lunes, 27 de junio de 2016

Marv Foley, Aún Comunicando - 632

Domingo, 20 de febrero de 2011. Marv Foley notó que muchos de sus peloteros sentían que deberían estar en las mayores, le dijo Foley a MLB.com en 2003. También notó que solo había 25 puestos en un roster de Grandes Ligas. La clave, le dijo a MLB.com, era asegurarse de que sus peloteros supieran lo que necesitaban hacer para estar listos cuando llegara su momento. “Solo me mantengo en comunicación con mis peloteros, que ellos tengan sus oportunidades si juegan bien”, le dijo Foley a MLB.com ese octubre. “El hecho de que no estés en las Grandes Ligas en abril no significa que no estarás ahí en mayo. Si eres un buen compañero de equipo y un buen líder, te van a ocurrir cosas buenas”. Foley habló luego de ser nombrado por los Rockies para dirigir su equipo de AAA en Colorado Springs. Fue la última parada de Foley en una larga carrera en el beisbol como manager, coach y coordinador. Esa carrera también incluyó una década como pelotero, cinco temporadas en las mayores. Esa carrera empezó en 1975, cuando Foley fue seleccionado por los Medias Blancas en la ronda 17 del draft. Fue con los Medias Blancas que Foley pasó la mayor parte de su carrera como jugador, incluyendo cuatro de sus cinco temporadas de Grandes Ligas. En esas cinco temporadas, el cátcher participó en 203 juegos, despachó 12 jonrones y bateó para .224. Foley jugó su último encuentro profesional en 1986 y, para 1988, Foley estaba dirigiendo en las menores. Ese año, se hizo cargo de los White Sox de Tampa en la Florida State League. Para 1989, Foley estaba tutoreando a un joven jardinero recién adquirido por los Medias Blancas, Sammy Sosa. Foley le dijo a The Chicago Tribune que Sosa podía lanzar, batear y batear con poder. “Él es un poco rústico en sus modales, eso es todo”, le dijo Foley a The Tribune antes el debut de Sosa en Garndes Ligas ese agosto. “Pero tiene el potencial para ser un grande. Diría que en tres años, Sammy va a ser un jugador de primera línea en Grandes Ligas”. Foley dirigió ese año al Vancouver AAA, se quedó allí hasta 1991. Él llegó a los Cachorros en 1992, fue manager del Charlotte AA. El año siguiente, tocó Iowa, entonces llegó a Chicago como coach de bullpen en 1994. Al hablar con The Los Angeles Times en 1993, como manager de los Cubs de Iowa, Foley reveló sus pensamientos de cómo trataba con sus peloteros, los que eran promovidos y los que regresaban. “Para mi es muy importante ser honesto con ellos”, le dijo Foley a The Times. “De esa manera, podemos trabajar juntos, por la superación del pelotero”. En 1994, como coach de bullpen de Chicago, Foley recomendó otro joven pelotero, Karl Rhodes, de acuerdo a The Tribune. Foley había visto a Rhodes en Iowa en 1993. En 1994, Rhodes tuvo su mejor temporada en las mayores. Rhodes luego se hizo un gran nombre en Japón. Foley se mudó al sistema de los Orioles en 1995, para dirigir al Rochester AAA. Fue manager allí por cinco temporadas, hasta 2000. La única excepción en ese período fue una temporada en Baltimore como coach de primera base. Foley se unió al sistema de los Rockies en 2003, al dirigir al Tulsa AA. El año siguiente, se movió al Colorado Springs AAA, donde se quedó hasta 2005. Con Colorado Springs la comunicación de Foley mostró aparentemente suficientes resultados para que los Rockies siguieran contando con él como coordinador itinerante de catchers. Para 2011, Foley regresa a las mayores con Colorado, como instructor de catchers de Grandes Ligas. Pero de vuelta a 2004, esa comunicación que Foley prometía incluyó para el jardinero René Reyes la comunicación que todos lo peloteros quieren oir: El llamado para subir a las mayores. El regreso de Reyes llegó después de un gran triunfo de Colorado Springs ese mayo. “Estábamos celebrando y el manager Marv Foley dijo, ‘Ven aquí, quiero hablarte’”, le dijo Reyes a MLB.com. Reyes iba de vuelta a las mayores, Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 22 de junio de 2016

José Alfaro lanza juego sin hits ni carrera.

Packers de Dubuque 5 - Giants de Cedars Rapids 0. Anónimo. Sábado 16 de agosto de 1975. Con este juego, José Alfaro entró a un grupo que ya contaba con la membresía de cuatro de sus compañeros de equipo. El roster de Dubuque de 1975, casi sorprendentemente, cuenta con cinco pitchers quienes han lanzado juegos sin hits ni carreras en ligas menores. Los otros cuatro habían lanzado sus no-hitters antes de 1975. Ellos eran Eleno Cuen, quien lanzó su joya en 1972 para el Cocoa de la Florida South League, Robert Dean y Paulo DeLeón, quienes se combinaron para lanzar sin hits ni carreras con el Cedars Rapids cuando este era filial de los Astros en 1973, y Dave Aloi, quien había conseguido el suyo en 1973 también, con el Covington de la Rookie League. No tengo idea de si los cinco pitchers con juegos sin hits ni carreras en un roster representa algun tipo de record o no, pero no puede ser común, y los Packers de 1975 son ciertamente el equipo de más pitchers con no-hitters en la historia del beisbol organizado. Dígame usted que significa cuando digo que ninguno de ellos lanzó siquiera un inning en las mayores. El esfuerzo de Alfaro casi fue arruinado antes de empezar cuando Calvin Moore (cf) abriendo el juego por Cedar Rapids, bateó un elevado que amenazaba con hundirse sobre la grama de la derecha. Pero el rightfielder Al Osofsky se deslizó sobre sus rodillas para atrapar la pelota. Ese fue probablemente el momento más dramático que vería la multitud esa gran noche promocional (el primera base Dan Sasser había sido nombrado jugador del año de los Giants antes del juego), aunque tal vez hubo algo de suspenso a preguntarse como el anotador oficial consideraría el error de Kevin Drake, cuando una línea de Germán De Los Santos rebotó de su guante. Más allá de eso, parece como si el no-hitter nunca estuvo en duda, ya que ningún Giant llegó a primera base por imparable, y de acuerdo a la Gazette, “Alfaro pareció lanzar tan duro en el noveno inning como lo hizo en el primero”. Lanzó 9 episodios, 0 imparables, 0 carreras, 3 boletos, 5 ponches. El jardinero central de los Packers fue Terry Puhl, quien bateó de 3-2 con 2 carreras anotadas. El campocorto de era Arnaldo Alvarado quien bateó de 5-1 con 2 carreras impulsadas. El sin hits ni carreras fue la décima tercera victoria de Alfaro , y su última de la temporada; perdió sus próximas dos decisiones para terminar con marca de 13-8, la cual fue más que buena para liderar el equipo, aunque fue Aloi quien comandó a los Packers (y la MidWest League) en efectividad. Alfaro fue promovido al Columbus AA en 1976, y respondería con marca de 7-7 y efectividad de 3.97. Lanzaría en tres niveles en 1977, y tuvo balance de .500 en todos ellos. Fue su último año en el sistema de los Astros. En 1978 lanzó en México, y en 1979 fue uno de esos quienes participaron en el experimento de la Liga Interamericana. Cuando su franquicia de Panamá claudicó, él se fue a México, y terminó su carrera con Veracruz. Por todo, José Alfaro tuvo marca de 37-41 en su carrera de siete años. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del traductor: Números de José Alfaro en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional: 1974-75 hasta 1986-87: 136 J, 41 I, 2 C, 20 G, 22 P, 3 S, 357 IL, 392 HP, 202 CL, 174 K, 230 BB, 5.09 EFE. Actuación de Terry Puhl con Cardenales de Lara en la temporada 1977-78: 59 J, 209 VB, 31 CA, 59 H, 7 2H, 2 3H, 2 HR, 21 CE, 8 BR, .282 AVG. Actuación de Arnaldo Alvarado con Cardenales de Lara 1973-74 hasta 1982-83: 236 J, 412 VB, 58 CA, 84 H, 8 2H, 7 3H, 1 HR, 37 CE, 7 BR, .204 AVG.

jueves, 16 de junio de 2016

Edgar Naveda, Jugando Duro - 567

Martes, 14 de septiembre de 2010. Edgar Naveda estaba en una racha a comienzos de agosto de 1990. Tenía 7 imparables en sus últimos 14 turnos, incluyendo un doble que le dio a sus SunRays de Orlando una ventaja tempranera, de acuerdo a The Orlando Sentinel. Todo esto llegó después de una degradación, desde el Portland AAA hacia el Orlando AA, escribió The Sentinel. “Eso es desafortunado para ellos (Portland) y afortunado para nosotros”, le dijo a The Sentinel el manager de los SunRays, Ron Gardenhire. “Naveda es muy valioso; puede encender un equipo. Él es el tipo de muchacho feliz de estar vivo”. Naveda empezó cuatro años antes, al ser firmado por los Mellizos en su nativa Venezuela. Empezó en el Kenosha A en 1986, jugó 109 encuentros y bateó .233. Regresó al Kenosha en 1987, su bateo remontó. Bateó .278 con 14 jonrones. Para 1988, fue a Visalia y tuvo promedio de bateo de .282, tuvo un juego de tres imparables en julio. Naveda jugó primero en Orlando en 1989 y tuvo éxito. Bateó .283 en 70 juegos y ganó su primera promoción al Portland AAA. Gardenhire veía a Naveda como un jugador versátil, escribió The Sentinel en mayo de 1989, alguien a quien podía usar casi en todas las posiciones. Había jugado en cada posición excepto catcher, primera base y pìtcher, escribió The Sentinel. Gardenhire hablaba de como Naveda estaba en una seguidilla de siete juegos bateando imparables, extendida a siete con un doble de dos carreras. Naveda se ganó la promoción al Portland AAA a finales de junio. Estaba bateando .315, escribió The Sentinel. En su primera aparición con Portland, Naveda bateó un jonrón para ganar el juego de acuerdo a The Sentinel. Pero en 33 juegos en AAA, el promedio de Naveda cayó. Bateó solo .236. Regresó a Orlando para finales de agosto, para batear un jonrón de dos carreras en el octavo inning de una victoria de Orlando, escribió The Sentinel. Naveda empezó abajo en Orlando en 1990, bateó un jonrón en el juego del 10 de abril, y empujó con sencillo la única carrera de los SunRays en el juego del 13 de abril. Pero pronto regresó a Portland. Su promedio se mantuvo bajo. Bateó .231 en 78 juegos y fue regresado a Orlando para agosto. Naveda pasó las próximas dos temporadas en Portland, bateó .269 y .243. Pero su carrera terminó, sin ser llamado a las mayores. De vuelta en agosto de 1990, bajado a Orlando y bateando de nuevo, Naveda estaba claro acerca de sus pensamientos sobre lo que había transpirado. “Solo pienso en el futuro”, le dijo Naveda a The Sentinel. “Ahora solo quiero pensar en jugar duro”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 14 de junio de 2016

Motivado por una pasión por el beisbol, Kole Calhoun probó que sus detractores estaban equivocados.

Marcia C. Smith. ocregister.com. 10-04-2015. Los Angelinos estaban aullando con sus halos luego de su juego del 17 de septiembre, al celebrar en el clubhouse de Angels Stadium como los nuevos campeones del oeste de la Liga Americana. Los peloteros parecían anfibios, cada uno usaba su careta de buceo, hicieron un alto en su burbujeante festividad cuando el manager Mike Scioscia, se sentó en el piso con una botella en la mano. Felicitó al equipo por terminar la sequía de cuatro años sin playoff. Se volteó en el piso y pasó la botella al residente experto en postemporada Albert Pujols, el veterano bateador de poder quien había jugado tres Series Mundiales con los Cardenales de San Luis, y ganó dos. Pujols dijo unas pocas palabras y revisó la habitación, sus ojos pasaron a través del potencial jugador más valioso de la Liga Americana Mike Trout, el as Jered Weaver, el campocorto estrella Erick Aybar, el gerente general Jerry DiPoto y otros hasta encontrar al héroe anónimo de la temporada 2014. Entonces Pujols coloca la champaña en las manos de un Angelino menos conocido, el compacto y pecoso pelirrojo quien fue el abridor del orden al bate, jugó en el jardín derecho e hizo tragar sus palabras a todos los que dijeron que él era muy pequeño y lento para jugar en las mayores. “Kole es nuestro MVP”, expreso Pujols, mostrando admiración y cediendo los honores de descorchar la botella a Kole Calhoun. Atrapado fuera de guardia pero con careta de buceo, Calhoun luchó nerviosamente con la botella, se fajó con el corcho y finalmente forzó el estallido, la espuma salió proyectada hacia lo alto para más celebración. “No podía creer que Albert me diera la botella”, recordó Calhoun de su mejor bautismo con los Angelinos. “¡Solo esperaba poder hacer explotar al corcho!”. Cuando los Angelinos inauguren su calendario como anfitriones el viernes en la noche contra Kansas City, Calhoun regresará como abridor, bateando primero y delante de los todos estrellas Trout y Pujols, sin discusión los mejores peloteros de sus respectivas generaciones. Para llegar allí, Calhoun ha tenido que fajarse, esa es la razón de que, una décimotercera escogencia en 1999 quien bateó .272 la temporada pasada con 31 dobles y 17 jonrones, le guste tanto a Pujols. Los entrenadores de escuela secundaria de Phoenix le dijeron una vez a Calhoun que él nunca jugaría en sus equipos. Así que su familia se mudó hacia el oeste, donde él pudiese tener una oportunidad. Los scouts lo descartaban debido a su poca estatura y velocidad a pesar de ser un bateador zurdo y tener muy buen brazo de esa mano. Así que él los ignoró y siguió insistiendo, esperando llamar la a tención de alguien. Los equipos de Grandes Ligas lo ignoraron en cuatro drafts: luego de temporadas destacadas en Buckeye Union (Ariz.) High, luego de dos años en Yapavi College (Prescott, Ariz.) y de nuevo después de su temporada inicial en 2009 en Arizona State. Para entonces, Calhoun había experimentado suficiente rechazo para tomar un “no” como respuesta. Pero él insistía. El scout de los Angelinos, John Gracio vio la intensidad de Calhoun, los intangibles de la firmeza y el carácter de un jugador hambriento y valioso compañero de equipo. Los Angelinos lo seleccionaron en la octava ronda (264 en la general) del draft de 2010. Fue el jugador de liga menor del año de los Angelinos en 2011, debutó en Grandes Ligas en 2012 y se convirtió en jugador regular la temporada pasada. Ahora tiene 27 años, cuatro mayor que el fenómeno Trout. Y él está ahí. “Estamos viviendo el sueño”, dijo la madre de Calhoun, Teresa, quién estará en el juego inaugural como anfitrión del viernes en la noche. “Si hay algo que Kole prueba, eso es ‘No te rindas. Ten fe’”. Nacido para jugar pelota. Calhoun nació en la Cactus League, en el St. Luke Hospital de Tempe (Ariz.), a pocas millas de la facilidad de entrenamientos primaverales de los Angelinos. Su padre Gregg una promesa del beisbol del area de Phoenix quien dejó pasar una oferta de Arizona State University por el dinero rápido de un rodeo de toros. “Pero el rodeo terminó cuando él llegó”, dijo Teresa Calhoun de cabellos claros, señalando a Kole en el jardín derecho durante un juego de la Cactus League esta primavera en el Diablo Stadium de Tempe. “Montar toros era muy peligroso y no pagaba las facturas”, dijo ella. “Estábamos comenzando una familia así que teníamos que ser prácticos”. Ella describió a Kole, el mayor de tres hijos, como un “Hermoso bebé quien siempre quería estar alrededor de las personas y jugar”. A los cuatro años, Kole aterrorizaba a la familia al agitar un bate de plástico en la sala de Phoenix. Kole acompañaba a su padre en su trabajo como instalador de televisión por cable, siempre buscaba algo que batear. Duirante un receso de almuerzo, Kole desapareció. Un directivo de la propiedad encontró a Gregg para decirle lo que Kole había hecho. Kole había tomado un pedazo de tubo de treinta centímetros de largo, y tres de diámetro, de la parte trasera de la camioneta de su padre. Lo usó para batear las aceitunas negras que habían caído de un árbol, las estrellaba contra la pared del edificio de apartamentos. Cientos de manchas negras punteaban la pintura blanca, lo cual enfureció a Gregg, quien corrió para detener a su hijo. “Espere”, dijo el directivo, tocando la espalda de Gregg. “Mírelo golpear esas cosas. Mire esa coordinación mano-ojo. ¿Puede hacer eso?” Gregg sacudió su cabeza y dijo, “Vamos a tener que inscribirlo en un equipo de beisbol”. La carrera beisbolera de Kole se convirtió en un reto para la familia, con juegos y viajes todo el año, y sus padres siempre en las tribunas. Sus hermanas menores, Taylor y Shelby, jugaban a atrapar la pelota con él y le lanzaban práctica de bateo. Taylor, a los 12 años, salió con un ojo morado al lanzarle. “Todos jugaban con Kole porque él siempre tenía una pelota en las manos”, dijo Teresa. Ella le compraba juegos de barajitas de beisbol coleccionables cada año. Lo ayudaba a decorar su habitación con sus uniformes y trofeos de pequeñas ligas. Ella lavaba las manchas más rebeldes de sus uniformes. Ella traía a casa los bobbleheads de beisbol que vendían en el Circle K local, donde trabajó por 12 años. Ella hasta llevó a Kole de 10 años con ella cuando su compañía, un patrocinante importante de los Cascabeles de Arizona, ofreció a sus trabajadores veteranos una caminata por el Chase Field antes que este abriera sus puertas en 1998. “Durante la visita, lo recuerdo diciendo, ‘Voy a jugar aquí algun día mamá’”, dijo Teresa. “Y le creí. Nunca lo dudé”. Pero otros si dudaron. Rechazado, despreciado. Cuando Kole estaba a punto de empezar la escuela secundaria, los entrenadores de tres liceos de Phoenix le dijeron al entonces catcher zurdo que él probablemente nunca jugaría en sus equipos. Con su vecindario de Phoenix sufriendo dificultades urbanas y las posibilidades locales de juego para Kole disminuyendo, los Calhoun se mudaron 30 millas al oeste. Compraron un acre en Buckeye, entonces un pedazo de desierto que se estiraba por seis salidas marcada con cactus en la Freeway 10, con una población de 6500. Buckeye ha sido el hogar de dos personas notables, de acuerdo a Wikipedia: El autor de “The Jungle”, Upton Sinclair y Calhoun. En Buckeye Union High, Kole jugó futbol Americano, futbol y beisbol. Fue un quarterback reconocido en todo el estado y fue nombrado jugador del año en beisbol en 2006 por Skyline Region. Al no ser escogido en la secundaria, él fue a la universidad en Yapavi, y se convirtió en una mención honorífica del NJCAA All-American en 2008. Sin ser escogido al salir de Yapavi, consiguió una beca de ASU, al haber querido jugar cerca de su abuelo y cumplirle una promesa a su madre sobre ser el primero de la familia de ella en lograr un grado universitario. Al no ser escogido luego de su mención honorífica All-Pac 10 en la temporada de primer años y de batear un jonrón de bases llenas en la 2009 College World Series, Calhoun estaba muy afectado. “No conseguir nada después de su primer año universitario fue lo más disgustado que he visto a Kole”, recordó Gregg. “Pero mi hijo no se resignaría. Yo le seguía diciendo a los scouts quienes decían que él era muy pequeño y lento, ‘¡Solo déjenlo jugar! ¡Le compraremos unos zapatos de tacón alto!’” Calhoun logró su grado (estudios interdisciplinarios en negocios y sociología), y finalmente fue escogido en el draft de 2010 y se sumergió en el sistema de granjas de los Angelinos. Una llamada tarde en la noche llegó el 20 de mayo de 2012. “¿Qué vas a hacer este fin de semana?” le preguntó Kole a su padre. “Necesitas ir a Oakland. ¡Voy para las Grandes Ligas!” Gregg empezó a llorar, le pasó el teléfono a Teresa. Ellos estuvieron en el Coliseo de Oakland para ver su debut el 22 de mayo y su primer imparable, un sencillo de bate partido, la noche siguiente. “Al verlo”, dijo Gregg, “todo lo que yo quería era encontrarme con cada scout que alguna vez nos dijo que él nunca lo haría”. Bromas sobre sus detractores. La noche posterior a su primer imparable, Calhoun entró al clubhouse y encontró una bolsa de papel en su casillero. El pelotero quien nunca recibió mucho respeto antes, sacó orgullosamente la pelota de la bolsa. Entonces leyó la inscripción mal escrita: El primer imparable de Cole Kalhoun. Se ruborizo hasta el rojo de los Angelinos, lanzó sus manos hacia el aire, al haber llegado tan lejos, gritó, “¿Verdad?” Los peloteros más bromistas de inmediato largaron la carcajada, y el cuidacuartos le lanzó la pelota verdadera con la inscripción correcta. Calhoun le hizo la misma broma a su padre, quien mantiene esa pelota en la sala de la familia. Esa fue su bienvenida a las Grandes Ligas. El pasado septiembre probó que pertenecía allí. Esta noche Kole Calhoun es el abridor, Sin bromas. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 10 de junio de 2016

Tributo póstumo a Rubén Quevedo

La página siguiente a la central del diario Líder detuvo mis pasos en la calle, este miércoles 8 de junio de 2016. La muerte siempre me sorprende con imágenes de vida, como si el último momento compartido con el difunto estuviese en pleno desarrollo y pudiera hablar con él o ella y de pronto siento como la imagen se hace más presente, al punto de casi entablar una conversación interespacial, donde por lo general soy un poco desconsiderado al reclamar la partida, luego bajo la mirada y agradezco todos los momentos gratos compartidos. Rubén Quevedo, el pitcher corpulento de lanzamientos poderosos quien jugo cinco temporadas con los Navegantes del Magallanes y una con los Tigres de Aragua en LVBP y además mostrara sus atributos de lanzador en MLB con Cachorros de Chicago y Cerveceros de Milwaukee había dejado de existir el martes 7 de junio a consecuencia de un evento cardíaco mientras participaba en un juego de softbol. Lo primero que quise preguntarle a Quevedo en esa conversación interespacial fue que sintió el lunes 28 de enero de 2002 cuando subió al montículo del estadio José Pérez Colmenares de Maracay para abrir el quinto juego de la final ante los Tigres de Aragua. Magallanes dominaba la serie 3-1 y el manager Phil Regan le entregó la esférica a Quevedo luego de haber iniciado el primer juego de la serie (23-01-02), un desafío donde se fue sin decisión, luego de 6.1 episodios en los que recibió dos carreras, Magallanes terminó ganando 3-2 y Jeremy Wedel se apuntó la victoria. En el round robin, Quevedo se había acreditado otro triunfo ante Cardenales de Lara (07-01-02) con pizarra de 9-1. Siempre las instancias finales de un evento deportivo generan mucha tensión e inquietud. Aunque no podía escuchar la voz de Quevedo, su mirada bonachona indicaba que antes de salir al bullpen aquella noche pasó como quince minutos amarrándose las trenzas de los zapatos, hasta que Regan lo fue a buscar al clubhouse. “C’mon Reuben, let’s go, you can beat them. I know you’re the guy for that”. Con el periódico apretado en la mano derecha eludí varios carros en un cruce de semáforo, las imagénes del wind up de Quevedo se confundían con el paso de cebra violado por los automovilistas. En mi mente le agradecía a Rubén Quevedo por aquella actuación de 7 innings donde mantuvo en dos carreras (sucias) a los Tigres, solo le conectaron 3 imparables, mientras concedía 3 boletos y ponchaba 4. Esta vez Magallanes reaccionó con 2 anotaciones en el quinto inning y otras dos en el sexto para que la victoria fuese propiedad de Quevedo. Y que victoria, la del campeonato 2001-02. Asi Quevedo se unía a un selecto grupo de lanzadores quienes habían ganado juegos campeoniles: Melvin Himes, Mike Lemish, Jay Ritchie, Jim Easterly, Larry Rotschild, Jason Grimsley, Juan Carlos Pulido, Ramón García, F. Abad, entre otros. Alfonso L. Tusa C.