miércoles, 17 de agosto de 2011

Nat Allbright, La voz de los juegos de los Dodgers que él no veía, fallece a los 87 años.

Nat Allbright, La voz de los juegos de los Dodgers que él no veía, fallece a los 87 años.

Douglas Martin. 15-08-2011. the New York Times

Nat Allbright tenía alrededor de 8 años cuando empezó a memorizar las alineaciones de uno de los juegos diarios de las Grandes Ligas. Pretendía narrar el juego de béisbol que imaginaba que los peloteros jugaban.
Mr. Allbright, quién murió el mes pasado, se convirtió en maestro de lo que hoy es un arte perdido y difícil de imaginar. Como un joven narrador de radio llamado Ronald Reagan, el tomaba escuetos mensajes telegráficos transmitidos en clave Morse (“B1W” significaba bola uno afuera); los maquillaba con imaginación y efectos de sonido; y luego transmitía juegos que sonaban como si él estuviera en el estadio oyendo, oliendo y viendo todo, desde los humeantes perros calientes, a los árbitros gritones, a las nubes de polvo de segunda base.
En una década, Mr. Allbright transmitió 1500 juegos de los Dodgers de Brooklyn sin ver uno sólo. Cuando el llamado progreso acabó con su espléndida ocupación, se le ocurrió un nuevo negocio: grabar transmisiones imaginarias de eventos deportivos, donde el cliente se convertía en la estrella. Sólo había que insertar un nombre.
Un cliente logró cumplir su sueño de quetchearle a Dizzy Dean en 1934. Un tipo de 120 kilos se convertiría en el jinete que montó a Secretariat en el Kentucky Derby. Otro cliente peleó con Ray Sugar Leonard, dijo que el realismo demandaba que el cliente fuera noqueado. Una grabación de 30 minutos por 40 dólares.
Mr. Allbright inventaba juegos hasta cuando las temporadas eran suspendidas por una huelga laboral. En 1981, él narró el Juego de las Estrellas que no fue efectuado en Cleveland, en una noche veraniega de suave brisa, perfecta para el béisbol, por una estación de radio de Washington. El año siguiente, prestó su voz grave para transmitir unos partidos de los Redskins de Washington que no se jugaron debido a una huelga de jugadores.
Así que se puede creer, no creer o creer a medias la siguiente cita en referencia al dueño de los Dodgers de Brooklyn y Los Angeles por mucho tiempo.
“Walter O’Malley dijo una vez que yo era bueno para eso”, dijo Mr. Allbright en una entrevista con The Washington Post en 1982, “ellos deberían dejarme hacer todo y olvidarse de realizar el juego”.
Nathan Matthew Allbright murió el 18 de julio en Arlington, Va, a los 87 años, dijo su hija, Amy Allbright. Había nacido en Dallas el 26 de noviembre de 1923.
Mientras crecía en Ridgeway, Va., se inspiraba en Red Barber, el legendario narrador de los Dodgers, por sus narraciones fantasmagóricas. Mr. Allbright sirvió en el ejército, asistió a una escuela de narración en Washington, trabajó como disc jockey y transmitió eventos deportivos reales y “recreados”. Después vendió publicidad y carros. Mr. Allbright transmitía juegos de ligas menores en 1949 cuando Mr. O’Malley decidió crear una red de emisoras para transmitir los juegos más allá de la ciudad de Nueva York, allí trabajaban Red Barber y Vin Scully. La idea era llegar a los aficionados de los nacionalmente populares Dodgers en las barberías, cafés y hogares ubicados en la sección central del este de Estados Unidos.
Buzzie Bavasi, el presidente de los Dodgers, oyó acerca de Mr. Allbright y lo invitó a unirse al equipo en los entrenamientos primaverales. Se puso un uniforme y bateó contra Carl Erskine; más importante, aprendió como los peloteros salían de primera base, blandían sus bates y se ajustaban los pantalones. Después usó las descripciones en las transmisiones hechas desde un estudio de Washington hacia un area desplegada desde Cleveland hasta Miami. Cincuenta y dos emisoras conformaron el circuito de los Dodgers en el primer año; el número se duplicó en 1950.
El costo era la razón de los Dodgers y otros equipos para prescindir de las transmisiones en vivo de los juegos en la carretera (o en el caso de Mr. Allbright, de cualquier juego). Ellos también seguían una larga tradición: no había narradores en el estadio cuando la Serie Mundial se transmitió por primera vez en 1921. Ronald Reagan entró en escena en los 1930’s transmitiendo los juegos de los Cachorros de Chicago desde el estudio de una emisora de radio en Des Moines. Casi medio siglo después, dijo lo que había aprendido: “La verdad puede ser empacada atractivamente”.
Había una verdad que Mr. Allbright y probablemente Mr. Reagan, eran adeptos a ignorar, era la aparente decepción de que la trasnmisión no era en vivo. Mr. Albright comenzaba las transmisiones diciendo rápidamente que eran recreadas, como lo requería la Comisión Federal de Comunicaciones. Luego exclamaba, “¡Bienvenidos a Ebbets Field!”
Mr. Allbright llevaba orgullosamente el anillo de Serie Mundial que Mr. O’Malley le dio después que los Dodgers de Brooklyn ganaron su única Serie Mundial en 1955.
Además de su hija, a Mr. Albright le sobreviven su esposa de 58 años, Angela Lombardi, y su hijo, Robert.
En restrospectiva, todo parece maravillosamente sentimental. Mr. Allbright tenía fotografías de cada estadio de la Liga Nacional, así podía agregar un destinatario al breve “FB” (foul ball) del telégrafo. Tenía una manera especial de chasquear la lengua contra el cielo de su boca que sonaba como un bate conectando una pelota. Tenía cintas del murmullo variable de la multitud, y otras de sus explosiones salvajes.
Y estaba listo para cualquier cosa. Si la maquina que imprimía el telegrama se atascaba, podía simular una larga sucesión de fouls imaginarios. Si hacía falta que viniera un técnico a reparar la máquina, podía hacer que lloviera estrujando un envoltorio de cigarrillos.
Él sabía que pocos lo notarían y que menos aun comprobarían en los periódicos la existencia de un retraso por lluvia. “La gente escuchaba el circuito porque querían oir un juego de pelota”, dijo. “Nosotros les dábamos un juego de pelota”.

Traducción: Alfonso L. Tusa C.


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