E. Sequera. 99+1. Fundación Magallanes de Carabobo. 1996. p 25, 26. 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