viernes, 21 de abril de 2017

Ahora al bate: 14 Nuevos Libros de Beisbol.

Daniel M. Gold. 2 de abril de 2017. The New York Times. Esto ocurre cada primavera. Es hora de jugar beisbol, así que los editores preparan una nueva tarjeta de alineación con biografías, historia de los equipos y otros asuntos beisboleros. Esta temporada debe empezar reconociendo el surrealismo de que luego de 108 años, los Cachorros de Chicago son de nuevo campeones de la Serie Mundial. “The Plan” (Triumph) escrito por David Kaplan, es una crónica del proyecto para convertir “una de las peores organizaciones del beisbol” en “una dinastía en proceso”. Kaplan empieza con la compra de la franquicia en 2009 por parte de Tom Ricketts, y la subsecuente contratación de Theo Epstein, el gerente general artífice de dos títulos para los antiguamente malditos Medias Rojas de Boston. El sistema de granjas de Chicago es alimentado y Joe Maddon, el manager de los Rays de Tampa Bay es contratado para le temporada de 2015. Se agregan jóvenes como Kris Bryant y Kyle Schwarber, y agentes libres como Jon Lester, y un equipo perdedor por mucho tiempo es finalmente número 1. Hay mucho esoterismo de oficina principal, un apéndice enlista las clausulas de los contratos de los asientos en los techos de los edificios adyacentes a Wrigley Field, pero a los fanáticos de los Cachorros no les importa. En cuanto a los equipos de Nueva York, “Casey Stengel” (Doubleday) escrito por Marty Appel, es la biografía más reciente: Stengel no solo jugó para los Dodgers de Brooklyn y los Gigantes de Nueva York, él dirigió a los Dodgers antes de conducir a los Yanquis a su período más dominante y se convirtió en el primer manager de los Mets de Nueva York. “Leo Durocher” de Paul Dickson (Bloomsbury), es una crónica de las aventuras de Leo the Lip, el pintoresco jugador (brevemente con los Yanquis, luego con los Dodgers) y manager (de los Dodgers, Gigantes y otros equipos) quien se mantuvo en las páginas deportivas por más de 40 años. “Urban Shocker” (University of Nebraska) de Steve Steinberg recuerda a un pitcher de los Yanquis quien debería ser conocido mejor por su nombre. Un cultor de la bola de saliva quien fue cambiado a los Carmelitas de San Luis, Shocker tuvo cuatro temporadas de 20 triunfos antes de regresar a Nueva York a tiempo de ser parte del equipo campeón de 1927. “Piazza” (Sports Publishing), de Greg W. Prince, revela a un pelotero más reciente y querido. El cátcher de mejor bateo de todos los tiempos, Mike Piazza era una estrella de los Dodgers de Los Angeles cuando fue cambiado dos veces en 1998, primero a los Marlins de Florida, luego a los Mets. Despues de todo lo que Piazza hizo por el equipo (y lo que el equipo hizo por él), el libro de Prince explica porqué significó mucho para los fanáticos de Nueva York que Piazza ingresara al Salón de la Fama el año pasado como un Met. Alrededor de la liga, entre los peloteros quienes cuentan sus historias está Rick Ankiel, el jugador de los Cardenales de San Luis quien perdió su habilidad para pitchear. En “The Phenomenon” (Public Affairs), escrito con Tim Brown, Ankiel habla de sucumbir ante la ansiedad de un desorden llamado comúnmente los nervios de punta, luego continuó su carrera como jardinero. Ankiel tiene compañía. La biografía de Dennis Snelling, “Lefty O’Doul” (University of Nebraska), habla de un pitcher quien, luego de tener dolores en el brazo, se convirtió en uno de los bateadores y coach de bateo más grandes del beisbol antes de ayudar a establecer el juego en Japón. “Ballplayer” (Dutton) es una memoria confesional de Chipper Jones (con Carroll Rogers Walton), el seguro inquilino del Salón de la Fama quien pasó toda su carrera de 19 años con los Bravos de Atlanta. Los fanáticos de los Mets saben que el disfrutaba venciendo a su equipo tanto que nombró a uno de sus hijos Shea, por Shea Stadium; ellos pudieran no recordar que Jones bateó su primer jonrón de grandes ligas allí. Él detalla ese momento y muchos otros, incluyendo su conducta fuera del terreno que lo llevó a dos divorcios. “One Nation Under Baseball”, de John Florio y Ouisie Shapiro (University of Nebraska), mira hacia como las protestas de la década de 1960 sembraron la semilla del juego de hoy. Un tema recurrente es los reclamos de los peloteros por salarios más altos, y cuando el abogado laboral, Marvin Miller fue contratado en 1966 para liderar el sindicato de peloteros, todo terminó con el pronunciamiento de la corte: El caso de Curt Flood sobre la clausula de la reserva del beisbol desembocaría en la libre agencia. Esta excelente lectura también cubre las relaciones raciales y otros asuntos sociales, así como los equipos, peloteros y eventos más memorables de la década. La libre agencia afectaría a todos los equipos, pero sus primeras víctimas pueden haber sido los Atléticos de Oakland. “Dynastic, Bombastic, Fantastic” (Houghton Mifflin Harcourt) de Jason Turbow, recuenta el dominio del equipo a principios de la década de 1970, cuando ganó tres Series Mundiales seguidas con una alineación que incluía a Reggie Jackson, Joe Rudi y Sal Bando y un cuerpo de lanzadores encabezado por Catfish Hunter, Vida Blue y Rollie Fingers. Para 1976 la libre agencia acabó con la escuadra, y el dueño del equipo, Charlie Finley, la vendería pocos años después. “Off Speed” (Pantheon), de Terry McDermott, sigue la evolución del pitcheo desde sus primeros días, cuando la pelota se lanzaba por debajo del brazo, hasta la ciencia moderna de lanzarla a velocidades sobrehumanas. McDermott describe nueve pitcheos, mezclando entrevistas de peloteros y entrenadores en un examen absorbente de este arte secreto. (A lo largo del libro él devela los secretos del juego: ¿Como no supe nunca de Lena Blackburne Baseball Rubbing Mud?) Como Jane Leavy hizo en “Sandy Koufax”, McDermott enmarca su libro alrededor de los nueve innings de un juego perfecto, en este caso el de Felix Hernández de los Marineros de Seattle, lanzado en 2012. Una contraparte ideal es “Almost Perfect” (Lyons) de Joe Cox. Como ese fanático de beisbol que Tolstoy casi describió, “Todos lo juegos perfectos se parecen, cada juego imperfecto es imperfecto a su manera”. Cox analiza los 16 juegos entre 1908 y 2015 en los cuales los pitchers retiraron al menos los primeros 26 bateadores que enfrentaron, solo para ver como la perfección los eludía. El juego como metáfora nos llevará al hogar a salvo. Dos colecciones refrescantes vienen desde el norte de la frontera. En “Baseball Life Advice” (McClelland & Stewart, tapablanda), la novelista canadiense Stacey May Fowles, una ávida aficionada de los Azulejos de Toronto, toca temas rara vez discutidos, empezando con un afectivo recuento de cómo, durante períodos de intensa depresión, el juego la hizo seguir adelante cuando nada más la motivaba. Y su análisis general desde el movimiento épico del bate de José Bautista (el cual ella favorece) hasta la rehabilitación pública de José Reyes después de su suspensión por violencia doméstica (a lo cual ella se opone) aporta unas perspectiva muy rara. “Fail Better” (Biblioasis, tapablanda) de Mark Kingwell, un profesor de filosofía de la University of Toronto, es una mezcla de memoria, historia y nostalgia. Su estrella del norte es la intemporalidad del beisbol, sus vacíos entre las acciones. En un breve desvío, él dibuja una línea desde el campeonato de Chicago hasta la elección, días después, de Donald J. Trump. Kingwell no lo dice, pero la implicación es clara: Esto es lo que ocurre cuando los Cachorros ganan la serie. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 20 de abril de 2017

Han pasado 50 años, pero la gema de Billy Rohr aun muestra de que están hechos los sueños.

Steve Buckley. The Boston Herald. 14 de abril de 2017. Billy Rohr estará en la corte a las 8 en punto de la mañana, porque eso es lo que hacen los abogados. Más adelante en el día tiene una reunión en Loma Linda University Medical Center, al cual él representa, y aún más tarde llevará a su esposa Kathy a una cita médica. Un día más. “Pero no me malinterprete”, dijo Rohr, de 71 años de edad, por teléfono el otro día desde su oficina en Palm Springs, Calif. “Estoy pendiente de la fecha. Estará en mi mente todo el día. Y dudo que alguno de mis amigos me permita olvidarla”. Billy Rohr. Solo decir el nombre es regresar el reloj hasta comienzos de la primavera de 1967, y a una época cuando los Medias Rojas eran poco más que algo secundario en toda Nueva Inglaterra y más allá. Y si alguien pensaba en ellos, era principalmente para bromear y reir a carcajadas, porque los patirrojos eran un hazmerreir. El equipo de ligas mayores de Boston había pasado la mayor parte de las dos décadas previas rondando el sótano de las posiciones de la Liga Americana, era una organización tan desactualizada que no fue hasta 1959 cuando Pumpsie Green se convirtió en el primer pelotero negro en ponerse el uniforme de los Medias Rojas. Jackie Robinson había debutado con los Dodgers de Brooklyn hacía 12 años. Pero entonces llegó 1967, y salió el sol. Los patirrojos tenían a un manager aguerrido en Dick Williams, y tenían a un par de ejecutivos en la oficina principal llamados Dick O’Connell y Neil Mahoney, quienes, al notar que el dueño Tom Yawkey había perdido interés en el equipo, dotaron a la nómina de jugadores afroamericanos jóvenes como Joe Foy y George Scott, y John Wyatt, un relevista veterano quien 12 años atrás había lanzado con los Clowns de Indianapolis en las ligas negras. Los Medias Rojas tenían al héroe local Tony Conigliaro. Tenían dos estrellas nacientes en el jardinero izquierdo Carl Yastrzemski y el pitcher derecho Jim Lonborg. Y el 14 de abril de 1967, hace 50 años, tuvieron a Billy Rohr. Héroe Inesperado La mayoría de los aficionados a los deportes de Nueva Inglaterra, aún los que no existían entonces, entiende que fueron los Medias Rojas del “Sueño Imposible” quienes cambiaron para siempre la manera como se siente el beisbol allí. Los largamente desventajados Medias Rojas con las apuestas en contra 100-1 capturaron el banderín de la Liga Americana el día final de la temporada, y luego se fajaron con los Cardenales de San Luis hasta el séptimo juego de la Serie Mundial hasta que un gran pitcher derecho llamado Bob Gibson acabara con el sueño. Pero a los ojos de muchos aficionados viejos de los Medias Rojas, el Sueño Imposible no empezó el día inaugural en Fenway Park, sino días después, el 14 de abril, cuando los Medias Rojas se aparecieron por el Yankee Stadium original para enfrentar a los Yanquis en la apertura de la temporada en ese estadio. Williams decidió entregarle la pelota a Rohr, un zurdo flaco que estaba por debutar en grandes ligas. De lo que a menudo no se habla es que el catcher de Rohr de ese día, un tipo de 27 años nativo de Fall River, llamado Russ Gibson quien había pasado 10 temporadas completas en las menores, también estaría debutando en grandes ligas. Es cierto, los Yanquis de 1967 estaban pasando aceite, sus décadas de dominio habían quedado atrás. Habían terminado últimos en la Liga Americana de 10 equipos en 1966, y para finales de 1967 solo subirían al noveno puesto. El toletero Mickey Mantle tenía el cuerpo adolorido y jugaba su penúltima temporada, y su pitcher abridor del 14 de abril, el rival de Rohr, era el gran zurdo Whitey Ford, alias “The Chairman of the Board”, quien en menos de un mes lanzaría su último juego. Pero, caramba, Mickey Mantle y Whitey Ford. Eso era suficiente para asustar a un muchacho de 21 años que debutaba en grandes ligas, quien solo había lanzado ante equipos de ligas menores y cuya única experiencia en estadios de ligas mayores venía de cuando iba a algun juego de los Medias Rojas cuando era niño. Aún así, esto fue lo que ocurrió. Billy Rohr, quien en 1966 lanzó para el equipo filial AAA de los Medias Rojas en Toronto, llegó lanzando sin hits ni carreras al noveno inning. Producir una joya Aquí, necesitamos entregarle la historia al difunto, gran narrador radial Ken Coleman, cuya descripción de la atrapada de Yastrzemski ante el elevado profundo de Tom Tresh para abrir el cierre del noveno inning vivirá por siempre, gracias al simbólico y maravilloso disco del “Sueño Imposible” que cada fanático de los Medias Rojas de aquellos días puede recitar de memoria. “Billy Rohr en el umbral de algo grande, con una tremenda actuación hoy. Ocho imparables, todos ellos pertenecen a los Medias Rojas. Rohr hace sus movimientos, aquí viene…elevado a lo profundo del jardín izquierdo…¡Yastrzemski retrocede a toda velocidad…se lanza sobre la grama y realiza una tremenda atrapada! ¡Todos en Yankee Stadium se pusieron de pie mientras Yastrzemski retrocedía y atrapaba la pelota!” El próximo bateador, Joe Pepitone, bateó un elevado inofensivo a la derecha. Rohr estaba a un out de un juego sin hits ni carreras. El siguiente bateador era Elston Howard, el veterano catcher de los Yanquis quien al final de la temporada jugaría con los Medias Rojas. Aquí fue cuando el manager Dick Williams hizo lo que después admitiría como uno de los errores más grandes de su carrera dirigencial de Salón de la Fama. “Tontamente salí a conversar con Rohr antes de su primer envío a Howard”, declaró Williams en su autobiografía, “No More Mr. Nice Guy”, escrita con Bill Plaschke. “Él tenía una cita con la fama, y mi intervención pudo haber incidido en que la malbaratara”. Si fue o no consecuencia de la intervención de Williams, Rohr llegó al conteo de 3 y 2 antes de dejar una curva sobre el plato que Howard dirigió hacia el jardín derecho para un sencillo. Rohr perdió el juego sin hits ni carreras pero los Medias Rojas ganaron el juego. Pero para muchos seguidores de los Medias Rojas, algo más ocurrió ese día. Si este muchacho puede ir a Yankee Stadium y estar a un out de un juego sin hits ni carreras en su primera apertura de grandes ligas, ¿De qué más es capaz este equipo? Estaría mintiendo si dijera que los seguidores de los Medias Rojas empezaron a prepararse para la Serie Mundial desde ese día. Eso no fue lo que ocurrió con los fanáticos, y no fue lo que pasó con Rohr, ni lo que pasó con el equipo. Como Rohr me dijo esta semana, “Yo no tenía ninguna experiencia con el equipo grande y sus intentos de ganar juegos en los años previos a 1967. Sabía cuales habían sido las marcas, pero no tenía la menor idea de la prolongada historia de la sequía. Así que fue difícil para mí conectarme con eso”. Impacto duradero Lo más cerca que estuvo Rohr de sospechar que había ocurrido algo significativo fue cuando regresó al hotel del equipo y encontró un mensaje de un representante de Ed Sullivan, cuyo programa de variedades los domingos por la noche televisado a nivel nacional, era un gigante en sintonía. “Yo estaba muy seguro de que eran Gibby y Mike Andrews y quizás Jim Lonborg, quienes andaban en algo, así que no le presté atención a eso”, dijo Rohr. Pero la gente de Sullivan quería que Rohr fuera presentado a la audiencia el domingo en la noche. Y Williams, quizás afectado por la culpa de aquella visita al montículo, permitió que Rohr asistiera al Ed Sullivan Theater. Y después de conocer a Sullivan y hablar de beisbol tras bastidores con el cantante Tony Bennett, quien estaba esa noche en el programa, Rohr abordó un vuelo comercial el lunes en la mañana para reunirse con los Medias Rojas en Chicago. Hubo otras visiones de celebridades conectadas con el juego de un hit de Rohr. Ese día estaba en la tribuna la antígua primera dama Jackie Kennedy, quien vio el juego con su hijo John-John de seis años. Rohr habló con ellos después del juego. También estaba en la tribuna la estrella de cine nacida en Quincy, Lee Remick. Gibson, quien falleciera en 2008, me dijo una vez que Conigliaro tenía un portero en Yankee Stadium quien le llevaba mensajes a Remick, quien finalmente respondió: “Tony, despierta, Lee Remick”. Considerando que Conigliaro pasó la mitad del juego tratando de conseguir una cita y que Rohr estaba tan desconectado de lo que había hecho que asumió una llamada de Ed Sullivan como una broma, es justo decir que a las personas les tomaría algunos años para de verdad entender lo que había ocurrido el 14 de abril de 1967. “La primera vez que me di cuenta de eso”, dijo Rohr, “fue en 1983, cuando regresamos a Fenway para la “Tony C Night”, después que Tony tuvo su ataque cardíaco y estuvo hospitalizado. Ese fue el día del golpe de Buddy LeRoux, todas esas cosas extrañas estaban ocurriendo”. “Pero había tantas personas hablando conmigo, preguntándome por el juego de un hit, que eso empezó a arraigarse. Además, estaba el disco del Sueño Imposible y la narración de Kenny Coleman de aquel juego. Me parece que el juego tienen un lugar en la mayoría de nuestras memorias colectivas”. Rohr ganó solo dos juegos más en las mayores, uno de ellos contra los Yanquis una semana después en Fenway. Lanzó un poco con los Indios de Cleveland en 1968, y luego en las menores con los Tigres y los Expos de Montreal. Retirado del beisbol después de 1972, él regresó a la escuela, y después a la escuela de leyes. Él y Kathy tuvieron una hija y ahora tienen tres nietos. “Sé que tan importante fue ese juego para mí, y sé que tan importante fue para los seguidores de los Medias Rojas”, dijo Rohr. “Pero de ahora en adelante cambiaré la historia. Es el cierre del noveno con cuenta completa para Elston Howard y el abanica se poncha y termina todo. ¿por qué no?” “A mi edad”, dijo él, “no hay nada malo con un poco de teatro”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 18 de abril de 2017

Antonio Senzatela se recupera ante los Gigantes mientras los Rockies hacen algo que nunca habían hecho en San Francisco.

Nick Groke. The Denver Post. 16 de abril de 2017. San Francisco.- Aún cuando tenía 15 años y pitcheaba entre los arboles de mango de los suburbios de Valencia, Venezuela, Antonio Senzatela llamaba la atención de los scouts con sus movimientos. Su recta de muchacho era un pitcheo de adultos, fuerte y real y ubicado en cualquier parte del plato que él quisiera. “Él siempre ha tenido ese don especial”, dijo el director de pitcheo de los Rockies, Mark Wiley. “Siempre ha tenido control sobre su recta, en ambos lados del plato. Eso es raro tan temprano en tu carrera”. En las tres aperturas de su carrera de ligas mayores, incluyendo una poderosa victoria sobre los Gigantes en AT&T Park este domingo 16 de abril, casi 8 de cada 10 envíos de Senzatela han sido rectas. Con solo 22 años de edad, las lanza con la convicción de un veterano. “Como dice el viejo adagio. Baila con quien te lleve el paso”, dijo el manager debutante con los Rockies, Bud Black. “Cada juego es diferente. Es un lienzo en blanco. Pero, epa, él pitchea su recta. Es como lo promocionan”. Aún con Senzatela lanzando solo su tercer juego por encima de la categoría AA, los Rockies ganaron una serie de cuatro juegos en San Francisco por primera vez en sus 25 años de historia. Vencieron a Madison Bumgarner el jueves, perdieron ante Johnny Cueto el viernes y consiguieron una victoria dominante con trabajo completo de Tyler Chatwood la tarde del sábado. “Es como, guao”, dijo el segunda base DJ LeMahieu. “Los juegos aquí siempre son difíciles. Tenemos muchos tipos a quienes les gusta jugar en ambientes como este. Esos son gallos de pelea. De verdad nos fajamos en la ocasión”. En los siete innings de Senzatela de este domingo los Gigantes conectaron tres imparables y dejaron siete hombres en base. Pero él logró dejar varados corredores en tercera base en los innings sexto y séptimo. Luego de permitir tres carreras en el primer inning, Senzatela retiró nueve bateadores en fila hasta el cuarto episodio y tuvo seis innings seguidos en blanco. Los Rockies lo ayudaron con tres carreras en el primer inning, incluyendo un jonrón de Charlie Blackmon para empezar el juego, y otra impresionante actuación del bullpen de Colorado en los dos innings finales. “Ese es el aspecto que tenía loco a nuestro personal de ligas menores: Su habilidad para mover la recta, para lanzarle a bateadores derechos y zurdos, para lanzar la pelota abajo y afuera ante ambos, para subir los envíos cuando es necesario”, dijo Black de Senzatela. “Lo que está haciendo es lanzar fundamentalmente con inteligencia”, dijo Black. “Está lanzando su juego. A medida que los pitchers progresan, y se hacen de armas múltiples, generan debilidades en los bateadores. En este momento, él está lanzando con mucha propiedad”. Los Rockies castigaron temprano al derecho de los Gigantes, Jeff Samardzija con tres carreras, mediante el vuelacerca de Blackmon, sencillo de LeMahieu y dobles seguidos de Carlos González y Nolan Arenado. Los Gigantes hicieron lo propio ante Senzatela, con doble de Denard Span para abrir el inning, sencillo de Brandon Belt, doble de Brandon Crawford y elevados de sacrificio de Hunter Pence y Nick Hundley. “Me desperté y dije, ‘Está bien, necesito ajustarme y mantener el juego cerrado para mi equipo’”, dijo Senzatela. Los Rockies consiguieron un sencillo impulsor de LeMahieu en el segundo inning para remolcar a Tony Wolters, el cual resultó la diferencia. Senzatela apretó el brazo desde entonces. Con Belt en posición anotadora en el sexto, LeMahieu hizo una atrapada arrojándose y girando sobre su cuerpo sobre un roletazo de Pence para ponerlo out, entonces Wolters se lanzó sobre so cuerpo para tomar un machucón de Crawford y lanzar a primera por debajo del brazo para retirarlo en primera base. Senzatela saltó sobre su cátcher cuando regresaban al dugout. “Estaba algo asustado”, dijo Wolters. “Pensé que me iba a tumbar”. Mike Dunn ponchó a dos bateadores del inicio de la alineación de los Gigantes en el octavo inning y Adam Ottavino retiró a Pence con elevado. Greg Holland siguió perfecto en situaciones de salvamento (de 7-7) al retirar a los Gigantes por la vía del 1-2-3 en el noveno, incluyendo una atrapada de González arrojándose en la grama para terminar el juego. Los Rockies mejoraron a marca de 9-5 y regresaron al tope del oeste de la Liga Nacional. “Este es un lugar difícil para jugar, sin duda”, dijo Black. “Puedo sentirlo en mis peloteros al venir aquí. Este estadio tiene energía. Jugamos duro y con determinación todo el tiempo”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Una apertura sensacional de Antonio Senzatela y tres jonrones solitarios, hicieron ganar a los Rockies ante los Padres.

Patrick Saunders. The Denver Post. 11 de abril de 2017. La fórmula de los Rockies no fue complicada, pero si efectiva. El abridor Antonio Senzatela estuvo sensacional, se apuntó su primera victoria de grandes ligas y la dedicó a su difunta madre. Nolan Arenado descargó otro oportuno jonrón. El bullpen estuvo a prueba de balas otra vez. Y así los Rockies salieron del diamante en Coors Field este martes por la noche con una victoria 3-2 sobre San Diego, mejorando su marca a 6-3. “Pudimos ver en el entrenamiento primaveral que Senzatela tenía una gran serenidad cuando entraba al terreno”, dijo el manager Bud Black. “Hay algunas cosas que debe mejorar respecto al pitcheo, seguir avanzando. Pero está enfocado y siempre bien ubicado en cuanto a lo que ocurre en el juego”. Colorado, que aún espera que su gran ofensiva despierte, produjo solo cuatro imparables, pero tres de ellos fueron jonrones solitarios de Carlos González, Charlie Blackmon y Arenado. Fue la primera vez en la historia de los Rockies que ellos ganaban con tres jonrones solitarios. El bombazo entre el jardín central y el derecho de Arenado ante el relevista Miguel Días para abrir el séptimo inning fue la diferencia, era la segunda vez que el antesalista estrella conectaba el estacazo decisivo. Arenado también bateó el vuelacercas de irse arriba en Milwaukee durante el noveno inning del cuarto juego de la temporada. Senzatela, el derecho de 22 años de edad, lanzó siete innings, permitió dos carreras y cinco imparables. Cuando el regrese a Venezuela después de la temporada, llevará esa pelota que pidió, y la pondrá en la tumba de su madre, Nidya, quien falleciera el 24 de julio pasado a los 52 años de edad luego de batallar con un cáncer de estómago. “Esto es para ella”, dijo Senzatela. “Sé que me estaba viendo esta noche”. Al usar principalmente una recta que se mueve al llegar al plato, él ponchó cinco y caminó solo uno. Al trabajar de manera rápida y determinada, el novato lanzó 94 pitcheos, 64 strikes. Su recta osciló entre las 93 y las 97 millas por hora y cuando lanzaba el slider, confundía a los Padres. En dos juegos en la mayores tiene efectividad de 1.50. “Él parece mucho mayor de lo que en realidad es, cuando se habla de su nivel de madurez”, dijo el cerrador Greg Holland, quien alcanzó su quinto juego salvado en cinco apariciones. El relevista Adam Ottavino, con su slider y recta de vuelta, ponchó los tres bateadores del octavo inning. Holland caminó a Yangervis Solarte para abrir el noveno, pero salió ileso. Holland aun no ha permitido un imparable, ni una carrera, en sus cinco apariciones. “Todos están lanzando bien”, dijo Ottavino. “Sabíamos que tipo de talento teníamos. Sé que no hemos jugado ni 10 juegos, pero es el comienzo de algo grande. Esto está bueno. No creo que alguien se preocupe cuando alguien más toma su turno. Nos sentimos muy fuertes y queremos mantener eso”. La noche de Senzatela no empezó bien. En el tercer envío del juego, dejó colgada una slider ante el primer bateador de los Padres, Manuel Margot, quien la llevó lejos hasta las gradas para su tercer jonrón de la temporada. Senzatela de inmediato ponchó cantado a Travis Jankowski con una recta de 96 millas. “Me dije que el del jonrón fue solo un lanzamiento y tenía que seguir adelante, mantener la pelota baja”, dijo él. Senzatela avanzó a través de los próximos cuatro innings hasta que San Diego anotó una carrera en el sexto. Aún entonces, el derecho no fue bateado. Margot bateó un sencillo por la raya de tercera base y Jankowski siguió con sencillo que pasó apenas fuera del alcance del segunda base DJ LeMahieu. Elevado de sacrificio de Will Myers remolcó a Margot. Blackmon obligó al pitcher abridor de San Diego, Jered Weaver, a lanzar ocho envíos en el primer inning ante de ser retirado con roletazo por segunda base, pero fue ujn buen turno al bate para Blackmon y una señal de lo que vendría. En el sexto episodio, Blackmon envió un slider de Weaver, de 78 millas, hasta la fuente detrás de la cerca del jardín central, para empatar el juego 2-2. González empató el juego 1-1 con el primer jonrón ante Weaver para abrir el cuarto inning. El primer jonrón de González en la temporada tuvo una trayectoria instantánea, aterrizó en los asientos sobre la pizarra manual del jardín derecho. Weaver, pitcher de envíos suaves, mantuvo a los Rockies fuera de paso por seis innings, limitándolos a solo tres imparables, los jonrones de González y Blackmon y un doble de Tony Wolters. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 7 de abril de 2017

El jonrón como bateador emergente del relevista Michael Lorenzen pone a ganar a los Rojos sobre los Filis

Cincinnati (AP). El juego estaba igualado y la banca de los Rojos estaba casi agotada. El pitcher de relevo Michael Lorenzen estaba emocionado con la posibilidad de ayudar con el bate. Lorenzen conectó el primer jonrón como bateador emergente de un pitcher de grandes ligas en ocho años para poner a ganar a Cincinnati, y los Rojos se sobrepusieron a un difícil debut de Rookie Davis para vencer a los Filis de Filadelfia 7-4 este jueves 6 de abril de 2017. Adam Duvall agregó un jonrón de dos carreras mientras los Rojos se recuperaban de un déficit inicial de tres carreras para ganar la serie inaugural, al vencer en dos de tres juegos. El jonrón solitario de Lorenzen, el segundo de su carrera, ante Adam Morgan (0-1) adelantó a los Rojos 5-4 en el sexto inning. El manager Bryan Price utilizó al relevista porque está trabajando con un banco recortado al principio de la temporada. “Quiero ser un pelotero completo”, dijo Lorenzen, quien también jugó como jardinero en la escuela secundaria. “Que me usen donde me necesiten. Él sabe que cuando me envía a batear de emergente, voy a tener una sonrisa en mi cara”. El último jonrón de un bateador emergente pitcher ocurrió en 2009, cuando Micah Owings de los Rojos se la sacó a Ryan Franklin de los Cardenales, de acuerdo a ESPN. Lorenzen bateó una recta en conteo de 3-1, corrió las bases y salió del juego sin enfrentar a ningún bateador. “Él lanzó una recta en conteo de 2-0, así que pude ajustar mi tiempo”, dijo Lorenzen. “Cuando regresó con la recta, ya le habia tomado el tiempo”. Cody reed (1-0) se apuntó su primer triunfo en grandes ligas al escapar a las amenazas en cada uno de los dos innings que lanzó. Drew Storen lanzó el noveno para anotarse su primer salvado desde que los Rojos lo firmaron en un contrato de un año por 3 millones $. Los Filis desperdiciaron una ventaja de 4-1 lograda mediante el par de jonrones de Daniel Nava ante Davis. Nava bateó un jonrón solitario ante el séptimo envío de Davis en las mayores. Agregó un jonrón de dos carreras en el tercero. El último pelotero de los Filis en jonronear en sus dos primeros turnos con el equipo fue Jeremy Giambi en 2002, de acuerdo con Elias Sport Bureau. Fue el primer juego de dos jonrones en la carrera de Nava. Traducción: Alfonso L. Tusa C.