martes, 11 de enero de 2011

Un pitcher de fábula llamado Bob Feller

La noticia me sorprendió con dos imágenes. Aquel lanzador del que supimos por reportajes, historias y anécdotas había fallecido de leucemia aguda el 14 de diciembre de 2010. La primera tiene que ver con algo que leí en un artículo de John Kuenster, se jugaba el primer juego de la Serie Mundial de 1948 entre los Indios de Cleveland y los Bravos de Boston. El juego llegó 0-0 al octavo episodio. Feller había conversado con el short stop Lou Boudreau lo que iban a hacer cuando un corredor llegara a segunda base. Bill Salkeld se embasó por boleto. Phil Masi corrió por él. Mike McCormick se sacrificó. Boudreau ordenó bolear a Eddie Stanky, Feller no quería pero siguió la estrategia del manager. Con Johnny Sain en el cajón de bateo, Feller se volteó y lanzó a segunda. Boudreau tocó a Masi antes que se deslizara. “Lo agarramos como un metro fuera de la base pero el árbitro Bill Stewart lo cantó quieto”. Boudreau reclamó, pero Masi permaneció en segunda. Luego Feller dominó a Sain con elevado a la derecha. Pero Tommy Holmes dejó caer una bala fría detrás del tercera base Ken Keltner y de Boudreau para empujar a Masi. El juego terminó 1-0. Fue lo más cerca que Feller estuvo de ganar en una Serie Mundial. “Después Stewart reconoció que se había equivocado”.
Como se lo contara a Joe Posnanski, Feller tuvo el primer campo de los sueños mucho antes de la película. Su padre Bill hizo uno para él en la granja de su propiedad y allí empezó a jugar con su hijo. Sin decirle que lo haría sabía que su hijo llegaría a las Grandes Ligas.
A los 17 años Bob firmó con los Indios de Cleveland y en su primer juego de exhibición ante peloteros de Grandes Ligas, ponchó 8 Cardenales de San Luis en 3 innings. Cuando le preguntaron a Dizzy Dean si quería tomarse una foto con Feller, respondió. “Me parece que a quién le tienen que preguntar es a él”.
En su primera apertura ponchó 15 Carmelitas de San Luis que eran dirigidos por Roger Hornsby.
En el juego inaugural de 1940 lanzó un juego sin hit ni carreras ante los Medias Blancas de Chicago. En 1946 lanzó lo que el propio Feller llamó su mejor día en el béisbol al lanzar sin hits ni carreras ante los Yankees en Yankee Stadium.
Satchell Paige dijo una vez: “Si alguien lanza más duro que Rapid Robert el ojo humano es incapaz de seguir ese lanzamiento”.
Aquella entrega y pasión de los jugadores de otros tiempos destilaban en cada gesto y palabras del muchacho que salió de una granja de Iowa. Como lo refirió James Houlihan en otro artículo. En los días previos a una ceremonia del Salón de la Fama, Houlihan llevó a su hijo Bryan de 9 años a conocer el museo y luego presenciar los actos de la inducción de ese año. Coincidieron en el hotel con muchos de los peloteros del Salón de la Fama. Cuando les tocó el turno de solicitar un autógrafo de Bob Feller, Bryan sorprendió a su padre al decirle a Feller: “Vi su uniforme hoy en el Salón de la Fama”. Bob le dijo: “Ah te refieres a mi uniforme de los Indios de Cleveland”. “No, su uniforme de la Segunda Guerra Mundial”. Feller dejó de firmar autógrafos y sostuvo una conversación de 15 minutos con Bryan. Por la noche escuché una voz. “Hola Bryan ¿Cómo te va?”. Era Bob Feller.
Bob creció en una granja de Iowa durante la gran depresión. Ayudaba a mantener la familia cazando zorros por un premio de 10 dolares. Al día siguiente que los japoneses bombardearon Pearl Harbor, Feller se enlistó en la Naval. Le ofrecieron un cargo de preparador físico y lo rechazó, pidió que lo pusieran en el frente de batalla. Sirvió como franco tirador derribando aviones japoneses.
Regresó al beisbol 4 años después y ganó 25 juegos en 1946, se estima que el tiempo que se ausentó pudo haber ganado unos 100 juegos.
Tal como lo refiriera un editorial del Boston Globe, Feller fue un legendario lanzallamas que nunca necesitó que le mantuvieran el brazo con operaciones o límites de lanzamientos, ni mucho menos con relevistas en el bull pen en el sexto inning.
La otra imagen tiene que ver con algo que leí en las páginas deportivas de El Nacional en referencia a que Feller una vez midió la velocidad de sus envíos contra una motocicleta. Tratamos de hacer el experimento en el solar de asfalto donde jugábamos béisbol. Lo más que conseguimos fue una bicicleta y el ciclista se cayó por querer salir antes de tiempo.

Alfonso L. Tusa C.

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