Una noche de hace seis años conversé alrededor de una hora con un hombre que había llenado de gloria al béisbol del estado Sucre. “Está bien, vamos a hablar, pero me tienes que decir si en el mercado de Cumaná todavía se consiguen aquellos dulces de casabe, coco, clavo especia y papelón. Piñonatos, eso es lo que más recuerdo de Cumaná”. La emoción me hizo apreciar una película paralela al diálogo. Los zapatos deslizaron sobre varias piedras pulidas por el desgaste de los neumáticos. Felipe me templó por el hombro de la camisa. Me reclamó que Papá lo iba a regañar si yo llegaba a la casa con los zapatos sucios. El titular de mitad de la página calló el jarabe mandibular de Felipe. “Armando Bastardo lanza juego perfecto en victoria 5-0 del MOP Zona 10 ante Urbanos” Mientras esquivábamos, postes, carros y personas en la acera y la calle, las imágenes de una discusión en el pasillo posterior del jardín centelleando sobre el periódico me hacía dudar de lo que le había dicho a Felipe. “Eso que dices de los 27 outs seguidos, sin que nadie se embase, es mentira, eso no lo creo hasta que no lo vea. Si pitchear sin que te anoten y te den hits es bien pelúo ¿Cómo hace un pitcher para que no se le embase nadie? Ni que los bateadores fueran mochos”.
Ahora sonaban con eco de lanzamiento espacial los nombres de Sandy Koufax, Jim Hunter, Jim Bunning, Don Larsen, y todos los pitchers que recitaba Felipe que habían lanzado perfecto en las Grandes Ligas. El hecho de que en la liga profesional venezolana no se hubiera lanzado ninguna de esas joyas aumentaba mi incredulidad del hecho. Sin embargo Felipe volvía a la carga. “Si, pero en el béisbol amateur AA que era tan bueno como el profesional también hubo un juego perfecto, lo lanzó Gustavo “Mocho” García lanzando para el Locomotora de La Guaira, el 19 de abril de 1952, le ganó 5-0 al Intendencia Naval. García era de Carúpano, desde ese momento ese juego perfecto fue otra de las armas que esgrimían los carupaneros en su rivalidad deportiva y general con los cumaneses. Aquel béisbol amateur era tan bravo que en Cumanacoa existe una leyenda que habla de un equipo local que venció al propio “Patón” Carrasquel en un juego de exhibición en los años cuando jugaba en Grandes Ligas”.
Bastardo empezó a rememorar sus tiempos de pelotero en Cumaná con cierta mirada nostálgica. “Me tuve que venir a Caracas porque allá era difícil conseguir trabajo. Empecé a trabajar en el MOP y me dieron la oportunidad de jugar en el equipo AA”
Subimos la acera de la calle Las Flores y devoramos las letras del periódico. “El MOP-Zona 10 se fue adelante con jonrón solitario de Oscar Rivas en el cierre del primer inning”.
Felipe levantó el periódico mientras pasábamos sobre el puente de la acequia. Estaba casi seguro de que este Armando Bastardo era el mismo que jugaba con la selección juvenil del estado Sucre cuando ganaron los campeonatos nacionales de 1966,1967 y 1968. El era uno de los baluartes sino el principal de aquel equipo. El propio pitcher de cabecera, el muchacho de la película. Me quedé mirando a mi hermano con una envidia enorme porque lo que me había tocado ver del equipo de Sucre fue el subcampeonato de aquel torneo nacional de Cumaná cuando perdieron la final 2-1 ante Anzoátegui. Bastardo dejó marca de 13-3 en aquellos 3 campeonatos juveniles. La actuación que más se recuerda es una donde lanzó 17 episodios en blanco antes de que el juego fuera suspendido por lluvia. El juego se reanudó varios días después y Sucre se llevó el campeonato.
En la punta de los pies asomé los ojos sobre el periódico. “En el quinto otro vuelacerca de Rivas con dos corredores a bordo alejó 4-0 al MOP Zona 10 ante el abridor Rubén Illas”.
“Aquellos equipos de Sucre que ganaron esos campeonatos juveniles tenían mucha mística, mucho respeto. Había mucha química con el manager Ramón Rivas. Siempre salía alguien que hacía la jugada o daba el batazo”. Bastardo apretaba entre las manos su agenda.
Corrí paralelo al flujo de la acequia que arrastraba hojas de jabillo, envolturas de alimentos, pedazos de madera. Atravesé la tela metálica del parque y subí el tobogán con el impulso que llegué al polvo seguí hasta las espaldas de Felipe. “En el octavo tramo Silvio Flores destapó imparable y Rivas se apareció con su cuarto incogible, un doble remolcador”. Con cada paso raspaba más las puntas de mis zapatos en mi intento de tocar el papel. Quería cerciorarme de que aquello no era verdad. Entonces restalló en mis parietales otro comentario de Felipe. “Entonces si ves el box score del perfecto de Koufax vas a pensar que es un cuento de hadas. Ganó 1-0 y al otro pitcher Bob Hendley, creo que se llama, sólo le dieron un hit que no tuvo nada que ver con la carrera”. Le pregunté por qué si en la liga profesional juegan tantos peloteros buenos, nunca había ocurrido un juego perfecto. Sólo escuché un silbido y una risa ahogada.
En la cuadra siguiente atravesamos el pavimento y avanzamos entre las hierbas y la arenilla del solar aledaño a la escuela “José Luis Ramos”. Entre las hondonadas de arena que llevaban a la calle Bolívar alcancé el periódico.
“En el noveno acto Simón Delgado emergió por Francisco Oliveros como primer bateador de Urbanos, bateó un globo hacia los predios de Luis Maldonado en la segunda base. Era un elevado inofensivo pero alejado del camarero. Maldonado se arrojó de cabeza hacia su izquierda y atrapó la pelota cuando estaba a punto de tocar la grama. Superado el susto, Bastardo retiró a Pedro Millán con rodado al campocorto Silvio Flores, y al emergente Tadeo Flores con roletazo por la tercera almohadilla. El segundo juego perfecto del béisbol amateur se había logrado en el estadio Chato Candela un 23 de septiembre de 1971”.
Bastardo hojeó un libro de pitchers venezolanos donde estaba documentada su hazaña y se inclinó en la silla de la sala. “Hasta el noveno inning no sabía nada del juego perfecto. Si había notado que casi nadie se me acercaba y me preguntaba ¿Qué está pasando aquí?” Cuando íbamos saliendo para servir en el noveno escuché: “Hay que echar el resto, es un juego perfecto”.
Cuando bajábamos hacia la superficie anaranjada de la calle Bolívar, un sónido que bajo del follaje de los jabillos hizo voltear a Felipe mientras yo saltaba desde la mitad del talud hacia la calle de tierra. “Urugujuru”. Un estruendo de aeropuerto estremeció las orillas de la acequia. Nos asomamos con el corazón en la boca y vimos las plumas de un buho de medio metro temblando entre las aguas. Corrimos hasta alcanzar la punta de la acera de la casa. Entrando al porche templé la página deportiva, pero Felipe no la soltó. “Sólo cuatro de los 27 outs los hizo en los jardines. Una línea de Francisco Depón a la izquierda en el primer episodio, un par de elevados al bosque derecho de Francisco Oliveros y de Pedro Millán en el tercero y un elevado de Rafael Barrera al leftfield en el octavo. ‘Muy pocas veces usé la curva’, agregó Bastardo. “Casi todos los lanzamientos que hice fueron rectas en la esquina de afuera’”.
Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
La escalera de Pablo
Aquella mañana había una muchedumbre ante los ascensores del centro
comercial. Me urgía subir al quinto piso para asegurar una buena
ubicación en el orden de llegada. Cada diez segundos doblaba la lengua
para sentir el filo de la muela fracturada, semejaba los colmillos de
un lobo hambriento. De paso hacia el consultorio leí de soslayo el
titular de las páginas deportivas. “Pablo Sandoval batea la escalera”.
En medio de la cinética de mis pies, varias imágenes pintaron una
acuarela surrealista en mis remembranzas. Vi a Kung Fu Panda
trastabillando entre segunda y tercera base, parecía difícil que
llegara pero había un brillo retador en sus pupilas. También apareció
un crepúsculo cumanacoense. Papá me llamó. Necesitaba ajustar el reloj
del anuncio publicitario. Escondí el radio transistor tras la paila de
las siemprevivas del jardín y tragué saliva unas diez veces. En el
horizonte de la pintura un ser mitológico mitad César Tovar, mitad
Pete Rose llegaba de cabeza a la antesala para lograr un triple.
En la sala de espera pedí prestado un periódico. “San Francisco 8 -
Colorado 5. 15 de septiembre 2011. Quinta victoria seguida. Los
Gigantes evitan que Arizona se acerque más al título de la división
oeste de la Liga Nacional. Sandoval es el vigésimo quinto Gigante y el
cuarto venezolano que batea la escalera. Cuando el Panda vio a Carlos
González estrellarse contra la pared supo que tenía oportunidad de
completar la escalera y apretó la marcha. ‘Cuando vi que se cayó,
corrí con toda la fuerza de mis piernas. A medio camino entre primera
y segunda supe que tenía la posibilidad de hacerlo’. Llegó a tercera
de cabeza con el triple que martillaba el escalón faltante de su
primera escalera”. A la distancia oía mi nombre. Mis ojos formaban
parte de un chispero incandescente adheridos al periódico.
Papá ubicó la escalera de aluminio bajo la publicidad de la empresa
de seguro. Me señaló una pequeña caja gris y subí hasta ella. Había un
reloj con varias escalas y un botón escarlata. “Coloca la aguja grande
en las 7 horas y la pequeña en los 10 minutos”. Cuando estaba a dos
escalones del piso, Papá se pasó el pañuelo por la frente. “Tienes que
volver a subir y apretar el botón rojo”.
Salté sobre la grama de lochas y corrí a la misma intensidad con que
se corre de segunda a tercera en búsqueda de un triple. Saqué el
radio de entre las siemprevivas. Justo en el limonero del pasillo
posterior del jardín logre sintonizar. “We’re almost ready to start
tonight’s game at Metropolitan Stadium on September 19th, 1972…” A
medida que subía el radio, mejoraba la recepción. Empecé a monear el
limonero. En la quinta rama todavía había chisporroteos de aceite
caliente. Cuando desaparecieron las interferencias estaba sobre las
piedrecillas que cubrían el asfalto del techo de la casa. El ardor de
las espinas en la cara y las manos apenas llegaba a caricia ante la
corneta del transistor. “…the ball is at the bottom of right center
field alley. Cesar Tovar touches second base and keeps running. Here
it comes the ball and it’s a three base hit for Tovar…what an excitant
player…”
Me levanté para ir al baño y noté ciertas sonrisas irónicas de la
secretaria y los otros pacientes. “Los cuatro imparables los bateó
ante su compatriota Jhoulys Chapín. ‘Le dio a todo lo que le lancé. El
jonrón fue con una recta. El sencillo ante un cambio. Y el doble
contra una pelota baja y afuera, sólo le puso el bate y la colocó por
la banda contraria’”. De regreso volví a escuchar mi nombre y varias
risas ahogadas.
El tornasol del crepúsculo dio paso a una oscuridad atravesada de
estrellas que hacían palidecer las luces artificiales. El juego llegó
al cierre del noveno inning Texas 3 – Minnesota 3. Cuando escuché
desde la esquina del hospital, que venía a batear Tovar con un hombre
en base, las suelas de mis zapatos apenas rozaban las piedrecillas. El
aroma de las hojas de limón impregnaban la noche. “…going…going…it’s a
walk off home run for Cesar Tovar. The Twins beat the Rangers 5-3…
What a way to complete the cycle..”
Mientras leía que Sandoval se unía al receptor de Milwaukee, George
Kottaras como el segundo pelotero que batea la escalera en 2011, la
secretaria se me acercó. “Señor ¿no se va a ver con la doctora? Ya han
pasado dos personas que llegaron después de usted..”
“Hijo, tengo como media hora llamándote para cenar ¿Qué oyes?”. Papá
asomaba su rostro a ras del techo. El olor de papas fritas con ajo se
mezcló con la alegría de saber que Tovar había bateado la escalera en
Grandes Ligas. Solo cuando puse los zapatos en el primer tramo de la
escalera de aluminio, respondí. “Un juego de pelota, Papá”.
Alfonso L. Tusa C.
comercial. Me urgía subir al quinto piso para asegurar una buena
ubicación en el orden de llegada. Cada diez segundos doblaba la lengua
para sentir el filo de la muela fracturada, semejaba los colmillos de
un lobo hambriento. De paso hacia el consultorio leí de soslayo el
titular de las páginas deportivas. “Pablo Sandoval batea la escalera”.
En medio de la cinética de mis pies, varias imágenes pintaron una
acuarela surrealista en mis remembranzas. Vi a Kung Fu Panda
trastabillando entre segunda y tercera base, parecía difícil que
llegara pero había un brillo retador en sus pupilas. También apareció
un crepúsculo cumanacoense. Papá me llamó. Necesitaba ajustar el reloj
del anuncio publicitario. Escondí el radio transistor tras la paila de
las siemprevivas del jardín y tragué saliva unas diez veces. En el
horizonte de la pintura un ser mitológico mitad César Tovar, mitad
Pete Rose llegaba de cabeza a la antesala para lograr un triple.
En la sala de espera pedí prestado un periódico. “San Francisco 8 -
Colorado 5. 15 de septiembre 2011. Quinta victoria seguida. Los
Gigantes evitan que Arizona se acerque más al título de la división
oeste de la Liga Nacional. Sandoval es el vigésimo quinto Gigante y el
cuarto venezolano que batea la escalera. Cuando el Panda vio a Carlos
González estrellarse contra la pared supo que tenía oportunidad de
completar la escalera y apretó la marcha. ‘Cuando vi que se cayó,
corrí con toda la fuerza de mis piernas. A medio camino entre primera
y segunda supe que tenía la posibilidad de hacerlo’. Llegó a tercera
de cabeza con el triple que martillaba el escalón faltante de su
primera escalera”. A la distancia oía mi nombre. Mis ojos formaban
parte de un chispero incandescente adheridos al periódico.
Papá ubicó la escalera de aluminio bajo la publicidad de la empresa
de seguro. Me señaló una pequeña caja gris y subí hasta ella. Había un
reloj con varias escalas y un botón escarlata. “Coloca la aguja grande
en las 7 horas y la pequeña en los 10 minutos”. Cuando estaba a dos
escalones del piso, Papá se pasó el pañuelo por la frente. “Tienes que
volver a subir y apretar el botón rojo”.
Salté sobre la grama de lochas y corrí a la misma intensidad con que
se corre de segunda a tercera en búsqueda de un triple. Saqué el
radio de entre las siemprevivas. Justo en el limonero del pasillo
posterior del jardín logre sintonizar. “We’re almost ready to start
tonight’s game at Metropolitan Stadium on September 19th, 1972…” A
medida que subía el radio, mejoraba la recepción. Empecé a monear el
limonero. En la quinta rama todavía había chisporroteos de aceite
caliente. Cuando desaparecieron las interferencias estaba sobre las
piedrecillas que cubrían el asfalto del techo de la casa. El ardor de
las espinas en la cara y las manos apenas llegaba a caricia ante la
corneta del transistor. “…the ball is at the bottom of right center
field alley. Cesar Tovar touches second base and keeps running. Here
it comes the ball and it’s a three base hit for Tovar…what an excitant
player…”
Me levanté para ir al baño y noté ciertas sonrisas irónicas de la
secretaria y los otros pacientes. “Los cuatro imparables los bateó
ante su compatriota Jhoulys Chapín. ‘Le dio a todo lo que le lancé. El
jonrón fue con una recta. El sencillo ante un cambio. Y el doble
contra una pelota baja y afuera, sólo le puso el bate y la colocó por
la banda contraria’”. De regreso volví a escuchar mi nombre y varias
risas ahogadas.
El tornasol del crepúsculo dio paso a una oscuridad atravesada de
estrellas que hacían palidecer las luces artificiales. El juego llegó
al cierre del noveno inning Texas 3 – Minnesota 3. Cuando escuché
desde la esquina del hospital, que venía a batear Tovar con un hombre
en base, las suelas de mis zapatos apenas rozaban las piedrecillas. El
aroma de las hojas de limón impregnaban la noche. “…going…going…it’s a
walk off home run for Cesar Tovar. The Twins beat the Rangers 5-3…
What a way to complete the cycle..”
Mientras leía que Sandoval se unía al receptor de Milwaukee, George
Kottaras como el segundo pelotero que batea la escalera en 2011, la
secretaria se me acercó. “Señor ¿no se va a ver con la doctora? Ya han
pasado dos personas que llegaron después de usted..”
“Hijo, tengo como media hora llamándote para cenar ¿Qué oyes?”. Papá
asomaba su rostro a ras del techo. El olor de papas fritas con ajo se
mezcló con la alegría de saber que Tovar había bateado la escalera en
Grandes Ligas. Solo cuando puse los zapatos en el primer tramo de la
escalera de aluminio, respondí. “Un juego de pelota, Papá”.
Alfonso L. Tusa C.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Consistencia es el nombre del juego para Scutaro
Tim Britton. 09-09-2011. Journal Sports
Toronto.- Marco Scutaro no es exactamente un jugador protagonista. Normalmente no llama la atención, se contenta con ser un jugador complementario.
Excepto por esta semana en Toronto.
Esta serie de cuatro juegos ha probado que es un shortstop resaltante, que ha contribuído en el plato y al campo toda la semana.
Conocido como una presencia consistente en el cuadro interior, Scutaro hizo dos jugadas extraordinarias en el primer inning del juego del jueves 08 de septiembre para ayuda a Andrew Miller. Luego de un doble para abrir el juego de Yunel Escobar, Scutaro hizo una maravillosa atrapada deslizándose para alcanzar un globito de Eric Thames al jardín izquierdo corto. Dos bateadores después, llegó hasta el fondo del abanico para tomar un roletazo de Edwin Encarnación con el guante revés y completar el out en primera base. Evitó dos carreras.
Fue un despliegue inusual de rapidez de Scutaro. Un día antes, el manager Terry Francona había elogiado su consistencia.
“Sabes que esperar de Scut”, dijo el manager Terry Francona el miércoles. “Y eso no es malo”.
Esa es quizás la mayor diferencia entre Scutaro y el otro campocorto de Boston, Jed Lowrie. Mientras Lowrie ha oscilado esta temporada entre puntos muy altos y otros muy bajos, Scutaro, por la mayor parte de los últimos tres meses, ha sido un factor estabilizador.
Ha sido una temporada normal pero efectiva para Scutaro, que casi no existió para los Medias Rojas en los primeros dos meses de la temporada. Un comienzo lento combinado con un abril al rojo vivo de Lowrie lo relegaron al banco. Una lesión en el músculo intercostal empeoró las cosas.
Desde que regresó de la lista de incapacitados en la primera semana de junio, Scutaro ha sido un sólido colaborador con el madero. Hasta el jueves, bateaba para .298 con .356 con gente en base en ese período de tres meses.
Eso ha incrementado su promedio de la temporada a .285.
“Desde que fuimos a Kansa City, he bateado bien la pelota, ya sea bateando de frente a alguien o cuando hacen una atrapada lanzándose de cabeza. Eso es parte del juego”, dijo Scutaro. “Pienso que mi tiempo está bien y cuando eso ocurre, eres capaz de ver la pelota mejor y reconocerla más temprano por lo cual no le haces swing a pitcheos malos”.
Probablemente no es coincidencia que la racha de bateo de Scutaro del último mes coincida con el regreso de Lowrie, no tiene que ver con ningún factor motivador, sino que permitió el necesario descanso de Scutaro. Mientras Lowrie estuvo en la lista de incapacitados del 16 de junio al 08 de agosto, Scutaro juegó en 44 de 46 juegos.
Eso no es sencillo de hacer para él porque todavía sufre de la lesión en el hombro que apenas le permitía lanzar desde el short el año pasado.
“Hemos estado concientes de eso. Por eso lo hemos descansado algunas veces porque la lesión todavía persiste y tenemos que solventarla”, dijo Francona. “Pienso que él ha sabido manejar la situación.”
Scutaro describió la diferencia entre el año pasado y este como “día y noche”. La salud ha sido una gran razón para que hayan mejorado los números defensivos de Scutaro en referencia a 2010.
El puesto de campocorto ha rebotado entre Scutaro y Lowrie toda la temporada. Mientras Lowrie puede proveer el techo más alto, Scutaro aporta consistencia. Francona no está apurado en determinar quién jugará más en la post temporada.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Toronto.- Marco Scutaro no es exactamente un jugador protagonista. Normalmente no llama la atención, se contenta con ser un jugador complementario.
Excepto por esta semana en Toronto.
Esta serie de cuatro juegos ha probado que es un shortstop resaltante, que ha contribuído en el plato y al campo toda la semana.
Conocido como una presencia consistente en el cuadro interior, Scutaro hizo dos jugadas extraordinarias en el primer inning del juego del jueves 08 de septiembre para ayuda a Andrew Miller. Luego de un doble para abrir el juego de Yunel Escobar, Scutaro hizo una maravillosa atrapada deslizándose para alcanzar un globito de Eric Thames al jardín izquierdo corto. Dos bateadores después, llegó hasta el fondo del abanico para tomar un roletazo de Edwin Encarnación con el guante revés y completar el out en primera base. Evitó dos carreras.
Fue un despliegue inusual de rapidez de Scutaro. Un día antes, el manager Terry Francona había elogiado su consistencia.
“Sabes que esperar de Scut”, dijo el manager Terry Francona el miércoles. “Y eso no es malo”.
Esa es quizás la mayor diferencia entre Scutaro y el otro campocorto de Boston, Jed Lowrie. Mientras Lowrie ha oscilado esta temporada entre puntos muy altos y otros muy bajos, Scutaro, por la mayor parte de los últimos tres meses, ha sido un factor estabilizador.
Ha sido una temporada normal pero efectiva para Scutaro, que casi no existió para los Medias Rojas en los primeros dos meses de la temporada. Un comienzo lento combinado con un abril al rojo vivo de Lowrie lo relegaron al banco. Una lesión en el músculo intercostal empeoró las cosas.
Desde que regresó de la lista de incapacitados en la primera semana de junio, Scutaro ha sido un sólido colaborador con el madero. Hasta el jueves, bateaba para .298 con .356 con gente en base en ese período de tres meses.
Eso ha incrementado su promedio de la temporada a .285.
“Desde que fuimos a Kansa City, he bateado bien la pelota, ya sea bateando de frente a alguien o cuando hacen una atrapada lanzándose de cabeza. Eso es parte del juego”, dijo Scutaro. “Pienso que mi tiempo está bien y cuando eso ocurre, eres capaz de ver la pelota mejor y reconocerla más temprano por lo cual no le haces swing a pitcheos malos”.
Probablemente no es coincidencia que la racha de bateo de Scutaro del último mes coincida con el regreso de Lowrie, no tiene que ver con ningún factor motivador, sino que permitió el necesario descanso de Scutaro. Mientras Lowrie estuvo en la lista de incapacitados del 16 de junio al 08 de agosto, Scutaro juegó en 44 de 46 juegos.
Eso no es sencillo de hacer para él porque todavía sufre de la lesión en el hombro que apenas le permitía lanzar desde el short el año pasado.
“Hemos estado concientes de eso. Por eso lo hemos descansado algunas veces porque la lesión todavía persiste y tenemos que solventarla”, dijo Francona. “Pienso que él ha sabido manejar la situación.”
Scutaro describió la diferencia entre el año pasado y este como “día y noche”. La salud ha sido una gran razón para que hayan mejorado los números defensivos de Scutaro en referencia a 2010.
El puesto de campocorto ha rebotado entre Scutaro y Lowrie toda la temporada. Mientras Lowrie puede proveer el techo más alto, Scutaro aporta consistencia. Francona no está apurado en determinar quién jugará más en la post temporada.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 8 de septiembre de 2011
¿A dónde te fuiste Steve Blass?
Ed Eagle. MLB.com 09-07-2002.
Pittsburgh. Ocasionalmente se oye el término “vividor” en las Grandes Ligas. Se refiere a los hombres que han pasado la mayor parte de su vida adulta dedicados al juego de béisbol. Si los Piratas de Pittsburgh tienen su propia versión de un vividor del béisbol, es el antíguo pitcher y actual comentarista radial Steve Blass.
La relación de Blass con los Piratas se remonta a 1960. Los Indios de Cleveland, su equipo favorito de la infancia le ofrecieron un contrato tan pronto salió de la secundaria en su Connecticut nativo. Pero los Indios querían que se esperara sin jugar hasta el siguiente entrenamiento primaveral. Cuando los Piratas se aparecieron con un contrato que le daría 1500 dólares más que el de los Indios y la oportunidad de lanzar en las ligas menores de inmediato, Blass aprovechó la oportunidad.
Blass hizo su debut en las Grandes Ligas en 1964. En 1966 tuvo marca de 18-6 con 2.12 de efectividad. Las próximas cinco temporadas ganaría 78 juego y fue claramente considerado el as de los Piratas, una distinción que le agradaba.
“Te gusta tener esa responsabilidad, aunque no pensaba mucho en eso”, dijo Blass. “Sólo sabía que estaba ganando un montón de juegos y era feliz de salir a lanzar”.
“Era un empleo maravilloso. Tuve un período de cinco años donde lancé tan bien como pude haber imaginado. Fue divertido”.
El manager de los Piratas, Danny Murtaugh demostró la confianza que tenía en Blass en la Serie Mundial de 1971. Antes del sexto juego, con Pittsburgh dominando a los Orioles tres juegos a dos, el dirigente de los bucaneros le informó a Blass que él abriría el decisivo séptimo juego si era necesario.
“No había nadie aupando a Bob Moose (el pitcher de los Piratas) en el sexto juego más que yo”, dijo Blass. “Ya había tenido mi día esplendoroso en Three Rivers Stadium. Mi sueño de ganar un juego de Serie Mundial se hizo realidad en el tercer juego”.
Los Piratas perdieron el sexto juego en extrainnings, y pusieron la carga sobre los hombros del as de 29 años. No fue una responsabilidad que tomó a la ligera. “No dormí muy bien esa noche”, dijo Blass. “La mañana siguiente sólo quería que empezara el juego. Los minutos parecían semanas. La mejor parte del séptimo juego fue esperar que empezara”.
Blass batalló con algunas dificultades tempraneras camino a lanzar un juego completo de 4 imparables y lideró a los Piratas a su primera Serie Mundial en 11 años. Después del último out, Blass saltó tan alto como pudo hacia los brazos del inicialista Bob Robertson. Es un momento que ha quedado cincelado en la mentes de todos los fanáticos de los Piratas con suficiente edad para recordarlo.
“Me volví eufórico”, dijo. “Busqué al tipo más grande sobre el que pudiera saltar y ese era Robertson. En la actualidad él no podría agarrarme y cargarme en el aire. Pero entonces, yo sólo pesaba 90 kilos, eso era fácil para él”.
Blass continuó como el as de los Piratas en 1972, se apuntó 19 victorias y fue seleccionado al Juego de Estrellas. Luego inexplicablemente, Blass perdió su habilidad de lanzar la pelota sobre el plato. Dejó marca de 3-9 y 9.85 de efectividad en 23 juegos en 1973. Después de aparecer en sólo un juego en 1974, Blass estaba fuera del juego en 1975.
La carrera de Blass fue misteriosamente recortada en el momento cuando debió haber estado en el tope de sus habilidades. Fue el punto más bajo de su vida. Él agradece a su familia, amigos y compañeros de equipo por apoyarlo.
“Créeme”, dijo. “Hubo momentos difíciles y solitarios y otros cuando me encontraba en el patio de la casa a las cuatro de la madrugada preguntándome. ¿Qué es esto? ¿Por qué pasó esto? ¿Qué va a ser de mí?”
“Mi familia, mis amigos, mis compañeros, estuvieron conmigo. Es algo que no olvidaré por el resto de mi vida. Significa el mundo para mí porque no se está seguro de lo que está pasando. No pienso que pude haber tenido un mejor grupo de apoyo. Me ayudaron inmensamente”.
Blass se mantuvo involucrado con la organización realizando servicio comunitario para el equipo. En 1983, se unió al legendario Bob Prince en la caseta de transmisión de televisión por cable. Integró el equipo de transmisión radial de los Piratas en 1986 y desde entonces ha realizado ambos trabajos.
“Siempre quise ser narrador”, dijo Blass. “Siempre pensé que sería divertido”.
“Sé cuan divertido puede ser el béisbol. Si puedo proyectar eso un poco y conectar a las personas que disfrutan de una cerveza en su patio, ese es el nombre del juego”.
Aunque aún le gusta la oportunidad de venir al estadio todos los días para ver béisbol de Grandes Ligas, Blass admite que la rutina de cuatro décadas en habitaciones de hotel en distintas ciudades a través del país ha empezado a pasar la cuenta.
“He viajado mucho y acabo de cumplir 60 años”, dijo Blass. “Empiezas a mirar hacia el dia cuando termina la temporada y a contar los días. Y empiezas a contar los días que pasas en una habitación de hotel de una ciudad distinta. Empieza a pensar en reducirlos.
“Todavía me gusta esto. Todavía lo disfruto. Podría hacerlo hasta los 90 o por otro año o dos”.
Sin tomar en cuenta cuando decida empezar su jubilación., Blass sabe que ha vivido un sueño.
“He estado involucrado con el mismo equipo por 42 años”, dijo Blass. “No pienso que pueda haber algo mejor que eso”
“He tenido los dos mejores trabajos del béisbol, pitcher abridor, y comentarista. ¿Cuan bueno es eso?
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Pittsburgh. Ocasionalmente se oye el término “vividor” en las Grandes Ligas. Se refiere a los hombres que han pasado la mayor parte de su vida adulta dedicados al juego de béisbol. Si los Piratas de Pittsburgh tienen su propia versión de un vividor del béisbol, es el antíguo pitcher y actual comentarista radial Steve Blass.
La relación de Blass con los Piratas se remonta a 1960. Los Indios de Cleveland, su equipo favorito de la infancia le ofrecieron un contrato tan pronto salió de la secundaria en su Connecticut nativo. Pero los Indios querían que se esperara sin jugar hasta el siguiente entrenamiento primaveral. Cuando los Piratas se aparecieron con un contrato que le daría 1500 dólares más que el de los Indios y la oportunidad de lanzar en las ligas menores de inmediato, Blass aprovechó la oportunidad.
Blass hizo su debut en las Grandes Ligas en 1964. En 1966 tuvo marca de 18-6 con 2.12 de efectividad. Las próximas cinco temporadas ganaría 78 juego y fue claramente considerado el as de los Piratas, una distinción que le agradaba.
“Te gusta tener esa responsabilidad, aunque no pensaba mucho en eso”, dijo Blass. “Sólo sabía que estaba ganando un montón de juegos y era feliz de salir a lanzar”.
“Era un empleo maravilloso. Tuve un período de cinco años donde lancé tan bien como pude haber imaginado. Fue divertido”.
El manager de los Piratas, Danny Murtaugh demostró la confianza que tenía en Blass en la Serie Mundial de 1971. Antes del sexto juego, con Pittsburgh dominando a los Orioles tres juegos a dos, el dirigente de los bucaneros le informó a Blass que él abriría el decisivo séptimo juego si era necesario.
“No había nadie aupando a Bob Moose (el pitcher de los Piratas) en el sexto juego más que yo”, dijo Blass. “Ya había tenido mi día esplendoroso en Three Rivers Stadium. Mi sueño de ganar un juego de Serie Mundial se hizo realidad en el tercer juego”.
Los Piratas perdieron el sexto juego en extrainnings, y pusieron la carga sobre los hombros del as de 29 años. No fue una responsabilidad que tomó a la ligera. “No dormí muy bien esa noche”, dijo Blass. “La mañana siguiente sólo quería que empezara el juego. Los minutos parecían semanas. La mejor parte del séptimo juego fue esperar que empezara”.
Blass batalló con algunas dificultades tempraneras camino a lanzar un juego completo de 4 imparables y lideró a los Piratas a su primera Serie Mundial en 11 años. Después del último out, Blass saltó tan alto como pudo hacia los brazos del inicialista Bob Robertson. Es un momento que ha quedado cincelado en la mentes de todos los fanáticos de los Piratas con suficiente edad para recordarlo.
“Me volví eufórico”, dijo. “Busqué al tipo más grande sobre el que pudiera saltar y ese era Robertson. En la actualidad él no podría agarrarme y cargarme en el aire. Pero entonces, yo sólo pesaba 90 kilos, eso era fácil para él”.
Blass continuó como el as de los Piratas en 1972, se apuntó 19 victorias y fue seleccionado al Juego de Estrellas. Luego inexplicablemente, Blass perdió su habilidad de lanzar la pelota sobre el plato. Dejó marca de 3-9 y 9.85 de efectividad en 23 juegos en 1973. Después de aparecer en sólo un juego en 1974, Blass estaba fuera del juego en 1975.
La carrera de Blass fue misteriosamente recortada en el momento cuando debió haber estado en el tope de sus habilidades. Fue el punto más bajo de su vida. Él agradece a su familia, amigos y compañeros de equipo por apoyarlo.
“Créeme”, dijo. “Hubo momentos difíciles y solitarios y otros cuando me encontraba en el patio de la casa a las cuatro de la madrugada preguntándome. ¿Qué es esto? ¿Por qué pasó esto? ¿Qué va a ser de mí?”
“Mi familia, mis amigos, mis compañeros, estuvieron conmigo. Es algo que no olvidaré por el resto de mi vida. Significa el mundo para mí porque no se está seguro de lo que está pasando. No pienso que pude haber tenido un mejor grupo de apoyo. Me ayudaron inmensamente”.
Blass se mantuvo involucrado con la organización realizando servicio comunitario para el equipo. En 1983, se unió al legendario Bob Prince en la caseta de transmisión de televisión por cable. Integró el equipo de transmisión radial de los Piratas en 1986 y desde entonces ha realizado ambos trabajos.
“Siempre quise ser narrador”, dijo Blass. “Siempre pensé que sería divertido”.
“Sé cuan divertido puede ser el béisbol. Si puedo proyectar eso un poco y conectar a las personas que disfrutan de una cerveza en su patio, ese es el nombre del juego”.
Aunque aún le gusta la oportunidad de venir al estadio todos los días para ver béisbol de Grandes Ligas, Blass admite que la rutina de cuatro décadas en habitaciones de hotel en distintas ciudades a través del país ha empezado a pasar la cuenta.
“He viajado mucho y acabo de cumplir 60 años”, dijo Blass. “Empiezas a mirar hacia el dia cuando termina la temporada y a contar los días. Y empiezas a contar los días que pasas en una habitación de hotel de una ciudad distinta. Empieza a pensar en reducirlos.
“Todavía me gusta esto. Todavía lo disfruto. Podría hacerlo hasta los 90 o por otro año o dos”.
Sin tomar en cuenta cuando decida empezar su jubilación., Blass sabe que ha vivido un sueño.
“He estado involucrado con el mismo equipo por 42 años”, dijo Blass. “No pienso que pueda haber algo mejor que eso”
“He tenido los dos mejores trabajos del béisbol, pitcher abridor, y comentarista. ¿Cuan bueno es eso?
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Teddy Ballgame será homenajeado por USPS con una estampilla postal.
Administrador Sox1fan.com. 03 septiembre 2011
El inquilino del Salón de la Fama de los Medias Rojas, Ted Williams fue más largo que la vida y poseía la esencia de la leyenda. Fue héroe del béisbol y de la guerra, sirvió como aviador naval (piloto USMC) en la segunda guerra mundial (1942-46) y en la guerra de Corea (1952-53). Fue el último beisbolista en batear sobre .400 en la temporada regular al tener los turnos regulares suficientes para calificar por el título de bateo (.406 en 1941). Era famoso por tener algunas veces una personalidad ácida, y por sus batallas con la prensa y los algunas veces desmedidos fanáticos beisboleros de Boston…y fue reconocido por ser un ávido y habilidoso pescador.
La leyenda cuenta que Williams una vez le dijo a un amigo, “Todo lo que quiero de la vida es que cuando camine por la calle las personas digan, ‘Ahí va el bateador más grande que haya vivido’”. Ese cuento fue bordado en la tela de la película “The Natural”, basada en la novela del mismo nombre de Bernard Malamud. Hay muchos aficionados al béisbol, expertos y peloteros quienes de verdad creen que Williams fue, de hecho, el bateador más grande que haya vivido. El contemporaneo y par de Williams, el centerfielder de los Yanquis de Nueva York, Joe DiMaggio, dijo una vez: “Fue absolutamente el mejor bateador que haya visto”.
Él fue (y todavía es) el objeto de muchas obras de arte y fotografías y literatura de todo tipo, desde libros a revistas de artículos diversos y cuentos. La prosa más famosa y reverenciada de la cual fue objeto fue indudablemente el ensayo de John Updike “Hub Fans Bid Kid Adieu”, que fue publicada en la revista New Yorker en octubre de 1960, aproximadamente un mes después de haber jugado su último juego con un uniforme de los Medias Rojas.
“Hub Fans”, recrea el último juego de Williams con los Medias Rojas, jugado el 28 de septiembre. En el artículo, el ganador del Premio Pulitzer acuñó el término “pequeño lírico estadio” para describir Fenway Park. De Williams escribió:
Ningún otro jugador visible de mi generación ha concentrado en él tanta rudeza deportiva, ha refinado asiduamente sus destrezas naturales, ha traído constantemente la intensidad de la competencia que atora la garganta de júbilo.
Fue esa mentalidad singular que hizo a Williams un extraordinario bateador y ha hecho que muchos se pregunten que tipo de números habría coleccionado si no hubiese perdido más de cinco años, de su apogeo físico, a causa de la guerra. Fue esa grandeza la que inspiró al mundo del béisbol a crearle una variedad de apodos: “The Splendid Splinter”, “Teddy Ballgame”, “The Thumper” y, simplemente “The Kid”.
“Hub Fans” estaba cargada de romanticismo y sentimentalismo. Relataba el último jonrón de Williams. Updike escribió que los fanáticos de los Medias Rojas y los entrenadores, hasta los árbitros, le pedían al número 9 que saliera del dugout y se quitara la gorra ante la multitud delirante, (en realidad sólo había 10454 personas aquel día) después del jonrón, pero Williams, amargado por lo que él percibía como un exceso de críticas a través de los años, se negó. El autor esquivó la tentación de sumergirse en el pozo de la negatividad… con respecto al rechazo de Williams, anotó, “Los Dioses no responden cartas”.
Tal vez no, pero ellos SON a menudo honrados por la sociedad de manera contínua de varias maneras. La historia de Updike ha sido lectura obligada para los aficionados del béisbol por más de medio siglo… ha ayudado a mantener viva su memoria viva para su generación y pintará una imagen indeleble de la épica de su persona para las generaciones siguientes de aficionados al béisbol.
Y ahora sabemos que The Kid será homenajeado por el Servicio Postal de Estados Unidos en su venidera colección de “Estrellas del Béisbol de Grandes Ligas”, que será vendida en las oficinas de correo el año entrante. Williams es el cuarto y último “todos estrellas” incluido en la colección (Joe DiMaggio, Larry Doby y Willie Stargell fueron confirmados previamente como integrantes de la serie de cuatro estampillas). Es un arte de un ambiente distinto, las estampillas son consideradas ampliamente la forma de arte de más fácil acceso económico.
La ilustración dibuja a Williams en su uniforme blanco de los Medias Rojas con vivos rojos. Él ha terminado un swing perfecto de fotografía. Su hombro izquierdo ha sido ubicado bajo el mentón en el proceso de seguir la pelota. Su antebrazo izquierdo flota, demostrando claramente el tono y la fuerza del swing. Su mirada punzante sigue el vuelo de la pelota nueva mientras esta atraviesa el aire veraniego. Se asume que la pelota ha sido bateada de línea porque Williams no mira hacia arriba hacia una pelota elevada, sino que sigue una línea entre el jardín derecho y el central, se asume que persigue uno de los 1537 sencillos que bateó en su carrera.
Con un poco de imaginación, su águdo ojo de bateo y refinada mecánica del swing, serán desplegados en la esquina superior derecha de sobres y paquetes enviados en Estados Unidos durante los próximos años. Es un honor que el malhumorado toletero de 40 años habría rechazado y el octogenario retirado habría celebrado..¿Quién habría pensado esto en su momento?
Traducción Alfonso L. Tusa C.
El inquilino del Salón de la Fama de los Medias Rojas, Ted Williams fue más largo que la vida y poseía la esencia de la leyenda. Fue héroe del béisbol y de la guerra, sirvió como aviador naval (piloto USMC) en la segunda guerra mundial (1942-46) y en la guerra de Corea (1952-53). Fue el último beisbolista en batear sobre .400 en la temporada regular al tener los turnos regulares suficientes para calificar por el título de bateo (.406 en 1941). Era famoso por tener algunas veces una personalidad ácida, y por sus batallas con la prensa y los algunas veces desmedidos fanáticos beisboleros de Boston…y fue reconocido por ser un ávido y habilidoso pescador.
La leyenda cuenta que Williams una vez le dijo a un amigo, “Todo lo que quiero de la vida es que cuando camine por la calle las personas digan, ‘Ahí va el bateador más grande que haya vivido’”. Ese cuento fue bordado en la tela de la película “The Natural”, basada en la novela del mismo nombre de Bernard Malamud. Hay muchos aficionados al béisbol, expertos y peloteros quienes de verdad creen que Williams fue, de hecho, el bateador más grande que haya vivido. El contemporaneo y par de Williams, el centerfielder de los Yanquis de Nueva York, Joe DiMaggio, dijo una vez: “Fue absolutamente el mejor bateador que haya visto”.
Él fue (y todavía es) el objeto de muchas obras de arte y fotografías y literatura de todo tipo, desde libros a revistas de artículos diversos y cuentos. La prosa más famosa y reverenciada de la cual fue objeto fue indudablemente el ensayo de John Updike “Hub Fans Bid Kid Adieu”, que fue publicada en la revista New Yorker en octubre de 1960, aproximadamente un mes después de haber jugado su último juego con un uniforme de los Medias Rojas.
“Hub Fans”, recrea el último juego de Williams con los Medias Rojas, jugado el 28 de septiembre. En el artículo, el ganador del Premio Pulitzer acuñó el término “pequeño lírico estadio” para describir Fenway Park. De Williams escribió:
Ningún otro jugador visible de mi generación ha concentrado en él tanta rudeza deportiva, ha refinado asiduamente sus destrezas naturales, ha traído constantemente la intensidad de la competencia que atora la garganta de júbilo.
Fue esa mentalidad singular que hizo a Williams un extraordinario bateador y ha hecho que muchos se pregunten que tipo de números habría coleccionado si no hubiese perdido más de cinco años, de su apogeo físico, a causa de la guerra. Fue esa grandeza la que inspiró al mundo del béisbol a crearle una variedad de apodos: “The Splendid Splinter”, “Teddy Ballgame”, “The Thumper” y, simplemente “The Kid”.
“Hub Fans” estaba cargada de romanticismo y sentimentalismo. Relataba el último jonrón de Williams. Updike escribió que los fanáticos de los Medias Rojas y los entrenadores, hasta los árbitros, le pedían al número 9 que saliera del dugout y se quitara la gorra ante la multitud delirante, (en realidad sólo había 10454 personas aquel día) después del jonrón, pero Williams, amargado por lo que él percibía como un exceso de críticas a través de los años, se negó. El autor esquivó la tentación de sumergirse en el pozo de la negatividad… con respecto al rechazo de Williams, anotó, “Los Dioses no responden cartas”.
Tal vez no, pero ellos SON a menudo honrados por la sociedad de manera contínua de varias maneras. La historia de Updike ha sido lectura obligada para los aficionados del béisbol por más de medio siglo… ha ayudado a mantener viva su memoria viva para su generación y pintará una imagen indeleble de la épica de su persona para las generaciones siguientes de aficionados al béisbol.
Y ahora sabemos que The Kid será homenajeado por el Servicio Postal de Estados Unidos en su venidera colección de “Estrellas del Béisbol de Grandes Ligas”, que será vendida en las oficinas de correo el año entrante. Williams es el cuarto y último “todos estrellas” incluido en la colección (Joe DiMaggio, Larry Doby y Willie Stargell fueron confirmados previamente como integrantes de la serie de cuatro estampillas). Es un arte de un ambiente distinto, las estampillas son consideradas ampliamente la forma de arte de más fácil acceso económico.
La ilustración dibuja a Williams en su uniforme blanco de los Medias Rojas con vivos rojos. Él ha terminado un swing perfecto de fotografía. Su hombro izquierdo ha sido ubicado bajo el mentón en el proceso de seguir la pelota. Su antebrazo izquierdo flota, demostrando claramente el tono y la fuerza del swing. Su mirada punzante sigue el vuelo de la pelota nueva mientras esta atraviesa el aire veraniego. Se asume que la pelota ha sido bateada de línea porque Williams no mira hacia arriba hacia una pelota elevada, sino que sigue una línea entre el jardín derecho y el central, se asume que persigue uno de los 1537 sencillos que bateó en su carrera.
Con un poco de imaginación, su águdo ojo de bateo y refinada mecánica del swing, serán desplegados en la esquina superior derecha de sobres y paquetes enviados en Estados Unidos durante los próximos años. Es un honor que el malhumorado toletero de 40 años habría rechazado y el octogenario retirado habría celebrado..¿Quién habría pensado esto en su momento?
Traducción Alfonso L. Tusa C.
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